### El currículum de Instagram vs. la vida real

Abrís LinkedIn y parece que todos tienen 25 años, 3 empresas, 2 TEDx y tiempo para hacer surf en Bali. Spoiler: no es verdad. O no toda.

En las redes abundan perfiles, historias y antecedentes que parecen de cuento de hadas. En lo laboral y personal, todo se muestra muy exitoso para carreras que recién arrancan. Logros, premios, estudios, celebraciones y tantas cosas más que serían la envidia del mismo Leonardo, Newton y tantos más.

Quizás se trate de una moda y una estrategia de marketing personal, de las generaciones más jóvenes y no tanto, donde es necesario mostrar de manera exagerada lo que otrora eran solo peldaños que te llevaban al hito importante o realmente revelador.

De la mano de la aceleración exponencial de la tecnología, existe un deseo ferviente por llegar muy rápido a posiciones de liderazgo o poder, sin que se haya transitado un camino, sin asumir grandes responsabilidades, ni con un grado de compromiso acorde.

Lo que antes requería de trabajo constante, coherente y apasionado, hoy está más ligado a una creación ficticia en las redes, los portales y todos sus perfiles asociados. Cuando analizamos las personas o los profesionales que llegan a posiciones de éxito, vemos que su derrotero además de incierto ha estado plagado de dificultades, avances y retrocesos, barajar y dar de nuevo, poniendo una gran dosis de trabajo y resignando momentos de ocio y placer.

Aún subsiste pese a todo, la vida real fuera de las redes, en donde las cosas suceden en realidad. Cada proyecto desarrollado implicó un montón de tiempo, de preparación, de estudio y de tareas prácticas ejecutivas para lograrlo, incluyendo un gran cúmulo de aciertos, errores y acciones intrascendentes que tuvimos que corregir. Planeamiento, búsquedas asociativas, y tantas cosas más, que no alcanzarían muchos escritos para desarrollarlas por completo.

No digo que mostrar logros sea malo. Comunicar lo que haces abre puertas, inspira a otros y consigue laburo. El problema es cuando el posteo reemplaza al proceso. Cuando la energía va más a diseñar el carrusel que a hacer el laburo que el carrusel dice que hiciste.

No todo lo que se publica o presume en las redes termina siendo del todo real, y la genuinidad queda escondida en medio de luces de colores y purpurina, que denota la exagerada ansiedad por mostrar que hemos llegado, aunque no lo hayamos hecho en realidad.

Mientras un montón de seres humanos empleamos mucho tiempo y trabajo en profundizar nuestra presencia en las redes, existen otros que hacen un empleo cotidiano y valioso de la información contenida en beneficio de su trabajo, de sus quehaceres y de sus proyectos en desarrollo.

La ficción y la realidad se encuentran confundidas y mezcladas, pero al final de cuentas el trabajo individual y colectivo, en pos de objetivos concretos, dando pequeños pasos, no exentos de fracasos, es lo que determina la posibilidad de lograr cosas, grandes o pequeñas.

Siendo parte de una generación quizás demasiado sufrida, me ha costado sobremanera acostumbrarme y aceptar que el sacrificio y el esfuerzo necesitan una medida, y que además se pueden disfrutar de muchas cosas, no sólo de trabajar y sostener una familia. Más allá de esto, suelo transmitir a mis colegas profesionales más jóvenes que está bueno consolidar un modelo con menos sacrificio individual y más trabajo colectivo y solidario, en la medida que tengamos los pies sobre la tierra, y no confundamos ficción con realidad.

Si sos más joven que yo (de seguro) y me leés: 1. Bancate el aburrimiento de los tramos largos sin aplausos. Ahí se construye todo. 2. Usá las redes, pero que sean la vidriera, no el depósito. Que haya stock real atrás. El «éxito rápido» que ves posteado, casi siempre tiene 10 años de laburo que no entraron en la foto.

Vivir en y de la ficción solo está destinado a aquellos que se dedican a esa profesión, aunque no todos sean Leonardo Di Caprio o Beyoncé. Vale decir que dentro de la ficción existen personas más exitosas que otras, y cuando uno busca los porqués encuentra que han empleado más tiempo en desarrollar habilidades, generar relaciones y superar obstáculos que otros.

Del mismo modo, generar hábitos de constancia, resiliencia y compromiso apasionado con lo que hacemos, en entornos prácticos y no ficcionales marca la diferencia: de hacer algo bueno a hacer algo más o menos.

Dentro de un mundo de cambios exponenciales, todavía da dividendos la diferenciación por nuestra calidad personal, profesional y acciones bien llevadas a cabo, del tipo y en el ámbito que sean.

La realidad de llegar a ser una persona o un profesional genuino incluye un montón de condimentos y valores, que más allá de lo que podamos mostrar en un post, conviven o no conviven con nosotros día a día.

No debemos confundir una vida real con una vida ficcional, porque a la larga, el peso de no tener una base de sustentación nos terminará dejando expuestos, perdiendo la oportunidad de abrazar logros concretos y dilapidando tiempo valioso y escaso.

La realidad se alimenta con muchos condimentos positivos y negativos que son palpables, visibles y medibles. La ficción solo con la belleza de las luces y las palabras que no se sostienen.

Las redes son el trailer. No confundas el trailer con la película. Y menos si todavía no la filmaste.

La ficción tiene que ser creíble. La realidad no tiene esa obligación!

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