Los Instructores, Los Instruidos.

A fines del año 1986 terminé mi secundario de 6 años y me gradué como Bachiller Nacional y Perito Mercantil. Con mis dieciocho años cumplidos en junio, a fines del ese mismo año, me inscribí en la carrera de Ingeniería Química y aprobé el curso de ingreso desarrollado entre  febrero y marzo de 1987. Estaba con muchas ganas de comenzar mi carrera, pero como había resultado sorteado para llevar a cabo el servicio militar, una vez culminado el ciclo introductorio, hube de presentarme para emprender ese ciclo de entrenamiento militar, el cual duró siete meses y once días, ya que me fui en la primer baja de ese año.

El soldado clase 68 Marcelo Bordolini , como necesite reconocerme durante ese período de mi vida, cumplió  servicios en el Regimiento de Infantería Aerotransportado 14,  Compañía Comando y Servicios, la cual estaba destinado a personas con determinado nivel de formación, y su función era triple, ya que además de recibir entrenamiento como soldado , y luego como paracaidista, nos formaban como operadores de lanzamiento con morteros de 120 mm. Dicho Regimiento se encuentra en el camino a la Calera, en las afueras ahora ya cercanas de Córdoba, agrupado con un conjunto de Regimientos que conforman una nutrida Unidad Militar.

Quiero detenerme en los primeros días de vida castrense, cuando  hube de aceptar que tenía que cambiar la paz y relativa libertad de la quinta, por los horarios y férrea disciplina del régimen militar. Durante el primer mes no entendía el porque de muchas cosas, y sufrí bastante el proceso de adaptación;  de a poco, decidí que la manera más fácil de superar la prueba era alinearme con la nueva escuela, aprovechando al máximo el entrenamiento y la instrucción que nos daban.

La primera formación como soldado incluyó unas tres semanas de permanencia en carpa por parejas de soldados, en un campo militar, donde practicamos un montón de cosas, de las cuales recuerdo el gran esfuerzo físico y mental que significaba llegar al fin de cada jornada.  Rememoro asimismo lo que fue sentir que el alimento era insuficiente para cubrir todo lo que hacíamos. Recuerdo a mi mamá, mi papá y una prima más grande visitándome, durante el primer fin de semana autorizado; mi alegría de degustar junto a un compañero una torta casera y una botella de gaseosa, las cuales duraron menos de un segundo, fue uno de los grandes hitos de esa etapa.

La segunda formación, esta vez como paracaidista, fue aún más intensa, demandó un mes, y fue demoledora desde el punto de vista de la exigencia diaria, ya que entrenábamos una vez concluido el desayuno, comenzando con una corrida marcando el paso por unos 10 kms, equipados con mochila y fusil, sumando varios kilos de peso; acto seguido  práctica de salto, desde un viejo fuselaje colocado a 15 metros para ejercitar la caída libre. Resultaba relevante entrenarnos en lo que se llamaba el aguante, que es la posición para recibir el suelo y soportar ese golpe, ya que el paracaídas dejaba de sustentarte varios metros antes de tocar tierra. Llegaba el almuerzo, el cual devorábamos, para dar lugar por la tarde a distintas actividades físicas para mejorar nuestra capacidad aeróbica.

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Ya siendo paracaidista, y habiendo saltado varias veces desde los Hércules preparados como plataforma de lanzamiento, sobrevino el tercer entrenamiento que fue mucho más pensante , ya que estaba vinculado al lanzamiento de proyectiles con morteros. Se eligió un grupo de soldados, en teoría los más destacados y con mejor formación en Física. En este caso en particular recuerdo dos instructores que se hicieron bastante cercanos a nuestro pequeño equipo de unos doce soldados seleccionados. Me refiero al responsable del curso Teniente Ferraro, y el operador de mortero Sargento Primero Ríos. Ellos trabajaron con denuedo para sacar de nosotros lo mejor, en esto de hacer cálculos de caída libre, verificar la influencia del viento y tener en cuenta las condiciones meteorológicas para efectuar el disparo del proyectil que tenía un alcance de unos 20 kms. A los cálculos seguían los lanzamientos reales, la corrección luego de los primeros tiros, la colocación de proyectiles, la limpieza posterior, el guardado del equipamiento y numerosas actividades más, cada una con un procedimiento y sello distintivo. Varios lanzamientos fallidos, algunos no tan lejos del objetivo, y unos pocos casi en el blanco, allá lejano, lo cual disfrutábamos como un gran triunfo. Allí estaban nuestros instructores, para sostenernos en las malas y equilibrar la alegría del éxito, para que no se transforme en desmedida euforia.

De esta última y enriquecedora etapa me quedó grabada a fuego la importancia, marcada por los instructores, del trabajo sincronizado en equipo, de los valores que teníamos que profesar, de nuestro compromiso, de relevarnos y apoyarnos en los malestares, de aprender de los errores, de no creer que ya lo sabíamos todo. Pensarnos como un equipo a cada  momento, para lograr que la cadena fortalezca el eslabón más débil.

Distingo ya desde aquella instancia la importancia de que existan instructores e instruidos, que se respeten como tales, que se pongan objetivos comunes, que tracen un plan a dónde ir, a dónde llegar, en la disciplina del aprendizaje común y conjunto. La relevancia de que existan personas con vocación de enseñar, de brindarse al otro, de mostrar el camino, quedando como reserva de conocimiento, pero sobre todo de actitud y perseverancia. Aprecio que sin marcada vocación y un  corazón puesto a medias en lo que uno instruye o enseña, el proceso puede ser bastante racional pero le faltaría ese condimento esencial, para que la relación instructor- instruido fluya, rindiendo frutos maduros y  finamente acabados.

Este ojito de cerradura, nos invita a vivir de nuevo el proceso de instructor-instruido, del cual hemos formado parte, en cualquiera de los roles que nos tocó,  nos toca,  o nos tocará , para reconocer en ellos las cuestiones esenciales y virtuosas que nos guiarán al éxito. Verificar que el camino del aprendizaje pasa por varios estadíos nos facilita las cosas; el equilibrio entre conocimiento, habilidad y actitud para poner ganas de aprender, son la columna vertebral que sostiene el edificio más alto, y de seguro significativo de la condición humana: la ignorancia en muchos ámbitos y aspectos que tenemos que reconocer a cada instante.

Se me ocurre que ya es tiempo de preguntarnos:

–  Cómo estás siendo en este desafío instructor-instruido?

Ese estar siendo, que no es inmutable, puede ser mejorado, enriquecido, si damos autoridad a otros maestros, si nos reconocemos limitados, para de esta forma  sostener nuevos procesos, con un soporte incrementado, captando de ellos esa fibra que los mueve, la vocación sublime de entregarse a la enseñanza.

Aceptarnos ignorantes es clave, nos permite abrirnos a las recién llegadas experiencias, no sintiendo la desventura de soltar lo viejo, sino disfrutando la positiva emoción de tomar lo nuevo, como un baño con agua fresca en el verano.

Yo me imagino en el avión preparado para saltar…..

Ya tengo mi paracaídas preparado……

Dónde te imaginas vos?…….

 

 

 

 

 

 

Para qué Trabajamos?

Educado en la cultura del trabajo, visualicé desde niño a mi madre, a mi padre, a mis tíos, ejerciendo tareas diversas por doquier. Mi Mamá Ana dedicada a las arduas tareas domésticas, en épocas donde no abundaban los modernos electrodomésticos; las actividades físicas de lavar, planchar, cocinar, limpiar la casa, atender los hijos, a mi Papá y mis Tíos, requerían poner el cuerpo realmente. Mi Papá de profesión contador, trabajaba por la mañana en una compañía de seguros y por la tarde desarrollaba tareas en su estudio contable. Mis tíos trabajaban sacando a la tierra sus frutos, arando, sembrando, cosechando,  repitiendo ese ciclo una y otra vez, criando animales para comer , chanchos, gallinas y conejos. No éramos ni pobres, ni ricos. No puedo clasificar aquel nivel y calidad de vida dentro de las categorías actuales, ya que no me resultan comparables. Sólo puedo decirte que vivíamos en un bienestar palpable, ya que cada uno de los adultos mencionados vivían armoniosamente, sin que hubiera escasez de ningún sustento necesario. Los niños recibíamos educación, y por encima de todo, un cariño especial, ese amor de convivir con padres , tíos , recibiendo todos los Domingos en la quinta a varios familiares, para el extendido y acogedor almuerzo dominical.  Un día pleno de juegos, aventuras, bullicio y diversión para todos los primos presentes.

