¡De caballos vivos y no tanto!

Mi vinculación con estos animales fue siempre desde el respeto real y tangible. Criado en una granja familiar, había caballos que servían para hacer varias labores de campo, en donde la maquinaria era improductiva o directamente no se podía usar. Esta bella especie ha acompañado al ser humano desde tiempos remotos, luego de ser domesticado o entrenado, formando parte de muchas actividades, vinculadas a su fuerza o su destreza, incluyendo la práctica de varios deportes, alguno de ellos olímpicos. En el hipismo son tan famosos y costosos tanto los jinetes, como los de pura sangre de carrera, constituyendo duplas históricas invencibles, que resultaron una verdadera leyenda.

La cinematografía mundial ha filmado cintas memorables, en donde la presencia estelar de estos animales les ha dotado de un condimento especial y difícil de igualar, salvo por el protagonismo de algún can, que los haya opacado o superado. Hay muchísimos acontecimientos históricos en don un corcel ha sido solicitado, venerado, llorado o sepultado con grandes honores. El más famoso de todos tiene como protagonista nada menos que a un rey de Inglaterra.

En 1485 Inglaterra se encontraba en medio de la guerra de las Rosas. En la batalla de Bosworth, el rey Ricardo III combatía en primera línea cuando su caballo tropezó y dio con su jinete en tierra. De pronto, el monarca se encontró rodeado de enemigos y, según cuenta Shakespeare, gritó angustiado: “¡Un caballo, mi reino por un caballo!”, lo que aparentemente fueron sus últimas palabras antes de ser ultimado por los hombres de la Casa de Lancaster. Que un caballo se caiga en plena batalla no parece muy raro, menos que el jinete quede en el suelo desamparado ante el enemigo, y que lo maten ni qué decir. 

Como se ve la figura del caballo y su significación, estuvieron, están y estarán presentes en nuestra cultura, y de hecho, algunos de han valido de la figura de este noble y sacrificado animal, algunas disquisiciones teóricas, sobre la gestión de proyectos, ideas o gestión en las organizaciones humanas.

¿Está muerto el caballo?

La pregunta responde a una metáfora humorística que se utiliza a menudo para ilustrar la inutilidad de seguir invirtiendo tiempo, esfuerzo o recursos en un esfuerzo fallido o improductivo. La teoría se basa en una antigua sabiduría tribal de Dakota que dice: “Cuando descubres que estás montando un caballo muerto, la mejor estrategia es desmontar.”

A pesar de su simplicidad, esta teoría destaca un problema común en muchas organizaciones y aspectos de la vida: la reticencia a abandonar prácticas ineficaces. La teoría se complementa con ALGUNAS ESTRATEGIAS GENERALMENTE INÚTILES PERO QUE MUCHAS PERSONAS Y ORGANIZACIONES SUELEN UTILIZAR EN LUGAR DE DESMONTAR EL CABALLO MUERTO:

  • Comprar un látigo más fuerte: Intentar forzar más productividad de un enfoque ya fallido.
  • Cambiar de jinete: Asignar a alguien nuevo a la misma tarea fallida.
  • Formar un comité para estudiar el caballo: Gastar tiempo y recursos analizando el problema sin tomar acción.
  • Visitar otros sitios para ver cómo montan caballos muertos: Buscar validación o inspiración externa sin abordar el problema central.
  • Aumentar los estándares para montar caballos muertos: Elevar las expectativas sin cambiar el problema subyacente.
  • Nombrar un equipo para revivir el caballo muerto: Crear un grupo de trabajo para abordar un problema insoluble.
  • Reclasificar el caballo muerto como “con discapacidad vital”. Usar eufemismos para evitar enfrentar la realidad de la situación.

Como dijo Albert Einstein:

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.”

Esta cita resume perfectamente la esencia de la Teoría del Caballo Muerto.

Otra cita relevante proviene de Peter Drucker, gurú del management:

“No hay nada tan inútil como hacer eficientemente lo que no debería hacerse en absoluto.”

Esto nos recuerda que la eficiencia es inútil si se aplica a las tareas incorrectas.

La Teoría del Caballo Muerto sirve como un recordatorio para reconocer cuándo es el momento de dejar de lado los esfuerzos improductivos y redirigir nuestra energía hacia soluciones más viables. Es un llamado a abrazar el cambio, innovar y estar dispuestos a pivotar cuando sea necesario.

Así que, la próxima vez que nos encontremos atascados en una tarea engorrosa e improductiva, es lícito preguntarnos ¿Estamos montando un caballo muerto? Si es así, podría ser el momento de desmontar y encontrar un nuevo camino a seguir.

¿Y si el caballo no está muerto, sino que solo parece estarlo?

Las frases y teorías organizacionales nos ayudan a identificar estrategias fallidas, pero, puede suceder que un proyecto, una empresa o una idea no están realmente muertos, sino que simplemente parecen estarlo porque no cumplen con nuestras expectativas inmediatas.

A veces, un negocio o iniciativa es desahuciado prematuramente, no porque haya llegado a su fin, sino porque quienes lo lideran pierden la paciencia o no interpretan correctamente las señales de vida. En estos casos, abrumados por las señales de enfermedad, el problema no es aferrarse a lo imposible, sino asumir que algo está acabado cuando aún hay margen para la reinvención y el crecimiento.

Si a una semilla no se le da tiempo, espacio y nutrientes, no germinará. Las empresas requieren diversas bases: sostenibilidad, rentabilidad, reinversión y un equilibrio entre sus stakeholders. Sobreexplotar recursos sin permitir su regeneración asfixia al caballo; negar incentivos a los dueños para sostenerlo lo condena a la inanición. Darlo por muerto antes de tiempo lo matará irremediablemente.

¿Hay forma de saber si tu caballo sigue vivo?

Insistir en una estrategia fallida es un error, pero también lo es abandonar algo con potencial solo porque no ha alcanzado su máximo desempeño.

Para diferenciar entre un caballo realmente muerto y uno que necesita atención, podemos considerar lo siguiente:

¿El problema es estructural o solo requiere ajustes?

A veces, un proyecto necesita un cambio estratégico, no su liquidación. ¿Está el caballo respirando, agonizando o realmente ha muerto sin posibilidad de recuperación? El rendimiento por debajo de lo esperado puede tener diversos factores y distintas causas. Una visión unilateral y limitada puede terminar por matarlo, aunque su potencial sea enorme.

¿Existen señales de mejora, aunque sean pequeñas?

Si hay indicios de recuperación en tendencias o indicadores, aunque sean mínimos, es posible que lo que se necesite sea paciencia. El simple hecho de revertir tendencias negativas, o disminuir su inercia, y resistir tiempos difíciles, puede ser una señal positiva que no se debe soslayar. En carreras largas, la resistencia importa tanto, o más, como la velocidad.

¿El entorno ha cambiado y tu caballo necesita adaptarse?

El problema no siempre es la idea, sino su ejecución en un contexto en constante evolución. Factores como normativas, mercado, competencia y tecnología pueden requerir ajustes en lugar de una declaración de fracaso. La velocidad con la que las cosas cambian en la sociedad actual requiere de prudencia y criterio. Si se conoce el medio y se ha corrido al caballo con buenos desenlaces, una mala carrera no implica que se agotó esa fórmula.

¿Qué hacer con este caballo? ¿Es momento de cambiar de enfoque o de jinete?

Si el problema es el equipo, la estructura o los recursos, ¿se han tomado las medidas necesarias para fortalecerlos? Cambiar el jinete sin atender al caballo y otras causas estructurales sólo se agrava la situación.

¿Se ha explorado otra forma de hacerlo funcionar?

Si la caballeriza tiene problemas recurrentes sin importar los caballos o jinetes, el problema puede estar en el sistema y no en los individuos. Los análisis simplistas pueden atraer peores resultados. Un caballo muerto puede salir mucho más caro que uno enfermo, y si se quiere vender al caballo, se venderá mejor, en cuánto más sano esté.

La tentación de enterrar caballos vivos

Muchas innovaciones estuvieron a punto de ser descartadas por parecer inviables. Empresas como Apple o Tesla enfrentaron periodos donde fueron consideradas fracasos seguros. Sus líderes, en lugar de abandonar, encontraron nuevas formas de hacerlas prosperar.

Esto no sólo aplica a negocios, sino también a nuestros proyectos. Tal vez estemos a punto de renunciar a un proyecto, una relación o una meta porque aún no vemos resultados inmediatos. La paciencia y la reinvención pueden transformar una causa perdida en una historia de éxito.

Menos emocionalidad más datos y objetividad.

Es necesario reevaluar con datos, no con frustración.

No es recomendable tomar decisiones desde la desesperación, sino desde el análisis objetivo.

Explorar nuevas estrategias alineadas con los recursos disponibles.

El problema no siempre es la idea en sí, sino cómo se implementa. Si las aspiraciones no son realistas, los esfuerzos serán en vano. Sin una estrategia clara, podremos estar montando al Cid sobre un caballo muerto, y aunque eso a veces gane batallas, no es sostenible a largo plazo. Si no le hemos dado tiempo, dinero y esfuerzo suficiente, no podemos aferrarnos a un diagnóstico fatalista.

Consultar con otros es una salida.

Obtener distintas perspectivas y contar con indicadores objetivos puede ofrecer una visión más amplia y certera de la situación.

Darle tiempo.

No todas las ideas generan resultados inmediatos; algunas requieren madurez, ajustes y perseverancia.

Antes de abandonar el caballo, asegurémonos de que realmente está muerto. Tal vez solo necesite atención, un cambio de dirección o simplemente alguien que vuelva a creer en él.

¿Alguna vez te ha pasado dar por muerto un proyecto que luego revivió?

De caballos vivo y muertos todos hemos montado al menos un poco.

¡El mundo de las distinciones!

Casi nunca me había sucedido tener que elegir a uno entre varios temas para escribir. Por lo general la realidad hace aportaciones de todo tipo a mi mente limitada. Sin embargo, no sucede con frecuencia, que las mismas tengan un peso específico tal que me permitan ahondar o profundizar en los conceptos. En parte por impericia, o en parte por liviandad, los sucesos rebotan en mi cerebro sin motivarme a escribir sobre ellos. Solo aquellos que me producen estrépitos en mis fibras emocionales adquieren la relevancia tal que me impulsa a detallarlos, desmenuzarlos o cuando menos ponerlos en una crónica.

Los seres humanos nos movemos al ritmo de las emociones las cuales nos acompañan, incluso antes de que evolucionáramos desde nuestras formas más primitivas. Por lo tanto, aquello que nos produce emociones fuertes, queda registrado en nuestro presente, para constituir probablemente nuestra fuente prodigiosa de recuerdos.

