Soy un profesional de la Ingeniería Química, con un entrenamiento certificado de Coach Profesional. Casado con Eugenia, tres hijas Maria Emilia, Ana Paula y Emma Lucia.
Este no es un fin de semana de buenas o alentadoras novedades.
Un amigo, compañero de esta vida, se encuentra pasando un mal momento, internado en una unidad de terapia intensiva, con pronóstico cuando menos complicado.
Su vida no ha sido fácil, desde el pesado diagnóstico de una enfermedad que lo tiene a mal traer hace ya cerca de cinco años.
Luchador incansable, ha sorteado dificultades económicas, financieras, familiares con una gran dignidad. Sus hijas, su don más preciado, son uno de sus motivos para continuar en la senda, dando empuje a sus proyectos personales, de creador y diseñador de estufas, hornos y otros elementos de calefacción y cocina.
La idea no es hacer una historia personal de la situación sino compartir aquellas cuestiones que departimos de su aprendizaje existencial, producto de las situaciones adversas que transita.
Este grupo de varios amigos hemos compartido hermosos momentos de asados y juntadas, donde Marcelo muy a menudo, nos ha traído la mirada de aquellos valores humanos que generan puentes, tienden lazos y generan confianza cuando se transforman en acción.
No pretendo hacer un listado de cuestiones que estén una por encima de la otra, porque pienso que no se trata de eleborar un ranking.
La alegría que pone en su vida, reírse de si mismo, pese a las circunstancias, ha sido una constante, calificado de histrionismo por uno de sus amigos.
El amor por sus hijas, sus amigos y allegados.
La generosidad y solidaridad de dar, muchas veces no teniendo dinero para continuar con sus proyectos, incluso algunas veces con sus gastos del día a día.
Compartir los estados de ánimo, positivos y negativos.
Conversar, escuchar, opinar desde el respeto, aceptando las diferencias, gestionando los posibles resentimientos.
Proyectos comunes, espacios para que la vitalidad y el bien común fluyan.
Honrar las deudas, sin necesidad de documentos, sólo la palabra.
La familia como un quehacer de trascendencia y vivencias cotidianas.
Trabajar como un mecanismo de superación personal y social.
La educación como un medio insustuible de generación de valores consensuados.
Mantener una actitud aprendiente, no sintiendo verguenza de declararse ignorante.
Pensar en una sociedad de acuerdos sobre los que nos une y lo que no nos une.
Marcelo, vivió el desarraigo por necesidad y volvió a su tierra por el mismo motivo, creer que se puede.
Confiar que es posible por encima de cualquier coyuntura o situación momentánea.
Lo que nos une es, en resumidas cuentas, mucho más que los que nos diferencia.
Nuestro amigo lo sabe bien, y lo transmite convencido en sus entusiasmados y motivados hechos del hoy y del mañana.
Como reza la canción, caminante no hay camino se hace camino al andar.
Capaz tengamos la oportunidad de pensar responsablemente en aquelo que nos permitirá construir una Comunidad Sustentable.
Muchas gracias amigo por lo que nos transmitís.
No hay juzgamientos por tu situación, sólo el deseo y la esperanza que puedas salir de esta.
Lo que vivimos juntos sigue ahí, haciendo lo suyo.
Amor, dolor, alegría, tristeza, y un sinnúmero de emociones que nos otorgan esa distinción de humanidad.
No hay lugar para más, en este breve escrito, simplemente continuar disfrutando de…
LO QUE NOS UNE, CON NUESTRAS DIFERENCIAS INCLUIDAS.
Señal de socorro utilizada internacionalmente dada su practicidad para la comunicación y transmisión, y su connotación inequívoca.
No fue empleada por primera cuando sucedió el hundimiento del RMS Titanic, tal cual reza alguna leyenda histórica. Había sido empleado algunos años antes, luego de su validación en la conferencia internacional de 1906 en Berlín, Alemania.
No lleva ni puntos, ni comas, como se suele escribir. Se ideó de esa manera para una fácil transmisión telegráfica.
Popularmente, se cree que esta señal significa «Save Our Ship» (salven nuestro barco), «Save Our Souls» («salven nuestras almas») o «Send Out Succour» (envíen socorro). Sin embargo, SOS no es la sigla de ninguna frase y fue seleccionada por su simplicidad. No obstante, algunos investigadores creen que SOS es la sigla de la frase «si opus sit«, «si fuera necesario» o «cuando sea necesario», de manera que sería la abreviación de una frase que, extraída del contexto de urgencia o de precariedad, llegó a significar «es necesario» y, de ahí, «es necesario el socorro inmediato.
De manera más coloquial, el SOS es usado como un Help, o ayuda por favor.
Desde que somos personas conscientes, guardamos una relación especial con la necesidad y la aceptación de recibir ayuda o asistencia.
De niño me molestaba pedir socorro, ya que considerada que siempre podía valerme por mi mismo.
Quizás pensaba que pedir ayuda, hecho vinculado a declararme ignorante para hacer o conocer algo, me ponía en inferioridad de condiciones respecto de los otros.
Asimismo, a veces pensaba, que podía importunar, o bien sólo era un desafío el vencer mi timidez.
Con la madurez mi vinculación con pedir o dar ayuda se ha tornado menos traumática, y más natural.
A lo largo de nuestras vidas transcurrimos por diversos estadíos respecto de la palabra AUXILIO.
En el sentido opuesto, ofrecer asistencia (prefiero en ese caso no hablar de ayuda), es por cierto, todo un ejercicio así sea una ayuda pedida previamente por otra persona o no.
La relación de asistidor y asistido en bidireccional, pudiendo ser incluso de roles cambiantes en un mismo hecho.
Pedir ayuda u ofrecer asistencia, resulta a las claras, un acontecimiento tan maravilloso, que eleva nuestra calidad humana con un sesgo trascendente. Los campos o ámbitos donde se pueden ejercer estos valores, son inconmensurables e incomparables.
¿Se puede vivir sólo en el modo Help?
En lo personal creo que no. Nos vincula con el pedir, y nos aleja del ofrecer.
Nos resta bastante campo de acción y posibilidades, ya que no todas las personas están disponibles a tiempo completo para socorrernos.
¿Se puede vivir siempre en modo Help de asistencia o servicio a otros?
En un sentido de habitualidad sí. Ciento por ciento es bastante complejo, ya que de forma vital necesitamos tiempo para nosotros y la introspección reflexiva.
Nos relaciona con el dar, y nos aleja del recibir.
El equilibrio entre ambas acciones es bastante personal, sin embargo, quizás la clave está en reconocer que existen acciones derivadas, que pueden brindar una contraprestación, que pone de manifiesto la importancia de mantener este balance de forma sana.
Cuando recibo ayuda o asistencia, puedo ofrecer en compensación la gratitud.
La gratitud no es dar las gracias de manera verbal, sino acompañar el hecho con alguna retribución del mismo tenor, o bien un presente o regalo que simbolice las gracias.
Por ejemplo, si alguien me ayuda a entender una materia mientras estudio, puedo devolver lo mismo en otra ocasión como un gesto de gratitud, o bien invitar luego el almuerzo, sólo por citar algún ejemplo.
En el sentido inverso, cuando ofrezco algo que es recibido, quedarse esperando una compensación o enojarse por no recibirla, nos distancia de la gratitud y de la grandeza del dar.
Vivir con la humildad para preguntar, pedir, y del mismo modo, con la apertura para dar, ofrecer y asistir, en ambos casos con respeto hacia la otra persona o personas, nos permite tejer una red de relaciones, que supera las vicisitudes y coyunturas del momento, generando esas cuerdas invisibles de la confianza.
