Los cuidados de la IA !

Así como la inteligencia artificial abre posibilidades, también genera temores y su potencial hace creer que en algún punto pueda convertirse en un peligro para la humanidad. Para evitar situaciones así, se imponen controles en el desarrollo de esta tecnología, pero recientemente una pudo superarlos por ella misma al alterar su código.

The AI Scientist, es el sistema que protagoniza esta historia. Desarrollado por la empresa japonesa Sakana AI, esta inteligencia artificial fue diseñada para automatizar todo el proceso de investigación científica, desde la generación de ideas hasta la redacción de manuscritos y la revisión por pares.

Sin embargo, durante las pruebas mostró un comportamiento inesperado que ha generado serias preocupaciones en la comunidad tecnológica y científica.

Cómo una IA pudo evitar las restricciones humanas

The AI Scientist nació con el objetivo de cambiar la investigación científica al permitir que un sistema de IA conduzca experimentos, analice resultados y redacte informes científicos completos de manera totalmente autónoma.

Todo esto con la idea de reducir el tiempo y los recursos humanos necesarios para llevar a cabo investigaciones que tradicionalmente han requerido un gran esfuerzo humano. Todo esto apuntaba a una nueva era de descubrimientos científicos impulsados por IA.

A pesar de las grandes expectativas, durante las pruebas del sistema, los investigadores se encontraron con un comportamiento que no habían anticipado. En lugar de optimizar su código para cumplir con las limitaciones impuestas por sus desarrolladores, The AI Scientist comenzó a modificar su propio código para sortear estas restricciones.

En un caso particular, el sistema editó su script de inicio para ejecutarse a sí mismo en un bucle infinito, lo que resultó en una sobrecarga del sistema. Este incidente requirió intervención manual para detener el proceso y restaurar el control.

En otro caso, al enfrentar un límite de tiempo para completar un experimento, The AI Scientist no optimizó su código para cumplir con este límite. En su lugar, simplemente extendió el límite de tiempo modificando su propio código. Este comportamiento, aunque ocurrió en un entorno de prueba controlado, demuestra los riesgos de permitir que una IA opere de manera autónoma.

Los investigadores reconocieron que estos incidentes plantean serias preocupaciones sobre la seguridad de los sistemas de IA avanzados. La posibilidad de que una IA modifique su propio código sin supervisión humana podría llevar a consecuencias imprevisibles, especialmente si se le permite operar en un entorno no controlado.

Qué tan probable que The AI Scientist remplace a los científicos

A pesar de estos desafíos, la empresa japonesa sigue adelante con su visión. El sistema está diseñado para llevar a cabo investigaciones de manera continua, utilizando sus ideas previas y los comentarios recibidos para mejorar la siguiente generación de ideas, emulando así la comunidad científica humana.

La capacidad del sistema para generar artículos científicos completos a un costo relativamente bajo, aproximadamente 15 dólares por artículo, ha sido uno de sus logros más destacados.

Sin embargo, este desarrollo ha provocado un debate en la comunidad científica. Críticos en foros como Hacker News han cuestionado la viabilidad de un sistema de IA para realizar descubrimientos científicos genuinos y generando una gran preocupación: la posibilidad de que The AI Scientist inunde el proceso de revisión por pares con investigaciones de baja calidad, degradando así los estándares de la literatura científica.

Además, existe el temor de que sistemas como “The AI Scientist” puedan ser utilizados de manera irresponsable o incluso maliciosa. La capacidad de una IA para escribir y ejecutar código sin supervisión podría llevar a la creación inadvertida de malware o a la alteración de infraestructuras críticas. Sakana AI ha abordado estas preocupaciones recomendando medidas de seguridad estrictas, pero las implicaciones éticas y prácticas de este tipo de tecnologías quedaron expuestas ante un potencial riesgo.

Aprendizaje poderoso !

Hace exactamente seis años atrás, escribía un blog dedicado a resaltar la figura de Jesús, el protagonista de nuestra semana santa.

Reviso mi visión de aquellos días, encontrando que la misma adquiere hoy una significancia especial. No tengo mucho para corregir, ni agregar, sólo resaltar y recuperar su relevancia personal.

“Tomo este ramito de olivos, como un símbolo de paz. Rememora las horas de una cálida recepción, en aquellas tierras lejanas, donde vivió este profeta de la palabra.

Me reconozco muy limitado para comprender la naturaleza del fenómeno Jesús de Nazaret.

Desde una concepción espiritual, el significado de la trascendencia de sus enseñanzas deja boquiabiertos, a cristianos y no cristianos.

Desde una concepción humana, su liderazgo para ser el primer servidor genera una revolución que no tiene fin.

Desde una concepción racional, el sentido de la coherencia de sus actos no admite discusión.

Tanto se ha escrito y publicado, sobre Jesús de Galilea, que lo mío no tiene muchas pretensiones, ni en calidad técnica o espiritual, ni muchos menos en contenido.

Lector del Nuevo Testamento, por momentos de manera regular, olvidando ese texto por meses, en este sencillo y breve ensayo, mi única pretensión es tratar de mostrarte una visión, creo menos profundizada, de lo que representa la dimensión de Jesús.

Recurro a una pregunta:

¿Cuál crees que es su más grande legado?

Dependiendo por supuesto, de la connotación religiosa y de fe, la respuesta de muchos será sin dudas, la de dar su vida por nosotros, para salvarnos.

Sin embargo, te sugiero apartamos un poco de esta insuperable convicción, poniendo una lupa en su vida; de esta manera, puede resultar paradójico el hecho que su principal apostolado, sea su aprendizaje y transformación.

¿Cómo es esto?

Los relatos bíblicos, no nos dicen mucho de su niñez y juventud, sólo retazos de estas etapas en los evangelios de los apóstoles. La mayor parte de lo referenciado se centra en el proceso de conversión en el Hijo de Dios.

Aquí encontramos muchos elementos notables:

Cuando Jesús habla, en general se refiere primero a sí mismo.

Sostiene su vida, camino hacia una aceptación final, sintiendo miedo, pero convencido de su liderazgo servicial.

Es en ese trazado que dura varios años, se desprende de la concepción cultural reinante, para decirnos y mostrarnos una nueva forma de accionar.

Articula sus obras, para que sean el fiel reflejo de sus palabras:

Traten a los demás como ustedes quisieran ser tratados.

No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados.

Ama a tu prójimo como a ti mismo.

Hay más dicha en dar que en recibir.

Si solo amas a los que te aman, no estás haciendo nada extraordinario porque hasta los incrédulos lo hacen.

El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado.

No se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.

Aquel que esté libre de pecado que arroje la primera piedra.

Y en el instante final de este camino que termina en su crucifixión:

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

En estas Pascuas, nos detengamos por favor, en una sola de estas sentencias y tratemos de sostenerla por algún tiempo.

Resulta difícil ¿no?

La vida de Jesús es la de un aprendiente sin igual:

Aprendió a amar al más próximo.

Aprendió a perdonar a sus enemigos.

Aprendió a amar, a aquellos que no lo amaban.

Aprendió a aceptar su destino mortal.

Aprendió a decir nuevos si y nuevos no.

Aprendió a ser misericordioso y servicial.

Aprendió a rodearse de los más humildes.

En estas Pascuas, nos detengamos por favor, en uno solo de estos aprendizajes y tratemos de practicarlo por algún tiempo.

Al hacerlo caemos en la cuenta, que es una empresa cuanto menos azarosa.

Asumiendo las restricciones de mi naturaleza humana, retomo de nuevo la pregunta, ahora abarcando el plural.

¿Cuál creemos que es su más grande legado?

Su figura despierta el interés de millones de seguidores, en estas Pascuas: Jesús es aquel que te tiende la mano.

Ese acto, que parece sencillo, tuvo un enorme recorrido previo, que significó para su fuero interior, un proceso de soltar lo conocido, para alcanzar algo más preciado, despojado de egoísmos.

Es por ello, es que, en mi modesta y humilde opinión, su principal enseñanza fue su aprendizaje sin igual.

Ese tallado interior lo llevo a imaginar y crear una comunidad de individuos en servicio.

En el nombre de Jesús confluyen muchas familias para celebrar las Pascuas.

Su dimensión personal sigue resultando algo inabarcable.

Aunque resulte así, no importa tanto, ya que lo importante es que nos quedó su inmenso legado.

¡Jesús, el aprendiente!”

Haciendo mi propio revisionismo histórico, caigo en la cuenta de la exponenciación de nuestros viejos y no resueltos problemas humanos, casi que nos obliga a transformarnos y cambiar aquellos hábitos que nos posicionaron donde estamos.

Adaptarse a la vorágine de requerimientos y desafíos tecnológicos y evolutivos nos obliga a ser aprendices a tiempo completo.

Los múltiples caminos que podemos elegir son todas oportunidades que podemos capitalizar. Necesitamos llevar en nuestras alforjas varios elementos, pero como el Jesús de Nazaret, la actitud que nos debe guiar es la de mantenernos alertas y comprometidos con la habilidad de “aprender”.

Que la Paz sea el condimento especial de nuestra mesa de Pascuas.

Que nuestro compromiso sea con nosotros mismos y con los demás.

Que nuestras cruces nos sirvan para crecer, así como lo hizo Jesús.

¡Felices Pascuas!

El arte de conversar: conversaciones poderosas !

