Vestidos de Novia o Un Homenaje a Ana !

Año 1958

Los preparativos para un casamiento implican hilvanar determinadas acciones sucesivas. Es como el juego de la oca hasta llegar al día del civil y de la iglesia. Aparecen emergentes que no estaban previstos y que necesitan ser resueltos, ya que las fechas tienen que cumplirse. La fiesta independientemente de su tamaño requiere una organización especial, incluyendo la famosa lista de invitados. Varias decisiones que tomar y actividades estressantes que desarrollar.

Para muchas señoritas el vestido para la ceremonia de la iglesia supera con creces a todo el resto. Es algo tan personal, íntimo en la decisión, pero al mismo tiempo se manifiesta como un sello distintivo que se hace público y sujeto a las críticas. Demasiada cola, poco o mucho escote, sencillo por demás, muy sobrecargado, lindo pero no le sentaba bien a su figura, a quien se le ocurrió hacerle ese vuelo y combinarlo de esa manera, son sólo algunas de las tantas expresiones que se escuchan en voz baja. Frases que se comparten con los más íntimos. Muchos de los presentes en la ceremonia pasan de la alegría por los novios, los vítores, a compartir sus juicios respecto de la vestimenta de la novia, que por lo general ven por primera vez, aunque algunos ya tienen referencias por comentarios previos.

El vestido de gala nupcial adquiere una dimensión en sí mismo, que va sumando opiniones de varias personas durante su creación. Al gusto de la novia se unen las preferencias de la madre, de las tías, de las amigas más cercanas. Ese proceso que arranca desde la selección de la tela, el modelo básico, los adornos, los detalles personales, los aditamentos combinados para que hagan juego, los bordados, el tipo de costura, necesita ser interpretado por la artesana o artesano que lo construye. En aquellos años se acostumbraba a recurrir a sastras especializadas en este tipo de confección. Adquirir y desarrollar habilidades para diseñar y elaborar vestidos de novia requería aprender técnicas especializadas. Por lo general «las modistas» eran mujeres que tenían la capacidad de volcar en sus diseños las inclinaciones estéticas de las novias.

Mamá Ana era una de ellas. Con 25 años de edad hacía ya unos años había aprendido en una Academia el arte de diseñar y coser vestidos de novia. Su obsesión por los detalles, su precisión para moldear, cortar, coser y ensamblar el vestido, acompañaban muy bien a su capacidad de interpretación de que tipo de diseño y vestido anhelaban las prometidas. En Alberdi donde Ana Aldina vivía junto a mis abuelos, su calidad artesana era muy reconocida, por lo que era elegida de manera recurrente para vestir a las mujeres para uno de los días más relevantes de su vida. Siempre cumplía, era muy responsable , respetuosa y comprometida, por lo que rara vez le faltaban clientes a su modesto atelier.

Así fue como a mediados de ese año concurrió a su pequeño taller Teresa, una novia joven que tenía su fecha de iglesia programada en unos tres meses. Aunque parezca mentira, ese lapso de tiempo que para algunos puede resultar bastante suficiente, no muchas veces lo es a la hora de confeccionar un vestido de novia.

El proceso con Teresa arrancó complicado porque no se conseguía la tela que le gustaba. Eso demoró un mes aproximadamente. Luego sobrevino una etapa de indefiniciones acerca del modelo. Una vez elegido quedaban menos de cinco semanas para lograr el cometido. Luego de la prueba de calce general, Ana dispuso de poco tiempo para los detalles, tal es así que el vestido quedó listo apenas unas horas antes de la ceremonia, con nulas chances de corregir algo de fondo. Mamá ayudó a Teresa a engalanarse y la acompañó en otro coche a la iglesia.

Si bien a contrarreloj, los resultados fueron los esperados. Las críticas entendidas (amigas, familiares, tías, primas, vecinas) dieron una aprobación casi unánime respecto de la belleza del ajuar.

Teresa tuvo una celebración hermosa, pudiendo cumplir su sueño de gala nupcial. Mamá era feliz cuando posibilitaba felicidad para otros.

Teresa estaba agradecida, aunque su alegría desbordante maximizó el contacto con todos, pero minimizó en esa ocasión, la posibilidad de mostrar una cercana gratitud.

Año 2020

Ana lucha por recordar todo lo que puede. Una enfermedad silenciosa, constante y creciente se empecina en borrar su memoria. Hace un tiempo que duda de quienes somos los que hablan con ella, quienes la visitan y la cuidan.

Por momentos no registra que es su hermana menor, mi tía Margarita (La Negra) la que la llama por teléfono todos los días.

Próxima a cumplir 88 años, Ana da batalla con lo que puede. Tiene miedo de estar loca, percibe que la realidad se le va escapando poco a poco. Eso le produce mucho sufrimiento. Empieza a tener dificultades para caminar, desplazarse y valerse por sí misma. Sus habilidades motoras son cada vez más escasas.

La Teresa de 1958 se reencuentra con Margarita por un hecho casual. Se ha mudado cerca y la reconoce un día por la calle. Pregunta por Aldina, el segundo nombre de Ana, como era conocida en aquellos tiempos. Margarita le cuenta de la vida de la que fue su diseñadora, cómo se encuentra de ánimos y salud.

Teresa siente la necesidad de hablar con mi mamá, luego de todos los años donde sus vidas se desentendieron. No conozco los pormenores de la charla que fue telefónica, pero quiso darle las gracias por ese bello día de su casamiento, por lo que hizo Aldina aquella vez que fue irrepetible para ella. Percibe que no fue lo suficientemente agradecida.

Ana no reconoce quien la ha llamado, pero ese día durante unas horas se la ve disfrutar de una sonrisa amplia.

Marcelo, sabes que me llamó una Teresa a la cual le hice el vestido de novia hace mucho. Está viuda como yo, aún siendo más joven. Me dijo que se iba a comunicar de nuevo, otro día.

¿Vos sos Marcelo César Bordolini, mi hijo no?

Si mamá, soy yo.

Tus hijas, de las cuales tengo las fotos en este mueble son Ana Paula, Maria Emilia, que son mellizas, y Emma Lucia la más pequeña.

Así es.

Las recuerdo porque al tener las fotos repito sus nombres muy seguido.

Que bueno que puedas hacerlo.

¿Si, pero vos son Bordolini y yo Della Vedova?

Si mamá.

A veces me llama una tal Negra que no sé quien es, pero después cuando me dicen me acuerdo. Ella es mi hermana menor.

Mi tío Pepe, le puso Negra cuando nació porque tenía el pelo bien morocho.

Mira vos.

Bueno me tengo que ir a cenar.

Dale mamá mañana hablamos.

Un beso para vos y tus hijas.

Gracias, mi amor. Trata de no discutir con Alicia, la chica que te cuida de noche por favor.

Es que es muy metida. Me voy a comer. Chau. Dale saludos a Glenda tu esposa.

Es Eugenia mamá, se los voy a dar. Glenda es la esposa de tu otro hijo Carlos Ariel.

Que confusión que hice. Bueno mañana háblame.

Dale Mamá, un beso.

¿Vos ya no vivís en Córdoba?

No mamá, vivo cerca de Río Cuarto.

Bueno, mañana háblame.

Si, mañana hablamos.

Vuelvo a mis cosas sintiendo que sólo puedo acompañar a Ana en su irreversible proceso.

Ana supo acompañar vivencias profundas como las de Teresa, compartir sus emociones tejiendo esas telas de manera primorosa.

Vive en el recuerdo de muchas personas, aunque ahora no pueda acordarse muy bien de que se trataba todo eso.

¡Vestidos de novia!

¡Feliz Día Mamá!

Girasoles para copiar !

Este día pleno de luz acompañado por ráfagas potentes de viento me impulsa a recordar algunos eventos memorables. Demasiada energía, contenida en la luz y en las ondas incesantes que el aire produce en las desgastadas y sedientas hojas de algunos árboles ya reverdecidos, agita profundos ecos en mi memoria.

Mis ojos ven una mezcla de colores más orientados a los ocres y amarillos, ya que el verde aún necesita mucha más agua para proliferar y ganar por mayoría. La sequía, hermanada con el viento produce una vegetación quebradiza y amarillenta que emite sonidos sibilantes, clamores repetidos pidiendo por humedad y mejores condiciones para vivir.