¿Qué relación tienes con el SOS y el HELP?
¿Qué grado de sensibilidad tiene tu radar para detectar un barco que necesita ayuda?
Ajustar la sintonía y perceptibilidad, nos permite desarrollar una dimensión optimizada para auxiliar y pedir auxilio.
La palabra ayuda tiene muchas connotaciones positivas:
Llego uno de los días del año más esperados para nuestra familia.
Habiendo optado por cambiar de vehículo familiar, después de analizar varias opciones , finalmente nos decidimos por uno más seguro, espacioso y tecnológico.
La semana había sido perfecta: rapidez en el acuerdo comercial, color deseado, trámites a tiempo, disponibilidad para retirar la nueva unidad de transporte.
Pequeño viaje organizado a una ciudad cercana, situada a poco más de cien kilómetros.
Las situaciones seguían siendo absolutamente maravillosas: buena recepción, sonrisas, recomendaciones. En el saludo final, nuestro asesor comercial nos decía: cualquier novedad estamos para atenderlos, muchas gracias.
El viaje de regreso a nuestra ciudad, fue sin contratiempos hasta la mitad del recorrido. Lo compartíamos con mi esposa, mi hija más pequeña, y yo como conductor designado.
Hasta ese momento, la palabra que definía todo era: impecable.
Habiendo transcurridos unos setenta kilómetros desde nuestro punto de origen, tres alarmas consecutivas que no vale la pena detallar, pusieron la nueva unidad en estado de requerir servicio, eliminando determinadas funciones posibles, pero permitiéndonos llegar a nuestra casa.
Mensajes al asesor que nos había despedido tan cordialmente, derivaron en su propuesta: vuelvan el lunes, que el jefe de taller revisará la unidad.
¿Puedo usarlo?
La unidad resetea sus alarmas, con lo que podés probarlo mañana tranquilo capaz desaparecieron, eso sí cárgale combustible xxxx para ver si una de las alarmas desaparece.
Sábado por la mañana, me desperté y luego de haber cargado nafta decidí hacer un pequeño viaje por una de las rutas a una distancia cercana, para corroborar el apagado de los avisos.
A unos doce kilómetros de la ciudad, vuelve a acusar la falla y cómo indica el manual, me hago a un costado de la ruta, apago el vehículo y espero los 15 segundos para reencenderlo.
Todos los intentos fueron infructuosos. La tecnología declaró la unidad en una especie de emergencia por fallas reiteradas, aunque sin decirlo en ningún lado.
A partir de ese momento y por espacio de casi diez horas, mantuve comunicaciones con el servicio de asistencia remota. Primero para tratar de que volviera a funcionar, y segundo para coordinar su traslado a la concesionaria de donde lo habíamos retirado.
Mi señora y dos de mis hijas llegaron en otro vehículo a acompañarme, es decir a hacerme el aguante.
La primera grúa que llegó 4 horas después, no era la adecuada. Después de varias conversaciones, las personas de la asistencia en ruta pudieron comprender que el vehículo se paraba con las cuatro ruedas bloqueadas.
La segunda grúa que llegó tres horas más tarde, tenía la mitad de los implementos necesarios. Me comentó que se los había informado pero que le habían dicho que fuera lo mismo. De la asistencia en ruta, me decían que no, que él había confirmado que disponía de los elementos.
La red de relaciones, algo que es tanto más importante desarrollar que querer saber todas las cosas, me permitió que alguien me sugiriera llamar a una persona que podría resolver el inconveniente.
Juan, su nombre, vino con un ayudante, dejaron de comer el asado que estaban disfrutando ese sábado y cargaron un poco la batería del vehículo que ya estaba descargada.
Después de algunos intentos, el vehículo volvió a arrancar, y de esa manera se lo pudo subir al carro de transporte sin daños. Mario, el segundo acarreador que llegó, pudo cumplir su cometido de traslado.
Tuve que acompañar al remolque que devolvía el vehículo familiar a donde lo habíamos retirado, para poder bajarlo allá.
Me esperaba ese sábado por la noche, Víctor un guardia de seguridad. Buena persona, sonriente, amable.
Once horas después, el vehículo estaba acomodado bajo techo, las fallas aún marcadas en el tablero.
Volví bastante tarde a casa, con un sabor agridulce.
Una parte de mi cabeza diciendo esto no puede haber sucedido, la tecnología en realidad vino para ayudarnos. Cansancio y frustración sumaban un cóctel explosivo para mis emociones.
Otra porción de mi mente, agradecía por haber superado la instancia, por que esto no fuera un accidente, porque a partir del lunes se resolvería el problema, porque son cuestiones que pasan. Conversaciones internas de posibilidad y agradecimiento.
Juan, y Mario dedicados a las emergencias en ruta, me comentaron que gracias a los inconvenientes de autos nuevos (muchos) y usados, ellos tienen trabajo. Víctor, me confirmó lo de los fallos repetidos.
A mi regreso pudimos disfrutar de una cena en familia bastante tardía.
Mientras lo hacía, pensaba en la raíz cuadrada de dos.
Sólo recordaba que era el primer número irracional conocido.
Se trata de un número de infinitas cifras decimales.
Hoy más tranquilo, encuentro que geométricamente equivale a la longitud de la diagonal de un cuadrado cuyo lado es igual a la unidad, lo cual se comprueba aplicando el llamado teorema de Pitágoras, también conocida como constante pitagórica.
Descubro que tiene varias aplicaciones en la vida cotidiana.
las hojas de papel en formato internacional están en proporción largo/ancho igual a √2, así al doblarlas por la mitad se obtiene un rectángulo de las mismas proporciones que el rectángulo original;
en música, la razón de frecuencias de la cuarta aumentada de la gama temperada vale √2;
en electricidad, la máxima tensión de la corriente alterna monofásica vale √2 del valor eficaz indicado (generalmente 110 o 220 voltios);
en fotografía, la sucesión de valores de apertura del diafragma son los valores aproximados de una progresión geométrica de razón √2.
Asimismo, es muy común un algoritmo computacional basado en la raíz cuadrada de dos.
Sólo el número PI, ha sido calculado con más posiciones decimales.
Existen pruebas para determinar la irracionalidad del número que representa la raíz cuadrada de dos.
Resumiendo: la raíz cuadrada de dos me jugó una mala pasada.
No todo es tan racional, para nuestro nivel de raciocinio.
Asistidos y al mismo tiempo limitados por los incesantes avances tecnológicos, nos enfrentamos con más frecuencia a la raíz cuadrada de dos.
La red de relaciones te ayuda a amortiguar la irracionalidad de la raíz cuadrada de dos.
Las emociones y estados de ánimo tienen infinitos decimales?
A disfrutar de este fin de año y del incipiente 2020 que se aproxima.
Una de los cuentos infantiles poéticos a la postre más traducidos y famosos, veía la luz en Estados Unidos, allá por 1943. Traducida al inglés y en su francés original, tendría que esperar algunos años más, 1945 o 1946 (no existe un acuerdo sobre la fecha exacta), para ser impresa en el país de nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry, su comprometido escritor y además aviador de profesión. Eso pudo tener lugar, una vez finalizada la ocupación alemana de Francia.
Esta primera traducción al inglés llevada a cabo por Katherine Woods, dotó al mágico contenido, de una avanzada y exquisita inclinación poética, hecho que se mantendría en todas las ediciones y traducciones posteriores.
Ese cambio más sensibilizado de la versión escrita por Antoine, terminaría finalmente por transformar al cuento, en una de las obras de literatura poética infantil más aclamadas del mundo. Un verdadero record de idiomas y dialectos, más de 250, conocerían la emblemática figura del jovencito de pelos rizados y dorados como rayos de sol.