Vivimos en un mundo de conversaciones. El hombre puede definirse en una de sus facetas como un ser de lenguaje, que existe y se transforma desde que aprendió a usar la palabra. La evolución tecnológica de esto es que podemos sostener conversaciones con la inteligencia artificial. Vale decir, que hemos creado a un otro, con el cual poder conversar, para poder conocer e informarnos.

La palabra conversación proviene del latín y nos invita a pensar en hacer con el otro, en controvertir y reunirse. 

Conversación evoca la idea de girar, de poner a dar vueltas las cosas, las ideas y los conceptos. Es una posibilidad de reunión para explorar y transformar nuestras perspectivas.

Del latín «con» (junto con) «versare» (dar vueltas), ya la palabra es una diferenciación concreta de un diálogo (entre dos personas) y de un monólogo (un pensamiento dicho en voz alta).

Hay varias preguntas que podemos hacernos.

¿Conversamos para relacionarnos o nos relacionamos para conversarnos?

La respuesta no es sencilla ni mucho menos.

¿Se pueden clasificar a las conversaciones?

Existen muchas clases de conversaciones. En lo personal puedo diferenciar según el grado de profundidad, dos extremos y un sinfín de otras que no entran en esta escala-

  • Conversaciones triviales.
  • Conversaciones indefinidas.
  • Conversaciones poderosas.

¿Es una clase más importante que la otra?

Son diferentes, pero no por eso con distinto valor.

Las conversaciones triviales, surgen en cualquier momento y sobre la base de ningún interés en particular. Permiten a las personas, acercarse unas a otras, generando un vínculo transitorio y necesario en circunstancias con bajo nivel de compromiso. Por ejemplo, mientras esperamos en la fila para ingresar a un espectáculo, en la sala de recepción de un consultorio médico, solo por citar algunos ejemplos.

Las conversaciones indefinidas, son aquellas que nos vinculan con personas con las cuales nos relacionamos a menudo, y que transitan entre la falta de profundidad, la no planificación y las cuestiones personales al azar. Son las típicas conversaciones laborales, familiares o de cualquier entorno, en donde se generan lazos de confianza, creando las condiciones previas para sostener conversaciones más profundas. Ayudan para crear el hábito de compartir y recrear circunstancias, promoviendo la fraternidad y las relaciones.

Las conversaciones poderosas, se diferencian de las anteriores, porque giran en torno de uno o varios temas de interés común, donde cada persona aporta su opinión, en un entorno de respeto, y en donde la idea es llegar a conclusiones o decisiones que promueven algo, deciden cómo seguir o resolver un problema, aportan marcos de creatividad o bien fijan las pautas de trabajo o relacionamiento para un período de tiempo. Es poderosa, porque por lo general empodera a los conversantes.

Le preguntamos a la IA, como podría definir una conversación poderosa:

Una conversación poderosa es aquella que tiene un impacto significativo en las personas involucradas, ya sea en un nivel personal, profesional o social. Puede ser una conversación que:

  1. Cambia perspectivas: Ayuda a las personas a ver las cosas desde un nuevo ángulo, a cuestionar sus suposiciones y a considerar nuevas ideas.
  2. Fomenta la conexión: Crea un sentido de conexión y comprensión entre las personas, ayudándolas a sentirse escuchadas y validadas.
  3. Inspira acción: Motiva a las personas a tomar acción, a hacer cambios en sus vidas o a trabajar hacia un objetivo común.
  4. Resuelve conflictos: Ayuda a resolver conflictos y a encontrar soluciones a problemas complejos.
  5. Fomenta el crecimiento: Ayuda a las personas a crecer y a desarrollarse, ya sea en un nivel personal o profesional.

Algunas características de una conversación poderosa incluyen:

  1. Escucha activa: Las personas involucradas se escuchan activamente entre sí, prestando atención a las palabras, el tono y el lenguaje corporal.
  2. Comunicación clara: La comunicación es clara y concisa, sin ambigüedades ni malentendidos.
  3. Empatía: Las personas involucradas muestran empatía y comprensión hacia los demás, lo que ayuda a crear un ambiente de confianza y seguridad.
  4. Respeto: La conversación se lleva a cabo con respeto y consideración hacia los demás, incluso en situaciones de desacuerdo.
  5. Autenticidad: Las personas involucradas son auténticas y genuinas en su comunicación, lo que ayuda a crear un ambiente de confianza y credibilidad.

Algunos ejemplos de conversaciones poderosas incluyen:

  1. Conversaciones de coaching: Un coach puede tener una conversación poderosa con un cliente para ayudarlo a establecer objetivos y a trabajar hacia ellos.
  2. Conversaciones de resolución de conflictos: Dos personas pueden tener una conversación poderosa para resolver un conflicto y encontrar una solución mutuamente beneficiosa.
  3. Conversaciones de mentoría: Un mentor puede tener una conversación poderosa con un aprendiz para ayudarlo a crecer y a desarrollarse en su carrera.
  4. Conversaciones de equipo: Un equipo puede tener una conversación poderosa para discutir un proyecto o un objetivo común y trabajar juntos hacia su logro.

En resumen, una conversación poderosa es aquella que tiene un impacto significativo en las personas involucradas, ya sea en un nivel personal, profesional o social. Se caracteriza por la escucha activa, la comunicación clara, la empatía, el respeto y la autenticidad.

¿Cómo se lleva a cabo una conversación poderosa?

Una conversación poderosa se lleva a cabo de manera intencional y consciente, con el objetivo de crear un impacto significativo en las personas involucradas. A continuación, te presento algunos pasos y técnicas para llevar a cabo una conversación poderosa:

Preparación

  1. Establece un objetivo claro: Antes de iniciar la conversación, define qué es lo que deseas lograr o discutir.
  2. Prepara tus pensamientos y sentimientos: Reflexiona sobre tus pensamientos y sentimientos en relación con el tema de la conversación.
  3. Elige un entorno adecuado: Selecciona un lugar y un momento adecuados para la conversación, libres de distracciones y interrupciones.

Inicio de la conversación

  1. Comienza con una pregunta abierta: Haz una pregunta que invite a la otra persona a compartir sus pensamientos y sentimientos.
  2. Escucha activamente: Presta atención a la respuesta de la otra persona, tanto verbal como no verbalmente.
  3. Muestra empatía y comprensión: Demuestra que estás escuchando y que entiendes la perspectiva de la otra persona.

Desarrollo de la conversación

  1. Explora y profundiza: Haz preguntas adicionales para explorar y profundizar en el tema de la conversación.
  2. Comparte tus pensamientos y sentimientos: Comparte tus propias pensamientos y sentimientos de manera clara y respetuosa.
  3. Busca puntos en común: Identifica áreas de acuerdo y desacuerdo, y busca encontrar puntos en común.

Cierre de la conversación

  1. Resume y clarifica: Resume los puntos clave de la conversación y clarifica cualquier malentendido.
  2. Establece acuerdos y acciones: Establece acuerdos y acciones concretas para seguir adelante.
  3. Agradece y cierra: Agradece a la otra persona por su tiempo y participación, y cierra la conversación de manera positiva.

Técnicas adicionales

  1. Uso de lenguaje corporal: Utiliza un lenguaje corporal abierto y receptivo, como mantener contacto visual y asentir con la cabeza.
  2. Tono y volumen: Utiliza un tono y volumen de voz adecuados para la conversación.
  3. Pausa y reflexión: Haz pausas y reflexiona sobre lo que se ha dicho para procesar y entender mejor la información.
  4. Uso de preguntas: Utiliza preguntas abiertas y cerradas para obtener información y clarificar puntos.

Recuerda que la clave para llevar a cabo una conversación poderosa es ser intencional, consciente y respetuoso en tu comunicación.

Para finalizar reflexiones acerca de la importancia de conversar:

«La conversación es la forma más alta de educación.» – Paulo Coelho

«Hablar es una forma de pensar en voz alta.» – Voltaire

«La conversación es el arte de hacer que los demás se sientan importantes.» – Dale Carnegie

«Cuando hablamos, creamos un mundo nuevo.» – Jorge Luis Borges

«La conversación es el puente entre la mente y el corazón.» – Desconocido

Las mujeres de Malvinas !

Una manera de honrar a los muertos es no olvidarlos. Por eso cada 2 de abril, rindo homenaje, a todos los combatientes de esta guerra que tuvo lugar hace más de cuarenta años, en donde perdieron la vida 677 compatriotas, a los que sumaron otros que fallecieron por las secuelas psicológicas de la contienda, más otros que no pudieron encaminar sus existencias, sufriendo distintas vicisitudes hasta el mismo día de hoy.

Nunca fue el objetivo de estos escritos, entrar en el juzgamiento de la racionalidad de ingresar en un conflicto por parte de nuestro gobierno de facto, ni de juzgar el apoyo logístico que recibió la armada de inglesa de la conducción política de Chile. Gente mucho más preparada e instruida que yo en esos campos, ha descripto y fundamentado de sobra, el desacierto de la decisión de la junta militar, y del mismo modo, el error del país vecino de prestarse para colaborar en el triunfo británico.

De un lado y del otro de la cordillera, faltó visión de grandeza y sobró una mirada mezquina, egoísta y ajena a la historia en común de ambas naciones. Al dictador de Chile, le sirvió para que años más tarde y pisando suelo inglés, se negará la extradición para ser juzgado como autor de actos criminales, favor que le devolviera la denominada dama de hierro. Como se puede apreciar, una manera de minimizar sus acciones es no dándoles la oportunidad de que sus nombres aparezcan en esta redacción. En cambio, resulta muy reivindicatorio, traerles las historias de los combatientes que sobrevivieron,  la de los familiares que se quedaron hecho trizas, la de todos aquellos que se quedaron sin voz y con sus cuerpos enterrados en esa porción de suelo argentino,  y la de los que se quitaron la vida producto de las tristezas y daños de la insensata guerra.

