Los Otros

Me recibí de Ingeniero Químico en el año 1995, es decir que han transcurrido unos veintidós años de aquel hito anhelado y por fin alcanzado. Posteriormente agregué una carrera de postgrado en Tecnología Alimentaria, y numerosos cursos y entrenamientos, que le dieron  más  contenido y soporte a mis conocimientos y habilidades. Mi cerebro aprendió a acumular información, analizarla, procesarla, y usarla cuando fuera conveniente, y desarrolló la habilidad de buscar las mejores opciones a la hora de emprender un proyecto del tipo que sea; casi siempre las mejores opciones no estuvieron limitadas a mí experiencia,  sino expandiendo y complementando mi horizonte por la inclusión de distintas miradas, opiniones, dando autoridad a otras personas para decidir, incluyendo situaciones muy ligadas a mi vida personal. Mi último entrenamiento de dos años como Coach me sirvió para observarme por dentro, buscar las brechas que el conocimiento no puede resolver del todo, mejorar mis relaciones , aprender a ser un persona definida y transformada por un lenguaje, que retro-alimenta mi pensamiento y me pone en acción. Aprendí que ser es una construcción que no se detiene en la frase yo soy así, y qué voy a hacer, sino que puedo ser de otra manera en relación conmigo mismo y con los demás. Alcancé un grado respetable de asistente con preguntas, para los cuales no tengo las respuestas, cierta habilidad en el arte de preguntar, escuchando.

Esta introducción es necesaria para contarte una breve historia de mis fracasos tempranos como pretendido líder de equipos humanos, y que después de este devenir de varios años como gestor de proyectos de coordinación con otras personas, alcanzo a visualizar más nítidamente, de modo tal que cada día que viene es una oportunidad para encauzarlo y darle la importancia que se merece. Mi carrera laboral se desarrolló en empresas familiares, nacionales, multinacionales, en todos los casos de distinta envergadura y con distintos grados de crecimiento y desarrollo, en los cuales tuve la posibilidad de participar.

Es así que el derrotero laboral a mi temprana edad, me tiene como partícipe en la posición de ingeniero jefe de una unidad de producción. En ese momento la misión encomendada por la Gerencia de la Empresa era aportar, a la estructura funcional de años de trabajo, una energía nueva y joven, que introdujera los cambios necesarios, potenciara la producción, la calidad y los resultados. Necesitaba conciliar ideas y opiniones con un antiguo líder de producción, profesional idóneo, y darle ese plus a la estructura de supervisores y operadores, que brindara el marco adecuado para nuevos desafíos y logros. Hoy distingo y pongo en palabras lo que tenía que hacer en esos momentos, pero claramente no lo hice, y elegí un camino que, según mi formación y pensamiento, me llevaría a un éxito en un menor plazo que el estipulado. Así fue que sin ser un jefe autoritario fui, de alguna forma, un jefe que no incluía en sus decisiones a las opiniones del antiguo y experimentado líder, ni mucho menos de supervisores y operadores. Si bien parecía natural que mi formación superaba en conocimiento la de mis dirigidos, había una cultura de comunicación y valores que la organización profesaba y con las cuales chocaba por absoluto desconocimiento. Mis palabras, instrucciones y propuestas no eran ejecutadas ni entendidas, y muchas veces causaban desconcierto. Pequeños avances no eran sino el envión para retrocesos marcados, y es así que, luego de tres meses de magros resultados y problemas humanos, fui llamado a una reunión gerencial, donde amablemente me preguntaron: Marcelo qué estás haciendo? Expliqué mis planes y objetivos; en suma hacia donde pretendía guiar la operación. Fui escuchado atentamente, y el Gerente al final me comunicó: todo bien pero la semana que viene llega a una nueva máquina y pretendemos que vos la operes en el turno central, creo que eso te va a ayudar a comprender mejor la operación y registrar que le pasa a los otros, cuando de trabajar en equipo y conjunto se trata. El impacto en ese momento fue duro, salí enojado, durante algunos días permanecí perplejo y confundido, No tuve otra elección que optar por aprender de mi fracaso como líder y recuperar el tiempo perdido.

