Corrupción !

El sustantivo corrupción proviene del latín corruptio. Este significaba para los clásicos romanos algún tipo de alteración. Esta modificación es interpretada como algo negativo. Es significativo que el uso más antiguo que encontramos de la palabra es el de la muerte de los seres vivos. La corrupción es el opuesto de la generación de la vida.

Corruptio proviene a su vez del verbo corrumpere que significa echar a perder, descomponer, destruir, pervertir. La raíz verbal rumpere tiene origen onomatopéyico, es decir, intenta imitar el sonido de algo para significarlo. Rumpere quiere imitar el sonido de algo que se rompe de un modo cualquiera. El romano quiere transmitir con esta palabra el hecho mismo de algo que se rompe y no en el modo por el que éste algo pudo haberse roto por una quebradura, caída, explosión, implosión, por citar ejemplos. La corrupción es entonces una alteración que separa rompiendo.

«La corrupción es un proceso de desnaturalización. A medida que ella evoluciona, la cosa va dejando de ser lo que era«.

Si indagamos sobre la acepción de la palabra que nos brinda el diccionario además de incluir la significación ya descripta en los primeros párrafos, encontraremos una segunda más ligada a la percepción moderna:

En las organizacione sean de naturaleza pública o privada, se denomina corrupcción a la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios que los gestores poseen para su propio provecho económico o de otro tipo o calificación.

Tipos de Corrupción

Soborno: ofrecimiento de una recompensa a un agente público para influir sobre sus decisiones a favor del otorgante.

Extorsión: amenaza de una medida lesiva por parte del agente público al ciudadano, si éste no realiza una contraprestación a favor del agente.

Arreglos: pacto recíproco entre el agente público y el ciudadano, de forma que una decisión oficial favorezca al privado a cambio de una recompensa para el agente.

Alteraciones fraudulentas del mercado: el agente público introduce externalidades en el mercado de bienes que afectan su valor, con la finalidad de un beneficio para sí o un tercero.

Malversación y fraudes: uso de fondos públicos o de posiciones oficiales para fines distintos de los previstos en las normas.

Parcialidad: discriminación deliberada en la formulación y la aplicación de leyes (normas ad hoc) o en la prestación de servicios o en la provisión de cargos (favoritismo y clientelismo).  

Colusión privada: cuando ciertos agentes económicos se ponen de acuerdo entre sí para fijar el monto de un contrato de aprovisionamiento o concesión pública.

Uso de información privilegiada: cuando quien por su función tiene acceso a la misma y la utiliza para la toma de decisiones privadas para beneficio propio o de terceros.

Existen incontables áreas en las cuales se puede hablar de corrupción, tales como política, social, económica, religiosa. Todas ellas tienen elementos en común que son necesarios para que la misma se identifique como tal, con distinta incidencia de cada uno de ellos dependiendo de sus singularidades particulares:

1. Búsqueda de beneficios particulares a expensas de un bien público, institucional, organizacional o grupal.

2. Una transgresión a una norma vigente. Este hecho explica la intención de mantenerlo oculto o de bajar sus niveles de visibilidad.

3. Falta de transparencia u ocultamiento, que se hace necesario para no dejar en evidencia la transgresión normativa.

4. La interacción entre dos o más actores, cada uno con cuotas y fuentes diversas de poder.

5. El aprovechamiento de una posición de poder que permite a ciertos individuos o grupos promover o ser parte de procesos de corrupción

6. Un perjuicio que se traduce, en última instancia, en la existencia de víctimas, aunque éstas no sean directamente reconocibles y su perjuicio sea difuso.

Con este marco conceptual nos remitiremos a tratar de mostrar distintos enfoques para una pregunta simple:

¿Qué explica el comportamiento corrupto?

Un análisis de los componentes comunes muestra que la corrupción es un proceso cultural (entendido sobre cómo hacemos las cosas) que ha naturalizado la violación de reglas éticas y morales, racionalizando o explicando los beneficios derivados de la corrupción.

Los factores que ayudan al corrupto para tomar la decisión de corromperse son:

Poder

El poder necesita de la corrupción para prosperar y hacer prosperar a la sociedad, facilitando mecanismos menos burocráticos y con resultados visibles en menor tiempo.

Se ha encontrado evidencia de la relación positiva entre poder y corrupción (a mayor poder, más probabilidades de comportarte corruptamente). Esto se puede deber a que los individuos en una posición de poder tienden a:

  • ser más temerarios
  • buscar recompensas
  • experimentar menor culpa y vergüenza
  • sentir menos empatía hacia otros 
  • actuar de acuerdo a intereses propios 

Tener poder puede generar un exceso de confianza, mayor aceptación del riesgo y un enfoque hacia recompensas.

Los actos corruptos pueden provenir de actos previos que no fueron vistos como no éticos, o que se encontraban en un área ética gris. Y de esta manera, la gente puede aceptar actos iniciales como éticos, mientras que las siguientes acciones pueden ser menos éticas pero difíciles de distinguir de las previas – un tipo de “pendiente resbaladiza”. Acciones pasadas conforman el punto de referencia mediante el cual los individuos juzgan acciones futuras. 

Beneficio personal y autocontrol

Es más probable que las personas actúen de manera corrupta cuando pueden obtener beneficios personales, tienen poco autocontrol, perciben que la corrupción sólo causará un daño indirecto y cuando trabajan en organizaciones donde no se castiga el comportamiento poco ético. 

En un experimento sobre la mentira, se muestra que los individuos están dispuestos a hacer trampa (mentir) con el objetivo de obtener un beneficio personal. Extendiendo la lógica de sus descubrimientos a organizaciones de cualquier tipo, los autores argumentan que la gente está dispuesta a mentir aun cuando los beneficios de mentir no son conocidos. Por su parte, descubrieron que la probabilidad de mentir aumenta cuando el daño potencial es indirecto y se encuentra en declaraciones o acciones escritas, en lugar de directo (cara a cara).

¿Qué puede evitar la mentira, la trampa, o el involucramiento en algún comportamiento similar en los individuos? En  experimentos sociales realizados se demuestra que los individuos con un mayor autocontrol y un mejor desarrollo moral cognitivo son más propensos a tomar decisiones éticas.

Pérdida de la aversión y aceptación del riesgo

Los individuos son propensos a aceptar riesgos ante buenas recompensas, y a tener una baja aversión al riesgo a fin de preservar las ganancias. La incertidumbre tiende a incrementar la posibilidad de actuar corruptamente.

La gente generalmente tiene aversión al riesgo y prefiere logros asegurados ante resultados inciertos. Si la corrupción es vista como riesgosa, debido a la probabilidad de ser descubierto y castigado, entonces la disposición de actuar corruptamente será baja. ¿Por qué entonces, la gente podría seguir escogiendo actuar de manera corrupta, particularmente cuando las consecuencias son potencialmente muy negativas? Una explicación puede ser el deseo de prevenir o mitigar las pérdidas.

Otro aspecto a considerar es que el sesgo de optimismo sesga el juicio de las personas sobre la probabilidad de experimentar un evento positivo en el futuro. Las personas asumen que las experiencias desagradables son más probables de suceder a otras personas que a sí mismas. Aplicando esto a la corrupción, los autores descubrieron que la gente que se involucra en actividades ilegales, también son propensas de pensar que evitarán el monitoreo, la detección y últimamente el castigo.

Racionalización

Las narrativas de racionalización parecen hacer más aceptable a la corrupción.

Las personas racionalizan o justifican comportamientos futuros o pasados para hacerlos aceptables para ellos o para otros. Esto es también cierto en cuanto al comportamiento corrupto. 

Emociones

Emociones tales como la culpa, pueden hacer menos propensos a los individuos a realizar acciones corruptas.

La emoción es un componente y un conductor de creencias, percepciones, decisiones y acciones importante 

Las llamadas “emociones morales” influencian el comportamiento corrupto. Un fuerte sentido de responsabilidad por el bienestar del grupo (colectivismo) se correlaciona con sentimientos de culpa y vergüenza. Y aunque a menudo, se asume que la culpa reduce la tendencia a actuar corruptamente, curiosamente, no se encontró un impacto del colectivismo en la propensión a sentir vergüenza. 

En un sentido coloquial las personas incluyen en sus dichos, frases exculpatorias tales como:

«Roban pero hacen».

«Si lo hacen todos porque no lo puedo hacer yo».

«Mientras a mí me den algo no importa lo que hagan».

