Llegó la Hora !

¿Cuán común es tener éxito en un intento?

¿Cuán común es tener éxito luego de múltiples intentos?

Las probabilidades deberían ser mayores cuando mayor es el número de veces que intentamos hacer algo.

El sentido común nos orienta a encontrar ciertos fundamentos, por los cuales la repetitividad relativa tendría que llevarnos cada vez más cerca de los resultados esperados.

  • Aprendemos de los errores que cometemos en cada oportunidad, haciendo foco en las causas, mientras amortiguamos los efectos.
  • Tomamos referencias de otros que ya lo han logrado o asociarnos con ellos para…
  • Con cada intento trazamos nuevas estrategias o elaboramos planes distintos no perdiendo el norte de hacia donde queremos arribar.
  • Abandonamos pensamientos limitantes, mentalidades de escasez y prejuicios respecto de…
  • Revisamos cada fase del proceso de encarar un nuevo intento para buscar puntos débiles, teniendo presente que toda cadena es tan fuerte como lo es su eslabón menos fuerte.
  • Chequeamos nuestra actitud, las herramientas y los recursos, de modo tal que confluyan hacia dónde queremos apuntar.

Las preguntas originales fueron planteadas por la supuesta positiva (éxito), aunque podrían haber sido planteadas por la supuesta negativa (fracaso), tales como:

¿Cuán común es fracasar en un intento?

¿Cuán común es fracasar luego de múltiples intentos?

En lo personal prefiero usar los primeros supuestos por la positiva, por el hecho de que «intentar hacer algo ya implica un éxito en si mismo». Vale decir que salir de la inacción venciendo un estado de ánimo pasivo es válido y un aliciente para continuar.

Hay dos puntos del listado que enumeré que creo que merecen una especial atención.

El primero de ellos es «la actitud», ya que ella es el punto de partida de cualquier iniciativa.

El segundo son los prejuicios o paradigmas, que normalmente confluyen en «ideologías o fundamentalismos», los cuales no hacen más que limitar nuestro campo de pensamiento, palabra y acción, ya que nos quitan un elemento sustancial para lograr finalmente un cometido, ya que:

  • No nos permiten reexaminar consistentemente nuestras decisiones.
  • Limitan el tamaño de nuestra red de relaciones, ubicándonos en un grupo monocular de mirada sesgada.

Para citar un ejemplo personal que se relaciona con este escrito.

Mi objetivo hoy era el de dejarles una mirada acerca de lo que considero importante a la hora de encarar un proyecto o accionar con respecto a algo, sobre todo en momentos en donde estamos atravesando nuestra crisis número….. (no me imagino poner un número) como sociedad.

El título de “llegó la hora” tiene que ver con un recuerdo de las películas de mi infancia, aquellas que devoraba con suma devoción, y que por cierto eran de escasa disponibilidad.

Mi memoria me trae la imagen de un encumbrado militar que, durante una reunión de planificación de una batalla crucial, arrancaba la misma diciendo:

“Caballeros, llegó la hora”.

Esa sola frase que escuchaba de niño aún hoy me moviliza para actuar.

El contenido de este blog estaba claro, asimismo tenía certeza de cómo sería el encabezado o punto de partida.

Para arrancar este escrito buscaría por internet los diálogos de esa película que recordaba, aunque no recordara exactamente el título y los autores.

Hice numerosos intentos de búsqueda, usando frases y palabras distintas, pero todos resultaron infructuosos. Ni la película, ni lo diálogos aparecían. Mi cerebro no era de gran ayuda en este caso, ya que mi memoria no aportaba ninguna pista sustentable.

Gasté una media hora de mi tiempo en los intentos, para dejar sin efecto la búsqueda. El recurso “tiempo” parece que no tuviera valor porque muchas veces no le ponemos un precio, pero si de algo estoy seguro es que lo tiene y mucho.

Después de media hora reexaminé mi decisión, optando finalmente por el encabezado tal cual ustedes lo están leyendo.

Prioricé por tanto el objetivo, dejando de lado la elección de la introducción, aunque eso no fuera mi idea primigenia. La cuestión era arrancar, no con la pompa que hubiera deseado, pero si respetando el tiempo (un recurso escaso) de modo tal de no malgastar mis recursos.

Muchas veces he perdido de vista el objetivo deambulando por las ramas. En esta ocasión hube de sortear el desajuste emocional provocado porque las cosas (encontrar los bonitos diálogos) no se me daban.

Haciendo un parangón con esto de seguir intentando para alcanzar finalmente un éxito relativo, humildemente opino que continuar procurando construir «una sociedad más sostenible requiere de planes que no repliquen lo tantas veces lo ya repetido y que nos llevó a numerosas crisis sucesivas». Los fundamentalismos no son precisamente la mejor receta para tener éxito porque nos alejan del sentido común y de lo posibilidad de contar con varias miradas que amplíen el espectro de las soluciones. Las causas necesitan ser conocidas, abordadas y gestionadas desde una mirada provista de muchas ideas, incluso aquellas que pareciera que no se pueden mezclar tales como el agua el aceite.

