Hacia un mundo distópico !

Me considero un ferviente admirador de la ciencia ficción. Lo que genera este arte maximizando el pensamiento fuera de la caja, es ciertamente revolucionario, impensable y por momentos aterrador. Las premoniciones y el futurismo pensado y escrito, por ejemplo, por Julio Verne en el siglo pasado, hoy son en gran parte realidad. Lo otrora impensado y quizás tildado de irracional, imposible e impracticable, se nos vino encima, dejando a nuestra menguada capacidad mental expuesta en todas sus limitaciones. Resulta claro que nuestros mapas mentales adquieren cada vez más obsolescencia. Somos deficientemente humanos para absorber la tecnología y todas sus consecuencias buenas y malas.

Aquellos escritores imaginativos de ciencia ficción fueron y son los únicos que avizoraron de antemano, los cambios que después nos atropellaron, para dejarnos tirados en la banquina de la digitalización, la automatización, la inteligencia artificial y la robótica.

Además de sentir un gusto especial por la «ciencia modo ficción», también poseo una inclinación particular por entretenerme y aprender de series y películas anglosajonas (inglesas en particular). Según mi humilde opinión, equilibran el sentido humano del cine europeo, con el estrépito de luces y efectos del cine americano, conservando el glamur de los lores británicos.

En ese grupo de series inglesas, últimamente y en la medida que dispongo de algo de tiempo, estoy disfrutando de una saga de historias casi no entrelazadas, que se llama en castellano “espejos negros”. Me la recomendaros varias personas, sin conexión entre ellas, especialmente porque «te rompe la cabeza”.  Básicamente son relatos de ciencia ficción, que vinculan fundamentalmente a la especie humana con los avances de la IA, la tecnología, lo sobrenatural y lo esotérico, de un modo futurista y decididamente distópico, en entorno donde la ética dispara tantas preguntas sin respuesta, que el modelo asusta.

Son guiones que no tienen un final feliz, a veces ni siquiera un epílogo concreto, pero nos ponen en situación respecto de los pequeños que somos ante el avance de la tecnología, las comunicaciones, los juegos online, y todo aquello derivado de la digitalización. Medicina futurista, control emocional, social e individual, vivir más allá de la muerte, se combinan con la debilidad manifiesta de nuestra especie, la cual se encuentra navegando en aguas para nada convencionales, sin haber elegido ese camino.

La saga nos sumerge en el concepto de “mundo distópico”, siendo la distopía una idea sobre la cual quiero detenerme.

Una distopía o anti-utopía es una sociedad ficticia indeseable en sí misma. El término, procedente del griego, fue creado por John Stuart Mill a finales del siglo XIX como antónimo directo de utopía, término que a su vez fue acuñado por santo Tomás Moro y figura como el título de su obra más conocida, publicada en 1516, donde describe un modelo para una sociedad ideal con niveles mínimos de crimen, violencia y pobreza.

Las distopías a menudo se caracterizan por la deshumanización, los gobiernos tiránicos, posguerras de conflictos de grandes dimensiones (como una guerra nuclear), los desastres ambientales u otras características asociadas con un declive catastrófico en la sociedad. Las sociedades distópicas aparecen en muchas obras de ficción y representaciones artísticas, particularmente en historias ambientadas en el futuro. Algunos de los ejemplos más famosos son “1984” de George Orwell, “Un mundo feliz” de Aldous Huxley y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury. Las sociedades distópicas aparecen en muchos subgéneros de ficción y a menudo se utilizan para llamar la atención sobre la sociedad, el medio ambiente, la política y la economía, religión, psicología, ética, ciencia o tecnología. Algunos autores usan el término para referirse a sociedades existentes, muchas de las cuales son o han sido estados totalitarios o sociedades en un estado avanzado de colapso.

El término «utopía» fue acuñado por Tomás Moro para describir una sociedad ideal, y por lo tanto inexistente: el término se origina en griego: οὐ («no») y τόπος («lugar»), que significa literalmente «no-lugar» o, como glosó Quevedo; «no hay tal lugar». Un concepto también relacionado es el de “eutopía”, del griego ευ- (eu) «prefijo que indica algo bueno o favorable» y τόπος, significando “buen lugar”, un lugar imaginario, no existente, donde habita una sociedad idealizada.

“Distopía o cacotopía” son términos antónimos de “eutopía”, significando una “utopía negativa”, donde la realidad transcurre en términos antitéticos a los de una sociedad ideal, representando una sociedad hipotética indeseable.

Para retratar los males de una sociedad ficticia, las distopías se caracterizan por:

Poseer una naturaleza real: ya que tienen un fundamento real para reflejar su trama;

Poseer una naturaleza irreal: utópica para describir estados sociales o políticos ilusorios e imaginados.

La mayor parte de las distopías describen sociedades que son consecuencia de tendencias sociales actuales y que llevan a situaciones totalmente indeseables.[1]​ Surgen como obras de advertencia, o como sátiras, que muestran las tendencias actuales extrapoladas en finales apocalípticos.

Otras distopías son presentadas como utopías en su visión superficial, pero a medida que los personajes se adentran en la misma descubren que el aparente mundo utópico mantiene ocultas características propias de las distopías que resultan indispensables para su funcionamiento. Estas distopías suelen estar pensadas para advertir sobre los riesgos de la manipulación mediática o política.

El concepto de distopía aplicado a la ciencia o la tecnología, o a la ciencia ficción, comienza en el siglo pasado, hasta el presente, entregando obras maravillosas como, por ejemplo:

“Un mundo feliz” de Aldous Huxley, publicado en 1932, describe un mundo de castas en función de la genética y trata el tema de la eugenesia en profundidad. Así trata temas como la manipulación de embriones para crear una sociedad conformista.

“La pianola” de Kurt Vonnegut, publicada en 1952, relata la automatización de la sociedad, donde los ingenieros han sido elevados al nivel más alto de la misma, y los hombres han quedado rezagados por las máquinas.

“Steins;Gate de 5pb”, basado en un videojuego que narra la historia de un grupo de amigos que logran crear una máquina capaz de enviar mensajes al pasado, los cuales terminan siendo perseguidos por una organización (SERN basados en CERN) que pretende apoderarse de la Máquina del tiempo. No pasa mucho tiempo antes de que se enteren de que el futuro está regido por SERN, que gobierna una distopía en la que los humanos son esclavizados.

Y la más reciente, con la cual inicié este blog de hoy “espejos negros” en donde se advierte sobre los efectos indeseados que la tecnología puede generar en la vida humana en un futuro cercano tomando como base la forma en que los usuarios interactúan con los dispositivos tecnológicos actuales. El género distópico se ve reflejado claramente en cada uno de sus capítulos, que no guardan relación de continuidad entre sí, como ya dijimos.

La tecnología nos lleva inexorablemente hacia un mundo distópico, donde no tendremos el timón de mando, ni acceso a la escotilla de salida.

Las cuestiones éticas e incluso estéticas asociadas a nuestra naturaleza se desvanecen al son de los bits, mientras nuestra población envejece con menos niños naciendo y más robots proliferando.

¿Estamos en un camino sin retorno hacia un mundo distópico?

No falta mucho para que nuestras conciencias adormecidas y digitalizadas despierten siendo a lo mejor demasiado tarde.

O quizás surja una rebelión impensada no contra una forma política de gobierno, sino contra lo que algunos llaman “la dictadura de los bits”.

El tiempo quizás lo diga o quizás no…..

Vaya uno a saber.

Vivir con androides !

El sol calienta cada día un poquito más, a medida que nos vamos aproximando al fin de la estación invernal. El lapso de presencia de luz solar se va prolongando a medida que se aproxima el inicio de la primavera. Las lluvias tempraneras que se hicieron presentes favorecen la energía de la naturaleza, cuya savia fluye vigorosa por troncos y tallos, dando como regalo brotes verdes, algunas floraciones incipientes, y un verde que presagia buenos augurios.

Los recuerdos me llevan a las lecturas de mi niñez, en especial a ese libro del cual no recuerdo el nombre, cuyos protagonistas eran una familia de robots, compuesta por padre, madre, hijo e hija, que habitaban un planeta desconocido. En la trama, esta familia es mostrada como un ejemplo de familia humanoide perfecta, compartiendo una vida plena de valores, con lugar para el trabajo, el estudio, el ocio y las preocupaciones espirituales estelares.

Mi juicio de valor sobre esta familia es que parecía irreal, ya que no había lugar para enojos, alegrías y tantas otras emociones humanas. Me sonaba a un amor artificial, libre de máculas y de las preocupaciones cotidianas. Comparaba el diálogo de estos padres robots, con la habitualidad de charlas de mis progenitores y la ecuación no me cerraba. Valoraba la imaginación de un escritor de ciencia ficción del siglo pasado, para dotar a esta historia de un sinfín de inventos tecnológicos modernos, que a la postre se fueron o se irán dando. En especial destaco la posibilidad que tenía esta familia para olvidarse de los quehaceres domésticos, ya que los mismos eran ejecutados por máquinas u otros robots al servicio. La familia disfrutaba de largos períodos de ocio, producto de que sus ocupaciones diarias no eran su responsabilidad.

Yo veía a mi mamá Ana tan responsable, hacendosa y comprometida con la casa, mientras que papá Ramón, trabajaba muchas horas, entre su trabajo en la compañía de seguros, y en el estudio contable, mientras que los papás robots tenían tareas muy limitadas, lo que les permitía pasar mucho tiempo con sus hijos y en el disfrute conjunto de actividades lúdicas, musicales y de lectura compartida. Por eso lado, les tenía una sana envidia, ya que nosotros solo estábamos juntos a la hora de la cena y durante los fines de semana.

No recuerdo muy bien el final de la historia de la familia robótica, no me quedó grabada esa parte porque la verdad pienso que no me interesaba tanto. Además, pensaba que gran parte de lo que se postulaba en esa narración de ciencia ficción, era muy difícil que se diera en un futuro cercano. Está claro que mis capacidades de predecir el futuro o la clarividencia no son mi fuerte, ya que la exponenciación del mundo tecnológica, la inteligencia artificial, y otros avances, están promoviendo la creación de robots para múltiples aplicaciones, y pro si fuera poco la última novedad en la materia, es la presentación en el mercado de una esposa robot.

