Ya nos quedan menos de 24 horas para culminar este conjunto de 365 días que llamamos año. A continuación aparece el próximo con su encanto solapado. Hay procesos que continuar, aprendizajes que fortalecer. Este cambio de número del 2017 al 2018 significa para mí solo eso, una bisagra temporal donde no pretendo quedar encajado.
No quiero aburrir con un balance del año que se cierra, simplemente contarles que fue un muy buen período para mí, que la hube de disputar en varios frentes, pero como ya les comenté en el párrafo inicial, lo que más rescato es que continuo con varios proyectos que dan sentido a mi vida, tratando de asistir a otras personas en distintos ámbitos: familiares, sociales, vecinales, laborales , tejiendo relaciones, conversaciones y acciones en pos de…….
Este espacio de oxigenación emocional y reflexivo, este pretendido blog que cada fin de semana trato de construir, significa un gran desafío personal, un gran compromiso; aunque plagado de errores y todo, lo disfruto a pleno, porque en primer lugar me produce bienestar, y en paralelo me une con varios lectores incondicionales , críticos de buena manera, amables y corajudos, a los cuales les digo: Muchas Gracias. Por favor, sigan acompañándome el 2018, porque ésta es una de las iniciativas que me tiene enamorado.
Isra mi eterna gratitud por impulsarme a escribir, a levantar la voz para decir aquí estoy presente.
La siguiente docena de meses está allí disponible. Elegiré de lo que ofrezcan lo que pueda apetecer. Volveré a ser oferta desde mi trabajo, desde mis afectos, desde mi actitud para que sean lo mejor que resulte, eso sí no sólo para mí, sino cada vez más con una mirada social, humana, inclusiva y de equipo.
Bastante cortito para que pueda ser leído un 31 de diciembre con muchas ganas de festejar, de abrazar, de reír, de llorar, y de recordar, este ojito de cerradura o bocallave promueve levantar una copa, para dejarse llevar por los recuerdos, las añoranzas, el presente y el futuro tan cercano.
No podemos predecir todo, ni tener claridad absoluta, sólo trazar en continuado un pequeño plan para el año que empieza, la visión más esperada y deseada de lo que vendrá, sabiendo que no existe el tablero perfecto, sólo nuestra capacidad de dar un cambio de timón cuando algo no es como imaginábamos, o mantener el rumbo trazado cuando las luces brillen.
Mi amor y profundo reconocimiento para Eugenia, Maria Emilia, Ana Paula y Emma Lucia. Mi vida es con Ustedes !!!!!
A veces las estrellas simbolizan el éxito, pero no fue mi caso, durante aquellas jornadas veraniegas de 1998. Mi función como tecnólogo de procesos en una planta embotelladora, implicaba entre otras cosas el desarrollo y la modificación de las líneas de envasado para albergar nuevos formatos de botellas, algunas veces muy disimiles en forma, dimensiones y volúmenes.
Encargado de llevar adelante el proyecto de modificación de una de las líneas de producción, incluyendo envasadora, etiquetadora y empaquetadora como máquinas principales, el tiempo me estaba jugando una mala pasada, ya que la empresa necesitaba lanzar este nuevo formato antes de diciembre, decisión que había sido tomada a principios de noviembre. Presa del sí fácil, para no desentonar con las otras áreas que formaban parte del proyecto, durante varias reuniones de coordinación se iba generando el consenso de que se llegaba en tiempo y forma. Comercial, Marketing, Elaboraciones, Programación motorizaban y ponían fichas para el lanzamiento. Así fue que me sumé al positivismo general, y me dije a mi mismo: si todos pueden porque no se ha de poder?
En jornadas record sume proveedores mecánicos, eléctricos, entre otros. Para la fecha pautada de producción, las piezas estaban cada una en su máquina, dispuestas a producir la nueva bebida. Varios de los equipos habían sido probados, las que consideré más críticos, con la salvedad de la llenadora, la cual según mi criterio la resolvíamos de taquito. El cambio en ese equipo consistía fundamentalmente en el diseño de nuevas estrellas de transferencia entre varios elementos mecánicos más. Media hora después del arranque, no había sincronismo posible y habíamos abollado en la envasadora tantas botellas como pudimos. Decidimos parar y tratar de practicar los ajustes necesarios, pero los intentos fueron en vano. Tres horas después hube de admitir el fracaso y pedir quince días más para resolver el problema.
Para alentarme me decía que el 90 % del proceso funcionaba, y los detalles eran solucionables. Muchas de las personas que conformaban el proyecto estaban conformes, pero la realidad es que fue un rutilante fracaso ya que la empresa hubo de demorar por dos semanas el lanzamiento del producto. El mensaje no fue de buscar culpables sino de aprender de esto y me pidieron que luego de corregir y lanzar finalmente el producto, pudiera hacer un balance de lo sucedido para que sea transmitido a la empresa.
Así fue que pude distinguir algunos elementos claves, los cuales fuimos corrigiendo hasta el nuevo lanzamiento:
No escuche a personas experimentadas de mi equipo referido al diseño especial de la botella y sus consecuencias en los sistemas de transferencia.
No supe decir no aunque todos dijeran que sí.
Tuve exceso de confianza y minimicé varios aspectos.
Falto delegación de ciertos desarrollos.
Me falto un socio, un co-líder, que impulsara junto conmigo.
Al final de cuentas me sirvió para capitalizar aprendizaje, aunque les aseguro que ese período, hasta poder finalmente producir el nuevo formato, fue uno de los más intensos de mi vida. Un segundo lanzamiento fallido significaba un game over.
