Construyendo un día a pleno!

El viaje había sido organizado con algunas semanas de anticipación. El programa consistía en compartir una jornada completa de outdoor, entre varios integrantes de la empresa.

Partimos de Río Cuarto, cerca de las 7.30 horas, veinte compañeras y compañeras de trabajo (Teresa, Patricia, Carla, Mercedes S., Mercedes V., Lina, Cecilia, Diego C., Diego F., Diego M., Martín, Matías, Manuel, Germán, Tristán, Juan, Juan Pablo, Pedro, Marcelo y Agustín, el anfitrión), distribuidos en cuatro camionetas con cinco integrantes a bordo cada una. Nos acompañaban dos apacibles y juguetones border collie, Pampita y Cachafaz, expertos en el juego de devolver pequeñas ramas tiradas a cierta distancia.

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El equipo, al inicio de la jornada

Nuestro destino final, un campo de la serranía de comechigones, propiedad de la familia de Agustin, uno de los viajeros (como ya mencionara nuestro hospedador), dedicado a la crianza de bovinos (fundamentalmente), equinos y ovinos. Una labor bastante compleja y rigurosa, debido a la dificultad no sólo de acceso y traslado para los animales, sino además para el desarrollo de las actividades en general, lo que califica de encomiable la tarea de Agustín y sus puesteros.

El camino para llegar a ese lugar, que parte desde el Chacay, es estrecho, empinado, pedregoso, con curvas cerradas, implicando una baja velocidad de tránsito, lo que por contrapartida nos permite ir observando bellos paisajes serranos, matizados con la presencia de árboles autóctonos, que van desapareciendo a medida que se asciende, debido al frío clima invernal que no les permite susbistir. Arroyos que serpentean la sierra, como un abanico de venas hidrantes, hacedoras de vida, bajan al encuentro del rio Cuarto o en lengua indígena Chocanchavara.

Había llovido con abundancia, hacía unos pocos días atrás, por lo que el verde proliferaba con toda su magnificiencia, y la más amplia gama de tonalidades. Abundaban pintorescas flores amarillas, otras rosáceas menos frecuentes, que brotaban de aguerridos, redondeados y petisos cactus.

El plan trazado para la mañana, implicaba dejar las camionetas en un lugar bajo sombra y hacer una caminata de unos 4 kms (en bajada) hacia el casco de la estancia.

Un camino ameno, que transitamos charlando, riendo y disfrutando de los más diversas chanzas entre nosotros. El que escribe, Marcelo, sufrió una caída aparatosa y bastante poco convencional, producto de la involuntaria zancadilla de uno de los caninos. Fue motivo de risas y varios ocurrentes comentarios de Germán, Patricia, Diego C. sólo por citar los más relevantes.

Luego de 45 minutos de caminata, arribamos a un lugar de ensueño, una casa construida hace cien años con paredes de piedra, estilo alpino, sólida, elegante y espaciosa. A la vera de la cascada de un arroyo y rodeada de árboles, en su mayoría coníferas, aparece este oasis, que fuera sacudido hace poco por la inclemencia de un inusual tornado. Aún se divisan sus efectos desbastadores, ya que muchos centenarios árboles fueron arrancados de raíz, mutilados por el temporal.

La idea era hacer una parada para un almuerzo campestre, para lo cual personal del campo, nos cocino unos ricos chorizos y lomos a la parrilla.

Antes de la comida, Manuel, nos compartió como disparadores de conversación, algunos temas relevantes, que había extraído de un último libro que había leído:

El primero, acerca de la importancia de elaborar una estrategia personal que, arrancando por la mañana, nos ponga en modo on, para planificar días a pleno: actividad física aérobica desde temprano, meditación y lectura, para potenciar nuestra mente y cuerpo. Rutinas que promueven dormir 7/8 horas, levantarse temprano, alimentarse sanamente, cuerpo saludable, que nos impulse a imaginar cómo construir un día exitoso. Definir qué objetivos tenemos que alcanzar para considerar que fue un día a pleno, y reexaminar nuestra hoja de vida.

El segundo, referido a cómo, las tecnologías de la información y la hiperconectividad, identificadas como armas de distracción masivas, nos impiden la concentración, nos dispersan la energía en cuestiones que no son productivas, para nosotros mismos y los demás. La necesidad de recuperar la conexión real y de contacto entre personas, generando espacios de conversación productivos y con un sentido concreto.

El tercero, vinculado a identificar aquellas oportunidades que aún tenemos para desarrollar nuestro máximo potencial, considerando que más allá de nuestras habilidades innatas, la actitud aprendiente, el compromiso, la dedicación y la responsabilidad, alineadas a través de determinados propósitos, nos pueden permitir alcanzar alturas intelectuales, de trabajo, de proyectos, que parecen inalcanzables, pero que en realidad sólo necesitan de un plan y nuestra constancia,  para ser logradas. El éxito no depende tanto de una función o posición dentro de una estructura organizacional, sino de la energía que pongamos, para crear la mejor versión de nosotros mismos.

Los tres temas fueron compartidos y debatidos, hasta que el olorcito de la carne asada, empezó a distraer a los concurrentes.

No faltó la picadita de salame, una cervecita, jugo de limón, como previa a degustar la exquisitez de los chorizos y las porciones de lomo. De postre, exquisito queso y dulce de membrillo,  o la opción de frutas, ya disponibles en todo el recorrido.

Finalizado el almuerzo, muy agradecidos con nuestros cocineros y las atenciones de Agustín y Cecilia, nos tocó el turno de subir la cuesta, es decir de desandar el trayecto que nos había llevado hasta allí.

Durante el trayecto, Agustín nos iba previniendo que, de alguna manera, esto no era lo más difícil. En el grupo iban compañeros muy entrenados, Martín, Diego M. Germán, a los cuales esto les resultaba un paseo. Para otros, entre los cuales me incluyo, la subida implicaba un esfuerzo importante. Los restantes integrantes, caminaban cuesta arriba con un grado normal de exigencia.

Llegamos de vuelta a las camionetas, nos hidratamos porque el calor había hecho de las suyas, partiendo hacia un nuevo punto de partida. Luego de unos 10 minutos arriba de las camionetas, de bajada por la ruta inicial, estacionamos a la vera del camino. Agustín, nos señaló para abajo, hacia una hondonada lejana, donde circulaba un arroyo. La idea era bajar, por un sendero bien de sierra, para dirigirnos hasta una cascada profunda.

El itinerario hacia el nuevo destino, era de una pendiente moderada, en el primer tramo, para ir ganando verticalidad en los tramos siguientes. Allí se pusieron a prueba nuestras rodillas, talones, tobillos, pies y equilibrio. Una vez en el arroyo, donde se movían escurridizos algunos peces pequeños, nos quedaba un tramo por la orilla para arribar a la cascada natural que nos esperaba. Tanto allí, como en todo el recorrido se sumaban los brazos para ayudar a saltar, a pisar en una piedra suelta o resbalosa, y las voces para avisar de algún peligro en el suelo, y sobre la presencia de ramas a la altura de la cabeza.

Finalmente, transcurrida una hora de caminata, unos 3 kms de caminata serrana, arribamos a un lugar imposible de describir por su belleza. Una pileta natural de varios metros de profundidad, alimentada por el agua que cae desde unos diez metros de altura, golpeando la piedra, plena de musgos. Parecía una pintura viva, con sonido y colores cambiantes.

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Muchos aprovecharon para sumergirse y nadar en ese espejo único, degustando mates, charlas y compartiendo la paz de ese paraíso energético

Cerca de esa olla magnífica, se distinguían morteros tallados en la roca, donde los indios hace cientos de años, molían su maíz para comer.

Permanecimos allí, por espacio de tres cuartos de hora. Emprendimos el regreso, donde varios de nosotros comprendimos a Agustín, cuando nos decía que la exigencia física mayor estaba por llegar. Si bien la bajada, significaba esfuerzo para no resbalar y caer, la subida nos puso a prueba, el cuerpo, la fuerza, la voluntad de asistirnos y alentarnos para llegar, y nuestro espíritu de equipo. Hicimos varias paradas para hidratarnos y recuperar energías. Como en la subida anterior, los compañeros entrenados, la pasaron bastante bien. De hecho, cuando tocamos destino final, Martín y Diego M. bajaron corriendo por el camino que nos trajo hasta el Chacay.

Hicimos juntos un merecido aplauso final, para cerrar una jornada inolvidable. Habíamos superado una prueba de trabajo común, sin ningún lesionado, y con mucha alegría.

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El equipo al final de la jornada. Algo cansados, pero con mucho entusiamo.

Se me ocurre pensar, que quizás habíamos descubierto sin haberlo predefinido, un concepto superador, que trasciende el ámbito de nuestra individualidad:

«Llegar a la meta es un hecho personal y tiene sus beneficios, pero el arribar acompañados nos potencia y enriquece mucho más.»