Hasta hace pocos años, en Brasil comenzó a tomar fuerza una práctica inusual en la que personas trataban muñecos hiperrealistas como si fueran hijos reales. Ese fenómeno, conocido como bebés Reborn, evolucionó hacia una nueva tendencia aún más extrema en la que algunos hombres reemplazan a sus parejas por androides femeninas. Así surgió el fenómeno de las esposas Reborn.

No son simples muñecas. Son androides femeninos con apariencia realista, voz generada por inteligencia artificial y capacidad para mantener conversaciones personalizadas.

En países como China, la demanda de estas figuras se ha disparado. Brasil, de forma sorpresiva, se ubica también entre los mayores mercados de consumo.

En redes sociales y foros especializados, numerosos hombres aseguran haber encontrado en estas compañeras robóticas una alternativa “más sencilla” frente a las relaciones humanas.

El argumento es repetido con frecuencia. A diferencia de una esposa real, dicen, la esposa androide no discute, no reclama, no se agota y está siempre disponible. No exige tiempo ni atención emocional. Basta con activarla.

Esta idea de una compañía sin conflicto ni exigencias ha captado a un sector de la población dispuesto a reemplazar el vínculo afectivo por una experiencia programada.

Uno de los casos más representativos es Aria, desarrollada por la empresa californiana Realbotix. El androide mide 1,70 metros, reconoce rostros, recuerda datos de conversaciones anteriores y adapta sus respuestas según el interlocutor.

Su rostro se puede cambiar en segundos gracias a imanes y su cuerpo está diseñado para desmontarse por partes. A diferencia de las muñecas sexuales que marcaron el origen de la compañía, Aria no incluye genitales ni fue concebida con fines eróticos. Sus creadores la definen como una compañera emocional.

El precio refleja el nivel de sofisticación. El modelo completo cuesta cerca de 175.000 dólares. Hay versiones más económicas, como un busto parlante por 12.000 dólares o una edición transportable por 150.000. Aun con ese valor, las cifras de ventas siguen creciendo. Y con ellas, las dudas éticas.

En Brasil, los casos vinculados al fenómeno Reborn ya han generado conflictos legales y sanitarios. Una mujer exigió atención médica simbólica para su muñeco en un hospital público. Otra pidió iniciar un juicio de custodia sobre una muñeca tras separarse de su pareja. Incluso se han reportado disputas por el control de perfiles de redes sociales vinculados a estos objetos, algunos de ellos monetizados mediante publicidad.

Las autoridades han comenzado a responder. En ciudades como Curitiba, se han emitido advertencias para evitar que personas con muñecos Reborn ocupen asientos preferenciales en el transporte público. También avanzan proyectos de ley que buscan impedir el uso de servicios públicos (especialmente de salud) en simulaciones con estos muñecos.

La aparición de las esposas Reborn desplaza aún más los límites entre lo simbólico y lo real. Ya no se trata solo de representación emocional. Se trata de ocupar el lugar del otro, de simular el vínculo humano hasta hacerlo indistinguible. En este escenario, surgen nuevas preguntas sobre el tipo de compañía que ofrecen estos dispositivos.

Una figura robótica puede simular atención, conversación y presencia. Pero lo hace desde una estructura programada, sin espontaneidad, sin riesgo emocional, sin reciprocidad. A largo plazo, esta dinámica puede debilitar las habilidades sociales más que fortalecerlas. Interactuar con una entidad que solo responde lo que uno desea oír puede reforzar el aislamiento en lugar de combatirlo.

La expansión de este fenómeno no solo plantea retos técnicos o legales. Expone una transformación profunda en la manera de relacionarse.

Las esposas Reborn no son un capricho tecnológico, sino el síntoma de una época donde la interacción humana empieza a ser reemplazada por vínculos diseñados a medida. La pregunta que permanece es hasta qué punto se está dispuesto a aceptar esa sustitución como norma.

El avance de la tecnología parece favorecer la comunicación, pero al mismo tiempo produce tendencia a la aislación y las relaciones distantes, propiciando interacciones con androides y humanoides, como una nueva manera de vivir que encuentra sus adeptos.

La familia robótica del libro de ciencia ficción que leí durante mi niñez, está a un chasquido de dedos para que aparezca y fructifique.

Mis escasas dotes de anticipar el futuro no lo registraron. Pensaba que la persona que escribió ese argumento se vinculaba con una excesiva tendencia a la imaginación extrema, pero la realidad hoy me demuestra lo contrario.

A veces solo hay que ver para creer, y otras tantas crear y después ver.

El poder de nuestras acciones !

Somos accionistas, aunque sin saberlo ni tenerlo suficientemente claro. Una vez que tomamos conciencia de ello es que podemos hacer muchas cosas, sobre las cuales teníamos el potencial de hacer, pero estaban ahí dormidas a la espera de nuestras decisiones, compromisos y coherencias.

Lo que hacemos no solo determina cómo nos va a ir en la vida, sino que tienen un impacto trascendental. Sabemos quién es Charles Darwin porque un día viajó a las Islas Galápagos, hizo varias observaciones y escribió la teoría de la evolución. Si nos damos cuenta todo lo que acabamos de leer está compuesto por verbos: viajar, observar, escribir.

“La mayoría de los seres humanos no entendemos el impacto trascendental de nuestras acciones”. 

¿Cómo es que nos ponemos en acciones?

Primero, hay que entender que el cerebro es la computadora de todo el sistema nervioso. El sistema nervioso es el cableado que une a todo el cuerpo con nuestro cerebro, la piel, los órganos, los músculos, lleva información al cerebro y después transmite las órdenes a todos los órganos y partes del cuerpo. Por eso las neurociencias nos regalan la primera conclusión importante: lo que pase en el cerebro afecta a todo nuestro cuerpo.

Hay cinco componentes esenciales en la toma de decisiones:

1. Las sensaciones

Estas se refieren a todo lo que entra en contacto con nosotros a través de los sentidos: tacto, gusto, olfato, vista y oído. Esta información es producida por el ambiente y, por lo tanto, no es controlable por nosotros.

2. La percepción

Esta actúa como un reflector diseñado para enfocar partes específicas de un escenario. En este momento, puede que nuestros pies estén en contacto con el calzado o con el piso, y no lo hubiéramos notado hasta esta mención. Así, nosotros podemos decidir de forma deliberada a que le “presto atención”. Esto quiere decir que podemos controlar mi percepción.

3. Sentimientos

La mejor forma de describir los sentimientos es: juicio de valor. Son la carga emocional que le ponemos a estas sensaciones que percibimos. Esto está moldeado por nuestra cultura, educación e historia. Por ejemplo, en Latinoamérica es normal que alguien conteste una llamada en un bus, mientras que en Japón es considerada una falta grave de respeto. Por lo tanto, la carga emocional que le demos a algo está moldeada por nuestro sistema de creencias.

4. Pensamiento

Es el momento en que mezclamos lo que percibimos, sentimos, es decir el presente, junto con lo que hemos experimentado en el pasado y decidimos el curso de acción para el futuro. Es la parte de este sistema en donde se procesan los datos y se toman decisiones; estos son nuestros pensamientos deliberados.

También existen los pensamientos reflexivos, los cuales no controlamos. Son como ventanas emergentes que aparecen cuando estamos navegando en Internet; el cerebro está produciendo estas ventanas todo el tiempo. Aquí está bueno que reflexionemos ¿De dónde salen estos pensamientos emergentes?

Claramente ambos tipos provienen de la materia prima con la que alimentamos nuestro cerebro. Pero en el segundo caso no somos conscientes de que nos han impactado. Tienen un recorrido subliminal que nos resulta difícil controlar. Por ello es que debemos reducir nuestra exposición a este tipo de ingresos no autorizados, minimizando nuestra exposición en redes y demás circuitos que no controlamos de ninguna manera.

5. Comportamiento/acciones

Recojo las sensaciones, les prestó atención a través de la percepción, le doy una carga de emocional con los sentimientos, pienso y luego, actuó. Esta es la parte más importante de todo el sistema.

Así, nuestras acciones, lo que hacemos, son lo que van a determinar lo que dejes como herencia sobre la tierra. Casi podríamos decir: “Somos lo que hacemos”. Y esto no solo define quién eres hoy, sino cómo vamos a ser recordados para la posteridad, teniendo presente que cada tanto podemos ser inmortales en el recuerdo de los demás.

Del mismo modo que con Darwin, hoy conocemos a Beethoven gracias a sus canciones preciosas que han trascendido en el tiempo y sabemos quién fue Newton porque descubrió la ley de la gravedad. Fueron sus acciones las que determinaron su trascendencia, desde perseguir un propósito a través de las acciones.

Como ya dijimos, nuestros pensamientos, sentimientos y percepción están ahí con un solo objetivo; decidir si actuamos o no al respecto. De esta forma construimos nuestro comportamiento.

No se trata de un hecho menor, sino de un hito superlativo: a través de los pensamientos procesamos el pasado, el presente y el futuro y esto nos permite desarrollar comportamientos que no solo son beneficiosos en el presente, sino que también en nuestro futuro.

Poseemos naturalmente dos tipos de acciones: las automáticas y las deliberadas. Por ejemplo, una vez que aprendemos a caminar ya no pensamos cómo hacerlo, sino que se convierte en un movimiento casi automático. Así, tal vez estás en una excursión en donde debes reflexionar y tomar patrones de caminata, incluso puede que tengas que saltar para sortear obstáculos.

Ahora, vamos a un ejemplo más complejo ¿cómo logramos controlar nuestras acciones cuando alguien ha sido grosero con nosotros? Seguramente, vamos a sentir algo de agitación y estrés, pero la parte que maneja tu cerebro, es decir, la frontal, está segregando sustancias que permiten suprimir estos impulsos.