Afortunadamente el nuevo producto vio la luz, dentro de variables normales de proceso: la renovada bebida salió al mercado dentro de su remozado envase. Pude respirar aliviado luego de superar la adversidad; sin embargo aún hoy recuerdo mi estrellado fracaso.
Por épocas se revitalizan palabras que hablan por sí solas. Hay casos en donde aparecen por pares y con un significado opuesto tal es el caso de éxito y su antónimo fracaso o viceversa. Estos conceptos nos acompañan desde tiempos inmemoriales aunque está bueno traerlos a menudo, y como quien dice, darles una vuelta, un rodeo, una mirada distinta. Es posible encontrar en las redes varios vídeos con presentaciones personales, o de equipo, donde se narran historias con final feliz, o con final no deseado, mostrando que de cualquiera de estas circunstancias se aprende.
Más allá de lo que se puede medir con números para dimensionar la relatividad del resultado positivo o negativo, existe una cuestión emocional y corporal, que no sólo afecta de manera individual, sino al conjunto de personas inmersas en el proceso de lograr algo. Poner foco en gestionar y conversar sobre el impacto anímico de no sentirnos los peores ni los mejores, es una de las cuestiones centrales: poner equilibrio en la balanza del más y el menos, usando la conciencia para poner alegría en la tristeza, y un poquito de mesura en la algarabía.
El ojito de cerradura por el cual te invité a ver, está plagado de aciertos, errores y otras cuestiones en las cuales no nos detenemos a pensar en términos de resultados.
La preguntas me surgen muy espontáneas:
Cuál fue tu estrellado fracaso?
Qué hiciste con él?
Mientras termino de escribir, introduzco el corrector de ortografía……
Me muestra que no estuve al 100 %……
Ojala tuviéramos ese corrector en todo…..
Mientras no nos queda más que aceptar nuestra humanidad…..
Intentar reflexionar acerca de este valor, buscado a lo largo y ancho de la historia por cientos de miles de personas, me remite a considerar sobre qué dominios de los innumerables existentes y a los cuales hace referencia esta palabra, no me encuentro en condiciones de escribir, para no faltar el respeto a:
aquellas/os que han dado su vida en pos de la defensa, consecución y /o emancipación de esta idea central.
aquellas/os que han sido privados de su libertad por representar ideas contrarias a las establecidas.
aquellas/os que han pensado y filosofado a lo largo del devenir humano, estableciendo declaraciones esenciales para la vida del ser humano en libertad.
aquellas/os que nunca vivieron la posibilidad de ser libres por haber nacido en la esclavitud lisa y llana.
aquellas/os que aún hoy son objeto de organizaciones de trata de personas con distintos y denigrantes fines.
Hechas estas salvedades , que de alguna manera dan el marco de referencia a lo que pretendo esbozar, es que me voy a referir a algunas ramas colaterales del significado del vocablo libertad, y en particular a la vinculación que tenemos cada uno de nosotros con mandatos sociales, familiares, religiosos, de la moda, o de cualquier otro tipo, gran parte de ellos condicionantes de nuestro accionar como seres libres.
En mi caso personal la palabra mandato me suena de pleno a obligación. Intento salirme de la presión que significa , manteniendo una visión crítica de la misma, optando cambiar esa palabra por otra que me resulta bastante más humana y poderosa: compromiso. Es por ello que trato de vivir más en las promesas, que en los deberes: dejar el deber ser , deber hacer, deber vivir de determinada manera, por elegir ser, elegir hacer, elegir vivir.
En esta línea delgada que se dirime a diario, en cada espacio en donde nos toca participar, podemos quedarnos con las ganas de expresar algo de lo que pensamos, y/o sentimos, sentir ese gustito amargo, aunque si profundizamos un poquito, es probable nos hayamos alineado a una idea central, más poderosa y convocante, aquella que tiende al bien común, al bienestar general. El balance resulta positivo para seguir transitando la vida, pensando en nosotros como un todo.
Si aún me queda algo en el tintero, en pos de oxigenar mis cansadas neuronas y amansar mis emociones, escribo una vez por semana en este blog. Mirando través de un elemento tan sencillo como un bocallave, te comparto inquietudes que conviven conmigo, sobre las cuales no tengo respuestas, tan sólo pequeñas aproximaciones. Algunas interpretaciones personales, que tú tienes que criticar y dilucidar si te resultan útiles.
Liberarme de los mandatos y de los apegos, es una situación que a veces ni siquiera percibo, de tan natural que resulta aceptar alguno de ellos como una batalla cuasi perdida, aunque de seguro al mismo tiempo soy muy consciente de aquellos compromisos en donde pongo el cuerpo, la mente y el corazón. De esta manera equilibro las cosas, aceptando lo que haya que aceptar, para luego poder seguir en un accionar responsable y con mayor grado de autodeterminación.
Es por ello que a través de este ojito de cerradura, que tiene como trasfondo necesario la valentía de cuestionar, te invito a qué respondas conmigo:
Qué significa para vos la libertad?
Acto seguido, te pido que te alejes un poquito de vos, te subas a un balcón donde puedas observar lo que haces, para distinguir dónde estás poniendo tu compromiso y con qué te estás oxigenando……
Apuesto doble contra sencillo que existe algún mandato del que puedes alejarte……
Una nueva oportunidad para elegir el ser, por encima del deber ser…..
Una pastillita de albedrío, disponible en tu bolsillo…..