Para las personas que intentamos crear escribiendo, la influencia de los libros que leemos se palpa en cada renglón.
En mi caso personal, el condimento poético dentro de la narración, las metáforas, cierto grado de pesimismo y nostalgia, más la belleza de lo simple, tienen cierto origen en la manera de trasmitir ideas y sentimientos de Antoine, sin la inmensa calidad de él y de otras influencias por supuesto.
Los lectores de este libro, en su gran mayoría, apreciamos, adoramos y valoramos, aquellas frases memorables que salen de la boca de sus ilustres personajes.
Aquí te traigo algunas de ellas, que tengo registradas en mi conciencia:
“Es una locura odiar a todas las rosas sólo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños sólo porque uno de ellos no se cumplió.”
“Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer.”
“Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.”
“No se debe nunca escuchar a las flores. Solo se las debe contemplar y oler. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no era capaz de alegrarme de ello.”
“Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar.”
“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.”
“Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Para mí, tú serás único en el mundo. Para ti, yo seré único en el mundo…”
“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.”
“No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.”
“Sólo se conocen bien las cosas que se domestican.”
“Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.”
“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso.”
“Uno se expone a llorar un poco, si se ha dejado domesticar…”
“Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio.”
“Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú y solo tú tendrás estrellas que saben reír!”
Es probable que cada uno agregué, saqué o no comparta con exactitu todas y cada una de ellas, siendo natural que así sea. Amén de eso, creo que nadie puede negar la influencia profunda y la poderosa inquietud que generan en nuestros corazones.
El contenido de esta maravillosa obra, carece de sentido, sino hacemos foco asimismo en sus personajes, objetos o lugares que cobran vida en su desarrollo. Son varios, distintos y exquisitamente descriptos por los detalles, reflexiones y acciones. El resumen de los mismos y su significancia para la narración y lo que se quiere transmitir, no me pertenecen, pero me pareció oportuna traerlas.
El principito: personaje principal del libro, toda la historia está basada en él. Es un niño que viaja de planeta en planeta haciendo preguntas que se dan por hechas, y que no interesan a nadie. Vive en un pequeño planeta que podríamos identificar no como un planeta, sino como su propia vida, así el resto de planetas que visita son, en realidad, las vidas de otras personas que conoce. El hecho de que su planeta sea tan pequeño viene a decirnos que tiene mucho por vivir y aprender.
El aviador: co-protagonista. Es un adulto que intenta razonar y actuar como un niño, pero sabe que en realidad no lo es, que ha perdido su condición pero intenta recuperarla. Es nuestra propia imagen, nuestro reflejo en la historia, el personaje que nos identifica dentro de la novela y que nos hace ver cómo deberíamos ver las cosas y cómo en realidad las vemos, cuando nos critica con frases como: «Si les decimos a las personas mayores: “He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado”, jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: “He visto una casa que vale cien mil francos”. Entonces exclaman entusiasmados: “¡Oh, qué preciosa es!”». Por sus características, podemos identificar al narrador con el propio autor que nos va guiando a lo largo de la historia.
El cordero: personaje aparentemente irrelevante, pero de gran significado por su vinculación afectiva y de amistad que no dura para siempre
El farolero: son los trabajadores que incansablemente se dedican a servir.
La caja: en un ataque de ira por no saber dibujar el cordero, el autor dibuja una caja y dice: «Esta es la caja. El cordero que quieres está dentro». Imaginación es lo que se necesita para ver lo que hay dentro, la caja es una alusión a la imaginación que los adultos ya que no la suelen usar
La rosa: Se trata del ego, nos pone de manifiesto el amor del principito. La rosa no es una flor cualquiera, es su amor. Es espléndida, es magnífica entre otras muchas, y es única en su «planeta». Ha habido otras, pero esta es la que ha «florecido» y perdura, es la metáfora de la mujer que ama, que se ha quedado para siempre en su corazón. Bonita, huele bien, perfecta y, al mismo tiempo, llena de imperfecciones. Es frágil, hay que cuidarla, mimarla, estar siempre atento; además es orgullosa, vanidosa, egoísta y mentirosa.
Los baobabs: son los malos hábitos, pensamientos y problemas, hay que solucionarlos antes que sean demasiado complicados, es la moraleja que nos deja el autor, cuando nos alerta: «¡Niños, atención a los baobabs!».
Los volcanes: son las emociones y tareas comunes del día a día, no son un problema como los baobabs, son simplemente cosas que hay que hacer para que todo vaya bien, aunque no nos guste del todo hacerlas. Aquí se vuelve a hacer hincapié en la disciplina.
El fanal o globo: la protección, los celos o los mimos y cuidados que hay que tener para que la «Rosa» se sienta protegida y querida, aunque realmente no los necesita. El zorro: personaje medular de la historia, quien hace ver al Principito la esencia, pero también las dificultades y costos de la amistad.
El rey: habitante del primer planeta, quien representa a los jefes y reyes que quieren ser obedecidas.
El avaro o vanidoso: representa la vanidad y el egoísmo del hombre, encarna el deseo de reconocimiento y admiración social.
El Principito respira en cada palabra un sustento filosófico, vinculado con la ontología del ser, con declaraciones poderosas, pedidos, ofertas, juicios de valor, y por sobre todas las cosas, nos muestra la ingenuidad y el valor del amor liberado de egoísmos.
La centralidad del planteo, abarca la naturaleza del ser humano, independientemente de su asociación idiomática, conceptos que nos atraviesan sin distinción de razas, sexo, religión, cultura o escala de valores:
La médica ecógrafa, miraba el monitor. Pasó el instrumento repetidas veces. Empezó a sonreír, luego se dirigió a Eugenia, para preguntarle:
¿hay antecedentes de mellizos en tu familia?.
No quedaban dudas, dos corazones latiendo.
Al principio, no registré muy bien de qué se trataba. Eugenia en cambio, estaba muy emocionada.
ella atinó a responder:
» Tengo una tía, hermana de mi mamá, madre de gemelas, pero mellizas no «.
La doctora, nos explicó la diferencia.
El obstetra se encargaría de darnos todas las recomendaciones adecuadas, para llegar a buen puerto con un embarazo doble.
En las sucesivas ecografías, descubrimos que serían niñas, físicamente y emocionalmente diferentes.
Ambas recibieron sus nombres durante el quinto mes de embarazo.
«María Emilia y Ana Paula».
Paula, la pequeña, era de esa contextura (hoy mantiene esas características), Ana por mi mamá.
Emilia, la más grande, la llena de gracia (hoy de un humor algo más ácido), María por la mamá de mi esposa.
Un 12 de diciembre de 2007, después de 37 semanas de gestación, con poco lugar para moverse y seguir unos días más, nacieron en Cipolletti, Río Negro, nuestras hermosas mellizas.
Doce años y un día después, compartiendo nuestras vidas en Río Cuarto, la Pauli y la Emi, como las nombramos afectivamente, acaban de concluir sus estudios primarios.
Ana Paula y Maria Emilia
Buenas personas, comprometidas, responsables, cariñosas, empiezan de a poquito a transitar la pre-adolescencia y en unos meses más el colegio secundario.
Eugenia y yo, que comenzamos el proceso de generar descendencia hace doce años, hoy somos testigos del primer hito de trascendencia de nuestras hijas, en la ceremonia de colación, donde estuvieron presentes su hermana más pequeña Lucía (llena de luz) una tía, prima y primo y sus abuelos maternos.
La familia a pleno
Muchas fotos, lágrimas y el corazón abierto de par en par.