Luego de volver del colegio, completadas las tareas escolares,  habiendo recorrido distintos lugares de la quinta, descubriendo mis preciados tesoros, buscando mi equilibrio subido a mi acogedor árbol de paraíso, quedaban algunas horas del día cuando por lo general nos encargábamos de buscar alimento para los animales de la granja. Nos encaminábamos al alfalfar, para cortar ese preciado sustento y alimentar a los conejos, o bien a desgranar maíz para darselo a las gallinas, o a los cerdos. Llevábamos a cabo esas tareas con suma alegría, porque de alimentar bien a los animales, dependía de que tuviéramos carne, huevos, y pudiéramos producir durante el invierno chacinados tales como salames, chorizos, panceta y otros derivados del cerdo.

A partir de esta breve reseña de qué significaba el trabajo en donde nací y me desarrollé,  puedo explicarte porque resulta natural para mí vincular la palabra trabajo  con una cultura y una manera de ser y vivir en Comunidad. Cada pieza del engranaje se movía de manera complementaria para qué la rueda girara. El movimiento no era forzado, resultaba naturalmente aceitado porque se hacía para cubrir necesidades de subsistencia, pero además porque si cada uno no hacia lo suyo, el mecanismo no engranaba y por lo tanto algo quedaba fuera del plato.

Ejecutar las tareas significaba encontrar un sentido diario a la vida, lograr utilidad en el devenir de la existencia, aprender y re-aprender lo aprendido, encender cada día el ciclo de las manos laboriosas. Resultaba placentero y creativo trabajar. Numerosos jornadas había que improvisar nuevos escenarios, idear nuevas soluciones porque el clima, porque el sol, porque los animales, porque……., pero lo más revelador es que casi siempre adultos , jóvenes y niños sabíamos para qué hacíamos lo que hacíamos.

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Para qué trabajamos? Es una pregunta que me acompaña desde que percibí el trabajo en sus distintas y variadas dimensiones. Es una cuestión  que me surge naturalmente,  es lo primero que tenemos que dilucidar, cuando aparece un nuevo desafío, cuando emprendemos un proyecto, cuando nos vemos rodeados de personas con las cuales nos sentimos unidas por la tarea.

Para responderla debo congregar en mi cabeza los más variados puntos de vista, y del singular Para qué trabajo?, pasar a la pregunta más inclusiva y abarcativa, en pos de definir un sentido común del trabajo en la organización, en la empresa, o el ámbito laboral donde pasamos varias horas preciosas de nuestras vidas.

Trabajamos para desarrollarnos, por dinero, porque no queda otra, para aprender, porque es un mandato social, porque es parte de nuestro bienestar, porque es una cultura, y algunas veces no sabemos ni para qué ni por qué…….

Podemos trabajar comprometidamente todos los días, pero se me ocurre que si no encontramos sentido a lo que hacemos, ese propósito que nos vincula no sólo con nosotros mismos, sino con la visión de comunidad dentro de una empresa, de una organización, de un estamento público, no estaremos sumando para nuestras vidas ese plus distintivo que excede al salario, a la renta empresaria, al crecimiento, al conjunto de visiones y puntos de vista que enumeramos cuando respondimos la pregunta.

Este bocallave nos mete de pleno en una cuestión esencial. Te invito a mirar por él para encontrar para qués comunes, inclusivos, desarrolladores de personas; ellos nos permitirán emprender nuestras tareas conviviendo en bienestar y armonía, pensando y sintiendo emociones positivas, obrando en pos del bien común.

Crear nuevas realidades, bucear en las oportunidades del trabajo en Comunidad, sea cual fuere ella, pero donde nos sintamos orgullosos de pertenecer, donde encontremos real sentido en lo que hacemos , es una elemento sustancial para mirar hacia el futuro. El trabajo del individuo que deja de lado la pregunta Para qué trabajamos? tiene una vida cada vez más corta, el consumir preferentemente antes de….. es cada vez más acotado, no alcanza a llegar el producto a la góndola…..

No hay más preguntas para hacernos. 

Responder la cuestión central que hoy te traigo, es un desafío que muchas organizaciones demoran años en responder…..

Parece simple pero hay tanto para decir…..

Las respuestas genuinas y decididas a esta pregunta, con raíces en el pasado, fundamento en el presente, pero por sobre todo garantía de un futuro en Comunidad,  son esenciales. Cuando más rápido caigamos en la cuenta de que necesitamos responderla, más fácil será romper viejos paradigmas,  transitar hacia una nueva era, sentirnos mejor,  trazar renovadas metas y estar motivados para lo que nos toque afrontar.

Sólo tengo mis respuestas, necesito de las tuyas, de tu compromiso, de tu actitud…..

Por favor, te pidos nos digas…..

Para qué trabajamos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Matices

Mientras leo titulares de periódicos y publicaciones en internet, no deja de asombrarme que la deriva de la historia de la humanidad, nos termina posicionando en posturas muy definidas de blanco y negro, de derecha o de izquierda, islam o cristianismo, de conservadores y liberales, de estas a favor o estas en contra. Percibo que son pocas las voces moderadas, equilibradas, a la hora de emitir opiniones, de fundamentarlas, de fijar posiciones.  Los hechos concretos se muestran distorsionados, e incluso se transforman en materia opinable, dependiendo de la posición o el grupo de pertenencia, a veces mostrando positivismo donde concretamente no lo hay y viceversa.

Estos refugios de pensamiento, donde casualmente se trata de buscar la salida fácil para no poner real conciencia, nos han sido útiles a lo largo de nuestras vidas para no desarrollar nuestra visión crítica. Estar en esta zona de no discusión, donde nos sentimos cómodos y fortalecidos,  nos permite que lo que queda fuera del círculo, no nos afecte, es sólo la contrapartida aislada del bien que profeso.

Está claro que cultura, esa palabra que usamos para describir cómo hacemos las cosas, tiene una vinculación directa con los valores que encierra, tales como compromiso, solidaridad, amor, trabajo, familia, justicia, inclusión, y si bien en una sociedad definida existen visiones compartidas de qué entendemos cuando nos referimos a ellos, numerosas veces, las definiciones se hacen muy personales y arbitrariamente únicas. Pequeñas diferencias respecto de qué entendemos unos y otros, respecto de conceptos básicos de convivencia, al no poder dirimirlos nos llevan necesariamente al preciado mecanismo defensivo, de buscar asilo en esa zona donde vemos en blanco y negro, donde desaparecen esas diferencias que no podemos gestionar. Esta zona nos equilibra emocionalmente, ya no sentimos la agresión, y no tenemos la necesidad de pensar en nada. Pensar en nada, sólo en nada, como escribe una canción.

Tenemos distintos grados de habilidad para comprender que somos capaces de observar de manera distinta. Somos observadores que usamos nuestros propios lentes para ver la realidad,  por lo tanto teñimos con nuestra conciencia, y más complicado aún con nuestros propios paradigmas y mapas mentales, lo que vemos o percibimos de algún modo. Desarrollar esta habilidad de interpretarnos como diferentes, ni mejores ni peores, incluyendo en esto dar autoridad a quienes han desarrollado filtros especiales, respecto de su conocimiento y experiencias en temas particulares, nos posiciona en un lugar menos confrontativo, más relajado, y con menor gasto de energía.

