Esta historia me emociona como muchas, pero adquiere una significación especial desde el momento que involucra a Ramón, mi Papá.
Sucedió cuando tenía 12 años de edad, mientras vivía en contacto con la naturaleza, y las labores de la tierra, en la quinta familiar de Villa Esquiu. Si bien fue un hecho aislado, y aparentemente sin importancia, significó el alejamiento de dos entrañables amigos, mi Papá y el Petiso.
Los recuerdos me llevan a una de esas tardes de verano donde el muchachito Marcelo deambulaba por el fondo de la quinta, donde había una frondosa línea de árboles de los más variados tamaños y especies, próximos a la canaleta de riego; allí me encontraba degustando unas moras negras, cuando divisé en la copa del árbol, dos extraños pájaros para mí, muy bonitos, altivos, copete rojo y un trinar maravilloso. Conocedor de las aves que habitaban la zona, jilgueros, mixtos, urracas, tordos, cabecitas negras, corbatitas, brasitas, palomas, cardenales, zorzales, entre otros, era claro que estos bellos y entonados pájaros no pertenecían a la fauna local, y estimaba que habían escapado de alguna jaula, buscando su libertad, y comida rica, como las dulces moras. Me quedé un rato escuchándolos y admirando su porte, luego volví para contarle de mi hallazgo a mi Papá, amante de los pájaros en libertad.

Al día siguiente y a la misma hora, fuimos al lugar donde los había divisado, y mi Papá pudo observar esos bonitos pájaros, con esa mirada de niño que tenía, con sus ojos grises e inquietos. Esa misma jornada, algo más tarde y como todos los sábados, nos visitó en la quinta, el querido Petiso, quien tenía afición por las aves, y que había construido en su casa de barrio Yofré una inmensa pajarera, donde mantenía cautivos, aunque bien cuidados y alimentados, un sinnúmero de aves nativas y otras exóticas. Papá lo invitó a ver los raros y hermosos pájaros, y él quedó maravillado ya que se trataba de Federales, un ave de la zona del litoral, confirmando para los presentes, que habían escapado de su cautiverio, los que ahora vivían gustosos en nuestra quinta.
El Petiso le dijo a mi padre que los entramparía, ya que si no serían presa fácil de algún halcón o aguilucho. Mi Papá le dijo: ni se te ocurra, deja esos pájaros en libertad. Allí terminó la charla referida a ese tema, y yo no sabía que posición tomar, ya que de hecho alguna vez había entrampado algún jilguero, a pedido de algún amigo, si bien no lo hacía de manera regular. La conversación derivó en temas futbolísticos, pasión de ambos, mi padre , hincha de Belgrano de Córdoba y el petiso, hincha de Racing de Córdoba.
En la semana apareció el Petiso en la quinta, fue con su auto por el callejón al fondo, y colocó unos tramperos cercanos a los árboles de mora. Le pregunté: hablaste con mi Papa? .El respondió que no me hiciera problemas, que los iba a cuidar muy bien y que los podríamos ver todas las veces que quisiéramos. Al cabo de unas horas ambos federales copete rojo, viajaban rumbo a Barrio Yofré a encontrarse con otros compañeros en la inmensa jaula de Carlitos, el Petiso. No quiero entrar en detalles de qué sucedió cuando volvió mi Papá del trabajo en su estudio contable, ya que su enojo era tal, que no recuerdo en toda mi vida haberlo visto de esa manera o sólo muy pocas veces.
Al sábado siguiente, como era su costumbre, apareció a la siesta Carlitos, su amigo, y mi Papá directamente no quiso hablar con él, ni aceptar explicaciones de ningún tipo. Fue así que el Petiso, fue varios sábados más a tratar de congraciarse pero no hubo caso. La relación estaba rota, mi Papá no lo perdonó, y los que supieron ser como hermanos, se distanciaron definitivamente, y las reuniones familiares y de amigos a las que asistían juntos, ya que compartíamos lazos de todo tipo, los mostraba a cada uno en una punta, apenas dándose un saludo por protocolo y sin dirigirse la palabra.
Transcurrió el tiempo, y sobrevino la penosa enfermedad de mi Papá, y diez años después del suceso de los pájaros, Ramón se debatía y luchaba como podía, con todas sus fuerzas. El petiso, a través de su hermana, esposa de un primo hermano mío, estaba consciente de lo que sucedía. Acompañando a mi Papá en la clínica, yo esperaba que Carlitos apareciera en cualquier momento, ya que Ramón a veces se acordaba de él y preguntaba. Fue así que el Petiso apareció una tarde, y estuvieron charlando largo rato. Antes de irse, me abrazó, lloró como un niño y me pidió perdón por haber estado alejado tanto tiempo. Le dije que estaba bien, que lo que me importaba es que finalmente se hubieran reconciliado. Mi papá Ramón, casi un mes después, falleció en nuestra casa, rodeado por sus seres queridos, esposa, hijos e hija, habiendo dado en su vida lo mejor de sí.
La bocallave de hoy, nos lleva a nuestro interior, y a reconocer en él , donde tenemos alojado el perdón, el que pedimos y el que aceptamos; seguro muchos lo situarán en el corazón, y otros lo tendrán allí no muy bien identificado, aunque haciendo memoria, podrán visualizar situaciones de las más diversas, donde no estuvo presente, donde no lo dimos, donde paso el tiempo , y la emocionalidad quizás hoy te permita decirlo: Te pido perdón, o te perdono.
En mi vida he tenido varios episodios de Pájaros Federales, propios y ajenos. pero la historia que acabo de contarles, me sirvió para aprender que vivir en el resentimiento y en el No Perdón, es una energía que desgasta y limita, por lo que he buscado encontrar el timing, para que verificada la ofensa , el destrato, o lo que haya ofendido o me haya ofendido, destrabar lo acontecido con un Te pido Perdón o Te perdono. En general me resultan las situaciones donde cabe pedir perdón u otorgarlo, muy emocionales y mezcladas en algunos casos con nuestro ego, por lo que poniendo un poquito de conciencia, percibimos que podemos achicar la línea de Pájaros Federales y reconocer que los otros y nosotros mismos no hacemos las cosas con mala intención, las hacemos lo mejor que podemos, dentro de nuestras limitaciones y mapas mentales. Perdonar para mí no implica olvidar, pero si meternos por el lado de la Paz, haciendo las paces….
Llegado a este punto, me pregunto y te pregunto:
Cómo te vinculas con el Perdón?
Percibís cuando ofendes a otro?
Mirar demasiado en el pasado o vivir anticipadamente el futuro, te saca energías para vivir el presente, que esta allí a tu alcance, por lo que si te resulta útil, detecta cuál es tu línea de Pájaros Federales, y proponte al menos revisarla, cada tanto…….
Allí aparecerán varios Perdones que no diste o que no pediste…..
Atrévete a abrir las puertas del Perdón y por favor incluí lo que tengas que perdonarte a vos mismo…..tus propios Pájaros Federales.
Muy buen artículo. Gracias por compartir.
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