Sin Códigos !

Esta mañana semi nublada me parece que no tiene códigos.

Si bien invernal, por momentos sale el sol y parece algo cálida. Instantes después, el astro rey se acomoda detrás de una nube, y la sensación de calor se pierde indefectiblemente.

Durante este juego térmico, los pinchazos de mi garganta dañada, acompañando a unas líneas de temperatura, me recuerdan que estaba mejor sin ellos.

Ese pequeño lapsus de delirio matutino, me produce pensar en frases tales como:

Te lo dije y vos no me creíste, no se puede hacer negocios con él, no tiene códigos.

No le importa más nada que ella, sólo son sus códigos.

Viste lo que hizo, no tiene estómago.

Si logras que piense distinto, te doy un premio.

No puede entender cuáles son sus códigos.

En contraposición:

No te preocupes, jamás haría una cosa así.

Mantuvo su profesionalismo más allá de todo.

En esa institución se viven y respiran buenas intenciones.

Tiene los límites muy claros.

Es una persona con la cual te relacionas bien por su transparencia.

En todas ellas se encuentra referenciada de alguna forma, una manera de construcción personal y social: la ética.

En un sentido más ligado al carácter y la manera de ser, es una disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano. Lo que debe ser, sobre el fundamento del bien. Aristóteles fue su creador y se caracteriza por su constante revisión.

En un apartado más relacional o social, los códigos de convivencia ética, son el conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad.

En todos los casos, se vislumbra que esta disciplina, ligada a la moral, sin ser lo mismo, nos sirve para establecer límites para lo bueno y la malo, lo correcto y lo incorrecto, lo punible y lo no punible.

La ética normativa basa su predicamento en lo correcto y lo incorrecto, derivando en un sentido práctico, en los códigos legales que rigen nuestro comportamiento individual y en comunidad.

La ética aplicada, procura usar argumentos morales, para establecer definiciones concretas en diferentes ámbitos: profesional, ambiental, militar, empresarial, económica, organizacional.

Existen debates éticos respecto de la pena de muerte, la eutanasia, la clonación, el aborto, sólo por citar los más relevantes.

No siendo una ciencia rigurosa, sino social, se va construyendo con el devenir del tiempo y la acción humana.

Una versión desarrollada más acá en el tiempo, busca el acuerdo de las personas respecto de determinados temas controversiales a través de la conversación y el diálogo: la ética dialógica, busca el consenso para actuar como finalidad primordial.

Por medio de ella, podemos argumentar lo siguiente:

En toda organización no hay más normas legítimas que las que las que todos están dispuestos a aceptar. Vale decir, que todos han de ser tenidos en cuenta, para establecer las normas participando de una deliberación.

En consecuencia, el autoritarismo, la arbitrariedad, el abuso, el cinismo, y la dictadura son inmorales.

¿Cómo se construye un espacio de deliberación?

No es sólo conversar y debatir, o dar una cátedra, o creer más importante mi opinión que la del resto, o aportar sólo frases hechas.

Es trabajar para la participación responsable de las opiniones, que legitiman lo decidido aportando: escucha, autenticidad, búsqueda compartida de valores, conciliación de intereses, tolerancia, actuar juntos, ponderar consecuencias, conocimiento, valores, opiniones diferentes.

Son enemigos del diálogo y la construcción: la burla, el sarcasmo, la risa fácil, el protagonismo exagerado, el poder, la competencia, el discurso prefabricado, la intolerancia.

La promoción de ambientes de participación y deliberación de códigos de convivencia, en cualquier ámbito que nos desempeñemos, nos pondera en una escala superadora.

Los debates éticos resultan insoslayables en tiempos de calentamiento global, pobreza extrema, crisis extremas y recurrentes.

Opino que manejarse sin códigos aceptados y debatidos, es una situación que resta posibilidades y desperdicia oportunidades.

Vivir sin códigos que respeten al otro, en un mundo globalizado y con recursos cada vez más escasos, nos pone en una situación al menos injusta.

Por eso la pregunta que necesito hacernos es:

¿Cómo andas de códigos?

¿Cómo estás de deliberaciones?

Van algunos chistes para amenizar.

Número 1

Ella: Amor, creo que estás obsesionado con el futbol. Me haces falta.

El: Cuál falta, cual falta, si ni te toqué.

Número 2

¿Cómo te llamas?

Gelmy

¡Que lindo nombre!

Me lo pusieron por mi mamá.

¿También se llamaba Gelmy?

No, ella se llamaba Socorro, pero a mí me lo pusieron en inglés.

Número 3

Etica es si chocas un coche estacionado y luego dejas una nota en el parabrisas con tus datos. Astucia es si los datos son de tu EX.

Número 4

Estoy que no puedo moverme con tanto crossfit.

Se dice croissant y te has comido catorce.

Número 5

Mi cerebro,

En vez de decirme: Ni se te ocurra decir lo que piensas.

Me dice: tu suéltalo, es divertido ver lo que pasa.

La Comunidad de los Petisos

¿A qué no saben cómo le decían a Papá cuando niño?

Mis tres hijas al unísono:

Enano !

Si es cierto, pero eso fue el secundario.

¿En el primario cómo me llamaban?

Eras un insecto, pero no nos recordamos cuál.

¿Un mosquito?

No. (No hay modo que digan un animal de gran tamaño, por cierto)

Una de ellas: creo que eras una hormiga.

Si, estamos cerca. Pero, qué clase de hormiga?

No sabemos papá.

En el primario tenía dos apodos con entidad de hormiga:

En la jornada escolar, más precisamente en los recreos, mis compañeros me llamaban, La Hormiguita Viajera.

Pienso que el motivo era porque iba de grupo en grupo, caminando muy rápido, intercambiando figuritas, jugando. Básicamente, no me quedaba quieto.

En ocasión de los partidos de futbol, al principio no era considerado, dada mi baja estatura.

Un profesor de educación física, descubrió que era muy rápido corriendo, por lo que empezó a ponerme como delantero por derecha, en el puesto de wing derecho.

Ponía mucho esfuerzo, energía, y aunque con pocas luces, eso me valió un lugar en el equipo, bajo el apodo de La Hormiguita Atómica.