Para demostrar transparencia, que no es necesariamente un opuesto a la corrupción, se generan oficinas anti corrupción, códigos de comportamiento éticos para la gobernanza pública y de empresas, y varios sistemas más, los cuales no son efectivos para reducir, minimizar o controlar los hechos de corrupción. Los procederes de la corrupción están arraigados en la connivencia de personas que han ido corriendo sus límites éticos y aprendiendo a justificar sus procederes, para la obtención de beneficios personales, mostrando como contracara réditos sociales y económicos para muchos, siendo los mismos poco comprobables. En ello radica la fortaleza y el crecimiento de las prácticas deshonestas.

La corrupción conlleva consecuencias sociales, económicas, políticas, culturales que son innegables, afectando en mayor medida a los más vulnerables, aunque tantas veces la asistencia y ayuda a la pobreza, al desarrollo, y a la igualdad de condiciones se use como excusa para validar las acciones reñidas con la ética.

Para culminar una frase del genial escritor Edgar Allan Poe:

«El hombre es un animal que estafa, y no hay otro animal que estafe además del hombre».

Plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro !

El poeta, periodista y revolucionario Jose Martí expresó alguna vez la frase que da origen al título de hoy: «hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida, plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro». La declaración adquirió valía por sí misma, dejando en un segundo plano al autor de la misma. Una sentencia con una especie de vida propia, fuente de inspiración y caja de resonancia para muchos pensadores, cualesquiera sea su orientación política, social, cultural o religiosa.

La simpleza de la misma, les permitió a personas sin grandes vuelos filosóficos como yo, buscar un significado más allá del eminentemente literal.

Trascendencia

El hecho de trascender implica darle sentido a ese sustantivo para que pueda ser abarcado no sólo por el pensamiento racional, sino además por nuestro cuerpo, emoción y lenguaje.

Podemos decir que de nuestro paso por la tierra hablarán nuestras obras, nuestras acciones y nuestros ejemplos, de lo contrario será como si sólo hubiéramos pasado sin más.

Trascender quiere decir ir más allá de nosotros, pasar de “adentro” hacia “afuera”, elevarnos por sobre la cotidianidad, atrevernos a dejar una huella…

La trascendencia no es un atributo de unos cuantos, iluminados, está en el ADN de cada ser humano. Estoy seguro que quien este leyendo este escrito ha trascendido a su manera.

En mi caso personal he plantado varias arboles a lo largo de mi vida, en especial los que dan frutos comestibles.

Gracias a Dios tengo tres hijas que me alegran, me ayudan a ser mejor cada día y le dan sentido a mi existencia…

Escribir, planificar y corregir los casi doscientos blogs que llevo escrito me ha tomado mucho tiempo, dedicación y esfuerzo.

En cada uno de esos campos he puesto lo mejor de mí.

Asimismo, he puesto bastante de mi trascendencia en el desarrollo profesional y laboral. Creo que muchos de nosotros han hecho algo parecido en este y otros grandes núcleos de significancia personal y social.

Legar una impronta que pueda ser compartida, disfrutada y apropiada en parte por los que vendrán, es casi como un sueño que da plenitud a quien lo ejercita.

El árbol será un proyecto desde sus incipientes inicios hasta que adquiere una madurez y da frutos, el libro puede ser una exquisita pintura y los hijos pueden ser esos niños por los cuales hago un trabajo solidario permanente para que puedan alimentarse todos los días.

Salir de uno mismo, haciendo por los demás y por uno mismo lo que mejor nos sale.

Significancia

La dimensión humana como un todo viene acompañada por tres condiciones, con las que se corresponden tres tipos de actividad: labor, trabajo, acción.

La labor puede ser entendida al compromiso y responsabilidad asociada en cada una de las tareas que se hacen de manera constante por ejemplo para tener, amar y educar a un hijo.

El trabajo por lo general es asociado un gasto de energía mental y física, hecho en ocasión de una actividad específica, tal es el caso de plantar un árbol.

La acción deviene de una expresión declarativa del lenguaje en sus múltiples facetas incluyendo descripciones y juicios. Cuando uno escribe está accionando desde sus palabras. Es por ello que escribir un libro se asocia a una acción que va más allá del hecho de escribir.

Uniendo las tres maneras de entender la significancia de trascender, podemos decir que tener un hijo, es una parte de nosotros en el mundo, es para algunos una necesidad que nos acerca a una vida plena. Esto se logra con labor, que implica amor, educación, contención, amor junto a valores compartidos.

Plantar un árbol, es crear un ser nuevo, al que hay que cultivarlo y crecerá en parte gracias a nosotros. Es colaborar con la naturaleza para incrementar las posibilidades de esa nueva entidad de vida. Esto lo creamos gracias al trabajo. Laborando en el tiempo, le damos permanencia, constancia y perseverancia a las cosas.

Podemos escribir un libro, dando rienda suelta a nuestra imaginación, creatividad y accionando a través de la palabra. No será perfecto, pero será nuestro punto de partida para movernos hacia….

Los visionarios, dentro de sus rasgos, cuentan con la capacidad de declarar hoy cómo se ven a sí mismos en un lapso de tiempo determinado. Esa declaración fundamental los orienta a la acción constante y planificada, involucrando labores, trabajos y acciones derivadas de esas sentencias visionarias.

Una pequeña huella en el mundo dentro de nuestra mortalidad de la que no podemos escapar, tiene que ser nuestra aspiración para permanecer con un humilde sesgo de inmortalidad.

Marcos de Referencia

En una conversación que mantuve durante la semana pasada, espontáneamente dije: “es que a veces ando medio perdido”. Esta afirmación le produjo risa a Cecilia mi interlocutora.

Siento que esa frase me devuelve a mi condición humana esencial: «somos seres en búsqueda permanente del conocimiento sin alcanzarlo del todo, cerca de la plenitud sin siquiera darnos cuenta, buscando faros que nos faciliten transitar en el camino que hemos elegido».

Los tres elementos que nos trae Martí son como marcos de referencia que nos permiten encausarnos en el dar y amar en la cercanía de un hijo, en el expresar y declarar lo que sentimos al escribir un libro y en esa pulsión por vivir más allá de nuestra conciencia, por ejemplo, cuando usamos nuestras manos para plantar un árbol.

Cuando me siento perdido vuelvo a la contención de las referencias, a pedir ayuda, a sentir los afectos, a la lectura o escritura, a la música y a todo aquello que me devuelve al centro de mi equilibrio.

Equilibrio dentro de los marcos de referencia es la cuestión central que se debate en la famosa frase de Martí. El equilibrista puede sufrir algún trastabillo arriba de la soga. Para no caer usa su vara, sus brazos para volver al centro, con su mirada enfocada hacia dónde va.

Un interrogante para disparar reflexiones personales:

¿Que agregarías, reemplazarías o quitarías a la triada elegida por Martí?

Para culminar este breve pero emotivo rescate de una frase memorable, les comparto uno de los frutos de Martí, este bello y simple poema que lo inmortalizara.

Cultivo una Rosa Blanca

Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.

Redes…. sociales o no tanto ?

El fin de semana nos regala un cielo bastante límpido, como hace mucho que no disfrutábamos. Las últimas lluvias han calmado algo la sed de la tierra, que aún con necesidades insatisfechas, nos empieza a regalar colores más llenos de vida. El viento vuelve a encontrar resistencias propias de la primavera, frenando su impulso en hojas verdes, renovadas y vigorosas.

El coronavirus nos sigue acosando con invisibles amenazas y golpes directos en los lugares más sensibles, impidiendo la afectividad acostumbrada, provocando pérdidas humanas y obstaculizando las actividades.

La situación de cada persona respecto de este escenario impensado para este año, las predispone emocionalmente a transitar distintos estados de ánimo. La posibilidad de poner conciencia para amortiguar las emociones ante la difícil coyuntura depende de varios factores internos y externos, que están dentro y fuera de nuestra esfera íntima, pero muy ligada a nuestras relaciones. Nuestra red de relaciones y contactos de todo tipo es importante para mitigar los resultados negativos de esta crisis, creando oportunidades por la complementación exitosa de ideas y proyectos en pos de…

La red de relaciones abarca a las familiares, de amistad, laborales, vecinales, de actividades comunes, de esparcimiento, de deportes, de estudios, de tarea específicas, de padres del colegio, sólo por citar las más comunes. La novedad es que normalmente cada una de ellas tiene su espacio para comunicación, información, compartir novedades. Ese espacio que ante alternaba contacto cara a cara, con grupos de Facebook, WhatsApp, u otros, ahora y debido a la pandemia ha quedado limitado en su gran mayoría a estas últimas instancias de virtualidad.