Los matices multicolores, a los cuales prefiero no llamar grises, están al alcance , se pueden visualizar si nos entrenamos para descubrirlos, para no borrarlos con un delete de nuestro software personal.  En la adecuada gestión de los matices, se encuentra gran parte del secreto que nos permite salirnos del devenir histórico, que nos posicionó tantas veces como enemigos, como amigos, y que no nos permitió muchas veces sentar las bases para generar una sociedad más inclusiva.

Las reglas de convivencia son esenciales para los órdenes de nuestra vida, donde nos desenvolvemos: lugares públicos, el trabajo, la familia, el club, órganos de gobierno, etc, etc. ;  no encuentro útil romper esas bases de sustentación, aunque es a menudo provechoso,  revisarlas para luego redefinirlas. En general a lo que hago referencia es a todo aquello, que no está escrito ni definido como una regla, y sólo depende de nuestro comportamiento individual y social, de cuán capaces somos para encontrar y validar a los otros. Aceptar los matices,  las distintas formas de ver las cosas, nos puede llevar inicialmente a una situación de intranquilidad personal, aunque a la larga nos permitirá incluir mayor cantidad de pensamientos y opiniones, los cuales nos enriquecerán.

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Los matices en el ámbito del trabajo  es habitual que devengan naturalmente, porque es común compartir  la pregunta: cómo solucionamos esto?, cómo encaramos este proceso?. Normalmente las voces son escuchadas, independientemente de la posición y del rango, en esto de buscar los consensos para hacer las cosas de determinada manera, buscar la cultura que nos define. Transitar el camino para obtener resultados, lograr un adecuado funcionamiento del equipo de trabajo, nos obliga necesariamente a ser multicolores.

Si nos remontamos a otros ámbitos, mucho más personales, tales como la familia, la política, la religión, el deporte, la cuestión se hace más ardua y difícil, y los mentados consensos que incluyan la más amplia gama de miradas, no son tan fáciles de conseguir. En los ámbitos donde más personales somos, es donde sentimos más confortable ubicarnos en esa zona donde la variedad de colores desaparece. Nos sentimos protegidos de alguna manera, en nuestra religión, nuestras instituciones familiares y sociales, nuestra cultura occidental, nuestro partido político.

Seguro ya miraste por este bocallave, y advertiste la amplia gama de colores, que hay dentro de la habitación; ahora te invito a que mantengas esta distinción en la mayor parte de los ámbitos donde te toca vivir. Mi experiencia personal, es que esta habilidad, necesita ser entrenada día a día, porque venimos de miles de años, donde a la larga o a la corta, hemos encontrado refugio, en aquel lugar donde desaparecen los claroscuros, y nos quedan sólo dos colores entre los cuales elegir.

Te pregunto y me pregunto:

  • Cómo te sentís con los matices?
  • Validas otras opiniones?

No es tarea fácil reconocer a los otros como auténticos otros, escuchar opiniones contrarias a las mías, y buscar el consenso necesario para avanzar con aquellos que no piensan como yo.

Quizás pensemos distinto en los extremos, pero si distinguimos los matices, quizás concordemos en algún punto de la amplia paleta de colores, y desde allí acercar los extremos al medio, al equilibrio,  a la puesta en sintonía, buscando el tan preciado bien común.

Te invito a ponerlo en práctica…..

A ver la vida a través de una extensa variedad de lentes…..

Los tuyos, los míos, los de los otros……

 

 

 

 

 

Tu Equilibrio

Desde pequeño me sentí profundamente atraído por el concepto de libertad. Nacido y criado en una quinta provista de numerosas vías de escape, habitualmente caminaba, observaba, y procuraba por todos los medios encontrar cosas nuevas, ansiados descubrimientos en la naturaleza, en las hojas, en el viento, en el agua, en la escarcha, en los pájaros, en los reptiles. Allí andaba yo entre los árboles, las plantaciones diversas, el maizal, los senderos, la tierra seca o húmeda,  y me sentía libre de infinito albedrío que atesoraba en mi interior.

Luego de mis mañanas en el colegio, almorzaba con mamá, hermanos y tíos, y una vez llegado mi papá de su trabajo en la ciudad, lo saludaba y lo acompañaba en su comida; a posteriori, para qué dormir la siesta? si era la tarde la que me procuraba ese infinito regocijo del explorador.  Dependiendo de la estación, salía más o menos abrigado, no olvidando mi sombrero de tela, una cantimplora con agua de lluvia del aljibe, y mis bastante gastadas zapatillas de aventurero. Salía a disfrutar de lo que se me presentaba; en primavera era común me detuviera un largo rato en el alfalfar, bellísimo con sus flores pequeñas y azuladas, imanes de numerosas variedades de mariposas, de amplia gama de colores y tamaños. Volaban y danzaban al perfume del alfalfar, mientras mis ojos captaban atónitos su fragilidad y su encanto.

Mis actividades de niño explorador, duraban de  cuatro a cinco horas, en las cuales me proveía de la quinta, y de sus riquezas, para degustar por ejemplo, una zanahoria fresquita recién arrancada del suelo, que comía previa limpieza en el pantalón; o varias plantas de hinojo silvestre, sabroso e intenso. Moras, higos, duraznos, ciruelas, habas, damascos, completaban la provisión de verano, y fundamentalmente nueces en el otoño- invierno.

Cuando descubrí el encanto de la pesca, una vez que mi padrino Armando me regalara una caña de pescar de bambú,  entonces agregué a mi derrotero, las represas y canales de riego, donde pescaba bagres, dientudos, mojarras y anguilas,  las cuales me causaban mucha impresión.

Entre paseos, caminatas, observaciones de pájaros, iguanas, serpientes, lagartijas, sapos, ranas, y con Pipo mi perro que casi siempre me acompañaba, discurrían mis tardes, a veces en soledad, otras veces en compañía de amigos, muy a menudo feliz, con esa sensación de libertad plena, de ese tiempo donde mis decisiones me pertenecían. Esos momentos preciados, y aprovechados al ciento por ciento, era mi portal hacia el bienestar y a una situación emocional placentera que ahora distingo como EQUILIBRIO.

Una vez agotadas mis energías, de tanto caminar, recorrer, investigar y procurar ver más allá de lo que podían mis ojos, me esperaba a mitad de camino hacia nuestra casa, un hermoso árbol de paraíso, que había crecido  recio y frondoso al borde de una canaleta de riego. Me subía fácilmente al mismo, parecía hecho para mí. Sentado sobre una gruesa y confortable rama, apoyada mi espalda en una horqueta,  me quedaba charlando conmigo mismo, al menos por espacio de media hora.

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Este santuario árbol, me dio cobijo y frescura por espacio de muchos años, y mis pensamientos y conversaciones debajo de sus hojas, me daban calma y tranquilidad. Su acogedor encanto me permitía mantener mis conversaciones sin muchas vueltas. Hoy caigo en la cuenta, de que me posibilitaba estar más cerca de mi equilibrio emocional, más cerca de perdonarme y perdonar determinadas cosas, me alejaba de mi tormenta de expectativas. Su oxígeno sacaba lo más profundo de mí y me lo devolvía a flor de piel, y hacia lo más recóndito de mi corazón, como gotas de lluvia en una tórrida tarde de verano. La música que generaba el viento acariciando sus ramas, era el marco ideal para soñar, pensar en crear y trazar planes para mí.  

Durante esos años descubrí como salir afuera de mí, para divisarme como un reflejo, para escudriñar mi real e imperfecta condición humana. La costumbre de refugiarme en este santuario de espiritualidad me acompaña hasta estos días, y fue migrando desde ese árbol amigo, a la lectura de una novela, o a estar sentado por las tardes mirando el horizonte, dejando que fluya la vida, y dancen las emociones hasta cansarlas, para llegar a un estado de ánimo ligado a la serenidad y el equilibrio.

