¿Para qué estudiamos?

Domingo Faustino Sarmiento, falleció a los 77 años de edad en Asunción del Paraguay, un 11 de septiembre de 1888. Esa fecha da lugar a la conmemoración del día del maestro.

Que se brinde merecido homenaje a la vocación del maestro, durante esa fecha de septiembre, se debe al hecho de que Sarmiento es considerado una pieza fundamental en la educación pública argentina.

Fue gobernador de la provincia de San Juan entre 1862 y 1864, presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874, senador nacional entre 1874 y 1879 y ministro del Interior en 1879.

Durante su presidencia se construyeron 800 escuelas primarias y sumó a los 30 mil alumnos que ya estaban escolarizados , otros 80 mil más.

Sus restos fueron repatriados a Argentina, diez días después de su deceso, durante la jornada del 21 de septiembre de 1888.

Una mera coincidencia de las fechas, hizo que el inicio de la primavera coincidiera con la celebración del día del estudiante y asimismo del día de la juventud.

Salvador Lorenzo Debenedetti era un estudiante de 18 años de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, hijo de inmigrantes italianos que vivía en Avellaneda, por entonces Barracas al Sud. Por imposición familiar había comenzado a estudiar Derecho, pero cuando conoció la obra del paleontólogo y arqueólogo del autodidacta Juan Ambrosetti, decidió que eso era lo suyo e ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras para dedicarse a esa especialidad. Fue él quien propuso, en su calidad de presidente del centro de estudiantes, que el 21 de septiembre, día de la llegada de los restos de Sarmiento al país, quedase establecido como el Día del Estudiante.

En el marco del Primer Congreso Internacional de Estudiantes Americanos, celebrado en Montevideo entre el 26 de enero y el 2 de febrero de 1908, en donde se discutieron aspectos como la autonomía y la extensión universitaria, la creación de una asociación de estudiantes americanos y la representación de los centros de estudiantes, entre otros, se resolvió instaurar el 21 de septiembre como el Día del Estudiante.

El primer año en que se celebra masivamente, en América del Sur, fue 1910.

Los festejos distaban mucho de cómo se efectúan en la actualidad. En los primeros años, las celebraciones se realizaban en ámbitos de la facultad, y se pronunciaban discursos sobre Domingo F. Sarmiento y su obra, especialmente dedicados a la cuestión educativa. Además, se organizaban actos en torno al monumento de Sarmiento.

La impronta, y la deriva histórica, produjeron un cambio radical de las costumbres propias de ese festejo. La mayoría de los estudiantes secundarios y universitarios, organizan para ese día salidas al aire libre, donde el deporte, la música, y la diversión a plenos están presentes. El complemento nocturno, suele ser el festejo de la primavera en boliches, para culminar una jornada pletórica de emociones y desgaste físico.

Festejamos estudiar, dejando de lado nuestras obligaciones y compromisos, para dar rienda suelta al esparcimiento.

La pregunta concreta es:

¿Para que estudiamos?

La decisión de estudiar, a medida que avanzamos en nuestra edad cronológica, deja de ser una cuestión obligatoria, para tornarse más una situación de elección y vocación, unida a un proyecto de vida.

El primario es nuestra base de aprendizaje común, el secundario nos permite elegir entre lo humanístico, social, técnico, lingüístico, natural, brindándonos un plafón para encaminarnos en una futura profesión.

Los que podemos, queremos y optamos por continuar estudiando, lo hacemos por el camino de una educación terciaria o universitaria, que nos posibilita la mejor preparación posible para trabajar, o desarrollar nuestros emprendimientos.

Es el transcurso de esta fase es cuando generalmente combinamos trabajo y estudio. Las formaciones de postgrado, ya son mucho más específicas. Nos brindan el plus necesario para el desarrollo de habilidades y prácticas muy concretas.

La tarea de aprender no tiene un principio y un fin.

Conocimientos, patrones, habilidades son adquiridas en cada ciclo mencionado,  nos van marcando con un sello distintivo en lo personal y profesional.

La integración de esas enseñanzas en la sociedad, es lo que nos permite alcanzar metas individuales y compartidas.

Adquirir instrucción para el desarrollo de conocimientos y habilidades, tiene que ser complementado con el desarrollo de dos aprendizajes:

Aprender a ser: el individuo se forma y se transforma.

Aprender a convivir en sociedad: derechos, obligaciones, reconocer al otro y dar servicio a  la comunidad.

La era digital nos pone al alcance mucha información. Está asequible casi sin limitaciones.

Procesar y aprovechar esa información para generar una sociedad inclusiva y sustentable, es una tarea que requiere personas, con una mirada hacia adentro (despojada de egos) y hacia afuera (abierta e integradora), que trascienda la individualidad.

Nuestro plan de estudios generales necesita ser revisado, colocando nuevos condimentos para amasar junto con el conocimiento.

Quizás necesitemos de nuevos Sarmientos, que revolucionen nuestra manera de ser y pensar en sociedad.

¿Te animás a ser uno de ellos?

La primavera recupera la fragancia dormida de las flores, activa los mecanismos patra que fluya la savia.

De la misma manera nos da el calorcito necesario para encaminarnos hacia el final del año.

Para culminar, nada mejor que hacerlo con un hermoso poema de estación, escrito por Nicolás Guillén:

Quisiera hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara sobre tu cuerpo cálido
de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…

Quisiera hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

César, el polizonte !

Transcurría el final del siglo XIX . Italia atravesaba una crisis económica, cultural y de valores. La revolución industrial había cambiado el paradigma de progreso. Los que no se adaptaban, por no poder o no querer, no la pasaban bien.

La campiña italiana y sus agricultores veían como se esfumaba el valor de su esfuerzo. La crisis post-industrial los afectaba de manera cruel, quedando sin tierras, comida, sueños e ilusiones.

La ola migratoria de italianos a nuestro país, durante ese período, previo a la primera guerra mundial, estuvo conformado por personas del norte y del centro de la península, labradores de la tierra en una gran proporción. El sistema y las circunstancias imperantes en su querida república, los imposibilitaba de mantenerse y progresar.

La mayoría eran muy pobres, de variada condición de alfabetización. Contaban con una gran osadía, que complementaban con un gran impulso por vivir y trabajar.

Eligieron nuestro país por la semejanza de la lengua y la cantidad y calidad de suelo cultivable.

Durante ese período, César mi nono, junto a Pascual su primo hermano por línea materna, decidieron con la anuencia de sus padres, que había oportunidad de cambiar su destino. Vivían en la provincia de Ancona, cuya comuna principal era la ciudad y puerto de Ancona. Ambos eran jóvenes, César tenía 18 años y Pascual una edad semejante, cuando zarparon como polizontes en un barco con destino a Argentina. Aún no comprendo, como les permitieron permanecer en el navío bajo esa condición, pero los dos confirmaban que fue de esa manera, ya que no tenían dinero para pagar el pasaje.

No conocí a mi Nono César, ya que había fallecido aquí, en Argentina, algunos años antes que yo naciera.

Lo que les cuento a continuación, son retazos entrelezados de relatos que fuimos consiguiendo, sobre la vida pasada de mi ancestro paterno. César era muy parco, poco comunicativo, según referían todos. No quería hablar de Italia, como si los recuerdos le produjeran dolor y tristeza. Allá quedaron su padre Pedro o Pietro, y su madre Vicenta o Vincenza, junto a varios hermanos. Los conocidos y confirmados, sólo José o Giuseppe y María, no sabiendo a ciencia cierta cuántos y cómo se llamaban los demás.

Cuando ambos primos bajaron del barco que los trajo, preguntaron a dónde podían ir, ya que necesitaban tierras para cultivar.

Les dijeron que era propicio ir a Córdoba, que allí había buenas tierras y abundantes. Tomaron un pasaje a nuestra provincia, entiendo que en tren, para llegar a la zona donde finalmente se establecieron.