La facilidad de crear grupos en redes y fundamentalmente en WhatsApp, que ahora agrega la posibilidad de llamadas grupales, más la proliferación y masividad de uso de herramientas de reuniones virtuales como zoom, ha generado una multiplicación exponencial del tiempo que dedicamos a estar conversando, discutiendo y debatiendo.

Por momentos parece que la vida misma pasara de pleno por las redes, de modo tal que cuando no tenemos señal de internet, o se cae algún programa nos sentimos en cierta manera desconectados y ansiosos por saber que pasa del otro lado.

La dificultad mayor surge cuando pretendemos reemplazar una reunión o comunicación en persona, entre varias personas por un encendido debate por WhatsApp.

Resulta, al menos para mí, impracticable poder seguir un tema de conversación por ese u otros medios electrónicos, cuando se pretender debatir o decidir algo, donde necesariamente se necesita un ordenamiento mínimo, pedir permiso para hablar, un moderador, que todos los argumentos sean escuchados.

Los malentendidos, los tonos altos, las agresiones surgen como reguero de pólvora, cuando pretendemos imponer ideas, consejos, juzgamos fácilmente y queremos tener la razón.

Muchas veces no se percibe un hablar responsable por redes. Lo que no nos animamos a decir en persona, se dice sin ningún prurito por los grupos, generando que la red de relaciones se resienta, se generen conflictos personales, se obstaculice llegar a acuerdos necesarios y positivos.

Sobrevienen los enojos, personas que abandonan los grupos, mensajes privados criticando a tales y cuales, conversaciones paralelas que no llegan a ningún sitio, calumnias y juicios infundados que no aportan nada sino sólo el hecho de salir victorioso o mejor parado en una discusión que no lo es tal. El tiempo, que es muy valioso, se pierde segundo a segundo en mensajes, respuestas, lecturas, audios, que no son más que interpretaciones personales y de ninguna manera verdad develada.

A la situación de crisis derivada de este virus impredecible, donde nuestras relaciones sociales son el soporte clave para generar una mejora de nuestras condiciones, y nos permiten dar una pelea mancomunada y superar la adversidad, le sumamos contiendas estériles en redes sociales, que son una de las pocas maneras o medios que disponemos para organizar cosas a la distancia, disminuyendo el contacto, vital para minimizar el riesgo de multiplicar los contagios.

He sido testigo esta semana de un hecho lamentable, donde una persona fue acusada de inhumana por no haber manifestado dolor por el fallecimiento por covid 19 de una persona, sin ni siquiera haber escuchado sus argumentos de porque no lo hizo cuando otros pensaban que era correcto hacerlo. Este tipo de acusación derivó en que esta persona a la cual destaco por sus virtudes humanas, aclarara el porque de su decisión y optara por irse de ese grupo en particular, debido a que se sintiera irrespetado y menospreciado en su condición.

La solución que muchos encuentran para no discutir es poner límites acerca de los temas que se pueden hablar y los que no. De no ser así, los grupos de vinculación se van concentrando en personas que piensan de igual manera, ya que los otros se terminan yendo.

La consecuencia final es que los debates que necesitamos dar para superar las adversidades se diluyen, porque las diferencias o pensamientos distintos no son aceptados, sino más bien combatidos, criticados sin sustento, erradicados de raíz. Las grietas del pensamiento se van acrecentando, provocando facciones bien diferenciadas que parecen no tener ningún punto en común.

Los grupos de comunicación no cumplen algunas veces una función social definida, ya que finalmente no terminan sirviendo para promover la socialización sobre objetivos y proyectos comunes y superadores. Terminan constituyendo en cierta medida un cúmulo de información a la cual accedemos, pero que no nos permite profundizar acerca de aspectos esenciales de convivencia y acordar sobre ellos.

Aprender de malas experiencias respecto de los mensajes y comunicaciones en redes es esencial para saber cuál es la utilidad concreta que le podemos dar.

En lo personal he tratado de mantener una comunicación responsable y cuidada en los grupos a los cuales pertenezco, pero en mayor o menor medida todos hemos caído en la tentación de escribir sin filtrar nuestros estados de ánimo y emociones que atravesamos.

La heterogeneidad y disparidad de pensamientos nos hace únicos e irrepetibles, pero asimismo el seguimiento de valores como el respeto, la palabra cuidada, aunque plena, la empatía, la solidaridad, la humildad y la benevolencia, nos dan la posibilidad de establecer comunicaciones sanas, inclusivas, para conformar grupos de relacionamiento fuertes y con posibilidades de construir y edificar nuevas ideas y propósitos comunes.

La pregunta que debemos hacernos es como transformar en social una red de comunicación del tipo que sea, no por el mero hecho de que sea accesible a los socios, sino porque nos permita una mejor socialización.

Las ventajas de poder comunicar todo lo que se nos ocurre en muchos lugares a la vez, casi de manera instantánea, no nos tiene que hacer perder de vista que puede ser al mismo tiempo un mecanismo para acrecentar las diferencias, faltar el respeto y provocar ofensas irreconciliables, sino consideramos la responsabilidad, el compromiso y el cuidado que tiene que contener lo que manifestamos.

Los grupos y las redes son una herramienta, no la vida misma.

Al menos esa es mi opinión basada en los argumentos que fui explayando en este escrito.

¿Cuál es tu opinión?

¿Qué lugar ocupan las redes sociales en tu día a día?

¿Te relacionas responsablemente dentro de ellas?

Honrar la Vida !

Durante la semana pasada, Patricia, una médica compañera del colegio secundario, dejo de existir presa del Covid 19. Era joven, tenía tres hijos y un futuro promisorio. Una de sus hijas Florencia, se encuentra en plenas prácticas profesionales como psicóloga, siguiendo la misma vocación de servir que distinguía a su madre.

Su contagio se produjo mientras ejercía su rol profesional, en distintos centros de salud, entre los cuales se encontraba un dispensario provincial de Córdoba, situado en un barrio de gente humilde al sur de la ciudad hom+onima.

No tenía ningún factor de riesgo que ocasionara un agravamiento del cuadro infeccioso. Luchó durante varias semanas en la unidad de terapia intensiva, entregando su vida el mismo domingo que se celebraba aquí en Argentina el día de la madre.

Nuestro grupo de compañeros del colegio elevó todas las plegarias posibles mientras Patricia estaba convaleciente, siendo testigos impotentes del gravísimo cuadro de salud que le tocó vivir.

Adriana, su amiga inseparable de toda la vida, fue la más afectada desde el punto de vista emocional, dada su cercanía, amor y compromisos mutuos. El resto de compañeros pasamos un domingo triste y anodino como la llovizna que caía.

En nuestro grupo de amigos y compañeros aún reina la incredulidad con este acontecimiento. En el lapso de pocas semanas, se apagó la luz de una persona con valores y vocación de servicio por los más vulnerables.

Sus compañeros médicos brindan detalles desconocidos por nosotros de su actividad profesional, entre los cuales se cuentan viajes para brindar atención médica a personas carenciadas del norte de Argentina, entre otras acciones en pos de servir al prójimo. Todos la recuerdan como una persona muy entregada a su trabajo, con fuertes y arraigados compromisos con la idea de ayudar desde la medicina. Su despedida final fue muy sentida y con mucho grado de congoja.

Este ejemplo que me toco palpar y conocer de cerca, nos muestra la crudeza de esta enfermedad, para la cual no existe un tratamiento del todo eficaz, las vacunas que estarían disponibles a fin de año se encuentran demoradas en su desarrollo, y todo parece indicar que la inmunidad conseguida es ciertamente relativa. Por otro lado más positivo, la letalidad inicial ha disminuido producto del conocimiento que se tiene de la infección, algunos tratamientos que se van incorporando, la disponibilidad de recursos de medicina intensiva y la detección de la misma en estadios más tempranos.

Las personas en general se han acostumbrado a las medidas de prevención y las han naturalizado, mientras que un grupo reducido hacen caso omiso a las recomendaciones atentando contra el cuidado individual y del resto de las personas.

Las predicciones que se hicieron en un principio no estuvieron erradas respecto de que esta pandemia duraría muchos meses, siendo gestionable por la aplicación de simples medidas que nos permiten minimizar los contagios, que se pueden aplicar en los lugares de convivencia, de trabajo, y del escaso esparcimiento que se han podido liberar.

Los países de Europa que han reducido las medidas de prevención vuelven a tener altas tasas de contagios masivos, con lo que sus líderes vuelven a pedir que se extremen las medidas de cuidado.