Está claro que no somos inmortales, sólo nos perpetuamos de alguna manera (no la única, por cierto) a través de nuestros hijos.
Este proceso de ser padres, no se detiene ni por un instante.
La alegría de trascender y de vivir por y para la felicidad de esos pequeños seres, que arribaron juntas hace doce años, no tiene correlato en explicaciones concretas.
A favor, cohabita en nosotros una palabra que expande nuestro mundo de posibilidades:
AMOR
En este período pleno de colaciones, hitos alcanzados, celebraciones y buenas venturas, te compartimos nuestra celebración.
Cada evento es único e irrepetible. Lo guardamos en nuestra memoria emocional, para extraerlo y saborearlo, como un recuerdo vivo y presente.
GRACIAS HIJAS, la mejor de las suertes en esta nueva etapa.
Creemos en vuestras capacidades para crecer, aprender, caminar por lo llano, y escalar lo empinado.
Papá y Mamá estarán con Uds.
Habrá aciertos y errores, pero les queremos decir que,
Confiamos en que seguirán siendo excelentes seres humanos !
Una jornada de entrenamiento en una empresa donde trabajaba, nos había congregado en un salón especial de una confitería bastante prestigiosa de Neuquén.
Allí departiriamos una tarde de taller para el desarrollo de habilidades blandas, enfocadoen la conformación y desarrollo deun equipo de alto desempeño.
El instructor, un coach que parecía bastante experimentado, alternaba momentos de observación con otros de charla, mientras compartíamos el café de bienvenida
Se distinguían varias actitudes entre los presentes: algunos conectados por celular con el trabajo, otros distendidos, otros entre los que me contaba, expectantes y ávidos por adquirir nuevos conocimientos y habilidades.
Las personas que hacíamos el entrenamiento, liderábamos áreas dentro de la empresa, conformando un equipo de trabajo, de jefes y gerentes.
Finalizado el tiempo destinado a degustar la infusión, acompañada de algunas masitas, el entrenador nos pidió a todos, que dispusiéramos las sillas formando un círculo.
Luego nos solicitó que nos quedáramos de pie, porque necesitaba disparar algunas preguntas, bajo la consigna que una respuesta afirmativa implicaba quedarnos de pie, y una respuesta negativa sentarnos de manera definitiva. No se permitían las repreguntas, ni aclaraciones. Sólo seguir parados o sentarnos.
Ubicado en el centro del círculo, vino la primera:
¿Uds. se consideran un equipo?
Todos permanecimos de pie.
¿Habitualmente tienen buenos resultados?
Algunos empezamos a mirarnos de manera algo curiosa, pero aún nos manteníamos parados.
¿Puedo entonces decir que son un equipo de alto desempeño?
Miradas cómplices, algunas sonrisas, pero firmemente de pie.
¿Todos conocen los valores del equipo?
De los quince funcionarios que asistíamos al entrenamiento una jefa se sentó. Algunos la miramos extrañados.
¿Tienen claro la misión y visión para lograr un alto desempeño?
Un gerente se sentó. Quedábamos trece de pie.
¿Obtienen malos resultados?
Nadie se sentó.
¿Los malos resultados se revierten entre todos?
Como respuesta tres compañeros se acomodaron en sus sillas.
¿Hay una correcta comunicación entre Uds?
Tres personas más se sentaron, con lo que la proporción de sentados superaba a los que aún estábamos parados.
¿Consideran que hay confianza entre los miembros del equipo?
Algo de perplejidad entre los parados, algunos de los sentados negaban con la cabeza. Dos más se sentaron. Uno de ellos fui yo. Aún quedaban cinco sobre sus pies.
¿Cumplen los pedidos en tiempo y forma?
Uno vaciló un poquito, pero decidió sentarse.
¿Las decisiones son consensuadas?
Algunos de los sentados rieron de manera franca. Ahora sólo tres quedaban de pie.
¿Todas las opiniones tienen el mismo valor?
Uno se sentó de manera bastante impulsiva. Sólo quedaban dos férreamente parados.
¿Saben cómo se compone la familia de cada uno de los integrantes del equipo?
Uno siguió de pie, el otro se sentó.
Ahora la pregunta fue directa:
¿conoces cuál es el principal fracaso de este equipo, que sea reconocido y recordado por todos?
El último no tuvo más remedio que sentarse, con alguna mueca mezcla de frustración y derrota en su cara.
La ceremonia había durado unos 30 minutos.
El maestro de ceremonias ahora nos comunicó:
Cambia la consigna, ahora que están todos sentados, una respuesta por la negativa nos pone nuevamente de pie.
Va la primera pregunta:
¿Puedo decir entonces que son un equipo de alto desempeño?
Sin mucho titubeo todos nos levantamos del asiento, casi al mismo tiempo.
Sonriendo nos miramos todos a la cara.
El coach, sonreía con nosotros.
Bueno, ahora podemos comenzar el taller.
Ya estamos de acuerdo en qué situación nos encontramos.
NO SOMOS UN EQUIPO DE ALTO DESEMPEÑO.
Les agradezco que lo hayan reconocido.
Nos dividamos en grupos de cinco integrantes cada uno, y pensemos como primera medida, cómo se va a llamar el grupo gral.
En cinco minutos debatimos y consensuamos el nombre.
Nos quedan dos horas de trabajo, y les aseguro que habrá más sorpresas.
Hay entrenamientos que no olvido, por las lecciones aprendidas.
Este fue uno de ellos.
¿Cuál o cuáles fueron los tuyos?
¿Qué creías ser o saber, y te diste cuenta que no era así?
Mientras piensas tus respuestas, aprovecho para recordar el café del final.
Tenía un sabor más intenso que el del inicio de jornada.
Por lo menos a mí, aprender me permite saborear mejor las cosas.
Ese sábado en particular sentíamos que no había manera de que no ganáramos el partido.
Habíamos entrenado varias jornadas, elaborado distintos planes de juego, ensayado diferentes formas de pararnos en la cancha. El equipo de once jugadores, funcionaba aceitado, automatizado, efectivo, alta confianza en sus habilidades , sólido en defensa, incisivo en el ataque. La parte física impecable, sin lesionados.
Nuestro entrenador el profe Oyola, nos hablaba como técnico y como un padre para algunos. Teníamos entre 12 y 14 años, situaciones familiares y sociales diversas, niveles de estudio diferentes (algunos aún no habían empezado el secundario, producto de distintas situaciones). A todos nos unía la pasión por la práctica del fútbol.
Al finalizar el último entrenamiento del jueves, el profe nos junto a todos para transmitirnos algunas cosas:
«Muchachos, el partido que viene cierra nuestro calendario deportivo de inferiores. Tengo mucha confianza en Uds. Hemos practicado bastante, para jugar contra un gran rival, que está arriba en la tabla.
Nosotros hemos ido creciendo y salimos del fondo, para estar entre los cinco primeros, del lote de doce equipos que compiten. Esta es la última fecha. Si ganamos en nuestra cancha, podemos quedar terceros.
Jugamos con ellos en la primera ronda y perdimos de visitantes. Nos ganaron en lo físico, pero mucho más en lo táctico y técnico.
Sin embargo, si bien van segundos, los últimos partidos perdieron dos jugadores claves, el 10 y el 4. Su rendimiento ha decaído.
Han incorporado hace poco dos nuevos jugadores, de buen pie, para ocupar esos lugares. En lo personal creo que son hábiles, pero no tengo más referencias, porque no han participado aún en el campeonato.
Si hacemos memoria, el 10 de ellos, el flaquito zurdo, es su figura, pero como ya dijimos no va a estar. El generó las jugadas del primero y tercer gol, con el que nos ganaron por 3 a 1 el último que jugamos. El 4 que tampoco estará, fue imparable para nosotros por su velocidad y rapidez de juego.