Las relaciones y conversaciones para articular acciones simples y complejas, algunas generadas y otras naturales durante el trayecto, exceden con creces la meta en sí mismo. La importancia de llegar en equipo, es una instancia que excede la importancia del hecho individual.

Gracias a los que llevaron agua en sus mochilas, cargando peso adicional, los que abrieron tranqueras y sirvieron de ayuda a los que nos costaba algún tramo, los que sirvieron la comida y la bebida.

Gracias a Agustín por permitirnos ingresar a conocer parte de su vida.

Muchas gracias a todos, por la jornada compartida.

Por este día a pleno!

 Y por muchos más!

El doctor que amaba a los niños !

En esa mañana de agosto de 1942, pudo ser el 5 o el 6, parte del ejército alemán destinado en Varsovia, ponía en marcha una las acciones planificadas, con el objetivo de destruir (arrasar y acabar con todo, incluidos sus habitantes) el gueto de personas judías que había sido constituido en esa ciudad.

El orfanato de niños Dom Sierot (Hogar de los Huérfanos) no sería la excepción. Ubicado en el corazón del gueto, durante las primeras horas del día recibió la orden de desalojar.

Su director y fundador, el doctor polaco judío, Henryk Goldszmidt, más conocido como Janusz Korczak, su pseudónimo como escritor, o simplemente Stary Doctor (el viejo doctor), o Pan Doctor (señor doctor), se negó a abandonar a sus aproximadamente 200 niños huérfanos, que estaban a su cuidado y el de Stefania Wilczyńska (Pan Stefi), su socia y asimismo fundadora. Pan Stefi la acompañó en su decisión.

Los dos eligieron acatar las órdenes (no había espacio ni oportunidad para discutir) y pidieron a los niños se vistieran con sus mejores ropas. Salieron todos juntos caminando, en ese paseo final, que los llevaría sin ninguna excepción, incluyendo a Pan Doctor y Pan Stefi a los trenes, cuyo destino final eran los campos de exterminio. Uno a uno, fueron subiendo a los vagones, rumbo a ese destino inexorable.

Janusz, el Stary Doctor, aferraba la mano de un niño, al cual ayudó a subir. Unos metros antes, un oficial de las SS, había interceptado al doctor, y le había sugerido que no siguiera, que podía quedar libre. Su respuesta no se hizo esperar: “Mi lugar es con los niños, mis hijos”. Respuestas del mismo tenor, había dado varias veces antes, cuando hubo intentos y movidas políticas para que se fuera del gueto y salvara su vida.

Sus niños y niñas, los sin padre, los desposeídos, eran su razón de vivir.

Un relato de la época, habla de esta caminata final, con la siguiente descripción:

No quiero ser blasfemo ni desmitificador, pero tengo que decir como lo ví entonces. La atmósfera emanaba inercia, automatismo, apatía. La conmoción no se hacía visible al ver a Korczak; nadie saludaba (como lo describen algunos). Nadie se acercó a Korczak. No hubo gestos, nadie cantaba, no hubo orgullosas cabezas en alto, no recuerdo si alguien sujetaba la bandera de Dom sierot; dicen, que sí. Reinaba un silencio terrible, agobiante. (…) Uno de los niños iba agarrado al abrigo de Korczak, tal vez de su mano; todos iban como en un trance. Les acompañé hasta la puerta de Umschlag…

Sin lugar a dudas, la guerra, había anestesiado los corazones, y vuelto habitual, actos condenables e irreproducibles por su alto grado de maldad y desprecio por el otro.

El doctor de los niños, moría el 7 de agosto de 1942, en el campo de exterminio de Treblinka, días después de haber subido al fatídico transporte. Sus amados infantes tendrían el mismo destino.

¿Quén fue este prohombre?

Desde pequeño fue un ávido lector. Años después, en el diario que escribió ya en el gueto de Varsovia, apuntaba: “caí en la locura, en una furia lectora. El mundo dejó de existir para mí, sólo existían los libros”.

En 1905, ya recibido de médico, en la Universidad Imperial de Varsovia, realizó sus prácticas en los barrios de extrema pobreza, donde vivía el proletariado.

Desde 1907 hasta 1910/11 permaneció en el extranjero ampliando sus estudios; asistió a diversas conferencias, realizó prácticas en los hospitales infantiles y visitó centros educativos, internados y asilos. Pasó casi un año en Berlín (1907-1908); estuvo cuatro meses en París (1910); y un mes en Londres (1910 ó 1911). Como escribiría años más tarde, fue precisamente en Londres donde tomó la decisión de permanecer soltero y dedicar su vida a “servir al niño y su causa”.

Fue miembro de la Logia Masónica “Gwiazda Morza” (“La estrella del mar”) de la Federación Internacional Le Droit Humain, fundada con el objetivo de “conseguir la conciliación de toda la humanidad por encima de las barreras religiosas y buscar la verdad manteniendo siempre el respeto entre los hombres”.

Durante la primera guerra mundial tuvo que alistarse de nuevo en el ejército imperial. Prestó sus servicios como segundo jefe médico del lazareto de la división, sobre todo en Ucrania. En 1917 fue designado para ejercer de médico en los asilos para niños en los alrededores de Kiev. Dos años antes, durante unas cortas vacaciones que pasaba en Kiev, se encontró con Maria Falska (apellido de soltera, Rogowska), una activista social e independentista polaca que en aquel momento dirigía un internado para chicos polacos. Korczak regresó a Varsovia en junio de 1918, tras terminar -con el grado de capitán, al servicio militar en el ejército ruso.

Korczak estaba a favor de la emancipación del niño y del respeto de sus derechos, incluso promovía el autogobierno de los niños. El sistema de funcionamiento en los orfanatos de Korczak se basaba en la práctica de los principios de la democracia que -según Korczak, les correspondían a los propios niños en la misma medida que a los adultos. “El niño razona y entiende del mismo modo que un adulto: tan sólo carece de su bagaje de experiencias”

El ideario educativo de Korczak está basado en:

  • El rechazo de cualquier tipo de violencia, sea física o verbal, basada en la superioridad debida a la edad o a la jerarquía del poder.
  • La idea de interacción educativa entre los adultos y los niños que amplía el concepto de la pedagogía clásica, la convicción de que el niño es un ser humano en la misma medida que un adulto, la regla según la cual el proceso educativo debería tener en cuenta la individualidad de cada niño.
  • La creencia en que el niño es quien mejor conoce sus necesidades, deseos y emociones, y por lo tanto debe tener derecho a que su opinión sea tomada en cuenta por los adultos.
  • El derecho del niño al respeto de los adultos, el derecho a equivocarse y a fracasar.
  • El derecho a la privacidad, así como a la libertad de opinión y a la propiedad privada y la consideración del desarrollo evolutivo del niño como una tarea compleja y difícil.

La obra literaria de Korczak abarca en su conjunto 24 libros y más de 1400 textos periodísticos. De ellos, en actualidad tan sólo se conservan y están catalogados unos trescientos, entre manuscritos, textos mecanografiados, documentos y cartas. Se consideran como sus trabajos pedagógicos más importantes los siguientes: Jak kochać dziecko (Cómo amar a un niño) [1920]; Momenty wychowawcze (Momentos educativos) [1924]; Kiedy znów będę mały (Cuando vuelva a ser pequeño) [1925]; Prawo dziecka do szacunku (El derecho del niño a ser respetado) [1929] y Pedagogika żartobliwa (Pedagogía con humor) [1939].

Entre sus libros infantiles son especialmente populares Król Maciuś Pierwszy (El Rey Matías I) y Król Maciuś na wyspie bezludnej (El Rey Matías en una isla deshabitada”)[1923] traducido a más de 20 idiomas, así como Bankructwo małego Dżeka (La bancarrota del pequeño Jack) [1924], Prawidła życia (Las reglas de la vida) [1930] y Kajtuś Czarodziej (Kaitus o el secreto de Antón) [1935]. En 1937 Korczak recibió por el conjunto de su obra literaria el galardón de la Academia Polaca de Literatura, el Laurel Académico de Oro.16

Korczak utiliza recursos muy novedosos en su actividad pedagógica. Entre ellos, la fundación de la revista para niños y jóvenes Mały Przegląd (La Pequeña Revista) que se publicó entre 1926 y 1939 como suplemento al diario de Varsovia Nasz Przegląd (Nuestra Revista). El primer número salió a la luz el 9 de octubre de 1926 y se puede considerar como la primera revista creada por los propios niños en Polonia.

Para culminar este emotivo recordatorio, del «doctor que amaba a los niños» , aquí van algunos de sus pensamientos más célebres:

“No hay niños, hay personas; pero con otra escala de ideas, otro bagaje de de experiencias, otro juego de emociones. Recuerda que nosotros no los conocemos.”