Dentro del plan para escribir este blog, el cierre del mismo estaba prefijado desde el mismo momento en que tuve la oportunidad de participar de un evento de difusión y promoción de la industria de los video juegos.

La primera ponencia de la jornada se refería a la necesidad de «Derribar Mitos».

Creo que eso es clave a la hora de encaminar cualquier intento y mucho más ante un problema harto repetido y complejo como el que hoy estamos atravesando como sociedad.

La siguiente exposición fue realmente esclarecedora, respecto de que necesitamos para superar obstáculos de manera conjunta y mancomunada.

La expositora nos traía de manera literal (gracias por permitirme usar estos conceptos).

Lo que es recomendable dejar:

  • Individualismo
  • Pasividad
  • Incomunicación
  • Soberbia
  • Vagancia
  • Y todo el resto que nos impide trabajar en equipo

Lo que es recomendable adoptar:

  • Equipo
  • Proactividad
  • Experiencia
  • Paciencia
  • Trabajo conjunto
  • Profesionalismo global

Creo que esta vinculación como desenlace del propósito con el cual encaré estas reflexiones, nos resulta muy productiva, porque:

He sumado los valores de las miradas de otras personas, en esto de «Derribar mitos» y de «Las recomendaciones para dejar y adoptar».

Y por sobre todas las cosas he empleado mi tiempo, y espero que el tuyo, en algo que creo que suma con la esperanza de que en algún momento pueda multiplicar.

Les regalo estos dos pensamientos, que considero valiosos, respecto del éxito y del fracaso:

«Los resultados negativos son justo lo que quería. Son tan valiosos como los resultados positivos». (Thomas A. Edison).

«Un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero que no es capaz de convertirlo en experiencia». (Elbert Hubbard).

Como broche de oro algunos pensamientos del distinguido científico de la relatividad, «Albert Einstein».

«Trate de no convertirse en un hombre de éxito, sino tratar de convertirse en un hombre de valor».

«No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos».

«Locura: hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes».

Comenzar a vivir !

El frío invierno que nos tenía contra las cuerdas ha cesado momentáneamente en su embestida. Sus golpes están amortiguados por estas temperaturas más otoñales, con matices primaverales y rayos de sol en abundancia. Es una invitación clara para salir de nuestras madrigueras, buscando desarrollar actividades al aire libre, deportivas, recreativas o turísticas.

Mi vocación de escritor aficionado me mantiene expectante, como hipnotizado por el entorno y las palabras que no vienen tan fácil a mi encuentro. Escribo observando como el viento arrecia el aire, provocando remolinos y volteando las últimas hojas que resisten estoicas en los árboles.

La lectura de un libro me trajo de regalo un pensamiento del emperador Marco Aurelio. Para ser honesto no sé mucho de él, pero me pareció que la frase amerita tener un valor por sí sola, independiente de su historia personal.

“El hombre no ha de temer a la muerte. Lo que ha de temer es nunca comenzar a vivir “.

El comenzar a vivir sucede como un hecho biológico desde el instante en que nacemos. Está claro que desde ese mismo momento estamos predestinados a morir, más tarde o más temprano. Biológicamente no existe un mecanismo para nacer y morir repetidas veces. Muchos intentos se han hecho para prolongar la vida de manera indefinida lo cual aún no se ha logrado; sin embargo, los avances científicos y médicos han logrado cuestiones impensadas, tales como el reemplazo de órganos enfermos, morigerar los efectos del envejecimiento y próximamente y en un futuro no muy lejano, lograr una especie de juventud prolongada, convirtiendo a nuestra especie en una más parecida al concepto de semi Dios.

El comenzar a vivir desde una perspectiva más existencial, filosófica o trascendental, puede ocurrir muchas veces en nuestras vidas, del mismo modo que el comenzar a morir. Nuestras vidas están plagadas de momentos bisagra donde nos sentimos renacidos, para lo cual metafóricamente tuvimos que morir con antelación. Quizás la frase de Marco Aurelio tenga mucho que ver con esto, el de animarse a vivir sin miedos, con la esperanza de que siempre habrá oportunidades para volver a vivir, de estar de vuelta de los fracasos, de las oportunidades perdidas, de los errores no forzados, de las incoherencias y de tantas situaciones impensadamente malas.

Mi último momento bisagra fue la desaparición física de mi madre, que me fue pegando de a poco, como en cámara lenta. Tuve que aprender a ser huérfano a edad madura. Antes de que este hecho sucediera pensaba que era natural y que estaba preparado para no tenerla más. Las emociones y mis sentimientos me demostraron todo lo contrario.  Con el discurrir de los días, se me hizo muy evidente y muy necesaria su presencia. Los recuerdos me abarrotaron y comencé a extrañarla, soñarla y buscarla en fotos e imágenes conectando muchas historias, que me unen con este presente. Mi vida había dado un vuelco significativo, debiendo buscar las fuerzas para renacer a otra existencia, ahora sin padres. Tantas veces mis lágrimas me acompañaron en silencio, cuando me embargaba la emoción de sentirme como una «especie de ser desprotegido«. Percibirme otra vez vulnerable me sumió al principio en una coyuntura desequilibrante. Con el correr de los días, pude traer de vuelta conmigo tantas cosas que ella y mi padre me legaron, tantas enseñanzas, cariño, bondad y amor. Todo esto me impulsó a sentirme de nuevo en la senda, de la mano de los valores que sembraron con sus ejemplos y acciones.