Saldremos en primera instancia parados como entrenamos la mayor parte de la semana, 4 atrás, 3 al medio y 3 delanteros. Necesitamos arrancar ganando. Creo que podemos aprovechar nuestro actual y consolidado momento de juego. El sábado el clima estará ideal para jugar. A las 11 de la mañana, el calor aún no pegará tanto, y habrá poco viento.
Está claro quienes salen de titulares y quiénes ocuparán el banco de relevos. Descansemos mañana por favor, para estar diez puntos el sábado.
Nos juntaremos a las 9.30 horas en la cancha, para una charla previa cortita y los ejercicios precompetitivos».
«¿Alguien tiene algún problema físico, o situación que quiera comentar? «
Nos miramos las caras. Ninguno manifestó nada irregular, dudas o pormenores.
«Vamos muchachos, muchas gracias a todos por el excelente año. Nos vemos el sábado por la mañana».
A las 9.30, estábamos allí presentes casi todos. Un jugador titular llegó unos minutos más tarde. El profe lo apartó un instante, charlaron y después se unió al grupo. No estaba en condiciones de jugar, porque se sentía mal del estómago, dolores, vómitos, con un poco de fiebre.
Era el defensa más alto que teníamos. No era menor que no jugara. El profe decidió bajar al 5 a su lugar en la zaga, y un suplente lo relevó en su posición.
Una vez terminada la entrada en calor, el peloteo a nuestro seguro arquero, nos fuimos a cambiar al vestuario. La charla del profe, fue cortita, recordando algunos detalles técnicos. Por sobre todas las cosas fue bastante emotiva. El partido no se nos podía escapar.
A las 10.55 ambos equipos estábamos en el campo de juego. Hecho el sorteo, quedamos ubicados en el mismo lado donde practicamos unos minutos antes. Ellos moverían la pelota primeros.
Por fin arrancó el match.
A diferencia de lo que habíamos ensayado, el rival se posicionó de entrada cerca de nuestro arco.
El diez de ellos, nos sorprendió por su velocidad y precisión. Tenía iguales o superiores cualidades que el lesionado que no podía jugar. Transcurridos quince minutos, nos habían llegado varias veces. Nosotros sólo habíamos atinado a defendernos, sin poder generar ningún ataque. El profe nos alentaba, mientras nos pedía calma y concentración. Al minuto veinte, nuestro improvisado defensor, cometió una falta sobre el 10, a un metro de la medialuna. Era casi imparable por su destreza física y técnica, y no le quedó otra que detenerlo con infracción.
El mismo diez, tomó la pelota y la acomodó para su perfil diestro. Con indicaciones de nuestro arquero, armamos la barrera minuciosamente. Para sorpresa de todos, si bien el tiro libre era directo, a la orden del árbitro, el diez la abrió suavemente para el cuatro, el cual desde un lugar despejado y sin barrera sacó un remate potente y cruzado, que resultó imposible de atajar para nuestro arquero. Tremendo golazo.
El impacto del gol, nos dió un masazo que duró lo que quedaba del primer tiempo. Nos salvamos varias veces del dos a cero. El profe acomodó el equipo para contener mejor al diez y evitar la pegada del cuatro. El nueve de ellos, bastante alto y de gran físico, nos cabeceaba seguido en el área. Para detener esto, hicimos otro enroque defensivo.
Llegó el descanso y respiramos aliviados. Sólo perdíamos por un gol. La habíamos sacado barata.
El profe, nos junto a todos. Nos renovó la confianza.
Nos dijo palabras más, palabras menos, algo que aún recuerdo:
«Para que pongamos claridad sobre lo que pasó en el primer tiempo, quiero decirles que gracias al trabajo que hicimos en la semana, sólo perdemos uno a cero. Pero ahora necesitamos algo más. Darnos cuenta que nuestro plan de juego tiene que cambiar porque el rival no era lo que pensábamos. Sé que eso molesta, y que es más fácil que todo sucediera de acuerdo a cómo lo habíamos organizado, pero no es así. Es en estos momentos, cuando tiene que salir lo mejor de nosotros, el juego de equipo y bajar la frustración que nos provoca la situación. No nos culpemos, ayudemos a nuestros compañeros y demos vuelta la página».
El segundo tiempo, nos encontró más animados. Empezamos a manejar la pelota, cuestión con la que el equipo rival no se sentía ya tan cómodo. Nos alertábamos con mayor frecuencia de situaciones a resolver, relevábamos los puestos, dimos lo que teníamos en el corazón y lo que nos quedaba en las piernas. Nuestro número cinco, el defensor no habitual, nos arengaba y nos marcaba el camino dentro de la cancha. Nos sostenía con sus palabras e indicaciones. Además de asumir un rol distinto, ahora era nuestro conductor y líder dentro del terreno de juego.
A los treinta minutos, nuestro dominio del juego era ostensible. Ellos jugaban defensivamente, casi no contratacaban, sin embargo se nos hacía difícil llegar con claridad.
En los últimos cinco minutos, nuestra presión era total.
Un centro desde la izquierda, la pelota pasó toda el área y fue capturada por nuestro número tres. Un zurdito habilidoso, que recibió el balón y encaró hacia el arco. La pierna de un defensor contrario lo tumbó dentro del área. Un penal evidente, que el árbitro sancionó.
El mismo número tres, convirtió la pena en gol. Una alegría total, dentro y fuera de la cancha.
El partido terminó empatado. Tuvimos la chance de ganarlo en la combinación final, pero el cansancio le jugó una mala pasada a nuestro número 9, el cual le erró al arco, en la más clara que tuvimos durante los minutos que duró el partido.
En los vestuarios, existía una mezcla de distintas sensaciones. Algunos tristes, otros contentos, muchos conformes.
En el partido despedida del año habíamos aprendido una lección, que en mi caso personal aplicaría muchas veces en el futuro:
Tener planes es insuperable, pero gestionar lo que no estaba en los planes previos, nos diferencia y nos eleva a rangos insospechados.
No hay nada mejor que un buen plan, pero como la cantidad de variables que existen son muchas y nuestra capacidad de gestión es limitada, es probable que en mayor o menor medida aparezcan emergentes:
«LO QUE NO ESTABA EN EL RADAR».
A nivel personal, o de equipo, aprender a reexaminar nuestros planes, y tomar nuevas decisiones, en función de los imprevistos, es el plus que nos posiciona más cerca de alcanzar los logros.
No pensemos sólo en emergentes negativos, porque asimismo nos puede costar reexaminar nuestro programa, cuando suceden imprevistos positivos. Vale decir que si no los tenemos en cuenta podemos malgastar recursos, que podrían ser destinados a otra cosa.
La situación emocional es clave, poner conciencia a muestro enojo o frustración resulta vital, para poder elegir nuevas acciones, para superar lo imprevisible.
Los estados de ánimo que se generan ante la presencia de elementos no contemplados, son tan particulares y propios de cada persona, que se pueden agrupar dentro de miles de matices. Allí aparecen los líderes de la emergencia, para cohesionar , unir y amortiguar la mala onda. El número 5 devenido en defensor y asumiendo el compromiso y responsabilidad de liderar.
Aquellos que hemos emprendido o emprendemos una empresa, ya sea unipersonal o de socios, gastamos energía y recursos para ponerla en marcha.
Llegar al punto de partida requiere planificación a partir de una visión, que nos impulsa hacia donde queremos llegar.