El minutero a fin de año parece que se acelera. De estar quieto, manejado de todas las maneras posibles: productivas, improductivas, para el ocio, para algo específico, para dar, para pedir, para mil acciones que ni siquiera detectamos a diario, que parecen no tener importancia, y ahora… subiendo los últimos peldaños, el almanaque se nos viene encima de manera irreversible.
Nos pasa que podemos llegar a objetar, aún incluso sabiendo que la escala universal que mide la finitud de las horas, minutos y segundos es inmutable, que algo anda mal , que lo que pretendimos hacer durante el año se vino abajo por otras causas atribuibles tales como:
no tuve el tiempo necesario
me cambiaron los objetivos
no salió el negocio que tenía que salir
no busque los socios adecuados y perdí el tiempo
soy uno solo y no puedo con el plazo que me dieron
mis jefes, mi familia, mis relaciones me exigieron de más
Nos sucede que podemos llegar a sobrevalorarnos y partiendo de objetivos muy básicos, tener una visión que el tiempo fue gastado de manera muy exitosa en muchos ámbitos de nuestras vidas, por razones tales como:
no siento la presión del tiempo, hago lo que puedo
en todo momento hago lo que quiero
es muy raro que sienta que perdí el tiempo
pude hacer más cosas de las que me propuse
hago las cosas de taquito
mis tiempos son mis tiempos
Acontece finalmente que aunque estemos más de un lado que del otro, cuando hacemos un balance a conciencia del uso de este activo, y aún más, cuando trazamos un plan hacia el futuro, no sea ni lo uno ni lo otro.
Esta visión de blanco y negro, de tortuga o guepardo, es una mera sensación emocional, como es natural ya que somos humanos. Si miramos para atrás, y reconocemos aciertos y desaciertos en el uso del tiempo, como un recurso más de los tantos disponibles y finitos, podemos usar esto para mejorar esta performance en los próximos desafíos.
Distinguir en retrospectiva en que usé mis horas sirve para corregir hacia adelante, incluyendo en ello la innovación, aprender del error, y muchas técnicas más, pero por sobre todas las cosas, caer definitivamente en la cuenta de existe una cuestión esencial a responder:
Quién gestiona mi tiempo?
Responder esa pregunta es primordial, porque de ella se desprenden múltiples posibilidades, y nuevas e incontables cuestiones.
No comparto la visión obsesiva de la gestión del tiempo que nos puede llevar a la ansiedad generalizada individual y grupal. Considero que el bienestar individual, social y laboral, se construye de manera equilibrada con personas muy eficientes en el uso del tiempo, y con otras que no lo son tanto pero agregan lapsos de mucha calidad analítica, y que nos hacen crecer más allá de la visión necesaria pero no absoluta de los resultados.
Diciembre en curso, se nota algún grado de relajamiento que se profundizará en las próximas vacaciones. Este ojito de cerradura promueve que revises tu más cercana historia, pero fundamentalmente el porvenir, para que, haciendo centro en vos mismo, trates de responder una simple pregunta:
En qué y cómo gastaré mi tiempo?
No dispongo de más minutos para escribir……
Otras tareas me esperan…..
Ya le robé unos instantes a mi siesta del sábado……
La lluvia cae despacito, como pidiendo permiso al aire. Me tiene hipnotizado su lento discurrir por el vidrio. Observo el paisaje a la distancia y empiezo a preguntarme: dónde estás Tío Marochi? Es que cuando niño en parecidas circunstancias estabas con nosotros, haciendo gala de tus silencios, tu amplia sonrisa y esa vocación por las preguntas simples cuyas respuestas escuchabas con tanta atención. Eran tan anchos tus hombros y tan grande tu corazón que me resultaban inabarcables. Fuera del trabajo rudo de la quinta, con frío, con calor, con las manos callosas, eras un caramelo porque tu voz nos sonaba a trino, siendo tus palabras refresco o abrigo.
Me parecías tan inalcanzable encima de la escalera que usabas para podar los durazneros y ciruelos. Tareas que eran tu obra maestra, que florecía en primavera.
Te compartimos poco tiempo, el suficiente para saber que eras nuestro ángel de la guarda, ese niño juguetón , fuerte como el roble que custodiaba nuestra casa.
Será que próximo a la Navidad tu figura se vuelve tan necesaria, porque representas el amor, el carisma, la bondad, esa manera de ser que transmite calma en la tempestad.
Te construiste así, Persona entrañable, para que tu sello distintivo marcara numerosos valores de vida: honradez, nobleza, sencillez, entrega, paciencia, escucha, y cariño , inigualable cariño.
Una virtud que aún hoy me resulta increíble: Juzgabas poco, pensabas bien de los demás y confiabas.
En épocas no tan fáciles tu brújula me vuelve al centro reconocido del equilibrio, ni volar, ni estar sentado, ni avanzar en demasía, ni retroceder por miedo.
Por más que me instruya no creo poder alcanzar tu sabiduría, porque aprendiste a ser y a convivir con los demás, puro servicio y compasión.
Por eso hoy me acompañas con tu esencia que me permite buscar un poquito de tu trascendencia.
Entonces a través de los prismas acuosos del ventanal me hago la pregunta del día:
Estaré siendo una persona entrañable para alguien?
Mi forma de ser alejada por momentos del egoísmo ancestral, libra todos los días la batalla para dejar de lado mis propias ambiciones personales, para desde ese lugar poder asistir, colaborar, estando al pie del cañón para otros.
En ese punto, en los quehaceres familiares, laborales, sociales, te encuentro tan cercano Marochi.