Tomé acabada conciencia de que este trayecto donde estoy acompañado por mi familia, tiene muchas oportunidades y al mismo tiempo desafíos. No es ni mejor ni peor que antes, sino distinto y particular.

En la semana tuve la oportunidad de saludar a otra persona que había sufrido una pérdida similar hace poco tiempo. En este caso se trataba de su papá y del mismo modo que yo, él ya no tenía padres. La conversación surgió de manera natural. Compartíamos una sensación similar, la de sentirnos parte de otro estadio en la vida, el de ser huérfanos. Su historia tenía matices diferentes porque su padre había estado enfermo desde hacía varios años, con lo que él tenía la sensación de que su padre “sufrió su vida durante sus últimos años”.

Me contó que luego de la muerte de su papá, había responsabilizado a su padre en cierta manera por la situación que parecía haberse autoprovocado, por muchos excesos que había cometido. Sin embargo, su mirada sobre su padre cambió, con todos los saludos post morten que había recibido de muchos amigos y personas cercanas a su padre, los cuales lo habían conocido en otro entorno, donde todos lo destacaban por su generosidad, hombría de bien y el valor de su palabra y sus ayudas para con los demás. Si bien ya lo había perdonado, pudo comprender y luego aceptar la dimensión y figura humana de su papá. Yo pensaba mientras lo escuchaba atentamente, que era una historia que tenía que contar en mi blog, por su calidez personal y por su acabada riqueza humana. La conversación me sirvió para no sentirme solo y al mismo tiempo para no creerme el pupo del mundo, en esto de que solo a mí me pasan ciertas cosas.

Hoy, luego de darle sentido a la frase de Marco Aurelio, puedo resignificar muchas instancias de mi derrotero personal, episodios en los cuales me he animado a vivir y otras tantas donde “sólo me he animado a morir un poco no viviendo a pleno”. Es algo así como que lo que vale es «darse cuenta de lo que verdaderamente cuenta», aquello que nos distingue como esencialmente humanos. Cuestiones tan simples y tan poco rebuscadas, pero que al mismo tiempo cuesta tanto distinguir, en la prisa del día a día.

Siempre hay oportunidad para comenzar a vivir, para lo cual hace falta dejar morir un sinnúmero de prejuicios y preconceptos.

La escritura de estos blogs son un proceso de sanación personal que comparto con el único propósito de poder servir, no como ejemplo, sino en el mejor de los casos, acaso como una llamada para despertar de algunos sueños que nos retienen dormidos.

Para culminar les regalo este hermoso poema, escrito por Litto Nebbia, que me acompaño muchas veces durante mi adolescencia, muy ligado a esto de renacer después de morir.

Sólo se trata de vivir

Dicen que viajando se fortalece el corazón

Pues andar nuevos caminos

Te hace olvidar el anterior

Ojalá que esto pronto suceda

Así podrá descansar mi pena

Hasta la próxima vez

Y así encuentras una paloma herida

Que te cuenta su poesía de haber amado

Y quebrantado otra ilusión

Seguro que al rato estará volando

Inventando otra esperanza

Para volver a vivir

Creo que nadie puede dar una respuesta

Ni decir que puerta hay que tocar

Creo que a pesar de tanta melancolía

Tanta pena y tanta herida

Sólo se trata de vivir

En mi almanaque hay una fecha vacía

Es la del día que dijiste que tenías que partir

Debes andar por nuevos caminos

Para descansar la pena hasta la próxima vez

Seguro que al rato estarás amando

Inventando otra esperanza para volver a vivir

Creo que nadie puede dar una respuesta

Ni decir que puerta hay que tocar

Creo que a pesar de tanta melancolía

Tanta pena y tanta herida

Sólo se trata de vivir

Dicen que viajando se fortalece el corazón

Pues andar nuevos caminos

Te hace olvidar el anterior

Ojalá que esto pronto suceda

Así podrá descansar mi pena

Hasta la próxima vez

Seguro que al rato estaré volando

Inventando otra esperanza para volver a vivir

Creo que nadie puede dar una respuesta

Ni decir que puerta hay que tocar

Creo que a pesar de tanta melancolía

Tanta pena y tanta herida

Sólo se trata de vivir

Descansar para ser más eficientes. ¿Desconectar para conectar?

El mundo vive y debate distintas realidades respecto del uso y distribución del tiempo diario de una persona. Cada porción del tiempo en el cual se divide la jornada diaria, es motivo de análisis y profundización. En un esquema básico encontramos tres segmentos bien diferenciados: horas dedicadas al trabajo, horas de sueño y las horas remanentes de tiempo fuera del trabajo, que son usadas para múltiples propósitos.