Contaba Pascual, que caminaron muchas horas al bajarse del tren. Solo llevaban un pequeño bagallo con ropa y algunas pertenencias. Siendo de noche, y aún caminando sin ningún destino o lugar a dónde ir, fueron asistidos por otro paisano, de apellido Bonino, que los levantó en su carro y les dió cobijo en su quinta de Villa Esquiú. Allí trabajaron varios años como peones. Luego alquilaron un tiempo la estancia El Toro, donde criaban cerdos y cosechaban hortalizas. Con lo producido y las ganancias, llevando una vida humilde, los primos pudieron independizarse y cada uno compró su propia quinta, ambas en la misma zona de Villa Esquiú. Los terrenos estaban cercanos, separados un kilómetro aproximadamente.

Ya viviendo en el Toro, mi nono César se casó con mi abuela Filomena, en la iglesia del Pilar de la ciudad de Córdoba. Tenía veintidós años de edad, y su esposa dieciocho. Filomena era argentina, hija de italianos. Tuvieron ochos hijos, en orden cronológico: Pedro, María, Humberto, Luis, Emilio Vicente, Daniel, Eugenio y mi papá Ramón, el menor de todos. Emilio y Daniel murieron muy pequeños de una infección bacteriana generalizada. No había antibióticos, allá por la década del 30 del siglo pasado.

Cuando hacía algunos años que estaba acá, no sabemos cómo, ni usando que medio de comunicación exactamente, mi Nono César, persuadió a su hermano José que viniera a Argentina. José, era mayor, estaba casado con Julia y tenía tres hijos cuando vinieron a nuestro país: Pedro, Antonia y Amelia. Recalaron en Córdoba, y tuvieron tres hijos más: Ubaldo, Giulio y María. Tuve la oportunidad de conocer a los tres últimos, siendo Ubaldo, el tío Negro, el primo más compinche de mi papá y mis tíos.

Quizás, la idea original, siendo esta una suposición mía, fue que primero se vinieran los jóvenes y solteros a probar suerte. Si todo iba bien, después seguirían, alguno de sus otros hermanos, ya con hijos. Los más grandes entre los cuales estaba María, decidieron permanecer en Italia.

Típico de familia italiana, los que progresaron en Argentina, descendientes de mi Nono César y su hermano José, eran todos muy cercanos y compañeros. El mandato familiar de unión y fraternidad era muy fuerte.

Es por ello que presiento que llevaban el desarraigo por dentro, mirando para adelante, pensando más bien en su descendencia que en sus ancestros.

Mi papá Ramón, siguió con el legado de la unidad familiar, la mesa grande y extendida de los domingos y de las fiestas.

Se percibía en sus ojos grises y claros, la tristeza de sus hermanitos pequeños fallecidos, y la melancolía de los que vinieron con los barcos. Como contrapartida , se distinguía en su accionar, el empuje vital y la fortaleza que heredaron de sus ancestros.

En esta etapa de mi vida, me encuentro en la tarea de recuperar la historia, para identificar con mayor claridad el punto de partida de mi familia de origen. Lo mismo está haciendo un descendiente de José, mi sobrino segundo Alejandro, que vive en Carlos Paz, zona donde se afincó finalmente la familia de mi tío abuelo.

Se nos hace difícil, ya que los que vinieron no tuvieron mayor contacto con los que quedaron en Italia.

Cuando mi Nono César se casó en 1910, su Padre Pedro ya figuraba como fallecido en el acta de matrimonio, que pude recuperar de la Iglesia del Pilar en Córdoba. De lo dicho, se desprende, que mi bisabuelo italiano murió a temprana edad. No conozco el destino de mi bisabuela Vicenta (nombre castellanizado), ni cuando falleció, estoy tratando de recuperar una misiva de Italia, que llegó a mi abuelo procedente de su hermana María, para ver si en ella le avisaba de la muerte de su madre.

Imagino muchas de estas historias, que casi todos tenemos, algunos con más detalles, otros con menos, respecto de quienes fueron nuestros antepasados más cercanos, crónicas de deseos y anhelos que los motivaron a emigrar. Las razones más comunes: problemas de subsistencia, guerras, persecución política o religiosa.

Mi papá no fue agricultor, se tituló de contador y fue el único de sus hermanos, que tuvo la posibilidad de estudiar. Las generaciones siguientes, apostaron a la educación y fueron transformando sus mapas mentales, buscando otros horizontes.

Un camino se traza desde un punto de partida, hasta un punto final.

Creo que no se trata de vivir o quedarse en el pasado, si de recuperar la energía que nos trajo hasta acá, e identificar lo que hemos transitado generacionalmente.

Te he relatado una parte del derrotero de mis antepasados.

Esto me sirve para preguntarnos:

¿De que puerto saliste últimamente?

¿Donde querés llegar?

¿Cuál es tu plan para lograrlo?

Mi nombre es Marcelo César.

César por mi abuelo, el polizonte que vino a pelearla.

El resto, es pura construcción personal.

Música, Maestro!

Mientras esperábamos el arranque de la función, los músicos afinaban sus instrumentos, probaban acordes y ensayaban presurosos ante la inminencia de la gala.

Se podían divisar distintos instrumentos de viento,  de madera y metal: flautas, oboes, clarinetes y trompetas. Se distinguían los timbales, con esa percusión estridente. En la zona central los más diversos instrumentos de cuerda: violines, chelos, contrabajos y un piano.

Un total, de aproximadamente sesenta músicos, conformaban esa hermosa orquesta de música sinfónica, cuyo nombre he tratado de recordar infructuosamente.

En el medio de este conjunto de herramientas musicales y personas, recorría y conversaba con todos ellos, un simpático personaje, vestido de gala como el resto, pero con una prestancia sin igual. Imaginaba, sin saberlo con certeza, que se trataba del director de orquesta.

Unos quince minutos más tarde, se bajó el telón, se apagaron las luces generales, quedando iluminada sólo una parte del escenario.

En ella se ubicaba el ya confirmado director, que moviendo su batuta fue dando entrada a los músicos e instrumentos. De esa manera, al son del inicio de la primera sinfonía, que si mal no recuerdo era de Puccini, toda la sala se fue iluminando con luz, contenida por refinados sonidos,  acompasados, equilibrados y deliciosos.

El ritmo, la esencia, la sintonía, eran administrados celosamente por los movimientos de la varita mágica del director. El indicaba la intensidad, el momento, la secuencia, con que cada intérprete encajaba y seguía la partitura a rajatabla.

La sucesión de música vibrante, que llegaba al corazón, paró el tiempo por completo. No recuerdo cuanto duró la función, las finas y riquísimas notas, que se colaban por todos lados, inundaban el recinto que cobraba vida y trascendencia.

Al final, el director y su orquesta agradecieron bajo una catarata de aplausos repetidos.

Sin ser un especialista, ni siquiera un conocedor de la historia musical, o seguidor permanente de la música clásica, percibí que la orquesta había tocado de manera impecable. Numerosos comentarios de personas eruditas en el tema, así lo confirmaban. La belleza y armonía de los acordes musicales, habían producido el efecto de estar en alegría y bienestar.

Por analogía a un director de orquesta, durante las jornadas de clases, mujeres y hombres con vocación de enseñar, se paran frente a personas en formación, para transmitir y generar conocimiento.

Esta semana se celebra la vocación de ser Maestro.

La figura de la maestra o del maestro, significa mucho para el desarrollo personal y educativo de los pequeños y los no tanto.

En los lugares más alejados, montañas, pueblos recónditos, donde pocos quieren ser servicio, ahí emerge la estampa del maestro que hace las veces de director, enfermero, cocinero, padre, madre, abuelo, abuela, consultor, confidente.