Los recuerdos me llevan a esa sala de sexto grado. Olga, nuestra maestra de plástica empeñada en despertar cualidades artísticas en ese grupo de cuasi pequeños patanes, nos compartió la imagen de una bella pintura a color para que intentáramos copiarla.

jarro con doce girasoles

Allí estaba frente a nosotros, una copia a color dentro de una revista de la obra llamada “jarro con doce girasoles” de Vincent Van Gogh. En ese momento creo ninguno de nosotros prestó atención ni al nombre, ni al artista, sino a la dificultad para recrear los detalles de la pintura. Algunos se mostraban muy fastidiados como era costumbre durante las clases de arte. Poco habilidosos en general para dibujar y luego pintar con lápiz las figuras más sencillas, recrear lo que parecía ser un simple jarrón con girasoles, era una empresa sin precedentes para algunos.

La maestra daba mucha relevancia en su puntuación a diferentes aspectos:

  • Similitudes del dibujo, proporciones y firmeza del trazado.
  • Recreación e intensidad de los colores.
  • Prolijidad general.
  • Lo que ella llamaba nuestra impronta o toque personal, concepto que en esa época no llegamos a comprender bien que era.

La educación era bastante estricta, respecto de que las materias, así no fueran las del núcleo central, como matemáticas, lengua, tenían que ser aprobadas demostrando aptitudes y actitudes crecientes dentro del proceso de aprendizaje. Es por ello que al menos en mi caso elegía esmerarme, aun cuando no era ni soy un dechado de virtudes para el dibujo y la pintura.

Unos quince minutos antes de la hora de finalización de la clase, Olga pasó banco por banco para ver que habíamos logrado.  Los comentarios, acompañadas por expresiones faciales a menudo eran de aprobación, sorpresa o desencanto. Ese día en particular no fue distinto. Como siempre, a la hora del arte lo mío era del medio, ni muy muy ni tan tan. Zafaba con lo justo, con algunos girasoles que recordaban mejores épocas.

Al final de esa jornada Olga nos contó algo personal. Pienso que eso hizo la diferencia sustancial respecto de porque guardo el recuerdo imborrable. La emoción en sus palabras se notaba en cada frase.

«Yo tengo un hermano menor que tiene algunos problemas en su cerebro. Luisito nació de esa manera y yo lo cuido todo lo que puedo.  El pintor cuya obra han intentado copiar vivió su vida con algunas dificultades semejantes. Es por ello que quiero que mi hermano intenté dibujar y pintar sus obras».

Continúo su relato con interesantes apostillas de la vida de Van Gogh. Nos contó que vivió hasta los 37 años, allá por fines del 1800, de los cuales sólo sus últimos diez fueron dedicados al arte. En ese lapso pintó cientos de obras, algunas de las cuales son consideradas como maestras. El pintor tenía un hermano Theo que era una especie comerciante de arte, que fue su protector y mecenas. Una vida corta pero muy prolífica e intensa, con más sinsabores que felicidad.

Nos dijo que si bien sus pinturas fueron expuestas en galerías de arte mientras él vivía, no tuvieron tanta repercusión como la de otros pintores famosos de la época. Tiempo después de su desaparición física fue reconocido como un gran artista, provocando que sus obras adquirieran valores impensados, formando parte de museos y colecciones privadas millonarias.

Así fue cómo tuvimos la oportunidad de conocer más al pintor, debido no sólo a la historia que nos describió Olga, sino a que ella nos pidió copiar en clases sucesivas alguna de sus otras pinturas memorables. Cuando recreamos “sembrador a la puesta del sol”, ese cuadro me hizo recordar mucho a mis tíos, granjeros a tiempo completo que cultivaban la tierra con mucho esfuerzo.

El hecho de que Olga nos hubiera compartido la situación de salud y familiar de su hermanito no fue algo menor para un grupo mayoritorio del grado. Que ella hubiera contado parte de su vida privada, lo que realmente la inquietaba, a quien amaba y que la movía a enseñarnos, le permitió ocupar un lugar especial en nuestros pequeños corazones. El pintor al cual le faltaba una oreja luego de sufrir un accidente fue de ahí en más un convidado casi permanente durante el desarrollo del año lectivo.

Pasadas varias clases se animó a traernos un dibujo de Luisito, el cual nos pareció brillante. Olga había conectado con nosotros, a pesar de nuestros garabatos, nuestra falta de atención en clase y la poca habilidad manifiesta de muchos de nosotros para recrear el arte.

La relación especial que se generó posibilitó que en ocasión de un acto escolar pudiéramos conocer a Luis, que era como un niño grande y sonriente. Estaba abrazado a su hermana, nuestra maestra Olga, la que lo protegía con mucho amor.

En ese breve intercambio percibí la fortaleza de Olga, su inquebrantable actitud para luchar y hacer cada día mejor la vida de su querido Luisito.

Plástica no fue una asignatura más. Sabiendo que Olga llevaba nuestros dibujos para calificar en su casa, hacíamos nuestro mejor esfuerzo para que el arte pareciera algo natural en nosotros. A lo mejor Luisito podía sonreír mirando nuestras creaciones.

La humanidad manifiesta de nuestra señorita de plástica nos sirvió para comprender algunos aspectos de la vida sobre los cuales no se hablaba mucho. Cuando Olga llegaba a la clase algo nerviosa con evidentes signos de cansancio, sólo atinábamos a dibujar con nuestro mejor ahínco. Era nuestra forma de compensar su amor, su entrega y su dedicación especial.

Por eso cuando observó una obra de Van Gogh se activan en mí diferentes emociones, remembranzas que sacuden mi humanidad, para decirme:

¡GIRASOLES PARA COPIAR!

Aparece nuevamente Olga, nuestra más humana señorita de plástica.

Aquella que daba mucho cariño y nos enseñaba con su corazón.

Acciones que motivan !

En el grupo de vecinos tomo conocimiento de una campaña solidaria cuyo objetivo es conseguir alimentos para los animales de todo tipo que han sufrido la devastación de los incendios forestales y de campos producidos en las serranías cercanas. Pérdidas inconmensurables y muy difíciles de recuperar. No quedan pasturas en incontables kilómetros de esas sierras escarpadas, si mucha destrucción, animales lastimados , tierra arrasada y yerma.

Es emocionante y alentador ver cómo las personas actúan de forma desinteresada ante un evento catastrófico que ha impactado con inusitado poder de destrucción. La peor sequía de los últimos cincuenta años, los incendios más descomunales derivados de ella y de algunos procederes que necesitan al menos ser evaluados.

No soy un especialista para referirme de manera técnica a cuál o cuáles pueden ser las soluciones que minimicen, reduzcan o impidan la aparición de estos fenómenos. Tampoco emitir un juicio de valor sobre los procederes y conductas humanas que necesitan ser revisadas.

Lo que resulta indiscutible es que año a año se repiten este tipo de eventos de fuego arrasador, que dependiendo del clima se amortiguan o se atenúan. Por lo que necesitamos repensar cómo queremos y podemos atenuar las causas. Además, invertir en medidas de mitigación que permitan dar respuestas certeras y en menor tiempo, cuando los incendios se han producido.

Más allá de los análisis y las razones, existen personas predispuestas a accionar solidariamente en estas situaciones. Seres humanos que se ponen en los zapatos del otro para trabajar, para colocar la palabra en acciones, sin importar el día de la semana que sea, los horarios, dejando de lado la familia, los intereses propios, la comodidad, la queja, el reclamo, usando los medios que tienen a su alcance.

En ese grupo de personas encontramos a los bomberos que estando en la primera línea combaten de manera bastante desigual el fuego. Para ellos todo nuestro reconocimiento como especiales y distinguidos servidores públicos. Con el mismo compromiso aparecen los voluntarios de toda clase que organizan colectas y llevan elementos útiles para alimentar, reconstruir y recuperar lo perdido.

Una manera distinta y elogiable de interpretar los hechos, las realidades, con pocas palabras y acciones concretas.

El compromiso, la voluntad y las ganas que ponen para superar las adversidades los colocan en un sitial bien alto, como ejemplo a seguir para cambiar las cosas.

Habiendo entrenado en la disciplina del coaching ontológico, a veces me resulta difícil encontrar arquetipos que no admitan discusión, acerca de uno de los principios más socializantes de la disciplina, aquel que nos dice:

«Los individuos actúan de acuerdo a los sistemas sociales a los que pertenecen.

Pero a través de sus acciones, aunque condicionados por estos sistemas sociales, 

también pueden cambiar esos sistemas sociales.»