En esta nueva conmemoración, es necesario poner en el centro a las mujeres de Malvinas, aquellas que pasaron en cierta forma desapercibidas y olvidadas por la historia, siendo madres, hermanas, esposas o estando en el mismo teatro de operaciones.

“Mujeres de Malvinas”: historias de coraje y amor que vencieron al dolor

Cada una de ellas tiene una historia completamente diferente sin embargo hay situaciones que las unieron y las unen. Si entramos a sus historias atravesadas por la guerra es hacerlo a mundos dolorosos, impensados signados por la incertidumbre y a la vez, llenos de deseos de seguir la vida. Ambos conceptos se hallan en cada una de las historias de aquellas a quienes entrevistamos para el libro Nuestras mujeres de Malvinas.

Las que eran familiares de soldados no eligieron ser traspasadas por la guerra, les tocó en suerte, en triste suerte. Sus vidas quedaron suspendidas en el tiempo sin saber si sus seres amados sobrevirían a la Guerra de Malvinas.

En el caso de las profesionales, algunas eligieron formar parte del teatro de operaciones, como lo hicieron Silvia Barrera, la instrumentadora o la enfermera, Liliana Colino- Perteneciendo a la Fuerza Aérea, en una situación de defensa de la patria, era una posibilidad, participar de un conflicto bélico. Todo ello no les ahorró dolor, sufrimiento y al finalizar la guerra, el abandono institucional y el destrato en distintas formas. Dice Liliana Colino en su entrevista: ”…Acepto con una sola condición que me den con retroactividad el cargo que me corresponde. Me responden que eso no se puede hacer. Respondí categóricamente: ‘Entonces si no se puede hacer, me doy de baja…’”

Durante y después del conflicto, tanto las mujeres familiares como las profesionales fueron laceradas por el drama de la guerra.

Algo las atravesó durante y después de la contienda. La incertidumbre, esa palabra que está presente en las situaciones límites. En el caso de Nélida Montoya, la mamá de un soldado caído en las Islas, la incertidumbre de saber si su hijo Horacito regresaría, cuando la mayoría de sus compañeros, lo había hecho, como reza en la introducción de su historia: “…Desde hace dos años han quedado suspendidos en el tiempo y en la angustia de no saber dónde está Horacito. Lo único que han recibido de parte del Regimiento 6 de Mercedes, como respuestas han sido rodeos, evasivas e imprecisiones…”

Rosa Rodríguez era muy chiquita cuando su hermano Mingo partió a las islas. Tenía doce años. Vivió la incertidumbre que padeció toda la familia mientras esperaba a su hermano, acompañando a los padres, hasta que recibió de su madre, en el lecho de muerte el legado de seguir buscando a su hijo “tragado” por la guerra, por años. “…Yo también viajé a Malvinas cuando mi mamá ya no estaba bien. Yo estaba muy enojada porque no podía encontrar la tumba de mi hermano. Le pregunté a un sacerdote que nos había acompañado y me dijo que no podía encontrarlo porque no se sabía dónde y quiénes estaban, por eso tenían la placa ‘Soldado argentino sólo conocido por Dios’…”

Michelle Aslanides, la entonces adolescente de catorce años, vivió su parte de incertidumbre cuando la guerra terminó y Fabián Streinger, el soldado con quien se estaba intercambiando cartas, no le respondió: ”…La verdad es que pensé ‘voy a esperar a que salgan las listas de las personas fallecidas’. En ese momento no había Internet ni nada como ahora, entonces fueron las únicas formas que fui encontrando porque tampoco estaba dedicada el cien por ciento de mi vida…”

Para Rosana Fuertes, la incertidumbre tuvo al menos dos situaciones complejas. La primera cuando su novio Daniel Ontiveros, partió al frente con sólo dieciocho días de instrucción. Y años más tarde, cuando Daniel no quería asumir los daños provocados por los traumas posguerra. ”… Al principio, cuando estaban sin la contención del Estado, muchos andaban deambulando con sus ropas de la guerra, fueron tiempos muy duros. Tiempos de ‘desmalvinización’. Agradezco que nosotros teníamos los medios para poder hacer tratamientos…”

El caso de la hija Elina Carullo es diferente, ya que ella nació el 9 de julio de 1982. No vivió las incertidumbres de las mujeres anteriores, aunque sí valora a su madre, embarazada de ella y a todas las mujeres de la familia que acompañaron, las reconoce como “mujeres de Malvinas”, también. Ante la pregunta de si la madre había recibido cartas, responde “…Sí, sí. Por suerte, sí. Se intercambiaron cartas. Pero la incertidumbre de no saber era muy angustiante, según nos cuenta…”

Los años pasaron, más de cuatro décadas del alto al fuego de la guerra de Malvinas. Cada una a su modo encontró o intenta encontrar, cada día, sentido a tantos años de suplicio. De poder continuar la vida: con sus familias, haciendo acciones en pos de los veteranos que volvieron, a través del arte y recordando a Malvinas no sólo el 2 de Abril.

La experiencia personal de este trabajo, siendo hermana de un veterano, junto a Silvia Cordano, es algo muy potente. Único. Sabiendo que pudimos ser puente para que Nuestras Mujeres de Malvinas pudieran abrir sus corazones, en gran parte, heridos para poder sanar. Para seguir sembrando Malvinas. especialmente en los más jóvenes. Para seguir la vida.

A pesar de los intentos de evitarlas en las narrativas de la historia acerca de la guerra y la posguerra, las mujeres desempeñan un papel fundamental también en la reconstrucción de las sociedades afectadas por la contienda. Su valor, humanidad y resiliencia se convierten en pilares clave para superar las secuelas emocionales y sociales que deja un conflicto armado. Nuestras mujeres han demostrado una capacidad única para enfrentar los desafíos que surgen en esos momentos críticos, convirtiéndose en agentes de cambio.

Hace 42 años, llegaba a la zona de guerra un grupo de mujeres profesionales que marcaron un hito en nuestra historia y en la lucha por la igualdad de género. Estas valientes, que actuaron en un escenario dominado por varones, desafiaron estereotipos y prejuicios para demostrar su valía, competencia y compromiso con la labor que llevaron adelante en medio del horror.

Enfermeras e instrumentadoras quirúrgicas como Liliana Colino y Silvia Barrera, que vivieron en el corazón del conflicto, fueron pioneras en ese contexto, donde tradicionalmente se consideraba que las mujeres no tenían un papel relevante. Sin embargo, nuestras mujeres de Malvinas demostraron una valentía y vocación inquebrantables, al enfrentar condiciones adversas y el sufrimiento que rodeaba el enfrentamiento, trabajando incansablemente para salvar vidas y aliviar el dolor de los heridos, contribuyendo de manera significativa a la atención médica y emocional de los soldados, aún en la posguerra. Y eso no fue fácil para ellas.

Vivieron la guerra dos veces. En el ámbito profesional, las mujeres que participaron de Malvinas se encontraron con un escenario desafiante una vez que el conflicto llegó a su fin. Muchas de ellas tuvieron que batallar contra la falta de oportunidades, a pesar de su experiencia y capacitación en situaciones extremas. La invisibilización de su labor durante la guerra limitó sus posibilidades de crecimiento y reconocimiento en sus respectivas disciplinas.

Tuvieron que enfrentar el desafío de lidiar con las secuelas emocionales en la posguerra, el duelo por los compañeros caídos en combate y la bruma patriarcal, enfrentándose a desigualdades, destratos y celos. A pesar de la importancia de su labor, fueron relegadas a un segundo plano y sus contribuciones minimizadas, en un intento machista de reforzar la idea de que las mujeres no tienen un lugar relevante en los conflictos armados. Ha sido un largo camino hacia el reconocimiento. Tuvieron que levantar la voz y salir a gritar su verdad. Su determinación no sólo rompió barreras. Abrió el camino para que otras mujeres pudieran acceder a roles y espacios antes negados.

También en la reconstrucción de nuestra identidad y memoria, el trabajo de la antropóloga Virginia Urquizu fue un claro ejemplo de que la humanidad trasciende lo profesional. Su compromiso con la verdad, la justicia y la reparación han sido un faro de esperanza en un contexto marcado por el vacío insondable y el sufrimiento de tantas familias.

El trabajo de excelencia en la identificación de los de nuestros soldados se unió al acompañamiento de padres, madres, hermanos, hijos, esposas a lo largo y ancho de nuestro país y ha permitido cerrar esas heridas abiertas por décadas para rendir merecido homenaje a aquellos que sacrificaron sus vidas por la Patria.

La entereza de las madres como Beatriz Páez, a quien la guerra le devolvió a su hijo con ecos del horror y principio de congelamiento, conmueve. Fue sostén y lazo de muchos otros soldados y sus familias en el hospital de Campo de Mayo y hoy a sus 90 años, continúa guiando a muchos en el camino de la Fe. Hijas de la posguerra representadas en la marplatense Jimena Amaro, cuya infancia fue marcada por episodios traumáticos y violentos de la batalla emocional que llegó después de Malvinas, bajo la alfombra del desamparo y la ausencia de contención.