El educador y pedagogo, usa su batuta para lograr inspiración en matemáticas, lengua, ciencias sociales y naturales, música, plástica. Descubre y asiste a cada integrante de su agrupación estudiantil, en el desarrollo de los más variados intereses, que profesan sus grandes mentes inquietas.

El instructor, da soporte emocional, pone su cuerpo, su lenguaje y su energía, con el propósito de que salgan a la luz las más exquisitas y disímiles competencias, de ese conjunto de individuos en proceso de formación.

He tenido y tengo la inmensa fortuna de disponer de abnegados mentores, que profesaron y profesan la afición de educar.

Mi gran amigo Ricardo, director de escuela, maestro rural, es puro servicio a la comunidad.

No puedo más que agradecer lo que me dan día a día.

Una carta escrita a una maestra de primaria, hace una sentida descripción de su indispensable función:

» Te queremos dar las gracias por habernos enseñado que la enseñanza no se aprende sólo a través de los libros, tú nos has enseñado que se puede transmitir a través de la diversión.

El primer día que llegaste, a todos nos causaste una gran impresión, puesto que eres la profesora más joven y moderna que hemos tenido. Tú nos has hecho las excursiones más divertidas que hemos tenido en la vida.

Sobre este curso 2010/2011, nos gustaría enumerar qué cosas nos han gustado de ti, las cuales han sido:

-Tu modo de enseñar, gracias al cual hemos podido comprender que la enseñanza no está solo en los libros.

-Oportunidades, porque nos han ayudado a cambiar.

-Que nos hemos conocido, gracias a lo cual hemos podido comprender a nuestros compañeros.

-Que aunque haya costado mucho esfuerzo y trabajo hemos conseguido que algunos compañeros hayan mejorado mucho la actitud.

-Los trabajos realizados, porque gracias a ellos hemos aprendido a trabajar en equipo.

-El apoyo que nos has dado durante el curso.

-Igualdad, con excepciones por problemas personales.

-La relajación, gracias a ella hemos podido estar más concentrados y más atentos.

-Excursiones, porque han sido las mejores que hemos hecho.

Te queremos y te agradecemos un montón «.

Esta misiva resume la función del educador y su trascendencia.

Se me ocurre preguntarte:

¿Quiénes son tus maestros?

En esa conexión única e irrepetible de maestro-alumno se forja la llama perpetua del aprendizaje y la superación.

¿A quién le das autoridad para que te ilumine?

Un proverbio de la sabiduría china, nos dice:

» Si estas planeando para un año, planta arroz; si estas planeando para una década, planta árboles; si estas planeando para una vida entera, planta educación «.

Un gran pensador, nos trae:

» La enseñanza es más que impartir conocimiento, es inspirar el cambio. El aprendizaje es más que absorber hechos, es adquirir entendimiento «.

En tiempos en que las cosas parecen ser poco duraderas, asoma el emblema del maestro, como aquel que nos devuelve rasgos de humanidad, y se pone al servicio para abrir puertas en nuestro interior-exterior.

La orquesta de aprendices, recibe cada día el hechizo de sus maestros.

» Todo el que recuerda su propia educación, recuerda a sus maestros, no los métodos o técnicas. El maestro es el corazón del sistema educativo «.

Brindo por ellos.

Personas Sencillas, Vidas Transparentes !

Bello fin de semana. Un clima diáfano y apacible.

Estando cerca la primavera, tenemos expectativas de que se avecinen las lluvias, para que arranque el período de los remozados verdes.

Ni una sola nube en el horizonte que pudiera presagiar la magia del agua.

La sencillez de los ciclos naturales, me remite a la sencillez de las personas.

Sencillo, llano, natural, fácil, asequible, sincero, claro, directo, evidente, humilde, afable, espontáneo, franco, campechano.

Lo opuesto:

Difícil, complejo, artificioso, múltiple.

Los diálogos con personas sencillas son sumamente ricos y clarificadores.

En ocasión de estar en una gomería para reparar un neumático pinchado de mi auto, mientras esperaba me tocara el turno, se acerca una persona joven, que traía una moto con una rueda en llanta.

Observó que se dirige amablemente al empleado.

  • ¿Cuándo me la podés arreglar?
  • Espérame unos quince minutos más o menos.

Se hace a un costado. Distingo su mano derecha vendada.

Lo miro, buscando diálogo.

El me dice espontáneamente,

  • Me agarro la mano una hormigonera y me arrancó la punta de dos dedos.

Se nota el dolor en la expresión de mi cara.

  • Qué mala suerte.
  • El boludo fui yo. No tuve en cuenta lo que me habían recomendado.
  • Bueno, fue un accidente.
  • Estoy tomando antibióticos y calmantes, sino no podría andar.
  • ¿Tenés cobertura de ART?
  • El problema es que trabajo en negro, no tengo obra social, ni ART. Hace ya una semana que no junto plata para llevar a casa. Tengo tres hijos. Mi suegro me ayuda, sino estaría al horno.
  • ¿Fuiste a la empresa?
  • Si, pero no quiero molestar para que no me dejen sin trabajo. Es difícil que te pongan en blanco, porque les sale muy caro.
  • No sé si es tan así.
  • Sería bueno que hagan algo fácil y económico para que la gente sin trabajo, pueda conseguirlo sin complicaciones y estar en blanco.
  • Seguro, coincido.
  • Bueno, lo mejor Don, vivo acá cerca. Dejo la moto y después la busco.
  • Suerte, que te mejores.

Lo observo alejarse.

Pienso que, a la gente sencilla, le hacen falta soluciones simples.

Se me viene la pregunta:

¿Será que las soluciones simples, quedan en manos de gente demasiado artificiosa, inmersa en sistemas excesivamente intrincados?

No importa tanto la historia, sino qué hacemos para salir adelante.

En ocasión de una excursión de pesca con amigos, organizamos un viaje hacia la Estancia Santa Clara, metida en el corazón de San Luis, entrando treinta kms por caminos de guadales, distante unos 110 kms de Villa Mercedes.

Naturaleza a pleno, jabalíes, ñanduces y pumas. Los primeros se dejaron divisar, con los felinos fue imposible.

Nos recibe el Picha, el peón rural de guardia ese fin de semana.

Gastón, quien organizó la travesía, es amigo del dueño de la estancia y superconocido de todos los peones.

Habrá otra entrega respecto de este hermoso viaje, pero por ahora sólo quiero detenerme en la llaneza y calidez de las relaciones.

Hace unos meses, el Picha quería comprar un autito, bastante modesto, que pudiera pagar con algunos ahorros y su exiguo salario.

Gastón lo fue a buscar y lo llevo a recorrer las concesionarias de San Luis, todo un día entero.

Nada de lo que buscaba, pero la suerte quiso que, a dos cuadras del taller de Gastón, en Villa Mercedes, apareciera el automóvil. Pocos kms, única mano. Una joyita.

La plata no le alcanzaba al Picha, y Gastón le prestó lo que le faltaba, a devolver en varias cuotas sucesivas.

El Domingo que retornábamos, el Picha le pagó a Gastón la cuota del mes.

Lo viene haciendo de manera regular según lo convenido.

Ningún comprobante, ningún contrato firmado. Sólo la Palabra.

Gente bondadosa y llana, que no necesitan de nada más para ayudarse.

La pasamos de cien en esta salida de fin de semana.

El Picha fue un cálido y excelente anfitrión.

Lo maravilloso es caer en la cuenta que necesita poco para adquirir y apreciar su bienestar.

El es el Picha, un humilde peón de campo.

Se me ocurren otras preguntas:

¿Para qué estamos complicando las cosas?

¿No es hora de barajar varias cartas de simpleza?

Para todas las respuestas que podamos ensayar:

La clave es dejar fluir la transparencia de lo liso y llano.

Como Gastón y el Picha.