La vinculación emocional del hombre como especie, con sus decisiones, resulta por cierto ineludible, provocando que la elección de compra de un automóvil nuevo, se deba en cierta manera, más asociado a su color y su forma, que a sus prestaciones técnicas.

Si me remito a recuerdos profundos hay tres que se me vienen la memoria, con la fuerza de una tromba.

El primero de ellos tiene que ver con mi primera caña de pescar, que me fuera regalada por mi padrino. Esa vara con tanza y anzuelo, fue con la que pesque cuando tenía unos ocho años, mi primera palometa. Un pez que me pareció el más grande del mundo, el más revoltoso e inquieto cuando luego de pescarlo en la pequeña represa de la quinta, lo puse dentro de una palangana con agua, de la cual saltó varias veces buscando su libertad, que conseguiría algunos minutos después cuando lo devolviera a su hábitat natural. De ahí en más, cultivaría la pasión por la pesca deportiva, la cual me ha tenido muchos fines de semana viajando por la geografía argentina, en busca del «gran pez», en compañía de otros aventureros y aficionados por este deporte.

El segundo evento marcado a fuego fue cuando compré mi primer álbum de figuritas, acompañado por el primer paquete, el cual abrí casi sin respirar. Imágenes de jugadores del fútbol argentino aparecieron ante mí, provocando una mezcla de asombro y de alegría muy difícil de describir. Ese fue el primer álbum de muchos que trataría de completar durante todo el colegio primario. A causa del horario de los transportes siempre llegaba media hora antes del inicio de clases, por lo que tenía tiempo de sobra para comprar figuritas y pegarlas en las páginas. Esos momentos previos al aula, eran aprovechados, en conjunto con los recreos, para intentar los canjes correspondientes para tratar de conseguir las figuritas difíciles.

Durante los últimos días se habían vivido momentos de zozobra, casi de incertidumbre total por la dificultad de acceder a los álbumes y figuritas del mundial. La empresa proveedora, creo que, a nivel de Latinoamérica, había tenido problemas de aprovisionamiento y logísticos que llenaron de pesar las almas de niños y no tan niños, que recorrían en vano quiosco tras quiosco, para encontrar en cada uno de ellos carteles que rezaban: “no llegaron los álbumes”, “no hay figuritas del mundial”. Los más precavidos, que los habían encargado con anticipación, fueron los primeros en recibir los álbumes y cierta provisión de figuritas a precios elevados. Con el correr de los días la situación de provisión y precios se fue normalizando para la alegría de muchos, los cuales ya contaban con cierta cantidad de casilleros completados. La ansiedad o fiebre por las figuritas fueron mermando, bajando el nivel de criticidad a rangos manejables. Todo parecía indicar que finalmente algunos llegarían al mundial con su álbum lleno, haciendo gala de ese logro como uno de los más importantes del año.

El tercer evento grabado en mi corazón, sucedió cuando conseguí por primera vez un libro prestado de la biblioteca del colegio secundario donde concurría como estudiante. Ese momento mágico se repetiría desde primero hasta sexto año del colegio secundario sin ninguna interrupción. Cada vez que llegaba a ese recinto único, me esperaba la bibliotecaria con una amplia sonrisa. Después de saludarnos, ella me recomendaba sus lecturas predilectas, las cuales por lo general tomaba. Mi mentora era muy amplia en sus gustos literarios y géneros, por lo que mi adolescencia estuvo signada por libros gratamente disímiles y heterodoxos. Clásicos, juveniles, románticos, filosóficos, psicológicos, antiguos, modernos, policiales, reflexivos y obras maestras estuvieron en mis manos, horadando mi cerebro con destellos multicolores, generando en mí esa habilidad tan única como íntima, la de «aprender a distinguir».

El mundo de las palabras nos permite recrear conceptos, abstracciones que sólo los seres humanos somos capaces de hacer. Las distinciones asociadas a nuestro vocabulario son un fenómeno que nos ha permitido construir nuevas realidades individuales o colectivas. La capacidad de expresarnos adecuadamente dentro de cualquier contexto, nos permite incluir una extensa gama de colores, solo para explicarlo de una forma metafórica. Reseñaba un artículo periodístico que un libro antiguo en inglés había sido escrito empleando unas 30.000 palabras diferentes. Ernest Hemingway, autor entre otros libros del afamado “El Viejo y el Mar”, había usado unas 2.000 palabras disímiles en su escritura. Mientras, que en la actualidad cualquier conversación entre jóvenes chateando, empleaba no más de 100 palabras distintas. La reducción en la cantidad de palabras con las cuales nos comunicamos, nos imposibilita en grado creciente “hacer distinciones”, viviendo cada vez más en un mundo de simplificaciones dentro de escenarios cada vez más complejos.

La abreviación de opiniones hasta llegar al nivel de emplear conceptos sólo dicotómicos es una vertiente filosófica desarrollada en el siglo pasado, signado por la división del mundo entre el pensamiento capitalista y el comunista, donde se estaba o de un lado o del otro. Los conceptos antagónicos, de relacionarse con el otro solo desde ser amigo o enemigo, nosotros o los otros, amor u odio, son extremismos que nos deshumanizan y nos dividen sin más. Cuando me alejo a los fines tomar perspectiva de los últimos acontecimientos vividos, no dejo de sorprenderme ingratamente, por los niveles de simplificación de los mensajes, por nuestra incapacidad para asumir los hechos con sentido crítico y común, buscando puntos de encuentro o coincidencias que sólo se logran cuando ampliamos la mencionada paleta de colores.

El sistema educativo tendría que servirnos para recrear o generar nuevas realidades desde el aprendizaje de muchos conceptos que no son necesariamente antagónicos, sino más bien complementarios, suplementarios o variantes amortiguadas o exacerbadas de ideas, abstracciones y proyecciones. La extrema simplificación y facilitación de nuestros sistemas de enseñanza, están creando una brecha cada más grande entre la educación pública y privada, creando más diferencias que concordancias, sin promover la formación de personas preparadas, ilustradas, libres y con capacidad crítica propia, ajena y de los sucesos.

Las distinciones nos han posibilitado disponer de una capacidad de transformación de la realidad. Los países más evolucionados están trabajando hace bastante tiempo en crear un presente de alfabetización tecnológica e innovadora que les permitirá sortear los próximos desafíos. Vale decir, estas empeñados en aprender “NUEVAS DISTINCIONES” para sortear horizontes desafiantes y sumamente exigentes.

Reducir la gama de distinciones, resumiendo todo a blanco y negro, no nos permitirá confluir hacia un mundo más humanizado y civilizado.

¡Sin distinciones! es casi lo mismo que decir, sin oportunidades!

Para finalizar va una frase que no me pertenece y que nos invita a reflexionar:

“Nuestros sistemas conceptuales expresados a través del lenguaje, son los lentes con los cuales contemplamos el mundo”.

La idea, si se quiere superadora, es la de aprender a usar muchos lentes.

El mundo es y será mejor transitado por aquellos que sean hábiles para convivir con muchos matices, aportando soluciones y trabajando para generar nuevas y desafiantes realidades.

El valor de aprender !

Intento repasar los eventos que están en el escenario mundial y la verdad que es sólo puedo atinar a relevar cuestiones parciales y segmentadas. Mi cerebro limitado tiene registros y evaluaciones que surgen de mi propia capacidad de observación, que es asimismo exigua y acotada.

Los aspectos más salientes que percibo de esta realidad que nos atraviesa están signados por:

  • Calentamiento global y gases de efecto invernadero.
  • Crecimiento exponencial e inabarcable de las tecnologías en todos los ámbitos.
  • Desarrollo de inteligencia artificial.
  • Persistencia de la pobreza y condiciones infrahumanas para una proporción de la humanidad.
  • Hiper comunicación y fronteras entre países desdibujadas.
  • Guerras y conflictos persistentes por recursos y motivos religiosos.
  • Carrera espacial de nuevo en el radar.
  • Modelos políticos radicalizados y en pugna.

El mundo tal cual presenciamos, se mueve como una rueda desequilibrada, en esta era que yo en lo personal bautizaría como “la era entrópica”, ya que el desorden es una clave que vincula como característica común a todos estos temas emergentes.

En conversaciones internas, me suele decir y ya casi definir como un ser analfabeto. Gran parte de lo que aprendí durante mi formación académico hoy resulta obsoleto y desencajado. Solo me salva y rescata mi actitud aprendiente, adaptativa y flexible, de no quedar en ridículo muchas veces.

El desarrollo vertiginoso e imparable generara en el mediano plazo, personas escolarizadas, pero ciertamente incompetentes para operar una realidad inabarcable. Es probable, aunque suene a ciencia ficción, que los seres humanos en conjunto tendremos que definir como seguir para que esta realidad no sea inmanejable, dejando a millones de personas en condiciones cada vez paupérrimas y deplorables.

No alcanzo a distinguir como las personas, podrán achicar la brecha del desconocimiento tecnológico, siendo solamente meros consumidores en un planeta en donde las ofertas abundarán, si es que sobrevivimos al calentamiento global.

Hoy el aprendizaje tiene múltiples facetas, que la educación en su conjunto tiene la obligación de incluir, si es que quiere gestionar adecuadamente el impacto de los emergentes que liste precedentemente.

¿Qué es aprender?

Aprender es un proceso que implica la adquisición de conocimientos y habilidades nuevos: o bien, la modificación o mejora de aquellos que ya se tienen a través de la educación formal, la experiencia práctica, la investigación independiente y muchas otras formas.

El aprendizaje es una parte fundamental para el desarrollo personal de un individuo y para su adaptación a un mundo en constante cambio. Es un proceso continuo, es decir, que ocurre a lo largo de toda la vida.

¿El futuro o presente del aprendizaje cuál es?

Frente a un contexto altamente dinámico y evolutivo, pensar y anticiparse al futuro del aprendizaje es de vital importancia para poder gestionar adecuadamente la formación de las personas y prepararlas para su desarrollo laboral.

Al comprender y prever las tendencias educativas, podemos diseñar sistemas de enseñanza más efectivos, asegurando que los estudiantes adquieran los conocimientos y las habilidades necesarias para enfrentar los desafíos actuales y próximos.

Además, la anticipación al futuro del aprendizaje permite a los educadores y formuladores de políticas públicas, preparar para una participación activa y exitosa en una sociedad en constante transformación.

A medida que la tecnología continúa avanzando, los procesos educativos para los próximos años incluyen las siguientes modalidades (extracto de publicaciones especializadas).

