La evolución del trabajo: de la fuerza al home office !

El trabajo no es una invención moderna. Es tan antiguo como el ser humano. Desde que el primer homínido talló una piedra para cazar hasta que hoy una persona programa desde su cocina en pijama, trabajar ha sido la forma en que sobrevivimos, nos organizamos y nos damos sentido. Pero la forma de trabajar ha cambiado radicalmente. Ha pasado por revoluciones tecnológicas, sociales, económicas y culturales que transformaron no solo qué hacemos, sino quiénes somos mientras lo hacemos.

Nos hemos ido adaptando para seguir sobreviviendo como especie humana, siendo la velocidad de estos cambios cada vez más exponencial.

Recorrer esa evolución es recorrer la historia de la humanidad. Es pasar de cadenas a contratos, de fábricas a laptops, de obedecer al capataz a liderar un equipo por sistemas de mensajerías.

La esclavitud: el trabajo como propiedad

Hace 10.000 años, con la agricultura, apareció el excedente. Y con el excedente apareció alguien que quería apropiarse del trabajo de otros.

En Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, el trabajo forzado fue la base de la economía. Los esclavos construían pirámides, cosechaban trigo, remaban galeras y limpiaban casas. No vendían su tiempo: eran el tiempo.

Esta etapa nos dejó una idea que arrastramos por siglos: trabajar = sufrir.

La esclavitud duró bastante tiempo, el suficiente como para dejar una huella marcada hasta nuestros días, donde en algunas regiones y sistemas sociales aún no ha desaparecido, sino que se disfraza de distintas maneras.

La servidumbre y los gremios: el trabajo como deber y oficio

Con la Edad Media apareció la servidumbre. El siervo estaba atado a la tierra del señor feudal.

Paralelo nacieron los gremios. El herrero, el carpintero, el tejedor. Aquí aparece algo nuevo: el orgullo del oficio. El trabajo ya no era solo fuerza bruta. Era identidad. «Soy zapatero» decía algo de vos.

Los oficios tenían un aura de superioridad. Había maestros que enseñaban oficios.

La Revolución Industrial: el trabajo como máquina

Occidente (1760). El vapor, la hiladora, la fábrica. El trabajo sale del hogar y se encierra en un galpón gigante. El reloj reemplaza al sol. Jornada de 12 a 16 horas.

El trabajador ya no es dueño de la herramienta ni del producto. Vende su fuerza de trabajo por un salario. Aparecen los sindicatos y la pelea por las 8 horas.

La fábrica nos dio producción masiva, pero también monotonía y accidentes. El trabajo se volvió eficiente y deshumanizado en cierta medida.

Impactos ambientales que no se controlaban, productividad sin tantos cuidados.

Qué pasó en Oriente y desde cuándo.

Te dejó el trabajo de investigarlo. Es muy interesante.

El siglo XX: el trabajo como contrato y estatus

Después de la Segunda Guerra Mundial llega el «acuerdo fordista». Consigues un trabajo en una sola empresa y te quedas 30 años. Te dan obra social, vacaciones, aguinaldo, jubilación.

Pero también se vuelve burocrático. Reuniones, jefes, ascensos políticos. Trabajar 9 a 18 aunque no tengas nada que hacer entre 16 y 18.

La burocracia llega al Estado y se hace inmensa y regulatoria. Eso quedó hasta estos días.

¿Hasta cuándo seguirá la burocracia manejando el ritmo?

La globalización y la precarización: el trabajo como proyecto

Años 90. Internet y contenedores. El contrato de por vida muere. Aparecen los «freelancers», y los monotributistas. Se llama «flexibilidad laboral».

Ahora no vendes 30 años. Vendes proyectos de 3 meses. Tienes que «reinventarte» cada 2 años.

La era digital y el home office: el trabajo como flujo

2020. Pandemia. Millones descubren que pueden trabajar desde casa. La laptop, el wifi y Zoom reemplazan al colectivo y al fichaje.

El home office trae 3 cambios gigantes:

1. Geografía muere: Puedes vivir en Las Vertientes y trabajar para Berlín.

2. Tiempo se fragmenta: Ya no hay horario. El límite entre vida y trabajo se borra.

3. Resultado importa más que presencia: Nadie te pregunta si viniste. Te preguntan si entregaste.

VENDEDOR A LOS 16, SIN PAGO

Mi primer trabajo fue a los 16 años, vendiendo casa por casa para una «supuesta empresa». Me dieron una caja de biromes, un discurso de venta y la promesa de comisión. Salía todo el día, tocaba timbre, hacía 20 «no» hasta que caía un «sí». A los dos días ya estaba vendiendo bien. Pero cuando fui a cobrar, no había nada. «La semana que viene», «hay que esperar la liquidación». Pura excusa. Tenía 16, me esforzaba para vender y no me pagaban ni un peso. Me fui. Ahí entendí de golpe las dos caras más viejas del trabajo: el esfuerzo y la promesa rota. No tenía contrato, no tenía ART, no tenía jefe que me cuidara. Solo tenía mis piernas para ir casa por casa y las ganas de vender. Fue mi primer contacto con el trabajo: me decían que era mi oportunidad, pero en realidad era una precariedad disfrazada. Aprendí rápido que vender no es el problema. El problema es para quién vendes y el trabajo denominado en negro.