En el ámbito de la duración de la jornada laboral, algunos países europeos han ido reduciendo la cantidad de horas de trabajo llegando en alguno de ellos a un período acotado de seis horas. Las discusiones sobre la productividad comparativa entre jornadas cortas o largas de trabajo encuentran fundamentos de uno y otro lado que sólo sirven para argumentar en contra a favor, pero pocas veces para buscar consensos. La tecnología ha posibilitado el desarrollo de las labores bajo el concepto de home office, trabajo remoto y otras modalidades combinadas. Existe un amplio espectro de situaciones dependiendo de la rama o actividad laboral, la necesidad o no de fijar turnos de trabajo y las condiciones propias de la tarea a desarrollar.

Respecto de los esquemas de sueño, el debate no es sólo por la cantidad de horas dedicadas a dormir, sino asimismo por la calidad de las mismas. La problemática adquiere otros ribetes, cuando ponemos en la ecuación las dificultades que tienen muchos seres humanos para conciliar y sostener un sueño reparador de manera consistente y a lo largo de todos los días. Los dispositivos tecnológicos tales como celulares y tablets, más el acceso ilimitado a películas y series por streaming o televisión digital, conspiran contra la conciliación del sueño, aumentando las chances de mantenernos despiertos, expectantes y absorbiendo cantidades voluminosas de información o distracción sin chances de un adecuado procesamiento cerebral. La lectura queda en muchos casos en un segundo plano, opacada por los destellos luminosos, efectos especiales o imágenes que se repiten sin cesar en nuestras retinas, mermando nuestros procesos creativos.

El resto del tiempo que nos queda, se compone de un sinnúmero de actividades, entre los cuales se encuentran entre las principales, el tiempo de traslado desde el trabajo a casa, las actividades rutinarias del hogar, y el cuidado y educación de nuestros hijos. El tiempo efectivo que dedicamos a otras actividades que pueden ser denominadas como de desconexión o de ocio suele ser muy acotado y concentrado durante los fines de semana, en el mejor de los casos.

Una nueva relación entre el trabajo y el ocio está apareciendo con cierta frecuencia y relativa preponderancia en algunas regiones. Para reflejar esta modalidad de abordaje y vinculación entre el hacer y el no hacer, les traigo a continuación un artículo muy interesante de la BBC, en el cual se hace referencia y se explica esta manera de ver y hacer las cosas. Desde otra óptica podemos decir, que se trata de una particular cultura y perspectiva sobre la desconexión para estar mejor concentrados cuando trabajamos.

Descanso activo: cómo lograr que el «no hacer nada» te ayude a ser más productivo en tu trabajo

Por Amanda Ruggeri.

BBC Future.

Cuando me mudé a Roma desde Washington DC, un paisaje me impresionó más que cualquier columna antigua o gran basílica: el de la gente sin hacer nada.

A menudo podía ver a mujeres ancianas apoyadas sobre sus ventanas, mirando a la gente pasar, o a familias en sus paseos nocturnos, deteniéndose cada tanto para saludar a sus amigos. Hasta la vida de oficina resultó ser diferente.

Olviden los sándwichs apurados en el escritorio. En la hora del almuerzo, los restaurantes se llenaban de profesionales que se sentaban a comer apropiadamente.

Por supuesto, desde que los jóvenes del Grand Tour (un itinerario que europeos de clase media y acomodada solían realizar) empezaron a escribir sus observaciones en el siglo XVII, quienes vienen de afuera han estereotipado la idea de la «indolencia» italiana.

Y no es enteramente así. Los mismos amigos que iban a casa en sus motocicletas para un almuerzo distendido a menudo volvían a la oficina para trabajar hasta las ocho de la noche.

Aun así, la aparente creencia de balancear el trabajo duro con il dolce far niente, la dulzura de no hacer nada, siempre me llamó la atención. Después de todo, no hacer nada parece ser lo opuesto a ser productivo. Y la productividad, ya sea creativa, intelectual o industrial, es el uso máximo de nuestro tiempo.

Pero mientras llenamos nuestros días con «hacer» más y más, muchos de nosotros descubrimos que la actividad sin parar no es la apoteosis de la productividad. Es su adversaria.

Los investigadores están estudiando que no solo significa que el trabajo que producimos al final de una jornada de 14 horas es de peor calidad que cuando estamos frescos. Este patrón de trabajo también perjudica nuestra creatividad y cognición.

Con el tiempo, puede hacernos sentir físicamente enfermos, e incluso, irónicamente, como si no tuviésemos un propósito.

«Piensa en el trabajo mental como hacer flexiones», dice Josh Davis, investigador y autor del libro «Two Awesome Hours» («Dos horas geniales»). Digamos que quieres hacer 10.000. La manera más «eficiente» sería hacerlas todas sin pausas.

Pero sabemos, sin embargo, que eso es imposible. En cambio, si hiciéramos solo una tanda en un momento, entre otras actividades y las fuésemos distribuyendo en las semanas, alcanzar la meta sería mucho más factible.

«El cerebro es muy parecido a un músculo en este sentido«, escribe Davis. «Establecer las condiciones inadecuadas a través del trabajo constante nos hace lograr poco. Si establecemos las condiciones apropiadas, hay poco que no podamos hacer».