Al inicio de esta difícil coyuntura me resultó razonable lo que recomendaban algunos expertos respecto de que un cambio cultural y de nuestros procederes cotidianos era una promisoria manera de combatir la proliferación de esta y otras enfermedades. El tratamiento y las vacunas demorarían varios meses, por lo que la salida más viable era testear muchas personas, aislar los infectados y seguir a rajatabla los mecanismos de cuidado, entre los cuales se encontraba este cambio de paradigma respecto de la higiene de manos, uso de tapabocas y mantener la distancia social.

Los profesionales de la salud conviven y luchan minuto a minuto con este agresivo virus, con todas las herramientas disponibles, pero sabiendo de que a pesar de todos los recaudos están en la línea más delgada y vulnerable.

De hecho, Patricia conocía al detalle qué, cuándo y cómo proceder, pero el nivel de exposición al riesgo es muy alto, siendo el contagio un evento con mucha más probabilidad que para las personas que no están trabajando dentro del servicio de salud.

Por ello, repito mi más sincero reconocimiento para los seres humanos que se desempeñan en hospitales, sanatorios, dispensarios y centros de medicina, los cuales enfrentan este dañino virus a cada instante, haciendo lo mejor que pueden para cuidar la vida de los demás. Para ellas valga toda nuestra gratitud y respeto.

Colaborar con el arduo trabajo de los profesionales de la salud requiere en primer lugar una elección constante y sostenida por seguir las nuevas reglas de convivencia para que de esa forma disminuyamos los contagios a un mínimo.

Seamos conscientes de que en esta pandemia mundial nos toca cumplir un rol individual importante que es el de seguir sencillos procederes que pueden evitar complejos escenarios.

Patricia, fue una de las tantas profesionales que expuso su salud, a sabiendas de la peligrosidad de este virus, para asistir a los demás.

Los niveles de actividad no sean han recuperado del todo, pero la tendencia es en aumento. Eso nos permite sentirnos útiles nuevamente, pero nos compromete aún más con el no abandono de las medidas de contención del virus.

¡Por ello, hoy más que nunca necesitamos Honrar la Vida!

Como broche de oro, nada más aplicable en estas circunstancias que recurrir a las bellas y emotivas palabras de Eladia Blazquez, entrelazadas en este poema que es un Himno a la Vida.

Ella explica mejor que nadie de que se trata esto de Honrar la Vida. Es mi forma de despedir a una médica que estuvo en la trinchera, ayudándonos a combatir este flagelo.

¡No permanecer y transcurrir
No es perdurar, no es existir
Ni honrar la vida
Hay tantas maneras de no ser
Tanta conciencia sin saber
Adormecida…

Merecer la vida no es callar y consentir
Tantas injusticias repetidas…
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!

Eso de durar y transcurrir
No nos da derecho a presumir
Porque no es lo mismo que vivir…
¡Honrar la vida!

¡No permanecer y transcurrir
No siempre quiere sugerir
¡Honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad
En nuestra tonta humanidad
Enceguecida

Merecer la vida…

Vestidos de Novia o Un Homenaje a Ana !

Año 1958

Los preparativos para un casamiento implican hilvanar determinadas acciones sucesivas. Es como el juego de la oca hasta llegar al día del civil y de la iglesia. Aparecen emergentes que no estaban previstos y que necesitan ser resueltos, ya que las fechas tienen que cumplirse. La fiesta independientemente de su tamaño requiere una organización especial, incluyendo la famosa lista de invitados. Varias decisiones que tomar y actividades estressantes que desarrollar.

Para muchas señoritas el vestido para la ceremonia de la iglesia supera con creces a todo el resto. Es algo tan personal, íntimo en la decisión, pero al mismo tiempo se manifiesta como un sello distintivo que se hace público y sujeto a las críticas. Demasiada cola, poco o mucho escote, sencillo por demás, muy sobrecargado, lindo pero no le sentaba bien a su figura, a quien se le ocurrió hacerle ese vuelo y combinarlo de esa manera, son sólo algunas de las tantas expresiones que se escuchan en voz baja. Frases que se comparten con los más íntimos. Muchos de los presentes en la ceremonia pasan de la alegría por los novios, los vítores, a compartir sus juicios respecto de la vestimenta de la novia, que por lo general ven por primera vez, aunque algunos ya tienen referencias por comentarios previos.

El vestido de gala nupcial adquiere una dimensión en sí mismo, que va sumando opiniones de varias personas durante su creación. Al gusto de la novia se unen las preferencias de la madre, de las tías, de las amigas más cercanas. Ese proceso que arranca desde la selección de la tela, el modelo básico, los adornos, los detalles personales, los aditamentos combinados para que hagan juego, los bordados, el tipo de costura, necesita ser interpretado por la artesana o artesano que lo construye. En aquellos años se acostumbraba a recurrir a sastras especializadas en este tipo de confección. Adquirir y desarrollar habilidades para diseñar y elaborar vestidos de novia requería aprender técnicas especializadas. Por lo general «las modistas» eran mujeres que tenían la capacidad de volcar en sus diseños las inclinaciones estéticas de las novias.

Mamá Ana era una de ellas. Con 25 años de edad hacía ya unos años había aprendido en una Academia el arte de diseñar y coser vestidos de novia. Su obsesión por los detalles, su precisión para moldear, cortar, coser y ensamblar el vestido, acompañaban muy bien a su capacidad de interpretación de que tipo de diseño y vestido anhelaban las prometidas. En Alberdi donde Ana Aldina vivía junto a mis abuelos, su calidad artesana era muy reconocida, por lo que era elegida de manera recurrente para vestir a las mujeres para uno de los días más relevantes de su vida. Siempre cumplía, era muy responsable , respetuosa y comprometida, por lo que rara vez le faltaban clientes a su modesto atelier.

Así fue como a mediados de ese año concurrió a su pequeño taller Teresa, una novia joven que tenía su fecha de iglesia programada en unos tres meses. Aunque parezca mentira, ese lapso de tiempo que para algunos puede resultar bastante suficiente, no muchas veces lo es a la hora de confeccionar un vestido de novia.

El proceso con Teresa arrancó complicado porque no se conseguía la tela que le gustaba. Eso demoró un mes aproximadamente. Luego sobrevino una etapa de indefiniciones acerca del modelo. Una vez elegido quedaban menos de cinco semanas para lograr el cometido. Luego de la prueba de calce general, Ana dispuso de poco tiempo para los detalles, tal es así que el vestido quedó listo apenas unas horas antes de la ceremonia, con nulas chances de corregir algo de fondo. Mamá ayudó a Teresa a engalanarse y la acompañó en otro coche a la iglesia.

Si bien a contrarreloj, los resultados fueron los esperados. Las críticas entendidas (amigas, familiares, tías, primas, vecinas) dieron una aprobación casi unánime respecto de la belleza del ajuar.

Teresa tuvo una celebración hermosa, pudiendo cumplir su sueño de gala nupcial. Mamá era feliz cuando posibilitaba felicidad para otros.

Teresa estaba agradecida, aunque su alegría desbordante maximizó el contacto con todos, pero minimizó en esa ocasión, la posibilidad de mostrar una cercana gratitud.

Año 2020

Ana lucha por recordar todo lo que puede. Una enfermedad silenciosa, constante y creciente se empecina en borrar su memoria. Hace un tiempo que duda de quienes somos los que hablan con ella, quienes la visitan y la cuidan.

Por momentos no registra que es su hermana menor, mi tía Margarita (La Negra) la que la llama por teléfono todos los días.

Próxima a cumplir 88 años, Ana da batalla con lo que puede. Tiene miedo de estar loca, percibe que la realidad se le va escapando poco a poco. Eso le produce mucho sufrimiento. Empieza a tener dificultades para caminar, desplazarse y valerse por sí misma. Sus habilidades motoras son cada vez más escasas.

La Teresa de 1958 se reencuentra con Margarita por un hecho casual. Se ha mudado cerca y la reconoce un día por la calle. Pregunta por Aldina, el segundo nombre de Ana, como era conocida en aquellos tiempos. Margarita le cuenta de la vida de la que fue su diseñadora, cómo se encuentra de ánimos y salud.

Teresa siente la necesidad de hablar con mi mamá, luego de todos los años donde sus vidas se desentendieron. No conozco los pormenores de la charla que fue telefónica, pero quiso darle las gracias por ese bello día de su casamiento, por lo que hizo Aldina aquella vez que fue irrepetible para ella. Percibe que no fue lo suficientemente agradecida.

Ana no reconoce quien la ha llamado, pero ese día durante unas horas se la ve disfrutar de una sonrisa amplia.

Marcelo, sabes que me llamó una Teresa a la cual le hice el vestido de novia hace mucho. Está viuda como yo, aún siendo más joven. Me dijo que se iba a comunicar de nuevo, otro día.