Un buen educador que no impone sino libera, que no tira de nadie sino levanta, que no apisona mas forma, que no dicta sino enseña, que no exige sino pregunta, vivirá con los niños muchos instantes inspiradores.”

No importa tanto que uno sepa mucho, sino que sepa algo bien; no que sepa algo de memoria, sino que lo entienda; no que le importe todo un poco, sino que le preocupe algo de verdad.”

Para mostrar la esencia de su alma comprometida y al servicio de…..

No estoy aquí para que me quieran y me admiren, sino para obrar yo y querer yo. No es obligación de la sociedad ayudarme a mí, soy yo el que tengo la obligación de cuidar al mundo, al ser humano.”

Muchas gracias, por su gran corazón, Pan Doctor.

Desnudar el alma !

Hacia fines del siglo XVIII los acordes musicales de Mozart aún mantenían a Europa cautivada. Las genialidades del eximio compositor se creían insuperables. En un mundo amedrentado y diezmado por las guerras, hambrunas y pestes, los músicos hacían lo imposible por trascender y mostrar otro rumbo.

Durante el año 1770, en el seno de una familia muy humilde, de raigambre campesina, aunque habituados a la música, nacía en Bonn, Alemania, Ludwig van Beethoven. La combinación, entre el hecho de que su padre percibió en él habilidades notables para el delicado arte de la música, con la necesidad de lograr un mejor sustento económico, pusieron a Ludwig, desde pequeño, bajo una sostenida presión por transformarse en un músico de renombre. Tan temprano, como a la edad de siete años, el infante Ludwig animaba en Colonia, tertulias, eventos familiares y sociales de la alta cultura aristocrática, clerical y de las cortes.

La historia de los músicos acumula éxitos y fracasos, mecenas que van y vienen, reconocimientos y desaires, apoyos económicos, fama y ruina. De hecho, Mozart, aquel que supo ser el creador musical más exitoso y reconocido, murió en la más absoluta pobreza. Beethoven, no escaparía a los designios trascendentales, que vienen acompañados de múltiples sinsabores.

Algunas crónicas se refieren a un encuentro breve, entre un Mozart en retirada, con un adolescente Beethoven. Luego de ese mutuo y corto conocimiento, el aclamado artista, habría manifestado claramente, que «el novel artista Ludwig dejaría un legado superior al suyo».

Hubo de trasladarse, transitar y vivir mucho tiempo en la capital de la cultura de la época, la ciudad de Viena. En esa cuna hacedora de talentos, donde residiera por primera vez a la edad de 17 años, el novel creador encontraría las mejores condiciones para desarrollar su calidad compositora, esa íntima visión filarmónica. La carrera de Beethoven no fue meteórica, ya que recién a la edad de 30 años presentó en público, su primera de nueve sinfonías.

Según los amantes y conocedores de la música, la genialidad de Beethoven no puede explicarse por la complejidad o exquisitez, ya que sus tonos musicales anodinos, y sus creaciones, basadas en la combinación general de cuatro notas, con una sola relevante, situadas de manera aislada, lo transformarían en un mediocre compositor. Sin embargo, la simbiosis perfecta de esos elementos simples, ubicados en los momentos justos, con los compases e instrumentos adecuados, constituyen obras maestras, pletóricas de vida. Son tan exquisitas, espirituales y profundas, que algunos llegaron a decir, que sólo a través de una conexión directa con Dios, se podría lograr semejante inspiración creativa.

Cuando uno observa la temática de las nueve sinfonías, lo que ellas revelan sin embargo, además de la elevada clase y perfección musical, es algo mucho más profundo: «Beethoven nos muestra su vida, que podría ser la vida de cualquiera de nosotros, aún varios siglos después».

El músico, expone en cada una de sus composiciones más conocidas, la indescriptible sensación de estar vivo:

«Aquí vengo yo, esto es lo que soy, lo que voy transitando».

Hagamos un repaso:

Su primera sinfonía, nos vincula a la necesidad de protección y cuidado, que tenemos desde niños. La búsqueda incesante de que alguien nos apadrine y cobije con esa contención emocional que nos amortigua.

La segunda, nos muestra a un joven y pujante Beethoven (tengamos presente que las sinfonías se iban escribiendo y podían presentarse en público, varios años o incluso décadas después) ya instalado lejos de su familia. Como casi todas, está también fue dedicada a un príncipe que le proporcionaba el requerido sostén económico.

La tercera, algunos dicen la más famosa, denominada La Heroica, hace referencia a la figura de Napoleón como el salvador que todos esperaban. Produciendo un concepto nuevo en el estilo musical, trasciende los límites hasta entonces conocidos. Nos relaciona con ese valor humano compartido que nos permite seguir adelante: «la esperanza». Luego sobrevendría la autoproclamación de Napoleón como emperador, hecho por el cual Beethoven manifestaría su voluntad de destruir su obra, por sentirse estafado y sumamente defraudado.

La cuarta, nos trae de regreso a su juventud, a las fuentes, un respiro después de la tercera. La perfección del año sabático.

La quinta sinfonía, escrita cuando tenía unos cuarenta años, nos refleja su furia creativa, producto de las guerras napoleónicas en su apogeo. Viena está invadida, Europa conquistada. Encierra una terrible angustia por esta situación, sumada a su sordera que crece día tras día.

La sexta, denominada la Pastoral, fue compuesta en simultaneo, con la quinta. El contraste es tan marcado, producto de que, de la desazón y enojo de la quinta, en la siguiente se transforma en la dulzura, el lirismo y romanticismo de la naturaleza, de la presencia de arroyos, pastores, ruiseñores, codornices y cucos. Algunos pastores aparecen encadenados, como un hecho denunciativo y lastimoso.

La séptima, fue descripta varios años después, como un himno a la danza, un presagio para lo que vendría y completaría después con sus octava y novenas sinfonías.

La octava, despierta alegría y desenfado, a una edad madura del compositor. Se contradice con el sufrimiento que le provoca alejarse de su más preciado amor, además de distanciarse de su hermano. Una etapa oscura donde amenaza con su posible suicidio, debido entre tantos contratiempos, a no soportar en absoluto su casi total sordera. Es esta realización, una completa reacción de supervivencia, necesaria en este período sumamente sombrío.

La novena sinfonía, llamada «La Coral», es su última muestra de su gran carácter de aprendiz, aún siendo ya un maestro consagrado. Resulta ser la más difundida del autor, y la que lo sitúa a la postre como un genio musical. La produce estando totalmente sordo , con graves problemas físicos y de salud. Imaginemos por un momento, escribir partituras, impedidos de oir, sin poder escuchar lo que se escribe. Fue solicitada por la Sociedad Filarmónica de Londres,y basada en el Himno a la Alegría de Schiller. Estrenada en Viena, con poco público presente, fue ovacionada. Ludwig, estaba en el auditorio, emocionado por su música, aún sin poder oírla. Tuvieron que avisarle para que agradeciera a los presentes, cuando seguía imaginando los sonidos, sin darse cuenta que la presentación había concluido, y la gente lo vitoreaba.

El gran legado de la novena, quiso ser igualada por otros trabajos de músicos contemporáneos, pero ninguna tuvo el éxito de la persona, cuyo apellido significaba en el idioma flamenco originario: “campo de remolachas”.

A los 56 años, moría en compañía de su hermano y de su cuñada. Habiendo tenido grandes problemas de salud, crónicos a lo largo de su vida, pudo desarrollar una existencia plena, apasionado por su gran amor: la música. Personalidad algo antisocial, tímido, con cierto apego a la tristeza, opuesto a la autoridad y el sistema de clases sociales. Todo eso se mostró en su obra, sin esconder nada.

Ningún otro músico, pudo retratar a través de sus creaciones la naturaleza del ser humano, en nueve grandes capítulos, que hacen vibrar y emocionar al más fuerte.

DESNUDAR EL ALMA Y ENTREGARLA POR COMPLETO.

De eso se trata, Ludwig.

El arte de decidir !

Una mañana de sábado luminosa, con un sol radiante, que pareciera enardecer aún más al viento, que sopla potente, regular, emitiendo sonidos sibilantes a través de cada hendija que atraviesa.

Observo los árboles que resisten lo que pueden, perdiendo hojas, ramas secas, y su preciada humedad. Siguen firmes, aceptando ese destino de inmovilidad aparente. Son el refugio para algunos pájaros, insectos, los cuales anidan en ellos. Se transforman en testigos privilegiados de uniones, nacimientos, rivalidades, cantos de amor y desencanto, de esos inquilinos juguetones, traviesos y algo revoltosos.

La programación de un entrenamiento que estoy llevando a cabo, puso en mis manos una lectura, referida al proceso de decisión. Lo leí muy atentamente, no sólo para estar preparado para rendir el examen vinculado, sino fundamentalmente porque es un tema que me apasiona.