Ven conmigo,  sólo sintiendo el latido de tu corazón,  respirando honda y acompasadamente; acércate despacito a este bocallave, para  que podamos encontrarnos con nosotros mismos, con nuestra esencia , nuestro equilibrio personal. Libérate de tus pensamientos, deja que tus emociones afloren, y busca armonizarlas en tu cuerpo, para que en ese santuario elegido y profesado , te devuelva la paz y la serenidad, para seguir adelante y recobrar las energías,  justo ahí en tu centro.

El ruido del mundo exterior desaparecerá,  poco a poco tu ruido interior se irá aplacando, para dar paso a la música que te define, esos compases que te equilibran y te brindan la calma necesaria, para ser y convivir…….

Entonces me pregunto y te pregunto,

  • Ya tienes tu santuario?

Si la respuesta es afirmativa,

  • Con qué frecuencia lo visitas?

No puedo poner en palabras lo que extraño mi árbol paraíso, ese que recibió mis lágrimas, y recogió mis sonrisas, ese que me escuchaba sólo moviendo sus ramas, al ritmo de su amigo el viento…….

En esto de buscar el oxígeno necesario y de mejor calidad que te permita respirar mejor, encontrarte más libre, practicando tu humanidad sin las cadenas de tantos mandatos, sociales, familiares, laborales, o de cualquier tipo,  sólo basta un espacio del día, tu propio comodín de unos pocos minutos, para sentir que se siente ser uno con uno mismo…..

Saboreo de nuevo la inmensa calma de mi Paraíso, y pateando el tablero  al inicio de ese breve lapso de tiempo del cual hablamos, recojo las piezas y las acomodo nuevamente en mi interior, para ser de nuevo ese Adulto, que reconoce al Niño, y le pone límites al Padre……

Ahora se me ocurre preguntarte,

Ya encontraste tu Paraíso?

 

 

 

 

 

 

 

Mi Palabra

Las palabras son como esa música de fondo que me acompaña diariamente. En esto de tratar de expresarlas armónicamente para que suenen como una sinfonía, discurre parte del tiempo de nuestras vidas, y si las mismas están alineadas con el pensamiento, y nos vuelcan a la acción, entonces la coherencia aparecerá como ese regalo que equilibra nuestras vidas.

Hubo un tiempo no muy lejano en donde me salían como un torbellino desenfrenado, eran parte de mi energía descontrolada, la época donde abunda de todo, y dónde la denominada adolescencia se hace presente con sus encantos a flor de piel. En esa época el poder de las palabras parecía que se esparcía por el Universo, sembrando emociones diversas por doquier, para unir y soltar piezas dentro de mí, y transformarme en un ser rebelde, inacabado e incompleto.

Era tal el desequilibrio de energía, que la etapa más entrópica de nuestras vidas discurría entre grandes alegrías y profundos desánimos. Alegría por salir con la chica que me gusta, comer un asado con amigos, salir a bailar, jugar al fútbol. Desencanto marcado por no poder divertirme más, y meterme de lleno en esto de las obligaciones tales como el estudio, ayudar por momentos  a mi padre en el trabajo, y otras menores, pero que significaban una pesada carga, muy difícil de llevar.

Quiero rescatar esa etapa de mi vida, porque dentro del remolino de sensaciones, y actividades corporales por doquier, y pensamientos que no te llevan aparentemente a ningún lado, aparecía allí como una llamita encendida, una palabra mágica que de tan especial se quedó conmigo, y la repito hasta el hartazgo: SENTIDO.

Cuando descubrí esa palabra? Es probable que cuando empecé a recibir a clases de Filosofía se hayan quedado en mi inconsciente; muchas de las preguntas que aún no podemos responder, en especial esa de Para qué vivimos? y más profunda aún, Cuál es el sentido de la Vida? 

Empezar a practicar con ella, desde la adolescencia, usándola en frases como: ESTO NO TIENE SENTIDO o ESTA BUENO,  TIENE SENTIDO, me posibilitó encariñarme con ella y buscarla en todo momento, como la piedra basal de mi equilibrio. Entonces es común que me pregunté: Esto me hace sentido?, o bien: A quien le hace sentido esto?

Tuve maestros que me me fueron asistiendo a encontrar significado al sentido, y estoy muy agradecido por lo que me dieron, reconociendo que sin ellos hubiera sido mucho más difícil. En esa lista aparecen en primer lugar Papá, Mamá, Maestros, Amigos, Esposa, Hijas, Compañeros de Trabajo, los cuales me brindaron el marco adecuado, pero por sobre todas las cosas, me registraron y me incluyeron en sus propósitos. Cuánto vale un: vas bien encaminado!!!! para una persona algo confundida. Cuánto vale un: te quiero mucho hijo!!!! para una persona que necesita amor. Cuánto vale un: muy buen trabajo!!!! para una persona que necesita ser reconocida.

En la actualidad se la expresa  a menudo como Propósito, pero me suena muy racional, y me quedo con mi compañera de viaje, SENTIDO, ya que esta me recuerda mis sentidos, que ahora sé que son mucho más que cinco, y me liga profundamente a un órgano vital que me identifica: CORAZÓN,  y a una característica esencial de mi existencia, PONER ACTITUD.

He perdido el sentido algunas veces, mas como lo tengo arraigado allí en mí corazón, no he hecho más que buscarlo, respirando profundo, conectando con él, eligiendo el compromiso que hay que elegir, para no decaer y recuperarlo tantas veces como sea necesario.

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Hoy encuentro sentido en mi familia, mi madre, mis hermanos, mi equipo de trabajo, los proyectos, mi barrio, mi escritura. Con la madurez cada vez más arraigada, he ampliado su alcance, incluyendo otros,  para llamarlo ahora NUESTRO SENTIDO.  Me he sumado al sentido de otros, y otros se han sumado al mío, y allí vamos viviendo con varios proyectos y nortes. Me he percatado de que esta mítica palabra, no está allá lejos como un objetivo a alcanzar, sino muy dentro de nosotros, ES MI COMBUSTIBLE HUMANO ESENCIAL. 

Por la mañana el sentido me sonríe, se viste conmigo y sale al mundo, para mostrarme a dónde voy, para qué vine a vivir y  sobre todo qué puedo aportar. Seguro que tengo conocimientos y habilidades desarrolladas, pero el combustible que me mueve en un rango superador se llama ACTITUD,  y emana de mi corazón inquieto y hacedor.

Bocallave si las hay, el de hoy es el director de orquesta de tus pensamientos, palabras, y acciones. Todos lo tenemos allí en algún lugar profundamente arraigado, a la espera de ser descubierto, es el ancla de tu barco que se mantiene firme en la tempestad, ES TU SENTIDO, personal y para compartir, pero profundamente tuyo e inigualable. Este preciado tesoro, nos mantiene con un significado único y especial, en esto de vivir, y convivir. Compuesto de pequeños pero grandes engranajes, nos motiva a caminar minuto a minuto en busca de…….

Tenemos el compromiso humano de ser maestros en esto de encontrar, desarrollar y hacer viable un sentido concreto para vivir, y articular una sociedad de propósitos y logros.

Por eso me pregunto y te pregunto:

  • Cuál es tu Sentido?
  • Qué quieres lograr en tu Vida?

Tus respuestas te pertenecen, a mí se me presentan visiones de mí mismo, alcanzando determinados hitos, trazando un camino y dando rienda suelta a la creatividad.

Mi respuesta es amplia y concisa a la vez, la que me impulsa a mantenerme activo y conscientemente vivo.

Mi respuesta concuerda con el nombre de mi blog: Imaginando posibilidades, accionando para vivir.

Tú: Ya tienes tu propio nombre?