1) e-Learning + tecnologías emergentes

Si bien no se trata de una modalidad novedosa -teniendo en cuenta que ya lleva más de dos décadas de desarrollo y alcanzó su madurez en pandemia, la educación en línea seguirá creciendo e integrando otras tecnologías, como la inteligencia artificial generativa y la realidad extendida (virtual y aumentada.

El e-learning desempeña un papel fundamental como integrador tecnológico al posibilitar la convergencia de la tecnología en la educación, y facilitar el acceso a la educación de alta calidad de manera flexible y global.

Esta modalidad fomenta la adquisición de habilidades digitales y promueve la adaptación a un mundo cada vez más tecnológico, garantizando que los estudiantes estén preparados para enfrentar los desafíos y oportunidades del siglo XXI. Además, permite una constante actualización de contenido y métodos de enseñanza, impulsando la innovación y la eficiencia en el sector educativo.

2) Aprendizaje adaptativo

El aprendizaje adaptativo es un enfoque educativo que utiliza la tecnología y la inteligencia artificial para personalizar la experiencia de aprendizaje de cada estudiante de acuerdo con sus necesidades, habilidades y ritmo de aprendizaje individuales.

A través de la recopilación y análisis de datos, ajusta el contenido, la dificultad y el estilo de enseñanza en tiempo real para optimizar la comprensión y el progreso del estudiante.

Este enfoque busca mejorar la eficiencia y la efectividad de la educación al proporcionar a cada estudiante una experiencia de aprendizaje más relevante y personalizada, lo que puede conducir a un mayor compromiso, retención y éxito académico.

3) Realidad virtual y aumentada

La realidad extendida continuará creando entornos de aprendizaje inmersivos, que permitirán a los estudiantes interactuar con conceptos abstractos y prácticos de una manera más vívida y efectiva.

La Realidad Virtual (RV) y la Realidad Aumentada (RA) desempeñan un papel crucial en la educación al enriquecer significativamente la forma en que se adquieren conocimientos y habilidades:

La RV sumerge a los estudiantes en entornos virtuales tridimensionales, permitiéndoles explorar conceptos abstractos de una manera más concreta y participativa.

La RA complementa el mundo real con información digital, lo que permite una interacción más rica y contextos de aprendizaje más inmersivos.

Ambas tecnologías fomentan la colaboración, ya que los estudiantes pueden compartir experiencias de aprendizaje de RV o explorar objetos y escenarios de RA juntos, independientemente de su ubicación física.

De igual modo, tienen el potencial de hacer que el aprendizaje sea más atractivo, interactivo y personalizado, lo que puede aumentar la motivación y el rendimiento.

4) Microaprendizaje

Tanto los cursos como los recursos de aprendizaje se fragmentarán en unidades más pequeñas y digeribles, lo que facilitará el aprendizaje continuo y la adquisición de competencias específicas.

El microaprendizaje permite una flexibilidad extrema en la programación del aprendizaje, lo que facilita la integración de la educación en la vida cotidiana de los alumnos. Estos fragmentos de conocimiento se pueden consumir en momentos cortos de tiempo, como descansos o tiempos muertos, lo que hace que el aprendizaje sea más accesible y adaptable a horarios ocupados.

Además, fomenta la retención de la información, ya que se basa en la repetición y la revisión constante de conceptos clave en pequeñas dosis. Esto mejora la memoria a largo plazo y garantiza una comprensión más profunda del material.

También es efectivo para mantener la motivación, ya que las metas y los logros se pueden lograr rápidamente, lo que proporciona un refuerzo positivo.

El microaprendizaje es particularmente valioso en un mundo que se mueve a un ritmo vertiginoso, donde la información se actualiza constantemente. Permite mantenerse al día con los avances y las tendencias de su campo, en forma optimizada.

5) Gamificación

Los juegos continuarán incorporándose al aprendizaje para hacerlo más atractivo y motivador. Incluso, con la incorporación de las tecnologías emergentes a los procesos lúdicos, las experiencias formativas serán cada vez más estimulantes.

La gamificación aporta significativas ventajas a los procesos educativos al combinar elementos lúdicos con el aprendizaje.

En primera instancia, aumenta la motivación y el compromiso de los estudiantes al convertir la educación en una experiencia más atractiva y divertida. Esto estimula el interés y la participación activa, lo que a su vez mejora la retención de conocimientos.

Además, proporciona un entorno seguro para cometer errores y aprender de ellos, fomentando el pensamiento crítico y la resolución de problemas.

También promueve la competencia saludable, la colaboración y la autonomía, lo que desarrolla habilidades sociales y de toma de decisiones.

La gamificación permite una evaluación más precisa y constante del progreso del estudiante, lo que facilita la adaptación del contenido y el enfoque de enseñanza para satisfacer las necesidades individuales de aprendizaje.

6) Evaluación y seguimiento en tiempo real

La tecnología permitirá la evaluación y el seguimiento en tiempo real del progreso del estudiante, favoreciendo una retroalimentación instantánea y una adaptación rápida del plan de estudios.

Su incorporación a los procesos educativos reviste una importancia fundamental por varias razones:

Proporciona información inmediata sobre el progreso de los alumnos, permitiendo a los educadores identificar rápidamente las áreas de fortaleza y debilidad de cada estudiante. Esto facilita la adaptación del enfoque pedagógico para satisfacer las necesidades individuales, lo que mejora el aprendizaje y la retención del conocimiento.

Ofrece a los educadores la oportunidad de intervenir de manera oportuna si se detectan dificultades o retrasos en el aprendizaje, para prevenir problemas mayores a largo plazo.

Brindan retroalimentación a los estudiantes, lo que les permite comprender mejor su propio progreso y tomar medidas correctivas si es necesario.

Permite a las instituciones educativas ajustar sus programas y metodologías en función de resultados, contribuyendo a una mejora continua de la calidad.

La evaluación y el seguimiento en tiempo real son esenciales para garantizar que los procesos educativos sean efectivos, personalizados y orientados al éxito de los alumnos.

7) Integración de IA en la enseñanza

Sumar inteligencia artificial a los procesos educativos aporta numerosos beneficios. que transforman la forma en que los estudiantes aprenden y los educadores enseñan:

Permite la personalización del aprendizaje, adaptando el contenido y la metodología de enseñanza de acuerdo a las necesidades y el progreso de cada estudiante. Esto fomenta un aprendizaje más efectivo y eficiente.

Ofrece la posibilidad de automatizar tareas administrativas y evaluativas, liberando tiempo para que los docentes se concentren en la instrucción y la interacción con los alumnos.

Puede proporcionar retroalimentación instantánea, lo que acelera el proceso de aprendizaje, y ayuda a identificar y corregir errores de manera oportuna.

Facilita la identificación de patrones y tendencias en el rendimiento de los estudiantes, lo que permite a los educadores anticipar desafíos y diseñar estrategias de intervención temprana.

Contribuye a la creación de contenido educativo más dinámico y atractivo, a través de la generación de material multimedia y la adaptación en tiempo real a las preferencias de los estudiantes.

Yendo a un caso puntual, los asistentes virtuales y chatbots basados en inteligencia artificial ayudarán a los estudiantes a responder preguntas y acceder a recursos de manera eficiente.

8) Aprendizaje basado en datos

También conocido como Data-Driven Learning, se trata de un enfoque educativo que aprovecha el análisis de datos y la recopilación de información para personalizar y mejorar la experiencia de aprendizaje.

A través de la recopilación de datos sobre el rendimiento y el comportamiento de los estudiantes, este enfoque permite a los educadores tomar decisiones informadas sobre cómo adaptar el contenido, la pedagogía y los recursos para satisfacer las necesidades específicas de cada alumno.

Al utilizar tecnologías de seguimiento y análisis, busca optimizar la enseñanza, mejorar la retención de conocimientos y brindar una educación más eficaz y personalizada.

Será cada vez más habitual la recopilación y análisis de datos sobre el desempeño de los estudiantes, con el objetivo de identificar áreas de mejora y ajustar estrategias de enseñanza.

9) Énfasis en habilidades blandas y reskilling

Además del conocimiento técnico, se pondrá un mayor énfasis en el desarrollo de habilidades blandas como la comunicación, la resolución de problemas y la creatividad.

Se trata de skills fundamentales para desarrollarse en el mercado laboral, que la educación puede promover para mejorar las condiciones de empleabilidad futura de las personas.

A medida que cambian las demandas laborales, se profundizará un enfoque creciente en la formación para el trabajo y el desarrollo de habilidades específicas para mejorar las posibilidades de desarrollo profesional de los alumnos.

10) Location Based Education

Los servicios basados en localización (LBS, por sus siglas en inglés, Location-Based Services) aplicados al aprendizaje, ofrecen oportunidades innovadoras para mejorar la educación y la formación. Entre ellos se destacan:

Aprendizaje móvil y geolocalizado

Juegos educativos basados en ubicación

Excursiones y visitas virtuales enriquecidas

Geocaching educativo

Aplicaciones de navegación educativa

Aprendizaje basado en geodatos

Evaluación y seguimiento de la asistencia

Se trata de uno de los enfoques orientados a la personalización del proceso formativo.

11) VR Phygital

La realidad virtual «Phygital» es un concepto que fusiona lo físico y lo digital, creando experiencias inmersivas en las que el mundo real y virtual se entrelazan de manera fluida.

Esto se logra mediante el uso de tecnologías de realidad virtual y aumentada que permiten a los usuarios interactuar con objetos y entornos digitales en tiempo real, mientras se encuentran en un espacio físico.

De esta manera, se abren nuevas posibilidades en campos como el entretenimiento, la educación y el marketing, al brindar experiencias altamente envolventes y personalizadas que combinan elementos del mundo tangible y el virtual.

Si comparamos nuestros conocimientos y habilidades con estos 11 elementos descriptos caeremos en la cuenta de cuánto realmente ignoramos y cuan analfabetos estamos siendo.

Arboles de vida !

Una tarde demasiado cálida en Asunción, con una temperatura que llega a los cuarenta y dos grados, pero se siente como de cuarenta y seis, según lo que marca la denominada “sensación térmica”. Tanta temperatura y radiación solar, acompañada de lluvias regulares, propenden a un verde lleno de vida e inigualable. Verde de hojas de gramíneas, plantas, frutales y portentosos árboles, legendarios y ancestrales. De hecho, su árbol nacional es el tajy o lapacho, que engloba a varias especies. La palabra guaraní tajy, significa “fuerte y resistente”. En otoño florece el lapacho rosado de hojas anchas, en primavera florece el tajy hû, que también tiene flores rosadas, aunque a veces puede tener una mutación de flores blancas.

También en primavera empiezan varias especies de lapachos con flores amarillas. En todas las especies la floración dura poco, aproximadamente cinco a diez días, extendiéndose un poco con temperaturas bajas, y acortándose un poco con altas temperaturas.