Es evidente que el sistema social condiciona al individuo, pero es aún más evidente que ese sistema como tal es creado, modificado, perfeccionado, priorizado por las acciones de sus integrantes.

El modelo que une a estas personas que pretenden modificar los sistemas sociales con sus acciones se ve fielmente reflejado en esta situación de extrema desolación, donde sus acciones permitirán morigerar y llevar asistencia a lugares literalmente destrozados.

Los pensamientos se transforman rápidamente en palabras conversadas y compartidas con otros. Esas conversaciones de posibilidad derivan en hechos concretos, liberados de mezquindades, con el único propósito de mejorar las condiciones, de pensar nuevos caminos, de acercar alimentos, de colaborar para superar la crisis.

Este principio puede ser aplicado no sólo en condiciones donde se necesita reaccionar rápidamente, sino asimismo para generar nuevos proyectos, otras realidades superadoras, maneras distintas de interpretar la realidad.

Si lo desmenuzamos en sus componentes podemos generar preguntas en varios aspectos de nuestras vidas:

  • ¿Qué acciones puedo diseñar para transformar mi sistema: familia, organización, comunidad?
  • ¿Qué puedo hacer yo para cambiar algo en el sistema social en que me encuentro? 

Las respuestas pueden agrupar a personas que, aún pensando distinto, con diferencias, se pongan de acuerdo para accionar y trabajar en pos de lograr determinados objetivos.

En ello radica la belleza del desafío: «capaz que lo que resulte ser no sea el cien por ciento de lo que quiero y pienso que es necesario, sino que sea lo importante para accionar a partir de los valores que nos aglutinan, dejando nuestros egos un poco de lado».

Por eso la tarea de muchas personas que estos días estuvieron combatiendo el poder demoledor de las llamas, sumadas a otras que hoy organizan colectas, ponen sus vehículos, y recursos para ayudar en esta difícil situación, no puede pasar desapercibida.

Ellos ejemplifican con creces este tercer principio que nos muestra claramente que podemos modificar los sistemas, que tenemos capacidades suficientes para ello.

Son necesarios el compromiso, las ganas, las ideas, las decisiones, los planes, siendo lo más importante que asumamos las tareas sabiendo que no somos dueños absolutos de la verdad, sino solo de nuestra interpretación de la realidad que necesitamos compartir y validar con los demás, dentro del marco del respeto y el bienestar común.

Un merecido aplauso para todos los que han dedicado tiempo, esfuerzo y diferentes recursos en pos de luchar contra el fuego o mitigar después las consecuencias imborrables del mismo, dentro de un marco general de pandemia que torna este año aún más cuesta arriba.

Un equipo de personas trabajando en objetivos comunes , cuyas acciones generan escenarios superadores que claramente nos motivan para seguir.

Sólo resta agradecerles y expresarles toda nuestra admiración !

Parar la pelota !

La lluvia se hizo presente luego de una prolongada sequía de más de casi cinco meses. Si bien fue escasa, remolona, casi desganada, si es aplicable darle una entidad actitudinal, sirvió para recordarnos de qué se trata y cuán importante resulta este vital elemento que cae del cielo.

No tengo referencias actualizadas si esta bendición en forma de gotas acompasadas, se derramó en las zonas serranas de nuestra provincia, esos bellos y vivos paisajes que han sido arrasados por el fuego. Ojalá de esta manera se haya calmado la voracidad de las llamas que sedientas de oxígeno y materia seca, apagan la vida a su irrefrenable paso.

Sintiendo por momentos esa impulsividad vital mezclada con ansiedad que nos acelera, me pongo a pensar en esa contraparte que la equilibra, la decisión de detener la marcha vertiginosa y poner conciencia en hechos cotidianos, habituales, ordinarios o extraordinarios. Esto nos permite recuperar y darnos cuenta de quienes somos o mejor dicho aún para qué estamos siendo.

Para los que jugamos o hemos jugado al futbol, es muy importante tener dentro del equipo a alguien con capacidad de parar la pelota. Ese jugador diferente y pensante, que hacía que el juego fluyera, se ordenara, se transforme en un juego creativo.

Normalmente este cerebro dentro de la cancha servía al equipo en varios aspectos tales como:

  • Evitar que todos corrieran innecesariamente.
  • Hacer el equilibrio y la pausa necesaria para que el equipo avance y retroceda de manera organizada.
  • Planificar jugadas, cambiar los ritmos y los flancos de ataque.
  • Servir de referencia para el posicionamiento dentro de la cancha.
  • Contener, hablar y evitar los desbordes emocionales.
  • Gestionar los tiempos para jugar a la ofensiva, defender y buscar los huecos por donde pasar la pelota.

Si además este distinto, adquiría condiciones de liderazgo dentro y fuera de la cancha, se transformaba en un verdadero capitán, un referente indiscutido para el desempeño positivo del equipo.

Cada uno de nosotros tiene en su memoria el recuerdo de alguno de estos verdaderos artistas del manejo del tiempo, las emociones, los ritmos, que ponían la cabeza fría cuando había que ponerla, y asimismo el corazón y la garra cuando las piernas flaqueaban.

Las buenas decisiones de este organizador, naturales, repetidas y consistentes, se transformaban con el tiempo en un ejemplo a seguir por el resto de sus compañeros. Otros jugadores copiaban su impronta con sus sesgos personales por supuesto. A la larga el equipo se movía como una maquinaria cuasi perfecta, casi como un tren de engranajes sincronizados y armónicos.

¡Pará la pelota Bordolini! , me solía gritar el técnico de las inferiores donde jugaba a mis doce años. ¡Vos estás para eso!

Si extrapolamos el escenario del juego del futbol al escaparate más complejo de nuestras vidas, donde vivir es un desafío día a día, donde los partidos son otros y los ritmos sumamente vertiginosos, es probable que detectemos muchas áreas donde cada tanto necesitemos parar la pelota.

Familia, trabajo, relaciones, desarrollo personal, espiritualidad, economía y finanzas, amor, salud, conforman un conjunto de espacios vitales a los cuales les damos mayor o menor importancia de acuerdo a nuestra personalidad. Casi siempre existe un área que actúa de motor, que nos impulsa y la que conlleva nuestra mayor atención. Las otras se acomodan al ritmo de esta, para equilibrar la rueda mientras gira.

Lo que nos mueve, es lo que en general nos emociona, nos hace sentir plenos y llenos de ese inmenso deseo de vivir. Las emociones que nos acompañan desde nuestro primer llanto, son inseparables compañeras, condimentan lo bueno y lo malo, sin ser ni buenas ni malas, sólo una parte indisoluble de nuestra humanidad.

Lo que nos nueve a veces no nos permite parar, salirnos un poco de nosotros mismos, para vernos desde afuera, para ver lo que está pasando en realidad cuando nos desentendemos un poquito de las permanentes y veloces reacciones, o en el extremo opuesto de nuestros desgano y depresiones.

Parar la pelota, sirve para poner conciencia, subirnos a un palco elevado para ver desde allí, qué, cómo y para qué estamos viviendo. Ser testigo de nuestras propias acciones en vivo y en directo.

Parar la pelota no es tarea sencilla.

A menudo cuando lo intentamos hacer surgen miedos de enfrentar nuestras ansiedades, imperfecciones y cuestiones no resueltas. Es natural que así sea porque es parte de nuestro software, sólo que cada tanto hay que actualizarlo y pasarle algún antivirus.

El ejercicio vale la pena, adquirir habilidad para hacer un alto y repensar algunas cosas nos posiciona en un escalón diferenciado y con mejor perspectiva.

Mientras escribo estas líneas pienso en las oportunidades que desperdiciamos a diario para detener la vorágine, haciendo una pausa en nuestros pensamientos, palabras y acciones. Para distinguir lo importante de lo urgente.

Hay un momento en que estando en la mitad de la cancha, es imprescindible levantar la cabeza para observar más allá de los jugadores corriendo y la pelota que va y viene.

Ser un observador de uno mismo para apaciguar las ansiedades, para poner algo de ritmo donde no lo hay o para cambiar de rumbo, evitando caer de manera repetida en los mismos caminos sin salida.

La maduración personal requiere poner consciencia en nuestras acciones.

En lo personal reconozco que los intentos de parar la pelota alternan buenas y malas, pero me da cierta certeza el hecho de haber recogido algunos frutos con esta práctica.