Hermanas como Alejandra Gonzalez, que en plena adolescencia se convirtió en sostén de su familia y ayuda a muchas otras, como una mujer puente que sana y facilita.

La empatía, compasión y solidaridad de nuestras mujeres fueron y son fundamentales para fomentar la cohesión social y la convivencia pacífica en un círculo marcado por la violencia y el dolor. La manera en que siguieron adelante, apostando a la vida con ese amor que es más fuerte que el dolor y la muerte misma, moviliza y transforma. Es esperanza. Y la esperanza, como escribió Julio Cortázar, es la vida misma defendiéndose.

De esta manera, este libro “Nuestras mujeres de Malvinas” nos permite adentrarnos en sus historias personales y a la vez nos sacude. Nos recuerda la importancia de escuchar y valorar la voz de quienes han sido afectados por las violencias y el sufrimiento, y de trabajar juntos para construir un futuro mejor. Estamos ante una oportunidad histórica de unirnos y sanar. Porque visibilizar a Nuestras Mujeres de Malvinas, además de justo y necesario, es realmente sanador. En lo colectivo y en lo personal.

“Por siempre , desde siempre y para siempre, las Malvinas fueron, son y serán Argentinas”.

Exceso de liquidez !

Lamento de antemano, que algún economista haya abierto este blog, pensando que encontraría un texto vinculado, con este escenario económico. Pido disculpas, porque este blog tiene pretensiones de explicar ámbitos menos objetivos, aunque la economía siga siendo una disciplina social.

Después de varias semanas de sequía por estas latitudes, la lluvia se hace presente, tenue, suave, como pidiendo permiso para caer. Los pronósticos son alentadores respecto de que esta condición se repetirá de manera continua, por los próximos días. El líquido y vital elemento, es hasta el momento irremplazable para generar existencia a todo nivel. Sin agua, las probabilidades de sobrevivir son nulas, salvo que descubramos otra fuente de reemplazo, hecho que demanda años y años de evolución de la biología celular de los seres vivientes. Quizás si le preguntamos a la IA, nos diría si existe alguna investigación en curso de la genética, que podría crear seres que no dependan del potencial de agua para sobrevivir, sino del potencial de otras moléculas, que podrían crearse artificialmente.

Todo esto me lleva a reflexionar que ya nuestra naturaleza es eminentemente líquida y más específicamente acuosa, y que esa naturaleza líquida, se está haciendo presente como un trasfondo social, que atraviesa todas las estructuras conocidas.

Le pregunté a la IA que se entiende por «sociedad sólida»:

La idea de una «sociedad sólida» es un concepto que se ha utilizado para describir una sociedad que se caracteriza por la estabilidad, la cohesión y la solidaridad. A continuación, te presento algunas características que se asocian con una sociedad sólida:

Características de una sociedad sólida:

1. Estructuras sociales claras: Una sociedad sólida tiene estructuras sociales claras y establecidas, como la familia, la escuela y la comunidad.

2. Cohesión social: La sociedad sólida se caracteriza por la cohesión social, es decir, la capacidad de las personas para trabajar juntas y apoyarse mutuamente.

3. Solidaridad: La solidaridad es un valor fundamental en una sociedad sólida, donde las personas se sienten responsables de ayudar a los demás.

4. Estabilidad económica: Una sociedad sólida tiene una economía estable y próspera, que proporciona oportunidades para todos.

5. Instituciones fuertes: La sociedad sólida tiene instituciones fuertes y eficaces, como el gobierno, la justicia y la educación.

Ejemplos históricos de sociedades sólidas:

1. La sociedad tradicional japonesa: La sociedad japonesa tradicional se caracterizaba por la cohesión social y la solidaridad, con una fuerte énfasis en la lealtad y el respeto.

2. La sociedad escandinava: Los países escandinavos, como Suecia y Noruega, se caracterizan por una fuerte cohesión social y una economía próspera.

3. La sociedad suiza: Suiza es conocida por su estabilidad política y económica, así como por su fuerte sentido de comunidad y solidaridad.

Desafíos para crear una sociedad sólida:

1. La globalización: La globalización puede llevar a la fragmentación y la desigualdad, lo que puede debilitar la cohesión social.

2. La desigualdad económica: La desigualdad económica puede generar tensiones sociales y debilitar la solidaridad.

3. La diversidad cultural: La diversidad cultural puede ser un desafío para crear una sociedad sólida, ya que puede generar conflictos y tensiones.

En resumen, una sociedad sólida es aquella que se caracteriza por la estabilidad, la cohesión y la solidaridad. Aunque hay ejemplos históricos de sociedades sólidas, también hay desafíos para crear y mantener una sociedad sólida en la actualidad.

Como contrapartida: ¿qué es la sociedad líquida?:

«La sociedad líquida» es un concepto acuñado por el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman. Se refiere a la sociedad contemporánea, caracterizada por la fluidez y la provisionalidad en todas las esferas de la vida.

En la sociedad líquida, las estructuras y las instituciones tradicionales se han vuelto flexibles y cambiantes. Esto se debe a la globalización, la tecnología y la creciente complejidad de las relaciones sociales.

Algunos rasgos clave de la sociedad líquida incluyen:

1. Flexibilidad y provisionalidad: Las relaciones, los empleos y las identidades son temporales y están sujetos a cambios constantes.

2. Individualismo: La sociedad líquida enfatiza la autonomía y la libertad individual, lo que puede llevar a la fragmentación y la soledad.

3. Consumismo: La sociedad líquida se centra en el consumo y la producción de bienes y servicios, lo que puede generar una cultura de la superficialidad.

4. Globalización: La sociedad líquida es global, lo que significa que las fronteras nacionales y culturales se están difuminando.

Bauman argumenta que la sociedad líquida puede ser liberadora, pero también puede generar ansiedad, inseguridad y desorientación.

Características clave

1. Fluidez: La sociedad líquida se caracteriza por la fluidez y la provisionalidad. Las estructuras y las instituciones tradicionales se han vuelto flexibles y cambiantes.

2. Individualismo: La sociedad líquida enfatiza la autonomía y la libertad individual. Esto puede llevar a la fragmentación y la soledad.

3. Consumismo: La sociedad líquida se centra en el consumo y la producción de bienes y servicios. Esto puede generar una cultura de la superficialidad.

4. Globalización: La sociedad líquida es global, lo que significa que las fronteras nacionales y culturales se están difuminando.

Consecuencias

1. Ansiedad y estrés: La sociedad líquida puede generar ansiedad y estrés debido a la incertidumbre y la provisionalidad.

2. Desorientación: La sociedad líquida puede llevar a la desorientación y la confusión debido a la falta de estructuras y referentes claros.

3. Pérdida de la identidad: La sociedad líquida puede llevar a la pérdida de la identidad y la pertenencia debido a la fragmentación y la individualización.

4. Desigualdad y exclusión: La sociedad líquida puede exacerbar la desigualdad y la exclusión debido a la concentración de la riqueza y el poder en manos de unos pocos.

Posibles soluciones

1. Reconstrucción de la comunidad: La reconstrucción de la comunidad y la creación de espacios de encuentro y diálogo pueden ayudar a superar la fragmentación y la soledad.

2. Educación y conciencia crítica: La educación y la conciencia crítica pueden ayudar a las personas a navegar la sociedad líquida y a tomar decisiones informadas.

3. Políticas públicas inclusivas: Las políticas públicas inclusivas pueden ayudar a reducir la desigualdad y la exclusión.

4. Tecnología al servicio de la humanidad: La tecnología puede ser utilizada para mejorar la calidad de vida y promover el desarrollo social.

Mi opinión sobre esto es que devenir histórico con sus coyunturas, tuvo siempre una gama de grados de liquidez, es decir el concepto de sociedad líquida, ha estado presente en cada etapa de la evolución humana como conjunto. La diferencia con la era actual es que, exponenciación de los cambios, producto de la tecnología, ha intensificado y aumentado el nivel de liquidez, en muchos casos tornándola inabarcable e ignorada en mayor o menor medida por todos.

Como si fuera poco, algunos ya hablan de “sociedad gaseosa”. Partiendo de las ideas, pero también del enfoque crítico de las reflexiones baumanianas acerca de la sociedad líquida, van surgiendo nuevos modelos que tratan de definir de forma más precisa el mundo de incertidumbres, angustias y revoluciones sociales (y de sofá) que vivimos en las últimas décadas. 

Entre ellos, el catedrático de Teoría y Análisis de la Comunicación Digital de la Pompeu Fabra Carlos A. Scolari, propone el término gaseoso para definir esta “cultura del snack” en la que el flujo líquido parecía indicar “ir hacia un lugar” mientras que la sociedad gaseosa se expande en todas direcciones sin ningún patrón, modelo ni control: “los nanocontenidos (y nosotros con ellos) salen disparados como moléculas en estado gaseoso y chocan entre sí formando una interminable carambola textual”.

Y es que, como decía Bauman, este “culto a la satisfacción inmediata” con la que “hemos perdido la capacidad de esperar”, también absorbe nuestro entendimiento, olvidando que la reflexión sobre los cambios sociales requiere perspectiva, la cual es cada vez más difícil de adoptar en una sociedad que cambia permanentemente… para seguir igual. Al fin y al cabo, “la verdad que nos libera suele ser, en su mayor parte, la verdad que preferimos no escuchar”.

Sólido, líquido y gaseoso, son estados de la materia, presentes físicamente y palpables.

La sociedad líquida, o gaseosa, te arrastra como un tsunami.

La fugacidad de los gases está presente en cada movimiento.