Hacer o morir

Muchos tendemos a pensar, sin embargo, que nuestros cerebros no son músculos, sino un computador: una máquina capaz de llevar a cabo trabajo constante. No solo es falso, sino que presionarnos a trabajar durante horas sin descanso puede ser perjudicial, dicen algunos expertos.

«La idea de que puedes estirar indefinidamente los tiempos de concentración y productividad a esos límites arbitrarios está muy mal. Es contraproducente», dice el científico Andrew Smart, autor de «Autopilot» («Piloto automático»).

Un metanálisis encontró que trabajar durante muchas horas aumentaba el riesgo de sufrir enfermedades coronarias en un 40%, casi tanto como fumar cigarrillos (50%).

Otro estudio encontró que las personas que trabajaban largas jornadas tenían un riesgo significativamente mayor de sufrir un infarto, mientras que quienes trabajaban más de 11 horas al día tenían casi 2,5 de más probabilidad de experimentar un episodio depresivo en comparación con quienes trabajaban entre siete y ocho horas.

En Japón, esto ha llevado a una perturbadora tendencia llamada karoshi, o muerte por exceso de trabajo.

La joven que falleció en Japón tras trabajar 159 horas extra en un mes y cuya muerte reabrió el debate sobre el «karoshi»

Si te estás preguntando si esto significa que deberías tomarte unas vacaciones atrasadas, la respuesta puede ser sí.

Un estudio sobre ejecutivos en Helsinki (Finlandia) encontró que durante más de 26 años, los gerentes y empresarios que tomaron menos vacaciones en la mediana edad sufrieron de muertes tempranas y una peor salud en la vejez.

Eficiencia, ¿algo nuevo?

Es fácil pensar que la eficiencia y la productividad son unas obsesiones nuevas. Pero el filósofo británico Bertrand Russell hubiese estado en desacuerdo.

«Se dirá que, aunque un poco de ocio es agradable, los hombres no sabrían cómo llenar sus días si solo tuviesen cuatro horas de trabajo de las 24», escribió Russell en 1932.

Dicho esto, algunas de las personas más creativas y productivas del mundo se dieron cuenta de la importancia de hacer menos. Tenían una ética de trabajo fuerte, pero también se dedicaron al reposo y al ocio.

«Trabaja en una sola cosa hasta que la termines», escribió el artista y escritor Henry Miller en sus 11 mandamientos sobre la escritura. «¡Para a la hora señalada!…¡Mantente humano! Ve a lugares, ve a gente, bebe si te provoca».

Hasta el padre fundador de Estados Unidos, Benjamín Franklin, un modelo de diligencia, dedicó gran parte de su tiempo a estar inactivo. Cada día se tomaba un descanso de dos horas en el almuerzo, noches libres y una noche entera de sueño.

En lugar de trabajar sin parar en su carrera como impresor, con la que se mantenía, pasaba «grandes cantidades de tiempo» socializando y practicando pasatiempos. «De hecho, los mismos intereses que lo alejaron de su profesión inicial lo llevaron a muchas de las cosas maravillosas por las que es conocido, como haber inventado el pararrayos y la estufa Franklin», escribe Davis.

Incluso en un nivel global, no hay una clara correlación entre la productividad de un país y el promedio de horas de trabajo. Con una media de 38,6 horas por semana, por ejemplo, el empleado estadounidense promedio trabaja 4,6 horas más a la semana que un noruego. Pero por el PIB, los trabajadores noruegos contribuyen el equivalente de US$78,70 por hora, en comparación con los US$69,60 que contribuyen los estadounidenses.

En el caso de Italia, ¿el hogar de il dolce far niente? Con un promedio de 35,5 horas de trabajo semanales, produce casi 40% más por hora que Turquía, donde la gente trabaja una media de 47,9 horas por semana.

Todos esos descansos para tomar un café, entonces, parecen no ser tan malos.

Entre siestas y descansos cortos

La razón por la que tenemos jornadas laborales de ocho horas se debe a que las empresas descubrieron que reducir las horas de los empleados tenía el efecto contrario al que esperaban: aumentaba su productividad.

Durante la Revolución Industrial, eran normales las jornadas de 10 a 16 horas. Ford fue la primera compañía en experimentar con un día laboral de ocho horas, y encontró que sus empleados eran más productivos no solo en cada hora, sino en general. En un margen de dos años, las ganancias se duplicaron.

Si días laborales de ocho horas son mejores que los de diez horas, ¿podrían ser incluso mejores las jornadas con menos horas? Quizá.

Para las personas mayores de 40 años, una investigación encontró que una semana laboral de 25 horas puede ser óptima para la cognición. Suecia, por su parte, experimentó recientemente con jornadas de seis horas y concluyó que los empleados tenían mejor salud y productividad.

Esto parece corroborarse por la forma en que las personas se comportan durante un día de trabajo.

Una encuesta de casi 2.000 empleados de tiempo completo en Inglaterra estimó que las personas solo eran productivas durante dos horas y 53 minutos en una jornada de ocho horas.