Este primer bocallave de Diciembre, nos invita a recordar, descubrir y fortalecer el vínculo que de seguro tienes con algún ser tan cercano e íntimo, tan despojado de prejuicios , que es, fue o será tu guía, esa fuente de inspiración y templanza, que te ayuda a acomodar las ideas y las emociones.
Hago un alto para repreguntar:
Te animas a ser entrañable?
Mientras la llovizna sigue, distingo tus ojos grises como el día…..
Mientras abrazo a mis hijas, huelo el perfume de los duraznos…….
Se acerca el período de recesos tanto escolares, laborales como públicas. Muchos de nosotros visualizan dos o más semanas disfrutando de otras vivencias que no podemos llevar a cabo en época de trabajo, de estudio, de tareas domésticas, por ocupar el tiempo en esos menesteres. Saboreamos de antemano días, horas, minutos y segundos que gastaremos en hacer todo lo que no pudimos mientras la vida habitual nos ponía en la rutina. Cada uno hará el balance posterior de cuán diferente pudo ser concretamente nuestra vida en esas semanas de descanso anual, donde asimismo nos prometíamos ser los mejores padres, esposos, hijos, etc, etc, o bien en el otro extremo dedicar tiempo para mí, para mis cosas, aquellas que durante el año son prohibitivas, o mejor aún proponernos no hacer nada de nada, ver la existencia discurrir siendo el más pasivo de los partícipes que respiran. La realidad anterior, durante y posterior a este período dependen de nuestra mirada sobre ellas, que diferirá seguro de las miradas y opiniones que otras personas harán de su tiempo de jolgorio propio.
Aquí me detengo para hacer un paréntesis y contarte que siendo niño mis vacaciones fueron de las más felices.
Había una sencilla razón: mi papá Ramón nos dedicaba mucho tiempo valioso sólo para jugar con nosotros al fútbol, llevarnos a las sierras, a la pileta, al río, a los museos, cines, ser un niño más, adulto pero absolutamente unido a su familia.
Despojado de frases como lo que a mí me gusta, sino lo que le gusta a mis hijos, a mi esposa, se pasaba esas semanas, intentando por todos los medios de vivir en servicio para hacernos compartir su presencia, su acción y sus palabras.
Su vida pasaba por vernos reír, disfrutar, jugar, saltar, expresar nuestra niñez y nuestra adolescencia de todas las maneras posibles, quemando energía y saboreando sandías y melones fresquitos.
Los bocallaves a esta altura del año, tienden a ser breves; ya no nos queda energía para largas escrituras o lecturas. Necesitamos ocuparnos para pensar que haremos en ese precioso devenir del ocio.
Hoy me remito a pocas y simples palabras que mi Papá ejercitaba con coherencia:
A mediados del año 2004 ocupaba una posición de liderazgo en el área industrial de una empresa multinacional. Había asumido ese rol hacía unos meses y para ser honesto venía cuesta abajo en la rodada. En las entrevistas iniciales, intermedias y finales me habían transmitido que la situación no era sencilla. El negocio no marchaba del todo bien, las ventas no seguían el forecast, la productividad industrial no era la adecuada, pero lo que más preocupaba a la Corporación era la cultura imperante. Poco compromiso de las personas, liderazgos sin la adecuada responsabilidad, personal sin objetivos claros, indisciplina, y el top top muy crítico tratándose de una empresa alimenticia, mucho desorden, poco apego a la limpieza, y completando el combo muy poca conducta de cuidado personal respecto a accidentes e incidentes. El líder anterior había renunciado para ocupar una posición en otra empresa, fue lo que me dijeron cuando les pregunté el motivo de su salida de la empresa. Con experiencias anteriores en situaciones similares, no me pareció que esta distara mucho de las que había tenido que sortear en el pasado. Fiel a mi estilo de desafiarme, de aceptar retos para trabajar y construir desde escenarios difíciles, le metí para adelante, aceptando la posición, total Marcelo sabrá cómo hacer.
Junto al equipo de trabajo heredado, líderes en producción, logística, calidad, seguridad, higiene y medio ambiente, mantenimiento e ingeniería, profesionales o profesionalizados varios con muchos años de experiencia, tuvimos la tarea de ir planificando primero y actuando después con el objetivo final de mejorar la performance industrial, reflejada a través indicadores corporativos. Lo primero fue definir de manera concreta una misión, una visión y valores culturales, los cuales serían eje de nuestra gestión: trabajo en equipo, eficiencia y buenas prácticas.
Luego de varios meses de trabajo, haciendo referencia concreta a cómo arrancó esta historia, los dos primeros valores estaban de alguna manera acomodándose; vale decir que se notaba en el quehacer diario que había equipo, y las metas trazadas respecto de variables sensibles al negocio industrial se iban alcanzando dentro de los parámetros de calidad adecuados para los altos estandares de la empresa. Sin embargo en lo relacionado a valores de orden, limpieza, buenas prácticas, mantenimiento de los espacios de trabajo, y cuidado personal la situación era harto complicada. Los índices de accidentología subían, los puestos de trabajo lucían mal mantenidos, no había aplicación de elementos mínimos de orden, vale decir costaba que muchos operadores compartieran y siguieran una visión de orden, limpieza y buenas prácticas. Los directivos de la empresa si bien contentos con las mejoras enunciadas, recibían reportes negativos de las auditorías que llevaban a cabo respecto de los aspectos críticos mencionados. Allí nos encontrabamos, en esta agradable empresa de mostrar y ejecutar un camino distinto, liderando con el ejemplo, desde reuniones, inspecciones internas, entrenamientos, jornadas, check list, procedimientos, instructivos; a pesar de todo el trabajo un paso para adelante implicaba algunas veces varios pasos para atrás, y las conversaciones con los directores corporativos relacionadas con esto eran constantes, frustrantes, repetitivas, y como líder sentía que me quedaba poco hilo en el carretel.
