Los Picapiedra (en inglés, The Flintstones) fue una serie de animación de la productora Hanna-Barbera Productions. Fue estrenada por la cadena estadounidense ABC el 30 de septiembre de 1960 y fue emitida hasta el 1 de abril de 1966, con un total de 166 episodios y además de algunos especiales y películas. Los Picapiedra fue una de las series animadas más exitosas de la historia de la televisión. La serie está centrada en Pedro Picapiedra y Pablo Mármol (Fred Flintstone y Barney Rubble en inglés), un par de hombres que reflejaban la clase media de la sociedad estadounidense con sus salidas al campo, barbacoas en el jardín, partidas de bolos y un vehículo primitivo, y en sus esposas, Betty y Vilma, quienes tenían que aguantar las ideas de Pedro y la complicidad obligatoria de Pablo, de donde nunca salían bien.
Después de muchos años, la serie aún continúa teniendo una audiencia alta alrededor del mundo. La acción tiene lugar en un pueblo llamado Piedradura en una versión ficticia de la Edad de Piedra con una sociedad idéntica a la de los Estados Unidos a mediados del siglo XX. Es un mundo fantástico en el que los dinosaurios, los tigres dientes de sable, los mamuts y otros animales hoy extintos coexistían con los humanos, quienes usaban tecnología similar a la del siglo XX, pero en la que los animales prehistóricos sustituían a los aparatos eléctricos. Los personajes conducían automóviles formados por troncos de madera (troncomóviles), ruedas de piedra, en los que el motor era sustituido por el empuje de los pies de sus ocupantes. Las vestimentas eran de piel animal. Uno de los recursos humorísticos utilizados en sus aventuras era el empleo de animales en las acciones cotidianas. Un ejemplo es que cuando un personaje tomaba fotografías con una cámara instantánea, se mostraba el interior de ella para ver que era un ave la que realizaba la fotografía picando una roca con su pico. Por lo general los animales hacían un comentario quejándose del trabajo que realizaban.
Los personajes principales de la serie se conformaban por dos familias que eran las protagonistas: Los Picapiedra formada por Pedro Picapiedra, Vilma Picapiedra y los Mármol integrada por Pablo Mármol y Betty Mármol. En episodios posteriores se agregaron dos personajes más: los bebés Pebbles Picapiedra y Bam Bam Mármol, además de la mascota Dino. Otros personajes recurrentes son el patrón de Pedro, dueño de la cantera, «el Señor Rajuela», Arnoldo el periodiquero, la señora Traka (mamá de Vilma) y el marciano Gazú.
La serie de alguna manera deliberada o no, promueve la visión de una civilización prehistórica con algunos de los beneficios de la sociedad moderna, la cual transitaba en esos momentos la era de la industrialización creciente, disfrutando de los beneficios e innovaciones de una civilización más desarrollada. Aunque los avances tecnológicos sean mostrados en forma limitada, reducida a algunas ideas con adecuaciones a la prehistoria, predomina el foco en la importancia del desarrollo, con ninguna mención de los impactos negativos que produce el mismo sobre la ecología y el ambiente. En la década del 60, durante el siglo pasado, aún no existía la conciencia sobre el impacto de la industrialización sobre el cambio climático y sus consecuencias. Ni siquiera habíamos ingresado en la era digital, por lo que los sistemas de monitoreo global de los impactos aún estaban en pañales.
Este inicio de año, nos encuentra acaso en las instancias finales de la saga pandémica que abarcó gran parte del abecedario griego con sus mutaciones. Esta sociedad atravesada por la cuarta revolución industrial a pleno, ha sabido responder rápidamente con todas las armas disponibles, reduciendo el ataque biológico de este soldado microscópico presente en todos los confines del mundo. La economía se va recuperando al tiempo que se inoculan las vacunas y se lanzan al mercado medicamentos con capacidad para morigerar los efectos del virus de covid.