Por momentos logro ser el técnico de mí mismo, diciéndome:

¡Bordolini, pará la pelota que para eso estás!

En otros no me encuentro dentro de la cancha.

Ya con distinguirlos, te aseguro que habrás hecho un gran avance.

No es tiempo de perder las esperanzas !

Meritocracia !

Las expresiones públicas traen a la palestra palabras para destacar, rechazar, elegir o promover determinadas maneras de organización de los sistemas políticos, dentro de una estructura social.

Fue el caso de la semana pasada donde se encendieron las alarmas a favor y en contra de este sistema de gobierno, que se entiende está basado en el mérito.

Primero vamos a definir algunas acepciones que sirven al contenido, para después plantear distintos escenarios posibles.

Meritocracia, según el diccionario de nuestra lengua española, se define como un sistema de gobierno en donde los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales para cubrirlos.

Un modelo meritocrático es un principio o ideal de organización social que tiende a promover a los individuos en los diferentes cuerpos sociales: escuela, universidad, instituciones civiles o militares, mundo del trabajo, administraciones, estado, etc. según su mérito (aptitud, trabajo, esfuerzo, habilidades, inteligencia, virtud) y no según su origen social (sistema de clases, riqueza o relaciones individuales (sistema de amiguismo).

Desde la antigüedad tanto en las culturas orientales como occidentales se ha propendido a este sistema de valoración para gobernar.

¿Qué es un mérito?

La distinción de la palabra nos muestra dos posibles significados emparentados:

  • Derecho a recibir reconocimiento por algo que uno ha hecho.
  • Valor o importancia que tiene una cosa o una persona.

¿Qué es un merecimiento?

De nuevo valen dos posibles acepciones:

  • Hecho de merecer algo.
  • Derecho a recibir reconocimiento por algo que uno ha hecho.

Hurgando en profundidad, tener mérito para algo o recibir el reconocimiento por nuestras acciones dependen de un juicio que puede ser fundado o infundado.

Un juicio se funda en:

  • Un dominio o ámbito sobre el cual me estoy refiriendo, por ejemplo «nivel de conocimiento» , acotado por un espacio de tiempo.
  • Hechos o afirmaciones que avalen esto mediante una escala definida, por ejemplo haber sacado notas altas en los exámenes en ese período.
  • No poder afirmar hechos en contrario respecto de la aseveración anterior, es decir no contar con exámenes reprobados sin recuperar en ese lapso.

De lo expuesto podemos decir que si un estudiante saca buenas notas según la escala aprobatoria en un lapso de tiempo prefijado, a hecho méritos para aprobar la materia.

En el plano personal cuando alguien necesita someterse a una cirugía concurre a una clínica, evalúa los antecedentes del profesional médico que lo va a operar, revisa el historial de la institución respecto del éxito o fracaso de ese tipo de intervenciones y hace otra serie de comparaciones que estén disponibles para decidir.

Alguien dirá que no es el caso de los que tienen que recurrir a un hospital público ya que no tienen los medios económicos para elegir donde operarse.

En ese caso también se trata de un juicio que puede o no ser fundado ya que quizás el historial del hospital público sea superior en éxitos al de la clínica privada o no.

En cualquier caso, el sistema de méritos vuelve a participar porque se supone que existe por encima de todo el sistema de salud, un estamento de gestión a cargo de alguien con méritos suficientes como para diagnosticar los desequilibrios y asignar recursos para corregir la situación.

Como muy a menudo las cosas no son blanco y negro, además interviene en todo momento el factor suerte.

Imaginemos por ejemplo una persona con todos los méritos o valores para adquirir notoriedad pública. Hizo una carrera brillante en medicina, se esforzó sobre manera y sin embargo no ha pasado de ingresos modestos y escaso reconocimiento público.

Imaginemos ahora a un profesional menos brillante según la escala de valoración universitaria, que ejerce de manera modesta como profesional. Un día caminando por la calle, le toca salvar la vida del Presidente de la República que acaba de tener un infarto en el medio de la calle, mientras circulaba con su vehículo. A él le toco la buena fortuna de que el auto presidencial se acercara a la vereda, se pidiera auxilio, acudiendo él como médico a practicar las tareas de reanimación y lograra recobrar su vida. Es probable que este giro del destino, si es bien aprovechado por este profesional se torne en un factor decisivo para adquirir notoriedad , prestigio , impulsando su carrrera con nuevos bríos.

Interviene otro juicio que es el definir claramente que es tener buena o mala fortuna. Resulta claro que por más que pretendamos no hacerlo, estamos valorando de manera constante y rutinaria aún sin tener intención acabada de hacerlo.

«En cada acto o decisión consciente de nuestras vidas estamos dando valor a algo para decidir, siendo esto parte de nuestra libertad».

Por ejemplo, si yo no quiero trabajar, es probable que está dando preponderancia al ocio la diversión u otra faceta de mi vida.

De nuevo sobreviene el juicio de si esta conducta otorga méritos o no para decidir si una persona no apegada al trabajo, aún siendo profesional puede por ejemplo ser Rector de una Universidad.

Una cuestión más general podría ser preguntarnos acerca de quien eligió a su compañero de vida por los méritos, haciendo un juicio fundado acerca de su salud, ingresos, estatura, fuerza física, nivel de conocimientos, capital, y otras condiciones que garantizarán la convivencia y bienestar común. Es probable que alguna de estas variables haya influido, pero con seguridad haya intervenido en la decisión cuestiones alejadas de la objetividad, tales como el amor, el reconocimiento, la intuición y las emociones más diversas, que nos impulsan a elegir sin sopesar todos los méritos.

¿A dónde quiero llegar con todo esto?

¿Los méritos son necesarios como escala de valoración para organizar todos nuestros sistemas individuales y de convivencia?

La pregunta antagónica es:

¿Todos los ámbitos de nuestros esquemas de decisión personal y de gobierno del tipo que sea, públicos y privados deben ser elegidos sin ningún esquema de méritos?

¿El acceso a determinados estructuras se debe basar sólo en el mérito o existen otros mecanismos de valoración?

Crear un sistema absolutista basado sólo en el mérito puede ser muy peligroso, llegando a extremos innecesarios. Por caso a nadie se le ocurriría propender a que los sistemas de salud necesitan valorar si a una persona a la cual se atiende por problemas físicos se le administrará más o menos medicinas disponibles de acuerdo a cuán lejos esté de su expectativa de vida. Del mismo modo asumir que una persona que no tiene los medios económicos suficientes para acceder a la educación, implícitamente no posee asimismo los méritos intelectuales para estudiar y desarrollar habilidades, por lo que no genero mecamisnos adecuados para que pueda acceder.

Considerar un sistema alejado del mérito, del reconocimiento al valor de los esfuerzos, compromisos, y habilidades adquiridas puede ser del mismo modo muy dañino, porque en ese caso no existiría la posibilidad de acceder a herramientas de juicio fundados para ver quien puede desarrollar actividades que requieren un conocimiento específico y muy preciso en muchas áreas tales como la medicina, la economía, la gestión privada y pública, la tecnología, la ciencia, sólo por citar algunos ejemplos concretos.

Como en tantas ocasiones sucede, vivir meritocráticamente o demoliendo todo valor, son extremos donde nos podemos sentir más o menos cómodos por nuestra manera de ser, nuestra educación, nuestra suerte en la vida, o profundos prejuicios o paradigmas arraigados en nuestro pensamiento.

Lo que opino que une ambas puntas es la educación integrada en valores de convivencia que nos permiten generar no sólo méritos individuales sino de grupos, equipos que persigan propósitos comunes y compartan creencias que posibiliten el desarrollo humano y social.

Cada uno de nosotros posee valías en determinadas áreas de nuestro desarrollo personal. Usar esas herramientas para crecer, servir, ayudar y acrecentar posibilidades es muy deseable.

Del mismo modo desdeñar a los que no las poseen en esos ámbitos, pero si en otros que no son de nuestro interés o no están dentro de nuestro radar no colabora para la construcción de una identidad social común.

Los antagonismos mérito o no mérito, son sólo espejos que nos devuelven visiones distorsionadas y no siempre aplicables a la hora de decidir.

La clave quizás sea aprovechar el mérito, generando al mismo tiempo condiciones para que sea beneficioso de manera social y cultural.

Resulta difícil el equilibrio, aunque no intentarlo nos puede dejar en veredas tan opuestas separados por una distancia tan irreconciliable , que provoque que paradójicamente no exista más el valor, eliminando por completo la dualidad mérito – no mérito.