Al cabo de operar durante tres meses esta nueva máquina etiquetadora, había ganado algo del respeto perdido propio y ajeno, y la gente ya se acercaba a mí con más confianza, y del líder que dictaba instrucciones, pasé a ser un maquinista que aprendía con ellos a operar, a mover las manos, y a desarrollar habilidades que no había adquirido en ninguna facultad ni entrenamiento posterior. No fue fácil, pero conseguí socios vitales para desarrollar nuestro trabajo, y fundamentalmente empecé a registrar qué hace el otro, que lo inquieta, que lo mueve, cuáles son sus proyectos, para qué viene a trabajar, de qué se compone su vida, que lo alegra, qué lo entristece. Al cabo de un año, se logró una mejor integración en los ámbitos en donde trabajaba, y la soberbia dio paso a una versión más humilde, participativa e inclusiva, la cual trato de mantener hasta estos días, y la cual reviso a diario. Visualizo que aun habiendo pasado ya casi veinte años, algunas veces se cae en la tentación de que los demás compren lo que vos quieres, sin que vos les compres lo  que ellos necesitan. Haciendo socios por la inclusión de sus ideas, mostrando algunos hitos parciales para alcanzar y por supuesto festejar, es posible lograr esa ecuación tan simple: que el 20% del éxito conjunto, significa el 80% del bienestar de todos.

frase-liderazgo

Este bocallave que te propongo, es un ojito de cerradura al cual hay que acercarse primero registrando al otro, haciéndote socio de él, en lo que al otro le importa, conocer sus fortalezas y debilidades, sumarse a su proyecto, para que él se sume al tuyo y viceversa; trazando planes con iniciativas específicas, elaboradas en conjunto, respetando los valores comunes y por sobre todo aprendiendo del fracaso y del éxito, ya que las dos caras de esa moneda, que es el camino transitado, tienen cosas para mostrar y atesorar. El inicio con objetivos claros, concretos y alcanzables, de todo equipo humano en pos de…… es  el puntapié inicial, el mentado kick off;  luego el camino es transitado con los vaivenes y chequeos requeridos, y llega ese final que es tan importante como el principio; la frutilla del postre hay que saborearla con todos los socios satisfechos. El ciclo virtuoso comienza con un nuevo desafío, el cual arrancamos con esa vitalidad inicial, sabiendo que los proyectos de cualquier tipo, para que lleguen al cumplimiento de objetivos y requerimientos, en el tiempo y la calidad acordada, no pueden no incluir la naturaleza humana en todas sus dimensiones.

Entonces me pregunto y te pregunto, algo tan simple como esto:

– Cómo andas con esto de registrar a los otros?

– A quién tienes que incluir?

Hay instancias de decisión y proyectos que no necesitan un análisis profundo o sociedades a construir, es raro pedir opinión para ver si cruzo la calle en la mitad o en la esquina, porque la respuesta es muy obvia; sin embargo cada vez que una idea necesite participación conjunta para ser lograda, entonces por favor pregúntate: Dónde está el otro, en qué anda, qué le podes aportar, qué valores tiene, y seguro será más fácil sumar que restar, y porque no multiplicar.

Te conté de lo que aprendí fracasando….

Te conté de lo que me cuesta no caer en la tentación…..

Vos que nos podes contar?

 

6 comentarios en “Los Otros”

  1. Excelente tu relato, tu experiencia, que me sirve a mi tambien para pararme y replantearme que estoy haciendo? Como lo estoy haciendo ? Gracias Marcelo !!!!

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  2. Gracias por hacernos preguntas que nos hacen crecer y mejorar…
    No es fácil aprender a aceptar que no somos el ombligo del mundo, como dice Giovanotti, y que los otros nos pueden ayudar desde la propia experiencia.

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