Carcajada general de mis hijas.

Más allá de sus risas, Papá aprendió a jugar al futbol relativamente bien. Fue considerado para jugar repetidas veces, y en varios equipos durante el Secundario y la Universidad.

Si Papá, pero al basquetbol no llegaste a jugar.

Tienen razón, en el secundario no era tenido en cuenta en los equipos. Cada vez que entraba no sólo me ganaban casi todos por estatura y capacidad de salto, sino que no entendía el juego.

Papá, nómbranos por favor algún petiso como vos, pero que haya sido relevante.

Hay muchos, por ejemplo:

Charles Chaplin: hacía divertir a la gente con sus personajes y películas.

Danny de Vito: el actor que hizo de pingüino en las películas de Batman.

Napoleón: fue emperador de Francia.

Maradona: jugó en el equipo que ganó la copa mundial de futbol del 86.

Así les puedo citar bastante gente que ha logrado ser existoso en diferentes ámbitos, y que no depende ni de la estatura u otra condición física.

Por ejemplo, cuando se anunció la firma del acuerdo Mercosur y la Unión Europea, independientemente de la opinión que tengamos sobre eso, el canciller argentino, destacaba en una foto por su baja estatura, incluyendo a las mujeres que suelen tener tallas más bajas que los hombres.

En este caso el axioma es que si sos petiso necesitas ponerte en primer fila para salir en la foto.

Para ciertas actividades se requiere gente menuda, como por ejemplo es el caso de los rescates que se hacen en pozos profundos.

Existe un mito respecto de que los petisos tienden a ser intimidados socialmente, y tienen problemas para integrarse a grupos sociales y de trabajo, además de problemas para conseguir pareja.

A mí por lo menos no me ha pasado, eso de sentirme discriminado por la estatura.

En el otro extremo, existe por así decirlo una comunidad de gente de talla muy alta, que sin embargo tiene dificultades a la hora de adaptarse a las butacas comunes de los aviones comerciales o aún incluso de un automóvil.

Una de mis hijas:

Entonces, lo que nos decís es que no importa la estatura sino más bien, pongamos dedicación, y trabajemos con nuestra cabeza.

En cierta forma sí.

Un camino que pueden elegir es hacer cosas por uno mismo y por la comunidad en general, independientemente de tu condición física, social, cultural.

El crecimiento personal en cualquier ámbito se logra aprendiendo, y para ello necesitamos desarrollar nuestras actitudes y aptitudes.

Mantener buenas relaciones es clave.

La más pequeña:

Bueno Papá, cuando te dibujé la próxima vez, te hago de hormiga.

He quedado sólo, junto con mis imágenes que vienen cómo oleadas desde el pasado.

Mi Padre, que también pertenecía a la Comunidad de los Petisos, mirando embelesado como jugaba al fútbol, o sintiéndose orgulloso de su hijo.

Pasando a preguntas concretas, que ojalá te sirva responderlas.

¿A qué comunidad o comunidades perteneces?

¿Discriminas o te sentís discriminado por algo?

Para cerrar y cómo es habitual chistes sobre la colectividad de talla baja.

Era un hombre tan pero tan pequeño, que no le cabía la menor duda.

Jaimito, ¿podrías decirme con qué mató David a Goliat?
– Con una moto señorita.
– ¿Con una moto? No Jaimito, David mató a Goliat con una honda
– Lo siento señorita, es que no memoricé la marca.

Era un hombre tan, pero tan bajito, que pasó por enfrente de una pastelería, se le hizo agua la boca y se ahogó.

A un hombre lo criticaban por ser tan bajo. El se excusaba diciendo: Es que no soy tan petiso, sólo que los zapatos son muy profundos.

Conciencia !

Es común que esta palabra no se escriba sola, sino acompañada por los más diversos adjetivos o construcciones gramaticales, que delimitan el ámbito en donde queremos destacar su necesidad o importancia.

Hay que tener conciencia cívica y social.

Debemos desarrollar una conciencia educativa distinta.

La conciencia no me dejó pegar un ojo.

No tienen conciencia del daño que han causado.

Cuando un sujeto desarrolla la acción de la consciencia, aparece el consciente.

No somos conscientes del momento que estamos viviendo.

Somos conscientes que esta planificación necesita ser revisada.

¿Usted es consciente de sus actos?

Como contrapartida la ausencia de la conciencia.

Un inconsciente como manejaba.

El inconsciente colectivo.

Lo primero que tenemos que distinguir claramente, es que el sentido de la conciencia posee varias acepciones:

¨Conocimiento que el ser humano tiene de si mismo, y de sus propios actos¨.

¨Conocimiento responsable y personal que alguien tiene de algo, en un ámbito compartido¨.

¨Capacidad para distinguir el bien del mal¨ o conciencia moral¨.

En todos sus posibles significados existen elementos comunes:

Conocimiento y capacidad de…..

Registro del impacto en uno mismo y en los demás.

Si bien se trata de un sustantivo, se verifica a través de una acción, en este caso consciente.

¿Dónde pretende ir con todo esto?

En la web circulan cierta cantidad de mensajes que nos hablan de elevar nuestro nivel de conciencia, no como distinción de lo bueno y lo malo, sino más bien en lo referido con nuestro devenir.

Aparecen reflexiones,  tales como:

¨El secreto del éxito personal es vivir de manera consciente, es decir poniendo  más conciencia en nuestros actos¨.

¨Ante un evento, tome unos minutos y ponga la conciencia necesaria¨.

En un sentido racional, sin lugar a dudas que elevar el nivel de consciencia nos pone en otro lugar.

En otro sentido complementario, el ser humano no está en bienestar o no se siente feliz por una decisión o de manera totalmente consciente.

El estado emocional de la persona, es decir aquello que lo mueve, es más primitivo y uno de los principales síntomas de nuestra buena salud.

Por lo general, salvo que sea fingida, uno no esboza una sonrisa porque es consciente que debe reírse.

Del mismo modo, la espontaneidad de un abrazo, no surge de un elevado nivel de conciencia.

Muchas decisiones obedecen a situaciones de preferencia y gustos personales, donde no prima la racionalización, sino emociones que están más allá de la esfera de la conciencia racional.