No tengo la intención de aburrirte con una descripción que abunde de aspectos técnicos, que opino puedes descargar y apreciar de muchas fuentes, sino traerte algunas apostillas, que espero te sirvan al momento de encarar los procesos para decidir.

La cuestión de tomar decisiones, y sus implicancias, está en mí mente desde hace varias semanas, a partir del momento cuando, dando una charla, una señora del público presente, manifestó abiertamente, que no sabe decidir, que le cuesta hacerlo y que sus decisiones son casi siempre malas.

Su declaración, sumo al instante caras de adhesión. Quien más, quien menos, todos tenemos problemas para decidir, habitualmente sobre cómo solucionar un problema, valga la redundancia.

El tiempo no fue suficiente para encontrar entre todos respuestas valiosas. Por otro lado, el tema central del encuentro era otro. Sin embargo, hice una pregunta que dejó a algunos algo perplejos:

¿Tienen claro sobre que están decidiendo?

Muchos dijeron que sí, otros no sabían qué responder, algunos no identificaban la centralidad de la cuestión.

Primer punto: Identificar el problema, la oportunidad, describirla, desmenuzarla. Es clave, saber sobre qué vamos a resolver, qué necesitamos dilucidar o dictaminar.

A diario tomamos cientos de decisiones, automatizadas, casi inconscientes.

Existen otras tantas de carácter personal con afectación individual, algunas personales con impacto en un grupo o equipo. En ambos casos, el inconveniente tiene un carácter urgente y por lo tanto no podemos detenernos en grandes razonamientos.

Como contrapartida, tenemos que trabajar en áreas o tópicos, donde lo importante trasciende en el tiempo, nos marca un inicio, quizás un camino, pero el final es abierto y depende de muchas acciones y actores concatenados.

Para este tipo de escenarios, es vital contar en primer lugar con planes, que partiendo de la correcta identificación del problema, constituyan las alternativas de decisión A, B y C.

Segundo punto: contar con suficientes alternativas para resolver adecuadamente el problema.

Para lograr este cometido, es muy interesante ver el problema desde varias aristas: hechos, juicio crítico, emociones diversas, optimismo, riesgos explícitos e implícitos, creatividad, y coordinación. Distinguir claramente porque nos puede ir bien y porque no. Por lo general, en una misma persona pueden coexistir estos rasgos, pero es natural la facilidad o fortaleza sólo de algunos, con lo que es muy bueno nutrirse de varias opiniones, mutando hacia un proceso que salga de lo individual, para transformarse en otro más abierto y colectivo.

Las emociones, están siempre presentes, dado que somos seres emocionales. A la hora de optar por algo, no podemos evitarlas, aunque si podemos bajarlas a tierra, y zarandearlas con nuestra conciencia. De esa manera, conseguimos nuestra cuota de pensamiento crítico, de modo tal que no sólo elijamos un auto por el color o la forma, sino asimismo por las características o prestaciones, cantidad de asientos, potencia, confort general, consumo de combustible, dispositivos de seguridad.

Tercer punto: amortiguar nuestras emociones, con una cuota de conciencia.

Cuando decidimos, lo estamos haciendo desde nuestra propia capacidad de observar. Esta amplitud de mirada, está limitada por nuestros propios lentes, paradigmas, o mapas mentales, los cuales los llevamos profundamente arraigados.

¿Qué hacemos con ellos?

Distinguirlos, dejar activos los que creo necesarios, y desprendernos de los que nublan la visión o le restan ancho de banda a muestras decisiones.

Cuarto punto: identificar paradigmas útiles, y desactivar los que me limitan posibilidades en el contexto analizado.

Habiendo cubierto medianamente los puntos anteriores, ahora nos toca el turno de poner en marcha lo decidido.

Esto es, según mi humilde punto de vista, la etapa más difícil y crítica. Aquí es donde fallan, por lo común, mucho de los planes de solución.

Para ejemplificar esto, una mera coincidencia, no buscada, quiso poner en mi computadora, un largo reportaje que le hicieran, ya hace algunos años, a un funcionario de Estados Unidos, importante secretario de defensa, durante la etapa de la guerra de Vietnam.

En forma de documental, llamado Niebla de Guerra (The fog of war), la historia se centra en el período como secretario de defensa de Robert McNamara. No se trata de hacer una valoración política de su actuación durante esa guerra, sino sacar valiosos elementos de sus procesos de decisión ante un conflicto crucial.

A lo largo de la película, él va desarrollando un interesante listado de cuestiones o puntos centrales a dilucidar.

El más importante, es el de reexaminar nuestras propias decisiones.

Para ser más claros, acerca de qué se trata esto, podemos decir que, puesto un programa a funcionar, basado en decisiones tomadas en un contexto determinado, si no retroalimentamos con los resultados parciales obtenidos, para cambiar, flexibilizar, adaptar, o corregir las decisiones, es muy probable que no lleguemos a buen puerto y no obtengamos el resultado final esperado.

Esta habilidad se trabaja, se acrecienta con la experiencia y el tiempo.

Quinto punto: revisar en forma permanente lo que estamos haciendo, para sostener nuestras decisiones. Esto no nos garantiza el éxito rotundo, pero al menos nos libera de un profundo y estrepitoso fracaso.

Sabiendo que algunas veces, aunque resulte paradójico, no decidir nada o postergar una decisión, es una decisión en sí misma, quiero poner de manifiesto una cuestión central:

¨Lo que no decides sobre algo que te incumbe, es probable que alguien lo está haciendo por vos¨.

Sexto punto: establecer los dominios de tu vida donde te defines como el decisor, de aquellos donde otros deciden por vos y a los cuales les das autoridad para hacerlo.

Es egocentrista o narcisista pensar que todo necesariamente deba pasar por uno mismo, haciéndome responsable por cada cosa que pasa a mi alrededor.

En el otro extremo, es conformista o facilista no decidir sobre nada, siendo un mero espectador permanente, sin responsabilidad de decidir en ningún aspecto.

El punto de equilibrio, que es otro proceso de elección, lo determina cada uno de manera personal.

¿ Hay decisiones buenas y malas ?

Pienso, que es mejor hablar de decisiones mejorables.

Opino, que es más relevante adquirir la ginmasia suficiente, para ser artistas y artífices de nuestras decisiones.
Bienvenidos al arte de decidir !

Mamá en acciones !

Conceptos que representan el sentido de la palabra Mamá,

«Amor incondicional, sacrificio, entrega, cariño, trabajo, consuelo, guía, humildad, cobijo, ahuyenta miedos, maestra».

Para los niños pequeños, sus madres lo son todo. Es a partir de ese lazo fraterno, que se construye, desde el mismo nacimiento, gran parte de la fortaleza emocional, y psíquica de las personas.

El trabajo de las madres, alcanza dimensiones de varias personas a la vez: dan sustento anímico, soporte material, organizan, deciden, planifican, compran, venden, armonizan el hogar.

Algunas por elección y realización personal, otras por necesidad económica, en una gama de situaciones de las más diversas, ocupan espacios laborales como directivas, empleadas, emprendedoras. Son madres, que además desarrollan actividades fuera del hogar.

Madres biológicas, mamás del corazón, abuelas en función de madre, todas ellas están ahí para darte lo mejor, sin pedir nada a cambio. Sienten y viven ese rol como primordial, frecuentemente por encima de cualquier otro.

La mayoría de las mamás no tienen descanso. Les sobra voluntad para poner su cuerpo, su inteligencia, una inmensa cuota de responsabilidad y un gran compromiso, en pos de poder liderar su familia y su trabajo.

Se las puede ver en muchas ocasiones sonrientes, pero en otros momentos angustiadas, porque el dinero no alcanza para darle a sus retoños, todo lo que ellas quisieran, o por las enfermedades, o los fracasos. Sin embargo, ellas le ponen y siguen adelante, luchando batallas desiguales, a menudo con magros resultados.

Desde el momento que tuvieron consciencia de que iban a ser madres, forjaron ese sentimiento único, profundamente arraigado en su corazón, que las impulsa a despojarse de egoísmos, para transformarse en las guardianas y protectoras a tiempo completo de sus amados hijos.

Si hace frío, están allí para poner una frazada. Si existe enfermedad, velan el sueño entrecortado de los niños. Cuando aparece el llanto, te abrazan y comparten tu tristeza. Regalan el mejor beso, junto a la más sentida caricia. Sin discusión, el mejor plato de comida es para sus críos. Las manos nunca quietas, te entregan lo mejor de sus creaciones culinarias y artísticas. Son el auxilio y la compañía para completar las tareas de la escuela.

Cuando te va bien en el colegio, les va mucho mejor a ellas. En cada etapa educativa, primaria, secundaria y universitaria, están firmes a tu lado, esperando cosechar a través tuyo, los frutos de su incansable esfuerzo. Tus logros son sus enormes recompensas, un motivo de orgullo interior, para compartir con su familia y afectos.