Mientras eso sucede, el mundo desarrollado que empezaba a acelerar este proceso cuando Pedro y Vilma disfrutaban de su barbacoa, convive con numerosos problemas que producen un impacto negativo y profundo, que aún es visto por los sistemas de gobernanza como una amenaza velada que yo nos encargaremos de resolver. En la actualidad nadie puede negar el impacto del calentamiento global sobre el cambio climático, que provoca inundaciones, sequías, la inmigración creciente desde zonas pobres a ricas, la contaminación de los mares, las desigualdades en el acceso al bienestar y los desequilibrios económicos derivados de las dificultades en el desarrollo humano y productivo. La dificultad para acceder a agua potable y sistemas de saneamiento y depuración cloacales es un déficit que afecta a una gran porción de nuestro mundo. Resulta paradójico que estemos pensando en colonizar otros planetas, cuando ni siquiera hemos generado condiciones dignas para habitar este ecosistema.
Los desajustes están a la vista, pero las acciones encaminadas en pos de…… son por ahora tímidas, apocadas, como si el tiempo fuera un aliado a nuestro favor, como tantas veces lo fue.
El 2022 recibirá los beneficios del impulso que da haber mitigado los efectos de una pandemia global, por lo que resulta vital que se transforme en un año bisagra para la concientización de que los problemas que subyacen debajo de la línea de flotación, necesitan de acciones más decididas para comenzar con el proceso de reparación que nuestro ecosistema demanda.
Por eso, quizás la idea sería la de promover una serie animada que, situada en la era digital, promueva los beneficios de la era preindustrial, generando la conciencia individual y colectiva necesaria para dar vuelta la tortilla antes de que se queme.
Estos nuevos picapiedras nos devolverían parte de la voluntad que necesitamos para enarbolar un estandarte global y sumamente impostergable.
Las preguntas que necesitamos responder son colectivas, pero requieren ante todo de un compromiso personal. Estos nuevos valores nos necesitan como actores y no como espectadores.
Para que este 2022 sea el start up de un plan más decidido para salir del atolladero, necesita del accionar individual que de soporte a lo colectivo, de modo tal de que el cambio cultural sea sostenido y permanente.
¿Cuánto estás dispuesto a aportar?
¿Cuánta energía y agua potable estás dispuesto a ahorrar?
¿Cuántos arboles piensas plantar en los próximos años?
¿Cuántos kms en bicicleta estás dispuesto a rodar?
¿Cuánto consumo material piensas reducir?
¿Qué nivel de conciencia estás alcanzando?
Mientras muchas empresas adoptan políticas tendientes a mitigar y reparar los efectos negativos del desarrollo positivo y creciente y los sistemas de gobernanza de países y regiones se comprometen con la adopción de programas de reducción de combustibles fósiles, uso de energías renovables y consumo responsable, la historia nos demuestra que los cambios culturales profundos requieren de individuos preparados para dar nuevas respuestas.
Tenemos a favor la digitalización y los social media, los cuales permiten comunicar y promover ideas en un tiempo récord. Aprovechemos las ventajas de esta red global para instalar la idea de que la multiplicación de nuestros compromisos será el mejor aliciente que podemos dar para salvar nuestra casa. Una red de picapiedras modernos convencidos de que las iniciativas comienzan por casa.
Barack Obama, en ocasión de una cumbre climática definía:
“Hay un problema que definirá los contornos de este siglo más dramáticamente que cualquier otro, y es la amenaza urgente de un clima cambiante”.
“Responderemos a la amenaza del cambio climático, sabiendo que si no lo hacemos estaremos traicionando a nuestros hijos y a generaciones futuras”.
Este y otros desafíos globales necesitan capitalizar el éxito relativo de estar venciendo a este virus. Si no lo hacemos, no habremos aprendido qué es lo importante, por lo que seguiremos en esta era de desequilibrios profundos, frecuentes y permanentes, gastando cada vez más energías en remediar y reparar los desajustes que estamos generando.
Porque en realidad, como dijo Françoise Hollande, se trata de que,
“Tenemos una solo misión, proteger y entregar el planeta a la próxima generación”.
Excelente Marcelo, que tengas un buen año.
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Empezar por casa es el granito de arena indudablemente, tener gobernantes que accionen al respecto y dejen de mirar hacía un costado sería el milagro.
Saludos Marce!
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Así es Juli! Cada vez queda menos tiempo y necesitamos reaccionar de alguna vez. Un gran abrazo! Gracias por leer mi blog!
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