Por consiguiente:

¿cuándo y dónde es útil  poner una cuota superadora de conciencia?

De manera personal, creo que la construcción social implica subir el nivel de conciencia, respecto de la inclusión y registro de los otros.

Mis acciones, cuando salen fuera de mi ámbito personal, necesitan de la cuota de conciencia necesaria, para prevenir daños para mí y para los otros, o asimismo para generar oportunidades de construir algo nuevo o antes inexsistente.

En un fuero interno e individual, dando por tierra con el paradigma que todos queremos ser exitosos según mandatos sociales y culturales, si no elijo poner mayor status de conciencia para llegar a ser un triunfador.

¿cuál es el inconveniente?

¿Se puede vivir pensando y racionalizando cada paso que damos?

Como tantas veces he manifestado, no me compres lo que pienso y digo.

Porque mis pretendidas ideas brillantes, capaz me sirvan sólo a mí.

Asimismo y sinceramente no me lo creo del todo.

Considero oportuno preguntarte:

¿Dónde estás poniendo tu conciencia?

¿Qué espacio tiene en tu vida lo emocional y afectivo?

En el área de tu vida que más acción consciente registras:

¿Están ahí tu compromiso y tu responsabilidad?

Para culminar, algunos chistes, que (de seguro) nos ayudarán para alcanzar un estado de mejor conciencia:

Un automovilista entra en un taller y le dice al mecánico:
-Quiero que me cambie la bocina. Por favor, ponga una que suene cinco veces más fuerte.
-¿Pero por qué quiere usted una bocina tan ruidosa?
-Es porque ya no tengo frenos.

Un señor va donde el médico:
-Doctor, me he torcido un tobillo.
-¡Bueno, vamos a ver eso! ¡Quítese el zapato y párese delante de esta ventana sacando la lengua, lo más que pueda!
El paciente obedece. El médico, sin moverlo de ese sitio, le examina el tobillo durante media hora.
-Es sólo un problema muscular. Ahora entre la lengua y siéntese mientras escribo su receta.
-¿Por qué, doctor, mientras que me examinaba, me puso en la ventana con toda la lengua afuera? Eso no tiene nada que ver con mi tobillo.
-Así es, no tiene nada que ver. Le dije que hiciera eso simplemente porque no soporto a mi vecina de enfrente.

Un grano de arena le dice otro grano de arena:
-¿Damos un paseo?
-¡De acuerdo!
Los dos granos de arena ruedan por el desierto del Sahara. De pronto un grano le dice al otro:
-Mira con disimulo hacia atrás. Tengo la impresión de que nos están siguiendo.

Un hombre entra en un restaurante de lujo acompañado por un niño.
-Sírvame el cubierto especial para mí- le dice al camarero- y un helado al pequeño.
El caballero da cuenta del opíparo menú, mientras el niño repite su ración de helado.
-Bien -se levanta el comensal, dirigiéndose al pequeño-, termina tu ración de helado mientras yo voy a hacer un recado.
El camarero prepara la cuenta y espera el regreso del padre del niño. Pero este tarda más de lo debido y el camarero pregunta al chico:
-Parece que tu padre tarda un poco, ¿no?
-Mi padre está de viaje.
-¿Cómo que está de viaje? ¿No acaba de salir de aquí hace un momento?
-¿Se refiere a ese señor que ha entrado conmigo?
-¡Naturalmente!
-¡No lo había visto en mi vida! Me lo encontré en la calle y me dijo que me invitaba a un helado

Del Amor y el Buen Humor !

Este fin de semana viene recargado de luminosidad. El benévolo invierno austral, se ha asociado por estos días, con un imaginario barredor de nubes y un pintor al que sólo le gustan los azules. El resultado es este clima maravilloso, hospitalario, con poco viento y algo de calorcito, que invita a disfrutar del aire libre.

No son pocos los recuerdos, que tengo de inviernos más crudos.

Cuando era pequeño, a la hora de la fría siesta, solíamos comer batata dulce cocinada en el horno de leña.

Tío Marochi era el hacedor de tamaña exquisitez.

La ceremonia comenzaba con el fuego, que transformaba en brasa la madera de duraznos y ciruelos de la poda. Con el horno caliente, los preciados tubérculos eran puestos por espacio de una hora al calor del horno. Una vez cocidos, Marochi las repartía en las manos de los niños y niñas presentes, envueltas en trapos para evitar las quemaduras.

Las batatas ya listas, eras abiertas con sumo cuidado, usando nuestros dedos. El placer era degustar el riquísimo contenido. El sabor de esos apetitosos bulbos asados, me resulta aún hoy incomparable.

El ritual se repetía varias veces durante la temporada de las escarchas.

Nosotros, éramos muy felices, colaborando con las tareas que involucraba la actividad.

Marochi nos enseñaba y nos cuidaba.

Hablaba poco, y hacía mucho. Su gran recompensa, era escuchar nuestros diálogos, y disfrutar de nuestra presencia, mientras comíamos.

Lo estoy viendo, sentado en esa silla de madera antigua, manos callosas sosteniendo el mate, receptando frases inverosímiles y riendo con nuestras ocurrencias.

Todo esto transcurría debajo de la higuera, donde ubicábamos nuestras sillas bajitas, al lado del horno.

Momentos mágicos, irreemplazables por su esencia y contenido.

El condimento especial de las batatas era el amor que Marochi nos profesaba.

Ese ángel de espaldas anchas, sonrisa generosa, y manos laboriosas, nos amaba incondicionalmente.

La ternura que ponía en cada una de sus cocciones no tenía parangón.

El humor y las frases divertidas las poníamos nosotros. El clima propicio se generaba con la espontaneidad propia de la infancia.

Los enojos y frustraciones que a veces traíamos, resultaban incinerados en el fuego ceremonial.

Estoy buscando una palabra que se asemeje al Amor y lo contenga.

Creo que mi indagación puede resultar infructuosa.

Del mismo modo, trato de explorar algo que se asemeje al Buen Humor.

De nuevo, es probale fracase en el intento.

Las tardes invernales resultaban sumamente acogedoras por el amor y el buen humor.

El poder de la buena onda, nos ponía en otra sintonía.