¿Vos sos Marcelo César Bordolini, mi hijo no?

Si mamá, soy yo.

Tus hijas, de las cuales tengo las fotos en este mueble son Ana Paula, Maria Emilia, que son mellizas, y Emma Lucia la más pequeña.

Así es.

Las recuerdo porque al tener las fotos repito sus nombres muy seguido.

Que bueno que puedas hacerlo.

¿Si, pero vos son Bordolini y yo Della Vedova?

Si mamá.

A veces me llama una tal Negra que no sé quien es, pero después cuando me dicen me acuerdo. Ella es mi hermana menor.

Mi tío Pepe, le puso Negra cuando nació porque tenía el pelo bien morocho.

Mira vos.

Bueno me tengo que ir a cenar.

Dale mamá mañana hablamos.

Un beso para vos y tus hijas.

Gracias, mi amor. Trata de no discutir con Alicia, la chica que te cuida de noche por favor.

Es que es muy metida. Me voy a comer. Chau. Dale saludos a Glenda tu esposa.

Es Eugenia mamá, se los voy a dar. Glenda es la esposa de tu otro hijo Carlos Ariel.

Que confusión que hice. Bueno mañana háblame.

Dale Mamá, un beso.

¿Vos ya no vivís en Córdoba?

No mamá, vivo cerca de Río Cuarto.

Bueno, mañana háblame.

Si, mañana hablamos.

Vuelvo a mis cosas sintiendo que sólo puedo acompañar a Ana en su irreversible proceso.

Ana supo acompañar vivencias profundas como las de Teresa, compartir sus emociones tejiendo esas telas de manera primorosa.

Vive en el recuerdo de muchas personas, aunque ahora no pueda acordarse muy bien de que se trataba todo eso.

¡Vestidos de novia!

¡Feliz Día Mamá!

Girasoles para copiar !

Este día pleno de luz acompañado por ráfagas potentes de viento me impulsa a recordar algunos eventos memorables. Demasiada energía, contenida en la luz y en las ondas incesantes que el aire produce en las desgastadas y sedientas hojas de algunos árboles ya reverdecidos, agita profundos ecos en mi memoria.

Mis ojos ven una mezcla de colores más orientados a los ocres y amarillos, ya que el verde aún necesita mucha más agua para proliferar y ganar por mayoría. La sequía, hermanada con el viento produce una vegetación quebradiza y amarillenta que emite sonidos sibilantes, clamores repetidos pidiendo por humedad y mejores condiciones para vivir.

Los recuerdos me llevan a esa sala de sexto grado. Olga, nuestra maestra de plástica empeñada en despertar cualidades artísticas en ese grupo de cuasi pequeños patanes, nos compartió la imagen de una bella pintura a color para que intentáramos copiarla.

jarro con doce girasoles

Allí estaba frente a nosotros, una copia a color dentro de una revista de la obra llamada “jarro con doce girasoles” de Vincent Van Gogh. En ese momento creo ninguno de nosotros prestó atención ni al nombre, ni al artista, sino a la dificultad para recrear los detalles de la pintura. Algunos se mostraban muy fastidiados como era costumbre durante las clases de arte. Poco habilidosos en general para dibujar y luego pintar con lápiz las figuras más sencillas, recrear lo que parecía ser un simple jarrón con girasoles, era una empresa sin precedentes para algunos.

La maestra daba mucha relevancia en su puntuación a diferentes aspectos:

  • Similitudes del dibujo, proporciones y firmeza del trazado.
  • Recreación e intensidad de los colores.
  • Prolijidad general.
  • Lo que ella llamaba nuestra impronta o toque personal, concepto que en esa época no llegamos a comprender bien que era.

La educación era bastante estricta, respecto de que las materias, así no fueran las del núcleo central, como matemáticas, lengua, tenían que ser aprobadas demostrando aptitudes y actitudes crecientes dentro del proceso de aprendizaje. Es por ello que al menos en mi caso elegía esmerarme, aun cuando no era ni soy un dechado de virtudes para el dibujo y la pintura.

Unos quince minutos antes de la hora de finalización de la clase, Olga pasó banco por banco para ver que habíamos logrado.  Los comentarios, acompañadas por expresiones faciales a menudo eran de aprobación, sorpresa o desencanto. Ese día en particular no fue distinto. Como siempre, a la hora del arte lo mío era del medio, ni muy muy ni tan tan. Zafaba con lo justo, con algunos girasoles que recordaban mejores épocas.

Al final de esa jornada Olga nos contó algo personal. Pienso que eso hizo la diferencia sustancial respecto de porque guardo el recuerdo imborrable. La emoción en sus palabras se notaba en cada frase.

«Yo tengo un hermano menor que tiene algunos problemas en su cerebro. Luisito nació de esa manera y yo lo cuido todo lo que puedo.  El pintor cuya obra han intentado copiar vivió su vida con algunas dificultades semejantes. Es por ello que quiero que mi hermano intenté dibujar y pintar sus obras».

Continúo su relato con interesantes apostillas de la vida de Van Gogh. Nos contó que vivió hasta los 37 años, allá por fines del 1800, de los cuales sólo sus últimos diez fueron dedicados al arte. En ese lapso pintó cientos de obras, algunas de las cuales son consideradas como maestras. El pintor tenía un hermano Theo que era una especie comerciante de arte, que fue su protector y mecenas. Una vida corta pero muy prolífica e intensa, con más sinsabores que felicidad.

Nos dijo que si bien sus pinturas fueron expuestas en galerías de arte mientras él vivía, no tuvieron tanta repercusión como la de otros pintores famosos de la época. Tiempo después de su desaparición física fue reconocido como un gran artista, provocando que sus obras adquirieran valores impensados, formando parte de museos y colecciones privadas millonarias.

Así fue cómo tuvimos la oportunidad de conocer más al pintor, debido no sólo a la historia que nos describió Olga, sino a que ella nos pidió copiar en clases sucesivas alguna de sus otras pinturas memorables. Cuando recreamos “sembrador a la puesta del sol”, ese cuadro me hizo recordar mucho a mis tíos, granjeros a tiempo completo que cultivaban la tierra con mucho esfuerzo.

El hecho de que Olga nos hubiera compartido la situación de salud y familiar de su hermanito no fue algo menor para un grupo mayoritorio del grado. Que ella hubiera contado parte de su vida privada, lo que realmente la inquietaba, a quien amaba y que la movía a enseñarnos, le permitió ocupar un lugar especial en nuestros pequeños corazones. El pintor al cual le faltaba una oreja luego de sufrir un accidente fue de ahí en más un convidado casi permanente durante el desarrollo del año lectivo.

Pasadas varias clases se animó a traernos un dibujo de Luisito, el cual nos pareció brillante. Olga había conectado con nosotros, a pesar de nuestros garabatos, nuestra falta de atención en clase y la poca habilidad manifiesta de muchos de nosotros para recrear el arte.

La relación especial que se generó posibilitó que en ocasión de un acto escolar pudiéramos conocer a Luis, que era como un niño grande y sonriente. Estaba abrazado a su hermana, nuestra maestra Olga, la que lo protegía con mucho amor.

En ese breve intercambio percibí la fortaleza de Olga, su inquebrantable actitud para luchar y hacer cada día mejor la vida de su querido Luisito.

Plástica no fue una asignatura más. Sabiendo que Olga llevaba nuestros dibujos para calificar en su casa, hacíamos nuestro mejor esfuerzo para que el arte pareciera algo natural en nosotros. A lo mejor Luisito podía sonreír mirando nuestras creaciones.

La humanidad manifiesta de nuestra señorita de plástica nos sirvió para comprender algunos aspectos de la vida sobre los cuales no se hablaba mucho. Cuando Olga llegaba a la clase algo nerviosa con evidentes signos de cansancio, sólo atinábamos a dibujar con nuestro mejor ahínco. Era nuestra forma de compensar su amor, su entrega y su dedicación especial.

Por eso cuando observó una obra de Van Gogh se activan en mí diferentes emociones, remembranzas que sacuden mi humanidad, para decirme:

¡GIRASOLES PARA COPIAR!

Aparece nuevamente Olga, nuestra más humana señorita de plástica.

Aquella que daba mucho cariño y nos enseñaba con su corazón.

Acciones que motivan !

En el grupo de vecinos tomo conocimiento de una campaña solidaria cuyo objetivo es conseguir alimentos para los animales de todo tipo que han sufrido la devastación de los incendios forestales y de campos producidos en las serranías cercanas. Pérdidas inconmensurables y muy difíciles de recuperar. No quedan pasturas en incontables kilómetros de esas sierras escarpadas, si mucha destrucción, animales lastimados , tierra arrasada y yerma.