El tajy hû o lapacho negro (Handroanthus heptaphyllus) es una especie famosa por tener una madera muy dura, resistente y estable, que perdura a la intemperie y prácticamente es eterna bajo techo. Los demás lapachos del género Handroanthus también tienen maderas duras, pero las especies de lapachos con flores amarillas cuentan con una madera más blanda y como sus árboles son de menor porte. Se utilizan apenas en algunas pequeñas aplicaciones de carpintería rústica para interiores.

El tajy hû es uno de los árboles más altos de la región tropical y chaqueña, que puede llegar a tener 30 a 35 m, excepcionalmente hasta 40 metros de altura. Las demás especies como el lapacho rosado de hojas anchas y los lapachos amarillos tienen porte más reducido, entre 15 a 20 metros de altura.

Mi vinculación con los árboles se remonta a épocas tempranas, esto motivó que le dedicara hace ya un tiempo, esta breve historia autorreferencial y plena de nostalgia.

Quercus Robur

Esa tarde no es como otras tantas. Hoy el niño de pelo lacio dorado está decidido a cumplir con su cometido. Rodea con sus manos el tronco del portentoso árbol cuyas primeras ramas lucen tan distantes y fuertes. Siendo casi un experto escalador de especies vegetales arbóreas, donde se incluyen paraísos, ceibos, durazneros, ciruelos, granadas, sauces, siempre verdes, este árbol altivo, aún no ha recibido ninguna visita humana en sus ramas. El pequeño de brazos, manos, torso, piernas y pies acordes a su condición parece una ardilla flaca en comparación con el tamaño de su copa, su porte y frondosidad general.

El niño se acerca casi sin hacer ruido, quizás piense que puede despertarlo de su letargo, y apoyando suavemente sus manos, acaricia su corteza buscando una señal que le diga por donde subir. La circunferencia de su tallo es totalmente inabarcable para sus diminutas extremidades, por lo que el pequeño intenta aferrarse cual lagartija, poniendo su máximo empeño. A pesar del todo el esfuerzo realizado, sólo alcanza a subir un poco más que medio metro; altura totalmente insuficiente para llegar a las primeras ramas, que se encuentran a unos cuatro metros desde el piso. Luego de varios intentos el pequeño está agitado, acalorado y algo decepcionado. Mientras intenta aquietar el ritmo de su corazón, escucha el canto armonioso de lo que parece ser un jilguero, que eleva su vos desde una rama muy alta. Se imagina que siendo un pájaro todo resultaría más sencillo.

Finalmente recuesta su espalda en el poderoso tronco, sentado sobre el piso. Luego de unos minutos de pensamientos limitados, se levanta presuroso, toma su pelota de fútbol, pegándole con el pie sin dirección prefijada. La pelota cae en la alcantarilla llena de agua, flota y se tranca en la base de la magnolia, que ese verano ha dado tantas flores blancas y perfumadas que inundan con su exquisito aroma varios metros a la redonda. Rodeando el diminuto curso de agua, recupera su balón, lo seca en su remera y lo deja reposando a la sombra del inaccesible árbol. Ya casi anochece cuando su mamá lo llama para bañarse antes de cenar. Una vez más, los intentos por subir a la copa del árbol más alto de la quinta han sido infructuosos. Muchas veces, a lo largo del tiempo, el niño pensará que puede usar una escalera, pero no la considerará, porque eso sería algo así como hacer trampa, o burlar la pureza de la acción y la confianza.

La escena se repetirá a lo largo de los años, incluso más allá de la adolescencia, hasta que su familia se hubo de mudar a la ciudad, perdiendo la posibilidad de superar el desafío. Ese árbol conoce tantos secretos que el niño le ha contado, mientras urdía planes para escalarlo, que se ha transformado en su mejor confidente. Mientras se aleja el día de la mudanza, siente que deja gran parte de su vida, que ya no será la misma, sobre todo porque en esa quinta ha sido inmensamente feliz. El muchacho se emociona hasta las lágrimas, cuando da una última mirada a la casa, que seguirá siendo custodiada por ese inmenso roble, de hojas verdes y azuladas, bellotas e inmenso porte, que ha continuado creciendo a lo largo de los años, mucho más que él por cierto.

Las historias de los árboles suelen ser dramáticas, ya que muchos sucumben siendo derribados, antes de morir producto de la vejez. El derrotero del muchacho que dejó la quinta familiar, lo ha llevado por muchos caminos, en donde ha sido premiado con una hermosa familia, esposa e hijas maravillosas, mientras ha ido perdiendo todo aquello que lo vinculaba aferrado a esa infancia memorable: padres, tíos y otros ancestros ya no están físicamente, se han ido llevando las tazas con chocolate caliente, las exquisitas tortas, los duraznos y ciruelas que el niño degustaba en las tardes de verano, la libertad de correr y sentir el viento en la cara, las juntadas de los domingos, las tareas del colegio, el cariño y los abrazos de tío Marochi, la pericia de mamá, el cariño de papá, las travesuras con hermanos y todas las aventuras con los amigos de la infancia.

Las historias de los árboles suelen ser fantásticas, ya que muchos se mantienen vivos, conservando en su madera, antiguas reseñas y nuevas vivencias, que no saben de presente, pasado y futuro, ya que al final de cuentas, terminan siendo atemporales. La devoción del niño por ese árbol, le ha permitido descubrirlo en el vino añejado en barricas, en exquisitos muebles, y otros usos, donde su dura y noble madera ha servido como mártir. Con el tiempo, se ha dado cuenta que no vale la pena matar árboles para lucir muebles o degustar vinos, y agradece que las conciencias hayan cambiado. No es necesario destronar la altivez de un Quercus Robur (robur, deviene del romano, robusto, fuerte como un roble, y quercus, es de origen celta, y significa árbol hermoso) para hermosear los ambientes o para agregar firmeza a los vinos, ya que la belleza reside en disfrutarlos plantados sobre el suelo, con sus más de cuarenta metros de gallardía y su insondable follaje.

¿Cuánto vive un árbol? Es una pregunta que me estoy haciendo luego de que más de treinta años después, he vuelto a pasar por lo que era la quinta familiar, ya transformada en un conglomerado de galpones y empresas, que borraron por completo la casa, los frutales, y todo el entorno añorado. Los nuevos dueños han transformado con su impronta, las facciones físicas de lo que otrora fuera un vergel de frutas y hortalizas. Toda la zona, ha sido impactada por el cambio y el desarrollo, cediendo su fisonomía rural, a esta versión mucho más industrializada. Cuando poso mi vista en el nuevo entorno, no veo la realidad actual, sino imágenes confundidas por la nostalgia, los recuerdos y el infinito cariño. Es como si todo siguiera igual, sobre todo cuando diviso que el indestructible roble, aún continúa oxigenando el lugar, con un porte tan grande como nunca me hubiera imaginado. El invierno ha hecho caer sus hojas, pero sigue respirando ufano y portentoso.

La bibliografía nos dice que este roble puede llegar a vivir unos doscientos años. Es muy probable entonces, que se quede más allá de mi existencia. Les muestro a mis hijas, el árbol que ha sido testigo callado, pero no ajeno a tantas cosas. Les cuento todo lo que nos une y las invito a quererlo como a uno más de la familia. A lo lejos los sonidos que produce el viento en sus ramas me dicen cosas que sólo yo entiendo. Es un lenguaje común que hemos compartido desde que empecé a caminar por debajo de su espesura, cuando incluso los silencios transmitían algo.

Aquel sobre el cual no pude trepar aún conserva todo su esplendor, invitándome a pensar que no es tan complejo mantener la esencia, mientras todo o casi todo cambia alrededor.

Mi árbol amigo se resiste como puede al paso del tiempo. Un vigía de las tormentas, un eco del canto de los pájaros, un compañero en la soledad. Al final de cuentas es un orgulloso Quercus Robur. Ni más, ni menos que eso.

Alfredo con Mayúsculas!

Hoy no me cuesta tanto escribir. Lo hago con una mezcla de muchas emociones, recuerdos y varias sensaciones que son difíciles de poner en palabras. Si me está costando en demasía, encontrar un título. Estoy redactando y probablemente el fluir de las palabras me regalé una frase que haga el honor.

Para los lectores, que comparten el sufrimiento creativo, pueden saber a qué me refiero. Más allá de eso, ustedes empezaron leyendo un encabezamiento al cual he dedicado mucho tiempo. Muchos dirán, y con razón, que es algo muy simple, que lo que importa es el contenido. Para mí y sobre todo en este caso, el cómo empezar lo es todo.

Transcurrido poco tiempo de recibido, tuve la suerte de participar como integrante de un equipo de proyecto, para la construcción de una planta industrial completa, dedicada el embotellamiento de bebidas gaseosas y aguas minerales. La parte del proyecto que me correspondía se centraba en el diseño y contratación de la provisión de todos los servicios centrales: agua, aire comprimido, vapor y sistema de refrigeración. Este último era el de mayor envergadura y complejidad técnica.

Para ser honesto con apenas 27 años, y sin experiencia previa en el diseño de sistemas de refrigeración, a lo que se sumaba la presión existente por definir rápidamente los proyectos, para desarrollar la ingeniería conceptual, de detalle y ejecutiva, parecía que el mundo se me venía abajo. En un lapso menor a los 30 días, todo debía estar listo para salir a cotizar la provisión de los equipos, el montaje y todo el resto de los elementos (electricidad, tableros, automatismos, cañerías) vinculados con el sistema que enfriaría nuestra bebida, para que pueda ser carbonatada eficientemente en nuestro proceso industrial.

Comencé a buscar proveedores que pudieran proveer el sistema, pero no había uno que pudiera abarcarlo todo. Mi jefe, me tiró un salvavidas, cuando luego de un par de días, en los cuales aún no había encontrado la solución, me habló de una empresa de Mar del Plata, asociada con una de Buenos Aires. Me pasó dos contactos: uno, que ya no recuerdo, de la parte radicada en la Capital y otro que lideraba la empresa en Mar del Plata, cuyo nombre no olvidaría: Alfredo García. Conversa con ellos no bien puedas, por favor. Ya estamos atrasados.

Intuición o fruto del azar, a lo que se sumaba cierto resquemor provinciano por conversar con personas de la capital, me incliné por contactar telefónicamente con Alfredo. A fines de la década del 90, los celulares no abundaban, existían los famosos zapatos y ninguno de nosotros disponía de ellos, por lo que la primera llamada y las sucesivas se hicieron mediante línea fija.