La frutilla del postre fue la noticia de que recibiríamos en unas dos semanas una auditoría general de Estados Unidos, acompañado por auditores locales. Hicimos una preparación muy exhaustiva para la misma, pero no nos sentíamos del todo seguros con los resultados, ya que la misma calificaba con mucha ponderación casualmente aquellos puntos donde teníamos bastantes falencias. Fueron tres días completos donde nuestra operación industrial fue revisada de pe a pa. Aún recuerdo el informe final, que fue del medio de la tabla, y como era de prever los peores puntajes puestos donde más nos dolían. Antes de la entrega del reporte final, me llama un auditor local muy práctico, que acompañaba a la delegación americana y el diálogo fue más o menos así:
Marcelo Cómo estás? te agradezco estos minutos.
Bien y mal José, porque sé que los resultados no serán los esperados.
Me permitís que te de una opinión.
Dale porque ya no sé que hacer, y estoy medio condenado.
Yo no creo que sea tan así.
Bueno decime.
Acto seguido soltó la pregunta reveladora para mí.
Por qué no probas a trabajar de a cuadritos?
Allí me quede escuchando su práctica de que dividiera la operación en pequeños cuadritos donde resolviera al menos en ese punto, todo lo que queríamos lograr, y una vez culminada la obra de arte para esa posición, que ese logro sirviera de lanzamiento y promoción del mismo en otros cuadritos, y que no fuéramos nosotros, sino los mismos actores los encargados de promocionar y multiplicar los mismos, mucho marketing interno y algo de sana competencia. Agregó: Uds de la manera que lo intentan, se han desgastado desde el primer minuto, y siguen tozudamente por un camino sin éxito. Proba con los cuadritos por favor.
No nos resultó loca la idea, pusimos manos a la obra con los cuadritos, con una estrategia signada por la simpleza, y poco a poco, líderes y nuevos líderes en sus puestos de trabajo, fuimos viviendo el orgullo de poseer pequeñas obras de arte, con matices particulares y concretos. Me pude salvar del fracaso, al menos de este que hubiese sido estrepitoso, con una táctica emanada de la experiencia de un auditor, a partir de allí mi referente, y mi consultor de cuadritos. Grandes sistemas de gestión suelen fracasar por su complejidad, falta de entendimiento e inclusión de los actores principales, los que hacen las cosas.
No pretendo hilar más fino que esto, sino contarte que la filosofía del cuadrito, me ha sido bastante útil a lo largo de mi vida como pretendido gestor de equipos humanos. He tratado de aplicarla en los ámbitos en donde encontré sentido hacerlo. No siempre he tenido el suceso que esperaba, pero así son las cosas, no todas las herramientas son útiles en cualquier circunstancia.
Los ojitos de cerradura pretenden concentrar y expandir la mirada al mismo tiempo.
Hoy nos llevan rápidamente a una pregunta concreta:
Reconoces cuadritos?
A mi me costó bastante visualizar esta sencilla herramienta que nos sirve para resolver el detalle, para luego expandir y multiplicar sus resultados, teniendo presente la mayor parte de elementos necesarios, incluyendo por supuesto como partícipe absolutamente relevantes a los pintores de cada uno de ellos.
Habiendo coleccionado varias pequeñas representaciones…..
El pasillo del cine Gloria, muy largo para mí en aquel entonces, me esperaba amenazante cuando fui recibido por primera vez como abanderado de la escuela secundaria Cristo Rey. Franqueado por dos compañeras Iris y Alejandra, mis escoltas, la primera de mi estatura y la segunda más alta que yo (tampoco hace falta mucho), ese trayecto central que dividía las butacas por el medio y bastante en descenso, semejaba a escalar el Everest al revés, pero sin guía ni campamentos de descanso intermedios. Ahí estaba el petiso con su mirada al frente, sosteniendo esa bandera que era bastante más grande que él, recibiendo palabras de aliento de sus socias en el camino. La misma suerte de casi siempre, respecto de recibir la protección, cariño y apoyo de mujeres en los momentos difíciles.
Esa bandera representaba los sueños de muchos que la defendieron con inmensa pasión, estando fresca en nuestra memoria colectiva en ese año 1986, la evocación de nuestros jóvenes soldados combatientes de Malvinas, estrellas fugaces en el cielo, auténticos gladiadores de lo imposible.
De esta manera cuando el maestro de ceremonias anunció que recibíamos con un fuerte aplauso a nuestro emblema de ceremonias, no quedo más remedio que iniciar la senda y ponerle el pecho a las balas. La travesía duró una eternidad para mí, cada paso que daba parecía alejar el objetivo. Ya estando encima del escenario, me fui soltando de a poco, apagando el nerviosismo, pudiendo observar la concurrencia, vivir el desarrollo de todo el acto protocolar, y escuchar las sentidas palabras emanadas de los discursos. Este fue el primero de una serie de actos que me tuvieron como protagonista en el escenario central, incluyendo alguno de ellos donde dirigí mi palabra al público presente, con escritos propios acerca de nuestros próceres, u otros eventos según la festividad que ocasionaba la celebración.