Para ir dando remate, les traigo algunas frases interesantes, vinculadas con la idea de profesar lo no complejo.

«No hay motivos para buscar complicaciones. Si oyes un galope, buscas caballos, no cebras».

«Quizás las cosas más sencillas sean las que más cuesta ver. A veces, uno tarda en ver lo que tiene delante de las narices».

«Hay situaciones en la vida en que la verdad y la sencillez forman la mejor pareja».

El día menos pensado !

El guión de una película pone en boca de un actor de renombre, la siguiente pregunta:

¿Cuánto te pagaron para abandonar tus sueños?

El entrevistado, se queda boquiabierto. Cae en la cuenta de una posible equivocación a la hora de decidir en su vida.

Quien más, quien menos, la mayoría dejamos de lado, por diferentes motivos, propósitos de vida, orientaciones, proyectos.

En el extremo opuesto, damos sentido y ponemos compromiso en otras cuestiones o ámbitos, en los cuales invertimos nuestros recursos.

Es utópico pensar que podemos con todo y todo el tiempo.

Haciendo un balance, pienso que a menudo tenemos chances de repensar hacia dónde vamos y motivarnos para otra oportunidad.

Lo que soñamos para nuestras vidas alguna vez, allá cuando siendo pequeños, queríamos ser mayores, para poder ser…. sigue ahí.

Aparecieron los padres, los maestros, las vicisitudes, las coyunturas, el matrimonio, hijos, estudios, y la brecha entre lo que quería ser y lo que soy, se hizo decididamente invisible.

En alguna charla de sobremesa o de café con amigos, se ponen de manifiesto esos viejos deseos, pero sólo como un hecho anecdótico. No como un plan para….

¿Está mal eso?

Opino que no.

La realidad a veces, nos lleva por caminos no elegidos del todo.

Sin embargo, para no caer en el facilismo de un destino prefijado, de procederes inmutables, y de falsas excusas para no elegir algo distinto, urge reconocer que, si quiero algo, con la suficiente entidad y trascendencia, es muy probable que pueda hacerlo.

¿Qué significa eso?

Una opción, con cierto grado de osadía extrema, puede ser la de hacer un salto hacia un supuesto vacío, saludar a la familia, a los compañeros de trabajo, y emprender un viaje espiritual sin fecha de regreso, para reencontrarme conmigo y mi esencia.

Otra manera de pensar en el mismo sentido, puede ser trazar un pequeño plan de vuelo, que incluya objetivos más inclusivos y cercanos.

Ejemplos de este segundo tipo de prácticas abundan.

Las personas que necesitamos salir del status quo, podemos hacerlo de formas impensadas.

Puede que haya conexión con viejos anhelos, puede que no, lo que si es probable es que los sueños que esté realizando, me pongan en una situación ventajosa y superadora respecto de la calidad de existencia que actualmente vivo.

La propuesta es cambiar la frase “el día menos pensado” , que muchas veces hemos llevado a nuestra mente y otras tantas declarado, por: este día, el más pensado, comienzo con este proyecto….. “

En mi caso personal, empecé con esta pasión de escribir, esta especie de cuestionario, tómelo o déjelo, hace ya más de dos años.

Tengo claro que no importa el tamaño de las quimeras, sino la voluntad y la alegría de conseguirlas.

¿Voy a juzgar inadecuado que alguien no persiga alguna clase de ambición?

De ninguna manera.

Sin embargo,  las explicaciones del fracaso abundan. Tantas veces, sin darnos cuenta, estamos parados allí, dando exquisitas y detalladas crónicas de lo que no fue.

Nos hemos quedado anclados en la queja, en la culpa del otro, en mi no responsabilidad ante los hechos. Inmóviles y con el pesimismo de antemano.

En uno de mis primeros escritos, te traje a colación lo del Proyecto Barrilete.

Es bueno tener un proyecto que nos guie y nos movilicé, a tal punto que nuestro ahínco y dedicación sean superlativos.

Hoy, menos pretencioso, te hablo de podemos empezar con cortos, constantes y decididos pasitos para cumplir renovadas aspiraciones. Para adquirir maestría y poder volar la gran cometa.

¿Hay relaciones y recursos que nos facilitan la empresa?

Sin lugar a dudas y son muy importantes.

Del mismo modo, los que decidimos seguir usando la frase “el día menos pensado”, somos nosotros mismos y nadie más que nosotros.

Ella cohabita en el mundo de la inacción y el confort, donde nos sentimos protegidos.

Te comenté alguno de mis pensamientos e ideales que me motivan.

Ya hice varias preguntas.

Las respuestas son bastante personales y poco comparables.

Mientras, recordamos algo que nos quedó en el tintero sin hacer, te regalo este pequeño cuento, que espero que disfrutes.

Es un relato infantil, para qué volvamos a revivir el aroma de la niñez, lo que otrora profesamos.

El vendedor de sueños

Una tarde de verano muy calurosa, llegó al pueblo aquel extraño señor. Su llegada no paso percibida para nadie, vestía un oscuro traje algo desaliñado y demasiado abrigado para las temperaturas tan altas que acontecían aquel caluroso verano. Su mirada algo distraída y con una chispa especial resaltaba en su delgado rostro cubierto por una barba blanca mal recortada. Llevaba puestos unos zapatos sucios y caminaba como si los pies le pesaran, en su mano una pequeña maleta vieja.

Se instaló en un local vacío que debía haber comprado tiempo antes. La mañana siguiente apareció algo más descansado y con ropa más adecuada para aquellas temperaturas tan elevadas. Con una energía no imagina por su caminar del día anterior, comenzó a limpiar el local y a reformarlo, apareció un camión con muebles y enseres de diverso tipo.

En una semana la imagen del viejo y abandonado local había cambiado por completo, recién pintado y con un olor a cosas nuevas y a limpieza. El aspecto del hombre también había cambiado por completo, bien vestido y con aspecto alegre y descansado, mantenía su mirada distraída y su barba blanca mal recortada. Justo una semana después de su llegada coloco en la puerta del local un cartel en el que podía leerse: “Tienda de Sueños. Cumplir un sueño, es hacer brillar una sonrisa, tu sonrisa.”

El cartel de la tienda sorprendió a todos, y enseguida acudieron a comprobar que era aquello y quien era aquel hombre. Múltiples objetos sin sentido, ni lógica aparente estaban repartidos por el local, dotando a aquel espacio de un encanto mágico que aporta el sinsentido. Unas gafas de color rosa con los cristales amarillos, un reloj de cuco, algodones de colores, botellas de agua, un monociclo, juguetes, una vieja silla, eran algunos de los objetos que podían encontrarse en su interior, y muchos frascos de diferentes tamaños y colores vacíos tras el mostrador.

Los habitantes del pueblo estaban algo incrédulos y bastante desconfiados con las intenciones de aquel curioso personaje. Éste les agradeció la visita a su establecimiento y les explicó que era un vendedor de sueños, que su tienda estaba allí para ayudarles a hacer realidad sus sueños. Les explico que los sueños no tienen valor porque su valor es incalculable y que por lo tanto no podía poner precio a los mismos, que su único pago era el brillo de las sonrisas de aquellos que cumplen sus sueños.

Poco a poco, los habitantes del pueblo decidieron probar los servicios del vendedor de sueños, si no les iba a cobrar nada no tenían nada que perder, así uno a uno fueron pasando por allí poco a poco. Contaban al misterioso hombre sus sueños y este les pedía tiempo para elaborar su receta para cumplirlos. A los pocos días les otorgaba uno de los objetos de la tienda y les entregaba un frasquito. En cada frasquito colocaba una etiqueta donde ponía medicina para los sueños de…… y ponía el nombre del destinatario. Debían poner en cualquier parte de su cuerpo cada mañana tres gotas del líquido y esperar a que el contenido del mismo se acabase.