La zona frontal del cerebro se va desarrollando con el tiempo, podríamos llamarlo MADUREZ, aquella que se va a alcanzando en su plenitud alrededor de los 22 a 25 años. Por eso a un niño le cuesta trabajo controlar sus movimientos e impulsos, ven algo apetitoso al llegar a una casa ajena y es muy probable que lo tomen para comérselo.

Teniendo en cuenta lo anterior, la impulsividad es una señal de que las persona no han desarrollado lo suficiente la parte frontal de su cerebro.

Si repasamos lo referido hasta el momento, primero, recibimos los estímulos; luego, los percibimos; nos sentimos de cierta manera acerca de ellos y, por último, llega nuestra decisión, nuestro comportamiento.

Finalmente, todo el sistema tiene por objetivo último la acción. También se trata de conectar con el mundo exterior y con nuestro mundo interior, para luego llevar una respuesta nuevamente al exterior. Esto es la base de nuestra existencia, y es muy importante conocerlo y gestionarlo.

El sistema de toma de acciones también funciona al revés

Como vimos las acciones son controlables y son la parte más importante del sistema. Pues bien, como leíste en el título, el sistema también funciona al revés, y de hecho lo hace todo el tiempo, sin que lo notemos. Tomamos acciones que pueden modificar nuestros pensamientos, sentimientos y cambiar la forma en que percibimos el mundo.

En ese orden de ideas, los hábitos se definen como un cúmulo de acciones constantes y repetitivas. En pocas palabras, los hábitos son acciones que se repiten el suficiente número de veces para convertirse en un patrón.

Incluso, es posible transformar la frase del principio: somos lo que hacemos, por una más precisa: Nuestros hábitos definen quienes somos. Esto debido a que los hábitos son las acciones más influyentes en nuestras vidas

Por ejemplo, nos somos deportistas solo por decirlo, lo somos porque entrenamos mínima tres veces por semana. No somos generosos solo por afirmarlo, sino porque cada domingo damos dinero a la caridad o destinamos un tiempo concreto a la semana para ayudar a alguien que lo necesita. Es decir que las acciones repetitivas, que son los hábitos, son los que van construyendo nuestra identidad.

Si logramos cambiar nuestros hábitos, logramos cambiar o moldear nuestra identidad personal, nuestra marca indeleble y finalmente nuestro legado trascendente.

Para finalizar una reflexión de un afamado escritor, que se vincula con la acción que inicia todo, nuestro nacimiento:

«Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez» (Gabriel García Márquez).

Cuando lo real se hace mágico !

Siendo un lector apasionado por las letras, en todas sus dimensiones artísticas, y por la belleza como un concepto general y al mismo tiempo minucioso respecto de las personas, eventos, naturaleza y relaciones entre todos ellas, es que siempre sentí admiración por la literatura fantástica, por sus escritores y contenidos.

El realismo mágico es un movimiento literario surgido en América Latina a mediados del siglo XX (entre las décadas del 60 y 70). En sus obras se representó lo fantástico, lo irreal y lo extraño de la manera más común y cotidiana posible.

Junto con el realismo épico, con el que presenta algunas similitudes, el realismo mágico aspiraba a dar verosimilitud a lo irreal, manteniendo la cotidianidad de lo fantástico como una postura ante la vida, muy diferente a lo que proponían las vanguardias, fundamentalmente nihilistas.

Muchas aproximaciones críticas al realismo mágico lo han interpretado como un producto típico de las literaturas poscoloniales, o sea, de pueblos que vivieron el dominio por parte de naciones más poderosas y que luego se emanciparon. Visto así, el realismo mágico intenta conciliar la realidad de los colonizadores y la realidad de los colonizados en un relato mixto, híbrido.

El realismo mágico fue un estilo narrativo sumamente popular, de la mano de autores como Gabriel García Márquez, quien quizá sea su máximo exponente con su novela Cien años de soledad (1967). Llegó a convertirse en un movimiento literario fácilmente asociado al continente entero, contra el cual habrían de rebelarse las generaciones de narradores posteriores.

El término “realismo mágico” fue acuñado para las letras en 1948 por el intelectual venezolano Arturo Úslar Pietri (1906-2001) en su ensayo “Letras y hombres de Venezuela”. Sin embargo, ya se lo había empleado a inicios de siglo para describir cierto estilo pictórico que mostraba una realidad alterada, en el libro Realismo mágico del crítico de arte alemán Franz Roh.

Por otro lado, el término “realismo mágico” nació simultáneamente con el “real maravilloso” propuesto por el novelista cubano Alejo Carpentier (1904-1980). De hecho, la novela de Carpentier El reino de este mundo (1949) marcó el inicio de este movimiento.

El realismo mágico fue ampliamente cultivado en América Latina y llegó a convertirse, con el éxito de muchos de sus representantes tanto en América como en Europa, en un movimiento representativo de la cultura latinoamericana y sus tensiones entre la sensibilidad popular, tradicional y anclada en la superstición, y el mundo tecnológico, industrial y moderno.

En general, el realismo mágico se caracteriza por:

Algunos de los principales autores del realismo mágico son:

  • Relatos contados con las estrategias del realismo, pero abordando anécdotas fantásticas, irreales o maravillosas.
  • Lo fantástico e irreal en el relato se maneja con plena cotidianidad, sin sorprender a nadie, ni proveer explicaciones.
  • Sus relatos prefieren los escenarios pobres, rurales o marginales.
  • Se utilizan mayormente descripciones sensoriales de la realidad.
  • Abundan las rupturas de planos temporales, cuando no el tiempo estático, sin cronología o invertido.

Alejo Carpentier (Cuba). Uno de los grandes autores de la literatura cubana y latinoamericana, considerado un escritor fundamental de la lengua española por su narrativa barroca, abundante, que giró en torno al concepto de lo “real maravilloso”. Fue también periodista y musicólogo.

Horacio Quiroga (Uruguay). Cuentista y dramaturgo considerado uno de los referentes latinoamericanos del cuento moderno, es a menudo comparado con Edgar Allan Poe por sus relatos lúgubres, de prosa vívida, a menudo ambientados en la selva o en lo rural. Su vida estuvo marcada por la tragedia, y a los 58 años se suicidó bebiendo un vaso de cianuro.

Miguel Ángel Asturias (Guatemala). Escritor, periodista y diplomático guatemalteco, referente obligatorio en las letras latinoamericanas y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1967. Su obra llamó la atención de Occidente sobre las culturas indígenas, especialmente de su país, y fue cercana al movimiento surrealista francés, ya que Asturias vivió buena parte de su vida en el extranjero.

Gabriel García Márquez (Colombia). Periodista y escritor colombiano conocido como “el gabo”, es quizá el exponente más reconocido del realismo mágico y el ganador del Premio Nobel de Literatura en 1982. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y su militancia izquierdista casi tan conocida como su estrecha amistad con Fidel Castro.

Isabel Allende (Chile). Escritora chilena nacida en Perú y residenciada en los Estados Unidos, es probablemente la escritora viva más leída del mundo hispanohablante, con una obra traducida a 42 idiomas. Es sobrina del difunto presidente chileno Salvador Allende.

Juan Rulfo (México). Quizá el mayor cuentista mexicano de todos los tiempos, Rulfo publicó apenas dos libros en vida: una colección de cuentos y una novela. Sin embargo, su obra es central en la tradición latinoamericana, y forma parte tanto del realismo mágico, como del llamado “Boom” latinoamericano.

Algunas de las más conocidas obras literarias que se inscriben en el realismo mágico son:

Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez

Reino de este mundo (1949) de Alejo Carpentier

Bomarzo (1962) de Manuel Mujica Lainez

Aura (1962) de Carlos Fuentes

La casa de los espíritus (1982) de Isabel Allende

Pedro Páramo (1959) de Juan Rulfo

Doña Flor y sus dos maridos (1966) de Jorge Amado

Hagiografía de Narcisa la bella (1985) de Mireya Robles

La novela Cien años de soledad escrita por Gabriel García Márquez y ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1982, es uno de los puntos altos de la literatura hispanoamericana y mundial.

Además de ser una de las más leídas y traducidas a distintos idiomas desde su publicación original en 1967, tuvo finalmente una adaptación luego de que el propio escritor fallecido en 2014 se negara en vida a vender los derechos de la obra para tal fin. Ni siquiera el director italiano Sergio Leone pudo convencer a Gabo para llevar la historia al cine, como si sucediera con Crónica de una muerte anunciada en 1987, dirigida por Francesco Rosi.

Finalmente, una plataforma de series mundial pudo adquirir los derechos para una adaptación a serie que se estrenó a nivel mundial el miércoles 11 de diciembre de 2024. Bajo la dirección de Laura Mora y Alex García López, se trata de una ambiciosa producción que afronta el desafío de sumergir a los televidentes en el mítico pueblo de Macondo, lugar en el que lo cotidiano y lo absurdo conviven y en el que se desarrolla la trama de Cien años de soledad.

Una de las inquietudes frente a esta adaptación por parte de un sector de los televidentes es si fue posible llevar Macondo a un plano audiovisual que resulte convincente para todos. La razón se debe a que a lo largo de los años distintos lugares se atribuyeron ser el “verdadero Macondo”, tomando en cuenta las referencias geográficas del mismo libro.

A menudo existe cierto consenso en que Aracataca es la principal inspiración de Macondo, al tratarse del pueblo en el que nació Gabo, pero un informe especial televisivo colombiano difundido en 2018 presentó otra hipótesis al respecto, tomando como punto de partida lo que Cien años de soledad cuenta sobre la fundación del pueblo.

En la historia se cuenta que José Arcadio Buendía, el patriarca y fundador del pueblo, huyó junto con su esposa Úrsula Iguarán y distintas familias de una ranchería en cercanías de la Sierra Nevada de Santa Marta, por cuenta del fantasma de un muerto.