Es emocionante y alentador ver cómo las personas actúan de forma desinteresada ante un evento catastrófico que ha impactado con inusitado poder de destrucción. La peor sequía de los últimos cincuenta años, los incendios más descomunales derivados de ella y de algunos procederes que necesitan al menos ser evaluados.

No soy un especialista para referirme de manera técnica a cuál o cuáles pueden ser las soluciones que minimicen, reduzcan o impidan la aparición de estos fenómenos. Tampoco emitir un juicio de valor sobre los procederes y conductas humanas que necesitan ser revisadas.

Lo que resulta indiscutible es que año a año se repiten este tipo de eventos de fuego arrasador, que dependiendo del clima se amortiguan o se atenúan. Por lo que necesitamos repensar cómo queremos y podemos atenuar las causas. Además, invertir en medidas de mitigación que permitan dar respuestas certeras y en menor tiempo, cuando los incendios se han producido.

Más allá de los análisis y las razones, existen personas predispuestas a accionar solidariamente en estas situaciones. Seres humanos que se ponen en los zapatos del otro para trabajar, para colocar la palabra en acciones, sin importar el día de la semana que sea, los horarios, dejando de lado la familia, los intereses propios, la comodidad, la queja, el reclamo, usando los medios que tienen a su alcance.

En ese grupo de personas encontramos a los bomberos que estando en la primera línea combaten de manera bastante desigual el fuego. Para ellos todo nuestro reconocimiento como especiales y distinguidos servidores públicos. Con el mismo compromiso aparecen los voluntarios de toda clase que organizan colectas y llevan elementos útiles para alimentar, reconstruir y recuperar lo perdido.

Una manera distinta y elogiable de interpretar los hechos, las realidades, con pocas palabras y acciones concretas.

El compromiso, la voluntad y las ganas que ponen para superar las adversidades los colocan en un sitial bien alto, como ejemplo a seguir para cambiar las cosas.

Habiendo entrenado en la disciplina del coaching ontológico, a veces me resulta difícil encontrar arquetipos que no admitan discusión, acerca de uno de los principios más socializantes de la disciplina, aquel que nos dice:

«Los individuos actúan de acuerdo a los sistemas sociales a los que pertenecen.

Pero a través de sus acciones, aunque condicionados por estos sistemas sociales, 

también pueden cambiar esos sistemas sociales.»

Es evidente que el sistema social condiciona al individuo, pero es aún más evidente que ese sistema como tal es creado, modificado, perfeccionado, priorizado por las acciones de sus integrantes.

El modelo que une a estas personas que pretenden modificar los sistemas sociales con sus acciones se ve fielmente reflejado en esta situación de extrema desolación, donde sus acciones permitirán morigerar y llevar asistencia a lugares literalmente destrozados.

Los pensamientos se transforman rápidamente en palabras conversadas y compartidas con otros. Esas conversaciones de posibilidad derivan en hechos concretos, liberados de mezquindades, con el único propósito de mejorar las condiciones, de pensar nuevos caminos, de acercar alimentos, de colaborar para superar la crisis.

Este principio puede ser aplicado no sólo en condiciones donde se necesita reaccionar rápidamente, sino asimismo para generar nuevos proyectos, otras realidades superadoras, maneras distintas de interpretar la realidad.

Si lo desmenuzamos en sus componentes podemos generar preguntas en varios aspectos de nuestras vidas:

  • ¿Qué acciones puedo diseñar para transformar mi sistema: familia, organización, comunidad?
  • ¿Qué puedo hacer yo para cambiar algo en el sistema social en que me encuentro? 

Las respuestas pueden agrupar a personas que, aún pensando distinto, con diferencias, se pongan de acuerdo para accionar y trabajar en pos de lograr determinados objetivos.

En ello radica la belleza del desafío: «capaz que lo que resulte ser no sea el cien por ciento de lo que quiero y pienso que es necesario, sino que sea lo importante para accionar a partir de los valores que nos aglutinan, dejando nuestros egos un poco de lado».

Por eso la tarea de muchas personas que estos días estuvieron combatiendo el poder demoledor de las llamas, sumadas a otras que hoy organizan colectas, ponen sus vehículos, y recursos para ayudar en esta difícil situación, no puede pasar desapercibida.

Ellos ejemplifican con creces este tercer principio que nos muestra claramente que podemos modificar los sistemas, que tenemos capacidades suficientes para ello.

Son necesarios el compromiso, las ganas, las ideas, las decisiones, los planes, siendo lo más importante que asumamos las tareas sabiendo que no somos dueños absolutos de la verdad, sino solo de nuestra interpretación de la realidad que necesitamos compartir y validar con los demás, dentro del marco del respeto y el bienestar común.

Un merecido aplauso para todos los que han dedicado tiempo, esfuerzo y diferentes recursos en pos de luchar contra el fuego o mitigar después las consecuencias imborrables del mismo, dentro de un marco general de pandemia que torna este año aún más cuesta arriba.

Un equipo de personas trabajando en objetivos comunes , cuyas acciones generan escenarios superadores que claramente nos motivan para seguir.

Sólo resta agradecerles y expresarles toda nuestra admiración !

Parar la pelota !

La lluvia se hizo presente luego de una prolongada sequía de más de casi cinco meses. Si bien fue escasa, remolona, casi desganada, si es aplicable darle una entidad actitudinal, sirvió para recordarnos de qué se trata y cuán importante resulta este vital elemento que cae del cielo.

No tengo referencias actualizadas si esta bendición en forma de gotas acompasadas, se derramó en las zonas serranas de nuestra provincia, esos bellos y vivos paisajes que han sido arrasados por el fuego. Ojalá de esta manera se haya calmado la voracidad de las llamas que sedientas de oxígeno y materia seca, apagan la vida a su irrefrenable paso.

Sintiendo por momentos esa impulsividad vital mezclada con ansiedad que nos acelera, me pongo a pensar en esa contraparte que la equilibra, la decisión de detener la marcha vertiginosa y poner conciencia en hechos cotidianos, habituales, ordinarios o extraordinarios. Esto nos permite recuperar y darnos cuenta de quienes somos o mejor dicho aún para qué estamos siendo.

Para los que jugamos o hemos jugado al futbol, es muy importante tener dentro del equipo a alguien con capacidad de parar la pelota. Ese jugador diferente y pensante, que hacía que el juego fluyera, se ordenara, se transforme en un juego creativo.

Normalmente este cerebro dentro de la cancha servía al equipo en varios aspectos tales como:

  • Evitar que todos corrieran innecesariamente.
  • Hacer el equilibrio y la pausa necesaria para que el equipo avance y retroceda de manera organizada.
  • Planificar jugadas, cambiar los ritmos y los flancos de ataque.
  • Servir de referencia para el posicionamiento dentro de la cancha.
  • Contener, hablar y evitar los desbordes emocionales.
  • Gestionar los tiempos para jugar a la ofensiva, defender y buscar los huecos por donde pasar la pelota.

Si además este distinto, adquiría condiciones de liderazgo dentro y fuera de la cancha, se transformaba en un verdadero capitán, un referente indiscutido para el desempeño positivo del equipo.

Cada uno de nosotros tiene en su memoria el recuerdo de alguno de estos verdaderos artistas del manejo del tiempo, las emociones, los ritmos, que ponían la cabeza fría cuando había que ponerla, y asimismo el corazón y la garra cuando las piernas flaqueaban.

Las buenas decisiones de este organizador, naturales, repetidas y consistentes, se transformaban con el tiempo en un ejemplo a seguir por el resto de sus compañeros. Otros jugadores copiaban su impronta con sus sesgos personales por supuesto. A la larga el equipo se movía como una maquinaria cuasi perfecta, casi como un tren de engranajes sincronizados y armónicos.

¡Pará la pelota Bordolini! , me solía gritar el técnico de las inferiores donde jugaba a mis doce años. ¡Vos estás para eso!

Si extrapolamos el escenario del juego del futbol al escaparate más complejo de nuestras vidas, donde vivir es un desafío día a día, donde los partidos son otros y los ritmos sumamente vertiginosos, es probable que detectemos muchas áreas donde cada tanto necesitemos parar la pelota.

Familia, trabajo, relaciones, desarrollo personal, espiritualidad, economía y finanzas, amor, salud, conforman un conjunto de espacios vitales a los cuales les damos mayor o menor importancia de acuerdo a nuestra personalidad. Casi siempre existe un área que actúa de motor, que nos impulsa y la que conlleva nuestra mayor atención. Las otras se acomodan al ritmo de esta, para equilibrar la rueda mientras gira.