Se trate de un emprendimiento pequeño, mediano o grande, sin objetivos medianamente claros y alcanzables, buenas relaciones, conocimientos, sustento material, emocional y racional, se torna difícil llegar al tan deseado hito de arranque.
Aquel momento, donde levantamos la persiana de un proyecto, sentimos en el corazón, aquel que fue el primero que nos palpitó fuertemente para impulsarnos, esa sensación de alivio por el sueño realizado.
Lo sentimos en nuestro corazón, lo visionamos en nuestros cerebros y lo desarrollamos con nuestras manos, tantas veces y en tantas actividades, que el circuito se ha perfeccionado de manera tal que funciona casi de manera automática.
Sin embargo, en numerosas ocasiones, el anhelo, la ilusión y la gratificación son bastante efímeras.
Quedarse en la zona de confort, luego de haber alcanzado el punto inicial, es decir nuestra organización en marcha con determinado éxito relativo, no nos garantiza futuro.
Arrancar, es sólo eso, continuar en el camino resulta más complejo.
Hay instituciones centenarias que mantienen sus estatutos vigentes (que dan origen a sus estrategias y procedimientos) desde el inicio.
¿Está mal eso?
No hay un si y un no categóricos como respuestas.
Una aproximación puede ser la de interpretar si amén de su estatuto centenario, podemos considerar que se trata de una organización inteligente, es decir con buena capacidad aprendiente.
Para explicarlo de manera sencilla, partamos de un hecho, si se quiere poco discutible:
El futuro no existe, por ende surge la tarea de visionarlo y construirlo.
En esa construcción y visiones permanentes, es donde las organizaciones tienen más probabilidades de seguir creciendo y respirando.
¿Cómo se logra esto?
Aprendiendo de los errores, sin lugar a dudas. Los recursos invertidos para fortalecernos de los yerros son muy importantes.
Involucrando a todos los miembros, para que una cuota parte de su quehacer esté enfocado en la mejora continua.
Desarrollando nuevas actividades, que se desprendan o no de la principal.
Innovación programática, no por seguir la moda del cambio por el cambio mismo, sino para dar cobijo a las ideas y proyectos que surjan.
Fortaleciendo cada día, con una mirada estratégica, la cultura del conocimiento y el desarrollo de habilidades.
Hay empresas, que se sostienen desde la innovación, claros ejemplos son las tecnológicas, las de las comunicaciones, las de aplicaciones especiales.
Otras, un poco más alejadas de la necesidad de productos con un cambio incesante y continuo, tienen muchas oportunidades de dedicar parte de su energía, para revisar procesos internos, relaciones con clientes, alianzas estratégicas, racionalización de costos, equipos de trabajos por proyectos.
La idea es generar un salto de calidad para alcanzar el status de:
ORGANIZACION QUE APRENDE
En el confort nuestra emocionalidad nos contiene, los niveles de tensión son bajos. Las certezas nos mantienen sonrientes.
Alejarnos de esa zona, nos sube el nivel de incertidumbre, nos produce miedo, pero la recompensa de crear algo nuevo, tiene un repago maravilloso.
El equilibrio entre la rutina y la innovación depende de cada estructura, y tiene que ser monitoreado para poder verificar qué impacto real está generando, no sólo a nivel económico, sino a nivel del tejido de relaciones y el clima organizacional.
Lo que genera el aprendizaje sistémico en las organizaciones humanas no se percibe a simple vista, quizás no existan indicadores concretos para medirlo, pero si podemos cuantificar su impacto cuando:
Generamos proyectos nuevos del tamaño que sean, sin que esto no produzca una angustia o stress generalizados, contando con una suficiente capital de líderes y promotores.
La solución a los errores cometidos, unen a los equipos de trabajo y los potencian.
Hay persdonas dispuestas a aceptar nuevos desafíos, pidiendo ayuda cuando lo necesitan.
Se favorece el acompañamiento y la consecución de objetivos comunes.
Se incluyen todas las opiniones y puntos de vista en los debates, admitiendo los disensos.
Los niveles de compromiso personal son elevados.
Las comunicaciones fluyen con lenguaje responsable y respetuoso.
El trabajo por objetivos fluye de manera muy natural.
Las sinergias generadas por el desarrollo de actitudes organizacionales aprendientes, genera que el todo sea mayor que la suma de las partes.
Ni tan cerca, para que se confunda con lo acostumbrado, ni tan lejos para que parezca inalcanzable.
Ese es el lugar que aspiran ocupar las organizaciones que aprenden.
Yendo a algo más personal.
En las distintas áreas de tu vida:
¿Qué lugar ocupa tu capacidad aprendiente?
¿Cuán dispuesto estás a dejar la comodidad?
Te recuerdo la importancia de las preguntas, para poder accionar.
El viaje había sido organizado con algunas semanas de anticipación. El programa consistía en compartir una jornada completa de outdoor, entre varios integrantes de la empresa.
Partimos de Río Cuarto, cerca de las 7.30 horas, veinte compañeras y compañeras de trabajo (Teresa, Patricia, Carla, Mercedes S., Mercedes V., Lina, Cecilia, Diego C., Diego F., Diego M., Martín, Matías, Manuel, Germán, Tristán, Juan, Juan Pablo, Pedro, Marcelo y Agustín, el anfitrión), distribuidos en cuatro camionetas con cinco integrantes a bordo cada una. Nos acompañaban dos apacibles y juguetones border collie, Pampita y Cachafaz, expertos en el juego de devolver pequeñas ramas tiradas a cierta distancia.
El equipo, al inicio de la jornada
Nuestro destino final, un campo de la serranía de comechigones, propiedad de la familia de Agustin, uno de los viajeros (como ya mencionara nuestro hospedador), dedicado a la crianza de bovinos (fundamentalmente), equinos y ovinos. Una labor bastante compleja y rigurosa, debido a la dificultad no sólo de acceso y traslado para los animales, sino además para el desarrollo de las actividades en general, lo que califica de encomiable la tarea de Agustín y sus puesteros.
El camino para llegar a ese lugar, que parte desde el Chacay, es estrecho, empinado, pedregoso, con curvas cerradas, implicando una baja velocidad de tránsito, lo que por contrapartida nos permite ir observando bellos paisajes serranos, matizados con la presencia de árboles autóctonos, que van desapareciendo a medida que se asciende, debido al frío clima invernal que no les permite susbistir. Arroyos que serpentean la sierra, como un abanico de venas hidrantes, hacedoras de vida, bajan al encuentro del rio Cuarto o en lengua indígena Chocanchavara.
Había llovido con abundancia, hacía unos pocos días atrás, por lo que el verde proliferaba con toda su magnificiencia, y la más amplia gama de tonalidades. Abundaban pintorescas flores amarillas, otras rosáceas menos frecuentes, que brotaban de aguerridos, redondeados y petisos cactus.
El plan trazado para la mañana, implicaba dejar las camionetas en un lugar bajo sombra y hacer una caminata de unos 4 kms (en bajada) hacia el casco de la estancia.
Un camino ameno, que transitamos charlando, riendo y disfrutando de los más diversas chanzas entre nosotros. El que escribe, Marcelo, sufrió una caída aparatosa y bastante poco convencional, producto de la involuntaria zancadilla de uno de los caninos. Fue motivo de risas y varios ocurrentes comentarios de Germán, Patricia, Diego C. sólo por citar los más relevantes.
Luego de 45 minutos de caminata, arribamos a un lugar de ensueño, una casa construida hace cien años con paredes de piedra, estilo alpino, sólida, elegante y espaciosa. A la vera de la cascada de un arroyo y rodeada de árboles, en su mayoría coníferas, aparece este oasis, que fuera sacudido hace poco por la inclemencia de un inusual tornado. Aún se divisan sus efectos desbastadores, ya que muchos centenarios árboles fueron arrancados de raíz, mutilados por el temporal.