El resto del tiempo lo invertían revisando las redes sociales, leyendo noticias, teniendo conversaciones no relacionadas con trabajo con colegas, comiendo e incluso buscando otro empleo.

Podemos enfocarnos por un período de tiempo todavía más corto cuando estamos empujándonos al límite de nuestras capacidades.

Investigadores como el psicólogo K Anders Ericsson, de la Universidad de Estocolmo, han estudiado que al introducirse en el tipo de «práctica deliberada» necesaria para dominar cualquier actividad, necesitamos más descansos de lo que creemos.

La mayoría de la gente solo puede trabajar durante una hora sin necesidad de tomar una pausa. Y hay músicos de élite, autores y atletas que no dedican más de cinco horas constantes al día a su oficio.

¿La otra práctica que tienen en común? Su «tendencia creciente a tomar siestas para recuperarse», escribe Ericsson. Una manera, por supuesto, de reposar tanto el cerebro como el cuerpo.   

Descanso activo

Pero el «descanso», como algunos investigadores lo señalan, no es necesariamente la mejor palabra para describir lo que estamos haciendo cuando no hacemos nada.

La parte del cerebro que se activa cuando no hacemos «nada», conocida como Red neuronal por defecto (RND), juega un papel crucial en la consolidación de la memoria y la visión del futuro.

Es también la zona del cerebro que se activa cuando la gente está observando a otros, pensando sobre sí misma, haciendo un juicio moral o procesando las emociones de otras personas.   

En otras palabras, si esta red se apagara, podríamos tener dificultades para recordar, anticipar consecuencias, captar interacciones sociales, entendernos a nosotros mismos, actuar éticamente o tener empatía hacia los demás. Todas las cosas que nos hacen no solamente funcionales en el ambiente laboral, sino en la vida.

Quizá lo más importante de todo es que si no nos tomamos el tiempo para dirigir nuestra atención hacia adentro, perderemos un elemento crucial de la felicidad.

«Te ayuda a reconocer la importancia más profunda de las situaciones. Te ayuda a sacar un significado de las cosas. Cuando no estás dándole significado a las cosas, solo estás reaccionando y actuando en el momento, y estás sujeto a muchos tipos de conductas y creencias cognitivas y emocionales no apropiadas para el ambiente», dice Mary Helen Immordino-Yang, neurocientífica e investigadora del Instituto del Cerebro y la Creatividad de la Universidad del Sur de California (EE.UU.).

Tampoco tendríamos la capacidad de pensar en nuevas ideas o conexiones. Las luces de la RND se encienden cuando estás haciendo asociaciones entre asuntos que parecen no estar relacionados o propones ideas originales.

También es el lugar donde afloran esos momentos de iluminación, lo que significa que, si como Arquímedes, tuviste tu última buena idea cuando estabas paseando o en el baño, debes agradecerle a la biología por ello.

Quizá lo más importante de todo es que si no nos tomamos el tiempo para dirigir nuestra atención hacia adentro, perderemos un elemento crucial de la felicidad.

«Estamos haciendo cosas sin darles significado durante mucha parte del tiempo», dice Immordino-Yang.

«Cuando no tienes la habilidad de insertar tus acciones en una causa más amplia, estas se sienten sinsentido con el tiempo, y vacías, y no conectadas con tu sentido más amplio de ti mismo. Y sabemos que no tener un propósito con el tiempo se conecta con no tener una salud emocional y psicológica óptima».

¿Tejer y meditar?

Los que han practicado la meditación saben que hacer nada puede ser sorprendentemente dificultoso. ¿Cuántos de nosotros, después de 30 segundos de reposo, revisamos nuestros celulares?

De hecho, nos hace sentir tan incómodos hacer nada que preferiríamos hacernos daño. Literalmente. En 11 diferentes estudios científicos, los investigadores estimaron que los participantes preferirían hacer cualquier cosa, incluso recibir choques eléctricos, en lugar de hacer nada. Y no fue que les pidieron que se sentaran rectos por mucho rato: entre seis y 15 minutos.

La buena noticia es que no hace falta dedicarte a hacer absolutamente nada para cosechar beneficios. Es cierto que el descanso es importante. Pero también lo es la reflexión activa, masticando un problema que tienes o pensando en una idea.

Cualquier otra tarea que no requiera del 100% de concentración también puede ayudar, como tejer o garabatear.

De hecho, cualquier cosa que requiera de visualizar resultados hipotéticos o escenarios imaginarios, como discutir sobre un problema con amigos o perderse en un buen libro, también ayuda, dice Immordino-Yang.

Si tienes propósito, puedes incluso activar tu red neuronal por defecto si estás revisando las redes sociales.

«Si simplemente estás viendo una linda foto, está desactivada (la RND). Pero si estás tomándote pausas y permitiéndote analizar la historia más amplia de por qué esa persona en la foto se está sintiendo de esa manera, elaborando una narrativa a su alrededor, entonces es muy posible que estés activando esas redes», dice la investigadora.   

Otro método altamente efectivo para reparar el daño es la meditación: tan solo una semana de práctica para quienes nunca hayan meditado, o una sola sesión para los más experimentados, pueden mejorar la creatividad, el humor, la memoria y la concentración.