Lo que nos mueve, es lo que en general nos emociona, nos hace sentir plenos y llenos de ese inmenso deseo de vivir. Las emociones que nos acompañan desde nuestro primer llanto, son inseparables compañeras, condimentan lo bueno y lo malo, sin ser ni buenas ni malas, sólo una parte indisoluble de nuestra humanidad.

Lo que nos nueve a veces no nos permite parar, salirnos un poco de nosotros mismos, para vernos desde afuera, para ver lo que está pasando en realidad cuando nos desentendemos un poquito de las permanentes y veloces reacciones, o en el extremo opuesto de nuestros desgano y depresiones.

Parar la pelota, sirve para poner conciencia, subirnos a un palco elevado para ver desde allí, qué, cómo y para qué estamos viviendo. Ser testigo de nuestras propias acciones en vivo y en directo.

Parar la pelota no es tarea sencilla.

A menudo cuando lo intentamos hacer surgen miedos de enfrentar nuestras ansiedades, imperfecciones y cuestiones no resueltas. Es natural que así sea porque es parte de nuestro software, sólo que cada tanto hay que actualizarlo y pasarle algún antivirus.

El ejercicio vale la pena, adquirir habilidad para hacer un alto y repensar algunas cosas nos posiciona en un escalón diferenciado y con mejor perspectiva.

Mientras escribo estas líneas pienso en las oportunidades que desperdiciamos a diario para detener la vorágine, haciendo una pausa en nuestros pensamientos, palabras y acciones. Para distinguir lo importante de lo urgente.

Hay un momento en que estando en la mitad de la cancha, es imprescindible levantar la cabeza para observar más allá de los jugadores corriendo y la pelota que va y viene.

Ser un observador de uno mismo para apaciguar las ansiedades, para poner algo de ritmo donde no lo hay o para cambiar de rumbo, evitando caer de manera repetida en los mismos caminos sin salida.

La maduración personal requiere poner consciencia en nuestras acciones.

En lo personal reconozco que los intentos de parar la pelota alternan buenas y malas, pero me da cierta certeza el hecho de haber recogido algunos frutos con esta práctica.

Por momentos logro ser el técnico de mí mismo, diciéndome:

¡Bordolini, pará la pelota que para eso estás!

En otros no me encuentro dentro de la cancha.

Ya con distinguirlos, te aseguro que habrás hecho un gran avance.

No es tiempo de perder las esperanzas !

Meritocracia !

Las expresiones públicas traen a la palestra palabras para destacar, rechazar, elegir o promover determinadas maneras de organización de los sistemas políticos, dentro de una estructura social.

Fue el caso de la semana pasada donde se encendieron las alarmas a favor y en contra de este sistema de gobierno, que se entiende está basado en el mérito.

Primero vamos a definir algunas acepciones que sirven al contenido, para después plantear distintos escenarios posibles.

Meritocracia, según el diccionario de nuestra lengua española, se define como un sistema de gobierno en donde los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales para cubrirlos.

Un modelo meritocrático es un principio o ideal de organización social que tiende a promover a los individuos en los diferentes cuerpos sociales: escuela, universidad, instituciones civiles o militares, mundo del trabajo, administraciones, estado, etc. según su mérito (aptitud, trabajo, esfuerzo, habilidades, inteligencia, virtud) y no según su origen social (sistema de clases, riqueza o relaciones individuales (sistema de amiguismo).

Desde la antigüedad tanto en las culturas orientales como occidentales se ha propendido a este sistema de valoración para gobernar.

¿Qué es un mérito?

La distinción de la palabra nos muestra dos posibles significados emparentados:

  • Derecho a recibir reconocimiento por algo que uno ha hecho.
  • Valor o importancia que tiene una cosa o una persona.

¿Qué es un merecimiento?

De nuevo valen dos posibles acepciones:

  • Hecho de merecer algo.
  • Derecho a recibir reconocimiento por algo que uno ha hecho.

Hurgando en profundidad, tener mérito para algo o recibir el reconocimiento por nuestras acciones dependen de un juicio que puede ser fundado o infundado.

Un juicio se funda en:

  • Un dominio o ámbito sobre el cual me estoy refiriendo, por ejemplo «nivel de conocimiento» , acotado por un espacio de tiempo.
  • Hechos o afirmaciones que avalen esto mediante una escala definida, por ejemplo haber sacado notas altas en los exámenes en ese período.
  • No poder afirmar hechos en contrario respecto de la aseveración anterior, es decir no contar con exámenes reprobados sin recuperar en ese lapso.

De lo expuesto podemos decir que si un estudiante saca buenas notas según la escala aprobatoria en un lapso de tiempo prefijado, a hecho méritos para aprobar la materia.

En el plano personal cuando alguien necesita someterse a una cirugía concurre a una clínica, evalúa los antecedentes del profesional médico que lo va a operar, revisa el historial de la institución respecto del éxito o fracaso de ese tipo de intervenciones y hace otra serie de comparaciones que estén disponibles para decidir.

Alguien dirá que no es el caso de los que tienen que recurrir a un hospital público ya que no tienen los medios económicos para elegir donde operarse.

En ese caso también se trata de un juicio que puede o no ser fundado ya que quizás el historial del hospital público sea superior en éxitos al de la clínica privada o no.

En cualquier caso, el sistema de méritos vuelve a participar porque se supone que existe por encima de todo el sistema de salud, un estamento de gestión a cargo de alguien con méritos suficientes como para diagnosticar los desequilibrios y asignar recursos para corregir la situación.

Como muy a menudo las cosas no son blanco y negro, además interviene en todo momento el factor suerte.

Imaginemos por ejemplo una persona con todos los méritos o valores para adquirir notoriedad pública. Hizo una carrera brillante en medicina, se esforzó sobre manera y sin embargo no ha pasado de ingresos modestos y escaso reconocimiento público.

Imaginemos ahora a un profesional menos brillante según la escala de valoración universitaria, que ejerce de manera modesta como profesional. Un día caminando por la calle, le toca salvar la vida del Presidente de la República que acaba de tener un infarto en el medio de la calle, mientras circulaba con su vehículo. A él le toco la buena fortuna de que el auto presidencial se acercara a la vereda, se pidiera auxilio, acudiendo él como médico a practicar las tareas de reanimación y lograra recobrar su vida. Es probable que este giro del destino, si es bien aprovechado por este profesional se torne en un factor decisivo para adquirir notoriedad , prestigio , impulsando su carrrera con nuevos bríos.

Interviene otro juicio que es el definir claramente que es tener buena o mala fortuna. Resulta claro que por más que pretendamos no hacerlo, estamos valorando de manera constante y rutinaria aún sin tener intención acabada de hacerlo.

«En cada acto o decisión consciente de nuestras vidas estamos dando valor a algo para decidir, siendo esto parte de nuestra libertad».

Por ejemplo, si yo no quiero trabajar, es probable que está dando preponderancia al ocio la diversión u otra faceta de mi vida.

De nuevo sobreviene el juicio de si esta conducta otorga méritos o no para decidir si una persona no apegada al trabajo, aún siendo profesional puede por ejemplo ser Rector de una Universidad.

Una cuestión más general podría ser preguntarnos acerca de quien eligió a su compañero de vida por los méritos, haciendo un juicio fundado acerca de su salud, ingresos, estatura, fuerza física, nivel de conocimientos, capital, y otras condiciones que garantizarán la convivencia y bienestar común. Es probable que alguna de estas variables haya influido, pero con seguridad haya intervenido en la decisión cuestiones alejadas de la objetividad, tales como el amor, el reconocimiento, la intuición y las emociones más diversas, que nos impulsan a elegir sin sopesar todos los méritos.

¿A dónde quiero llegar con todo esto?

¿Los méritos son necesarios como escala de valoración para organizar todos nuestros sistemas individuales y de convivencia?

La pregunta antagónica es:

¿Todos los ámbitos de nuestros esquemas de decisión personal y de gobierno del tipo que sea, públicos y privados deben ser elegidos sin ningún esquema de méritos?

¿El acceso a determinados estructuras se debe basar sólo en el mérito o existen otros mecanismos de valoración?

Crear un sistema absolutista basado sólo en el mérito puede ser muy peligroso, llegando a extremos innecesarios. Por caso a nadie se le ocurriría propender a que los sistemas de salud necesitan valorar si a una persona a la cual se atiende por problemas físicos se le administrará más o menos medicinas disponibles de acuerdo a cuán lejos esté de su expectativa de vida. Del mismo modo asumir que una persona que no tiene los medios económicos suficientes para acceder a la educación, implícitamente no posee asimismo los méritos intelectuales para estudiar y desarrollar habilidades, por lo que no genero mecamisnos adecuados para que pueda acceder.