La idea era hacer una parada para un almuerzo campestre, para lo cual personal del campo, nos cocino unos ricos chorizos y lomos a la parrilla.
Antes de la comida, Manuel, nos compartió como disparadores de conversación, algunos temas relevantes, que había extraído de un último libro que había leído:
El primero, acerca de la importancia de elaborar una estrategia personal que, arrancando por la mañana, nos ponga en modo on, para planificar días a pleno: actividad física aérobica desde temprano, meditación y lectura, para potenciar nuestra mente y cuerpo. Rutinas que promueven dormir 7/8 horas, levantarse temprano, alimentarse sanamente, cuerpo saludable, que nos impulse a imaginar cómo construir un día exitoso. Definir qué objetivos tenemos que alcanzar para considerar que fue un día a pleno, y reexaminar nuestra hoja de vida.
El segundo, referido a cómo, las tecnologías de la información y la hiperconectividad, identificadas como armas de distracción masivas, nos impiden la concentración, nos dispersan la energía en cuestiones que no son productivas, para nosotros mismos y los demás. La necesidad de recuperar la conexión real y de contacto entre personas, generando espacios de conversación productivos y con un sentido concreto.
El tercero, vinculado a identificar aquellas oportunidades que aún tenemos para desarrollar nuestro máximo potencial, considerando que más allá de nuestras habilidades innatas, la actitud aprendiente, el compromiso, la dedicación y la responsabilidad, alineadas a través de determinados propósitos, nos pueden permitir alcanzar alturas intelectuales, de trabajo, de proyectos, que parecen inalcanzables, pero que en realidad sólo necesitan de un plan y nuestra constancia, para ser logradas. El éxito no depende tanto de una función o posición dentro de una estructura organizacional, sino de la energía que pongamos, para crear la mejor versión de nosotros mismos.
Los tres temas fueron compartidos y debatidos, hasta que el olorcito de la carne asada, empezó a distraer a los concurrentes.
No faltó la picadita de salame, una cervecita, jugo de limón, como previa a degustar la exquisitez de los chorizos y las porciones de lomo. De postre, exquisito queso y dulce de membrillo, o la opción de frutas, ya disponibles en todo el recorrido.
Finalizado el almuerzo, muy agradecidos con nuestros cocineros y las atenciones de Agustín y Cecilia, nos tocó el turno de subir la cuesta, es decir de desandar el trayecto que nos había llevado hasta allí.
Durante el trayecto, Agustín nos iba previniendo que, de alguna manera, esto no era lo más difícil. En el grupo iban compañeros muy entrenados, Martín, Diego M. Germán, a los cuales esto les resultaba un paseo. Para otros, entre los cuales me incluyo, la subida implicaba un esfuerzo importante. Los restantes integrantes, caminaban cuesta arriba con un grado normal de exigencia.
Llegamos de vuelta a las camionetas, nos hidratamos porque el calor había hecho de las suyas, partiendo hacia un nuevo punto de partida. Luego de unos 10 minutos arriba de las camionetas, de bajada por la ruta inicial, estacionamos a la vera del camino. Agustín, nos señaló para abajo, hacia una hondonada lejana, donde circulaba un arroyo. La idea era bajar, por un sendero bien de sierra, para dirigirnos hasta una cascada profunda.
El itinerario hacia el nuevo destino, era de una pendiente moderada, en el primer tramo, para ir ganando verticalidad en los tramos siguientes. Allí se pusieron a prueba nuestras rodillas, talones, tobillos, pies y equilibrio. Una vez en el arroyo, donde se movían escurridizos algunos peces pequeños, nos quedaba un tramo por la orilla para arribar a la cascada natural que nos esperaba. Tanto allí, como en todo el recorrido se sumaban los brazos para ayudar a saltar, a pisar en una piedra suelta o resbalosa, y las voces para avisar de algún peligro en el suelo, y sobre la presencia de ramas a la altura de la cabeza.
Finalmente, transcurrida una hora de caminata, unos 3 kms de caminata serrana, arribamos a un lugar imposible de describir por su belleza. Una pileta natural de varios metros de profundidad, alimentada por el agua que cae desde unos diez metros de altura, golpeando la piedra, plena de musgos. Parecía una pintura viva, con sonido y colores cambiantes.
Muchos aprovecharon para sumergirse y nadar en ese espejo único, degustando mates, charlas y compartiendo la paz de ese paraíso energético
Cerca de esa olla magnífica, se distinguían morteros tallados en la roca, donde los indios hace cientos de años, molían su maíz para comer.
Permanecimos allí, por espacio de tres cuartos de hora. Emprendimos el regreso, donde varios de nosotros comprendimos a Agustín, cuando nos decía que la exigencia física mayor estaba por llegar. Si bien la bajada, significaba esfuerzo para no resbalar y caer, la subida nos puso a prueba, el cuerpo, la fuerza, la voluntad de asistirnos y alentarnos para llegar, y nuestro espíritu de equipo. Hicimos varias paradas para hidratarnos y recuperar energías. Como en la subida anterior, los compañeros entrenados, la pasaron bastante bien. De hecho, cuando tocamos destino final, Martín y Diego M. bajaron corriendo por el camino que nos trajo hasta el Chacay.
Hicimos juntos un merecido aplauso final, para cerrar una jornada inolvidable. Habíamos superado una prueba de trabajo común, sin ningún lesionado, y con mucha alegría.
El equipo al final de la jornada. Algo cansados, pero con mucho entusiamo.
Se me ocurre pensar, que quizás habíamos descubierto sin haberlo predefinido, un concepto superador, que trasciende el ámbito de nuestra individualidad:
«Llegar a la meta es un hecho personal y tiene sus beneficios, pero el arribar acompañados nos potencia y enriquece mucho más.»
Las relaciones y conversaciones para articular acciones simples y complejas, algunas generadas y otras naturales durante el trayecto, exceden con creces la meta en sí mismo. La importancia de llegar en equipo, es una instancia que excede la importancia del hecho individual.
Gracias a los que llevaron agua en sus mochilas, cargando peso adicional, los que abrieron tranqueras y sirvieron de ayuda a los que nos costaba algún tramo, los que sirvieron la comida y la bebida.
Gracias a Agustín por permitirnos ingresar a conocer parte de su vida.
Muchas gracias a todos, por la jornada compartida.
En esa mañana de agosto de 1942, pudo ser el 5 o el 6, parte del ejército alemán destinado en Varsovia, ponía en marcha una las acciones planificadas, con el objetivo de destruir (arrasar y acabar con todo, incluidos sus habitantes) el gueto de personas judías que había sido constituido en esa ciudad.
El orfanato de niños Dom Sierot (Hogar de los Huérfanos) no sería la excepción. Ubicado en el corazón del gueto, durante las primeras horas del día recibió la orden de desalojar.
Su director y fundador, el doctor polaco judío, Henryk Goldszmidt, más conocido como Janusz Korczak, su pseudónimo como escritor, o simplemente Stary Doctor (el viejo doctor), o Pan Doctor (señor doctor), se negó a abandonar a sus aproximadamente 200 niños huérfanos, que estaban a su cuidado y el de Stefania Wilczyńska (Pan Stefi), su socia y asimismo fundadora. Pan Stefi la acompañó en su decisión.