Pienso en muchos de los problemas que podríamos evitar, haciendo la mejor composición que nos salga, de amor y buen humor.

¿Podemos aprender a conservar todo el tiempo que podamos, nuestra risa de niños?

¿Habrá que aprender a reírse más de uno mismo?

¿A todo nivel, es necesario generar más espacios para disfrutar del amor y el buen humor?

Como es habitual, lamento decirte que no tengo las respuestas.

Uno trata de equilibrar trabajo, familia, intereses, estudios, dedicaciones, compromisos con el tiempo disponible.

¿Son el amor y el buen humor asociados, la amalgama que suavice la presión y las responsabilidades, posibilitándonos un tiempo de mayor calidad?

La propuesta puede ser constituirse en un primer actor, o al menos actor de reparto, en esta película cotidiana que nos toca vivenciar.

Un actor que se brinde desde el amor y el buen humor, para mitigar la ansiedad, la depresión y otros males.

¿Cómo andas de amores y buenos humores?

Algunos chistes, que nos sirven de cierre.

Número 1:

¿Crees en el amor a primera vista o vuelvo a pasar?

Número 2:

Sabes querida, cuando hablas me recuerdas al mar.

¡Que lindo mi amor! No sabía que te impresionara tanto.

¡No, si no me impresionas, me mareas!

Número 3:

Me voy a comprar algo fundamental.

¿Qué cosa?

Un gorro, jajajaja.

Funda-mental. ¿Lo entendiste?

No te vayas, no tengo amigos.

Número 4:

¿Doctor, que hago para adelgazar?

Basta que mueva la cabeza de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.

¿Cuántas veces?

Todas las veces que le ofrezcan comida.

Número 5:

¡Papá me pican los mosquitos!

Pues apaga la luz.

La apaga y entran dos luciérnagas.

Papá. ¡Ya me están buscando con linternas!

Una carta para mi Papá

Una brevísima, aunque necesaria introducción.

La división de los acontecimientos como pretéritos, presentes y futuros,

¿es una parte de nuestras limitaciones humanas?

¿es una forma de organizar nuestra mente?

¿es una arquitectura en desuso?

¿Cuanto tiempo más será válida la diferenciación?
¿Acaso en este instante, no estamos viviendo los tres tiempos a la vez?

Este día de celebración y reconocimiento no presenta un rasgo temporal distintivo.

Festejar, es una oportunidad que nos pone de buen humor, abriendo nuestro corazón.

Nos coloca de buen ánimo, alzar nuestras copas y brindar.

¿Estás preparado para ello?

Te comparto algo personal.

Resulta probable que podamos enumerar facetas y vivencias en común.

Río Cuarto, 16 de Junio de 2019.

Papá:

Te quiero agradecer por todo aquello que me enseñaste, sin saber quizás, que lo estabas haciendo.

Porque te levantabas muy temprano para trabajar.

Porque cuando volvías, por las noches, bastante extenuado, nos traías un chocolate de regalo.

Porque estabas en los actos escolares, mirándonos con mucho cariño.

Porque jugabas al fútbol con nosotros.

Porque no nos levantaste la mano, ni la voz, para acallar nuestros caprichos.

Porque nos amabas incondicionalmente.

Porque eras muy noble y respetuoso.

Porque fuiste puro servicio y honestidad.

Te perdono, por todo aquello con lo que luchabas por mejorar.

Por tu terquedad, a veces innecesaria.

Por tu intransigencia, en algunas situaciones desmedida.

Por no escuchar, cuando era de cajón hacerlo.

Por vivir en tantas ocasiones de tus recuerdos.

Te admiro, porque eras pura templanza.

Por tu vocación de servicio.

Por tus palabras con pocos juzgamientos, siempre conciliadoras.

Por tu presencia, cueste lo que cueste.

Por aprender de tus errores.

Te quiero, sin una explicación concreta.

Porque pudiste abrazarnos y lo hiciste tantas veces.

Porque elegiste alzarnos y caminar sosteniendo nuestro peso.

Porque eras mucho más, que lo que podíamos abarcar con nuestros corazones.

Te puedo mencionar tantas cosas, que seguro vos ya sabes.

Recibí de tus acciones, como legado, la hermosa vocación de Ser Papá.

Eso te transforma en alguien bastante especial para mí.

No es sencillo, esto de proponernos hacer varias cosas al mismo tiempo.

Para vos resultaba muy fácil.

A mí me cuesta horrores.

Cada tanto, imagino como hubiera sido tenerte más tiempo con nosotros.

Capaz que te hubiera podido pedir Perdón por lo que te hice renegar de adolescente.

Capaz que con el tiempo hubiera aceptado mejor tus palabras.

Capaz hubiéramos compartido muchísimos momentos juntos, siendo amigos.

Tus nietas preguntan por vos.

Te conocen, aún sin haber tenido la oportunidad.

Necesito contarte, que se nota claramente tu presencia en ellas.

Papá, muchos de tus valores personales, son mi guía y fuente de inspiración.

Por carácter transitivo, ahora orientan a tu descendencia.

Es así Papá, no tiene mucho sentido hablar en pasado.

Miremos para adelante, porque nos queda mucho por hacer.

La sonrisa y la alegría que te caracteriza, se hace presente en este domingo de reunión familiar.

La antiquísima vocación de trascendencia, nos llena de energía, nos pone a caminar en la senda de tus logros.

Por eso hoy te agasajamos.

Queremos que te sientes con nosotros, aquí en la cabecera de la mesa.

Cuenta por favor, alguna historia de los abuelos, tus padres.

Mientras disfrutamos de esta exquisita comida, brindamos con vos.

Levantamos estas copas llenas, para honrarte en tu día.

Felicidades Papá!

Con mucho cariño.

Tu hijo.

Sin Palabras

Érase una vez que las personas quedaron sin palabras.

El lenguaje se había ido perdiendo. Las conversaciones se fueron apagando.

Esto tuvo un principio, cuando los seres humanos comenzaron a distinguir de manera diferente, lo que otrora significaba lo mismo.

Lo que para unos era una mesa, para otros empezó a ser una silla.