El ingeniero García, desde esa primera comunicación, demostró ser una persona interesada más en colaborar que en vender, en enseñar que en demostrar y en la transparencia de mostrar todo, que en ocultar detalles para generar adicionales y sobreprecios. Me ayudó a diseñar todo el sistema, aunque finalmente no le comprara a su empresa, generando conmigo toda la documentación necesaria para salir a cotizar.  Estoy seguro de que voy a ser el más competitivo, repetía.

Hicimos dos reuniones en Buenos Aires. Una de apertura y otra de cierre del proyecto, junto a su socio. Finalmente, salimos a licitar, con todo el pliego de condiciones técnicas terminado. Efectivamente su propuesta resultó ser la más económica, y que cumplía con todos los parámetros solicitados, entre cuatro que se presentaron, por lo que compramos el sistema a la empresa de Alfredo.

Sucedieron después varias etapas, en donde seguimos interactuando, con visitas de Alfredo a Córdoba, donde hubo que hacer algunas correcciones del proyecto en la etapa del montaje, hasta llegar finalmente a la puesta en marcha del sistema, en donde Alfredo se hizo presente durante varias jornadas seguidas.

El sistema que manejaba amoníaco como fluido refrigerante, resultó tener una performance muy buena. Estaba muy bien diseñado y funcionaba cumpliendo con creces el propósito de enfriar la bebida para carbonatarla. Fundamentalmente gracias a Alfredo, es valioso acotar. Recuerdo las charlas con Alfredo, respecto de la peligrosidad del amoníaco, los cuidados que se había de proveer en materia de manejo y seguridad, pero al mismo tiempo recuerdo las fortalezas que él mencionaba de este fluido, respecto de la eficiencia energética y del cuidado del medio ambiente y la capa de ozono. Durante ese período nadie hablaba aún del problema climático, sin embargo, Alfredo ya lo hacía, demostrando una vez más, su solvencia técnica y profesional.

Entablamos una relación, que en ese momento no se podía catalogar como amistad, ya que era más bien técnica. Transcurrido un año, sobrevino mi decisión de abandonar la empresa, por razones varias, que no vale la pena mencionar. Mi decisión era de abrirme camino de manera independiente. Sobrevino una de las tantas crisis políticas y económicas, que me dejó un poco a la deriva. Alfredo se enteró de mi situación a través de otra persona, que continuaba en contacto con él, y me llamó un día para ofrecerme trabajo en su empresa, en este caso como empleado para el desarrollo de proyectos y comercialización de equipos. Recuerdo que me dijo que me ofrecía la posibilidad, no sólo por mi condición técnica, sino por mi condición como persona. Eso hablaba mucho de él, de su compromiso y don de gente, de su honestidad y generosidad, por encima siempre del resto. Los que han recibido una mano de alguien, en momentos difíciles, saben muy bien lo invaluable que es eso. Lo esencial que es que alguien te tienda un puente y te anime a recuperar tu valor.

Hicimos varias cosas juntos, que afianzaron nuestra vinculación, pero la crisis no cejaba de golpear y mis planes de formar una familia apremiaban, por lo que decidí emprender otro camino. El, nuevamente me apoyó en la decisión, quedando al servicio en caso de que algo resultara mal. La vida nos fue distanciando, con algunos contactos esporádicos, en donde me contaba cosas de su vida laboral y personal, del crecimiento de sus hijos, de como estaba su padre de salud, entre otras cosas. Del mismo modo, yo le compartía mis avances profesionales y personales, los cuales lo llenaban de orgullo. Desde su humildad, bajo nivel de juicios, sus consejos siempre iban en la línea correcta. Un ser humano con todas las letras, por encima de toda mezquindad y egoísmo.

Los compromisos laborales y personales crecientes de ambos nos incomunicaron por varios años, en los cuales no tuvimos más novedades el uno del otro. Hace poco más de un año, alguien comenzó a seguir este blog dominical, pidiéndome mi número de teléfono. Era nuevamente Alfredo, ya retirado de su empresa, la cual había vendido por problemas de salud. Volvimos a encontrarnos, ya en una faceta completamente distinta, mucha más humana que profesional. Se transformó en un lector asiduo de mis escritos, le gustaba mucho lo que yo trataba, además de que podía escucharlos, ya que se le dificultaba mucho leer. Me dijo algo que atesoro en mi corazón: “Marcelo, realmente admiro lo que haces”. No será para tanto, le dije, pero él insistía con su indefectible apoyo y ganas de reconocer al resto, más que a él mismo.

En una de las tantas charlas telefónicas, me contó de una pérdida muy trágica que hubo de sobrellevar, además de la de su padre. Por respeto, y porque él se encontraba algo triste aún, jamás ahonde en lo sucedido. Lo importante era volver a conversar y relacionarme con una persona de un nivel humano poco común, muy por encima de la media.

Todos los domingos comentaba mis escritos, con palabras halagadoras y llenas de positivismo. En noviembre del año pasado dejó de hacerlo, y le escribí algunas veces ya sin respuesta de su parte.

La penosa confirmación de su desaparición física me llegó de su esposa Cristina, hace unos domingos atrás. Le pedí permiso para poder hablar de Alfredo, a lo cual accedió gustosamente. Me dijo que estaban consternados porque no lo esperaban, y que estaban tratando de asimilar su pérdida. Además de lamentarlo profundamente, le dije que era comprensible, producto de la calidad humana de Alfredo, de la buena persona que realmente era.

Para mí, como creo que, para muchos, nunca será una despedida, ya que en cada cosa que hago o decido como ingeniero, se encuentra parte de la impronta de quien supo ser un maestro para mí. Además, en cada situación humana, muchas veces me digo a mi mismo: ¿Qué pensaría Alfredo sobre esto?. Sus cualidades y virtudes morales, éticas y humanas, que me superan con creces, son realmente inalcanzables para quienes lo hemos conocido. Es un regalo que no tiene precio.

Nuestras últimas conversaciones siempre fueron de posibilidad, de positivismo y de ganas de vivir. Alfredo era un gran luchador, pero por sobre todas las cosas “un gran tipo”.  Este escrito, ni todos aquellos que les pueda dedicar hacen honor a sus inmensas dotes personales que lo distinguían: prudencia, don de gente, ganas de ayudar, honestidad, amorosidad con su familia e hijos, solidaridad, responsabilidad al extremo, compromiso y bondad.

Ojalá algún ingeniero me recuerde como yo lo hago en este momento a Alfredo. Ojalá pueda despertar en alguien, una mínima porción de lo que despertaba él con cada tema que hablaba, sin esconder nada, abierto, sincero y genuino.

Hoy me toca contarle a gente que no lo conocía, lo que significada Alfredo para las personas que habían tenido la suerte de cruzarse en su camino.

Disculpas si me fallaron o faltaron algunas palabras. Como ya di a entender, no resulta sencillo.

Lamento no haberlo honrado en vida, como realmente correspondía. Me queda el consuelo de haberle agradecido en vida. Eso cuanto menos, aunque me suene a poco.

Gracias por todo, querido amigo.

¡Hasta siempre!

¡Mortales, pero oportunos!

Desde que el ser humano encerró el tiempo en una pequeña caja, ya no hubo vuelta atrás. Era posible medir el discurrir de la vida, en segundos, minutos y horas. Nuestro reloj natural y primitivo se puede contar con los latidos de nuestro corazón, los cuales nos dan poco más de 90 pulsaciones por minuto, pero no existe precisión, sino emoción contenido en ese órgano vital. Es por ello, que esos hechos en donde nuestro corazón se acelera, los solemos vincular con situaciones que nos marcan, ya sea por trágicas, o por placenteras, dependiendo de cuales hormonas se liberan, para acompañar el momento. En esos momentos podemos decir que nuestra vida se acelera, se pone en una marcha elevada, veloz o forzosa. Del mismo modo, cuando nos relajamos, nuestro tiempo natural se ralentiza, pareciera que se alarga, expande o enlentece. Es allí cuando nuestro corazón pulsa menos, dado que el ritmo cardíaco se pone a mínimo, provocando sensación de calma, paz y relajación. Nuestra respiración, que es nuestra batería, se acelera o reduce su ritmo, de modo tal de acompañar con oxígeno, el momento que estamos viviendo. Respiraciones profundas, suelen ser el primer paso, para lograr condiciones de quietud y ralentización de nuestra máquina humana.

Los momentos, en alta, baja y marcha normal, no son para todos, ya que por ejemplo en mi caso , que soy un abonado a la actividad o múltiples actividades a plena marcha, los momentos de relajación son muy escasos y no deseados. Si hubiera de medir mi ritmo de vida, según mi ritmo de marcha, respiraciones y pulsaciones, es probable que este bastante desequilibrado, para el lado de estar por encima del promedio. Es como si estuviera consumiendo el tiempo, a un ritmo voraz y por momentos frenético. Mi hija menor me acompaña en esa versión del uso del tiempo natural: «ella no para nunca», ni de manera física, ni mental, ni emocional. En el caso de mis hijas mellizas, el contraste es notorio, ya que una tiene tendencia a la pachorra, mientras la otra a la celeridad, aunque sin llegar a los niveles de mi hija más pequeña.

El hombre desde que descubrió como medir el tiempo, en una escala por fuera de la natural, creo un marco de referencia único, aplicable a todo el mundo, sin distinciones, ni consideraciones de ningún tipo. Desde el ritmo natural propio de los animales, pasamos a este ritmo único, y cada vez más presente en nuestras vidas, desde el mismo momento en que se puso en práctica esta manera de encerrar el tiempo. Los ritmos naturales primitivos de cosechas, ciclos estacionales y tiempos de espera naturales, se cambiaron por el minutero, que tuvo adquirió más protagonismo que el sol y la luna. Los calendarios, tales como el juliano y el gregoriano, este último aplicable hasta nuestros días, marcan el ritmo de los trabajos, actividades y oportunidades. Medimos nuestro ciclo de vida en años, y estamos coqueteando siempre con la idea de ser inmortales, vale decir manejar definitivamente al tiempo.

Estamos desde hace bastante tiempo (que paradoja), obsesionados con la idea de que finalmente podremos vencer el paso del tiempo, ganando la batalla a la vejez y a la inexorable muerte. La fuente de vida, la piedra filosofal, fueron conceptos elegidos para tratar de perdurar, transformándonos en dioses. Mientras esto sucede, abandonamos deliberadamente la idea de que somos un animal más del reino animal, despojándonos todo vestigio de nuestra antiquísima pertenencia, con objetivos claros de conquistar otros mundos.

El tiempo no se detiene, por más que lo intentemos, por lo que por momentos bailamos desacompasados, inquietos y con un sinfín de actividades, que nos suman stress y requisitos por fuera de nuestro ADN.