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Otros

Me recibí de Ingeniero Químico en el año 1995, es decir que han transcurrido unos veintidós años de aquel hito anhelado y por fin alcanzado. Posteriormente agregué una carrera de postgrado en Tecnología Alimentaria, y numerosos cursos y entrenamientos, que le dieron  más  contenido y soporte a mis conocimientos y habilidades. Mi cerebro aprendió a acumular información, analizarla, procesarla, y usarla cuando fuera conveniente, y desarrolló la habilidad de buscar las mejores opciones a la hora de emprender un proyecto del tipo que sea; casi siempre las mejores opciones no estuvieron limitadas a mí experiencia,  sino expandiendo y complementando mi horizonte por la inclusión de distintas miradas, opiniones, dando autoridad a otras personas para decidir, incluyendo situaciones muy ligadas a mi vida personal. Mi último entrenamiento de dos años como Coach me sirvió para observarme por dentro, buscar las brechas que el conocimiento no puede resolver del todo, mejorar mis relaciones , aprender a ser un persona definida y transformada por un lenguaje, que retro-alimenta mi pensamiento y me pone en acción. Aprendí que ser es una construcción que no se detiene en la frase yo soy así, y qué voy a hacer, sino que puedo ser de otra manera en relación conmigo mismo y con los demás. Alcancé un grado respetable de asistente con preguntas, para los cuales no tengo las respuestas, cierta habilidad en el arte de preguntar, escuchando.

Esta introducción es necesaria para contarte una breve historia de mis fracasos tempranos como pretendido líder de equipos humanos, y que después de este devenir de varios años como gestor de proyectos de coordinación con otras personas, alcanzo a visualizar más nítidamente, de modo tal que cada día que viene es una oportunidad para encauzarlo y darle la importancia que se merece. Mi carrera laboral se desarrolló en empresas familiares, nacionales, multinacionales, en todos los casos de distinta envergadura y con distintos grados de crecimiento y desarrollo, en los cuales tuve la posibilidad de participar.

Es así que el derrotero laboral a mi temprana edad, me tiene como partícipe en la posición de ingeniero jefe de una unidad de producción. En ese momento la misión encomendada por la Gerencia de la Empresa era aportar, a la estructura funcional de años de trabajo, una energía nueva y joven, que introdujera los cambios necesarios, potenciara la producción, la calidad y los resultados. Necesitaba conciliar ideas y opiniones con un antiguo líder de producción, profesional idóneo, y darle ese plus a la estructura de supervisores y operadores, que brindara el marco adecuado para nuevos desafíos y logros. Hoy distingo y pongo en palabras lo que tenía que hacer en esos momentos, pero claramente no lo hice, y elegí un camino que, según mi formación y pensamiento, me llevaría a un éxito en un menor plazo que el estipulado. Así fue que sin ser un jefe autoritario fui, de alguna forma, un jefe que no incluía en sus decisiones a las opiniones del antiguo y experimentado líder, ni mucho menos de supervisores y operadores. Si bien parecía natural que mi formación superaba en conocimiento la de mis dirigidos, había una cultura de comunicación y valores que la organización profesaba y con las cuales chocaba por absoluto desconocimiento. Mis palabras, instrucciones y propuestas no eran ejecutadas ni entendidas, y muchas veces causaban desconcierto. Pequeños avances no eran sino el envión para retrocesos marcados, y es así que, luego de tres meses de magros resultados y problemas humanos, fui llamado a una reunión gerencial, donde amablemente me preguntaron: Marcelo qué estás haciendo? Expliqué mis planes y objetivos; en suma hacia donde pretendía guiar la operación. Fui escuchado atentamente, y el Gerente al final me comunicó: todo bien pero la semana que viene llega a una nueva máquina y pretendemos que vos la operes en el turno central, creo que eso te va a ayudar a comprender mejor la operación y registrar que le pasa a los otros, cuando de trabajar en equipo y conjunto se trata. El impacto en ese momento fue duro, salí enojado, durante algunos días permanecí perplejo y confundido, No tuve otra elección que optar por aprender de mi fracaso como líder y recuperar el tiempo perdido.

Al cabo de operar durante tres meses esta nueva máquina etiquetadora, había ganado algo del respeto perdido propio y ajeno, y la gente ya se acercaba a mí con más confianza, y del líder que dictaba instrucciones, pasé a ser un maquinista que aprendía con ellos a operar, a mover las manos, y a desarrollar habilidades que no había adquirido en ninguna facultad ni entrenamiento posterior. No fue fácil, pero conseguí socios vitales para desarrollar nuestro trabajo, y fundamentalmente empecé a registrar qué hace el otro, que lo inquieta, que lo mueve, cuáles son sus proyectos, para qué viene a trabajar, de qué se compone su vida, que lo alegra, qué lo entristece. Al cabo de un año, se logró una mejor integración en los ámbitos en donde trabajaba, y la soberbia dio paso a una versión más humilde, participativa e inclusiva, la cual trato de mantener hasta estos días, y la cual reviso a diario. Visualizo que aun habiendo pasado ya casi veinte años, algunas veces se cae en la tentación de que los demás compren lo que vos quieres, sin que vos les compres lo  que ellos necesitan. Haciendo socios por la inclusión de sus ideas, mostrando algunos hitos parciales para alcanzar y por supuesto festejar, es posible lograr esa ecuación tan simple: que el 20% del éxito conjunto, significa el 80% del bienestar de todos.

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Este bocallave que te propongo, es un ojito de cerradura al cual hay que acercarse primero registrando al otro, haciéndote socio de él, en lo que al otro le importa, conocer sus fortalezas y debilidades, sumarse a su proyecto, para que él se sume al tuyo y viceversa; trazando planes con iniciativas específicas, elaboradas en conjunto, respetando los valores comunes y por sobre todo aprendiendo del fracaso y del éxito, ya que las dos caras de esa moneda, que es el camino transitado, tienen cosas para mostrar y atesorar. El inicio con objetivos claros, concretos y alcanzables, de todo equipo humano en pos de…… es  el puntapié inicial, el mentado kick off;  luego el camino es transitado con los vaivenes y chequeos requeridos, y llega ese final que es tan importante como el principio; la frutilla del postre hay que saborearla con todos los socios satisfechos. El ciclo virtuoso comienza con un nuevo desafío, el cual arrancamos con esa vitalidad inicial, sabiendo que los proyectos de cualquier tipo, para que lleguen al cumplimiento de objetivos y requerimientos, en el tiempo y la calidad acordada, no pueden no incluir la naturaleza humana en todas sus dimensiones.

Entonces me pregunto y te pregunto, algo tan simple como esto:

– Cómo andas con esto de registrar a los otros?

– A quién tienes que incluir?

Hay instancias de decisión y proyectos que no necesitan un análisis profundo o sociedades a construir, es raro pedir opinión para ver si cruzo la calle en la mitad o en la esquina, porque la respuesta es muy obvia; sin embargo cada vez que una idea necesite participación conjunta para ser lograda, entonces por favor pregúntate: Dónde está el otro, en qué anda, qué le podes aportar, qué valores tiene, y seguro será más fácil sumar que restar, y porque no multiplicar.

Te conté de lo que aprendí fracasando….

Te conté de lo que me cuesta no caer en la tentación…..

Vos que nos podes contar?

 

Un Plan, Maestro?

Es muy actual  y general referirnos a planes y proyectos, convivir con esas palabras a cada momento, usarlas como comodín, incluyendo episodios en los cuales intentamos zafar, quedar bien y pretender mostrar que es nuestra habitualidad vivir de acuerdo a un plan y aún incluso explicar los fracasos propios y ajenos soltando la frase mágica, es que falta un plan, acá no hay un plan, y si de alguna manera nosotros estamos involucrados o salpicados, decir: yo tenía un plan pero no funcionó por…… y poner las causas en circunstancias externas, inmanejables. Entonces esta palabra plan que encierra muchas y variadas circunstancias, hechos, otras palabras, campos, objetivos, propósitos y que en definitiva nos lleva a la acción, ineludiblemente se queda como un contenedor vacío a la espera de la carga.

