“El síndrome del impostor al revés: cuando tu avatar es más exitoso que vos”!

«Antes te sentías un fraude porque no dabas la talla. Hoy muchos sienten fraude porque su perfil de LinkedIn sí da la talla… pero ellos no.»

Vivimos una inversión del síndrome del impostor. Ya no sufrimos por no estar a la altura de un ideal. Sufrimos porque construimos un avatar digital que sí está a la altura, y ahora tenemos que actuar como ese personaje 24/7. La ficción que creamos nos exige más que la realidad que habitamos. Ese avatar adquiere distintas características según el ámbito sea social (Instagram, Facebook, u otros) o de perfil laboral (linkedin por ejemplo).

En este caso particular nos vamos a enfocar en el avatar que usamos para encantar en el mundo laboral.

– Antes: “Entré a este laburo de suerte, ya se van a dar cuenta que no sé nada”.

– Ahora: “El posteo dice que lideré ese proyecto, pero solo estuve en 2 reuniones. Si me piden detalles en vivo, muero”. 

Según el filósofo Byung-Chul Han en su ensayo “La sociedad del rendimiento”:

“Ya no hay un jefe que te explota. Vos sos tu propio jefe tirano que te exige ser tu mejor versión para la tribuna”.

Todos vendimos humo alguna vez. Yo el primero. No estamos exentos de vender humo de manera consciente o inconsciente. Lo bueno es detectarlo y corregirlo, ya que, si no, el personaje que vende humo supera a la persona. Eso lleva a potenciales conflictos y a errores de los cuales se hace difícil volver.

En lo personal recuerdo haber dibujado un CV para que resultara atractivo para una búsqueda. Básicamente había exagerado mi faceta comercial cuando en realidad mis fortalezas más evidentes estaban en las operaciones.

Conseguí la entrevista, superé una o dos preguntas básicas, pero en la profundización, resultó evidente que mi experiencia comercial era acotada. Mi perfil fue desestimado sin mayores consecuencias visibles, pero si con un mal sabor interno que me hizo aprender.

Por lo general nos cuesta admitir ignorancia y nos sobra ego para afirmar que sabemos.

Recuerdo que siendo un profesional joven cuando no sabía algo, era renuente a decir no sé y daba vueltas y vueltas con respuestas elípticas que no llevaban la conversación a ningún lado.

Un buen jefe que tuve supo decirme:

“Marcelo, tranquilo, sos un buen profesional que resuelve en equipo problemas complejos, pero que podría resolver más, si solo aceptara que no se puede saber todo y en todo momento. Además, ten en cuenta que somos seres emocionales y perceptivos, y no solo racionales. No es ni bueno ni malo, pero eso nos pone en aceptar que no somos dueños de la verdad, sino solo de una óptica personal”.

Ese episodio me quedó grabado y me sirvió para aprender a reconocer mi humanidad y la de los demás, trabajando para mejorarla.

En una ocasión siendo yo el entrevistador percibí una inconsistencia muy marcada entre lo que la persona decía que había hecho y lo que realmente hizo. La decisión de tomar o no a esta persona para cubrir una vacante en una posición de mantenimiento, no era mía.

 Yo solo actuaba como un veedor, que podía emitir una opinión, pero debía respetar la elección que tomaban otros. Mi recomendación fue la de no avanzar, pese al prestigioso currículo que mostraba el candidato, dando mis razones concretas para no hacerlo.

Lo mismo se avanzó con la visión optimista y respetable de formarlo prácticamente. El devenir laboral mostró que la brecha era muy grande sobre todo en lo actitudinal y en menor medida en lo aptitudinal. La combinación ambos efectos derivó en errores que costaron mucho y finalmente en la desvinculación de esta persona.

¿Cómo hemos construido ese avatar/personaje que brilla?

– Mecánica: Selección, edición, omisión. Mostramos los 10 minutos de gloria, ocultamos los 10 años de barro. 

– Concepto clave: Hiperrealidad de Baudrillard. El mapa de tu carrera en redes es más prolijo, coherente y exitoso que el territorio real. Y la gente interactúa con el mapa, no con vos. 

Yendo a un ejemplo concreto:

La persona que pone “Founder & CEO” en su bio porque armó un Canva, pero todavía no facturó. El avatar ya es CEO, la persona todavía no.

Consecuencias del personaje por sobre la persona.

Existe un costo psicológico de actuar tu propio personaje, que te lleva a tener consecuencias.

– La brecha: Cuanto más grande es la distancia entre tu avatar y tu yo real, más ansiedad. Vivís con miedo a que te “desenmascaren”. 

– El burnout: No te cansa el trabajo. Te cansa sostener la actuación. Es agotador ser “el de los posts motivacionales” cuando tuviste un mal día. 

Ya hay estudios muestran que el uso intensivo de redes para autopromoción correlaciona con ansiedad y depresión. La vidriera te come la vida, mientras tu persona puede desmoronarse porque no coincide con el personaje ficticio.

¿Qué podemos hacer?

Hay varias salidas para una hacer una reconciliación entre el avatar y la persona, que pueden ser encaradas en paralelo.

– Bajar el avatar a tierra. Que tu perfil sea aspiracional, no ficcional. Mostrá proceso, no solo resultado. “Aprendiendo X” vende más que “Experto en X” si recién arrancás. 

– Reivindicar el aburrimiento. Como decías vos: los tramos sin aplausos son donde se construye lo real. La filosofía estoica acá ayuda: controlá lo que depende de vos -tu laburo-, no los likes. 

– Validación analógica o sea personal. Buscá que te apruebe 1 colega que te conoce, antes que 1000 desconocidos. Lo real se mide en el cuerpo a cuerpo.

“Mañana borra una línea de tu linkedin que no puedes sostener en una charla personal y de frente. Empezá por ahí”.

«Tu avatar no paga tus cuentas, no te banca en un mal día, y no va a tu velorio. Invertí en la persona. El avatar es solo un condimento estético no el centro de la cuestión. Lo cosmético atrae y te muestra bien, pero la solidez y genuinidad de tu persona es lo que finalmente convence».

Para finalizar algunas frases que no me pertenecen:

  • Byung-Chul Han: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa.”
  • Séneca: “La vida no es corta, nosotros la hacemos corta perdiendo el tiempo.”

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