Cualquier otra tarea que no requiera del 100% de concentración también puede ayudar, como tejer o garabatear. Como escribió Virginia Woolf en «Una habitación propia» (1929): «Dibujar croquis era un modo haragán de cumplir el trabajo inútil de la mañana. Es, sin embargo, en nuestros ocios, en nuestros sueños, que la sumergida verdad suele salir a flote».

Otro modelo de equilibrio entre tiempo de ocio y de trabajo que romperá de manera total o parcial o no podrá hacerlo con paradigmas instalados desde hace siglos.

Para cerrar lo haremos con algo de humor vinculado:

Vengo a presentar mi tesis: “Apatía, desgana y pereza en el marco de la Sociedad Actual”.

Bien, comience por favor.

No me apetece.

¡¡Brillante!!

Los duelistas !

La historia que vengo a contarles encierra en sí mismo un interrogante crucial, casi diría existencial.

¿Cómo es que una «verdadera amistad» puede derivar en un duelo?

Aún hoy no encuentro repuestas, quizás sólo algunas aproximaciones o reflexiones que surgen de la narrativa, qué a más de cuarenta años del suceso, emergen de mis recuerdos, algo distorsionados, endebles y en baja definición.

Con Guillermo Moreno compartíamos todo o casi todo. Habíamos sido compañeros desde primer grado. Nos habían unido los llantos y sollozos comunes, cuando aquel primer día de clases, nuestras madres nos habían dejado en apariencia abandonados, merced de esas señoras con guardapolvos que intentaban contenernos y consolarnos.

Nuestra primera hora en clase, y por esas cosas del azar, nos encontró sentados como compañeros en un banco de a dos ubicado en la segunda fila del aula. Moreno y Bordolini serían de ahí en más un dúo que se mantuvo unido hasta aquel decisivo día, a partir del cual nuestras vidas empezarían a transitar caminos separados.

Durante ese primer recreo, ambos presos de una profunda congoja por el exilio materno, no atinamos a salir al patio y nos quedamos sentados en nuestros bancos, mascullando pensamientos y soportando emociones galopantes. Cada uno garabateaba lo que podía en el cuaderno de clases, mientras una de las maestras, la que permaneció en clase custodiando a los tristes e irresolutos, nos miraba con ternura.

En ocasión del segundo recreo, fue cuando nos animamos a asomar nuestras narices fuera del aula, aunque de manera muy tímida y prudente. Comenzamos a hablar de quienes éramos, dónde vivíamos y cómo se componían nuestras familias. En las siguientes jornadas, la relación crecería en calidad y acciones compartidas. La amistad con Guillermo se fue complementando con otras amistades que fuimos entablando, a lo largo de todo el primario, con las cuales nuestra principal diversión consistía en jugar al fútbol durante los recreos, usando para ello una pelota improvisada con una media, la cual era rellenada con retazos de telas.

Con Guillermo compartíamos aspiraciones, gustos y expectativas similares. Nos unía el placer de poseer las mejores canicas, de muy variados colores y materiales, además de ser compulsivos adoradores de las figuritas impresas y de los álbumes donde se pegaban. Jamás llegamos a completar ninguno porque siempre nos faltaban las figuritas difíciles, pero siempre estábamos ahí, tratando de cambiar y negociar todo lo que se pudiera. Por otro lado, éramos alumnos buenos y aplicados, con notas elevadas y un elevado concepto de las maestras.

Nos juntábamos en la casa de él o en la mía cuando nos daban tareas para resolver en equipo de a dos y hasta cuatro integrantes. Los resultados de nuestros trabajos mostraban que podíamos trabajar muy bien, respondiendo adecuadamente a las exigentes requisitorias y profundidad de los trabajos que nos encomendaban. El colegio era más bien humilde, pero el nivel de enseñanza era riguroso y bastante minucioso. Estudiábamos a tiempo completo. Las horas parecían no ser suficientes para completar todas y cada una de las tareas. Tanto Guillermo como yo pasábamos gran parte de nuestra jornada fuera del aula completando ejercicios, deberes, buscando material y llevando a cabo las tareas de plástica, donde por cierto contábamos con el apoyo incondicional y muy hábil de nuestras madres.

El primario transcurrió de ese modo, dentro de un ambiente escolar apacible, pleno de travesuras, incidentes y episodios hilarantes. Durante el sexto grado, sin mal no recuerdo el grado, el profesor de gimnasia, formó un equipo de fútbol para jugar un campeonato intercolegial, con el cual salimos subcampeones. Guillermo no tenía el nivel de otros compañeros, no siendo convocado a formar parte del equipo. En este momento de la historia detecto el primer quiebre en la relación de Guillermo con varios de nosotros. Los que formábamos parte de ese equipo que fue casi campeón conformábamos un grupo muy unido y feliz, prestando poca o nula atención a los que no estaban dentro de ese círculo de semidioses del fútbol.

La continuidad de los acontecimientos fue muy rápida e inmanejable. Las semanas sucesivas mostraron un cierto distanciamiento de Guillermo, que en mi caso no fui capaz de acortar. Éramos niños traviesos y juguetones que no reparábamos mucho en cuestiones de sensibilidad o exclusión.