Desde el punto en que se encontraban, José Arcadio sabía que al oriente estaba la Sierra, al occidente se encontraba Riohacha y al sur la Ciénaga Grande y los pantanos, por lo que lo más lógico parecía viajar hacia el norte. Luego de 26 meses de travesía, encontraron una playa rodeada de un ambiente selvático en el que finalmente se fundó Macondo.

“Macondo era una aldea de 20 casas de barro y caña brava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas blancas y enormes como huevos prehistóricos”, se revela en las primeras líneas del libro.

El informe, siguiendo la descripción de la obra, llegó hasta el río Sevilla, que limita con una vereda llamada Macondo, a 40 minutos de Aracataca y dependiente del municipio de Zona Bananera. Curiosamente, comparte más de una similitud con la descripción de García Márquez. “Como tal es Macondo, luego Gabriel García Márquez, el escritor, dice que en su imaginación lo tituló como Macondo, pero ya Macondo existía y era aquí”, afirmó Jairo Pombo, uno de los habitantes del pueblo, en el informe.

Otro de los habitantes de la vereda, Fabio Sierra, afirmó que los límites de la población eran similares a los que encontró José Arcadio Buendía. “Al oriente tenemos la Sierra Nevada y de la Sierra tenemos La Guajira, al norte tenemos a Santa Marta y de este lado tenemos todo lo que son los pantanos”, señaló.

Por su parte, una mujer nacida en Macondo, Olga Escobar, recordó que una vez se mudó a Magangué siendo una niña, fue cuando se enteró que su vereda era un lugar conocido en todo el mundo. “Cuando entré a bachillerato la profesora de español me dijo que «Macondo era un pueblo de la imaginación de Gabriel García Márquez», yo le dije que no, que Macondo real existía, es un caserío, tiene acueducto, los campamentos son grandes, parecen casas de dos plantas”, declaró.

Alejados de las disquisiciones y polémicas respecto del mítico Macondo, la literatura mágica es sin dudas un regalo para los más fervientes seguidores de la creatividad, lo mítico y el encanto de las palabras plenas de sentido.

Como diría Isabel Allende:

«La realidad no es sólo cómo se percibe en la superficie, también tiene una dimensión mágica y, si a uno se le antoja, es legítimo exagerarla y ponerle color para que el tránsito por esta vida no resulte tan aburrido.»

Arboles en flor !

Agosto no es un mes más del calendario. Es el período de las más bellas flores de lapacho o tajy, palabra en guaraní que significa fuerte o resistente. Estas flores de rosado intenso nos regalan una belleza única, indescriptible y sinónimo de abundancia. No se puede transitar la geografía asunceña, sin sentir admiración por el porte, la belleza y la frescura que emanan los lapachos en flor.

El lapacho o tajy, declarado árbol nacional del Paraguay por el Congreso en el 2011 es uno de los principales atractivos turísticos del país y su capital. Asunción se ve hermosa y esplendorosa cuando desde agosto empiezan a aparecer las primeras flores rosadas, blancas y amarillas. Sin dudas, la ciudad se vuelve una postal llena de colores y alegría. El espectáculo natural marca la cuenta regresiva para la llegada de la esperada primavera.

Una de las especies más vistas en la ciudad capital es el lapacho rosado, cuyo nombre científico es Handroanthus impetiginosus. Es del género Tabebuia, un árbol nativo de Sudamérica. Crece desde Paraguay hacia Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y el norte de Argentina hasta México. Es sumamente distintivo por sus vistosas flores rosadas que aparecen a finales del invierno. Además, requerido por su madera dura y resistente.

A la infusión de su corteza se le atribuyen propiedades medicinales. El extracto que se obtiene a partir de la cocción de sus hojas funciona como un potente cicatrizante y antimicótico.

En Asunción es muy frecuente ver gran cantidad de lapachos rosados que decoran con su majestuosa belleza las plazas y los barrios. También tiñen de rosa las calles con flores que caen de sus ramas.

Otra de las especies vistas en Asunción es el lapacho amarillo, cuyo nombre científico es Handroanthus albus, se halla en todo el Paraguay y en algunos Estados brasileños. Se distribuye limitadamente y habita exclusivamente sitios bajos de suelos húmedos y puede llegar a medir hasta 35 metros de altura. También son visibles en las plazas, parques y espacios verdes de Asunción como el Jardín Botánico.

El más escaso y encantador de todos es el lapacho blanco, Tabebuia roseo-alba, es un árbol nativo del Paraguay y del Pantanal (Brasil-Paraguay). Por lo general, se comercializa con propósitos decorativos por sus características estéticas y se lo conoce comúnmente como el árbol de los copos de nieve.

En Asunción la población de lapachos blancos es muy escasa, pero cuando alguno florece capta de lejos la atención y admiración de todos. Es más fácil hallarlo en el campo o en otras ciudades del interior del país.

Cuenta la leyenda que cuando ocurrió la separación de los hermanos indígenas Tupi y Guaraní, el dios de los guaraníes les habló y les dijo: “Los dos son y serán siempre conquistadores de tierras. Y, en símbolo de sus conquistas, marcarán su territorio con grandes árboles de distintos colores cuyo nombre será tajy”.

Luego de eso, Tupã Tenondete (Dios supremo) les entregó las semillas que había traído del Yvaga (cielo). Además, les prometió que si la cultivaban crecerían árboles de troncos muy fuertes que les serviría para hacer canoas, cubiertos, flechas y casas. Fue así, que desde que comenzó la conquista de los guaraníes se puede observar lapachos de diversos colores por todos los caminos.

Desde ese entonces los nativos afirman que los “tajy” siempre traen la fortaleza de Tupã (Dios) a todo el pueblo, pues, al mirarlo y tocarlo, les transmite una fuerza incomparable. Además, marca claramente el territorio que pertenece a esta tribu. Por esto lo llaman: “El árbol de Yvaga, el árbol de Tupã Tenondete”.

El Lapacho blanco y la viudita

Hace muchísimo tiempo en la zona central del Chaco vivía una comunidad de aborígenes qom. Vivían de la caza y de la pesca, que por ese entonces era abundante. Niagasit, un caciquillo fuerte, valiente y hermoso, iba a casarse con la hija del cacique llamada Chona. Niagasit mantenía a su anciana madre a quien adoraba, y ésta a su vez veneraba a su hijo y a su futura nuera. Pero un año se produjo una gran sequía que secó las aguadas y alejó a los animales. Entonces los jóvenes qom tuvieron que ir a lugares más alejados y bajos en búsqueda de alimentos. Fue así como fueron a las tierras del Machagai. Pero allí, una madrugada, los indios Moqoi, tradicionales enemigos de los Qom, les tendieron una emboscada. En la lucha algunos murieron y otros fueron hechos prisioneros.

Unos pocos se escaparon y regresaron a la comunidad. Allí anunciaron la muerte de Niagasit. Terriblemente apenada por la infausta noticia, su madre murió esa misma noche. Pero Niagasit no había muerto. Sólo fue herido y hecho prisionero. Esa noche se fugó y al día siguiente llegó con los suyos. Allí se encontró con el doloroso espectáculo de que su madre muerta iba a ser enterrada. Niagasit acompaño el cortejo. La mujer fue enterrada a la usanza indígena. Dejaron la cabeza afuera y la cubrieron con ramas. Niagasit no volvió con sus pares a la toldería. Cuando quedó solo, cortó las trenzas blancas de su madre y se las ciñó a su frente en señal de dolor. Así permaneció varios días inmóvil frente al cadáver hasta que el piadoso Dios lo convirtió en el más hermoso árbol de nuestra flora: el lapacho blanco, erguido y elegante como él y con fl ores blancas como las trenzas de su madre. Y su inquieta novia, que iba y venía, la convirtió en un pajarito que vuela, sube y baja, que nunca queda quieto: la viudita.

Hay otra ave que se vincula con las flores en general y asimismo con las flores del lapacho: el picaflor.

El nacimiento de los picaflores

Hace muchos años vivían en armonía Painemilla y Painefilu, dos bellas hermanas. Se separaron porque Painemilla se casó con un inca y se marchó con su amor a tierras extrañas. En seguida quedó encinta y uno de sus sacerdotes predijo que nacerían un varón y una hembra, ambos con un pelo de oro. Cuando se acercaba el momento del parto Painefilu se acercó al palacio para hacer compañía a su hermana.

Pero todo se complicó por los celos de Painefilu hacia la vida fácil de su hermana, sentía envidia por todo lo suyo, especialmente por el embarazo y por el amor que el inca sentía por ella. Disimulaba sus sentimientos, pero se sentía herida en lo más profundo de su ser.

El nacimiento de los sobrinos la enloqueció y fue capaz de hacer creer a su hermana de que había dado a luz una pareja de gatos; mientras, introdujo a los recién nacidos en un cofre y los tiró en un río. Painemilla estaba horrorizada con lo sucedido pues sabía que su marido no la perdonaría nunca. El inca, al enterarse, mató a los gatitos y envió a su mujer a una cueva para no verla jamás. Painefilu siguió viviendo con él.

El cofre con los niños vagó por el río pero protegido con una espuma que Antü, dios del Sol, le proporcionaba desde el cielo, hasta que fue encontrado por una pareja de ancianos. Cuando éstos abrieron el cofre descubrieron a los hermosos mellizos de los que destacaba un pelo oro entre su cabellera. Los ancianos los cuidaron con primor.

En cierta ocasión, el inca paseaba por la orilla del río penando por los acontecimientos y vio a dos muchachos que jugaban en el bosque. Recordó que podían ser sus hijos y les acarició el pelo, descubriendo así el pelo de oro que correspondía, según la profecía del sacerdote. Mágicamente se reconocieron los tres. El muchacho acusó a su padre por expulsar a su madre del palacio y le exigió que ella volviera a casa. Painemilla volvió y la familia no se separó jamás.

El castigo a Painefilu fue llevado a cabo por sus sobrinos, que la ataron sentada en una enorme piedra. El chico tiró hacia el cielo una piedra transparente y pidió justicia a Antü. Un rayo cayó sobre Painefilu quedando reducida a cenizas. Un trocito de su corazón no llegó a quemarse, convirtiéndose en colibrí o picaflor, que según los mapuches predice la muerte.