Esperemos que así no sea !

¿Qué nos pasa Maestro?

El onceavo día de cada septiembre celebramos el día del Maestro. Por lo general las actividades se organizan en torno a festejar la vocación de enseñar, poniendo en el centro de la escena a los queridos maestros.

Para los niños se trata de un día especial. Se siente la necesidad de homenajear a los docentes que están al frente de las aulas, ya que aquellos no sólo los forman en conocimientos, sino que además complementan la educación que reciben en el seno de las familias, ayudando en su contención social y emocional.

Las escuelas primaria y secundaria constituyen los grandes basamentos donde se construyen los lazos sociales, comunitarios y educativos, siendo la función pedagógica que desempeñan los educadores una pieza clave para que este proceso sea exitoso.

Al maestro lo acompaña o sostiene un sistema educativo compuesto de estamentos públicos, privados y mixtos, que facilitan sus tareas, brindando los recursos necesarios para que prospere y se desarrolle de manera continua.

No es mi intención hacer una evaluación acerca de si los recursos son suficientes o escasos, porque no cuento con la información estadística para emitir una opinión válida al respecto. Por otra parte, la realidad es distinta según el estado, provincia o municipio de qué se trate.

Lo importante es destacar que este «Día del Maestro» se vivió dentro de un marco diferente, como resultado de las limitaciones impuestas por el aislamiento decretado a raíz de la pandemia.

Dentro de esta crisis del Covid, algunos países han decidido volver a cierto volumen de clases presenciales desde la perspectiva de qué esta enfermedad, no afecta a los más pequeños. Acompañan esta decisión protocolos estrictos que se han combinado con medios digitales y clases virtuales, conformando un sistema que funciona dentro de pautas razonables.

En el mismo contexto, quizás dentro de otros estadíos de la pandemia, un número de países aún no han decidido volver a clases presenciales, organizando todo a través de medios virtuales. En ese conjunto aparece nuestra República Argentina.

La deficiencia de acceso a internet, la falta de medios tecnológicos en los hogares, escuelas y docentes, hacen que este último sistema no opere de la mejor manera ya que no llega a todos los alumnos, o bien en el mejor de los casos lo hace con inadecuada calidad.

Las clases virtuales se ven interrumpidas, son reprogramadas, provocando un esfuerzo sin igual de padres, docentes y alumnos.

No tener clases presenciales se ha naturalizado. Las declaraciones de funcionarios con responsabilidad dentro del sistema educativo no presagian que durante este año se vuelva a las aulas.

Haciendo una comparación, las actividades económicas se han permitido hasta un cierto punto porque son vitales para sostener los engranajes en marcha. Algunas ciudades vuelven a un aislamiento más acentuado cuando los contagios por covid se incrementan, pero mantienen siempre cierto nivel de actividad.

Sin embargo, parece que la mirada puesta en la educación no hace foco al menos en los resultados que se obtendrán en este año escolar, es decir no se está dimensionando la real efectividad de los mecanismos que estamos utilizando para reemplazar las clases presenciales.

Siendo la educación un pilar fundamental de la construcción de una sociedad, la pregunta concreta es porque nos estamos conformando con un año escaso de contenidos, sin propuestas para cambiar o combinar otros esquemas para fortalecerlo.

Un extraño día del maestro, con poco contacto, regalos, inmersa en un contexto donde el devenir no resulta sencillo, provocando que la educación este resentida, menguada, limitada.

¿Nos está ganando el conformismo con esa situación?

Un año donde la brecha entre los que cuentan con medios tecnológicos y los que no se hace tan palpable y evidente a la hora del acceso a los contenidos, nos tiene como espectadores de una actividad educativa que parece no importar del todo cuando se va a normalizar por completo.

En lo personal esperaba este 11 de setiembre una mayor repercusión mediática, un debate más profundo acerca de que necesitamos corregir para empezar a ganarle la pulseada al tiempo, recuperando este año escolar.

¿Hemos asumido que no se puede hacer nada más?

Me cuesta creer que hayamos generado protocolos para poder trabajar de manera presencial y aún no hayamos copiado protocolos de otros países donde se ha combinado la virtualidad y la actividad presencial para generar un sistema educativo más eficiente dentro de este contexto.

Más de ciento ochenta días las aulas estuvieron vacías. El día más emblemático de nuestro sistema educativo fue uno más dentro de este contexto.

¿Se puede sostener esto mucho tiempo más?

¿Podemos repensar en otras maneras o estrategias de reforzar nuestra educación?

La pandemia nos ha dejado perplejos en determinados aspectos. La perplejidad nos ha llevado a pensar sin lugar a dudas que asegurar la salud de nuestros hijos y de nosotros, nos impide pensar en cómo recuperar el tiempo educativo perdido, organizando otras formas de llegar a donde no estamos llegando con los contenidos.

La disponibilidad de las vacunas, que algunos vaticinaban para fines de este año, se ha corrido al menos y con suerte para los primeros meses del 2021. La OMS está alertando que será para el año 2022.

Considero que tenemos tiempo suficiente para buscar nuevos métodos, formas, maneras, medios para reencausar la educación de niños y adolescentes ya que la no presencia de una vacuna eficaz no nos podrá garantizar inmunidad en el corto plazo.

No creo que debamos seguir postergando el debate y la discusión de qué vamos a hacer para lograr una mejora palpable de las condiciones en las que estamos educando en ocasión de esta pandemia.

Primero tenemos que considerar que educar de manera parcial o deficiente no es un hecho menor al cual debamos acostumbrarnos.

Nuestros niños y adolescentes, al menos con los cuales tomo contacto, no están felices estando alejados de los colegios e instituciones que los educan, donde socializan, tienen amigos y construyen lazos humanos sólidos y permanentes.

Cuánto tiempo más vamos a demorar el pedido generalizado de revisión de la manera en que estamos educando en la pandemia.

Este 11 de setiembre quiero saludar a nuestros profesores, maestros, auxiliares, directivos y a todas las personas con vocación y espíritu docente.

Mi homenaje para todos ellos que están trabajando en este difícil momento, con los escasos medios disponibles.

La economía, los bancos, el estado, las instituciones tienen que funcionar y operar sin lugar a dudas. Para eso hacemos protocolos sanitarios y nos cuidamos.

¿Qué podemos hacer para relanzar nuestro sistema educativo?

Necesitamos generar respuestas antes que la educación se vea muy golpeada.

Volviendo al título y sin una alusión directa o responsable de los maestros, te pregunto:

¿Qué nos tiene que pasar Maestro?

El propósito !

En la era de la digitalización las noticias no dejan de sorprenderme para bien.

En medio de esta pandemia que parece no tener fin y con la que necesariamente tendremos que convivir por largo tiempo, junto a otras tantas dificultades ignoradas que padecemos, algunos visionarios no dejan de crear y proyectar más allá.

Muchos de ellos, que son líderes de organizaciones, empresas, procesos de gobernanza exitosos, propenden el uso abierto y masivo de medios tecnológicos, alineados a uno o varios objetivos, agrupados en una filosofía de trabajo que han dado en llamar «Gestión por Propósitos», derivada de la gestión por objetivos.

La palabra propósito deviene del latín propositum, que significa “poner hacia adelante”.

Puede ser bajado a tierra como:

  • Determinación firme de hacer algo.
  • Objetivo que se pretende alcanzar.

La gestión por objetivos ya la conocemos desde hace tiempo, pero en un sentido más pasional y de fuerza sin igual, los gestores del presente que miran hacia el futuro, entienden la gestión por propósitos como la razón misma de ser hoy un peldaño sólido y constantemente sustentable para la concreción exitosa de un plan.

En el centro de la acción se coloca este motor llamado Propósito, actuando como eje de un sistema periférico plagado de herramientas digitales que organizan la información en tiempo real, usan la estadística, las probabilidades y los cálculos más diversos para dar vida, a un viejo sistema, practicado por muchos de los que trabajamos en mejora continua, el denominado círculo de Deming: Planear- Hacer- Retroalimentar – Actuar sobre el Plan. La repetición de estos ciclos de manera indefinida nos garantiza el éxito de los pasos que vamos dando y la mayor eficacia de los recursos que vamos empleando.

¿Cuáles son las diferencias sustanciales?