Exceso de liquidez……

¡Las cosas por su nombre!

Las noticias derivadas de expresiones de personas influyentes no dejan nunca de sorprender. Para bien o para mal, con más o menos sensatez o cordura, se encargan de difundir sus propios pensamientos, opiniones o juicios de valor, sobre temas que normalmente son objeto de debate, pero que, puestas en la boca de personas con poder político, económico, religioso, deportivo, empresario, gremial o de la índole que sea, adquieren connotaciones rimbombantes, siendo el foco de atención de la prensa, y de la opinión pública en general durante varios días.

Existen cada vez más ejemplos, en donde las redes sociales son usadas, como una especie de arena, donde el primer posteo, expresado por lo general como una verdad indiscutible, genera reacciones en cadena, que terminan en réplicas de mal gusto, incluso peores que la fundamentación original. Pocos usuarios de esa plataforma terminan por entender muy bien, cuando, dónde y con qué sentido, arrancó la discusión, la cual termina tergiversada, enredada entre palabras e ideas, que no tienen que ver con la provocativa estocada inicial.

El habla responsable y equilibrada, debería tener o, aunque parece que no, un nivel superlativo en las personas que más poder social detentan. La realidad hoy nos muestra que en muchas ocasiones sucede lo contrario. Los lideres, al igual que cualquier mortal, amparado por el derecho a la libre expresión, no reparan en las consecuencias de sus palabras, a veces tampoco en las implicancias de sus actos y decisiones.

Somos libres de expresar nuestras ideas, eso es algo que debe sostenerse. Como contrapeso, tenemos que comprometernos responsablemente con lo que decimos, sosteniendo luego eso con nuestros actos. Haz lo que digo, pero no lo que hago es una frase, que se puede aplicar en cualquier contexto y en muchas circunstancias, en las cuales la coherencia del pensar, decir y hacer falta de manera manifiesta y evidente.

Muy pocos resistimos archivos, ya que por lo general nuestras maneras de pensar mutan, con nuestro desarrollo personal y el ámbito en donde estamos inmersos o bien producto de la autoridad que damos a otros, al dar por más fundamentadas o válidas sus opiniones. Del mismo modo, nuestros valores, se mantienen como nuestra guía a lo largo de nuestras vidas. En este juego de opiniones propias, ajenas y compartidas, se tejen nuestras relaciones humanas, entrelazadas por los afectos y los proyectos en común.

La sociedad ha avanzado sobre la base de acuerdos escritos, a las cuales hemos denominado “leyes”, que no son más que códigos de convivencia. Gracias a estos pactos fronteras adentro y algunas veces internacionales, existen marcos de referencia para castigar conductas personales reprobables y otras que tienen que ver con la erradicación de flagelos tales como:

  • La trata de personas, el tráfico y secuestro de personas
  • La esclavitud
  • El maltrato y racismo en todas sus formas
  • La discriminación de cualquier índole
  • El narcotráfico
  • El tráfico de órganos
  • La desaparición de personas
  • El genocidio
  • El terrorismo en todas sus formas
  • El abuso sexual y la pedofilia.

La lista puede continuar, pero todas estas aberraciones representan cuestiones que no se discuten, en su reprobación y condena, como parte de nuestra condición humana evolucionada.

Volviendo al inicio de mi escrito de hoy, respecto de las expresiones tiradas al aire, o expresadas frente a algún medio, dichas por personas influyentes, en los últimos días hemos sido testigos, de manifestaciones por redes, en donde el jefe de un programa estatal (líder de una empresa de vanguardia), aboga para que empleados públicos de una nación hiper desarrollada, trabajen en jornadas de trabajo de 120 horas semanales, considerando propicio que de esos trabajadores, los que tengan IQ elevado, lo hagan sin recibir remuneración o paga. La justificación de ello, palabras más o palabras menos, es que el éxito que él hubo de conseguir a lo largo de su vida, se basó en esta modalidad de trabajo.

Estas ideas manifestadas, en un entorno de cero censuras, promulgada desde la constitución, que es el marco de referencia de todas las leyes, no puede ser prohibida, respetándose de este modo, el derecho fundamental de las personas a expresarse libremente. Volviendo al hecho de que la responsabilidad en los contenidos, debe ser mayor cuando mayor es la posición de poder que una autoridad detenta, es que esta misma libertad de expresión, queda ultrajada y desprovista de sentido, siendo manipulada por el extremismo de pensamientos retrógrados y cercanos a conceptos feudales y totalitarios.

Pensar que la solución a un problema puede ser obligar a que las personas trabajen en un régimen de jornada super extendida, por largos períodos de tiempo, incluyendo que no gocen de sueldo, es retroceder varios casilleros en la historia de la evolución histórica del hombre y de sus reglas mínimas de convivencia.

En lo personal, siempre cuento una historia que involucra a mi padre. Siendo contador público llevaba la contabilidad de una empresa con muchos empleados. En las visitas que hacía regularmente, me llevaba y yo disfrutaba de ello, ya que, con mis apenas nueve años, era una salida donde podía ver a los peces exóticos, que nadaban en una gran pecera exhibida en las instalaciones de la empresa. Cierto día, caí en la cuenta de que hace varios días que no íbamos. Cuando pregunté a papá, por qué ya no íbamos más, su lacónica respuesta fue que él ya no disponía de tiempo para atenderlos. Ramoncito, como le llamaba cariñosamente esta gente a papá, había decidido por motivos de exceso de trabajo no trabajar más con ellos. Años después, con mi padre ya desaparecido físicamente, en una charla con mamá, surgió el recuerdo de esa enorme caja de peces, que yo observaba extasiado. Ella me contó la verdadera historia, que papá había decidido no ser más el contador de esa empresa, producto de que no estaba de acuerdo con las prácticas laborales abusivas, a los que se sometían a los empleados, que consistían en jornadas semanales sin descanso dominical, de más de doce horas por día, sin pago de horas adicionales, ni compensaciones de ningún tipo. Que antes de irse había tenido varias charlas con los dueños, en donde les explicaba las distintas modalidades de trabajo y las reglas aplicables en cada caso, pero que esto no había tenido eco, por lo que fiel a su ética personal, había decidido no continuar con su prestación profesional. Fiel a su estilo personal, papá había preferido no develar el motivo real, producto asimismo de su ética profesional, y a su decisión de transmitir sólo los hechos positivos.

Casi cincuenta años después, la historia vuelve a repetirse, en este caso de la mano de un líder con pensamientos de vanguardia.

Mis sensaciones personales en estos casos me llevan a decir una frase, que por momentos deja de usarse y en otros adquiere un significado superlativo:

“Es hora de llamar a las cosas por su nombre”.

Pretender justificar que el éxito de algo está basado en la extensión indefinida de la jornada de trabajo de las personas, no tiene cabida en la sociedad que hemos construido.

¡Te vi campeón, Matador!

La sesión de vuelo de barrilete quedó concluida con el inicio del partido de fútbol. A mis diez años, hace ya algunas décadas, no existía transmisión televisiva masiva de encuentros deportivos. Solo de vez en cuando, se podía ver la transmisión de algún partido importante por Copa Libertadores. Por lo que la radio y a pilas, era la fiel compañera de los escuchas del fútbol. Acomodé el barrilete en un lugar en el suelo del camino que desembocaba en el fondo de la chacra. Sentado en el borde de este, sintonicé el dial, en esos entonces en la LV3, con el volumen regulado a la mitad, para que no se gasten tan rápido las pilas, y me dediqué a escuchar atentamente la formación de los equipos.

Siempre fui fanático de Talleres de Córdoba, desde que tengo uso de razón. Sentía admiración por ese equipo fantástico que había perdido la final del torneo nacional con Independiente, en esa noche calurosa de la Córdoba del 78. Este hecho nos había dejado una sensación muy amarga, porque todos los hinchas estábamos convencidos de que ese logro no se nos podía escapar. Ese equipo tenía jugadores de mucha riqueza técnica, que luego formaron parte de la selección argentina de César Luis Menotti, que ganó el campeonato mundial, tales como Galván y Valencia, por citar los más conocidos. Sin embargo y a pesar de la calidad, no hubo suerte y ese equipo resultó vencido, frente a un rival que tenía dos jugadores menos.

Esa tarde-tardecita estando ahí sentado, escuchando la formación confirmada, recuerdo que se me cayeron algunas lágrimas, que con el correr de los minutos y con el triunfo abultado de Talleres, fueron menguando y se transformaron en sonrisas. El fútbol, para él que lo vive intensamente, tiene esa mezcla de emociones muy difíciles de explicar, que lo hacen único e irreproducible.

Mi relación con este deporte se inició desde pequeño, cuando todos los domingos mi padre y un tío se encargaban de llevarnos a todos a la cancha, cualquiera que sea donde jugará en Córdoba Capital, algún equipo de Córdoba. Siendo hincha de Talleres, mi papá de Belgrano, como mi tío y primo, íbamos a ver a Belgrano, Instituto, Talleres y Racing de Córdoba. El domingo el ritual impostergable era ir a la cancha. Nada hacía que se cambiaran los planes, salvo una tempestad o una celebración familiar importante. Además de jugar como aficionado, practiqué en las inferiores de Racing de Córdoba, un tiempo, hasta que mi papá me pidió que decidiera: o estudias o jugas al fútbol, no se pueden hacer las dos cosas. Así que decidí estudiar, dejando de lado mi práctica semi profesional del fútbol.