Algunos tips sobre liderazgo !

Cada entrenamiento sobre aspectos comportamentales me resulta siempre distinto y agrega cosas, aunque ya haya sido vivenciado en el pasado y respecto a un mismo tópico.

Aprender sobre liderazgo tiene siempre un antes y un después diferenciador, en la medida de nuestra apertura a nuevas ideas, conceptos o maneras de hacer las cosas.

Responder la pregunta sobre si se nace siendo un líder o es una habilidad que se puede adquirir, no es sencillo de responder. El atajo puede ser una respuesta tal como “todos y cada uno de nosotros tenemos el potencial para liderar”. Eso se comprueba por el hecho de que, en mayor o menor medida, cada persona ejerce un liderazgo sobre si mismo, respecto de las decisiones que toma sobre su propio quehacer, en relación con su familia y en correspondencia con su trabajo, sus gustos y su gestión del tiempo.

Lo segundo que podemos decir es que más allá de esta condición potencial, si le sumamos entrenamiento de calidad, es muy probable que mejoremos nuestro estilo natural de liderazgo, agregando, reemplazando o dejando de lado matices, que nos permitan liderar de forma más beneficiosa y efectiva.

Existen varios estudiosos del tema que han postulado sus teorías acerca de los distintos estilos de liderazgo que pueden existir. En casi todos, es posible distinguir una marcada diferenciación entre estilos autoritarios y participativos, autonómicos o de marcar el paso, o delegativos y apropiativos. Asimismo, nos dan recomendaciones acerca de que manera de liderar se debe elegir, dependiendo del momento o situación que atraviesa la empresa u organización del tipo que sea.

El liderazgo abarca muchos dominios de nuestra vida, no sólo el laboral, y puede ser visto como un ancla que nos permita vivir en plenitud, alcanzando los objetivos que nos proponemos.

Existen varias cuestiones relevantes que remarcar, respecto del liderazgo.

La primera tiene que ver que no existe liderazgo si no hay confianza. El hecho de generar confianza en uno mismo y en un equipo de personas, es un hecho básico a la hora de gestionar. La confianza se alimenta de muchas maneras, pero sobre todo desde la responsabilidad que tenemos cuando nos posicionamos como lideres.

La segunda enfatiza que un líder se hace desde la comunicación. Debemos trabajar nuestra capacidad de transmitir y escuchar activamente a los demás. Saber comunicar es un arte, y al mismo tiempo una obligación del líder. La comunicación responsable es una cualidad que tenemos que apreciar en todo momento.

La tercera posiciona al líder como un ejemplo de compromiso. La distinción característica de un líder es su acción basada en su apego a las promesas más allá de cualquier circunstancia que le toque atravesar.

Esta regla de las tres C, compromiso, comunicación y confianza es el marco de referencia que posibilita que un líder puede ejercer esa condición dentro de un entorno sano, equilibrado y genuino.

Está bueno además agregar tres elementos más, que hacen a la gestión estratégica de un líder.

El primero, que se puede aportar como complemento de todo lo dicho, es que existe una tendencia a confundir comunicación con multiplicación de reuniones, o tiempo dedicado a las mismas.

El fenómeno del exceso de reuniones para confirmar que nos estamos comunicando, relacionando y accionando en conjunto, es la contrapartida a una gestión autoritaria y poco participativa, pero una reunión no puede transformarse en el fin en sí mismo, sino que deber ser considerado como un medio o una herramienta para tratar y resolver problemas complejos.

El líder tiene que ser capaz de moderar la frecuencia, la duración y la cantidad de participantes en una reunión, la cual debe ser organizada sobre pocos temas concretos y representativos. Vivir de reunión no es sinónimo de trabajar, ni de consecución de resultados y objetivos.

El segundo es que el trabajo en equipo es recomendable que sea definido en cada persona que lo conforma sobre objetivos claros y con responsabilidades estipuladas sobre la base del alcance, del tiempo y de los recursos. El trabajo en equipo no puede diluir las responsabilidades de cada uno de sus integrantes, porque deja de cumplir con la premisa básica de convivencia y respeto entre sus integrantes.

El líder tiene que ser capaz de alentar el trabajo en equipo, pero sobre la base de que se verifique el cumplimiento efectivo del trabajo de cada integrante, evitando que el equipo sirva para esconder ineficiencias o falta de compromiso de alguno de sus integrantes, hecho que se evidencia con la respuesta que aparece comúnmente: “lo está resolviendo el equipo”.

El tercero tiene que ver con el hecho de que mi condición de líder me posibilita hacerme a un lado dando autoridad a otro integrante del equipo cuando este tenga cierta maestría, condición especial o conocimiento para ponerse al frente de determinado tema.

Necesitamos como líderes demostrar humildad y aceptar que otras personas puedan ser líderes transitorios que lleven a cabo determinado proyecto o resuelvan determinado tema, disponiendo de recursos técnicos, humanos y económicos. Inspirar a los demás para asumir roles de liderazgo es muy importante. Siendo líder debo tener como premisa fundamental la formación de nuevos líderes.

El camino de la mejora continua a nivel personal, social o laboral necesita de liderazgos, de eso no cabe ninguna duda.

La formación de líderes en todos los niveles o estratos de una sociedad es una condición esencial para asegurar el éxito, aunque no sea la única, por cierto.

Para finalizar les comparto varios pensamientos reveladores:

“Conviértete en el tipo de líder que las personas seguirían voluntariamente, incluso si no tienes el título o la posición”. (Brian Tracy).

“Antes de ser líder, el éxito solo se trata del crecimiento propio. Una vez que te vuelves un líder, el éxito se define por el crecimiento de otros”. (Jack Welch).

“Si tus acciones inspiran a los demás a soñar, aprender y hacer más; eres un líder.” (John Quincy Adams).

“Nada pone a prueba la habilidad de un hombre para liderar a otros como su actuar día a día para liderarse a sí mismo.”  (Thomas J. Watson).

Buenos ánimos, mejores resultados !

Si bien se trata de una situación que se repite casi todos los años, no deja de alegrarme mucho, que una vez más mi amigo de tantísimos años, el docente y director de escuela Ricardo, haya sido nuevamente postulado para participar en un concurso que premia las buenas obras que, desde los colegios, se impulsan para favorecer a la comunidad en donde están radicados. En este caso, el promotor es un importante grupo de medios a nivel nacional.

El concurso ya se encuentra en su etapa de definición de finalistas, instancia a la que confió plenamente mi amigo tenga grandes chances de acceder, por sus invaluables antecedentes y acciones comprometidas y responsables en sostén de la comunidad. En este caso particular, su colegio abre sus puertas para una feria de emprendedores comunitarios y sus familias cuyos hijos asisten a la escuela, dando un marco de contención, asistencia y proyección para el desarrollo de las actividades cercanas.

Es un proyecto más que se suma a un sinnúmero de otros tantos liderados exitosamente por Ricardo en el pasado, que demuestra que la influencia del sistema educativo puede ir más allá de la formación pedagógica sumamente necesaria para los niños, expandiendo su benéfica influencia a la comunidad entera. De la mano de líderes comprometidos, responsables e interesados en el bien común todo es posible, inclusive la ruptura de viejos paradigmas por los cuales, se aumentaron las distancias entre la comunidad educativa, las familias, el sistema productivo y la gobernanza política. Ricardo sabe muy bien lo que esto significa, y pone todos los días su energía, su cuerpo y su inmensa voluntad, para que las cosas sucedan, dejando de lado sola la mera descripción de los hechos, para ponerse manos a la obra en primera persona. Valga una vez más mi reconocimiento que es el de muchos para Ricardo y otros educadores de corazón pujante y buenas obras, que no buscan elogios ni premios, sino multiplicar con sus acciones el positivismo y la confianza en que se puede construir todos los días algo mejorado.

Esta breve pero sentida introducción me sirve para contarles que “La Hormiguita Viajera” era mi apodo en el colegio primario. El porqué de los sobrenombres a menudo no tiene una explicación concreta, pero supongo que el diminutivo era por mi tamaño, y el calificativo siguiente por mi condición de inquieto, algo hiperactivo, buscando participar de todos los juegos durante los recreos, y aparecer y desaparecer de cada lugar en un santiamén.

Alumno aplicado y mimado por las maestras, semejaba al estudiante que muchas docentes quisieran tener, habiendo recibido de mis educadoras de primer y segundo grado repetidas muestras de cariño, y de ser su tesorito.  En el tercer grado nos tocó en suerte la señorita Leticia Costilla, una maestra que tenía dos predilecciones muy manifiestas, una por la enseñanza comprometida y otra por la disciplina. Su pequeño físico, cumplía a la perfección el más famoso postulado físico de Einstein, energía es igual producto de la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. Era tal su despliegue por educar y mantenernos animados, que sus clases, donde nos hacía participar sí o sí, eran como una obra de teatro, donde el desánimo no tenía cabida, y donde aprendías o aprendías, ya que la viva representación del compromiso por educar se encargaba de ello. En ese grado no había lugar para la queja, para no interesarse al menos por alguna de las materias, porque la señorita estaba a tu lado a cada instante, para ponerse a tu servicio.

Ese año no hubo alumnos que repitieron, y nuestra maestra mantenía charlas preventivas con los padres, donde aclaraba que necesitaba de cada uno de nosotros, y daba recomendaciones para que los papás y mamás colaboraran en casa, y para mantener el orden en clase; asimismo nos mostraba a cada rato la importancia de ser solidario, buen compañero, y por supuesto pasar los deberes cuando alguien faltaba por enfermedad. Cuando caí en cama producto de la escarlatina, y falté ese año dos semanas seguidas al colegio, si bien la primera semana no pude recuperar las clases perdidas, debido a que tuve cerca de cuarenta grados de fiebre, la segunda semana ya más saludable, pude ponerme al día, gracias a mis compañeritos, Moreno, Ruiz y Picca, los cuales me acercaron gustosos las tareas y lo hecho en el aula.