Entonces hubo personas sentadas sobre la mesa, comiendo alimentos sobre sillas.

Lo que para unos era una fruta, para algunos resultaba un árbol.

De este modo hubo personas subidas a frutas, degustando cortezas.

Lo que para unos era un número, para otros era una letra.

Así algunos sumaron letras, mientras los demás escribieron palabras hechas de números.

Lo que para unos era agua de un río, resultaba arena fresca para muchos.

Debido a esto, los sembradíos fueron grandes desiertos, que a su vez fueron lagos.

Lo que para unos eran preguntas, para casi todos eran respuestas.

Esto provocó que muy pocos se cuestionaran. Por lo tanto, ya nada sería creado.

La sucesión de desacuerdos, generó tamaña confusión, que la materia prima de la comunicación, que servía para identificar las cosas, los hechos, las acciones, los pensamientos, las emociones, los acuerdos, los compromisos, se hizo tan pero tan inasequible, que fue desapareciendo.

Como las personas no pudieron sostener palabras comunes, se hizo tan difícil entenderse, que las obras quedaron inconclusas, las relaciones acabadas.

Este apocalipsis de la palabra, que había sido anunciado por algún profeta, allá a lo lejos, ocurrió lenta pero inexorablemente.

Ya casi nadie pudo leer, porque los libros resultaban harto incompresibles.

Así el hombre volvió a su primitivismo original, aunque bastante más perdido, debido a tamaña involución.

Lo que muchos vaticinaban que ocurriría luego de un tremendo cataclismo, efectivamente hubo de suceder, pero de una manera mucho menos catastrófica, si se quiere. Al perder la palabra, el hombre extravió la descripción de los hechos, las declaraciones de amor y gratitud, las opiniones, las promesas.

Quedo aislado en su propio lenguaje, inaccesible para el resto, en una torre de babel de cuatro mil millones de idiomas.

Las personas perdían toda su energía en tratar de descifrarse infructuosamente.

Se escuchaban gritos ahogados, que sonaban como vocablos olvidados y derruidos, encajados en las cuerdas vocales.

Los muertos vivientes, eran zombies que no conjugaban ningún verbo.

De repente, el sonido estridente del despertador del celular que se sentía lejano, fue cobrando fuerzas. Me hizo recobrar de a poco mis sentidos.

Todo había sido una terrible pesadilla.

Revisé el móvil, por las dudas. Allí había palabras.

Prendí el televisor. En efecto aún sonaban en sus altavoces, audibles y disponibles, bellas y significativas palabras.

Sin embargo, me quedé un rato pensando.

¿Cuántas palabras nuevas he incorporado últimamente?

¿Cuáles términos he olvidado, reemplazando los mismos por emoticones?

¿Qué pensamientos que intentan expresar algo, no puedo concebir del todo, porque se me han ido perdiendo voces?

¿El insumo crítico para describir lo que acontece, ha perdido sinónimos, antónimos, expresiones centrales y de todo tipo?

La terminología técnica se está incorporando a velocidades agigantadas.

¿La terminología más humanizada se pierde a la misma tasa?

La simplificación de las expresiones:

¿Nos suma o nos resta posibilidades?

En un extremo tanto Gre Gre para decir Gregorio.

En el mismo sentido los maestros del discurso, esos oradores interminables, con sus adornos e inflexiones.

En el extremo opuesto, la expresión a través de símbolos binarios y muy poco sofisticados.

Con este mismo carácter, oraciones que no se entienden, ni cierran una idea.

En el medio, personas que intentamos comunicarnos, sosteniendo conversaciones, observando y observándonos con nuestros propios anteojos, individuales, únicos e irrepetibles.

Postulado social del lenguaje: construir una red de relaciones sostenidas por conceptos comunes identificados por palabras.

Desde expresiones tan simples, como un no, un sí, un te amo, un te perdono, un te agradezco, se articula la vida, la cual adquiere dimensión en los detalles profundos, de verbos que se conjugan para la convivencia.

Por eso el lenguaje, edificado a través de la palabra, puede recrear un mundo nuevo delante de nuestros ojos.

Terminó de despertar de la angustia del tremendo sueño. El de las expresiones ya no más disponibles.

Hurgo en mi cerebro, en busca de este bello retazo del libro, Confieso que he vivido, de Pablo Neruda, el cual define a las palabras de esta manera:

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Sencillamente.

SIN PALABRAS.

ODIO

Pedro se levantó esa mañana, pleno de esa sensación de triunfo por lo sucedido.

Su resentimiento se había transformado en odio; de este sobrevino la bronca incontrolada, que hizo que rayara con una punta filosa el auto de su vecino.

Nadie lo había visto, pero él se había visto a sí mismo.

No eran nuevos sus enojos. El vecino lo había enfurecido, desde el mismo momento en que le pidió, según él de mala manera, que no escuchará música a tan alto volumen.

Parece que hubiera sucedido hoy, sin embargo, aconteció hace ya varias semanas.

Una siesta, alguien tocó su puerta bastante fuerte. Al abrir se encontró con su vecino, que lo miraba algo enojado. Les costaba escucharse, dado el sonido estridente que brotaba por todos lados.

Vecino: ¿Podes bajar la música? No podemos dormir y hemos pasado una mala noche con uno de los chicos

Pedro: No está fuerte. Yo no tengo la culpa si tu habitación está cerca.

Vecino: Te parece que no está fuerte, si casi estamos gritando.

Pedro: No seas exagerado. Usa tapones entonces.

Vecino: Hace como quieras. En un rato llamo a la Policía.

El vecino se dio vuelta y se marchó a su casa.

Pedro quedó mascando bronca. ¿Qué le pasa a este tipo? ¿Quién es él para decirme lo que tengo que hacer?

Bajó el volumen de la música, no sin antes dejarla unos cinco minutos a un nivel bastante más elevado, que hacía retumbar los vidrios.

La policía no llegó. No viene al caso, ya que desde ese suceso no saludó más a su vecino.

Se sintió derrotado y abatido, por haberse sentido obligado a bajar el volumen.

A partir de entonces, el pensamiento de vengarse por su pérdida de libertad lo tuvo en vilo. Buscó el momento justo para hacerlo.