¿Qué nos enseña esta evolución?

Vemos 4 tensiones que no se resolvieron, solo cambiaron:

1. Libertad vs Seguridad

2. Cuerpo vs Mente

3. Colectivo vs Individual

4. Tiempo vs Producto

La tecnología no eliminó el trabajo. Lo transformó.

El futuro: ¿trabajo sin trabajo?

Hoy estamos en otra bisagra. La IA escribe, diseña, programa y atiende clientes.

Lo que sí parece claro: las habilidades blandas ganan, hay que aprender de por vida, y el trabajo será híbrido.

SUPERVISOR EN FÁBRICA, UN SOLO DÍA

Hace muy poco, un ingeniero recién recibido entró a trabajar en una fábrica como supervisor. Pensó que iba a tener «estabilidad». Duró un solo día. No renunció por el trabajo duro ni por las horas. Renunció por el maltrato. Gritos, apuro, tratar a la gente como números de producción. Lo pusieron a cargo de un grupo y el primer día vio cómo les hablaban a los operarios: como si fueran máquinas que se podían romper. Le dijeron «acá se aprieta y se produce». A las 18 horas entregó el chaleco y no volvió más. No le gustó entender lo peor que dejó la Revolución Industrial y que todavía sigue vivo: convertir a las personas en engranajes. Prefirió volver a la incertidumbre de hacer algo más tranquilo según él, que ser parte de un sistema donde el respeto no existe. Según comentó, su decisión de abandonar se debe a que ningún sueldo le iba a comprar su visión de la vida que quería para él.

Para muchos, entre los cuales me incluyo, se trata de una decisión apresurada, pero los pensamientos han cambiado radicalmente.

JEFE SIN SERLO

A los inicios de mi carrera profesional me tocó ser jefe sin que nadie me diera el título. No fue en una empresa grande. Fue en un proyecto chico, con 3-4 personas, donde yo era el que más sabía y, por descarte, el que tenía que organizar. Nadie me enseñó a liderar. Nadie me dio un manual. De golpe tenía que delegar, poner límites, bancar quejas y a la vez seguir haciendo mi trabajo. Aprendí que ser jefe no es mandar. Es sostener. Es decir «yo me hago cargo» cuando algo sale mal y «esto es mérito tuyo» cuando sale bien. Es tener conversaciones incómodas y celebrar logros chiquitos. Fue ahí cuando entendí la gran mentira del siglo XX: nos enseñaron a ser empleados, pero no a ser líderes. Hoy el liderazgo no viene con un cargo. Viene con responsabilidad. Y duele, porque ya no puedes quejarte del jefe. Porque el jefe eras vos y nadie más que vos.

El trabajo como espejo

La evolución del trabajo es la evolución de lo que valoramos como sociedad.

Valoramos la fuerza → tuvimos esclavos. 

Valoramos el oficio → tuvimos gremios. 

Valoramos la producción → tuvimos fábricas. 

Valoramos la estabilidad → tuvimos empresas de por vida. 

Valoramos la autonomía → tenemos equipos autogestionados.

Hoy trabajamos menos horas que en 1900, vivimos más, y sin embargo muchos sienten más presión. Porque ahora el trabajo no es solo para comer. Es para autorrealizarnos.

Tal vez la próxima evolución no sea tecnológica. Sea cultural. Aprender a trabajar para vivir, no vivir para trabajar. A poner límites. A entender que el valor no es sólo la productividad, sino que esa productividad se traslade a nuestra vida.

Para ir cerrando

De las pirámides a la nube. De las cadenas al wifi. De vender biromes a los 16 sin cobrar, a aprender a liderar sin título. El trabajo cambió de lugar, de herramientas y de contrato. Pero sigue siendo la misma pregunta de hace 10.000 años: ¿Qué voy a hacer hoy para vivir, y para qué?

Y esa respuesta, a diferencia de antes, hoy la puedes elegir un poco más vos.

Los triunfadores serán los que aprendan a servirse mejor de la tecnología para trabajar cada vez más eficientemente.

Empresas unipersonales a tiempo completo.

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