Los habitantes del pueblo, no creyeron en las palabras del vendedor, pero como no tenían nada que perder y al hablar de sus sueños encendían la llama de la ilusión por cumplirlos cada día se echaban las tres gotitas de su frasco.

Pasaron los días, y las semanas, el verano dio paso al otoño, el invierno llego al pueblo, también la primavera y un nuevo verano anunciaba su presencia.

Justo un año después de su llegada, el local apareció cerrado. Los habitantes del pueblo pensaron que era un charlatán que se había ido al igual que había aparecido. Pero a los pocos días ocurrió algo sorprendente, cada uno de ellos fue cumpliendo sus sueños, justo cuando acabo el contenido de su frasco. Entraron en el local, que aún mantenía el cartel, en busca del vendedor para agradecerle su labor, no le encontraron allí, pero hallaron una nota en la que escribió lo siguiente:

“Sé que habéis dudado de mí y no os culpo, porque teníais toda la razón, yo no he hecho que se cumplieran vuestros sueños. En los frascos solo había agua, habéis sido cada uno de vosotros al encender la llama de la ilusión los que habéis seguido el camino para cumplir vuestros sueños.”

El Conversatorio !

Ignorante como soy, me sorprendo gratamente con la existencia, en el diccionario de la Real Academia Española, de la palabra CONVERSATORIO.

Las acepciones, extraídas de manera literal de ese glosario, son las siguientes:

  1. masc. Col. y Perú. mesa redonda (reunión de personas versadas en determinada materia).
  2. masc. Cuba, Ec., Méx., Pan. y R. Dom. Reunión concertada para tratar un tema. Conversatorios de paz.
  3. masc. Hond. rueda de prensa.

Más habituados, al menos en mi caso, a la acción de conversar, o al sustantivo conversación, jamás pensé que existiera, esta palabra que hace alusión, a un lugar u ocasión para conversar, en la figura de una mesa, un evento específico o una acción de prensa.

Se me ocurre la idea pragmática de crear espacios denominados CONVERSATORIOS.

Dependiendo de que necesitemos conversar, podríamos identificarlos de la siguiente manera:

Conversatorios para tratar sobre opiniones y juicios: es clave que estén las personas involucradas en tales juicios y opiniones, sobre un hecho o personas.

Conversatorios para cuando no sabemos qué hacer: al menos lo que tiene que estar claro es el problema o la oportunidad a desarrollar.

Conversatorios para coordinar acciones: tenemos claridad de respuesta a los eventos y hace falta fijar responsables y plazos para las acciones.

Conversatorios para coordinar nuevas conversaciones: vamos a conversar sobre algo, que implica luego involucrar a nuevos conversadores.

Conversatorios para conversaciones difíciles: temas de debate ético, moral, religioso, político, con conversadores con posturas radicalizadas.

Conversatorios para pedir y reclamar: no se cumplieron las acciones comprometidas en conversaciones anteriores y necesitamos retomar el pedido o reclamar.

En cada uno de los casos, los requisitos generales de ingreso,  pueden ser:

  • Claridad respecto de qué clase de conversación queremos llevar a cabo, para no estar equivocados de CONVERSATORIO.
  • Ser partícipe activo de la cuestión, problema, oportunidad o tema sobre el cual se quiere conversar y asimismo obrador activo de las acciones derivadas.
  • Ser responsable de las palabras o frases que voy a agregar a la conversación, fundamentando las opiniones en hechos concretos.
  • Aceptación de visiones o interpretaciones contrapuestas, disímiles o parciales sobre diagnósticos o soluciones
  • Tener un propósito o ser adhiriente al de otros conversadores.
  • Tiempo acotado para expresarse, para garantizar posibilidad de uso del lugar para varias conversaciones.

A priori generar un sistema de esta naturaleza requeriría de entrenamiento previo en:

Habla y Escucha responsable.

Respeto por el otro.

Compromiso con el problema o la oportunidad.

Capacidad de síntesis.

De manera personal, soy un convencido del inmenso poder de acción de las conversaciones.

En un sentido opuesto creo que tenemos una gran brecha como sociedad para poder aprender a conversar, para generar nuevos escenarios y progresar de manera sustentable.

Por eso considero que las organizaciones del tipo que sean, deben generar estos espacios de conversación.

Los conversatorios virtuales o grupos de chats, son bastante limitados a la hora de discutir un problema o una propuesta.

Se prestan a interpretaciones erróneas, falta de visualización del otro y su corporalidad. Según mi punto de vista tiene que ser usados responsablemente y en circunstancias acotadas.

Volviendo al tema central, esta proposición refleja de forma sintética de qué se trata:

Digamos cómo y para qué conversamos, y visualizaremos hacia dónde podemos ir.

Resulta propicio preguntarnos:

¿Cómo andas conversando?

¿Cuáles son tus conversatorios?

Tantas veces andamos embrollados con pensamientos y conversaciones que quedan en nuestro interior, aislados en nuestro propio e íntimo CONVERSATORIO, que no detectamos la posibilidad de ser responsables de incluir a otros.

Quizás en un futuro no muy lejano se pueda leer un aviso como tal:

Se vende CONVERSATORIO: 1.215 conversaciones realizadas de manera efectiva, 450 reclamos atendidos, 250 acciones desarrolladas, tiempo promedio por conversación 35 minutos. Mobiliario cuidado, capacidad máxima quince personas. A prueba de chismosos y ególatras. Unica Mano. Se recibe menor.

Para culminar algunos chistes vinculantes:

Va el 1:

Entra un señor a un bar y el camarero le pregunta:

– ¿Qué quiere?

– ¡Que qué quiero!, una casa más grande, tener más dinero, que mi mujer sea más guapa.

– No, hombre, ¿Que qué desea?

– ¡Que qué deseo!, tener una mansión, ser millonario, que mi mujer sea estupenda.

– ¡No hombre! ¿Que qué va a ser?

– ¿Que qué va a ser?

– Yo prefiero que sea chica pero si es un niño, no me importa.

– ¡No hombre! ¿Que qué va a tomar?

– ¡Ah, hombre, eso se dice antes! ¿Qué hay?

– Pues nada, por aquí, como siempre detrás de la barra…

Va el 2:

Paco, en el avión. Una azafata reparte chicles.

– Oiga, y esto ¿para qué es?

– Para que no tengan molestias en los oídos al cambiar de presión.

Todo va bien. Cuando aterrizan Paco le pregunta a la azafata:

– ¿Y cómo me quito ahora el chicle de las orejas?

Va el 3:

– ¿Tienes Facebook?

– Si

– ¿Twitter?

– Si

– ¿Página Web?

– Claro

– ¿Instagram?

– Si

– ¿Vida?

– Si, pero casi nunca la uso

¿Rata o Elefante?

Erase una vez que se encontraron de casualidad una elefanta y una ratoncita.

Para ser totalmente claros con la situación, la paquiderma dormía plácidamente una siesta, y se despertó producto de un cosquilleo en su lomo.

Abriendo grandes sus ojos de elefante, divisó una pequeña ratoncita, que la miraba fijamente.

Verdad o mito, aquel que reza que los elefantes temen a los ratones, nada de eso tuvo lugar.

Permanecieron unos instantes observándose mutuamente, la ratoncita inmóvil para no generar ninguna reacción en su gigante hallazgo.

Al fin, la ratoncita juntó algo de valor para soltar:

  • Hola!

La elefanta no atinó a responder.

Con algo más de arrojo, la ratoncita disparó:

  • ¿A qué se debe tu gran panzona? Parece que comiste demasiado.