A lo largo de tu vida, a medida que vas creciendo, van mutando sus acciones, consejos y muestras de cariño , sin perder nunca esa inclaudicable decisión de ponerse en tus zapatos, mostrándote de esa manera que te aman.

Nuestras madres, esposas, compañeras, simbolizan el AMOR con mayúsculas.

Las abracemos con todo nuestro corazón de hijos, esposos, compañeros o hermanos.

En homenaje a las MAMÁS, este fin de semana celebramos su existencia. Durante una jornada muy especial, plena de magia y plagada de recuerdos, de aquellas que ya no nos acompañan, compartimos su mística y les demostramos nuestra gratitud. Me sumo a este merecido reconocimiento, y aprovecho el momento, para regalarles dos bellas historias.

Una madre inspiradora

Un día Thomas llegó a casa y le dio a su mamá una nota. Él le dijo a ella. “Mi maestro me dio esta nota y me dijo que sólo se la diera a mi madre.”

Los ojos de su madre estaban llenos de lágrimas cuando ella leyó en voz alta la carta que le trajo su hijo.

“Su hijo es un genio, esta escuela es muy pequeña para él y no tenemos buenos maestros para enseñarlo, por favor enséñele usted”.

Muchos años después la madre falleció, y él se convirtió en Thomas Alva Edison, uno de los más grandes inventores del siglo.

Un día él estaba mirando algunas cosas viejas de la familia. Repentinamente él vio un papel doblado en el marco de un dibujo en el escritorio. Él lo tomó y lo abrió. En el papel estaba escrito:

“Su hijo está mentalmente enfermo y no podemos permitirle que venga más a la escuela.”

Edison lloro por horas, entonces él escribió en su diario: “Thomas Alva Edison fue un niño mentalmente enfermo, pero por una madre heroica se convirtió el genio del siglo.”

La historia de una madre le inyectó seguridad y certeza a su hijo, le ayudó a creer que él lo podía todo y lo creyó con tanto amor, que creció y murió siendo un verdadero genio.

Amor incondicional

Se enamoró de aquél bebé en cuanto lo vio. Marisa había luchado tanto tiempo por tener un hijo, primero por quedarse embarazada y luego por conseguir una adopción, que en cuanto colgó el teléfono se recorrió medio mundo para encontrarse con su bebé. Y en cuanto tuvo el bebé en sus brazos comenzó la historia de amor más bonita de su vida.

Desde el primer momento le dijeron que había un problema con aquél bebé. El bebé había sido abandonado en el orfanato tan pequeño porque estaba enfermo, una de esas enfermedades raras para las que ninguna madre está preparada y totalmente imposible de afrontar para una madre adolescente sin recursos. Pero a Marisa no le importó. Porque era su oportunidad para cumplir su sueño de ser madre.

Más que sueño, era una necesidad. Marisa se había pasado media vida intentando tener un bebé, con tratamientos de fertilidad tan costosos económica y emocionalmente. Decepción, fracaso y agotamiento habían sido los frutos de todos esos tratamientos, mientras varias parejas habían pasado por su vida y se habían alejado incapaces de soportar tanta frustración.

Y Marisa necesita ser madre, porque tiene mucho amor para dar. Así que finalmente se decidió por la adopción, que también era un camino muy tortuoso de plazos, burocracia y espera, pero que podía hacerlo sin necesidad de torturar su organismo una vez más y sin contar con ninguna pareja. No, no le importaba para nada ser madre soltera. Como tampoco le importaba que su bebé estuviera enfermo. Porque ahora ya tenía un bebé en sus brazos.

Poco importa la biología cuando hay sentimientos tan fuertes de por medio. Marisa vio al bebé y supo que iba a quererlo por siempre. Supo que acababa de ser madre y la felicidad fue tan completa como la de cualquier madre. Si el bebé estaba enfermo o no, no interfería para nada en ese lazo indestructible que se acababa de crear entre madre e hijo.

Marisa protegería al bebé, le cuidaría y de rodearía de todo el cariño que necesita cualquier niño. Juntos superarían cualquier adversidad, juntos lucharían para vencer la enfermedad, porque Marisa tenía ahora toda la energía del mundo para volcarla en su bebé. En el bebé y en su bienestar. Y así volvió a Marisa a su mundo, convertida en una feliz madre coraje dispuesta a luchar por la salud de su hijo.

Madre e hijo convivían con la enfermedad, la atajaban cuanto podían y la olvidaban las más de las veces. Porque vivían en una burbuja de amor en la que el bebé paso a ser un niño feliz y más tarde un adolescente también feliz. Una vida feliz venciendo las dificultades gracias al amor incondicional de una madre convencida de su papel.

Carrera con salida laboral !

El ciclo lectivo había finalizado. Atesorados en nuestros corazones, habíamos capitalizado seis hermosos años, plenos, emotivos, y rebosantes de energía. Muchos amigos y amigas, con los cuales compartimos buenas , regulares y malas.

Las conversaciones del último año, habían girado en torno a qué hacer después: que estudios seguir, si trabajar o no al mismo tiempo, carrera universitaria o terciaria, emprendimiento propio o continuidad familiar.

Cada uno de nosotros poseía su propio potencial, sus intereses particulares, sus naturales habilidades, distintos grados de expectativas, diferentes posibilidades reales.

Algunos, los menos, estaban más relajados: no participaban de las discusiones, ni de las pocas reuniones de orientación vocacional.

Un elemento común, que aparecía a cada momento, era la opinión de nuestros padres:

  • A mí no me dicen nada respecto de qué hacer.
  • Mi papá quiere que estudie farmacia.
  • Yo necesito trabajar, por lo que mi mamá me dice que busque algo corto y sencillo para estudiar.
  • Yo quiero iniciar filosofía y mis padres quieren que ponga los pies sobre la tierra.
  • Mi papá quiere que atienda el kiosco de la familia y estudié algo práctico al mismo tiempo.
  • No sé qué voy a hacer, pero lo que haga tiene que tener futuro como dicen mis padres.
  • Yo me quiero tomar un año para pensar, pero mis padres no quieren.
  • A mí me dijeron que haga como mi hermano que trabaja y estudia al mismo tiempo.
  • Mis padres opinan que ya que soy bachiller y perito mercantil, siga por esa línea, estudiando contabilidad, por ejemplo.
  • En mi caso, por el negocio de mi familia, sería bueno que estudie administración.
  • Yo me voy dedicar a la docencia primaria, como mi mamá.

Podría seguir enumerando, muchas más con similares características.

En las declaraciones de mis amigos, o bien de manera directa, o en forma subyacente, se denotaba el concepto de los mandatos familiares y sociales.

De forma concreta, en mi caso personal, no tuve mayores presiones. Mi padre alguna vez me deslizó como comentario que, dada mi facilidad por el estudio, podría hacer dos carreras a la vez: contador (él lo era) y abogado. Me decidí por la ingeniería química y hacia allí fui. El comienzo se demoró un año, debido a que al finalizar el secundario, hice mi servicio militar.

Una frase aparecía en casi todas las conversaciones, disparada por padres, profesores, orientadores y directivos:

«Chicos, elijan algo para estudiar que tenga salida laboral».

La oración venía, por lo general, acmpañada con las correspondientes justificaciónes.

Por la positiva: Siguiendo una profesion que tenga mercado laboral, les va a ser más fácil integrarse socialmente, van a disponer de ingresos pronto y se van a poder independizar.

Por la negativa: si optan por algo que no es práctico, se van a frustrar porque no van a ver los frutos rápido, no van a lograr estabilidad económica, les va a costar mucho mantener una familia.

Estos mensajes, con distintos matices eran escuchados a menudo.

Recomendaciones para una vida con menos sobresaltos……. y después, por H o por B los hemos tenido a casi todos.

Pocas personas nos alentaban al desarrollo de alguna actividad que realmente nos apasionara.

Hoy me siento reconfortado por las opciones que tome, respecto de la profesión, trabajo y el desarrollo personal y profesional alcanzado.

Si bien existen estadísticas de las profesiones más buscadas, asimismo se puede diferenciar claramente en la actualidad, que la elección de una carrera o profesión con salida laboral es cada vez menos garantista. Es poco probable, que esa estadística pueda mantenerse efectivamente , por un largo tiempo.

El mundo vertiginosamente cambiante, introduce actividades e innovaciones que dan por tierra, con los conocimientos adquiridos, los tornan a cada minuto obsoletos. Quizás sea más útil, el desarrollo de actitudes para la flexibilidad y adaptación a entornos cambiantes, complementada con aptitudes técnicas y humanas que nos sirvan como base de sustento.