Se me ocurre plantearnos que si pretendemos hacer una buena gestión de nuestra vida, y de alguna manera usar inteligentemente nuestra energía, puede llegar a ser no abarcable o manejable tener un plan para cada ámbito donde nos movemos, y quizás convenga focalizar nuestro cerebro,  corazón y compromiso en lograr construir, seguir y sostener al menos un plan, donde cada uno de nosotros visualice la mayor brecha, el mayor anhelo, la mejor oportunidad, el más sólido potencial, o lo que quiera elegir, como una manera de propósito general y genuino, para lograr subir un peldaño más, para lograr trascender y transformarse en una nueva realidad. Si no tenemos experiencia en trazar un plan, y somos muy nuevos en esto de buscar propósitos y seguirlos, es bueno que elijamos y le demos autoridad a algún maestro, mentor o coach, y transitemos este camino de aprendizaje para poder elaborar, sostener y concluir nuestro plan, llegar a la meta de los planeado con la alegría del logro alcanzado.

Podemos hablar de planes personales, planes de equipo, y en ambos casos la necesidad de un líder es requerida, en el primer caso es fácil determinar quién es , y en el segundo ya no es lo tanto, debido a que puede existir un líder formalizado, pero a veces en cada una de las acciones derivadas se requieren de esos líderes subyacentes y positivos, que nos muestran hacia donde ir en cada una de las acciones comprometidas. La función de ese líder y líderes es mantenernos alineados en el sentido para el cual planeamos, es decir aquel que es capaz de alzar la idea madre, por encima de todas y decir: no nos olvidemos que lo que tenemos pensado es…….

Entonces hemos deslizado elementos separados de nuestro plan, pero hay una definición que lo describe bastante bien, y nos brinda  una referencia o marco para comprender la idea: planear es la mejor visión actual y  esperada de eventos por suceder, y no nos queda otra más que comprender que como es actual, puede ser revisada en función del tiempo, sin descuidar el para qué general, porque si no  ya no es el mismo, se trata de otro plan.

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No es mi intención darte una lección sobre planear, lo que si quiero es mostrarte mi pequeño resumen o bitácora, la cual me asiste en mi ingente promoción de nuevos planes personales o para el equipo familiar, laboral, vecinal o cualquiera del que tenga la posibilidad de participar.

  • Defino previamente en qué dominio/s, ámbito/s o apartado/s generale/s tiene que estar incluido nuestro plan, es decir por ejemplo se trata de un plan para mi desarrollo personal, social, financiero, espiritual…..
  • Determino con claridad que pretendo conseguir, cuál es mi sentido, cuál es mi para qué, expresado en forma de alcance positivo, por ejemplo mejorar mi promedio general en el segundo semestre del año
  • Tener o generar influencia decisiva en lo que pretendo hacer, sino no se trata de un plan que puedo gestionar o liderar.
  • Tener los recursos para poder concretarlo.
  • Busco una unidad de medida que me permita visualizar cuando efectivamente habré logrado mi alcance, es decir mejorar mi promedio general en cuánto???
  • Establecer los plazos para llegar a la meta, y fijar etapas intermedias, es decir alcanzar un 8,5 dentro de tres meses, y un 9 al final del año.
  • Describir claramente las acciones que voy a llevar a cabo para conseguir el plan, como por ejemplo si quiero subir mi promedio, definir cuantas horas al día voy a dedicar al estudio. Registrar mi plan en forma escrita y fácilmente abarcable a golpe de vista.
  • Revisar y hacer un seguimiento del plan, en compañía de otra persona u otros que validen que estoy o estamos consiguiendo nuestro propósito
  • Buscar un confidente quien me escuche y asista para los bajones anímicos y coyunturales que mi plan puede tener, el cual se sienta comprometido conmigo.
  • No existe el plan perfecto, solo es lo más esperable que puedo o podemos hacer, y si requiere entrar a boxes hay que hacerlo, asumiendo asimismo que las carreras no se concluyen permaneciendo en los mismos.
  • Estar consciente del fracaso, y que este sirva de aprendizaje e impulso para otros planes.
  • Mantener una actitud abierta y aprendiente, para corregir y dejar de lado viejos paradigmas, que me mantienen atado a viejas creencias….; el plan merece ser sosteniendo y guiado por tus valores.

Habiendo mostrado qué nutre mis planes y proyectos derivados, y confesando que de manera personal no tengo planes elaborados en algunas áreas de mi vida, sino que elijo dónde tenerlos, y eso por supuesto puede tener errores,  te invito a mirar por este bocallave y visionar dentro de la habitación cuál es tu plan o cómo andan tus planes, a poner tu corazón y compromiso, tomarlos y llevarlos contigo para que crezcan y te den frutos. Si sumás la mirada de alguien más, seguro podrás compartir experiencias y sacar buenas conclusiones, no serán las mejores, serán las que puedas visualizar en ese momento, las que te servirán de brújula para el plan de vuelo de algún tramo de tu vida.

Entonces me pregunto y te pregunto:

  • Ya tienes tu plan?

Si la respuesta es sí,

  • Cómo está resultando?

Para llegar a una instancia superadora, necesito un plan….. mi proyecto…..

Hay cuestiones personales que dependen sólo de vos…..

Siéntate a la mesa de tu restaurant y en lugar de pedir la carta…… Me trae un Plan, Maestro?

 

Conectando 3.0

Cuando fue qué empecé a comunicarme con otras personas? La verdad no recuerdo una fecha precisa cuando hice mi primer contacto consciente con un ser humano, fuera mi madre, mi padre, o algún otro ser. Es muy probable asimismo que mi primera impresión consciente hubiera sido con un lugar, un objeto, quien sabe, pero la imagen más vívida que hoy registra mi disco duro, es la de mi madre prendiendo los botones del guardapolvo y peinando mi cabello por la mañana antes de ir al colegio. El cerebro me remite a este suceso, porque las acciones de mi madre mostraban amor, esa ternura de mama, insustituible e irreemplazable, que me mostraba el camino del amor y del compromiso.  A partir de lo que acabo de afirmar, muchos podrían prejuzgar o tener la intuición de que a Marcelo le costaba poco comunicarse y entablar relaciones, pero eso estaba muy alejado de la realidad. De pequeño fui una persona arisca, escurridiza, ensimismada y me costaba muchísimo relacionarme. Muy enfocado en los objetivos escolares; cuando mi grupo de compañeros del primario empezó a conformar grupos sociales de pertenencia, yo a nadaba en aguas de la poca comunicación  y mucha lectura  en soledad, lo que me producía mayor alejamiento.

Transcurrió el primario, con más fuertes relaciones afectivas  con mis amigos de la quinta, con varias aventuras, una de las cuales relate hace poco, y así llegue a la secundaria, donde al principio las cosas fueron de la misma manera, concentración en los estudios, y bajo interés por la socialización, por decirlo de alguna manera.  Les aseguro que esto me generaba problemas, y empecé a sentirme mal, ya que mis grupos eran sólo de estudio, de trabajo, pero mis niveles de diversión eran bajos y se reducían a jugar al fútbol, practicar otros deportes y alguna que otra salida. Distinguí que ese temperamento tímido, apocado y despojado de interés por diversos temas y situaciones necesitaba desarrollar varios cambios, los cuales iban de la mano con el despertar del interés instintivo por relacionarme sentimentalmente con chicas y buscar grupos de pertenencia para vivir una vida de adolescente plena.

Entonces las conexiones, relaciones y el formar parte de un grupo de amigos con diversión, me sacó de ese ostracismo social, y viví gracias a eso una adolescencia muy llena de emociones y vivencias, con baches en el medio, muy pronunciados durante mis estudios universitarios, pero que me permitieron aún hoy ser parte de ese grupo con el cual compartimos eventos memorables.