En primer lugar, la importancia radical de una articulación total en torno al Propósito, entendiendo a este como la fuente de energía que tiene que ser inagotable porque es sostenida por todos los actores que son parte del plan. Por eso en este tipo de gestión por propósitos aparece la dimensión humana del sentido compartido, aquello que nos mueve como comunidad, organización, empresa. Una fuerza ligada a la pasión por lo que hacemos, a donde queremos finalmente llegar. En torno al propósito coexisten otras energías poderosas: la inspiración como fuente de creatividad, la contribución social como sentido de trascendencia y el fin último, como nuestra razón de existir.

En segundo lugar, las herramientas digitales puestas al servicio del propósito, permiten una retroalimentación constante de la información en tiempo real, los resultados, los atrasos del plan, los desvíos, que abarcan a todos los niveles y sectores de la organización. Vale decir que la persona que está desarrollando una tarea específica alineada a un cierto programa, dentro del propósito que mueve a la organización, forma parte importante del sistema, ya que su resultado está siendo monitoreado y retroalimentado de manera permanente. Esto marca una diferencia vital, ya que antes este feedback era histórico, devenía de un hecho pasado y sólo era información reservada para los niveles altos de la organización, lo que lo le daba características de autopsia.

Bajo esta nueva filosofía con sus herramientas online, el propósito es vivido y retroalimentado de forma permanente por todos los actores de la organización sin excepción alguna.

Un ejemplo de sentido organizacional, es la compañía Tesla Motors liderada por Elon Musk.

“ El propósito general de Tesla Motors es ayudar a acelerar el movimiento de una economía de hidrocarburos de extracción y combustión hacia una economía eléctrica solar, que creemos es la principal, aunque no la única solución sostenible”.

El mismo visionario Elon Musk, ahora como Ceo de su empresa Space X, difundió un propósito que persigue su empresa y que para algunos resultó disparatado:

“ Llevar un millón de personas a Marte para el año 2050”.

El mismo Musk en una serie de tweets se explayó un poco más acerca de esto.

En teoría, mil naves estelares podrían eventualmente llevar “tal vez alrededor de 100.000 personas gracias a la sincronización orbital Tierra-Marte”, escribió Musk. “Esa es la meta”, agregó.

Musk prevé que estas naves salgan de la órbita terrestre en un período de 30 días, la ventana de tiempo en la que la Tierra y Marte están mejor alineados para hacer el viaje, cada 26 meses.

Cuando un usuario de Twitter le preguntó si eso equivaldría a un millón de personas en Marte para el año 2050, Musk respondió con un simple “sí”.

Esta declaración de intenciones ha coincidido con una prueba de un sistema de seguridad crucial de su nave espacial Crew Dragon, una cápsula que llevará astronautas para la NASA a la Estación Espacial Internacional.

Este logro puede sentar las bases para abrir una nueva era en los vuelos espaciales. Durante más de ocho años desde el último vuelo del transbordador espacial, ninguna persona ha salido al Espacio procedente de Estados Unidos. Incluso la NASA ha tenido que depender de Rusia para el transporte de sus astronautas.

Ahora SpaceX y Boeing, las empresas contratadas por la NASA, están casi listas para sus primeros vuelos tripulados, y probablemente no sólo de astronautas de la NASA.

Si bien pueden parecernos inalcanzables, este líder que ya ha desarrollado varios proyectos bajo esta concepción de convivir en una organización dentro de un propósito compartido, ve sumamente asequible lograr colonizar Marte para el año 2050.

Imaginemos por un momento el potencial que pueden tener las herramientas digitales agrupadas en torno a un propósito para resolver problemas más cruciales que hoy tenemos como el hambre, la pobreza, la salud, el acceso a la educación.

Victor Frank, en su libro “ El Hombre en busca de sentido” se refiere al propósito de cada individuo de la siguiente manera:

A esta característica esencial del hombre la designé “autotrascendencia de la existencia”: ser hombre implica dirigirse hacia algo o alguien distinto de uno mismo, bien sea realizar un valor, alcanzar un sentido o encontrar a otro ser humano. Cuanto más se olvida uno de sí mismo – al entregarse a una causa o a una persona amada- más humano se vuelve y más perfecciona sus capacidades. En efecto, cuanto más se afana el hombre por conseguir la autorrealización, más se le escapa de las manos, pues la verdadera autorrealización sólo es el efecto profundo del cumplimiento acabado del sentido de la vida.”

“Me atrevería a afirmar que nada en el mundo ayuda a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como la conciencia de que la vida esconde un sentido. Hay mucha sabiduría en las palabras de Nietzsche: “El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.”

La coincidencia de ideas que se cruzan, unió quizás el concepto del sentido humano individual con un sentido general de organizaciones y empresas, creando el concepto de management por propósitos.

El potencial de esta nueva forma de gestionar radica en su concepto integrador, abarcador e inclusivo, que va más allá de la coyunturas económicas y financieras, para perseguir un hito superador.

«Bienvenidos a esta era donde se conjugan los propósitos y la digitalización«

Abuelo Papi, una vida ejemplar !

La mañana había arrancado algo movida. Llamadas desde bien temprano para coordinar diferentes eventos laborales y personales.

El sol presagiaba una presencia rutilante, aportando calor a ese jueves 27 de agosto de 2020.

Las jornadas son únicas e irrepetibles. Encierran matices distintos y particulares que las diferencian como huellas dactilares.

La llamada de Eugenia mi esposa me resultó rara, su voz entrecortada por las lágrimas, lo terminó de confirmar:

«Creo ha fallecido mi Papá».

Los castillos cuando se derrumban a veces sólo producen un gran estrépito interior.

Así nos sentimos en ese breve instante donde no hay lugar para nada más.

Cuando sobran las palabras, sólo quedan los sentimientos.

Rodolfo, con casi ochenta años, había sucumbido súbitamente.  Una mezcla de depresión, encierro, imposibilitado de socializar, se sumó a una decadencia física y mental producto de viejas afecciones. Un combo determinante, muy negativo para una persona amena y sociable.

La pandemia y su gestión, causan estos efectos en las personas mayores que quizás no se están viendo como un problema real. Miedo, indefensión, angustia desmedida, son componentes que conviven con nosotros pegando muy fuerte a edades avanzadas.

Quedaron los cafés a los que asistía preguntando por aquel hombre que repetía historias y hablaba de su familia y sus queridos nietos. El diario de papel que leía todos los días perdió una de sus más fieles seguidores. Las biromes que usaba para marcarlos tendrán un momento de descanso de esas manos que escribían comentarios.

Abuelo Papi como lo llamaron mis hijas mellizas desde pequeñas, pertenece a los corazones de quienes compartimos con él innumerables momentos.

«Yo soy descendiente de vascos franceses por un lado y raíces indígenas por el otro», solía comentar entre risas, este puntano que supo ser jugador de futbol, defensor para más datos. Las fotos de su partido en Uruguay con el Banco Nación eran su gran tesoro. Allí mostraba a alguno de sus amigos, mientras se señalaba. Este era yo, el número 6.

A todos con ironía les preguntaba:

«¿vos las ves parecidas a mí a estas chinitas rubias?»

La inmortalidad existe en el momento desde el cual se comparten historias, pero sobre todo cuando antes de decidir algo te preguntas:

¿Qué hubiera hecho Rodolfo en este caso?

Un abogado que se recibió trabajando, con mucho sacrificio, superando un grave accidente después del cual tuvo que aprender a hablar y caminar de nuevo. Profesional intachable, humanamente considerado y protector. Sabiendo de las dificultades que tienen las personas para acomodarse en la vida, le dio cobijo primero a su hermano Juan y luego a sobrinos y sobrinas para que pudieran vivir en su casa mientras estudiaban en Córdoba.

El ayudó a tanta gente sin más expectativa que la de servir y poder brindar lo que tenía.

Una persona de fierro para sus amigos ,familiares, vecinos , fue un soporte para todos ellos.

Nunca se adaptó a la tecnología porque no era para él, que prefería el contacto y las conversaciones. Cuando hace unos diez años no pudo manejar más, empezó a dar largas caminatas, por la ciudad de Córdoba y por su querido Valle de Anizacate. Un gran bajón el de no manejar porque él siempre era materia dispuesta para acercar a alguien a dónde fuera, sin importar horarios e incomodidades.

Cuando hablas con las personas que lo conocieron, todas lamentan su partida, muchas de ellas te repiten:

«Un hombre bueno, honesto, transparente, correcto y sencillo como pocos».