La puntualidad se ha transformado en un requisito esencial de la era digital y exponencial, en donde las ventanas de tiempo para hacer algo son bastante comunes, en todos y cada uno de los episodios de nuestra vida diaria.

La primera persona que conocí en mi vida, poco afecto a la puntualidad (salvo para el trabajo) fue mi padre. Experto en manejar sus propios ritmos de vida, priorizaba una cosa sobre otra, haciendo que fuese impensado, planificar o programar algo, ya que por lo general llegaba tarde a todo, salvo en donde obligadamente debía hacerlo. Conservaba su propio ritmo lento, meticuloso, campero y preciso, para todas las tareas que emprendía, incluso en su trabajo como contador.

Era un impuntual responsable y comprometido con su propio patrón de tiempos. No admitía que fuera de su trabajo, alguien le impusiera un ritmo determinado, y sus planes de actividades podían cambiar dependiendo su humor, el clima u otros motivos que ciertamente nunca pude entender. Eso exasperaba a mamá, la cual muchas veces tuvo problemas sociales, ya que no llegaban temprano a sus compromisos. «No se puede coordinar nada, solía decirle, mientras enojada, corría tras él acercándole cosas para acelerar su preparación».

Antiguamente la puntualidad quizás fuera medida por fenómenos naturales como el amanecer, el cenit, la puesta del sol, la aparición de una estrella, el brote de primavera, la presencia de tal o cual flor, la migración de los animales, entre otras cosas. Nunca sabremos si alguien fue castigado, despedido, premiado o ascendido en la escala social, producto de su apego a presentarse al alba, al ocaso o a la caza exitosa de animales migratorios. Es probable que sí, porque está en nuestra condición, la búsqueda incesante de la perfección y en cierta manera la gestión del tiempo es parte de eso.

Generar un tiempo de calidad, distinto, capturando oportunidades y proyectos, se denomina Kairós o Cero (en griego Kαιρός, Kairós). Se trata de un concepto de la filosofía griega que representa un lapso indeterminado en que algo importante sucede. Su significado literal es «momento adecuado u oportuno», y en la teología cristiana se lo asocia con el «tiempo de Dios». La principal diferencia con Tiempo o Crono (en griego antiguo, χρόνος, chrónos) es que, mientras Kairós es de naturaleza cualitativa, Cronos es cuantitativo. Como dios, Kairós era semidesconocido, mientras que Cronos era la divinidad por excelencia de la época, siendo a veces asociado como el hermano y otras como el hijo de Tiempo.

El término utilizado en la antigüedad varía en los diferentes textos y aparece con significados ligeramente distintos. Así, Hesíodo lo define como «todo lo que es mejor que algo», y Eurípides dice que es «el mejor guía en cualquier actividad humana». Por eso, no se pueden unificar todos sus usos y el significado exacto debe extraerse del contexto en el que se emplee. Ni siquiera es siempre asociado con el tiempo, pero sí con la eficiencia y aparentemente siempre juega un papel decisivo en las situaciones imprevisibles e inusuales. En ciertos contextos es empleado para nombrar esa condición necesaria para lograr el éxito en una empresa.

El hombre que pretende temporizar todo, no cae en la cuenta de la relevancia vital de los tiempos de calidad, que abarcan eventos y proyectos que nos marcan de manera individual y como especie. Al final de cuentas, mi padre vivía sus propios y oportunos mecanismos de trascendencia más allá de los cronos. Era un impuntual oportuno, decidido a emprender su especial camino.

Celebro a todos los seres atemporales, que aunque no llegaron a ser eternos, contribuyeron a conseguir un mundo revalorizado para todos, optando por aportar sus obras y cosmovisiones, más allá de la puntualidad (probable la practicaban), y de las reglas del tiempo.

El deseo de la vida eterna, que no es más que un sueño irrealizable por el momento, tiene como contrapartida, dejar una huella con los objetivos hechos realidad, sin medir lo que no se puede medir, ni poner en números lo que perdura.

«Mortales, pero oportunos, las personas que crean eras que no tienen fin«

¡Cuatrocientos!

Termina este año y con él se queda parte de mi energía. Otra parte la reservo para el comienzo del que tímidamente asoma. Sería un pecado capital no agradecer todo lo que logré hacer en este período, de todo lo que fui capaz.

Podría decirse, de manera sucinta, que pude vencer muchos miedos, algunos que ya estaban, viejos, quejumbrosos y pesados, otros más nuevos, recién horneados, fresquitos, pero no por eso no menos consistentes.

Y he decidido que esté escrito será de a tres renglones por vez, como los tres cambios decisivos que hube de dar, aquellos que me permiten sentirme de nuevo útil, productivo, con fuerzas renovadas y siempre para adelante.

Casi como una poesía extraña, desinhibida, rara y algo perturbadora, de a tres a tres, fueron madurando algunas ideas calladas, y silenciadas por el paso del tiempo, aquel que lo puede todo, a favor y a pesar de nosotros.

La primera explosión de la conciencia me llevó a considerarme joven, dejando al viejo que me ataba, con cuerdas invisibles y poderosas, el que no me dejaba ver más allá de la cómoda y acogedora sensación de seguridad.

Mi segundo big bang se produjo cuando tuve que aceptar que no había más que remedio que el cambio, para después cambiarlo todo, y tantas veces todo como fuera necesario, hasta que nazca algo distinto del dolor.

El tercer evento, fueron en realidad una serie de eventos, vinculados con meterme a repetición, dentro de mí, para rescatar lo que me trajo hasta acá, me impulsó hacia algún lugar y me hizo ser quien soy o quien deseo ser.

Todas estas batallas, donde no hubo ganadores ni vencidos, hube de darles a lo largo de este desafiante año que me deja fortalecido, con más ganas que antes, con un millón de dudas, pero con la cabeza y el corazón alineados.

Pensar, sentir y vivir siendo joven no es nada fácil, ya que hay que romper varios paradigmas, sobre todo los que te hacen creer que no existe sentido, en dejar de lado el confort, para lanzarse a la aventura.

Cambiar es una decisión harto difícil, que te brinda oportunidades, pero es como jugar en una mesa de poker, donde sabes que están todas las cartas, pero no sabes quien las tiene, y cuando las van a tirar, confiando en tus instintos.

Las inmersiones profundas en uno mismo, para recuperar aquellos tesoros perdidos que una vez te animaron, son por general de bajo nivel de éxito. De eso se trata, de ser consistentemente un buceador a tiempo completo.

Uniendo todos los hilos mágicos, de decisiones que significaron muchas cosas, mezclas de alegrías y tristezas, de dolor y de placer, es que pude migrar dos veces de ciudad, y dos veces de trabajo, «hasta encontrarme de nuevo».

Perdón, por este escrito intimista, corto, que parece que no dijera nada, aunque a mí me diga mucho. Perdón por el egoísmo de hablarme en frente de ustedes, como si nada más importara, en este texto personalista.

Gracias por lo que pude hacer y por lo que no. Gracias a los que creen en mí, mucho más que la fe que yo tengo en mí mismo. He vuelto en parte a ser la persona, que elegí ser, con más vitalidad y entereza que nunca.

Recuperar el amor propio es todo un reto, para lo cual no hay reglas, ni tiempos, ni posibilidades de retroceder. Muñirse del valor para emprender desafíos, sortearlos, y ganar en confianza es aconsejable y redituable.

¿Soy una versión mejorada? Es probable que sí. ¿Soy la mejor versión posible? Es probable que no. La diferencia está en la actitud permanente, constante, pero con altibajos, para tratar de ser mi mejor versión.

En este fin de año, hay muchos yo, vuelvo a pedir perdón por ello. Necesitaba tener esta charla, luego de un año revolucionado, algo caótico, desequilibrado por momentos, pero sonriente al final de cuentas.

De aquel que comenzó este año, queda muy poco. Las elecciones fueron rompiendo las anclas que me ataban confortablemente, a todo lo que construí para estar cada vez más cómodo, pero sin proyectos y con pocos sueños.

En este diálogo personal, que comparto con ustedes, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a mi familia, mis amigos, mis compañeros y amigos de ruta, y a los que aportaron aceptación y rechazo. Todo me sirvió.

Arranca un nuevo año, con más desafíos que el anterior. No tengo palabras para contarles lo que eso significa para mí. Los que me conocen, capaz puedan entender de que les hablo. Los que leen mis escritos, creo que también.

Un año bisagra el que está acabando, un año de consolidación el que viene. Es la mejor forma de definirlos. Mi decisión es poner lo que esté a mi alcance para que esto sea de esta manera. Trabajar y confiar en uno mismo y los demás.

En este breve resumen de lo acontecido, te cuento que termino estos doce meses, «escribiendo mi blog número cuatrocientos». Que son los fines de semana ininterrumpidos y sucesivos en los cuales he publicado.

“Gracias totales”, como diría un famoso artista. Vamos por cuatrocientos más, de a uno en uno, respetando cada palabra, cuidándola y dándole sentido o al menos intentándolo. Al final de cuentas de eso se trata “seguir”. Felicidades y nos vemos el año que viene.

¡Don´t Worry, Be Happy!

A mediados del 2024, un viernes cerca del mediodía, luego de varias reuniones de trabajo, una persona del equipo me pidió conversar. No había sido necesario de que él participara de ninguna de las reuniones que se hicieron previamente. Le dije que sí, que no había inconvenientes, que me esperara una media hora y nos juntábamos. Le pregunté sobre que tema quería hablar y no recibí una respuesta concreta: sobre varias cosas, pero prefiero charlarlo después.  Mi respuesta fue afirmativa, respecto de la modalidad, porque noté que era más importante escuchar, que saber de antemano el temario.

Para ser honesto, me produce incomodidad no saber previamente el motivo de una reunión, sobre todo por el hecho de preparar algún material o incluir temas adicionales que pudieran servir para dar mayor sentido a la charla. Sin embargo, acepté en función de poder servir con mi escucha.

El funcionario que me había solicitado la reunión se presentó puntual a las 12.30, y luego de varios intercambios de saludos e indagación acerca de cómo estábamos cada uno personalmente, le pregunté cuál era el motivo del pedido.

Sin demasiados preámbulos, esta persona me dijo que no entendía muy bien la modalidad de trabajo, los objetivos y la valoración que yo hacía de la efectividad de las tareas que se le encomendaban y la vinculación que yo solicitaba entre compañeros de equipo.

Estas cuestiones por lo general no me toman por sorpresa, pero en este caso sí debido a la profundidad de las cuestiones planteadas.

Le pedí que vayamos por partes y si era posible ejemplificar o fundamentar cada una de las inquietudes planteadas.