La respuesta de la elefanta no se hizo esperar:

  • Estoy gestando un bebé desde hace un tiempo.
  • ¿Cuánto hace de eso?
  • Llevo ya seis meses.
  • Guau, porque yo también estoy esperando varios bebés, pero lo mío dura sólo unas tres semanas. De hecho, ahora estoy buscando algunos elementos confortables para mi madriguera.
  • Yo debo esperar unos dieciséis meses más, para ver nacer a mi bebé.
  • No sé si podría, ya que al año puedo procrear hasta doce veces, unos diez hijos en cada ocasión, lo que hace un total de ciento veinte hijos al año. Nacen sin poder ver, ni defenderse, pero rápidamente se ponen ágiles y salen al mundo.
  • En mi caso, mi hijo debe crecer bastante en mi vientre. Al salir ya se para por sí mismo y camina. Necesita ser fuerte para poder correr en caso de peligro, si bien siempre está cuidado por su mamá. Dado nuestro tamaño, no podemos hacer madrigueras para escondernos, como tú y tus hijos.
  • Nosotros los ratones vivimos poco. Necesitamos por lo tanto, todo de prisa, casi de manera inmediata.
  • En cambio, somos bastante longevos y pesados. La rapidez no es nuestra mejor virtud, pero somos reconocidos por nuestra paciencia y quietud de elefantes.
  • ¡Qué gran diferencia! No nos quedamos quietos, incluso necesitamos desgastar nuestros dientes que no paran de crecer, para lo cual roemos y roemos.
  • Acostumbramos a esperar y vivir más tranquilos.
  • En fin, se nota que tenemos existencias bastante distintas. Te dejo seguir descansando, mientras yo sigo mi camino, ya que necesito recuperar el tiempo perdido.
  • Gracias, nos vemos en otro momento.

La elefanta cerró sus grandes párpados para seguir durmiendo, mientras la ratoncita bajándose de su lomo, inició una marcha presurosa para continuar buscando cosas útiles para su nido.

Parece una historia sin ton ni son, pero sin embargo encierra un gran dilema o, mejor dicho, dos maneras distintas de gestar algo:

  • La inmediatez, propia de la naturaleza de la ratoncita.

El resultado necesita ser visualizado en el corto plazo, sin mucha espera, sin un gran proceso detrás.

  • Lo alejado o proyectado en el tiempo, propio de la naturaleza de la elefanta.

El fruto requiere de aguante, un proceso por etapas, diferimiento de gratificaciones en el corto plazo.

Reflexiono que ambas maneras de accionar, pueden sernos útiles:

La visión de rata nos resuelve el problema que tenemos en el ahora, pero tiene puntos débiles que no permiten la proyección.

La visión de elefante, es imprescindible para aquellos proyectos vitales, que nos permiten escalar alturas parciales, con caídas y retrocesos, pero sabiendo que, al llegar a la cima, seremos más fuertes y a la vez más humildes.

Para llegar a grandes alturas, es necesario desprenderse de elementos pesados, soltar lo que nos ata al ahora, al ya, al hoy.

¿Podemos convivir con ambos modelos?

De manera personal creo que sí.

No podemos prescindir de lo inmediato. Es sabroso sentir el sabor de los caramelos cuando los comemos (herencia de nuestra condición de niños), mientras transitamos otros procesos de elefante: gestar una empresa, formar una familia, perseguir la consecución de un gran trabajo, estudiar o entrenarse para ser diplomado varios años después, sólo por citar algunos ejemplos bastante tradicionales. La innovación es en si mismo, un proceso que requiere de mucha paciencia de elefante.

Las preguntas que creo convenientes respondamos:

¿Cuál es tu equilibrio rata-elefante?

¿Cómo andas de gratificaciones diferidas?

Hermoso fin de semana soleado. El pronóstico es alentador, veinte grados a la siesta.

Este clima maravilloso, invita a caminar, respirando la mayor cantidad de aire posible, para oxigenar nuestro cuerpo.

Mientras muevo las piernas, y con pocas esperanzas de encontrar un elefante, al menos por estos lares, te regalo algunos chistes vinculados, que ojalá nos despierten sonrisas:

Va el 1:

Esto es un elefante que se sienta en una butaca del cine justo delante de un ratón, entonces el ratón le dice:

– perdone, se podría poner en otro asiento que me tapa y no veo.

– elefante: noooo….

– ratón: vaya este tío gordo que no me deja ver la peli… Pues ahora se va a enterar.

El ratón enfadado se levanta, se sienta en la butaca justo delante del elefante y le dice:

– Ahora se da cuenta lo molesto qué es!

Va el 2:

Estaba un ratoncito de vacaciones y va a un hotel

Resulta que tiene que subir por el elevador. El encargado del elevador era un elefante y el elefante le pregunta:

– ¿Qué piso?

Y el ratoncito le contesta llorando:

– Mi colita.

Va el 3:

Un elefante y un ratón está dando un paseo por el desierto. El ratón le dice al elefante:

-¿No te importa que camine bajo tu sombra media horita? ¡Después, si quieres, podemos cambiar!

¿Dónde está la pelota?

A lo lejos se divisaba una polvareda. Fijando mejor la vista, era posible distinguir pequeñas figuras que emergían, cuasi olas naranjas, de esa indescifrable danza de cuerpos entremezclados.

Una voz. De nuevo la misma voz, solicitando que pararan el juego y se acercaran.

El pedido tuvo efecto luego de varios minutos, mientras algunos aún se empeñaban por seguir la trayectoria del balón, más allá de cualquier indicación en contrario.

Finalmente, el profesor Guillermo, nos pudo juntar a todos alrededor de él. Teníamos ocho años de edad y estábamos en tercer grado de la escuela primaria.

Chicos, escuchen por favor:  de esta manera no se juega al futbol. Necesitamos ordenarnos en el campo de juego, asumir distintos roles, y trabajar juntos divididos en dos equipos.

Acto seguido, el profe nos otorgó distintas funciones, de acuerdo a habilidades y destrezas físicas detectadas, en el indescifrable torbellino anterior.

Los dos más altos ocuparon sendas plazas de arqueros, los menos habilidosos y fuertes fueron designados como defensores, al medio campo los de mejor manejo de pelota, los más rápidos y decididos como delanteros.  La función de capitán y líder de los equipos, recayó en dos compañeros, los cuales el profe consideraba los más pensantes y equilibrados.

Ya más ordenados, esa mañana de primavera soleada, volvimos al campo de juego. Nos costaba sobremanera, refrenar el impulso de ir todos tras el balón. De tanto en tanto, volvíamos a generar el impetuoso remolino, pero ahora había más jugadores atentos a la voz del profesor, que nos requería: ¡vuelvan a sus posiciones!

Guillermo oficiaba de organizador y árbitro al mismo tiempo, para lo cual tenía un silbato bastante potente.

Empezamos a practicar con regularidad, dos veces por semana.

Cada vez menos con menos frecuencia, se generaban esos lapsus de persecución alocada y desaforada por la pelota.

Cerca de fin de año, los dos equipos habían logrado entender el juego. Guillermo, nos entrenaba en cuestiones básicas de la táctica y disposición para jugar.

Se competía sanamente, se ganaba y se perdía regularmente, debido a los aciertos y errores propios y ajenos.

Los gritos y festejos de gol eran habituales, acompañados de golpes y contusiones normales de la actividad física.

El juego brusco o malintencionado, no muy habitual, era castigado con suspensión de semanas sin jugar.

Su majestad, el balón de futbol, al principio invisible detrás de cuerpos y energía mal empleada, viajaba elegante de una posición a otra, elevado, rasante, impulsado por las zapatillas o las cabezas.

Los interpretes de la sinfonía, unos con camisetas naranjas y los otros azules, habían adquirido cierta maestría, para que la pelota fuera armónicamente bien tratada y distribuida.

Al año siguiente, continuamos con los entrenamientos, para poder competir desde mitad de año, en una liga de fútbol infantil.