El desafío que me planteo hoy es superador, es la necesidad de develar día a día no sólo lo que a mí me importa, lo que a mí me inquieta, sino que poniéndome en el lugar del otro, ese otro inquietado por distintos temas, ocupaciones, emocionado y viviendo su realidad de la forma que puede y le sale, develar para qué está y que lo mueve.  Entonces busco y trato de generar una conexión 3.0, una evolución de la conexión 2.0, que superó asimismo a la conexión 1.0. Los nombres me gustan, porque suenan modernosos,  y trato de de asemejarlos con las distintas evoluciones del android.

Cambio mi enfoque y visualizo que las numerosas redes sociales que existen no traen un software para asistirnos a identificar donde transcurre efectivamente nuestra vida, lo que nos inquieta y motiva realmente, los estados de ánimo que transcurrimos y los quiebres o situaciones no esperadas, que a diario vivimos y compartimos. La dimensión humana de la conexión entre nosotros, se muestra fácil y sencilla, a un toque de pantalla, con un buen día grupo, y sin embargo siento que la misma se vuelve menos potente y mágica. No pretendo hacer un juicio sobre la validez de los medios sociales de comunicación, sólo me pregunto si me sirven para la conexión 3.0 que quiero proponer, nuestra individual y general simbiosis,  mezcla de compromiso, comunicación y confianza. Cada uno tendrá su respuesta, y la siguiente pregunta es si comunicarnos por diversos medios nos hace parecer comunicados, comprometidos y confiando entre nosotros, aunque en realidad las mismas oportunidades que ya tiene nuestro software natural se incrementan o disimulan.  Es esta conexión 3.0 algo que nos interesa realmente, o es una utopía que las nuevas formas de comunicación vienen a desenmascarar facilitando una hipercomunicación y conexión para nada. Si sumamos a esto que a veces nos sentamos en grupo a chatear entre nosotros con nosotros mismos o con otros grupos, la confusión puede ser aún mayor, la señal de la conexión 3.0 no nos habilita ni siquiera para hacer una llamada.

Jung-teorias

Por este ojito de cerradura, o bocallave te invito a mirar adentro y  a distinguir a los otros, fuera o dentro de la habitación, y a preguntarte si sabés al menos cuál es la principal inquietud que los mueve a vivir, qué propósito tienen, que les ocupa su tiempo, que señal de conexión 3.0 tienen?  Te pido que valorices que grado de importancia le das en tu vida a conectar con los otros, estar ahí para otros, a ser fuente de conexión, y si descubriste que posibilidades distintas te brinda esto, que puertas te abre, que relaciones fuertes y poderosas te permite construir, y visto desde el otro,  a quien le estás abriendo puertas, y facilitando que se relacione con vos?

Distinguiste que esas relaciones poderosas, pueden ser familiares, padre, hijo, esposa, laborales, de amistad, de vecinos, y cubrir numerosos ámbitos de tu vida?; dicho de otra manera, te pregunto si visualizaste que tu conexión 3.0 tiene aplicativos, en muchos ámbitos de tu vida, donde es requerido conectar?

Entonces me pregunto y te pregunto:

Te interesa conectar y con quienes?

Si la respuesta es si…….

Cómo anda tu Conectando 3.0?

Te confieso que como todo software a veces el mío se cae, pero lo prefiero por momentos tildado, a que puesto en la papelera de reciclaje.

Es tan personal que no encuentro técnico que lo repare y no me queda más remedio que resetearlo, y quizás pedir algunas miradas y opiniones; sin embargo el sistema inteligente está en mi interior, y sólo yo tengo acceso.

Al fin y al cabo,

Ya encontraste tu Conectando 3.0?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A quién le toca decidir?

Una breve reseña histórica desde mi niñez, o mejor aún una mirada retrospectiva de mi vida, me muestra claramente en qué momento comencé a tomar decisiones, por así llamarlas,  trascendentales para mí. En la niñez tomaba decisiones de preferencia, por ejemplo prefería estar en el regazo de mi madre, y recibir su afecto a cada momento que pudiera; cuando comencé a leer, a eso de los 4 años, empecé a interesarme por libros, revistas,  y elegía que libro de la biblioteca familiar, dentro de los permitidos, leería hasta acabar. Elegía que juegos y con quienes jugar durante los recreos, y la toma de decisiones de preferencia y de elección me pusieron en distintos caminos, que finalmente me llevaron a distintos lugares y con distintos resultados.

Ya en este punto es bueno mostrar la otra cara de la moneda, para contarles que yo no decidí a que colegio primario y a qué escuela secundaria concurrir, no decidí quienes serían mis maestros y profesores, como así tampoco decidí que haría el servicio militar y que sería paracaidista,  y el punto de quiebre y que me remite a cuando empecé a tomar decisiones importantes, fue casualmente allí, una vez culminado mi etapa de servidor público. Mi primera decisión relevante fue la elección de mi carrera profesional y el ejercicio, el gusto, la pasión, la posibilidad, el tiempo, la capacidad, la facilidad, el porvenir, la salida laboral, conversaciones con amigos y padres, y varias cosas más, hicieron que me inclinara por la Ingeniería Química, y en el otro extremo de preferencia quedó algo relegada la Filosofía, y los grandes filósofos que me atrajeron desde imberbe. De alguna manera la profesión vivida con pasión me llevó a ocupar un lugar dentro de la matriz técnica, pero ese contrapunto filosófico me permitió humanizar mi trabajo , permitirme conectar con personas, con hechos y circunstancias e incluso me animó a escribir este blog, y a mostrarme de este modo  a los demás.

Claramente elegí una compañera de vida, con la cual hemos formado un proyecto familiar, social y educativo, y las decisiones más relevantes son participativas, e incluso ampliando el horizonte de consulta a mis tres hijas, las mellizas de nueve años y la más pequeña de cuatro.

proverbio chino

Así puedo continuar describiendo situaciones y hechos dónde he decidido y optado, y dando razones para ello, y otras tanto dónde doy autoridad a otros para decidir, o dónde la decisión es compartida y consensuada. No pretendo hacer un libro sobre reglas básicas para decidir, si compartirles algunos elementos que a menudo tengo en cuenta, y me sirven a mí para hacer efectivo este proceso, los llamo mi decálogo, y me sirven para discernir:

  1. La información para decidir algo, sobre todo referido a aspectos complejos, es muy amplia, el secreto es aprender a eliminar la información que no es importante o relevante para decidir, basado en su calidad, su frecuencia, su severidad y en un fenómeno emocional que no podemos descuidar y que comúnmente llamo corazonada.
  2. Las decisiones del pasado me brindan un marco de referencia útil, y el grado de afinidad con la situación que estoy viviendo adquiere relevancia, pero no es lo único a tener en cuenta para tomar la decisión, porque las circunstancias que rodearon el hecho pasado quizás ya no son las mismas. Mirando hacia atrás las decisiones pueden parecer equivocadas, pero quizás fueron las mejores que pudimos tomar. El fracaso y el éxito me enseñan qué, cómo , cuándo y con quien tengo que recalcular.
  3. Lo que estoy decidiendo es válido para hoy, tomando en cuenta la información disponible, y acompaño el proceso con preguntas que me ratifiquen que está alineado con mi proyecto personal o nuestro propósito de equipo, o mis valores o los valores del equipo; el proceso me sirve si es acompañado con no perder de vista que el impacto de la decisión tiene que ser medido, a los fines de reexaminar o modificar el rumbo.
  4. Preguntarme si yo solo, o yo acompañado u otro solo por mí, u otros solos por mí, son los responsables de tomar la decisión, y qué papel juego en cada caso.
  5. Disfruto del proceso de decisión, cualquiera sea la característica del mismo, y me emociono así mismo con los resultados, esperados o no, para corregir y barajar de nuevo si es necesario. Busco como los tenistas el mejor timing para decidir.
  6. Busco priorizar de acuerdo a las circunstancias, para lo cual hago una valoración de los impactos de lo que estoy decidiendo, versus las consecuencias de lo que elimino de mis lista de decisiones.
  7. Doy autoridad a quienes deciden, en la medida que no afecte mis valores personales y sociales.
  8. Trato de equilibrar pasividad e hiperactividad en la toma de decisiones, y sobre todo si siento que soy yo el que tengo que decidir todo y todo el tiempo, seguro que algo anda mal.
  9. La razón me sirve para dar una marco de referencia a la emoción, pero no debo descartar esta última de pleno, porque si no me puede comer un león.
  10. Por último, y no menos importante, reconozco que hay cosas que no voy a decidir, como por ejemplo, el clima, el tráfico, el humor de los demás, el precio del asado, y tantas cosas más, lo que si puedo elegir es mi mejor estado de ánimo en función de todo ello.