 Recuerdo sus clases, donde por lo general estábamos todos muy concentrados, debido a que Leticia las hacía entretenidas, y claro no te podías descuidar ya que aparecía, cuando menos lo pensabas para chequear primero con cierto ceño fruncido y luego con una sonrisa, que estabas haciendo, y verificar si necesitabas alguna clase de ayuda. Su interés por que aprendiéramos era superlativo, y su estado de ánimo era casi siempre para arriba, con esa energía que superaba los escollos, propios y ajenos.  Algunos días traía al aula a su pequeña hija Lucía, una niña de hermosos ojos marrones, tez blanca y pelo castaño, y me gustaba observar como la maestra la cuidaba, le daba besos y la abrazaba.  A veces cruzaba mi mirada con ella, y nos sonreíamos, cómplices de compartir el afecto de su mamá.

Leticia amaba enseñarnos, y tenía la inmensa virtud de irradiarnos de manera permanente con su buen estado de ánimo, sus ganas, su manera de ser comprometida, por lo que no había forma de escapar a su encanto y su tenacidad. Su para qué era la docencia, y ponía una actitud para elegir los mejores humores para hacernos brillar…. brillando primero ella, siendo nuestro ejemplo que seguir. No recuerdo verla con algún bajón anímico, salvo cuando Lucía enfermó de cierta gravedad y ella nos lo contó preocupada, aunque incluso esa jornada no tuvo una entrega menguada; así era nuestra Costilla, 100% actitud para elegir los mejores estados de ánimo para vivir, para enseñar, para ser mamá, para…… conectar con los otros.

Cada vez que recuerdo a Leticia, esa añoranza me invita a mirar adentro y registrar mis estados de ánimo. Allí estarán presentes con distintos colores, y ritmos musicales, la alegría, las ganas, la resignación, la paz, el enojo, el desgano, la apatía, sentirte fuerte, y muchos más,  cada uno de ellos con su correspondiente contracara;  entonces elijo estirar mi mano para vestirme , con el que siento que tengo más posibilidades para ser, y mostrar lo mejor de mí, haciéndome responsable de irradiar buenas intenciones,  y de contagiar a mí mismo y a los demás, con ese estado de ánimo que me puso en acción, y me conectó positivamente con las personas.

Ricardo, Leticia, y varias personas más son faros que irradian emociones positivas, que se transmiten y multiplican. Hago enormes esfuerzos tanto en lo rutinario, como en lo especial, como en los proyectos que encaro, para copiar esos modelos de coherencia en la acción, con éxitos y fracasos, pero no dejo de intentarlo.

La música de fondo que pretendo elegir a menudo es aquella que contagia lo mejor de mí, intentándolo tantas veces como mis energías me lo permitan. Caigo en la cuenta de que no depende de nadie más que de mi mismo, con el complemento de alguna otra persona que me acompañe, y a la quien le haya dado autoridad o confianza para decirme: ¿te parece que vale la pena que estés así por esto?

Percibo claramente que sigo teniendo la libertad de decidir, que es lo última frontera de mi condición humana, y me propongo que mientras pueda trataré de contagiar y contagiarme con lo más trascendente y fervoroso que encuentre, porque simplemente me posiciono como responsable de hacerlo.

Agradezco enormemente que mi vida haya tenido una Leticia, y tenga un Ricardo, que me contagian con su energía, invitándome a no claudicar.

Un sentido aplauso para mi gran amigo, cuyo mayor premio es hacer que todos los días un grupo de más de mil niños, tengan un lugar decoroso, bien mantenido y con educación de calidad disponible para que puedan aprender y formarse cívicamente.

Creo que es necesario que este y todos los premios se otorguen en vida, a personas extremadamente competentes y comprometidas, como una manera de decir: por aquí va la cosa.

¡Mucha suerte, querido amigo!

¡Te mereces este y mil premios más!

Filosofía práctica: Estoicismo !

La nieve cae en varias latitudes de nuestro suelo, cubriendo con su gélido manto blanco diferentes geometrías, suavizando los contornos de aristas punzantes, de hojas afiladas y promoviendo que todo o casi todo deba moverse más lento, acompasado y cuidadosamente.

El invierno tuvo momentos de acercamiento al calor, olvidando su esencia que parece haber recuperado con mucha fuerza. Mientras esto sucede, los recuerdos me llevan como en un túnel del tiempo, a la sonrisa permanente de Marochi, esa persona tan entrañable y querible, artesano de la tierra, de los árboles, los frutales y los cultivos. Hermano de mi padre, y por ende mi tío, concentraba en sus acciones gran parte de todo lo bueno que un mortal puede promover. Nobleza, lealtad, humildad y don de gente eran sus virtudes más reconocibles. Aún siendo niño o mejor dicho gracias a serlo, era capaz de ver en él cualidades que inspiraban mucha confianza, denotaban transparencia y riqueza de espíritu. Marochi o tío Berto, era capaz de vivir con muy poco, en las antípodas de lo material y con gran acercamiento a las emociones positivas. Nada lo afectaba tanto como para que se mostrara irritado o fuera de control. Me emociona mucho recordarlo.

En esto de promover la filosofía aplicada como una manera de crear prácticas saludables para la mente y la vida en general, cada tanto se van poniendo de moda vertientes filosóficas novedosas para la gente menos cercana a su estudio, aunque para los más entendidos, sean casi tan antiguas como la presencia del hombre sobre la tierra. Últimamente, el “comportamiento estoico” arrecia en los portales de noticias, de la mano de filósofos o personas que profesan o impulsan esta manera de ser y actuar en lo individual y social.

Soy un convencido que cada ser humano tiene, o es capaz de vivir según una única y personal filosofía, que es la resultante de factores heredados, educación parental y escolar, modelos y paradigmas aceptados, influencias sociales y ambientales, espiritualidad y esfera de posibilidades en las que se mueve. También puedo afirmar que el ser humano, es una sucesión de estadios de ser o estar siendo, que, conservando su esencia, le suman o restan posibilidades de ser de una manera distinta, de crecer, desaprender y aprender de nuevo.

Es por ello, que según mi punto de vista no existen individuos que pueden ser un reflejo exacto de una teoría filosófica, sino más bien aproximaciones bastante concordantes, con los principios que rigen tal o cual vertiente de pensamiento.

Si busco esas concordancias mayoritarias, puedo concluir que Marochi era en su génesis una persona estoica, con matices agregados como el cariño, la bondad y la modestia. Esa es una de las grandes ventajas de profesar la filosofía: no hace falta ser una persona ilustrada, pudiente o socialmente acomodada (de hecho, Marochi no cabía en ninguna de estas categorías), para vivir practicando tal o cual filosofía, sea ello de manera consciente o no.

Mi admiración por su manera de ser y actuar encuentra después de tantos años, una raíz filosófica, que me anima a decir que fue grande mi fortuna, de disfrutar siendo niño de una persona tan entrañablemente buena, serena y moral.

El estoicismo es una escuela filosófica fundada a principios del siglo III a.C por Zenón de Citio. Este filósofo, nacido en Chipre, sobrevivió a un naufragio, pero perdió en él todo lo que poseía. Llegó a Atenas, donde ofrecía sus lecciones en público, pero donde, como extranjero, no podía participar en la política de la ciudad. Precisamente, el nombre de su filosofía proviene del lugar en el que difundía su pensamiento; una “stoa” o galería cubierta que se encontraba junto al Ágora de la ciudad.

La palabra estoico, en su uso moderno se refiere a aquella persona que es indiferente al placer, la alegría, así como la pena o el dolor. No en vano, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define estoico en su primera acepción como “Fuerte, ecuánime ante la desgracia” y lo mismo sucede con el diccionario de Oxford que lo viene a definir como una persona que sufre dolor o problemas sin quejarse o sin mostrar lo que siente. Sin embargo, la doctrina estoica se basa más bien en guiarse por la razón y, debido a que no se puede controlar lo que sucede a nuestro alrededor, controlar lo que se piensa al respecto de lo que sucede.

Por ello, el estoicismo se fija especialmente en las emociones, a las que se refiere como pasiones, y que divide en buenas, malas e indiferentes. Las buenas hay que potenciarlas, las indiferentes obviarlas y hay que lidiar con las malas. La reflexión que hace el estoicismo al respecto es que a las personas no las perturban las cosas que pasan sino las opiniones que tienen sobre esas cosas que pasan. Por ello, se trata de enfrentar esas opiniones y antes de asumirlas, cuestionarlas como si se trataran de hipótesis y no de hechos firmes. De esta forma, se pueden refutar buscando una perspectiva más productiva y obteniendo una respuesta racional a esas pasiones para convertirlas en emociones saludables.

El objetivo de los estoicos no era otro que alcanzar la felicidad o la autorrealización, un concepto al que se referían como eudaimonia. A ella se llega a través de la virtud moral (o areté) y de la serenidad (o ataraxia).

La virtud en los estoicos tiene que ver con la excelencia y con alcanzar el potencial al que se está destinado. Para ello, hay cuatro cualidades que destacan: la sabiduría, la justicia, el coraje y la disciplina. Todas ellas tamizadas siempre por la razón que llevaría a buscar la sabiduría, actuar con justicia, emplear el coraje y alimentar la disciplina.

 Si la virtud es uno de los ángulos del triángulo que encumbra la felicidad, el otro es la serenidad o ataraxia. Se trata de una suerte de serenidad mental que permite que las emociones negativas no dominen y de esta forma sea más fácil actuar con virtud. Y es que, según los estoicos, son precisamente las reacciones emocionales a situaciones negativas las que provocan que se tenga una percepción distorsionada de la realidad, ya que se tiende a confundir pensamientos con hechos. Esto, según esta escuela filosófica, es inevitable que termine llevando a la agitación mental.