Sobre la modalidad de trabajo, me comentó que por momentos se solicitaba cumplir un horario, en otros momentos no importaba el horario si cumplimos con los objetivos, y por otro lado no había muchas veces un adecuado descanso.

MI respuesta fue que la visión mía como líder de líderes, era que los responsables tienen como premisa esencial alcanzar objetivos y resultados, sin descuidar aspectos personales y de descanso, para lo cual tienen que ser capaces de asociarse con otros compañeros, para cubrir emergentes y contingencias. Esto de alguna manera aclaro este punto, porque me agradeció la respuesta.

Respecto de la valoración de la efectividad de las tareas, me comentó que daba la sensación de que las tareas nunca estaban terminadas, porque de mis preguntas y diálogos, se desprendía una cierta sensación de que nunca se alcanzaba a saber si algo estaba bien o mal.

Le dije que corregiría eso, agregando calificativos o más bien ponderaciones, respecto de lo bien o mal, que algo estaba siendo hecho. Que era muy válido el reclamo y que en caso de que yo me olvidara, el me hiciera recordar este acuerdo.

Sobre la vinculación de los compañeros de trabajo, el me dijo que yo no era claro respecto de cómo debían ser esas vinculaciones, porque las exigencias eran desparejas, y no todos tenían ganas de compartir problemas y soluciones.

Luego de pensar unos instantes antes de responder, pude hilvanar una secuencia apropiada. Le hice recordar que, en casi todas las reuniones de trabajo, les había dicho repetidamente, que necesitaba que todos desarrollaran habilidades cooperativas de preferencia a las competitivas, vale decir que era más importante el cumplimiento de objetivos comunes, por sobre los individuales. Que más allá de esto, en las próximas reuniones daría ejemplos concretos, para que todos entendieran el significado.

Tanto lo planteado, como las respuestas sirvieron para calmar la ansiedad de ambos, calibrar las expectativas comunes y además esta conversación fue la primera de otras tantas, que sostuvimos hasta mi alejamiento de la empresa, que sucedió unos meses después de este evento.

La confianza mutua fue creciendo, y un día en donde conversábamos acerca de que cada uno procura su propio bienestar como puede y le sale, evitando tirar la culpa de los males a los demás, como una práctica superadora, me dijo algo que realmente me dejo atónito:

“Marcelo, después de todos los momentos compartidos, y viendo tu manera de proceder, creo que en la vida hay tres formas nítidas de hacer las cosas: bien es una, mal es otra y la tercera es como las hace Marcelo Bordolini”.

“Si hay algo que tengo que agradecer, por sobre muchas cosas, es que tu accionar es genuino y como un sello distintivo de tu persona y ser profesional”.

“Me gustaría sinceramente, que alguien en el futuro diga lo mismo de mí”.

Le dije que eso que él distinguía, surgía desde la apertura y confianza mutua que habíamos logrado, y que eso a la larga, nos permite conseguir objetivos y trabajar en armonía. Le agradecí, mientras le confirmaba, que a mí me había costado mucho tiempo y trabajo, darme cuenta de que el valor está en buscar el equilibrio entre lo bueno y lo malo, no sumando más preocupaciones donde no las hay, y tratando de ver el vaso medio lleno, a pesar de……

El crecimiento de las personas en sus relaciones no tiene que ver con las jerarquías, sino más bien con el compromiso, la comunicación y la confianza. La famosa regla de las “Tres C”.

Como hoy estoy recordando gente que me sumo valor, les comparto la historia da una canción muy positiva y difundida, que marcó una época, aunque algunos como yo no supieran a ciencia cierta cómo surgió.

Meher Baba (1894 – 1969) a menudo utilizaba la expresión «Don’t worry, be happy» («No te preocupes, sé feliz») mientras guiaba a sus seguidores en el mundo occidental. Entre los numerosos ejemplos, el 6 de diciembre de 1958, después de sufrir un grave accidente automovilístico en las afueras de Satara, India, Meher Baba le dio este mensaje personal a sus seguidores «No te preocupes, sé feliz. Todo estará bien. Fielmente seguid con las instrucciones que os he dado». Más tarde, en los años 1960, esta expresión de Baba fue impresa en tarjetas inspiracionales, e incluso en los afiches fosforescentes de aquella época. En 1988, Bobby McFerrin notó un afiche parecido en el apartamento de la banda Tuck & Patti de San Francisco; inspirado por el encanto y la simplicidad de la frase McFerrin escribió la ahora famosa canción «Don’t Worry, Be Happy».

Fue la primera canción a capela en llegar al número uno en la lista de los Billboard Hot 100 en los Estados Unidos, manteniendo esa posición por dos semanas en septiembre de 1988. El título de la canción, como ya dijimos, es tomado de una famosa frase de Meher Baba (Revista Time, edición norteamericana, 17 de octubre de 1988).

La canción fue grabada sin el uso de instrumentos musicales, utilizando únicamente una superposición de voces del propio McFerrin.

Un malentendido general existe al creer que la canción fue escrita por Bob Marley. La verdad es que él murió casi una década antes del lanzamiento de esta canción.

La canción ha provocado un mito urbano acerca de que el compositor se suicidó después de escribirla; aunque Bobby McFerrin continúa vivo y aún en actividad.

En el video musical participan Robin Williams y Bill Irwin, junto a McFerrin.

La canción fue ubicada en el número 31, en una lista realizada por VH1 de los 100 mejores one hit wonders de los 80’s. En 1989, la canción se alzó con tres Premios Grammy en las categorías: Canción del añograbación del año y mejor interpretación vocal pop masculina.

Para finalizar aquí va la letra completa.

No Te Preocupes, Sé Feliz

Don’t Worry Be Happy

Aquí hay una pequeña canción que escribí.
Es posible que desees cantarla nota por nota.
No te preocupes, sé Feliz.

En cada vida tenemos algunos problemas.

Pero cuando te preocupas, lo haces doble.

No te preocupes, sé Feliz.

No te preocupes, sé feliz ahora.

Oo, oooOh, ooh

No te preocupes, sé Feliz.
No te preocupes, sé Feliz.

No te preocupes, sé Feliz.
No te preocupes, sé Feliz.

Oo, oooOh, ooh

No hay lugar donde poner la cabeza.
Alguien vino y tomó tu cama.
No te preocupes, sé Feliz.

El señor de la tierra dice que tu alquiler se atrasó.

Puede que tenga que litigar.
No te preocupes, sé Feliz.

Mírame, soy Feliz.

No te preocupes, sé feliz.

Déjame darte mi número de teléfono.
Cuando te preocupes, llámame. Te haré Feliz.

No te preocupes, sé Feliz.

No tienes dinero, no tienes estilo.
No tienes ninguna chica que te haga sonreír.
No te preocupes, sé feliz.

Porque cuando te preocupas tu cara fruncirá el ceño.

Y eso hará que todo el mundo caiga.
Así que no te preocupes, sé Feliz.

No te preocupes, sé feliz ahora.

Oo, oooOh, ooh

No te preocupes, sé feliz.

No te preocupes, sé feliz.
No te preocupes, sé feliz.

No te preocupes, sé feliz.
Oo, oooOh, ooh

No te preocupes, no te preocupes, no lo hagas, sé feliz.

Deja una sonrisa en tu cara.
No tires abajo a todos.

No te preocupes, pronto pasará.

Lo que sea, que sea.

No te preocupes, sé Feliz.

No estoy preocupado, estoy Feliz.

No son sólo palabras!

Las palabras son decididamente nuestra distinción más específica y humana, aquellas que nos diferencian, del resto del reino animal, vegetal e inanimado.

Como seres humanos, estamos siempre expectantes de los que nos decimos, nos dicen y lo que decimos a los demás. Una declaración cambia las cosas para bien o para mal, sobre todo cuando esas palabras nos llevan a la acción, nos movilizan y emocionan, son un antes y un después, que se enuncian en el presente, aunque se refieran al pasado o al futuro.

Los poetas las manejan incorporando belleza, sentimiento y armonía. Los que narran las concatenan para encontrarles un sentido, incluso en la dramaturgia o el teatro, para que sean representadas, por otros seres que dialogan mientras actúan. Los silencios, son las pausas necesarias para que el cerebro las interprete y las asimile, guardándolas u olvidándolas, según causen alegría, dolor o indiferencia.

Somos seres de palabras, hechos de barro cocido, sostenidos por hilos invisibles y poderosos, como oraciones no editadas. Antes, cuando no existían los contratos, los hombres eran sólo de palabra. Hoy lo siguen siendo, más allá de toda la literatura e intenciones que se escriban en un acuerdo. Honrar la palabra es dignamente humano, indefectiblemente nuestra única fuente de confianza.

De miles de millones de sensaciones, pensamientos y afectaciones corporales, se compone decir “te amo”, “te perdono”, “te agradezco”, “no sé, ayúdame”, “te digo que no”, “te digo que sí”.

Cuando alcanzamos un hito añorado en nuestras vidas, lo hemos hecho sumando, restando, multiplicando y dividiendo, un montón de esas simples declaraciones y decisiones, que nos han permitido estar donde estamos, alcanzar lo que hemos deseado alcanzar.

Este discurso de fin de ciclo de primario le corresponde a mi más querida discípula, Lucía, mi pequeña niña de luz. Textual y con permiso para compartirla.

Queridos egresados

Hoy es un día muy especial, un día que marca el cierre de una etapa única e irrepetible y el comienzo de otra. Un día que simboliza el final de un camino, de un largo viaje que pudimos transitar, a pesar de sus obstáculos y dificultades, un camino lleno de aprendizajes, no sólo escolares, sino también personales, estos aprendizajes nos ayudarán a crecer y entender la vida hasta el día en que finalmente volemos libres, un viaje colmado de recuerdos que llegaron a nuestro corazón y encontraron su lugar para no irse nunca.

Al mirar hacia atrás nos damos cuenta de que lo que recorrimos fue un trayecto enorme y hermoso. Desde ese primer día en salita de cuatro donde nos conocíamos nuestras caras, nuestros nombres, hacíamos una merienda compartida, jugábamos, llorábamos porque extrañábamos a nuestros seres queridos y elegíamos a nuestros primeros compañeros de vida, algunos nos acompañan hasta el día de hoy, otros llegaron a nuestra vida con el paso del tiempo, y otros nos acompañaron y marcaron nuestras infancias para luego despedirse y seguir sus propios rumbos, pero con la certeza de que permanecerán en nuestros corazones por siempre.

Llegó nuestro primer año en esta etapa, nuestro primer grado, con la seño Georgina, donde corríamos en los recreos, aprendíamos a leer y escribir, y como el Lolo sabía hacer ambas cosas, siempre se paraba y nos leía cada palabra del pizarrón en voz alta, siempre nos terminaban retando.

