He expresado incontables veces en mis escritos que soy un ferviente lector. Tengo una vinculación especial y profunda al tener en mis manos un volumen para leer, que no puedo expresar con palabras concretas.
Desde la niñez con los cuentos infantiles, hasta hoy que soy un asiduo lector de varios géneros, siento una profunda admiración por los actores involucrados en la creación: escritores, correctores, editores, imprentas, librerías, bibliotecas.
Mi primera Wikipedia fue la Enciclopedia Británica de 23 fabulosos tomos, que mi padre nos compró pagada en cómodas cuotas; la misma se coronaba con un atlas mundial donde se describía con lujo de detalles país por país. Me pasaba varias horas del día absorto por la lectura de los más diversos temas, y generalmente terminaba buceando el mapamundi, señalando un país y leyendo lo que estaba escrito respecto de organización política, social, cultural, economía, deportes, religión, geografía, clima, y datos curiosos sobre lugares turísticos y recorridos por hacer.
De esta manera, y ante la imposibilidad de viajar a esos cientos de territorios, imaginaba desde el relato y las fotos, la vida que llevaban las personas en esos confines del mundo. Así conformaba imágenes concretas en mi cabeza, de cómo era cada nación, o comunidad de naciones, que rasgos caracterizaban a cada continente y de qué se trataba vivir siendo japonés, chino, yanqui, ruso, italiano, español, sudafricano, holandés, francés o cualquiera fuera la procedencia.
El recorrido por cada república se detenía minuciosamente en la sección cultural, donde identificaba sus más afamados escritores narrativos o poetas y sus obras cumbres:
William Shakespeare: Romeo y Julieta. Otelo.
Miguel de Cervantes Saavedra: Don Quijote de la Mancha.
Victor Hugo: Los Miserables.
Charles Dickens: David Copperfield. Cuento de Navidad.
Gabriel García Márquez: Cien años de soledad.
Franz Kafka: La metamorfosis.
Ernest Hemingway: El viejo y el Mar. Por quién doblan las campanas.
León Tolstói: Ana Karenina. Guerra y Paz.
Federico Garcia Lorca: Bodas de sangre. La casa de Bernarda Alba.
Oscar Wilde: El retrato de Dorian Gray.
Fiódor Dostoyevski: Crimen y Castigo. Los Hermanos Karamazov.
Jorge Luis Borges: Funes el memorioso. El jardín de los senderos que se bifurcan.
Julio Cortázar: Rayuela.
Mark Twain: Las Aventuras de Tom Sawyer
Julio Verne: La vuelta al mundo en 80 días. Veinte mil leguas de viaje submarino
Dante Alighieri: La Divina Comedia
Edgar Allan Poe: El corazón delator. El cuervo.
Albert Camus: La peste.
Orson Welles: El ciudadano Kane.
Herman Hesse: El lobo estepario.
La lista no conlleva ninguna preferencia ni ranking, sólo son ejemplos de obras que a mi juicio no tienen desperdicio y vale la pena leer. Fueron surgiendo a medida que recordaba partes excelsas de su contenido.
La universalidad de los libros, y cuanto nos acercan al conocimiento de nuestra naturaleza, son hechos indiscutidos; agrego el compromiso de sus autores con valores tales como: libertad, fraternidad, igualdad, justicia, humanidad.
Estos escritos memorables trascienden fronteras, y se abren a miles de interpretaciones y preguntas que se generan a partir de los relatos concebidos, de la poesía, de su belleza y del respeto puesto en transmitir eso que está allí en nuestras emociones y vivencias.
Por este ojito de cerradura te invito a revisar cuál es tu lista de libros preferidos, a qué te preguntes que encierran y a descubrir la esencia de cada uno, que normalmente responde a unas pocas preguntas claves, como un hecho a investigar.
Ponerse en la piel del escritor en el momento creativo me produce escalofríos, la imperiosa necesidad de expresar que de alguna manera lo conozco: he cabalgado con el Quijote y aprendido con Sancho Panza, he robado la hogaza de pan con Jean Valjean, he estado en el submarino con el Capitán Nemo, he sido Aureliano Buen Día creando Macondo.
Por eso te pregunto y me pregunto:
Qué estás leyendo?
Qué necesitas volver a leer?
Se me viene un galope de palabras que me persigue, dejándome sin aliento…..
Me asomo por la cornisa de los versos de Lorca……
Y con la fuerza del viejo pescador de Hemigway, levanto mi voz para decir…..
Que Viva el Libro !!!!
Qué distinta sería la sociedad en sus pensamientos, sentimientos , acciones y reacciones si leyeran libros, más libros…
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Hola Marcelo, amigo de años. Te recomiendo leer el Libro de los Libros: LA BIBLIA.
No te arrepentirás! es palabra de Dios, creador de todos los autores que mencionas y a nosotros.
Un abrazo.
Aaron
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Refugio y guía. Desde toda la vida. Los libros son mi Toc. Comencé a leer en formatos diferentes descubriendo nuevas experiencias en la lectura hipertextual.
Pero el papel… el papel es único.
Y comparto muchos títulos leídos y agregaría otros a mi lista…
Gracias x la invitación a repasar lecturas y a pensar y repensar el sentido de leer en nuestra Vida!
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Muchas gracias por tu comentario. Tu opinión es valiosa. Ojalá podamos mantener viva la llama de los libros en el corazón de los niños. Saludos
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