El conjunto familiar y de amigos ha sido impactado por esta repentina partida.

Rodolfo el que escuchaba música de folclore con la radio a pilas ya no estará físicamente con nosotros.  Una última canción de sus queridos Fronterizos le sirvió de guía para encarar su más larga y definitiva caminata. Nos regaló algunas poesías camperas que él escribía a su manera.

Habita desde ahora ese mundo de conversaciones, palabras de aliento y ausencia de juicios infundados. Ese era él, incapaz de accionar con maldad, premeditación o interés.

Osvaldo su consuegro muy emocionado nos dijo:

“Jamás lo escuché hablar mal de nadie. Para mí el simbolizó la pureza humana en su máxima expresión”.

Las desapariciones de este mundo no son nunca temporalmente correctas, ya que quedan cuentas pendientes, proyectos frustrados, determinadas cosas que no se dijeron, anhelos no concretados , expectativas propias y de otros que no se cumplieron.

Sin embargo, cuando repensamos el balance general ahí aparece su dimensión humana que termina por develar un hombre íntegro, casi sin máculas, al que el encierro terminó de condenar a la soledad y la tristeza.

«Rodolfo, cuando me abriste las puertas de tu casa, traje pescado para las brasas y vos como criollo que eras, pusiste la tira de costilla». Un detalle gracioso del cual nos reiríamos tantas veces, ya que después compartiríamos el futbol, los asados con vino tinto y el amor de Eugenia tu hija.

Nos acompañaste con Coqui tu esposa, en visitas prolongadas a donde el destino familiar nos iba llevando: Bahía Blanca, Cipolletti y Rio Cuarto. Marcaste presencia de amor con tu hija a donde ella fuera con nuestra familia.

Por eso y tantas cosas más seguirás tan presente en nuestros corazones, con tu nobleza y tu don de gente.

No quiero extender mucho más este pequeño homenaje a una gran persona.

Agradecer infinitamente a los que estuvieron acompañando a la familia pese al COVID.

El blog de este domingo es muy personal. Lo escribo quizás de forma egoísta, dejando de lado muchas delicadezas técnicas de la escritura, pero es lo que me hacía falta para superar el dolor y la ausencia. Prefiero darle rienda suelta a este sentimiento de añoranza que necesitamos recuperar como tantos otros más en este período de insoportable confinamiento.

Abuelo Papi, tus acciones valieron más que mil palabras.

En el firmamento fulguran estrellas de todo tipo. La tuya estaba reservada desde hacía mucho tiempo.

Brilla con la “B” de bondad, benevolencia, mezclando la “P” de prudencia, paz, para finalmente destellar la “I” de integridad e inmortalidad.

Capaz no podamos abarcar aún la verdadera dimensión de tu trascendencia porque somos muy limitados, pero sí podemos reconocer la grandeza de tu humildad y hombría de bien.

Abuelo Papi te vamos a extrañar.

Lo mejor de ti quedo para siempre en nosotros.

Una historia mínima !

El pequeño Giovanni de apenas dos años no comprendía el llanto de su mamá Anna. Lo asociaba a un hecho triste, pero no podía discernir de qué se trataba. La luz mortecina de una vela iluminaba tenuemente la pieza.

Anna estaba recostada en la cama, conteniendo los sollozos. Giovanni Giuseppe se encontraba a su lado aferrado a su falda. Luigi y Pietro mayores que él, completaban el cuadro de congoja, acurrucados al pie de donde yacía su madre. Antonio, apenas con un año más que Giovanni estaba apoyado en la puerta del cuarto. Miraba la escena con total ingenuidad.

La cuna de su pequeña hermanita Maria Doménica estaba vacía. Hacía un rato que unos señores habían venido a hablar con Doménico su papá. Uno de ellos había hecho varias preguntas, mientras el otro escribía en una especie de libro grandote y pesado. Luego Doménico se había ido con ellos, dejándolos solos con su mamá.

Ni Giovanni ni sus hermanitos había comprendido la naturaleza de las palabras y de las circunstancias. Hacía unos días que habían visto a su mamá muy feliz con la llegada de esa muñequita. Desde su arribo ellos se mostraban muy curiosos y expectantes. Su mamá no trabajaba por tantas horas en la granja. Compartía más tiempo con ellos, pero mucho más con ese nuevo ángel con destellos dorados en su cabeza.

Siendo el más celoso, Giovanni sufría en silencio no ser ya el predilecto, pero ahora y aun sintiendo el pesar de su mamá no podía hacer nada más que abrazarse a sus piernas en la cama.

En un instante todo había cambiado para mal.

Al cabo de un rato volvió papá.

Se escuchó decir:

«Anna, nuestra pequeña María ya descansa en paz».

La abrazó y no pudo contener las lágrimas.

Juntos elevaron una plegaria por su Doménica en compañía de sus pequeños hijos. No hubo una gran despedida. Mucho desconsuelo, desazón e impotencia en esos jóvenes padres.

Era junio de 1875 en ese territorio de la tal vez ya unificada Italia. Su nombre: Rive D`arcano, pueblo cercano a Udine, en la zona del Friuli, la más austríaca y alemana de las comarcas de Italia. En esa zona se habla el idioma furlano (reconocido como tal desde 1999), lengua de origen celta e influencias marcadas del italiano y un poco menos del alemán.

Campesino de la tierra era Doménico Della Vedova o Carlet o Magrin. Hacía unos años se había casado con otra campesina Anna Nicli.

Las crónicas dicen que todos los apellidados De la Viuda (en su forma castellanizada) provenían de las guerras napoleónicas, cuando habiendo quedado huérfanos, una señora feudal rica y ya viuda los cobijaba para darles asilo y sustento. Como no se conocían sus apellidos, todos eran nombrados como Della Vedova o hijos de la viuda. Es muy difícil discernir a que obedecía el o Carlet o Magrin. Si eran los posibles apellidos de su madre o quizás el probable apellido de su padre.

Lo concreto es que eran épocas muy difíciles, porque después de las guerras napoleónicas, sobrevinieron años de dominación austro-húngara, para dar paso a esta incipiente república italiana, ese conglomerado aún no debidamente cristalizado de ciudades estado, comarcas y grandes señores.

El valle serpenteado por un hermoso río, era próspero para la agricultura, pero la revolución industrial había impactado negativamente en muchos aspectos.

La pobreza era el común denominador de muchos campesinos y agricultores de Italia.

La decisión de emigrar iba madurando poco a poco. Doménico y Anna aún eran jóvenes. Podían aspirar a un mejor destino para sus hijos.

La muerte de su pequeña María los impulsaría a cruzar el mar hacia las Américas.

Ese hecho bisagra alimentó la férrea voluntad de dirigirse a otro destino. El último italiano de la familia nació al año siguiente, siendo bautizado como Quinto Della Vedova (el quinto).

Algunos de sus paisanos ya habían emigrado hacía poco tiempo atrás. La poca esperanza que les quedaba de que las cosas mejoraran se había esfumado por completo.

En el año 1877 partieron rumbo a Argentina, para dar inicio a su nueva historia allende los mares. Tomaron un barco para ir en busca de lo desconocido con la ilusión de que fuera más promisorio. Sumarían en 1879, una hija más, bautizada como Maria Dominga en honor a su pequeña hija fallecida en Italia. Ella fue la única de los siete hermanos que nació en nuestro suelo.

Esta versión simplificada de los hechos me ha sido develada luego de varios meses de atar cabos, recopilar información de actas italianas y argentinas, sumando fragmentos de historias orales que se transmitieron de generación en generación.

Ciento cincuenta años después adquiere relevancia para mí quien fuera mi tatarabuelo Doménico y unos de sus hijos, mi bisabuelo Giovanni Giuseppe. El abuelo Juan como aún lo nombra mi mamá Ana.

Mi bisabuelo Juan Della Vedova, era además de campesino, biselador de vidrios y herrero. Edificó una mejor vida, gracias a la decisión de su padre Doménico, que transformó un hecho doloroso en una oportunidad para él y las generaciones venideras.

Su devenir en Argentina será motivo de otros escritos.

Fueron parte del forjado de la Argentina que hoy conocemos, aportando mucho sacrificio y voluntad de trabajo.

La tradición musical y el histrionismo los acompañó desde su Italia. Muchos de ellos tocaban instrumentos de viento, de cuerda y la armónica. En sus fiestas se tocaba, se cantaba y se bailaba, disfrutando del vino tinto que sabían muy bien hacer.