Cuando hubimos de entregar la enseña patria en el acto de fin de año, a una nueva terna de abanderados, compartimos la tristeza de soltar ese símbolo, que nos caracterizaba como tragas, pero nos permitía llevar el celeste y blanco en nuestras entrañas. Ese último acto significaba por otro lado, el fin del secundario para algunos, para otros la espera de los exámenes de diciembre o marzo, aprobar por fin las materias adeudadas y poder egresar.
Cuando baje del escenario, una vez culminada la fiesta, allí estaba mi Padre, el cual me abrazó sollozando, con un me siento muy orgulloso de vos, que aún resuena en mis oídos.
Emblema, celebración, abrazo, reconocimiento de mis padres y hermanos, compañeros, compañeras, sus padres, profesores, la comunidad educativa a pleno, nos despedía y nos lanzaba a la vida en serio. Algunos a trabajar, otros a estudiar carreras universitarias, cada uno intentando visualizar hacia dónde ir, cuál de todos los rumbos posibles tomar.
Lo simbólico, ese quehacer que nos acompaña como seres humanos desde tiempos inmemoriales, nos distingue por sobre otras especies, nos fortalece para transitar las etapas de nuestra existencia, es pura elección personal y colectiva, transformándose en estandartes que portamos y defendemos. Inmersos en la cultura, al mirar los símbolos de seguro reconoceremos de inmediato de qué está hecha, cuáles son sus fundamentos y hacia donde se dirige.
Convivimos a diario con numerosas representaciones, que resumen como pensamos, como sentimos y decimos, nos muestran de cuerpo entero, nos unen a otras personas que las comparten, creando grupos de pertenencia, al mismo alejándonos de su contrapartida, de su imagen velada. Tal es así que a lo largo de la historia, las batallas terminan cuando uno de los contrincantes se apodera del escudo, de la enseña, o deja fuera de combate al líder. Destruir al enemigo incluye destruir sus libros, prohibir su lenguaje, borrar sus ideales, casi como demoler su esencia.
Allí donde vemos una cruz roja, sabemos que podemos buscar recuperar nuestra salud. Cuando conducimos por la ruta, nos guiamos por las señales que aparecen, sólo es necesario estar atentos a ellas. Otras señales nos exigen un ojo más entrenado y avisor, como la madre con su pequeño hijo que no habla, pero al cual ella conoce por sus gestos.
Orientar nuestro derrotero en torno a preciados iconos es bastante común e inspirador. Nos mantiene en vilo, desde lo emocional, anestesiando un poco nuestra conciencia. Mantener una buena relación con ellos, sin caer en los extremos ergo los fanatismos, nos posibilita vivir en sociedad, con nuestros valores desterrando los anti-símbolos , es decir los anti-valores.
La paz, la bondad, la belleza, la humildad, la fraternidad, la libertad, adquieren significado concreto mediante una paloma, una mano entrelazada, una vestimenta simple, personas marchando por un ideal, una cadena que se rompe. En el medio, al costado, por encima o por debajo, nosotros con nuestras interpretaciones poniendo en escena la vigencia de nuestras creencias, cantando un himno, orando un rezo, plantando un árbol, accionando en pos de…… sostener sus vigencias.
Viernes por la noche hace un poco más de una semana, asistiendo a la fiesta de fin de año de la Academia de danzas donde entrenan su arte mis hijas, estoy sentado en la butaca, al lado de mi esposa, dando rienda suelta a mi devoción por ellas, observando a mis mellizas, inconmensurablemente hermosas para mí, derrochando gracia, y encanto, danzando al son de la música clásica, alentándome a seguir profesando amor y compromiso. Lo emblemático, de nuevo presente, me acomoda un cachetazo en la nuca, dejándome al borde de la panacea….. o de la inconsciencia……
Mis aclamadas bailarinas Ana Paula y Maria Emilia
Este bocallave u ojito de cerradura, me hace cerrar y abrir mi corazón al mismo tiempo. Me quita y me da oxígeno para respirar tan profundamente como puedo. Me hace permanecer en vilo, en una noche tormentosa, encendida la cerilla de la única vela que me regala luz en la oscuridad. Te invito a mirar por él, con el cariño que profesas por tus íconos, eso sí advirtiendo las señales que te da la razón para no caer en la tentación de creer que son los únicos……
Se me ocurre preguntarme y preguntarte:
Cuáles son tus símbolos?
Cómo te vinculas con ellos?
Cómo te llevas con los que no son tuyos?
Demasiadas cuestiones?
Capaz que sí.
Para las dos primeras mi respuesta es media automática, pero para la tercera ya debo pensar un poco más, no me surge tan espontanea, porque necesito pensar en el otro, en qué lo inquieta, que le hace sentido para vivir.
Ya no me resulta tan fácil, ya que me pone en la situación de tener que juzgar y comparar algunas cosas. Me lleva necesariamente a ver cuán capaz soy de incluir a los otros con sus propias representaciones y maneras de valorizar.
Por de pronto me sumerjo en el ritmo cadencioso de mis mellizas bailarinas…….
Mi pequeño oasis, en este efímero pasaje terrenal………
La lluvia que cae mansamente dibujando de verde la esperanza………
No tengo un registro personal y contable de aciertos o fallas. De este modo no me es posible establecer un porcentaje de efectividad. Es probable que en los ámbitos centrales de mi vida haya acertado en mayor medida que errado, cuando elegí mi profesión, casarme con Eugenia, tener tres hijas preciosas, poner el trabajo como un valor preciado. Sin embargo en esos logros que motorizan mi vida , existe un porcentaje de furcios, algunos memorables, otros no tanto, que le otorgan condimento y validez a esto de que nadie está exento de equivocaciones.