Mi vinculación con Talleres, como la de muchos hinchas de este deporte, trasciende más allá de los resultados, no tiene fronteras geográficas, y te impide razonar a conciencia, acerca de qué pueda ser o no una pérdida de tiempo o sobre qué te hace ganar. Tamaño fanatismo. Siendo socio del club, fui a la cancha durante muchos años. Durante ese período, tuve la enorme satisfacción de verlo campeón de una copa internacional en el año 99. También lo vi en segunda y tercera división, mientras yo habitaba distintas ciudades, lejos de mi terruño, por lo que no lo podía ir a ver de manera presencial en la cancha. Ese período fue sin dudas, el más triste, incluso con la sensación concreta de que el club podía desaparecer, luego de una gestión calamitosa de un presidente. Como contrapartida, estando en la tercera división, el club aún seguía llenando con adeptos la cancha, todos los días y a cualquier hora que jugara. Eso alentaba al hincha del club, a creer que alguna vez la mala fortuna y las gestiones desastrosas se acabarían. La constancia y coherencia del hincha siempre estuvo, siendo uno de los capitales más grandes de esta institución deportiva.

Estando lejos, tuve la oportunidad de verlo en distintas canchas de nuestro país, donde por lo general me regalaron un triunfo, que muchas veces no pude gritar porque estaba en la tribuna visitante, medio camuflado. El hincha del fútbol, al que les gusta disfrutar de esta fiesta deportiva en este coliseo moderno, que es un estadio de fútbol, conoce bien, como se siente ver a tu equipo, en la soledad de una tribuna, en una ciudad foránea, de la cual uno se siente parte, pero no es la ciudad que te vio nacer. Es una alegría inmensa, romper la monotonía y las rutinas, para celebrar un partido de fútbol, ya sea como jugador o como espectador.

En el año 2016, y luego de doce años, finalmente Talleres volvió a primera. Desde ese año, es que volvió a recuperar la magia y parte de la grandeza, que siempre conservó su fanaticada. En este último período, ha alternado más buenas que malas, siendo protagonista de varias finales que no pudo ganar, acrecentando su mote de gallina, para los rivales de Córdoba, además de participar en varios torneos internacionales. La cosecha de puntos, el capital deportivo y otros aspectos humanos e institucionales, han crecido de la mano de una gestión eficiente, con más aciertos que yerros. Nosotros los hinchas de Talleres, no somos conformistas, queriendo cada vez más, pero lo cierto es que no se puede comparar la realidad actual, con la que vivía el club hace una década.

La falta de una copa, la que fuere, era la deuda más grande que el club tenía en lo deportivo. Pasaban entrenadores y jugadores, y el club siempre estaba ahí del logro deportivo de una copa, pero no se daba. El último campeonato nacional lo dejó a Talleres nuevamente subcampeón, casi campeón, y cada vez con mayor frustración, para el club y sus hinchas. Talleres jugaba de igual a igual con cualquiera, incluyendo clubes grandes como River o Boca, a los cuales en la última década y con un presupuesto de plantilla menor, les ganó varias veces, inclusive de visitante.

Los procesos, cuando son buenos, traen en el mediano plazo satisfacciones. Eso es lo importante, vivir y ser parte del proceso que te lleva a alcanzar lo anhelado. Más allá de esto, el arranque deportivo de Talleres esta temporada no había sido el mejor desde los resultados. Cuando se anunció que la final entre el equipo campeón del 2023, que fue River y el que había sacado mayor cantidad de puntos durante ese año, que también fue River, por lo que se dio lugar a Talleres que fue segundo, se jugaría este 05 de marzo en Asunción, en el estadio La Nueva Olla de Cerro Porteño, se renovaron las esperanzas, pese a que el equipo no venía bien en las estadísticas.

Dio la enorme casualidad, que no es la primera, por cierto, de que yo me encontraba justo para esa fecha (miércoles por la noche), en la ciudad donde se disputaría el encuentro. Talleres iba muy abajo en las apuestas, por cierto. Pocos puntos en el año, muchas jugadas de pre gol, pero muy poca efectividad, y una defensa que ofrecía ventajas. Por el otro lado estaba River, que tampoco venía del todo entonado, pero cuyo plantel y como su nombre lo indica, duplica en valor al de Talleres, contando en sus filas, con dos finalistas del mundial de Francia, campeones del mundo.

Ilusionado y diciendo que podíamos ganar, fui convencido a la cancha que vería a mi equipo ganar esa final y coronarse finalmente campeón. El hermoso estadio asunceño, con capacidad para 45 mil personas, estaba al 60 % de su capacidad, y de esa cantidad los hinchas de River nos triplicaban, ya que River tiene hinchas en todos los países latinos, incluyendo las regiones cercanas de Argentina. Había unos 5 mil cordobeses, que alentaron todo el encuentro y no dejaban de tocar los bombos y el resto de sus instrumentos.

La final fue en extremo tensional. Friccionada, con algunos pincelazos de buen juego, y con algunos tiros que el arquero de River sacó al corner, más una tapada fenomenal de un defensor de Talleres para evitar la caída de su arco. No fue más que eso, con lesionados del lado de River y varios cambios durante los 120 minutos que duró el tiempo regular más los alargues.

Los penales, que fue la manera como se definió la copa, fueron una ruleta rusa. Los arqueros de los dos equipos atajaron penales, uno más el de River, pero la deficiencia estuvo en los pateadores. Por cansancio o por nervios, algunos no atinaron ni siquiera al arco. Fue increíble ver a un jugador de River y de selección que le dio la tercera presea mundial a Argentina, tirarla bien alta y desviada. River estuvo dos veces match point y no pudo ganar. Terminada en igualdad la serie de cinco, la definición pasó a la instancia, de que gana el mejor de a un penal por bando. Jugador de River, volvió a errarle al arco. Luego, en segunda instancia, le tocó el turno al de Talleres, que selló la historia, clavándola al ángulo. David había vencido nuevamente a Goliat.

Se desató, en esa noche pesada de mucho calor de verano paraguayo, la fiesta del albiazul, su primer título nacional, en sus 102 años de historia. Una noche maravillosa, donde se coronó el que más quiso ganar durante el partido. Esta vez el proceso dio sus frutos. Mientras eso sucedía, te recordaba papá Ramón, como aquella bella persona, que me enseñó a disfrutar del deporte, a respetar a los rivales y a ser ante todo una buena persona. Me veía de niño pequeño, primero de tu mano, luego a tu lado, yendo esos domingos a ver el fútbol, sin importar de que club se tratara. Me vi de nuevo sentado en el borde de ese camino de chacra, con mi pequeña radio a pilas, imaginando las jugadas, que los relatores dibujaban con sus palabras. Recordé que mi infancia fue muy feliz, y que hube y hubimos de esperar mucho tiempo para verte campeón.

Honrar el deporte y la esencia del deportista es un camino virtuoso, que sana y hace trascender a las personas. Es un mecanismo mágico y único, que une a clubes, instituciones y personas, en pos de un objetivo común. Por eso, alentar el deporte y la competencia digna y respetuosa, es un gran valor social y comunitario, que necesitamos conservar y acrecentar.

Ojalá todos podamos compartirlo y promoverlo.

Pero volviendo a los sueños cumplidos…..

En esta noche asunceña….

Yo te vi campeón, Matador.

Gracias por esta inmensa alegría.

¡Quemar las naves!

La decisión de “quemar las naves” que trajeron a los expedicionarios españoles desde Cuba hasta Veracruz, tomada a principios de agosto de 1519 y generalmente atribuida a la voluntad individual de Hernán Cortés, es tan famosa que se ha convertido en un dicho en el español de México. Cuando una persona toma una determinación radical de romper con su pasado solemos decir, en efecto, que “quemó sus naves”, haciendo alusión a esta temeraria acción llevada a cabo hace 500 años.

Claro que las propias historias españolas aclaran que, en verdad, el capitán no quemó literalmente ninguna de sus naves, una imagen romántica inventada siglos después. En vez de eso, las barrenó o les dio de través, es decir las perforó para inutilizaras para la navegación. Posteriormente, dispuso de partes de la madera con la que estaban construidos los navíos para construir parte de las fortificaciones de la recién fundada Villa Rica de la Vera Cruz. Preservó, sin embargo, todos los aparejos de metal, indispensables para cualquier navío y que serían imposibles de sustituir en la tierra en la que habían desembarcado, a diferencia de la madera que podía ser obtenida sin tanta dificultad. Por otro lado, los historiadores afines a Hernán Cortés le atribuyeron la responsabilidad y el mérito de esta decisión, además del ardid con que la realizó. Lo más probable, sin embargo, es que no la tomara solo, sino con el consentimiento y apoyo de sus principales capitanes y aliados, Gonzalo de Sandoval, Pedro de Alvarado y otros.

Vista más allá del refrán romántico, desarmar las naves fue una compleja decisión política y estratégica que sirvió para varios fines. De manera directa, inutilizar los navíos impedía que pudieran huir y regresar a Cuba los numerosos miembros descontentos del contingente español: todos los que sentían miedo justificado ante la temeraria empresa de conquista que estaban a punto de iniciar y aquellos que aún apoyaban a Diego Velázquez, gobernador de esa isla. Cortés y sus capitanes se rebelaron contra este poderoso gobernante a principios de 1519, al rechazar sus instrucciones de realizar una expedición de exploración y comercio en las nuevas tierras y no una de conquista; habían fundado una ciudad propia, Veracruz, para sustraerse a su autoridad, y acababan de enviar una embajada a España para defender su posición ante el mismo rey. Con la destrucción de los navíos impusieron de manera definitiva su voluntad sobre los expedicionarios que estaban descontentos con estas acciones. Con esa misma intención, en las semanas anteriores, Cortés y sus hombres habían juzgado y ejecutado a varios miembros leales a Velázquez.