Considerar un sistema alejado del mérito, del reconocimiento al valor de los esfuerzos, compromisos, y habilidades adquiridas puede ser del mismo modo muy dañino, porque en ese caso no existiría la posibilidad de acceder a herramientas de juicio fundados para ver quien puede desarrollar actividades que requieren un conocimiento específico y muy preciso en muchas áreas tales como la medicina, la economía, la gestión privada y pública, la tecnología, la ciencia, sólo por citar algunos ejemplos concretos.

Como en tantas ocasiones sucede, vivir meritocráticamente o demoliendo todo valor, son extremos donde nos podemos sentir más o menos cómodos por nuestra manera de ser, nuestra educación, nuestra suerte en la vida, o profundos prejuicios o paradigmas arraigados en nuestro pensamiento.

Lo que opino que une ambas puntas es la educación integrada en valores de convivencia que nos permiten generar no sólo méritos individuales sino de grupos, equipos que persigan propósitos comunes y compartan creencias que posibiliten el desarrollo humano y social.

Cada uno de nosotros posee valías en determinadas áreas de nuestro desarrollo personal. Usar esas herramientas para crecer, servir, ayudar y acrecentar posibilidades es muy deseable.

Del mismo modo desdeñar a los que no las poseen en esos ámbitos, pero si en otros que no son de nuestro interés o no están dentro de nuestro radar no colabora para la construcción de una identidad social común.

Los antagonismos mérito o no mérito, son sólo espejos que nos devuelven visiones distorsionadas y no siempre aplicables a la hora de decidir.

La clave quizás sea aprovechar el mérito, generando al mismo tiempo condiciones para que sea beneficioso de manera social y cultural.

Resulta difícil el equilibrio, aunque no intentarlo nos puede dejar en veredas tan opuestas separados por una distancia tan irreconciliable , que provoque que paradójicamente no exista más el valor, eliminando por completo la dualidad mérito – no mérito.

Esperemos que así no sea !

¿Qué nos pasa Maestro?

El onceavo día de cada septiembre celebramos el día del Maestro. Por lo general las actividades se organizan en torno a festejar la vocación de enseñar, poniendo en el centro de la escena a los queridos maestros.

Para los niños se trata de un día especial. Se siente la necesidad de homenajear a los docentes que están al frente de las aulas, ya que aquellos no sólo los forman en conocimientos, sino que además complementan la educación que reciben en el seno de las familias, ayudando en su contención social y emocional.

Las escuelas primaria y secundaria constituyen los grandes basamentos donde se construyen los lazos sociales, comunitarios y educativos, siendo la función pedagógica que desempeñan los educadores una pieza clave para que este proceso sea exitoso.

Al maestro lo acompaña o sostiene un sistema educativo compuesto de estamentos públicos, privados y mixtos, que facilitan sus tareas, brindando los recursos necesarios para que prospere y se desarrolle de manera continua.

No es mi intención hacer una evaluación acerca de si los recursos son suficientes o escasos, porque no cuento con la información estadística para emitir una opinión válida al respecto. Por otra parte, la realidad es distinta según el estado, provincia o municipio de qué se trate.

Lo importante es destacar que este «Día del Maestro» se vivió dentro de un marco diferente, como resultado de las limitaciones impuestas por el aislamiento decretado a raíz de la pandemia.

Dentro de esta crisis del Covid, algunos países han decidido volver a cierto volumen de clases presenciales desde la perspectiva de qué esta enfermedad, no afecta a los más pequeños. Acompañan esta decisión protocolos estrictos que se han combinado con medios digitales y clases virtuales, conformando un sistema que funciona dentro de pautas razonables.

En el mismo contexto, quizás dentro de otros estadíos de la pandemia, un número de países aún no han decidido volver a clases presenciales, organizando todo a través de medios virtuales. En ese conjunto aparece nuestra República Argentina.

La deficiencia de acceso a internet, la falta de medios tecnológicos en los hogares, escuelas y docentes, hacen que este último sistema no opere de la mejor manera ya que no llega a todos los alumnos, o bien en el mejor de los casos lo hace con inadecuada calidad.

Las clases virtuales se ven interrumpidas, son reprogramadas, provocando un esfuerzo sin igual de padres, docentes y alumnos.

No tener clases presenciales se ha naturalizado. Las declaraciones de funcionarios con responsabilidad dentro del sistema educativo no presagian que durante este año se vuelva a las aulas.

Haciendo una comparación, las actividades económicas se han permitido hasta un cierto punto porque son vitales para sostener los engranajes en marcha. Algunas ciudades vuelven a un aislamiento más acentuado cuando los contagios por covid se incrementan, pero mantienen siempre cierto nivel de actividad.

Sin embargo, parece que la mirada puesta en la educación no hace foco al menos en los resultados que se obtendrán en este año escolar, es decir no se está dimensionando la real efectividad de los mecanismos que estamos utilizando para reemplazar las clases presenciales.

Siendo la educación un pilar fundamental de la construcción de una sociedad, la pregunta concreta es porque nos estamos conformando con un año escaso de contenidos, sin propuestas para cambiar o combinar otros esquemas para fortalecerlo.

Un extraño día del maestro, con poco contacto, regalos, inmersa en un contexto donde el devenir no resulta sencillo, provocando que la educación este resentida, menguada, limitada.

¿Nos está ganando el conformismo con esa situación?

Un año donde la brecha entre los que cuentan con medios tecnológicos y los que no se hace tan palpable y evidente a la hora del acceso a los contenidos, nos tiene como espectadores de una actividad educativa que parece no importar del todo cuando se va a normalizar por completo.

En lo personal esperaba este 11 de setiembre una mayor repercusión mediática, un debate más profundo acerca de que necesitamos corregir para empezar a ganarle la pulseada al tiempo, recuperando este año escolar.

¿Hemos asumido que no se puede hacer nada más?

Me cuesta creer que hayamos generado protocolos para poder trabajar de manera presencial y aún no hayamos copiado protocolos de otros países donde se ha combinado la virtualidad y la actividad presencial para generar un sistema educativo más eficiente dentro de este contexto.

Más de ciento ochenta días las aulas estuvieron vacías. El día más emblemático de nuestro sistema educativo fue uno más dentro de este contexto.

¿Se puede sostener esto mucho tiempo más?

¿Podemos repensar en otras maneras o estrategias de reforzar nuestra educación?

La pandemia nos ha dejado perplejos en determinados aspectos. La perplejidad nos ha llevado a pensar sin lugar a dudas que asegurar la salud de nuestros hijos y de nosotros, nos impide pensar en cómo recuperar el tiempo educativo perdido, organizando otras formas de llegar a donde no estamos llegando con los contenidos.

La disponibilidad de las vacunas, que algunos vaticinaban para fines de este año, se ha corrido al menos y con suerte para los primeros meses del 2021. La OMS está alertando que será para el año 2022.

Considero que tenemos tiempo suficiente para buscar nuevos métodos, formas, maneras, medios para reencausar la educación de niños y adolescentes ya que la no presencia de una vacuna eficaz no nos podrá garantizar inmunidad en el corto plazo.

No creo que debamos seguir postergando el debate y la discusión de qué vamos a hacer para lograr una mejora palpable de las condiciones en las que estamos educando en ocasión de esta pandemia.

Primero tenemos que considerar que educar de manera parcial o deficiente no es un hecho menor al cual debamos acostumbrarnos.

Nuestros niños y adolescentes, al menos con los cuales tomo contacto, no están felices estando alejados de los colegios e instituciones que los educan, donde socializan, tienen amigos y construyen lazos humanos sólidos y permanentes.

Cuánto tiempo más vamos a demorar el pedido generalizado de revisión de la manera en que estamos educando en la pandemia.

Este 11 de setiembre quiero saludar a nuestros profesores, maestros, auxiliares, directivos y a todas las personas con vocación y espíritu docente.

Mi homenaje para todos ellos que están trabajando en este difícil momento, con los escasos medios disponibles.

La economía, los bancos, el estado, las instituciones tienen que funcionar y operar sin lugar a dudas. Para eso hacemos protocolos sanitarios y nos cuidamos.

¿Qué podemos hacer para relanzar nuestro sistema educativo?

Necesitamos generar respuestas antes que la educación se vea muy golpeada.

Volviendo al título y sin una alusión directa o responsable de los maestros, te pregunto:

¿Qué nos tiene que pasar Maestro?