Parado al pie de la ventana soy testigo presencial de un día de sol esplendoroso. Apenas una suave brisa que mueve casi sin ganas algunas ramas y hojas de los árboles.
Los pájaros, presentes casi de a cientos, aprovechan para darse un festín de bichos que aparecen en la gramilla. Tijeretas, teros, chimangos, horneros, carpinteros reales, benteveos, palomas, pululan en un espacio vital, alzando sus voces, marcando sus territorios, volando, caminando, picoteando y asentándose de a ratos.
Todos viven en este popurrí de la naturaleza, alternando tiempos propicios y otros no tanto, adaptándose a las circunstancias cambiantes.
Prendo un rato la TV, donde observo largas colas de personas que necesitan cobrar su jubilación y otras retribuciones. Al menos, dicen los cronistas, hoy las cosas están mejor organizadas respecto del día de ayer, donde hubo una aglomeración indeseada que atentaba contra las medidas de prevención y mitigación de contagio del coronavirus. Se visualizan asientos, distanciamiento social, barbijos, medición de temperatura, baños, sanitizantes de manos.
Durante la jornada anterior malas decisiones y escaso planeamiento de funcionarios de gobierno, bancos y sindicatos, se sumaron a la carencia de recursos de muchas personas e hicieron un combo difícil de manejar, produciendo el escenario más propicio para el incremento de afectados, siendo los mismos personas mayores, por cierto el grupo con más posibilidades de ser infectados gravemente.
El contraste entre la armonía natural de las aves y nuestro convivir, es muy marcado.
Nuestra inteligencia nos ha permitido sortear innumerables obstáculos, pequeños, chicos y grandes. Hoy nos enfrentamos a uno bastante poco amigable e incierto, que pone a prueba muchos de nuestros esquemas, sacando lo mejor y peor de cada uno de nosotros.
Abundan las actitudes altruistas y solidarias de personas que donan dinero, elementos, tiempo, trabajo, experiencia profesional en servicio de los otros, los enfermos, los más afectados social y económicamente.
Ante la inactividad económica, empresarios, empleados y cuentapropistas la pelean y se las ingenian dentro de lo permitido para poder continuar.
El impacto global, tremendo y difícil de digerir es la desaparición día a día de miles de seres humanos, alcanzados por el efecto del virus. Víctimas numéricas, sin rostro para la mayoría, pero sin consuelo para los sentimientos y recuerdos de los más cercanos. Cabe aclarar que aún en muchos países no es la causa anual de muerte más elevada, pero al poner todos los focos e información al instante, más el corto período de tiempo donde se producen los decesos, el miedo surge naturalmente y las consecuencias son relevantes.
A un ritmo más vertiginoso las personas sanas, se van quedando sin recursos, desempleados, y fuera del sistema. Los gobiernos están reaccionando con estímulos y asistencias que a la larga no serán suficientes, por lo que la flexibilización del aislamiento, hecho de manera sistematizada, con protocolos higiénicos y dentro de un plan concreto, es la salida más equilibrada para no generar más dificultades que debamos sortear en el corto plazo y con escasos recursos.
El plan de salida está más o menos claro, aunque según mi punto de vista son imprescindibles otros programas, que nos permitan establecer nuevos escenarios de convivencia, de modo tal que podamos proyectarnos desde este presente hacia un mediano término.
Si lo que aprendimos de esta pandemia no nos sirve para definir nuevos marcos de referencia en distintas materias que nos atañen de manera global, todos los esfuerzos por salvar vidas quedarán en la categoría del heroísmo, sumamente requerido en estas circunstancias actuales, imposibilitando que las nuevas habilidades, conocimientos y maneras virtuosas de relacionarnos, crezcan hasta convertirse en fuertes y al mismo tiempo flexibles cimientos para dar origen a una nueva época.
SE REQUIEREN PODEROSOS APRENDIZAJES PARA…..
Comprender que mi esfera individual es cada vez más acotada, siendo la empatía, que me vincula con el otro, desde valores como solidaridad, ética, compromiso, cuidado, amor y otros elementos imprescindibles para convivir, la llave de ingreso a un mundo que se articule para sostener el bienestar común.
Darnos cuenta que los sistemas de gobernanza divididos entre públicos y privados, sin un presente y planes comunes no pueden existir separados, sin nexos fuertes. Es imprescindible una agenda de cambio y adaptación común, con un liderazgo compartido y con objetivos consensuados.
Hacer un uso inteligente de los recursos económicos y financieros, estableciendo prioridades de desarrollo, articulados con el conocimiento y las necesidades sociales y ambientales.
La pandemia nos tiene que servir como punto de partida, fundamentalmente para desaprender lo que nos trajo hasta acá, aprendiendo lo que nos sostendrá de aquí en más.
En un planeta hiperconectado, los riesgos de afecciones globales se multiplican.
Si no queremos seguir a los manotazos, con crisis recurrentes golpeándonos sin descanso y con un stress creciente, tenemos que poner a nuestros cerebros a generar un nuevo sistema de convivencia.
No sabemos aún el nombre, pero ya conocemos algunas de las características esenciales que debe disponer. El virus ha desnudado los defectos de estructuras que creíamos infalibles.
Pasará un tiempo hasta que retomemos cierta normalidad habitual, pudiendo volver a las reuniones, las salidas conjuntas. Aprovechemos ese tiempo para pensar que queremos hoy , para calmar nuestra ansiedad y generar poderosos aprendizajes.
Con poderosos aprendizajes resolveremos el acertijo….
Sin ellos, caeremos una y otra vez en un ciclo paralizante y sin fin.
Somos capaces sin lugar a dudas.
Venzamos el miedo. Demos luz a una Nueva Era.