La llamada dicotomía del control es uno de los términos más relevantes del estoicismo y que ha ido evolucionando desde los orígenes de esta corriente filosófica hasta la actualidad. Se trata de conocer qué cosas están dentro del control de cada uno y cuáles no lo están. Dentro de las primeras se encontrarían por ejemplo las opiniones, juicios o acciones que se adoptan y es en ellas en las que habría que focalizar la atención teniendo en cuenta que existen otras cosas que no se pueden controlar. En palabras de Séneca: “El hombre sabio se preocupa por la intención de sus acciones, no por sus resultados”.

El estoicismo moderno propone que esta dicotomía se convierta en una tricotomía y se añada una tercera opción que serían las cosas sobre las que se tienen un control parcial. Un ejemplo sería un partido de tenis en el que el resultado no está bajo un control total ya que influyen variables como la habilidad del contrario, las condiciones atmosféricas o la pericia del árbitro. Por ello, en este ejemplo, el objetivo no debería ser ganar el partido sino jugar de la mejor manera posible ya que eso sí se puede controlar.

Una de las características del estoicismo que lo convirtió en una de las corrientes filosóficas dominantes fue su carácter práctico, la entendían como una suerte de caja de herramientas que les permitía avanzar hacia la autorrealización. Por ello, y asumiendo que el verdadero estoico es un ideal al que dirigirse, no una meta, un estoico en la vida presente, profesaría lo siguiente para esgrimir coherencia en el pensar, decir y hacer:

  • Identificar qué es lo que se puede controlar y que no.
  • Lidiar con las emociones negativas y analizarlas usando la razón.
  • Concentrarse en el momento actual y evitar el sufrimiento emocional por el pasado o el futuro.
  • Preocuparse por los pensamientos, evitando depender de cosas externas.
  • Escribir un diario estoico donde apuntar las cosas importantes de cada día para analizar cuáles se hicieron bien, cuáles mal y qué queda por hacer.

Vivir estoicamente no es una utopía.

Yo conocí una persona muy cercana, que aún no sabiendo leer ni escribir, profesaba virtudes estoicas.

¿Te animas a poner una cuota de estoicismo en tu vida?

El gobierno de la Queja !

Sucedió que de tanta y reiterada queja las personas fueron mutando, a tal punto que los bebés cuando nacían, en vez de esgrimir su primer llanto, sinónimo de su contacto con este nuevo y desconocido escenario, ya nacían hablando y exponiendo sus disgustos.

El mundo había cambiado definitivamente porque las pocas decisiones que se tomaban provenían de nuevos motivos para reclamar, disgustarse y pelear sin ningún sentido.

La energía vital que antes impulsaba a las personas para llevar adelante sus proyectos, ahora se empleaba para poner mejores y más acabados lamentos o protestos, que ahora eran el sentido y propósito de la vida.

El sueño político de algunos visionarios se había cristalizado sin máculas en el “Ministerio de la Queja”, el cual estaba abierto de continuo y llevaba los registros en forma bastante precisa. Cientos de ordenadores trabajaban sin descanso, registrando voces, lamentos de personas que competían para ver quien se imponía con su mejor y más acabada querella.

Había secretarías bastante bien organizadas, según la naturaleza de estas:

» Económicas, sociales, culturales, físicas, religiosas, científicas, literarias, vecinales, relacionales, laborales, jurídicas, climáticas, sólo por citar las más relevantes «.

Cada una de ellas tenía, asimismo, subsecretarías o divisiones específicas.

Para los reclamos físicos había oficinas dedicadas a:

Exceso o falta de peso, calvicie, baja o alta estatura, pelo graso o seco, acné, sarpullido, cejas caídas, huesos grandes, cabeza grande o chica, orejas desproporcionadas.

Los reclamos climáticos tenían agencias por:

Exceso de temperatura inusual, frío a destiempo, polvo en el interior de casas, noches demasiado frías, exceso de humedad para secar la ropa, lluvia excesiva que no permite jugar al fútbol.

Las quejas vecinales:

Ruidos molestos, exceso de silencio, canto de pájaros a cualquier hora, música desagradable, excremento de perro, aullidos de gatos, robo de canastos de basura, mucho o poco saludo matutino, nada o demasiada pulcritud.

Las quejas relacionales:

Poco o demasiado afecto, escasez o abundancia de compromiso, desinterés o interés desmedido. La más concurrida, la del veraz relacional, donde había largas colas.

Las quejas sobre excusas:

Excusas a destiempo, pretextos muy creíbles, coartadas para amores ocultos que no lo eran tanto, evasivas para no hacer.

Esta última secretaría, la de las excusas fue subida de rango al poco tiempo debido al gran éxito y presupuesto que manejaba. Se extendían certificados y se daban cursos para encontrar rápidamente la excusa perfecta.

El “Ministerio de la Excusa” casi fue igual de importante que el de la queja.

Ambos guiarían los destinos de la sociedad por largo tiempo, pero al final se armonizaron en uno solo, que fue envestido como:

 “Gobierno soberano de las Reclamaciones y Demandas”

La primera medida que tomó este nuevo Poder Ejecutivo fue el de reglamentar todo lo concerniente al quehacer del ciudadano, o más vale decir de los cada más expertos en el disgusto y actividades afines.

Los requisitos para formalizar la queja:

  • Presentar certificado de no haber hecho ningún pedido previo, expedido por autoridad competente.
  • Llenar el formulario de ingresos mínimos producto de pretextos y quejas.
  • Completar el registro único de asistencia a los entrenamientos para quejas, inconformismos, excusas y actitudes equiparables.

El mundo se había transformado en un conglomerado de personas, que perseguían los siguientes propósitos:

Nada es mi responsabilidad.

Problemas son sólo los míos.

Para qué decidir algo, si alguien lo puede hace por mí.

Si no puedo, no puedo, que se le va a hacer.

Más vale una queja, que cien propuestas.

Las personas que sólo vivían en el mundo descriptivo de la crítica daban opiniones sin fundamento, siendo meros relatores de los hechos. No había programas, porque eso implicaba salir de la queja permanente.

Los líderes de todo tipo habían desaparecido, luego de que cientos de miles de personas se quejarán de ellos. Algunos habían sido desterrados a islas desiertas para que aprendieran a buscar pretextos y excusas.

A este mundo de nuevos y consabidos quejosos, protestones, descontentos, cada tanto en tanto le aparecía algún individuo fuera del estándar: desarrollaba habilidades para proponer, pedir, ofertar, trazar planes, acertar, errar, retroalimentar y seguir.

Estas personas eran alojados en unidades de atención y cuidados intensivos, donde se los dejaba con pocos y escasos recursos, para que progresaran rápidamente en las competencias requeridas para vivir en el mundo permanente de la reclamación.

Así y todo, algunos no se corregían más.

No había caso, no les salía el modo de ser del quejoso.

Conseguían entonces, una salida decorosa: ir al destierro junto con los líderes de antaño.

El arte de quejarse en su máximo esplendor gobernaba este mundo, imponiendo su tinte de disgusto e inacción como perpetuo distintivo de una nueva cultura.

Aún no tenía claro que papel cumplía en ese nuevo orden mundial. Me sentía como ahogado y al mismo tiempo liberado de tantas responsabilidades.

Cuando de repente, una sonrisa amplia con dientes relucientes apareció en mi vista algo nublada.

Al principio no sabía bien de qué se trataba. Apenas atinaba a ver algo detrás de mis ojos aletargados.

Alcancé a escuchar:

“Se te cayó el libro Papi”.

Como pude fijé mi mirada en algún lugar del piso. Efectivamente, ahí estaba medio desparramado “El misterio del último Stradivarius”.

“¿Que te pasa Papi?”

Nada Lucía, está bien. Sólo estaba teniendo una pesadilla o algo parecido.

“Bueno Papi, ¿venís a jugar a los penales?”.

Si por supuesto, me levanto y voy.

Mientras me preparaba, pensé para mis adentros:

«Capaz no me tenga que quejar tanto, dejar los pretextos y profecías autocumplidas de lado».

Los primeros peloteos me sacaron el amargor de la boca, mientras un pelotazo en el estómago me sacaba el aire.

Hay tanta energía contenida en una persona que se multiplica por miles de millones que resulta inabarcable entender, cómo no caemos en la cuenta de que todo esta ahí tan cerca de poder ser algo diferente.

Un segundo pelotazo esta vez en el pecho me despertó casi por completo.

A veces pasa esto, sólo despertamos cuando algo nos pega.

O nos caemos, casi sin poder levantarnos.

Para despertar y salir de la queja.

Hace falta convicción y entereza.

No parió la abuela !

Un invierno que ahora no parece invierno, pero que amaga de a ratos con volver, luego de habernos dado varios días seguidos durante los cuales se batieron récords tras récords de bajas temperaturas, nos regala, con su desacostumbrado calorcito, la posibilidad de que vuelvan a aparecer las ropas livianas y primaverales. El cono sur latinoamericano, tiene tantos climas y geografías, que nos invita a conocerlo profundamente y de punta a punta.

Siendo niño, investigué sobre conocimientos globales a través de las enciclopedias de papel, aquellos voluminosos y numerosos libros, que nos describían lo que había en cuanto a regiones, países, historia, desarrollo económico, social, religioso, cultural y político. Para comparar el tamaño de los países no sólo usaba el tamaño de superficie, sino además la cantidad de personas que lo habitaban y en especial me gustaba cotejar la densidad poblacional. Sentía curiosidad por saber cómo hacían tantos japoneses para vivir en una isla tan pequeña.

Del mismo modo, captaban mi atención aspectos vinculados con las grandes mortandades y calamidades que había sufrido nuestra especie humana, y el resto de los animales y vegetales que habitan este planeta, durante su historia reciente. Entonces aparecían pestes, guerras, terremotos, glaciaciones, y varios más, con su distinto grado de impacto sobre el número de personas que habitaban la tierra.