Por eso, si hoy fuera adolescente-adulto en proceso de definición de un rumbo que tomar, creo que es momento propicio para ponernos como objetivo, un horizonte donde puede existir un equilibrio entre lo que pienso, siento y vivo a nivel de mi estómago, como un compendio sopesado, de lo que nos motiva y nos da sentido de existencia.

Para ser más preciso, opino que hay que darle el lugar que se merece a nuestro corazón,y a las sensaciones que llevamos a nivel del estómago, similar al cosquilleo que sentimos con nuestro primer amor.

De manera personal, creo que la solvencia económica es posterior a una buena elección hecha en el presente, basada fundamentalmente en reconocer lo que nos mueve.

Pienso que el éxito económico puede ser un fin en sí mismo, pero no me estoy refiriendo a eso, sino a ser un triunfador en lo que nos gusta.

Por eso, si hoy tuviera que dar una charla motivacional o vocacional, arrancaría la misma, con estas preguntas:

¿Cuáles son tus sueños?

¿Qué están dispuestos a hacer para alcanzarlos?

¿Qué están dispuestos a hacer por los demás?

Responder estas cuestiones, es un buen punto de partida, para trazar un camino hacia el tan ansiado talismán del bienestar y realización personal.

Profesar actividades que cubran en parte nuestros sueños, no tiene precio de mercado.

El precio lo pone cada uno de nosotros, de acuerdo a esa sensación interior indescriptible e incomparable.

La carrera con salida laboral, puede significar resignar en parte nuestros profundos anhelos.

Es necesario vencer el miedo a fracasar.

Es poco común fracasar lo suficiente, como para abandonar algo que nos apasiona.

Sin embargo, no existen garantías de ningún tipo…..

Si existe, la decisión y constancia para perseguir nuestros sueños.

El amateur !

Reconozco que ser un ignorante de la etimología de algunas palabras, me posibilita cometer errores o recrear en mi mente acepciones que no existen, generando nuevas e inapropiadas significancias.

Es común en la actualidad escuchar frases tales como:

“Practica el deporte de forma amateur”.

“Es sólo un aficionado”.

“No le podemos pedir mucho, porque lo hace como un pasatiempo”.

“Dejen de ser amateurs y compórtense como profesionales”.

“Es una disciplina de practicantes, nada más”.

En cada una de las expresiones encontramos de manera directa o solapada, juicios críticos negativos sobre la actividad en cuestión, que involucra por añadidura a aquellos que la practican.

Para no caer en la equivocación, de opinar sobre opiniones de otros, vayamos por partes, para después tratar de encontrar el todo.

«Amateur» es un vocablo derivado de la lengua francesa, que a su vez proviene de la raíz de la palabra en latín “amat”, la cual significa «amar a» o «el amante de’.

Sumemos más elementos para completar el análisis.

Una afición, pasatiempo o hobby (en inglés), es una actividad productiva cuyo valor reside en que la persona que la ejecuta lo hace por su interés hacia la actividad en sí misma y sus frutos intelectuales, artísticos, deportivos o materiales.

Muchas actividades pueden ser aficiones, y sus cultores se llaman aficionados, en contraposición a los profesionales. Hay personas que tienen por afición programar computadoras, la carpintería, la fabricación de vino, cerveza, la pintura, la escritur, el deporte y muchas más.

Generalmente, el término aficionado o amateur se aplica a todo aquel que realiza las actividades de su afición sin un carácter de ejercicio profesional. Así, por ejemplo, un deportista amateur es el que, en contraste con uno profesional, practica un deporte «por apego», es decir, sin que el realizarlo tenga una motivación económica.

Un aficionado puede estar, tener menor, igual o mayor capacidad que un profesional en esa área de manera que el término no implica un sentido peyorativo al compararlos.

Es frecuente que personas que realizan una actividad profesional también la practiquen en forma amateur.

Básicamente, se trata de la persona que hace algo solamente por vocación.

En este sentido un amateur puede ser tan hábil como un profesional, sin embargo, su motivación es el amor o la pasión por una cierta actividad y no tiene el fin de ganar dinero por realizarla.

Además de lo expuesto, la práctica de una disciplina en forma amateur, un pasatiempo o un hobby:

  • Nos desconecta de la rutina diaria, del estrés y la ansiedad.
  • Ayuda a la salud mental, combatiendo la depresión y el nerviosismo.
  • Fomenta la disciplina y la creatividad.
  • Contribuye al equilibrio mental al permitirnos vivir el momento sin preocupaciones.
  • Mejora la vida social y por lo tanto la calidad de vida.
  • Evita el sedentarismo, la soledad, el aislamiento.
  • Fomenta la salud física y emocional, al generar paz interior.
  • El amateur ama lo que hace.
  • Lo que practica, hace o ejecuta, lo vincula con el hecho del bienestar.
  • Por lo general no persigue un resultado económico.
  • El desarrollo de la actividad lo coloca en un plano más vinculado a la realización personal.

La dedicación puesta en una disciplina de modo amateur, es un cable a tierra, que nos saca tensiones, capitalizando los momentos que disponemos dentro de nuestro ansiado tiempo libre.

El comienzo de grandes deportistas de élite, tuvo por lo general un status de amateur o aficionado a……

En virtud de lo expuesto, coloquemos un galardón distintivo sobre nuestra condición de entusiasta practicante, porque esa habilidad desarrollada nos conecta, con ese fuego sagrado que reside en nuestro interior.

Los juegos olímpicos, surgen como una competencia para deportistas no profesionales.

En fin, resulta claro que es bastante bneficioso ser un aficionado a algo.

¿Cuál es tu hobby, afición o amateurismo?

¿Con qué parte de tu vida se acopla?

Si subimos un peldaño en el análisis, surge la siguiente cuestión:

¿Es posible que algo que amo, se transforme en mi medio de vida?

Si podemos unir, lo que nos apasiona con lo que nos permite solventarnos.

¿No es esa una combinación maravillosa?

Tantas veces decimos o escuchamos:

El o ella es un apasionado por lo que hace.

Se nota que es lo que más le gusta, le pone todo el cuerpo y su corazón.

No es un trabajo lo que desarrolla, sino una gran vocación.

En muchas circunstancias, pienso que es provechoso sentir esa emoción del diletante.

Alcanzar el estado de ánimo del apasionado por algo, implica una energía extra, aunque al mismo tiempo nos brinda una oportunidad única.

Nos une el interés por las obras solidarias, la literatura, el arte, la música, el deporte…….

Pienso que aún estamos a tiempo de crear una sociedad de los que aman hacer y generar….

Aquí el fundamento biológico que nos explica el porque tener un pasatiempo:

Cuando una persona está haciendo algo que le gusta o le entretiene, su cerebro segrega más endorfina y más serotonina, llamadas “hormonas de la felicidad”, así que tener un hobby puede ser una extraordinaria manera de mejorar nuestra salud mental, nuestro estado anímico e inclusive nuestro cuerpo.

Después de esto, soy un convencido que de ahora en más, cuando escuche la palabra amateur, como mínimo voy a distinguir la importante función social y de construcción personal que tiene la palabra.

Para culminar una frase que no me pertenece:

«Para tus tiempos libres, buscate un PASA-TIEMPO, sino sólo el tiempo pasará».

El arte de quejarse !

Sucedió que de tanta y reiterada queja las personas fueron mutando, a tal punto que los bebés cuando nacían, en vez de esgrimir su primer llanto, sinónimo de su contacto con este nuevo y desconocido escenario, ya nacían hablando y exponiendo sus disgustos.

El mundo había cambiado definitivamente porque las pocas decisiones que se tomaban, provenían de nuevos motivos para reclamar, disgustarse y pelear sin ningún sentido.

El ministerio de la queja estaba abierto de continuo y llevaba los registros en forma bastante precisa. Cientos de ordenadores trabajaban sin descanso, registrando voces, lamentos de personas que competían para ver quien se imponía con su mejor y más acabada querella.

Había secretarías bastante bien organizadas, según la naturaleza de las mismas:

» Económicas, sociales, culturales, físicas, religiosas, científicas, literarias, vecinales, relacionales, laborales, jurídicas, climáticas, sólo por citar las más relevantes «.

Cada una de ellas tenía, asimismo, subsecretarías o divisiones específicas.

Para los reclamos físicos había oficinas dedicadas a:

Exceso o falta de peso, calvicie, baja o alta estatura, pelo graso o seco, acné, sarpullido, cejas caídas, huesos grandes, cabeza grande o chica, orejas desproporcionadas.

Los reclamos climáticos tenían agencias por:

Exceso de temperatura inusual, frío a destiempo, polvo en el interior de casas, noches demasiado frías, exceso de humedad para secar la ropa, lluvia excesiva que no permite jugar al fútbol.

Las quejas vecinales:

Ruidos molestos, exceso de silencio, canto de pájaros a cualquier hora, música desagradable, excremento de perro, aullidos de gatos, robo de canastos de basura, mucho o poco saludo matutino, nada o demasiada pulcritud.