Observó y controló los movimientos rutinarios de su vecino. Engancharlo descuidado con algo.

Al fin, al cabo de tres semanas, vio la luz.

Auto nuevo, estacionado en la vereda. Hermoso color. Tiene buen gusto parece. ¿Cómo hace la guita? Pensó.

Sumó a su resentimiento la envidia, que complementó de maravillas, la decisión de revancha.

Estudió durante varios días cuál sería el mejor momento de ajar la pintura.

Vislumbró que la ocasión más oportuna era cuando su vecino llegaba a la tardecita de trabajar. Dejaba el auto un rato en la calle, capaz fuera por si necesitaba salir a comprar algo.

Fue a su taller. Allí afiló un tornillo del diámetro apropiado. El rayón en la pintura tenía que ser visible. Ni muy grande, ni muy chico, de carácter perceptible.

Lo hizo, de callado. Ahora, mirándose al espejo se sintió un ganador.

Como cuando le escribió groserías a esa mujer que lo había rechazado.

Como cuando le tiró el café a ese cliente, que le dejó de comprar.

Como cuando no quiso colaborar con la colecta para la hija del compañero con problemas de salud, porque el tenía otra idea distinta para ayudar. Una mejor porque era de él.

No llevaba registro del tiempo que empleaba viviendo sus resentimientos y enojos, pero sabía que era prolongado.

Rencor, odio, enojo, ira, violencia, convivían en Pedro como un coctel explosivo.

Esas emociones condicionaban su vida, pero él no lo sabía. No conocía otra manera de ser.

Aunque en pareja, por la cual profesaba un profundo amor, vivía en su propio mundo de prejuicios y superioridad. Era un antisocial modernizado y rebelde, obsesionado por luchar con lo que, según él, no coincidía con su clara visión.

Extracto de “Breves Historias de Aversión y Odio”.

La vida cotidiana nos ofrece ejemplos de situaciones parecidas, donde confluyen los mismos elementos.

No creo haya mortal sobre la tierra, que no haya sentido aversión por algo o alguien.

Una emoción que nos mantiene como esclavos, encerrados en ese sentimiento, que nos limita y nos hace sufrir.

Lo odiado se transforma en objeto de obsesión.

Muchas veces la persona objeto del rencor, ni está enterada de lo que pasa. No tiene idea de la emoción de la que es objeto. Por lo tanto, esa emoción paraliza o motiva sólo al que la siente.

Sería ingenuo pensar que no se puede sentir rencor ante una situación extrema. Por ejemplo, no sentir rechazo por el asesino de un ser querido. Incluso mandar al olvido ese hecho. Sin embargo, podemos coexistir poniendo conciencia sobre esa emoción invalidante, evitando que trastoque nuestra vida.

Quedarnos anclados en la animosidad o resquemor, nos produce un gasto de energía y dilapida nuestro tiempo y acciones, en cuestiones cuando menos improductivas y dañinas para uno mismo.

La antítesis del odio, es el amor, un sentimiento mucho más ligado a la oportunidad que nos brinda la vida de trascender.

Es muy común escuchar la expresión: del amor al odio. La desilusión de un querer traicionado, o no correspondido deja secuelas tales, que sobreviene el rencor.

El perdón nos aleja del resquemor, y es una declaración tan poderosa, que libera al que acepta el perdón solicitado, diciendo: Te perdono.

No articular acciones con personas que nos hacen daño, es una salida mucho más sana, que vivir preso del rencor.

A veces nos hay opciones, pero aún nos queda abierta la posibilidad de discernir, que los sentimientos o actitudes de otros no me pertenecen a mí, por lo tanto, no las elijo.

¿Cómo andas de rencores?

¿Cuál es tu resentimiento?

Víctor Hugo, aquel magistral escritor sentencia:

odio

En un sentido parecido Ghandi nos dice:

odio 3

Vos que tienes para decir?

¿Ya no quedan próceres?

Las festividades de nuestra Patria nos remiten a la esencia de nuestro ser como Nación.

Este sábado celebramos que durante la jornada del 25 de mayo de 1810, un grupo de personas comprometidas, en representación de muchos, definieran las bases para establecer un Gobierno local de criollos.

Conseguir una identidad que nos represente no es tarea sencilla. El ADN argentino aún se sigue construyendo y modificando, a lo largo de esta historia de un poco más de doscientos años.

No soy historiador, ni sociólogo, por lo que puede resultar infructuoso y desmerecedor para aquellos que lo son, intentar elaborar una sinopsis del derrotero de nuestra idiosincrasia, nuestros gobiernos, nuestros avances y retrocesos.

Sin embargo, puedo reconocer que, a lo largo y ancho de nuestro suelo, podemos encontrar y rescatar la figura de aquellos líderes que, dejando de lado la mezquindad, trabajaron incansablemente al servicio de los demás.

Siguiendo arraigados ideales y valores como la libertad, la república, la justicia, la unidad, la patria, aparecen la figura de próceres centrales y poco discutidos: José de San Martín y Manuel Belgrano.

El 25 de mayo tiene a este último como partícipe activo de la Primera Junta Provisional de Gobierno, creada luego de la sucesión de un conjunto de acontecimientos, agrupados bajo el nombre simbólico de Revolución de Mayo.

La construcción de las figuras de estos próceres, copia la impronta de las comunicaciones y posibilidades de la época: boca a boca, escritos y cartas, más adelante libros, música y cine. Todo ello para realzar sus virtudes, su accionar y su vocación más allá de su propia persona.

Tuvieron adeptos y contrarios, aciertos y errores. Lo que rescatamos como concluyente, es su incansable vocación por hacer y proponer realidades nuevas y superadoras. Su basamento: la coherencia de expresar declaraciones fundacionales y accionar por y para que se concreten.

La trascendencia de estos hombres y mujeres, despojados de vanidades, tratando de incluir más que de excluir, abarca otras culturas, otras nacionalidades. Algunos con su inmensa labor, aún hoy, sirven de guía y faro para nuestro mundo global.

Con el devenir de los sistemas políticos, adquirieron más importancia las instituciones que las personas. La construcción de acuerdos que posibilita la institucionalidad de los sistemas democráticos, nos permite la convivencia, y la inclusión de todas las opiniones.