En el terreno del plural, por un lado ponemos mucho empeño en las cosas, mucha dedicación y actitud, valiéndonos de varias y maravillosas cualidades particulares, que compartimos en mayor o menor medida los seres humanos:
la adaptabilidad para amortiguar distintas circunstancias,
la resiliciencia para sobrevivir a los malos tiempos,
la alegría para vivir los buenos momentos,
la empatía para ponernos en el lugar del otro,
la humildad para no creernos el pupo del universo,
la responsabilidad para hacernos cargo,
el compromiso para cumplir nuestras promesas,
la curiosidad de los niños para conocer,
el amor y la bondad, para poner el corazón,
Por otro lado, aunque no sea nuestra intención, ni llegar, ni permanecer en ello, nos metemos en terreno fangoso y caemos abiertamente en:
el desgano y cansancio para justificar no hacer,
el egoísmo, para no registrar al otro,
la desilusión, para no generar más expectativas,
la exclusión propia y ajena, para no generar compromiso,
la indolencia, para no asistir al prójimo,
la depresión, para no tener sentido de vida,
la soberbia, para sentirnos más altos,
la tristeza para refugiarnos del dolor,
la razón y sólo la razón, para no poner el corazón,
No ha sido casualidad que haya puesto nueve y nueve, porque según mi punto de vista existe un elemento esencial que juega un rol decisivo para que el cuadro de resultados final arroje un valor positivo, o sea la suma del debe y del haber nos deje saldo en la cuenta bancaria.
Ese cualidad a la que hago referencia, es percibirnos y declararnos en todo momento como ignorantes,como hito fundamentalpara desarrollar cada día más nuestra actitud de aprendiz.
Manteniendo en alto el valor de la incompetencia, es que la pregunta que titula este blog: Error u Oportunidad? , nos brinda la posibilidad de transformar nuestras actividades, decisiones y elecciones de vida (que se tiñen inexorablemente de matices positivos y negativos como los anteriormente listados) , en situaciones donde el computo final nos deje esa efímera sensación de distinguirnos como exitosos.
Aprender de los errores, por supuesto aceptándolos primero, nos regala una oportunidad única de superar nuestras falencias, fracasos y ansiedades, para seguir tratando de lograr el bienestar, que es esa piedra preciosa que necesitamos tallar día a día.
La ecuación la podemos resolver sin asistencia, aunque es muy común que necesitemos una guía, un maestro, un intérprete que nos facilite tocar la partitura, por lo que es nuevamente clave decir no sé, hasta acá llegó mi suficiencia, y de este modo dejar atrás las equivocaciones para que aparezca la carta ganadora, que tengamos presente mantiene esa característica sólo por unas pocas manos.
El ojito de cerradura de hoy nos invita a mirar dentro de la habitación, donde allí están congregados, jugando a las escondidas casi sin descubrirse, nuestros éxitos y nuestros desaciertos (que a veces endilgamos a otros). Cada uno de nosotros tiene la llave maestra para abrir la puerta y organizar el juego, de modo tal que todos ellos puedan conocerse, aprendan unos de otros, para no caer en la euforia de creernos infalibles, o en la depresión de no creernos valiosos.
La pregunta, que me vengo haciendo hace bastante tiempo ya:
Error u Oportunidad?
Es mucho más importante que la respuesta que traté de esbozar, es tan sólo el punto de partida; por suerte como varias cosas de nuestras vidas, es bastante personal y aunque tenga espacios comunes, es materia de opinión. Por lo tanto es bastante relevante que tú encuentres tu propia y válida respuesta.
Caer en la tentación de creer que es posible saber todo y todo el tiempo, es como haber pensar que el Titanic nunca se hundiría.
La diferencia la hacemos sabiendo que las respuestas y afirmaciones presentes, tienen un período de validez acotado. Aceptar nuestros yerros para luego verlos como chances y plataformas de lanzamiento, es el principal desafío para que el balance de sumas y saldos arroje una ganancia neta.
El autodeclarado ignorante es un principiante……
El principiante se fortalece del error……
El error nos muestra lo ignorantes que somos…..
Un ciclo que cuando accedemos se repite virtuosamente y por el que paradójicamente vivimos en un lucimiento relativo……
Me remontó al año 1990. Mis recuerdos de aquellos momentos tienen muy poco de buenos. Recién salidos de la hiper-inflación de la última etapa del gobierno de Alfonsín, estrenabamos el famoso 1 a 1 , de la mano de otro gobierno. La sociedad argentina empezaba a visualizar algo de luz, que fue efímera, ya que los ciclos de bonanza y crisis nos siguieron acompañando hasta nuestros días. En efecto el slogan de un dolar igual a un peso, no se pudo sostener, cayendo como un castillo de naipes. No es mi intención hacer valoraciones políticas, ni económicas, no me considero preparado para ello. Quizás sólo puedo esgrimir alguna opinión fundada y personal sobre cómo me afectaron los hechos acaecidos.
Esta introducción a modo de contexto, es útil para dar un marco de referencia a aquel año, donde a la inestable situación general, hube de sumar la pérdida física de mi Papá Ramón, producto de una penosa enfermedad. Diagnosticado con cáncer de próstata en el año 1989, con múltiples metástasis óseas, peleando y luchando por vivir, apagó su luz en nuestra casa, rodeado de sus afectos, de sus amores. No pudo probar el último asado en familia, ese frío Domingo de Julio. A partir de allí vivimos nuestro duelo sus hijos Claudia de 24, Carlos Ariel de 13, y Marcelo, quien escribe de 22 años de edad, acompañando a nuestra mamá Ana, a quien le costó mucho superar su pérdida.