Las quejas relacionales:

Poco o demasiado afecto, escasez o abundancia de compromiso, desinterés o interés desmedido. La más concurrida, la del veraz relacional, donde había largas colas.

Las quejas sobre excusas:

Excusas a destiempo, pretextos muy creíbles, coartadas para amores ocultos que no lo eran tanto, evasivas para no hacer.

Esta última secretaría, la de las excusas fue subida de rango al poco tiempo debido al gran éxito y presupuesto que manejaba. Se extendían certificados y se daban cursos para encontrar rápidamente la excusa perfecta.

El ministerio de la excusa, casi fue igual de importante que el de la queja.

Ambos guiarían los destinos de la sociedad por largo tiempo.

Los requisitos para formalizar la queja:

  • Presentar certificado de no haber hecho ningún pedido previo, expedido por autoridad competente.
  • Llenar el formulario de ingresos mínimos producto de pretextos y quejas.
  • Completar el registro único de asistencia a los entrenamientos para quejas, disconformismos, excusas y actitudes afines.

El mundo se había transformado en un conglomerado de personas, que perseguían los siguientes propósitos:

Nada es mi responsabilidad.

Problemas son sólo los míos.

Para qué decidir algo, si alguien lo puede hace por mí.

Si no puedo, no puedo, que se le va a hacer.

Más vale una queja, que cien propuestas.

Las personas que sólo vivían en el mundo descriptivo de la crítica, daban opiniones sin fundamento, siendo meros relatores de los hechos. No había programas, porque eso implicaba salir de la queja permanente.

Los líderes de todo tipo habían desaparecido, luego de que cientos de miles de personas se quejarán de ellos. Algunos habían sido desterrados a islas desiertas para que aprendieran a buscar pretextos y excusas.

A este mundo de nuevos y consabidos quejosos, protestones, descontentos, cada tanto en tanto le aparecía algún individuo fuera del estándar: desarrollaba habilidades para proponer, pedir, ofertar, trazar planes, acertar, errar, retroalimentar y seguir.

Estas personas eran alojados en unidades de atención y cuidados intensivos, donde se los dejaba con pocos y escasos recursos, para que progresaran rápidamente en las competencias requeridas para vivir en el mundo permanente de la reclamación.

Así y todo, algunos no se corregían más.

No había caso, no les salía el modo de ser del quejoso.

Conseguían entonces, una salida decorosa: ir al destierro junto con los líderes de antaño.

El arte de quejarse en su máximo esplendor.

Una sonrisa amplia con dientes relucientes apareció en mi vista algo nublada.

Al principio no sabía bien de qué se trataba.

Alcancé a escuchar:

  • Se te cayó el libro papi.

Fijé mi mirada en algún lugar del piso. Efectivamente, ahí estaba medio desparramado El Psicoanalista.

  • ¿Te pasa algo?
  • Nada Lucía, está bien. Sólo estaba teniendo una pesadilla.
  • Bueno papi, venís a jugar a los penales.
  • Si me levanto y voy.

Mientras me preparaba, pensé para mis adentros:

«Capaz no me tenga que quejar tanto , dejar los pretextos y profecías autocumplidas de lado».

¿Y por casa?

¿Cómo andamos de quejas, explicaciones, disgustos, descontentos?

¿Qué estás haciendo para acceder a un nivel distinto?

Para finalizar algunos chistes sobre quejosos.

Va el 1:

Ring, aló, disculpe, ¿Departamento de quejas?
Sí.
Es que llamaba para quejarme.
Está bien, quéjese.
¡Aaaaaayyyyyyyyyyy!

Va el 2:

Una de las excursiones de estos tiempos, recorría ocho países europeos en quince días. A gran velocidad, y con muchas horas sobre los buses iban los excursionistas. Entre los viajantes estaban un señor judío, veterano ya, y su hijo. Este veterano se quejaba por el ritmo con el que se movían. Uno noche, al llegar al hotel, el guía de la excursión, con la paciencia agotada, le dice al veterano:

-Samuel, mañana va a poder descansar.

-¿Por qué?

-Porque donde iremos Ud. no querrá ir.

-¿Por qué? ¿No pagué la excursión de mi hijo y la mía? ¿Ese pago no incluía todo?

-Si, Samuel, Ud. pagó y está todo incluido.

-¿Entonces? No entiendo.

-Es que Ud. se queja mucho y donde vamos mañana no querrá ir.

-Quién te dijo; pagué y quiero ir.

-Pero vamos al Vaticano .. y Ud. es judío.

-¿Que tiene que ver? pagué e iremos ..

Efectivamente, al otro día padre e e hijo integraban el grupo de excursionistas.

-Al ingresar a la Capilla Sixtina el padre le dice al hijo:

-Abra bien los ojos, de esta gente tenemos que aprender .. Empezaron con un pesebre y mire todo lo que tienen!!!

¿Para qué estudiamos?

Domingo Faustino Sarmiento, falleció a los 77 años de edad en Asunción del Paraguay, un 11 de septiembre de 1888. Esa fecha da lugar a la conmemoración del día del maestro.

Que se brinde merecido homenaje a la vocación del maestro, durante esa fecha de septiembre, se debe al hecho de que Sarmiento es considerado una pieza fundamental en la educación pública argentina.

Fue gobernador de la provincia de San Juan entre 1862 y 1864, presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874, senador nacional entre 1874 y 1879 y ministro del Interior en 1879.

Durante su presidencia se construyeron 800 escuelas primarias y sumó a los 30 mil alumnos que ya estaban escolarizados , otros 80 mil más.

Sus restos fueron repatriados a Argentina, diez días después de su deceso, durante la jornada del 21 de septiembre de 1888.

Una mera coincidencia de las fechas, hizo que el inicio de la primavera coincidiera con la celebración del día del estudiante y asimismo del día de la juventud.

Salvador Lorenzo Debenedetti era un estudiante de 18 años de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, hijo de inmigrantes italianos que vivía en Avellaneda, por entonces Barracas al Sud. Por imposición familiar había comenzado a estudiar Derecho, pero cuando conoció la obra del paleontólogo y arqueólogo del autodidacta Juan Ambrosetti, decidió que eso era lo suyo e ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras para dedicarse a esa especialidad. Fue él quien propuso, en su calidad de presidente del centro de estudiantes, que el 21 de septiembre, día de la llegada de los restos de Sarmiento al país, quedase establecido como el Día del Estudiante.

En el marco del Primer Congreso Internacional de Estudiantes Americanos, celebrado en Montevideo entre el 26 de enero y el 2 de febrero de 1908, en donde se discutieron aspectos como la autonomía y la extensión universitaria, la creación de una asociación de estudiantes americanos y la representación de los centros de estudiantes, entre otros, se resolvió instaurar el 21 de septiembre como el Día del Estudiante.

El primer año en que se celebra masivamente, en América del Sur, fue 1910.

Los festejos distaban mucho de cómo se efectúan en la actualidad. En los primeros años, las celebraciones se realizaban en ámbitos de la facultad, y se pronunciaban discursos sobre Domingo F. Sarmiento y su obra, especialmente dedicados a la cuestión educativa. Además, se organizaban actos en torno al monumento de Sarmiento.

La impronta, y la deriva histórica, produjeron un cambio radical de las costumbres propias de ese festejo. La mayoría de los estudiantes secundarios y universitarios, organizan para ese día salidas al aire libre, donde el deporte, la música, y la diversión a plenos están presentes. El complemento nocturno, suele ser el festejo de la primavera en boliches, para culminar una jornada pletórica de emociones y desgaste físico.

Festejamos estudiar, dejando de lado nuestras obligaciones y compromisos, para dar rienda suelta al esparcimiento.

La pregunta concreta es:

¿Para que estudiamos?

La decisión de estudiar, a medida que avanzamos en nuestra edad cronológica, deja de ser una cuestión obligatoria, para tornarse más una situación de elección y vocación, unida a un proyecto de vida.

El primario es nuestra base de aprendizaje común, el secundario nos permite elegir entre lo humanístico, social, técnico, lingüístico, natural, brindándonos un plafón para encaminarnos en una futura profesión.

Los que podemos, queremos y optamos por continuar estudiando, lo hacemos por el camino de una educación terciaria o universitaria, que nos posibilita la mejor preparación posible para trabajar, o desarrollar nuestros emprendimientos.

Es el transcurso de esta fase es cuando generalmente combinamos trabajo y estudio. Las formaciones de postgrado, ya son mucho más específicas. Nos brindan el plus necesario para el desarrollo de habilidades y prácticas muy concretas.

La tarea de aprender no tiene un principio y un fin.

Conocimientos, patrones, habilidades son adquiridas en cada ciclo mencionado,  nos van marcando con un sello distintivo en lo personal y profesional.