Los próceres y sus obras pueden ser equiparados a los cimientos, sobre los cuales se construye el edificio de la civilidad y participación institucional.

Son los líderes ciudadanos que con sus acciones, su impronta para hacer el bien, con sus fortalezas y debilidades, aprovechan las oportunidades y mitigan las amenazas.

Las redes sociales, entronizan y demonizan casi al miso tiempo, la labor de los que están al servicio de los demás.

¿Nuestros próceres, hubieran resistido que fueran virales sus proezas y flaquezas, típicas de su propia condición humana?

Resulta por demás fácil, expresarnos y emitir juicios de valor por las redes, no siendo responsables de fundamentar lo que decimos.

¿Será por eso que nos cuesta sopesar el accionar de nuestros líderes?

Los procesos de creación y desarrollo de sistemas sociales inclusivos, no son mágicos, ni espontáneos.

Requieren de la definición concreta de hacia dónde ir, valores que acompañen, expresados en un plan que involucra recursos humanos, técnicos y económicos, agrupados en torno a objetivos y metas.

La inmediatez y facilidad de los opiniones emitidas y replicadas, es sólo eso. No la podemos confundir con el tiempo y otros condimentos requeridos para llevar a cabo un programa estratégico como sociedad.

La comunicación e información suelen llegar antes que las acciones, incluso aún que las decisiones que las preceden. Necesitamos recuperar la perseverancia y paciencia para crecer aprendiendo de nuestros errores y apoyando a nuestros líderes.

Imaginemos un debate por redes sociales acerca de cruzar la cordillera de los Andes para liberar a Chile.

En lo personal creo que José de San Martín, como mínimo hubiera dudado de hacerlo.

¿La libertad de expresión, usando el mecanismo que sea, conlleva un ejercicio de responsabilidad por lo que se dice?

¿Cuál es tu opinión?

Ya no quedan próceres, se suele decir.

No estoy tan seguro de ello.

Creo que sí los hay.

Desapercibidos dentro de una enmarañada y confusa multiplicación de mensajes, existen liderazgos coherentes, de personas que conforman equipos humanos, con muchos tiros al blanco, y otros tantos afuera.

Ellos se esfuerzan día a día para generar nuevas propuestas.

La velocidad de transformación tecnológica, es un hecho a favor, pero al mismo tiempo nos exige revisar con mayor frecuencia lo que estamos haciendo.

Esta fecha de celebración de la gesta histórica del 25, nos invita a revisar nuestros procesos de reconocimiento y desaprobación del accionar propio y de otras personas.

Las críticas propias y ajenas, tienen que estar acompañadas de reconocernos como seres perfectibles y aprendientes, iguales y distintos, aceptando y construyendo desde las diferencias.

Instituciones, sin personas liderando no son viables, salvo en un proceso anárquico.

Personas liderando, sin el marco de referencia de los sistemas y valores sociales donde están inmersos, me parece que tampoco.

El sol del 25 viene asomando….

¿Será hora de una nueva Primera Junta?

¿Ya no quedan próceres?

Tan Volátil !

Este fuerte viento desarticula mis pensamientos, los volatiliza.

La mañana se ha empecinado en no quedarse quieta. La fuerza de este aire en movimiento, no deja rincón sin remover.

Las hojas que habían decidido quedarse aferradas, resistiendo al otoño, son desprendidas por manos invisibles y poderosas.

Los pájaros esperan mejores condiciones para levantar su vuelo. Son conscientes de su debilidad para enfrentar la tempestad. Vienen superando instancias de nidos destruidos, gastando una renovada energía para honrar su vida.

Por siglos han mantenido y acrecentado esa innata rebeldía, que los fortalece en entornos cambiantes y distintos, día tras día.

Cuidan sus pichones y procuran su alimento, manteniendo la alegría de su canto.

Me abstraigo por un momento de la figura de ese hornero, inmóvil y firme al lado de su casita.

Pienso en la primera vez que usé un pincel. No recuerdo exactamente que pieza de madera, fue mi primer lienzo a barnizar. Al terminar parcialmente la tarea, dejé el instrumento sumergido en el aguarrás contenido en un frasco.

Varias jornadas después, cuando quise utilizar de nuevo la herramienta, la encontré con sus cerdas endurecidas. El solvente había desaparecido, dejando una laca gruesa y solidificada al fondo del recipiente.

Lección aprendida, en la próxima ocasión, lavé el pincel lo mejor que pude, empleando el mismo disolvente. Si debía usarlo nuevamente, en un corto período de tiempo, lo dejaba empapado en el diluyente. De no ser así, procedía a lavarlo por segunda vez, antes de guardarlo, para garantizar que no se inutilizaran sus cerdas.

Tanto para el ave, como para el pincel, las condiciones del entorno son como vaporosas, ligeras e inestables.

Es probable que la aceleración de los ciclos meteorológicos, producto del aumento global de la temperatura de la tierra, genere un stress adicional de adaptación a nuestros amigos voladores.

Es posible que otros solventes duren más o menos tiempo, generando un efecto distinto sobre la conservación final de las propiedades del pincel.

Ahora propongo nos detengamos a analizar nuestro devenir actual.

¿El mundo está cambiando exponencialmente?

Hay suficientes hechos que lo demuestran.

  • Hiperconectados y con muchas posibilidades de comunicación.
  • Tecnologías obsoletas por minuto.
  • El conocimiento disponible e ilimitado.
  • Medicina robotizada.
  • Clonación de especies.
  • Expectativas de vida crecientes.

Proliferan situaciones volátiles, exponencialmente cambiantes e inestables.

¿Cuál es la clave?

¿Cómo hacemos para mantener el pincel en condiciones de ser utilizado?

¿Cómo nos transformamos en reconstructores permanentes?

¿Existe algún límite para la volatilidad?

No tengo respuestas, sólo ligeras presunciones, que son las partituras que trato de tocar.

Son mi interpretación de lo que que puede ser útil, nada más que eso.

Comunidad más que individualidad : en entornos cambiantes nuestra capacidad para accionar como equipo, amén de nuestros egos, nos dará mejores chances.