Ramón tuvo una vida intensa, comprometida con su trabajo, su familia, sus pequeñas diversiones, como jugar aún con sus 62 años cumplidos con nosotros sus hijos varones y amigos, al fútbol. Hombre con mucha vitalidad, equilibraba defectos y virtudes, con un incondicional amor para su esposa Ana y con un cariño a más no poder con sus Yuyén y Yenyú (Claudia y Marcelo) y su Nené (Carlos Ariel).
Nuestra familia no resultó bien económicamente, hubimos de remar bastante y numerosos años para salir y conseguir una cierta estabilidad; lo que más nos costó fue aceptar su partida, acomodar las piezas emocionales desgastadas. Cada uno de nosotros vivió el duelo a su manera y como pudo. Ana mi mamá quedó sumida en una profunda depresión. A mí me costó tomar ritmo con mis estudios en la facultad. Si bien el año no fue perdido, no resultó lo productivo que hubiera sido en otras circunstancias. Me faltaba esa guía, ese Padre compañero y alegre, que nos miraba orgulloso por lo que aprendíamos, por las contingencias que sorteaban sus hijos.
De a poco fuimos aceptando y eligiendo como sobreponernos a las dificultades. En mi caso personal elegí la opción de continuar, de sostener a mi Mamá, de proseguir trabajando como ayudante en la Facultad en varias cátedras de Ingeniería Química, carrera que estudiaba; haciendo lo que estuviera a mi alcance por asistir a mi hermano adolescente. El nuevo escenario implicó para mí un gran compromiso y gasto de energía. Al mal tiempo buena cara, frase conocida y muy fácil de pensar y decir, resultaba a veces escurridiza de aplicar. Yo sé que mi Papá no quiere que estemos mal, seguro es feliz si seguimos adelante y ponemos ganas, era otra oración que repetía y me ayudaba, aunque a veces esa frase me ponía a llorar.
Tiempos difíciles…..
Con la madurez que me regaló el tiempo, ahora sé que en muchas ocasiones no se puede optar por el marco de referencia o coyuntura; lo que me rodea, que calificó de positivo y negativo esta allí, a veces independiente de lo que este a mi alcance hacer. Puedo gestionar sin embargo, que ese entorno me afecté de modo tal que no resulté tan nocivo y pernicioso, buscando con mis acciones transformarme para aceptarlo, digerirlo, buscarle la vuelta para que poniendo un mejor estado de ánimo me resulté una oportunidad en vez de un gran problema.
Aceptar que hay cuestiones que no dependen de nosotros, es tan importante como tener un plan para que nuestras acciones influyan con un sesgo positivo en el ámbito personal , y en el entorno de personas que nos rodean, tanto en lo familiar y laboral, o en cualquier ámbito en donde tengamos la posibilidad de convivir. Lo que decidimos emprender puede generar un contexto alentador, en las esferas en donde participamos, pero estas últimas no son independientes unas de otras. Con frecuencia desconocemos las interrelaciones que las vinculan. Pretender controlar todo y todo el tiempo produce tanto desgaste físico y emocional, que definitivamente no está hecho para nosotros.
Muchas veces me resulta útil pensar que no soy el agujero negro del mundo, la única persona a la cual le suceden cosas malas, no creo ser tan importante. Me alegro ante circunstancias que signifiquen un éxito o logro, sopesando la relatividad de los hechos, sabiendo que elementos que veo agresivos o quiebres (circunstancias no esperadas) están allí mismo, a un tris de aparecer. Muy a menudo está en mí poner conciencia para que la afectación que me producen esos eventos se transformen en emociones amortiguadas y equilibradas con la razón. Bajo ese paraguas, mi enojo, mi euforia, mi desazón, mi desconsuelo, mi placer, son un pequeño estado transitorio, que me sirve para pasar a un nivel de mesurada y relativa calma, para finalmente tomar las mejores decisiones. No pretendo juzgar a las emociones dentro de etiquetas definidas como positivas y negativas; las mismas son elementos esenciales de nuestra humanidad, necesitan ser disfrutadas o sufridas, sólo que acotadas a cada balance personal. Una mala relación con ellas no nos permite gestionar adecuadamente nuestros buenos y malos momentos.
A modo personal vivir mis emociones y estados de ánimo, con el devenir más natural posible, sabiendo y aceptando que la tarea no es sencilla, es un desafío diario. A menudo pierdo, otras tantas gano, en la búsqueda del adecuado balance, pero soy consciente de que parte de mi vida discurrirá inevitablemente en ese tarea.
Me pregunto y te pregunto:
Cómo llevas tus tiempos difíciles?
La respuesta a la pregunta que te acabo de hacer es tan personal y única, que no existe un procedimiento universal escrito y validado.
Estamos más preparados y resulta placentero vivir lo que nos produce alegría, felicidad. Sin embargo, aunque usemos nuestro GPS bienestar, los entornos inmanejables nos traen de vuelta a la realidad, golpeándonos la cara con un puñetazo de knock out.
No nos queda más remedio que recurrir a la mesura y poner paños fríos.
Ser un líder en la tormenta es una buena opción.
Yo sólo te mostré mi brújula, la cual te aseguro que no me orienta en todo……
Son tantas veces las que tengo que recalcular mi trayecto…….
Te compartí un tiempo muy pero muy difícil de mi vida……