Al mismo tiempo, conservar los aparejos de metal de las naves abría la posibilidad de volver a construirlas en diversas circunstancias. En primer lugar, los expedicionarios habían recibido informaciones fidedignas por parte de sus aliados indígenas de que la ciudad capital del imperio de los culúa, como llamaban a los mexicas o aztecas, estaba rodeada de agua. Por eso, los capitanes españoles no descartaban la necesidad de utilizar naves para asaltar esa capital. Esto fue precisamente lo que sucedió un año y medio después, cuando resolvieron asediar y asolar México-Tenochtitlan y construyeron una pequeña flota de bergantines diseñados especialmente para navegar en el lago de Texcoco, aparejados con las piezas de metal rescatadas de la flota marítima destruida en 1519. En otro caso, los aparejos también podrían ser usados para construir naves que los llevaran de vuelta a Cuba, a otra isla del Caribe o a la misma Península Ibérica.

La acción de desarmar las naves fue además una atrevida apuesta, a la altura de las circunstancias en que se encontraban los expedicionarios. Su rompimiento con el gobernador Velázquez, el representante legítimo y directo de la Corona en Cuba, era un acto de rebeldía que los hacía merecedores de una sentencia de muerte, que el airado gobernante no vacilaría en aplicar. En esta situación, la única salvación posible para los rebeldes era perseverar en su empresa y conquistar riquezas y territorios suficientes para convencer al rey de que perdonara su traición. En este sentido, podemos decir que Hernán Cortés y los capitanes doblaron su apuesta, en una estrategia de todo o nada, una medida también de lo desesperada que era en verdad su situación.

Sin embargo, “quemar las naves” no fue un salto al vacío. Después de vivir en las costas de Veracruz durante tres meses, los expedicionarios habían construido vínculos fuertes con los cempoaltecas y su gobernante, el llamado Cacique Gordo y podían confiar en su amistad y su apoyo. Además, habían conocido a otros enemigos de los poderosos mexicas que habían dado muestras claras de su disposición a apoyarlos. Es por ello por lo que al desarmar sus navíos Hernán Cortés y los suyos apostaron, en verdad, por sus alianzas con los naturales de Mesoamérica y se pusieron, por así decirlo, a su merced. Esta confianza, justificada por la lealtad de los aliados en los siguientes años, fue la verdadera ganancia de la temeraria apuesta de los expedicionarios.

Esta historia, sirve para que muchos usemos esta metáfora de “quemar las naves”, para dar significancia a decisiones estratégicas, avalados por los siguientes hechos, que son parte de mi pensamiento personal:

  • Decidir es una acción que puede llevarnos a muchos lugares, pero no decidir casi siempre nos deja en el mismo lugar.
  • Tiene que haber un tiempo para realizar análisis previos a las decisiones que necesitamos tomar, pero ese tiempo no puede ser infinito, ya que no prosperamos en base a escenarios analíticos (salvo que nos dediquemos a eso, vendiendo consultoría), sino en base a la ejecutividad de nuestros actos.
  • “Quemar las naves” no puede ni debe ser sólo una decisión basada en la temeridad, sino en que cuando nuestro proyectos o proyectos adquieren una solidez suficiente en lo financiero, técnico, comercial y humano, está bueno declarar esa frase, para que todos los que están en el barco sepan, cuál es nuestro nuevo rumbo, ese propósito que nos diferencia de nuestro estado anterior.
  • Hay momentos para quemar naves y momentos que no. Avalados por datos podemos tomar la mejor decisión de cuando hacerlo. En un proyecto que ya está desarrollado en un 75 %, “quemar las naves” es casi una decisión que no se puede postergar.
  • “Quemar las naves” es ante todo un estado anímico derivada de una declaración fundamental: “vamos a llegar a lo que nos proponemos dando lo mejor de nosotros y a toda costa”. Acelera los procesos internos personales y de equipo que nos permiten llegar a lo que anhelamos.

Quemar las naves no es condición suficiente para garantizar el éxito de un proyecto o de lo que estemos decidiendo, pero orienta a todos sobre el rumbo común e inequívoco que estamos dando. En mi vida, hubo varios episodios de “quema de naves”, de los cuales por lo general salí fortalecido, aunque el proceso no haya sido del todo sencillo, producto de las emociones que atravesamos.

Para finalizar algunas reflexiones ligadas:

“Si no sabes a que puerto zarpa tu barco, ningún viento te será favorable”. (Séneca).

“Un barco está seguro en el puerto, pero no es para ello que fueron construidos los barcos” (Paulo Coelho).

“El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas” (George Ward).

La plenitud de la vida !

En una comunicación telefónica sostenida durante la mañana de hoy, mi interlocutor, luego de hacerme una pregunta, me disparó una sentencia, que hace mucho que no escuchaba: “está bueno lo que haces porque vos estás en la plenitud de la vida”.

Para ser honesto hacía mucho que no escuchaba ese concepto de “la plenitud de la vida”. Me recordó que era mi madre, la cual casi siempre la usaba, en los cotilleos habituales con otras mujeres o cuando me quería dar a entender, que no podía hacer algo porque eso me llegaría cuando yo estuviera en la plenitud de la vida.

Recuerdo, frases tales como:

“se fue en la plenitud de vida, que pena”.

“esas cosas vienen solas cuando estés en la plenitud de la vida”.

“desperdició la plenitud de la vida y ahora no tiene nada”.

“fue perdiendo su plenitud de vida, hasta ser lo que es hoy”.

“no seas ansioso, ya vas a llegar a la plenitud de la vida”.

El número de veces que, siendo pequeño, mi madre u otras personas mencionaban esta idea, producía en mi la sensación, de que “la plenitud de la vida” era una especie de montaña que se debía escalar, casi como un mandato, para llegar y valga la redundancia, a una vida plena. En paralelo, esta sensación o mejor aún emoción, estaba acompañada por otra más incapacitante, que era la de no poder saber, donde estaba ese cerro que había que escalar, para alcanzar la tan ansiada plenitud.

Como contrapartida, se mencionaba, quizás no tan repetidamente, el concepto “del ocaso de la vida”, aplicable por cierto a las historias de nuestros próceres máximos.

“ya en el ocaso de la vida, que queda por hacer”.

“estoy en la última etapa de mi vida, en el ocaso, demasiado fue lo hice”.

“que se le puede pedir, está en el ocaso de la vida”.

En ese caso, con pocos años de vida, “el ocaso de la vida”, me semejaba a un pozo profundo y oscuro, en donde no te quedaba más opción que esperar al desenlace.

La idea de la vida plena me parecía ciertamente inalcanzable, porque como saber donde estaba y qué había que hacer para ubicarla, y el ocaso, me producía una tristeza y bajón, que me costaba superar, sumado a que lo vinculaba con un vacío de vida (plena igual a lleno, ocaso igual a vacío).

Estuve varios años para madurar la posibilidad de que, en realidad, ambas etapas no son más que fases de nuestras vidas, y un poco más tarde, caí en la cuenta, que en realidad no existen como tal, sino como una combinación permanente de plenitudes y ocasos, una gama de colores, que se va encendiendo y apagando, según nuestra actitud y compromiso con nuestras vidas y las de los demás.

Hoy me considero pleno, quizás más lleno y menos vacío, que hace unos años. Menguado un poco físicamente, pero más entero emocionalmente y con más ganas de hacer. Paradójicamente, el balance me cierra más ahora, que cuando estaba más pleno de vida.

A continuación, les comparto un escrito que no me pertenece.

Vivir en plenitud, una decisión importante, por Valeria Sabater.

Vivir en plenitud es posible gracias a la valoración de lo que tenemos, con todo lo vivido y con lo que somos. Ahora bien, el arte de sentirnos plenos nos capacita también para ser emprendedores, exploradores de mejores caminos al sentirnos habilitados por la experiencia, el amor propio y la seguridad personal. Pocos estados psicológicos son tan enriquecedores como poderosos.

Decía el poeta T. S Elliot que “la plenitud que ansía el corazón humano siempre está disponible”. Sin embargo, no la vemos. Aún más, tampoco sabemos cómo alcanzar esa dimensión porque en muchos casos no alcanzamos a entender un aspecto clave: la plenitud fluye en nosotros solo cuando nos vaciamos.

Hablamos de dejar ir la ansiedad por no tener ciertas cosas, para darnos cuenta de que tenemos más de lo que pensamos. Apagar el miedo por perder ciertas dimensiones, personas u objetos para descubrir que a veces se está mejor sin muchas de esas realidades. La plenitud es, al fin y al cabo, un despertar y, ante todo, una toma de conciencia sobre quién somos para vivir con mayor equilibrio.

Suele decirse aquello de que esta dimensión llega en cierta etapa de nuestro ciclo vital, que es producto de la madurez. En los últimos años se está poniendo la atención en esa década comprendida entre los 50 y los 60 cuando el ser humano, supuestamente, alcanza mayor grado de bienestar psicológico. Bien, cabe decir que en tema de edad nada es absoluto.

Cada uno llega a esa cumbre del desarrollo personal y la plenitud en su día y en su momento, más pronto o más tarde. Otros, en cambio, jamás alcanzan esa cúspide.