Creatividad más que rutina : lo que siempre hice así, tiene una fecha de vencimiento más corta. Necesito producir variantes.

Valores que nos guían : no puedo dejar de lado las creencias, aunque las mismas no sean aquellas que traigo del pasado y deba adoptar otras nuevas.

Aprendizaje sobre aprendizaje : lo que me habilitó ayer, aún conservado quizás no me habilite más en este presente.

Uso eficiente de los recursos : hay que ser maestros para ganar en calidad de vida, apostando a recursos cada vez más escasos.

Actor más que espectador : capacidad para ser un sujeto que genera posibilidades no sólo para él sino para los demás.

Visión crítica dentro de escenarios cambiantes : que la volatilidad no se transforme en un fundamentalismo.

Actitud para generar oportunidades : de la mano de las relaciones y mi grado de perseverancia, aparecen las posibilidades.

¿Esto garantiza el éxito?

No en todos los casos, pero al menos nos pone a rodar en esta ruta, dónde el camino para llegar a algún lado, cambia a cada rato.

Vuelvo a concentrarme en el hornero. Amainó el viento, apareció un poquito el sol. El ya no está más.

A los pocos minutos, regresa ufano con algo en el pico y se mete en su morada.

Ni lerdo ni perezoso, se encargó de su tarea, aprovechando la volatilidad.

Las chances parecen estar en estos entornos cambiantes.

Tenemos que adquirir maestría para tomarlas.

Podemos asimismo, generar nuevos escenarios, siendo los artífices de la transformación.

En cualquiera de los casos, quedarse de manos cruzadas no parece ser la opción.

Bienvenidos a la volatilidad !

 

El díficil arte de enojarse !

El enojo es una de las emociones más presentes desde nuestro nacimiento.

Recuerdo el haber sido un niño con bastante tendencia a la ofuscación. Me producía irritación que otros infantes no quisieran jugar, que mis padres no me compraran un juguete, una mala nota en el colegio, sólo por citar ejemplos comunes.

Durante la adolescencia, los enojos pueden ser más reiterados, impulsivos y derivar en situaciones complejas de violencia o descontrol.

Unida a la frustración y camino previo a la ira, a una edad más madura, el enojo se produce fundamentalmente, debido a aquello que se interpone con nuestros objetivos personales. Es por ello, que nos molestan situaciones, actitudes de otras personas, pedidos no satisfechos, errores propios y ajenos, metas que no alcanzamos.

Vivir enojado, puede resultar nocivo para mantener relaciones estables, conservar amigos, trabajo. Nos limita la oportunidad de expandir nuestras posibilidades.

En el otro extremo, no enojarse por casi nada, puede implicar la aceptación pasiva de agresiones. La exacerbación de la calma, puede atentar contra nuestra dignidad humana. Vale decir, ante una agresión manifiesta recibida, mantenerse sin decir palabra, puede resultar contraproducente.

La exasperación usada como un mecanismo de manipulación hacia los demás, es inconducente para mantener sanas relaciones humanas.

La calma fingida, utilizada como un mecanismo de simulación para mostrar equilibrio, es una condición de inautenticidad, que se puede caer por su propio peso.

Poner conciencia y detectar lo que nos está enfadando, nos permite encontrar una salida para no permanecer en esa emoción. De este modo evitamos entrar en la cólera.

No manifestar enojos a tiempo, puede derivar en el resentimiento, que prolongado en el tiempo nos lleva al odio.

El enojo reduce el espacio de posibilidades para accionar. Es espontáneo y una reacción impulsiva.

Poner conciencia de la limitación que produce, es clave para sortear obstáculos y conseguir metas.

En un sentido práctico, cuando nos disgustamos con alguien, estamos emitiendo una señal de alarma hacia el otro. Le estamos diciendo:

¡Oye esto que estás haciendo es inaceptable!

Ahora bien, si nuestro devenir no es acompañado de otras señales en sentido contrario, de que aceptamos determinadas cosas de los demás, la cuestión se torna poco sostenible.

Los orígenes del cabreo pueden ser muy variados:

Enojos amorosos en relaciones profundas entre personas.

Enojos en el entorno de la amistad por promesas incumplidas.

Enojos por desavenencias laborales o contractuales.

Enojos por inconductas a la hora de conducir.

Enojos por situaciones injustas.

Así podemos enumerar cientos de razones.

El común denominador de los motivos, es por lo general un disparador o sea algo que no esperaba. No estaba en mi radar.

Mantener una adecuada gestión de lo que nos irrita, nos puede llevar a tomar mejores decisiones.

Estoy enojado conmigo mismo, por que las cosas no me salen cómo quería:

  • concurro a terapia, buscando ayuda profesional.
  • busco la asistencia de un coach.
  • genero nuevas relaciones.
  • indago en otras personas que hacen lo mismo, para saber cómo lo hacen.

Poner conciencia sobre el enojo, me permite articular numerosas acciones posibles.

Es por ello que mi escrito de hoy tiene este título:

EL DIFICIL ARTE DE ENOJARSE

Hay que aprender de nuestros disgustos?

Sin lugar a dudas.

Estando en una situación de rabia, o frustración, es probable que al hablar ofendamos, o produzcamos un daño que puede ser irreparable. Al mismo tiempo si no manifestamos adecuadamente lo que nos enoja, el efecto puede ser nocivo para nosotros mismos.

El hilo es muy delgado, por lo tanto se puede romper fácilmente. Nosotros somos como equilibristas manteniéndonos arriba, muchas veces en situaciones distintas con personas diferentes, aunque con algunos elementos comunes.

Ser un maestro viviendo nuestras irritaciones y las de los demás, suena a utopía, pero cuando más nos acerquemos a bajar a tierra esta emoción, tendremos nuevas oportunidades para crecer.

¿Cómo andas de enojos?

¿Cuál es tu equilibrio en relación con los acontecimientos y otras personas que te disgustan?

¿Te sale fácil la cara de…..?

Hace miles de años, un filósofo de los más reconocidos nos regalaba una frase genial.

enojo

Tantas veces escuchamos:

¿Es tan difícil no enojarse por pavadas?

Depende las pavadas……

Un chiste malo para el final

enojo 1

No te enojes, por favor !