«Su capacidad de adaptación fue notable, pero al mismo tiempo conservaban ese dejo de melancolía, dolor y desarraigo, que los caracterizó hasta su deceso».

La templanza, su mejor virtud quedó grabada a fuego en las generaciones que vinieron.

Gran parte de lo que somos es una construcción personal, donde los genes tienen poco que ver, pero sin embargo cuando fui descubriendo esta crónica del pasado, me di cuenta que cohabitan en mí algunos aspectos de esa mezcla de alegría, esperanza, férrea voluntad y ganas de hacer, con esa nostalgia que vino con los barcos.

Esta escueta reseña personal me sirve para comprender la naturaleza del esfuerzo, la inteligencia, el tesón, unidos a una valentía sin igual para decidir y actuar.

Sin quedarnos aferrados al pasado, cuestión que los inmigrantes se vieron forzados a resolver muy bien al venir a estas tierras, tomar conciencia de esos sucesos en el presente, nos permite recuperar parte de nuestra esencia, esa que nos posibilita fortalecernos y mirar para adelante pensando que muchas acciones son posibles y asequibles.

Están allí al alcance de nuestras manos, esperando a que nos dispongamos a tomar los barcos, con el mismo coraje con que lo hicieron nuestros antepasados.

De seguro en tu historia hay antecedentes parecidos, ricos en rasgos humanos profundos y reveladores.

Este fin de semana te compartí parte de la mía.

No tengo más pretensión que la de que te haya servido de algo.

Reviviendo al lector !

La irrupción masiva de los medios digitales, redes sociales, programas de video juegos, han acentuado el efecto que se había comenzado a percibir con el advenimiento de la televisión abierta y luego con la disponibilidad de muchos canales agrupados en torno a los canales de cable: pocas personas adultas conservan la costumbre de leer, mientras los niños y adolescentes prefieren muchas veces no hacerlo.

Los libros de papel juegan una batalla con los libros digitales que se resisten a morir. Los hijos de la imprenta de Gutenberg siguen expectantes desde su ubicación en bibliotecas, librerías y estantes hogareños, siendo testigos del olvido, extrañando las manos que abrían sus páginas.

Los ojos curiosos de niños, adolescentes y adultos eligen posarse en estrellas fulgurantes de brillo, pantallas, celulares, consolas de juego. Son atraídos por la simpleza de las imágenes que implican un gasto menor de energía para pensar, imaginar, reflexionar, interpretar y soñar con mundos inventados e historias construidas de manera simbólica.

» Detrás de toda lectura, hay un escritor que puso en palabras aquello que emanaba de su corazón, de su mente, de su raciocinio, de sus vivencias más profundas» .

La simbiosis escritor-lector , es esa relación desarrollada durante siglos donde el que escribe lo hace primero para sí y luego para compartir sus construcciones con aquellos desconocidos y ávidos lectores. Estos desde sus interpretaciones basados en coincidencias, desavenencias e indiferencias con lo leído, recrean entornos posibles y renovados, generan escenarios distintos, cultivando el don de la palabra y el pensamiento. El ciclo se cierra cuando el que lee de un escritor, escribe para que otra persona pueda leer e interpretar lo que él mismo piensa o necesita.

El hábito de la lectura es imprescindible para estudiar, aprender nuevos conceptos y desarrollar las habilidades del entendimiento. Reducir esa práctica tiene consecuencias negativas sobre la capacidad de análisis, resolución de problemas y trazar planes de acción o programas de planeamiento sistémicos.

La introspección lograda cuando leemos es muy necesaria para mantener saludable el cerebro, del mismo modo que la extroversión o la socialización son conductas que favorecen la vitalidad emocional y las sanas relaciones.

Las lecturas pueden abarcar un sinnúmero de opciones, desde leer un libro con fines de esparcimiento: novelas, ciencia ficción, historia, cuentos, biografías; libros vinculados con ciencias sociales: filosofía, ensayos, psicología, llegando a las ciencias más duras: física, química, ingeniería. En todos los casos es posible encontrar aquellos conceptos que, integrados con nuestro pensamiento y lenguaje, nos permiten ejecutar acciones y crear mundos que no existían antes de tomar un libro entre nuestras manos.

¿Qué efectos tiene la lectura sobre las personas con el paso del tiempo?

La Biblioteca de la Universidad de Virginia (EE.UU.) ha realizado una descripción sobre los efectos que tienen los libros en las personas desde el primer momento en que se abren y se empiezan a leer. En dicha infografía se detallan los estímulos que la lectura da a las personas desde los 10 primeros minutos hasta los que se consiguen pasados los años de haber generado el hábito lector.

Sin lugar a dudas que los efectos que se mencionan parecen ser más bien los de una droga dura y que van desde la transportación a otra dimensión, sensaciones de entusiasmo, desorientación, aumento de la actividad neuronal, alucinaciones, risa / llanto, adicción, la de estar atrapados en un círculo vicioso… pero todos estos con un buen fin: aprendizaje, conocimiento y curiosidad intelectual.

En los primeros diez minutos de lectura surgen estímulos desde el tacto, el olor y lo visual del libro (como objeto). Además, el lector empieza a sentir que se transporta a un plano diferente. En estos primeros minutos surge sensaciones de entusiasmo por encuentro con voz una voz narrativa familiar, desorientación ante la nueva terminología, resistencia temporal a las nuevas ideas y, en general, aumento de la actividad neuronal.

A los 30 minutos de lectura los efectos van en aumento y se pueden empezar a experimentar alucinaciones auditivas y visuales. Hay una voz persistente en la cabeza de los lectores, muchos pueden tener visiones fantásticas e incluso son transportados a un tiempo y lugar diferente. En esta primera media hora de lectura es cuando algunos lectores se sienten obligados a intervenir físicamente con el libro escribiendo sobre él, subrayando o señalando partes con post-its.

Llegados los primeros 60 minutos de lectura se puede decir que ya hay una total inmersión en el libro. Los lectores experimentan efectos que pueden ir desde la risa incontrolada a un profundo dolor. Los lectores adquieren una profunda conexión psicológica con los personajes y eventos que van sucediendo en el libro. Conexión que hace que la lectura sea más pausada y pensativa ante la exposición de nuevos hechos e ideas que requieren mayor comprensión. Esto se conoce como aprendizaje.  

Cuando se sobrepasan los 60 minutos de lectura el nivel de adicción al libro es grande y puede hacer que el lector esté distraído e incluso irritable cuando deja la lectura. La necesidad de leer es tan grande que se descuidan necesidades humanas como la alimentación o el sueño.

Pasadas horas, días o semanas leyendo un libro puede que este ya haya acabado y se sienta una intensa melancolía. De hecho, muchos lectores vuelven a leer el libro para tratar de recuperar el sentimiento de la primera lectura. Pasada la lectura del libro los lectores suelen buscar títulos más difíciles después de un periodo de recuperación.

Cuando se llevan años leyendo los lectores todavía sienten los efectos de los libros. Muchos de ellos se convierten en lectores habituales, atrapados en un ciclo de formación permanente para captar el mayor conocimiento posible, iluminación y curiosidad intelectual.

Resulta muy interesante y develador los beneficios de generar, mantener y acrecentar rutinas de lectura.

Existen muchas maneras de colaborar con esta cruzada.

Sistema educativo, conciencia familiar y políticas generales pueden confluir de manera complementaria con el fin de valorizar la lectura como elemento básico para el desarrollo personal y social.

La lectura garantiza la riqueza del vocabulario, la ortografía, la sintaxis, y el talento de las personas para crear asociaciones mentales entre las palabras, los objetos, los conceptos y las ideas.

La acción de leer nos pasa por el cuerpo, las emociones y el lenguaje, siendo la herramienta universal mejor conocida para luchar contra el analfabetismo, promoviendo individuos hábiles, con capacidad de interpretación, visión crítica y poder de escritura.

Desempolvemos los libros. Les insuflemos nuevamente vida entre nuestras vidas.

Que el infierno de Dante no se apodere de nosotros.

Invitemos a nuestras casas a Don Quijote y su Sancho Panza.

Un pensamiento que puede ser aplicado a la habituación por leer nos dice:

“ La constancia es la virtud por la que todas las obras dan su fruto “.

Un gran abrazo de lector a lector.

y…….

¡ Qué viva la lectura !