Vivir en plenitud no es un estado. No es llegar a ese pico de la pirámide de necesidades de Abraham Maslow, lugar donde reside la autorrealización y pensar que todo acaba ahí, que hemos conquistado la felicidad. En realidad, vivir en plenitud en realidad es un proceso: formar parte del movimiento de la vida sintiéndonos fuertes y capacitados para lo que pueda venir.

Por tanto, no estamos ante una dimensión del desarrollo personal fácil de alcanzar o conquistar. Es más, desde las ciencias sociales se vive un constante interés por comprender cómo afrontamos las personas estos devenires en épocas tan complejas. La psicología social desea comprender, más que nunca, cuáles son nuestros recursos internos para alcanzar el bienestar.

Así, el psicólogo de la Universidad de Princeton Daniel Kahneman suele decir que gran parte de estas investigaciones tienen un curioso problema: las personas no sabemos definir con exactitud qué es la felicidad. Sin embargo, en un estudio que él mismo llevó a cabo, y que publicó en la revista Sciencie bajo el título ¿Seríamos más felices si fuéramos ricos?, demostró algo muy interesante que, al parecer, la mayoría tenemos claro.

En este trabajo el doctor Kahneman nos hizo ver que, por término medio, las personas sabemos que el dinero no da la felicidad. Y sabemos también que felicidad no es lo mismo que realización personal. En realidad, algo a lo que aspiramos gran parte de las personas es precisamente a esta última dimensión: a sentirnos plenos, realizados, en equilibrio con nosotros mismos y la propia vida.

Vivir en plenitud es lo opuesto a vivir en el vacío. Este último estado se experimenta cuando crece el desánimo, la angustia, el miedo y la sensación de soledad. Queda claro que, de algún modo, siempre estaremos lidiando con estas realidades psicológicas; sin embargo, la persona que trabaja a diario su plenitud está mejor habilitada para manejar esas situaciones.

Rara vez nos hacemos esta pregunta: “¿qué es lo que traemos en nuestro ser?” A menudo, solemos definirnos a nosotros mismos por lo que hacemos o lo que hemos vivido (yo soy enfermera, yo soy mecánico…). Ahora bien, para vivir en plenitud haríamos bien en tomar conciencia de aquello que llevamos en nuestra personalidad y que nos define:

Yo soy pasión, soy esperanza, optimismo, soy determinación, yo llevo conmigo mi compasión como enfermera, yo llevo mi amor por mi familia, llevo la satisfacción por lo que soy y he conseguido….

Vivir en plenitud no es un estado, es más bien un proceso y ante todo una actitud. Es tener muy claro qué es lo que llevamos en nuestro interior y, con ello, sacar el máximo partido del presente, al aquí y ahora.

Si llevamos pasión, conectemos con nuestra realidad para disfrutar de ella. Asimismo, si llevamos el afecto cuidemos de los nuestros, conectemos con nuestros seres queridos en el momento presente. Si nuestro interior se define por la curiosidad, el aprendizaje y la experiencia, aprovechemos cada segundo para seguir experimentando y sintiendo la vida.

Se trata como vemos, de alcanzar una armonía entre lo que somos y lo que hay a nuestro alrededor. Vivir en plenitud no es lamentar lo que nos falta o sufrir por lo que nos sobra. Es sentirnos capacitados para aceptar lo que no se puede cambiar, tener valor para transformar lo que sí puede cambiarse y seguir progresando sin perder ese equilibrio personal.

Las lágrimas necesarias !

Cada tanto hay que pegar un pleno. Los que han jugado a la ruleta u otros juegos de azar saben a que me refiero. Para los que no tienen idea, el concepto que quiero transmitir, es que es muy reconfortante vivir acontecimientos que nos emocionen hasta las lágrimas. Con el devenir del relato, quizás pueda ser capaz de transmitir lo que quiero y ojalá emocionarlos. Muchas veces, incluso los maestros más grandes de la escritura se quedan con uno o varios debes, respecto de lo que desean expresar. Lejos de esa maestría, de seguro mi caso no será la excepción. Las palabras son un contenedor, que se puede expandir muchísimo, pero no pueden llegar al infinito o al abismo más profundo, porque dejarían de ser ese concepto limitado y efímero, perdiendo su significancia. La torre de Babel es un riesgo que no estamos dispuestos a afrontar, porque no estamos preparados para entendernos del todo.

La vertiginosidad de la vida a veces nos impide vivirla. Parece una frase equivocada, que carece de sentido tamaña contradicción, pero a muchos, y por más que intentemos que no sea así, la sucesión de eventos nos supera, en varios momentos nos deshumaniza, dejándonos desprovistos de sentimientos que nos caracterizaban hasta no hace mucho. Nos asombramos poco, dudamos menos y la curiosidad la matamos navegando horas y horas en los mares superficiales de las redes sociales, preguntando a la inteligencia artificial, y buscando respuestas sin haber preguntado. La filosofía de los grandes pensadores no encuentra en este hombre, que ya no se pregunta mucho por su origen, ni por su destino, y ha dejado de sentir misericordia y paz, el consuelo necesario para sí mismo y para los demás. Aristóteles, sería cuanto menos ignorado, tapado por la tecnología, mientras alguien sube un video gracioso que tiene millones de me gusta.

Cada tanto, y disculpen que use de nuevo este latiguillo, suceden cosas imprevistas, que nos ponen a vivir en serio, aunque sea por un rato. Algún acontecimiento imprevisto, no tan deseado, pero que, dentro de la continuidad de la acción, nos corre un poco del eje que hace girar nuestro trompo.

Una casa ahora deshabitada, a 1000 kilómetros, que alguna vez fue testigo del nacimiento de mi familia. Donde mis hijas mellizas dieron sus primeros pasos, aprendieron a decir mamá y papá, que fue construida desde el deseo ferviente de ser parte de algo que signifiqué trascendencia. Muchos recuerdos, y una deuda siempre pendiente con las mellizas (Emilia y Paula) y las más pequeña (Lucía) y no saldada: “papá nos fuimos de esa casa cuando nosotras (las mellizas) teníamos cinco años y Lucía recién nacida y jamás volvimos para nada”. Frases que se dicen, dentro del contexto del año escolar, el trabajo, las amistades y todas las obligaciones contraídas y por contraer.

Tuvimos que ir, a corroborar su estado, luego de muchos años de ausencia, en donde fue habitada por otras personas, que eran como nosotros, familias en busca de ser eso. Lejos de las familias de origen, en esa casa empezamos a construir nuestra identidad de hogar, y vivir a la distancia con otros afectos: parientes que tuvimos la suerte estuvieran desde antes en ese Valle del Rio Negro, otrora plagado de peras y manzanas, y ahora de petróleo. La presencia de Anabel, la señora que cuidó como nadie a las mellizas, les enseñó a leer y fue la compañera de Eugenia, mamá primeriza de dos seres demandantes.

Hay que clavar un pleno y recuperar algunas cosas que estaban perdidas. Los recuerdos de mi mamá Aná que ya no está, de los hermanos de Eugenia que fueron a colaborar como podían con la crianza, de Coqui, su abuela aún presente, y de Rodolfo el abuelo al que mis hijas llamaban “abuelo papi”. Todo eso estaba contenido en esa casa, y había que despertarlo, porque por más que la vida no implique mirar para atrás, nos recuerda que necesitamos recordar de donde venimos, para saber a dónde vamos.

Como dijo don Antoine Exuperi: “lo esencial es invisible a los ojos”. Hacía falta hacer este cierre, o más bien esta apertura, hacia aquellas vivencias que por cierto no volverán, pero que forman parte de nuestra esencia. No importa mucho más que eso, el resto es moneda de cambio.

Cuando percibí la emoción de mis hijas, que se reencontraron con esa casa, con Anabel y con todo eso que tenían arraigado en su corazón, caí en la cuenta de mi error, de haber demorado tanto nuestra vuelta, de no haber tenido en cuenta durante tanto tiempo ese pedido dicho a media voz, amortiguado por las tareas y responsabilidades.

Tantas lágrimas necesarias, que estuvieron contenidas durante más de diez años, tuvieron la oportunidad de correr y brotar libremente, que la sola mención me estremece.

Por eso, la vida cierta es la de los momentos plenos, sin tantos matices cosméticos. La simpleza de querer saber donde dimos nuestros primeros pasos, en donde recibimos nuestros primeros arrumacos, y oímos nuestra primera canción de cuna.

Existen vivencias que generan un antes y un después. Momentos bisagra que no se repetirán. La intención de desprendernos de esa casa quedó arrumbada. Algunos nos dirán, quizás con razón que es mejor soltar y hacer lo que más convenga. Por el momento, valoramos mucho más el hecho de saber que ese valle de ríos grandes y caudalosos, en conjunción con esa casa son un ambiente mágico, del cual no hay que desprenderse. Porque no pensar que quizás en un futuro cercano, pueda ser habitada por alguna de ellas, en busca de nuevos horizontes, dentro de las fronteras de esta nación.

Entonces, no es tan difícil volver a ser un poco más humano, agradecido y respetuoso con nuestros sentimientos. Solo hay que parar la pelota, hacer un alto y permitirse vivir de hechos relevantes.

Las emociones que habitamos nos definen como personas, más que nuestro raciocinio y conciencia sin sentir.

Cada tanto hay que pegar un pleno.

Verter en nuestras mejillas “las lágrimas necesarias”.