Los dos eligieron acatar las órdenes (no había espacio ni oportunidad para discutir) y pidieron a los niños se vistieran con sus mejores ropas. Salieron todos juntos caminando, en ese paseo final, que los llevaría sin ninguna excepción, incluyendo a Pan Doctor y Pan Stefi a los trenes, cuyo destino final eran los campos de exterminio. Uno a uno, fueron subiendo a los vagones, rumbo a ese destino inexorable.
Janusz, el Stary Doctor, aferraba la mano de un niño, al cual ayudó a subir. Unos metros antes, un oficial de las SS, había interceptado al doctor, y le había sugerido que no siguiera, que podía quedar libre. Su respuesta no se hizo esperar: “Mi lugar es con los niños, mis hijos”.Respuestas del mismo tenor, había dado varias veces antes, cuando hubo intentos y movidas políticas para que se fuera del gueto y salvara su vida.
Sus niños y niñas, los sin padre, los desposeídos, eran su razón de vivir.
Un relato de la época, habla de esta caminata final, con la siguiente descripción:
“No quiero ser blasfemo ni desmitificador, pero tengo que decir como lo ví entonces. La atmósfera emanaba inercia, automatismo, apatía. La conmoción no se hacía visible al ver a Korczak; nadie saludaba (como lo describen algunos). Nadie se acercó a Korczak. No hubo gestos, nadie cantaba, no hubo orgullosas cabezas en alto, no recuerdo si alguien sujetaba la bandera de Dom sierot; dicen, que sí. Reinaba un silencio terrible, agobiante. (…) Uno de los niños iba agarrado al abrigo de Korczak, tal vez de su mano; todos iban como en un trance. Les acompañé hasta la puerta de Umschlag…”
Sin lugar a dudas, la guerra, había anestesiado los corazones, y vuelto habitual, actos condenables e irreproducibles por su alto grado de maldad y desprecio por el otro.
El doctor de los niños, moría el 7 de agosto de 1942, en el campo de exterminio de Treblinka, días después de haber subido al fatídico transporte. Sus amados infantes tendrían el mismo destino.
¿Quén fue este prohombre?
Desde pequeño fue un ávido lector. Años después, en el diario que escribió ya en el gueto de Varsovia, apuntaba: “caí en la locura, en una furia lectora. El mundo dejó de existir para mí, sólo existían los libros”.
En 1905, ya recibido de médico, en la Universidad Imperial de Varsovia, realizó sus prácticas en los barrios de extrema pobreza, donde vivía el proletariado.
Desde 1907 hasta 1910/11 permaneció en el extranjero ampliando sus estudios; asistió a diversas conferencias, realizó prácticas en los hospitales infantiles y visitó centros educativos, internados y asilos. Pasó casi un año en Berlín (1907-1908); estuvo cuatro meses en París (1910); y un mes en Londres (1910 ó 1911). Como escribiría años más tarde, fue precisamente en Londres donde tomó la decisión de permanecer soltero y dedicar su vida a “servir al niño y su causa”.
Fue miembro de la Logia Masónica “Gwiazda Morza” (“La estrella del mar”) de la Federación Internacional Le Droit Humain, fundada con el objetivo de “conseguir la conciliación de toda la humanidad por encima de las barreras religiosas y buscar la verdad manteniendo siempre el respeto entre los hombres”.
Durante la primera guerra mundial tuvo que alistarse de nuevo en el ejército imperial. Prestó sus servicios como segundo jefe médico del lazareto de la división, sobre todo en Ucrania. En 1917 fue designado para ejercer de médico en los asilos para niños en los alrededores de Kiev. Dos años antes, durante unas cortas vacaciones que pasaba en Kiev, se encontró con Maria Falska (apellido de soltera, Rogowska), una activista social e independentista polaca que en aquel momento dirigía un internado para chicos polacos. Korczak regresó a Varsovia en junio de 1918, tras terminar -con el grado de capitán, al servicio militar en el ejército ruso.
Korczak estaba a favor de la emancipación del niño y del respeto de sus derechos, incluso promovía el autogobierno de los niños. El sistema de funcionamiento en los orfanatos de Korczak se basaba en la práctica de los principios de la democracia que -según Korczak, les correspondían a los propios niños en la misma medida que a los adultos. “El niño razona y entiende del mismo modo que un adulto: tan sólo carece de su bagaje de experiencias”
El ideario educativo de Korczak está basado en:
El rechazo de cualquier tipo de violencia, sea física o verbal, basada en la superioridad debida a la edad o a la jerarquía del poder.
La idea de interacción educativa entre los adultos y los niños que amplía el concepto de la pedagogía clásica, la convicción de que el niño es un ser humano en la misma medida que un adulto, la regla según la cual el proceso educativo debería tener en cuenta la individualidad de cada niño.
La creencia en que el niño es quien mejor conoce sus necesidades, deseos y emociones, y por lo tanto debe tener derecho a que su opinión sea tomada en cuenta por los adultos.
El derecho del niño al respeto de los adultos, el derecho a equivocarse y a fracasar.
El derecho a la privacidad, así como a la libertad de opinión y a la propiedad privada y la consideración del desarrollo evolutivo del niño como una tarea compleja y difícil.
La obra literaria de Korczak abarca en su conjunto 24 libros y más de 1400 textos periodísticos. De ellos, en actualidad tan sólo se conservan y están catalogados unos trescientos, entre manuscritos, textos mecanografiados, documentos y cartas. Se consideran como sus trabajos pedagógicos más importantes los siguientes: Jak kochać dziecko (Cómo amar a un niño) [1920]; Momenty wychowawcze (Momentos educativos) [1924]; Kiedy znów będę mały (Cuando vuelva a ser pequeño) [1925]; Prawo dziecka do szacunku (El derecho del niño a ser respetado) [1929] y Pedagogika żartobliwa (Pedagogía con humor) [1939].
Entre sus libros infantiles son especialmente populares Król Maciuś Pierwszy (El Rey Matías I) y Król Maciuś na wyspie bezludnej (El Rey Matías en una isla deshabitada”)[1923] traducido a más de 20 idiomas, así como Bankructwo małego Dżeka (La bancarrota del pequeño Jack) [1924], Prawidła życia (Las reglas de la vida) [1930] y Kajtuś Czarodziej (Kaitus o el secreto de Antón) [1935]. En 1937 Korczak recibió por el conjunto de su obra literaria el galardón de la Academia Polaca de Literatura, el Laurel Académico de Oro.16
Korczak utiliza recursos muy novedosos en su actividad pedagógica. Entre ellos, la fundación de la revista para niños y jóvenes Mały Przegląd (La Pequeña Revista) que se publicó entre 1926 y 1939 como suplemento al diario de Varsovia Nasz Przegląd (Nuestra Revista). El primer número salió a la luz el 9 de octubre de 1926 y se puede considerar como la primera revista creada por los propios niños en Polonia.
Para culminar este emotivo recordatorio, del «doctor que amaba a los niños», aquí van algunos de sus pensamientos más célebres:
“No hay niños, hay personas; pero con otra escala de ideas, otro bagaje de de experiencias, otro juego de emociones. Recuerda que nosotros no los conocemos.”
Un buen educador que no impone sino libera, que no tira de nadie sino levanta, que no apisona mas forma, que no dicta sino enseña, que no exige sino pregunta, vivirá con los niños muchos instantes inspiradores.”
No importa tanto que uno sepa mucho, sino que sepa algo bien; no que sepa algo de memoria, sino que lo entienda; no que le importe todo un poco, sino que le preocupe algo de verdad.”
Para mostrar la esencia de su alma comprometida y al servicio de…..
No estoy aquí para que me quieran y me admiren, sino para obrar yo y querer yo. No es obligación de la sociedad ayudarme a mí, soy yo el que tengo la obligación de cuidar al mundo, al ser humano.”