Por este bocallave de hoy, te invito  a revisar, a cuestionarte tus procesos de decisión,  a buscar tu propio listado de referencias, de preguntas claves, y te pido si te cabe, te preguntes en este mundo donde hay que tomar decisiones, dónde y cómo estás parada/o,  ya que las decisiones que puedes no estar tomando, alguien las estará tomando por vos. Te invito a qué consideres si necesitas expandir tu horizonte de decisiones, de personas que te acompañen a elegir, y a que te preguntes cuáles cuestiones estás deliberadamente dilatando y cuales otras decidiendo sin mayores fundamentos y con poca información. Te invito a que percibas, que decidir es moverse en algún sentido, y el sentido lo conoces tú mejor que ningún otro!!!!!

No tengo más que preguntarme y preguntarte?

Cómo están tus decisiones?

Que te está faltando decidir para arribar  a ese lugar que quieres llegar?

Así vamos en este camino optando en algunas cosas, y respetando lo que otros optan en otras,  viviendo distintos estados de ánimo y siendo seres sociales en sociedad……

Por último te pregunto si ya te respondiste…..

A quien le toca decidir?????

 

 

 

 

 

 

Contate una de piratas!!!!!

Gracias a la vida, que me ha dado tanto!!!!!,  reza la letra de una canción. Agradecerle a la existencia, es una vocación que se renueva día a día.  En este sentido, los recuerdos me refrescan que alguna vez fui uno de los capitanes de un barco pirata, nuestro propia embarcación que surco las aguas del canal que recorría las quintas y comarcas de Villa Esquiu y el Quebrachal. Habiendo leído tantas veces la Isla del Tesoro, y navegado tantas veces los mares a bordo del barco del Corsario Negro y vestido sus ropas, no había manera de escapar del influjo de pretender ser un pirata hecho y derecho. La idea rondaba mi cabeza, y la comentaba a menudo con mis amigos de la infancia, Pepín (José), el chilenito (Walter) y Rubén. Los hartaba con mis historías de tesoros, grandes aventuras y mis poses de capitán; las armas que disponía a menudo, espadas de madera, y mosquetes simulados, servían para completar el cuadro. Numerosas tardes de verano, tuvieron que escuchar mis ideas,  y ver esa especie de planos que les presentaba, donde lo que pretendía mostrarles era la embarcación,  que una vez construida, nos serviría para surcar las aguas del canal, hacia tierras desconocidas,  inexploradas y llenas de descubrimientos para saborear. Cada jornada que pasaba iba agregando elementos, sogas, alambres, tachos sellados de 20 litros, clavos, martillo, tenaza, y mi entusiasmo iba ganando el de todos mis amigos, los cuales empezaron junto conmigo a creer que se podía.  Nos faltaban tres cosas principales, un tablado que hiciera de piso de la embarcación, un mástil, y una bandera pirata; el primer elemento fue aportado por Pepín, el mástil un palo seco y derecho de un árbol, y la bandera un pedazo de tela negra, a la cual le pintamos con tiza la correspondiente calavera.

Comenzamos la construcción, y el evento creativo, donde compartimos varias ideas, modificaciones y cambios de rumbo, y transitamos por alegrías, enojos, frustraciones y logros,  demoró unas tres tardes consecutivas, quedando finalmente la nave lista en nuestro improvisado dique seco. El tablado de 2 x 2 fue clavado y asegurado repetidas veces, y los tachos sellados de 20 litros y en teoría sin fisuras, fueron sujetados con alambres y sogas por debajo de la embarcación. Lo más difícil fue sostener el mástil, pero ahí estaba nuestro navío, mucho más parecido a una balsa que a un barco, pero a quien le importaba.

La primera prueba de flotabilidad se hizo al cuarto día en la pequeña represita de lavado de zanahorias de la quinta, donde depositamos nuestra embarcación, la cual gracias a nuestro ingenio flotaba y muy bien; acto seguido no subimos de a uno, y para nuestro beneplácito nos soportaba a todos agarrados del mástil y muy juntitos dadas las dimensiones de nuestro bergantín.

Se programó la salida desde el recodo del canal que daba a la quinta, para el día lunes por la tarde en horario de la siesta, y nuestro plan de navegación era al menos recorrer hasta la famosa quinta de Barbaglia, situada unos 2 kms canal arriba, para lo cual debíamos sortear varias cascadas y curvas del canal principal donde navegaríamos, pero corríamos con la ventaja de que la velocidad del agua era rápida y nos llevaría seguro.

El lunes arrancamos la travesía, con ropas para la ocasión, siendo todos capitanes (no era para menos). El trayecto por el canal demandó unas tres horas, donde varias veces caímos al mismo que no era profundo, en otros muchos tramos acompañamos a nuestro navío caminando a su lado,  y nuestro periplo, nos depositó finalmente en el punto objetivo;  nuestra embarcación no resistió del todo y llegó malherida, con varios tachos menos, sin mástil y sin bandera, y nosotros muy felices, aunque con algunos magullones y raspaduras. La decisión posterior fue abandonar nuestro barco, no sin antes juntarnos a su lado, en una especie de despedida simbólica, abrazados y sonrientes, sintiéndonos piratas y habiendo culminado nuestro recorrido de la forma que pudimos.

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Nuestra embarcación era parecida, y quedó en ese estado!!!!

Por esta bocallave de hoy te invito a mirar y revisar nuestros procesos creativos, aquellos que nos hacen un poquito más humanos, que nos hacen trascender , hacen volar nuestra imaginación, nos mueven nuestros estantes de lugar, y fundamentalmente encausan nuestra energía, hacia nuevos horizontes y nuevos desafíos. Sin dejar de lado nuestra madurez, tenemos que volver a ser esos niños que jugábamos a crear, dando rienda suelta a nuestros sueños, viviendo la aventura de ser un creador y hacedor de cosas, y no cesar en el intento, ni derrumbarnos por los posibles fracasos.

Cada evento creativo nos desestructura, nos brinda la posibilidad de trabajar en nuevas metas,  nos impulsa a reconocernos limitados y a buscar asociados,  unirnos en nuevas empresas como equipo, y nos impulsa a aprender, soltando lo que ya no es útil, ya empieza a ser esa hoja de papel amarillo y tinta avejentada, guardada en un cajón del escritorio, o ese archivo guardado que visitaste por última vez hace cinco años.

Es por ello que te pregunto y me pregunto:

  • Cómo andan tus procesos creativos?
  • Cuál fue tu última creación?

El plus del proceso de generar nuevas cosas, en el orden que sea, desde un escrito, una pintura o  hasta el dispositivo más complejo que exista,  nos remite a lo que está a nuestro alcance, para que no sea inalcanzable, y fundamentalmente depende de que nos pongamos en acción, y perdamos el miedo al fracaso, y aceptemos que la perfección es inalcanzable, y que habrá autocríticas y críticas, y que tenemos que gestionarlas y validarlas, porque de eso se trata crear, una visión en tiempo presente del mejor futuro que podamos imaginar.

Entonces, vuelvo a ser el niño que soy y te pido…….

Me cuentas una de piratas??

Me muestras por favor tu navío??