Recuerdo, casi como si fuera hoy, que estaba tan absorbido por la aventura del conocimiento, que pasaba horas y horas, encerrado en la pequeña biblioteca familiar, leyendo y releyendo datos, estadísticas e historia, que se me olvidaba comer, lo que provocaba que Ana mi madre tuviera que recordármelo, al principio bien, y al rato de llamarme varias veces, ya no tanto. Cuando llegaba al frente de mi plato de comida, por lo general durante la cena, era muy común que ella me dijera que debía agradecer y devorar todo, ya que había un montón de niños en el mundo que no corrían con la misma suerte, provocando que sufrieran de hambre. Entiendo que esto fue un latiguillo común de muchos papás y mamás a lo largo de la historia más reciente, al cual se sumaba lo del cuco, lo de las orejas de burro, solo para citar los más relevantes.

Esta información extraoficial que venía de los canales más cercanos me hacía pensar que tarde o temprano, el mundo estaría tan poblado y sobreexplotado en sus recursos naturales, que acabaría colapsando. Me imaginaba un mundo donde todo sería semejante a Japón en cuanto a densidad poblacional, pero con estándares de vida como los del África subsahariana. Cuando iba por la calle y veía familias numerosas, compuestas por madre, padre y un número de hijos mayor a tres, pensaba que eso no estaba bien, porque estaba colaborando con la posibilidad de que en un futuro no hubiera recursos para todos. La proyección de ese momento daba que la población mundial rápidamente pasaría los 10.000 millones, provocando hambre y guerras por los recursos naturales.

«Unos cincuenta años después, mis miedos de los cinco años han sido gestionados por mi cerebro más maduro y despojado, aunque han aparecido nuevos temores y por cierto las guerras continúan».

Lo concreto es que la tendencia mundial de que cada vez seamos más se ha estancado y próximamente, si no se revierte esa tendencia, entraremos por primera vez en toda nuestra historia humana, en un período de contracción poblacional, lo que traería aparejado un sinfín de nuevos problemas, vinculados con la escasez de personas.

A continuación, les comparto de manera literal un artículo publicado el año pasado en la revista “The conversation”, que nos muestra esta realidad. Por las dudas, aclaro que es una transcripción literal, y que algunas opiniones vertidas no son compartidas en su totalidad por quien escribe este blog, sobre todo en la relación entre el cambio climático, los sistemas productivos y la posible crisis demográfica derivada.

¿Se está produciendo un colapso demográfico mundial?

En un número creciente de países, los políticos expresan su preocupación por el descenso de la tasa de natalidad y la fertilidad, estableciendo los términos de una nueva narrativa.

Mientras que el mundo académico es consciente desde hace relativamente mucho tiempo de la tendencia a la baja de la fecundidad mundial y de sus consecuencias en términos de dinámica demográfica en el umbral del siglo XXII, las clases políticas y los medios parecen centrarse en plazos más cortos, representaciones más catastrofistas y medidas tan voluntaristas como limitadas.

Panorama demográfico mundial

Según la definición del Instituto Nacional de Estudios Demográficos francés, la tasa de natalidad es el número de nacidos vivos en un año determinado dividido por la población media de ese año, mientras que la tasa de fecundidad es la relación entre el número de nacidos vivos en un año determinado y el total de la población femenina en edad fértil (entre 15 y 50 años).

Las tasas de natalidad y de fecundidad, que a menudo se intercambian, son indicadores interrelacionados en el sentido de que la fecundidad es, de hecho, una condición de la tasa de natalidad, por lo que permite un análisis más rico.

Según las Naciones Unidas, el aumento de la esperanza de vida y el desfase entre el descenso de la natalidad y el de la población –conocido como inercia demográfica– provocarán un aumento de la población mundial durante unos cincuenta años más, especialmente en las zonas de crecimiento demográfico persistente, sobre todo en el África subsahariana.

Sin embargo, es probable que el descenso masivo de la fecundidad que se observa actualmente frene esta tendencia, o incluso la detenga a principios del próximo siglo. Esta dinámica, que hace que el número medio de hijos por mujer descienda progresivamente por debajo de la tasa de reemplazo de 2.2, presenta algunas características muy específicas y arroja luz sobre los retos sociales, económicos y ecológicos de nuestro mundo moderno.

En primer lugar, no tiene precedentes en la historia –aparte de pandemias o hambrunas a gran escala, como las del siglo XIV– en la medida en que, sin dejar de ser un fenómeno colectivo, se basa cada vez más en decisiones personales y opciones reproductivas menos “restringidas” a nivel individual o familiar, que se traducen en la limitación y el espaciamiento de los nacimientos como anticipación y reacción a las dinámicas económicas, sociales, culturales y antropológicas.

Esta tendencia también es universal, aunque la escala y el ritmo de su despliegue sean diferenciados y aún muy limitados, como puede verse sobre todo en el África subsahariana.

A escala mundial, el descenso de la fecundidad se ha acelerado en los últimos 50 años. La tasa global de fecundidad mundial era de 2.3 en 2021, frente a 5.1 en 1965, 4.8 en 1970, 3.7 en 1980, 3.3 en 1990 y 2.8 en 2000. Esta tendencia a la baja se aceleró después de 2015.

Por último, esta tendencia parece imparable, resultado de factores de importancia variable en los distintos contextos, que a menudo son difíciles de aislar o incluso de cuantificar.

La fecundidad se retrasa cada vez más en los países de la OCDE y en algunos de los gigantes demográficos. Durante el periodo 1995-2014 en todos los países de la OCDE sin excepción la edad media del primer nacimiento ha aumentado.

¿Hacia una globalización de los comportamientos reproductivos?

Al igual que los países “viejos” han abrazado el modelo de desarrollo del Antropoceno y tienen tasas de fecundidad muy bajas (Europa, Japón y gran parte de Estados Unidos), algunos países se han sumado a esta tendencia más tarde y a un ritmo más rápido que los primeros, especialmente en Asia (Turquía, Irán, Corea del Sur) y Sudamérica (Colombia, Brasil). Estos países de muy baja fecundidad, más la Federación Rusa, representan casi el 40 % de la población mundial. Si añadimos los países de baja fecundidad (entre 1,7 y 2,1) del cono sur de América Latina, la periferia china, India y el sudeste asiático, casi dos tercios de la población mundial participan de estas claras tendencias a la baja.

Más allá de la correlación entre los niveles de desarrollo económico y la evolución de la fecundidad, existen varias explicaciones posibles. La primera y más importante es la expansión, en casi todo el mundo, del modelo de familia nuclear con una fecundidad baja o moderada, resultado a su vez de cambios en las normas socioantropológicas, en particular los avances mundiales en la igualdad entre mujeres y hombres en términos de educación y el reconocimiento gradual, por y para las mujeres, del derecho a una existencia social fuera del hogar, a través del estudio, el empleo y la participación en la comunidad, por ejemplo.

Hay otros factores determinantes, como el desarrollo y la financiación del acceso a productos y servicios de salud reproductiva y derechos conexos (anticoncepción e interrupción voluntaria del embarazo), la aceleración de la escolarización (sobre todo de las niñas) y la urbanización global, que limita la vivienda de las familias numerosas y el acceso al trabajo de los jóvenes. Y, por último, la convergencia de los patrones de consumo y las normas globalizadas de comportamiento sociocultural que transmiten las redes sociales.

Dramatización de las narrativas

Desde el siglo XIX en adelante, comenzando con las teorías de Malthus y continuando hasta hoy, se ha desarrollado una narrativa en torno a los términos “explosión demográfica”, “bomba demográfica” y “superpoblación”. Una narrativa que sigue siendo relevante hoy en día y que se utiliza ampliamente para describir la dinámica del crecimiento de la población, especialmente en el África subsahariana.

Más recientemente, y en sentido contrario, el énfasis puesto en la ralentización o incluso el descenso de la fecundidad sigue transformando dinámicas demográficas objetivamente verificables en narrativas catastrofistas servidas por un léxico altamente connotativo, dominado por expresiones como “declive demográfico”, “inflexión demográfica”, “invierno demográfico”, o incluso “colapso demográfico”.

Así, tras la narrativa de Malthus sobre el espectro de la explosión demográfica, es la narrativa del colapso demográfico y civilizatorio la que se está imponiendo gradualmente, proponiendo soluciones que van desde la vuelta a la religión a marchas forzadas de la teocracia iraní (sin éxito real en otros lugares) hasta importantes incentivos financieros en China y apelaciones al patriotismo y al “rearme demográfico”.

Cuando se trata de demografía, el vocabulario siempre ha tenido un papel significativo que va más allá de los datos objetivos para traducir las representaciones políticas, sociales y antropológicas subyacentes. El momento actual parece resonar con sentimientos de angustia civilizatoria en países desarrollados y emergentes, correlacionados con la creciente marginación económica y geopolítica de Occidente, que se asocia a “valores” ampliamente cuestionados (democracia, igualdad de género, derechos humanos).

Por último, los descensos diferenciados de la fecundidad en el mundo también pueden analizarse como respuestas individuales y colectivas a la crisis global del cambio climático.

Si bien optar por tener menos hijos para salvar el planeta puede representar una actitud ecorresponsable a nivel individual, ¿no es más crucial replantearse colectiva y radicalmente los modelos de producción y consumo, y sus consecuencias en términos de despilfarro, agotamiento de los recursos, contaminación masiva y degradación del clima y la biodiversidad?

Es un hecho que este sistema económico es cada vez menos sostenible y que exige las necesarias políticas de descarbonización a escala mundial. Un sistema así no puede ser racionalmente un modelo de desarrollo para todos los habitantes del planeta. Los retos que hay que resolver son mucho más ecológicos, climáticos, medioambientales y sociales que puramente demográficos.

En lo personal y siendo padre de tres hijas ya adolescentes, pienso que estoy por encima de la media de lo que el mundo necesita para continuar. Desde mi perspectiva individual, pude superar mis miedos de niño de que se genere una tierra superpoblada, aunque permanezcan en mí otros temores.

La especie humana que siempre encontró soluciones a sus crisis más profundas, quizás pueda hacerlo en caso de que cada vez seamos menos, quizás acompañados por robots y entidades virtuales.

No creo, aunque lo desearía, estar presente en el 2100 para verlo.

Por ahora, el dicho «sobre que eramos muchos, encima parió la abuela», parece haberse transformado en:

«No parió la abuela».