La integración de esas enseñanzas en la sociedad, es lo que nos permite alcanzar metas individuales y compartidas.

Adquirir instrucción para el desarrollo de conocimientos y habilidades, tiene que ser complementado con el desarrollo de dos aprendizajes:

Aprender a ser: el individuo se forma y se transforma.

Aprender a convivir en sociedad: derechos, obligaciones, reconocer al otro y dar servicio a  la comunidad.

La era digital nos pone al alcance mucha información. Está asequible casi sin limitaciones.

Procesar y aprovechar esa información para generar una sociedad inclusiva y sustentable, es una tarea que requiere personas, con una mirada hacia adentro (despojada de egos) y hacia afuera (abierta e integradora), que trascienda la individualidad.

Nuestro plan de estudios generales necesita ser revisado, colocando nuevos condimentos para amasar junto con el conocimiento.

Quizás necesitemos de nuevos Sarmientos, que revolucionen nuestra manera de ser y pensar en sociedad.

¿Te animás a ser uno de ellos?

La primavera recupera la fragancia dormida de las flores, activa los mecanismos patra que fluya la savia.

De la misma manera nos da el calorcito necesario para encaminarnos hacia el final del año.

Para culminar, nada mejor que hacerlo con un hermoso poema de estación, escrito por Nicolás Guillén:

Quisiera hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara sobre tu cuerpo cálido
de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…

Quisiera hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

César, el polizonte !

Transcurría el final del siglo XIX . Italia atravesaba una crisis económica, cultural y de valores. La revolución industrial había cambiado el paradigma de progreso. Los que no se adaptaban, por no poder o no querer, no la pasaban bien.

La campiña italiana y sus agricultores veían como se esfumaba el valor de su esfuerzo. La crisis post-industrial los afectaba de manera cruel, quedando sin tierras, comida, sueños e ilusiones.

La ola migratoria de italianos a nuestro país, durante ese período, previo a la primera guerra mundial, estuvo conformado por personas del norte y del centro de la península, labradores de la tierra en una gran proporción. El sistema y las circunstancias imperantes en su querida república, los imposibilitaba de mantenerse y progresar.

La mayoría eran muy pobres, de variada condición de alfabetización. Contaban con una gran osadía, que complementaban con un gran impulso por vivir y trabajar.

Eligieron nuestro país por la semejanza de la lengua y la cantidad y calidad de suelo cultivable.

Durante ese período, César mi nono, junto a Pascual su primo hermano por línea materna, decidieron con la anuencia de sus padres, que había oportunidad de cambiar su destino. Vivían en la provincia de Ancona, cuya comuna principal era la ciudad y puerto de Ancona. Ambos eran jóvenes, César tenía 18 años y Pascual una edad semejante, cuando zarparon como polizontes en un barco con destino a Argentina. Aún no comprendo, como les permitieron permanecer en el navío bajo esa condición, pero los dos confirmaban que fue de esa manera, ya que no tenían dinero para pagar el pasaje.

No conocí a mi Nono César, ya que había fallecido aquí, en Argentina, algunos años antes que yo naciera.

Lo que les cuento a continuación, son retazos entrelezados de relatos que fuimos consiguiendo, sobre la vida pasada de mi ancestro paterno. César era muy parco, poco comunicativo, según referían todos. No quería hablar de Italia, como si los recuerdos le produjeran dolor y tristeza. Allá quedaron su padre Pedro o Pietro, y su madre Vicenta o Vincenza, junto a varios hermanos. Los conocidos y confirmados, sólo José o Giuseppe y María, no sabiendo a ciencia cierta cuántos y cómo se llamaban los demás.

Cuando ambos primos bajaron del barco que los trajo, preguntaron a dónde podían ir, ya que necesitaban tierras para cultivar.

Les dijeron que era propicio ir a Córdoba, que allí había buenas tierras y abundantes. Tomaron un pasaje a nuestra provincia, entiendo que en tren, para llegar a la zona donde finalmente se establecieron.

Contaba Pascual, que caminaron muchas horas al bajarse del tren. Solo llevaban un pequeño bagallo con ropa y algunas pertenencias. Siendo de noche, y aún caminando sin ningún destino o lugar a dónde ir, fueron asistidos por otro paisano, de apellido Bonino, que los levantó en su carro y les dió cobijo en su quinta de Villa Esquiú. Allí trabajaron varios años como peones. Luego alquilaron un tiempo la estancia El Toro, donde criaban cerdos y cosechaban hortalizas. Con lo producido y las ganancias, llevando una vida humilde, los primos pudieron independizarse y cada uno compró su propia quinta, ambas en la misma zona de Villa Esquiú. Los terrenos estaban cercanos, separados un kilómetro aproximadamente.

Ya viviendo en el Toro, mi nono César se casó con mi abuela Filomena, en la iglesia del Pilar de la ciudad de Córdoba. Tenía veintidós años de edad, y su esposa dieciocho. Filomena era argentina, hija de italianos. Tuvieron ochos hijos, en orden cronológico: Pedro, María, Humberto, Luis, Emilio Vicente, Daniel, Eugenio y mi papá Ramón, el menor de todos. Emilio y Daniel murieron muy pequeños de una infección bacteriana generalizada. No había antibióticos, allá por la década del 30 del siglo pasado.

Cuando hacía algunos años que estaba acá, no sabemos cómo, ni usando que medio de comunicación exactamente, mi Nono César, persuadió a su hermano José que viniera a Argentina. José, era mayor, estaba casado con Julia y tenía tres hijos cuando vinieron a nuestro país: Pedro, Antonia y Amelia. Recalaron en Córdoba, y tuvieron tres hijos más: Ubaldo, Giulio y María. Tuve la oportunidad de conocer a los tres últimos, siendo Ubaldo, el tío Negro, el primo más compinche de mi papá y mis tíos.

Quizás, la idea original, siendo esta una suposición mía, fue que primero se vinieran los jóvenes y solteros a probar suerte. Si todo iba bien, después seguirían, alguno de sus otros hermanos, ya con hijos. Los más grandes entre los cuales estaba María, decidieron permanecer en Italia.

Típico de familia italiana, los que progresaron en Argentina, descendientes de mi Nono César y su hermano José, eran todos muy cercanos y compañeros. El mandato familiar de unión y fraternidad era muy fuerte.

Es por ello que presiento que llevaban el desarraigo por dentro, mirando para adelante, pensando más bien en su descendencia que en sus ancestros.

Mi papá Ramón, siguió con el legado de la unidad familiar, la mesa grande y extendida de los domingos y de las fiestas.

Se percibía en sus ojos grises y claros, la tristeza de sus hermanitos pequeños fallecidos, y la melancolía de los que vinieron con los barcos. Como contrapartida , se distinguía en su accionar, el empuje vital y la fortaleza que heredaron de sus ancestros.

En esta etapa de mi vida, me encuentro en la tarea de recuperar la historia, para identificar con mayor claridad el punto de partida de mi familia de origen. Lo mismo está haciendo un descendiente de José, mi sobrino segundo Alejandro, que vive en Carlos Paz, zona donde se afincó finalmente la familia de mi tío abuelo.

Se nos hace difícil, ya que los que vinieron no tuvieron mayor contacto con los que quedaron en Italia.

Cuando mi Nono César se casó en 1910, su Padre Pedro ya figuraba como fallecido en el acta de matrimonio, que pude recuperar de la Iglesia del Pilar en Córdoba. De lo dicho, se desprende, que mi bisabuelo italiano murió a temprana edad. No conozco el destino de mi bisabuela Vicenta (nombre castellanizado), ni cuando falleció, estoy tratando de recuperar una misiva de Italia, que llegó a mi abuelo procedente de su hermana María, para ver si en ella le avisaba de la muerte de su madre.

Imagino muchas de estas historias, que casi todos tenemos, algunos con más detalles, otros con menos, respecto de quienes fueron nuestros antepasados más cercanos, crónicas de deseos y anhelos que los motivaron a emigrar. Las razones más comunes: problemas de subsistencia, guerras, persecución política o religiosa.

Mi papá no fue agricultor, se tituló de contador y fue el único de sus hermanos, que tuvo la posibilidad de estudiar. Las generaciones siguientes, apostaron a la educación y fueron transformando sus mapas mentales, buscando otros horizontes.

Un camino se traza desde un punto de partida, hasta un punto final.

Creo que no se trata de vivir o quedarse en el pasado, si de recuperar la energía que nos trajo hasta acá, e identificar lo que hemos transitado generacionalmente.

Te he relatado una parte del derrotero de mis antepasados.

Esto me sirve para preguntarnos:

¿De que puerto saliste últimamente?

¿Donde querés llegar?

¿Cuál es tu plan para lograrlo?

Mi nombre es Marcelo César.

César por mi abuelo, el polizonte que vino a pelearla.

El resto, es pura construcción personal.