En ese primer campeonato, tuvimos una consecución de resultados apenas aceptable.

Al año siguiente nos fue un poco mejor.

La pelota de futbol, nos resultaba más amigable. Alguno de mis compañeros la manejaban con cierta exquisitez y marcada destreza.

Por analogía, en distintos ámbitos podemos distinguir situaciones similares.

Los elementos son comunes:

Individuos, equipos, medios, disposiciones, reglas, orden, planificación, comunicación, habilidades, sumadas o multiplicadas para lograr algo.

Regresa a mi mente, la imagen del principio del relato, de esa pelota sumamente anhelada, escondida y maltratada.

En cualquier proceso que llevemos a cabo, opino que nos urge responder una pregunta concreta:

¿Cuál es la pelota?

Como aquello que tiene que ser el foco central y decisivo de lo que estamos haciendo.

Ponernos de acuerdo y reconocer la pelota resulta ineludible e insustituible.

A medida que transitamos el proceso, de la naturaleza que sea, además de distinguir cuál es la pelota, la tenemos que tener el mayor tiempo posible de modo reconocible, gestionable y accesible a todos.

La segunda pregunta concreta, por lo tanto, es:

¿Dónde está la pelota?

Para anotarse un tanto, la pelota debe cruzar la línea de meta.

Parece algo tan sencillo, pero para alcanzarlo se requiere un juego de equipo, apartado de vanidades personales, comprometidos con las funciones que nos tocan, respetando al otro, valiéndonos de las fortalezas, y cubriendo las falencias derivadas de las debilidades transitorias.

Decidir cómo, cuando, a quien, y para qué tenemos que pasar la pelota, es una práctica que se entrena. Alguno tiene la función de parar la pelota y transformarse en el distribuidor del juego, asumiendo un rol de liderazgo sumamente necesario.

En ocasiones hay que aceptar que no siempre la pelota estará en tus pies, o ni siquiera del lado de tu equipo.

Aprovecho para preguntarte:

¿En qué procesos estás inmerso?

¿Cuál es y dónde está la pelota?

Hay esquemas que naturalizan la polvareda. Los responsables de construirlos,  perdemos de vista la importancia de tratar de mantener un ambiente lo más claro y despejado posible.

Corregir esta situación, es un antes y un después para cualquier proceso, donde se necesiten consensos para lograr objetivos comunes, elementales como anotar un gol.

Para culminar y relajarnos un poco, algunos chistes vinculados:

Va el 1:

El diablo visitó a san Pedro y le pregunta:

– ¿Por qué no hacemos un partido de futbol entre el infierno y el cielo?

San Pedro con una sonrisa.

– ¿Cree usted que tiene la más mínima posibilidad a ganar? Todos buenos jugadores de fútbol están en el cielo: Pelé, Beckenbauer, Charlton, Di Stefano, Müller…”

El diablo le devuelve la sonrisa.

– No te preocupes, tenemos todos los árbitros!

Va el 2:

Un árbitro entra en un campo de fútbol y ve a todos los espectadores con una escopeta en la mano. El árbitro le pregunta a un hombre:

-¿Por qué va todo el mundo con una escopeta?

El hombre le responde:

Es que cuando gana el equipo lo celebran disparando hacia arriba.

Y el árbitro vuelve a preguntarle:

Y si pierden?

El hombre le responde:

!!Nada, todavía no se ha dado el caso!!

Va el 3:

Un hombre tenía boletos para la final del mundial de fútbol.

Cuando se sienta, otro hombre se acerca y le pregunta si está ocupado el asiento junto a él.

– No, está desocupado.

Asombrado el otro dice:

– Es increíble, ¿quién en su sano juicio tiene un asiento como éste para la final del mundial, el evento más grande del mundo, y no lo usa?

El hombre lo mira y le dice:

– Bueno, en realidad el asiento es mío. Lo compre hace dos años. Se suponía que mi esposa me iba a acompañar, pero falleció. Éste es el primer mundial en el que no vamos a estar juntos desde que nos casamos en 1982.

Desconsolado el otro dice:

– OH! Qué pena oír eso. Es terrible. ¿Pero, no pudo encontrar a alguien más? ¿Un amigo, o pariente, incluso un vecino para que usara el asiento?

El hombre niega tristemente con la cabeza mientras dice:

– No….. están todos en el velorio.

Sin Vergüenza !

La maestra de tercer grado preguntaba quien había terminado la consigna.

Pocas manos levantadas, pero con muchas ganas.

Si bien la había desarrollado, una mezcla de timidez y vergüenza me impedía levantar la mía.

La maestra empezó a recibir las respuestas. Se generó un pequeño debate.

Aunque sabía de qué se trataba, no me aminaba a hablar. De nuevo el apocamiento y el sonrojo me mantenían en inacción.

Al finalizar la clase, Mirta, la maestra, se acercó a mi banco, antes de que saliera al recreo.

Me pidió el cuaderno de clases. Se dio cuenta que la tarea estaba bien desarrollada.

¿Por qué no participaste Marcelo?

Me sonrojé y no supe qué decir.

Ella me pidió que la próxima vez lo hiciera, que de alguna manera ella me ayudaría.

Desde ese momento, ella se encargó con mucho cuidado y acompañamiento, de que mis palabras surgieran.

Me costó bastante vencer la sensación de quedar en ridículo, de sentir vergüenza.

Con los años pude hacerlo, desatando esos lazos que tantas veces nos atan las palabras y por ende las acciones.

A lo largo de mi vida, encontré formadores, maestros, líderes, amigos, que cuasi ángeles me ayudaron a sortear esta dificultad, que me restaba posibilidades y oportunidades de crecer y participar.

Revisemos juntos el concepto, por medio de los significados que tiene la palabra vergüenza:

«Sentimiento de pérdida de dignidad causado por una falta cometida o por una humillación o insulto recibidos».

«Sentimiento de incomodidad producido por el temor a hacer el ridículo ante alguien, o a que alguien lo haga».

Vamos a seguir enfocados en la segunda de las acepciones.

Se trata de un sentimiento y por lo tanto es emocional.

Al ser de índole emocional, está íntimamente ligado a la distinción de peligro o advertencia para actuar.

Recuerdo frases comunes, tales como:

  • Parece que le dió vergüenza y no lo dijo.
  • No sé que me pasó, no me salieron las palabras.
  • Vergüenza es robar, no pedir.
  • Cuando tenía que hablar, se quedó callado.
  • No me animo a decirselo por vergüenza.

Busco palabras que reflejen lo contrario a sentir vergüenza y elijo la palabra torpeza.

Cuando no se tiene incorporado, o se ha perdido el límite de la vergüenza para algunas cosas, que pueden herir o dañar a otros, se incurre en la torpeza o la falta de respeto.

En ese caso nos vamos al otro extremo de la inacción, para alcanzar una situación de palabras o acciones desmedidas.

extremo de la inacción, para alcanzar una situación de palabras o acciones desmedidas.

  • Esta persona no tiene filtros, es un sinvergüenza.
  • Sentí vergüenza ajena con lo que dijo.
  • Todo estaba bien, hasta que habló esa persona que desmadró todo.
  • ¿No te da vergüenza lo que decís?
  • Actuaba sin vergüenza, es un desfachatado.

¿Qué equilibra ambos sentidos de la ecuación?

Una actividad cerebral que nos viene incorporada, que es bueno ejercitar:

Poner conciencia.

Nuestras emociones necesitan amortiguarse con ese condimento esencial de la actividad consciente.

En tu devenir actual:

¿Distinguís el equilibrio, CON-SIN Vergüenza?

¿Te quedas sin expresar una opinión o preguntar algo por miedo a la vergüenza?

En el otro extremo:

¿Tus opiniones o preguntas generan malestar en los demás o en vos mismo?

¿Pedís disculpas cuando alguien te manifiesta que cruzaste algún límite?