Luego llegamos a segundo grado, de la mano de la seño Roxana, un grado especial ya que, debido a la cuarentena, debimos pasarlo viéndonos y compartiendo sólo a través de tecnología.

Tercer grado, acompañados primero por una seño que aún no siendo la titular nos pudo hacer los meses que estuvimos con ella, mágicos y que siempre anhelamos que cuando nos digan que viene una suplente entre ella por la puerta y pueda ver cómo crecimos y maduramos, la seño Flor, y luego llegó la seño Lu, que hizo de tercer grado una experiencia colmada de aprendizajes y momentos divertidos, en fin, una grado hermoso que al principio estuvo dividido en dos burbujas, pero en septiembre todo cambió y volvimos a ser uno solo de nuevo.

Llegaba cuarto grado, con la seño Silvi, que, aunque no pudo acompañarnos todo el año siempre estará en nuestros corazones, ese año tuvimos un hermoso y gracioso proyecto y una obra de teatro llamada “Lorenzo Talatodo”. Este grado lo terminamos con la seño Ema y estos dos últimos increíbles años estuvieron bajo el ala de la seño Elo y de la seño Nati, que pudieron transformar cada experiencia en algo inolvidable, cada aprendizaje en algo divertido, que pudieron poner color en días grises, claridad en nuestro camino y recuerdos en nuestros corazones. El tiempo transitado con ellas fue maravilloso, realmente se pusieron la diez, e hicieron de todo algo mágico, como los Just Dance para divertirnos un rato, las siestas en el suelo para relajarnos, el baile de trolls, los juegos, las charlas y aprendizajes que nos llevamos para toda la vida. Las seños eternas, gracias por todo, y aunque ya llegó el momento de despedirnos y dejarlas atrás, ustedes son un eco que resonará en nosotros por siempre.

Gracias también a las seños de áreas especiales que hemos tenido a lo largo de esta bella etapa, que nos vieron crecer y nos ayudaron siempre y también agradecemos la compañía del Equipo Directivo, seño Andrea, seño Analía y seño Eli, en estas hermosas experiencias.

Gracias, chicos por todos los momentos compartidos, por los recreos de juegos, por todos los partidos de quemado, por todas las risas que siempre resuenan, por la unión y la compañía, por los llantos y las peleas que nos enseñaron a crecer, por habernos acompañado mutuamente en la experiencia de ser promo, por haber sido una familia todos estos años y por todos los recuerdos y aprendizajes que van más allá de lo escolar.

Bueno llegó el final, el momento en donde dejamos atrás una ruta para comenzar otra, momento en que algunos seguirán otros caminos, pero les aseguro que el tiempo es sabio, y si así lo desea unirá nuestros viajes en algún otro momento de la vida.

«Esta etapa llena de recuerdos la debemos dejar atrás, pero nunca debemos olvidar que nuestras raíces se encuentran acá».

Gracias Lucía, por tan emotivo discurso.

Mucha suerte con todo lo que vendrá, fortaleza , ánimo e inteligencia no te faltan.

A seguir por este y otros rumbos, mi querida niña.

¡Enojarse es un arte exquisito!

Transitar las calles conduciendo un vehículo es muchas veces una odisea. Somos muchos los que queremos apropiarnos de ese espacio vital, con la expectativa de fluir sin interrupciones, haciendo prevalecer nuestras necesidades de movernos a la de los demás. Las ciudades suramericanas, sobre todo las más grandes, no están preparadas, para tanto flujo vehicular, y mucho menos para que coexistan en movimiento camiones pequeños, utilitarios, camionetas, automóviles, motocicletas y rodados menores como bicicletas y ahora patines eléctricos.

Manejar, es como adentrarse en una jungla, como tantas veces hemos escuchado, y ganan los que tienen el tamaño y la potencia más grande. Proliferan actitudes imprudentes, y salvo honrosas excepciones, todos y cada uno de nosotros, tenemos una marcada vocación por no respetar las señales.

El enojo, las discusiones, las disputas acompañadas de agresiones verbales y físicas, son comunes y recurrentes en todo momento, siendo fuente de inspiración para la trama de cualquier libro o película, en donde por lo general, existen escenas que se desarrollan conduciendo vehículos, a toda velocidad, con derivaciones y consecuencias disparatadas y/o terroríficas.

Si hubiera la posibilidad de instalar un aparato para medir “el enojo o crispación generalizada”, de seguro las mediciones más elevadas, se darían durante las horas pico de tránsito en ciudades multitudinarias.

El enojo, la crispación y su amiga más elevada y persistente que llamamos “IRA” son moneda corriente, en todas las interacciones humanas, incluyendo una versión más íntima “el enojo con uno mismo”.

El enojo es una de las emociones más presentes desde nuestro nacimiento. El ceño fruncido es algo muy común en los infantes, siendo la reacción más natural que tenemos al alcance de la mano, para decir que algo no está gustando o resultando confortable.

Recuerdo el haber sido un niño con bastante tendencia a la ofuscación. Me producía irritación que otros infantes no quisieran jugar, que mis padres no me compraran un juguete, una mala nota en el colegio, sólo por citar ejemplos comunes. No vivía crispado, pero sí con una gran frecuencia, me sentía irritado con las cosas, vale decir intranquilo, inquieto y molesto. A pesar, de eso siempre hacía todo lo que se me pedía, no tenía problemas para estudiar y relacionarme con los demás. Era algo más vinculado a mi mismo y mis expectativas.

Durante la adolescencia, los enojos pueden ser más reiterados, impulsivos y derivar en situaciones complejas de violencia o descontrol. Los púberes, adolecen o están en búsqueda de muchas cosas, una de las cuales, es la posibilidad de frenar a tiempo, sin descarrilar con sus emociones. En mi caso, esa etapa fue de bastante equilibrio en ese aspecto, no así a la hora de frenar la parranda, en donde, por cierto, frecuentemente descarrilé.

Unida a la frustración y camino previo a la ira, a una edad más madura, el enojo se produce fundamentalmente, debido a aquello que se interpone con nuestros objetivos personales. Es por ello, que nos molestan situaciones, actitudes de otras personas, pedidos no satisfechos, errores propios y ajenos, metas que no alcanzamos. Vivir como un adulto enojado, considero que es una de las peores decisiones de modo de vivir, por la que podemos optar.

Te quiero compartir ahora algunas reflexiones sobre el enojo y sus derivados. Como siempre te digo, puedes tomarlos, dejarlos o considerarlos parcialmente, dentro de tu esfera de pensamiento crítico.

Vivir enojado, puede resultar nocivo para mantener relaciones estables, conservar amigos, trabajo. Nos limita la oportunidad de expandir nuestras posibilidades.

En el otro extremo, no enojarse por casi nada, puede implicar la aceptación pasiva de agresiones. La exacerbación de la calma, puede atentar contra nuestra dignidad humana. Vale decir, ante una agresión manifiesta recibida, mantenerse sin decir palabra, puede resultar contraproducente.

La exasperación usada como un mecanismo de manipulación hacia los demás, es inconducente para mantener sanas relaciones humanas.

La calma fingida, utilizada como un mecanismo de simulación para mostrar equilibrio, es una condición de inautenticidad, que se puede caer por su propio peso.

Poner conciencia y detectar lo que nos está enfadando, nos permite encontrar una salida para no permanecer en esa emoción. De este modo evitamos entrar en la cólera.

No manifestar enojos a tiempo, puede derivar en el resentimiento, que prolongado en el tiempo nos lleva al odio.

El enojo reduce el espacio de posibilidades para accionar. Es espontáneo y una reacción impulsiva.

Poner conciencia de la limitación que produce, es clave para sortear obstáculos y conseguir metas.

En un sentido práctico, cuando nos disgustamos con alguien, estamos emitiendo una señal de alarma hacia el otro. Le estamos diciendo:

¡Oye esto que estás haciendo es inaceptable!

Ahora bien, si nuestro devenir no es acompañado de otras señales en sentido contrario, de que aceptamos determinadas cosas de los demás, la cuestión se torna poco sostenible.

Los orígenes del cabreo pueden ser muy variados:

Enojos amorosos en relaciones profundas entre personas.

Enojos en el entorno de la amistad por promesas incumplidas.

Enojos por desavenencias laborales o contractuales.

Enojos por inconductas a la hora de conducir.

Enojos por situaciones injustas.

Así podemos enumerar cientos de razones.

El común denominador de los motivos, es por lo general un disparador o sea algo que no esperaba. No estaba en mi radar.

Mantener una adecuada gestión de lo que nos irrita, nos puede llevar a tomar mejores decisiones.

Estoy enojado conmigo mismo, porque las cosas no me salen cómo quería:

  • concurro a terapia, buscando ayuda profesional.
  • busco la asistencia de un coach.
  • genero nuevas relaciones.
  • indago en otras personas que hacen lo mismo, para saber cómo lo hacen.

Poner conciencia sobre el enojo, me permite articular numerosas acciones posibles.

Es por ello que mi escrito de hoy tiene este título:

¡ENOJARSE ES UN ARTE EXQUISITO!

¿Hay que aprender de nuestros disgustos?

Sin lugar a dudas.

Estando en una situación de rabia, o frustración, es probable que al hablar ofendamos, o produzcamos un daño que puede ser irreparable. Al mismo tiempo si no manifestamos adecuadamente lo que nos enoja, el efecto puede ser nocivo para nosotros mismos.

El hilo es muy delgado, por lo tanto, se puede romper fácilmente. Nosotros somos como equilibristas manteniéndonos arriba, muchas veces en situaciones distintas con personas diferentes, aunque con algunos elementos comunes.

Ser un maestro viviendo nuestras irritaciones y las de los demás, suena a utopía, pero cuando más nos acerquemos a bajar a tierra esta emoción, tendremos nuevas oportunidades para crecer.

¿Cómo andas de enojos?

¿Cuál es tu equilibrio en relación con los acontecimientos y otras personas que te disgustan?

¿Te sale fácil la cara de…..?

Hace miles de años, Aristóteles, un filósofo de los más reconocidos, nos regalaba esta frase genial.

“cualquier pueda estar enojado, eso es fácil, pero estar enojado con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta…. eso sí que no es fácil”.

Tantas veces escuchamos:

¿Es tan difícil no enojarse por pavadas?

Depende las pavadas……

Un chiste malo para el final:

Me gritó: “Sal de mi vida”.

Yo le respondí: “Pimienta de mi corazón”.

Y luego de eso, se enojó aún más.

La verdad no entiendo.

No te irrites por mi broma, por favor.

Créeme, que el humor salva vidas y relaciones.

Al menos, en mi caso, ha venido sucediendo.