Sin lugar a dudas es un tema polémico. Las respuestas a estas preguntas, resvisten un carácter bastante personal.

Mientras busco las mías, aprovecho para transcribir algunos chistes vinculados, realmente sin vergüenza:

Va el 1:

Llega el juez que preside la audiencia.

En ese momento, el fiscal se levanta y le grita al abogado defensor:

-¡Es usted un sinvergüenza!

El abogado defensor le responde gritando:

-¡Y usted es un ladrón!

El Juez toma asiento y tranquilamente dice:

-Bueno, ya que ambas partes se han identificado plenamente, podemos dar inicio a la audiencia.

Va el 2:

Se encuentran viajando en un tren un alemán y un español.

-El español, para romper el hielo y con ánimo de hacer amigos, le pregunta al alemán:

Y usted ¿De qué parte de Alemania es?

-El alemán muy amable le responde. Soy de Baden-Baden.

y usted ¿de dónde es?

-El español, andaluz para más detalles, le responde:

Pues mire usted…yo soy del Puerto de Santa María-Puerto de Santa María.

Va el 3:

Hombre: ¿Dios?

Dios: Si

Hombre: ¿Puedo preguntarte algo?

Dios: Por supuesto!

Hombre: ¿Qué es para ti un millón de años?

Dios: Un segundo

Hombre: ¿Y un millón de euros?

Dios: Un céntimo

Hombre: Dios …. ¿podrías darme un céntimo?

Dios: Espera un segundo

Después de estos chistes malos.

No me saquen del grupo, por favor!

Hasta la próxima semana!

Amigos en la Luna !

Enorme tiempo invertido en la preparación. Intensos entrenamientos. poca vida privada y afectiva disponible para los comprometidos pilotos.

Innumerables pruebas, aceptaciones y marchas atrás en el campo de la tecnología.

Idear desde lo más simple hasta lo más complejo, para poder realizar movimientos básicos en ausencia de la gravedad.

Un traje pesado, compuesto por fibras, amianto, casco, equipo de oxígeno, elementos varios para eliminar las heces, articulado como un muñeco de juguete.

Alimentación disecada, comprimida y limitada a 2.800 calorías x día, con un adecuado balance, de proteínas, grasas e hidratos de carbono. Sin agua, tomaban la que se generaba del descarte de las baterías. Sin higiene personal, más que la de unas toallitas, de uso bastante regular en la actualidad para la limpieza de los bebés.

Un enorme presupuesto, confiado finalmente a la tripulación más famosa de la historia reciente: El comandante Neil A. Armstrong, y los pilotos Edward E. Aldrin (Buzz Aldrin), y Michael Collins.

El viaje duró unos cinco días, horas más menos, momento en el cual sucedió un evento histórico:

Primer alunizaje del hombre en la luna. Creo que el único hasta el momento.

Este fin de semana se cumplen 50 años de aquel episodio histórico relevante.

Se ha discutido y se seguirá discutiendo de la realidad fáctica de que ese evento haya tenido lugar.

Los más escépticos se preguntan porque no volvimos, como un indicio de que nunca llegamos.

Otros argumentan que el impacto del montaje de la escena, se usó para ganar la guerra fría.

Quizás la respuesta sea bastante sencilla: en la luna no hay mucho para hacer, dada la escasez de los recursos encontrados.

Primer mensaje, recibido instantes después de pisar nuestro satélite natural:

¨Houston…aquí base Tranquilidad, el Águila ha alunizado¨.

Las palabras de Armstrong, en respuesta a las primeras emanadas del presidente Nixon, traducidas al español, fueron:

¨Gracias, señor presidente para nosotros es un honor y un privilegio estar aquí. Representamos no solo a los Estados Unidos, sino también a los hombres de paz de todos los países. Es una visión de futuro. Es un honor para nosotros participar en esta misión hoy¨.

Ese 20 de julio, aquí en el cono Sur, muchos observaban con mucho detenimiento, la transmisión televisiva del alunizaje, en viejos aparatos donde se podía ver en blanco y negro.

Uno de ellos era el multifacético Enrique Ernesto Febbraro, odontólogo y psicólogo de profesión, pero además escritor, profesor y músico, incluyendo que llegó a ser candidato, en dos oportunidades, al Premio Nobel de la Paz. Había nacido en la ciudad de Buenos Aires y por muchos años residió en Lomas de Zamora, donde tenía su consultorio.

En palabras de él:

¨La amistad es la virtud más sobresaliente porque es desinteresada¨.

Ese 20 de julio de 1969, significó el punto de partida, para que creciera la idea en Enrique de celebrar el Día Internacional del Amigo.

Escribió miles de cartas escritas (no existía el mail) , a destinatarios de todo el mundo, donde explicaba sus fundamentos, de porque promover la fecha del alunizaje, como el Día del Amigo.

En su contenido, explicaba que había vivido el alunizaje como un gesto de amistad de la humanidad hacia el universo y que estaba convencido que un pueblo de amigos se transformaría en una nación imbatible. Decía que todo el planeta estaba pendiente de los tres astronautas. «Fuimos sus amigos y ellos, amigos del universo». Cerca de setecientas personas respondieron a su iniciativa.

Más tarde, por el año 1972, consiguió el registro intelectual de su idea.

Miembro del Rotary Club y masón, su proyecto recibió mucho apoyo, que le permitió llevar la iniciativa a distintos estamentos políticos.

Finalmente, en 1979, el Decreto 235 del gobierno de la provincia de Buenos Aires, establecía:

«Auspiciase la celebración del Día Internacional del Amigo a realizarse el día 20 de julio de cada año».

Lomas de Zamora, donde naciera Enrique, fue declarada Capital Provincial de la Amistad.

El Rotary del que era socio activo, se tiño de pensamientos tales como:

«Un amigo no da consejos, ayuda, acompaña».

«Mi amigo es mi maestro, mi discípulo y mi condiscípulo. El me enseña, yo le enseño. Ambos aprendemos y juntos vamos recorriendo el camino de la vida, creciendo. Solo el que te ama te ayuda a crecer».

Volviendo a la historia de los tres mosqueteros lunares, se me ocurre pensar:

Sobrellevar la inmensa presión previa, durante y post, sólo se consigue, desde la confianza, la responsabilidad , la tolerancia y la promesa de la amistad.

¡Tenían que ser amigos!

Eso fue lo que vio reflejado y transmitido a toda la humanidad, el promotor Enrique Febbraro.

Otras inquietudes vienen a mi cabeza:

¿Los valores compartidos y construidos desde la Amistad, serán finalmente el crisol para fundar una Nueva Humanidad?

¿Es utópico pensarnos como amigos, incluidos e integrados?

Menos ambiciosa, resulta la pregunta:

¿Cómo andas de amigos?

¿Cuál es el próximo alunizaje que vas a hacer con ellos?

Como es habitual, vamos con unos chistecitos sobre amigos, para culminar con algunas sonrisas:

Va el 1:

No importa cuantas veces caigas, estaré allí…. para reírme.

Va el 2:

Dos amigos se encuentran por la calle.

¿Como te va?

No hace mucho he estado a las puertas de la muerte.

¿Qué te ha pasado?

Nada, es que vengo del cementerio.

Va el 3:

¿Me das un cigarrillo?

No puedo, ese fue mi propósito de fin de año.

¿Dejar de fumar?

No! Solo dejar de regalar cigarrillos.

Va el 4:

Soy del tipo de amigo que te ayudaría a esconder un cadáver.

Pero si me traicionas, recuerda:

Sé cómo esconder un cadáver.

Va el 5:

Y… ¿cómo va tu vida amorosa amigo mío?

Pues como la Coca-Cola.

¡Como la Coca-Cola! y ¿y eso cómo es?

Pues primero Normal, después Light y ahora Zero.