La primera confrontación directa ocurrió en un recreo de aquel sexto grado cuando Guillermo nos hizo una trampa aviesa y descarada, cuando dio por ganada una partida a las bolitas, arrebatando el conjunto completo que estaba en juego. Mis ojos no daban crédito a lo sucedido. Claramente su canica era la más lejana del objetivo, opinión compartida por todos los que participábamos del juego. Sin embargo, él sostuvo su condición de ganador, negando todos los reclamos. Mi dolor más profundo es que además de que yo era el ganador, había injustamente perdido en ese juego mi canica más preciada, aquella que me había regalado el doctor Zanón, traída directamente por él de un viaje a Europa.

El segundo suceso imperdonable según mi condición de niño, fue la apropiación por parte de Guillermo de una figurita que hacía más de un mes que estaba tratando de conseguir. Había pactado con otro niño, en una larga negociación, el canje de esa preciada imagen de Bertoni (el jugador de la selección argentina) por otros tres jugadores de la liga local. Cuando fui a efectuar el canje, el otro niño me dijo que Guillermo se la había llevado dándole cinco figuritas en lugar de tres, como era lo que nosotros habíamos convenido. Mi sorpresa fue mayúscula, amén de que Guillermo ya poseía la figurita de Bertoni. Cuando fui a preguntarle porque lo había hecho, negó rotundamente los hechos, culpando al otro niño de la situación. Mis oídos no daban crédito de lo que escuchaba. Me di vuelta y me fui, preso de una profunda decepción.

El distanciamiento con Guillermo era más que evidente. Mi orgullo ponía freno a cualquier intención de mi parte por preguntarle a que se debían las situaciones que él estaba generando, quizás a pedir disculpas por algún hecho que hubiera hecho sin querer, derivando en esas reacciones adversas de él hacia mi persona. Pienso que, debido a mi naturaleza de niño, se tornaba difícil enfrentar algunas situaciones que me afectaban.

Esa mañana de invierno gélida dentro de la clase la historia, se hicieron mención a los duelos que se pactaban como una manera de resolver el honor mancillado o pisoteado por algún contrincante o adversario político, por algún amante despechado o por otras razones que escapaban a la razón pura. En esa clase la profesora hizo reseña de algunos duelistas, que se batían a espada o a tiros, contando cada uno de ellos con la posibilidad de disponer de un padrino en la contienda, una especie de hombre de confianza y en cierta forma un instructor más avezado en las armas elegidas para dirimir la contienda. Si bien no fue el tema central de la clase, que se enfocó más bien en la historia post declaración de la independencia, quedó en nuestra imaginación que ya contenía las imágenes de cine de dos pistoleros del lejano oeste batiéndose a duelo, esta nueva versión de duelistas enfrentándose con otras modalidades en nuestro propio suelo argentino.

El recreo que siguió a esa clase nos encontró a casi todos jugando un picadito de futbol en el patio trasero del colegio. En uno de los tantos cruces o disputas fuertes por la pelota, quedamos enfrentados con Guillermo, en un choque estruendoso y violento que nos dejó a ambos algo maltrechos y tirados. Nos levantamos como pudimos para empezar una danza de empujones y gritos. Imbuidos del espíritu de los duelistas de antaño, luego de que finalizaran los arrebatos, convinimos en disputar un duelo a la salida del colegio. Nos considerábamos estudiosos y disciplinados, y habíamos aprendido que el comienzo de los duelos se daba cuando una persona le arrojaba o golpeaba con un guante la cara a otra, en señal de desafío y ofensa. Por ello, es que nuestro duelo quedaría solo ahí, en el uso de los guantes que nos servían para protegernos del frío, los cuales, habiendo sido mojados en la mezcla de escarcha y barro de la cuneta de la calle, serían usados como armas para propinarnos guantazos. La decisión fue la de no adoptar ningún padrino y más aún no hacer ninguna promoción de nuestro desafío.

Ese día cuando salimos del colegio después del mediodía, la escarcha aún se mantenía en los cordones cuneta de las calles. Los fríos eran intensos y prolongados, provocando varios días seguidos de temperaturas bajo cero. Los compañeros que salieron con nosotros no entendían muy bien de que iba la cosa, cuando nos vieron mojar nuestros guantes de lana en la acera llena de hielo y barro. Los que se quedaron a observar, quedaron atónitos cuando vieron este enfrentamiento a guantazo limpio, entre Guillermo flaco y alto, y Marcelo petiso y algo más morrudo. Recuerdo como si fuera hoy que recibí el primer guantazo en la cara, sin poder atinar ninguno sobre mi rival que fue muy hábil para esquivar todos mis guantazos. Su altura y mayor flexibilidad le sirvieron muy bien para dar la primera estocada y luego evitar recibir alguna de mi parte. La contienda duró menos de un minuto, ya que fuimos separados por nuestros compañeros, que aún no comprendían cabalmente que estaba sucediendo.

Luego nos retiramos cada uno por su lado, sin ningún comentario, cada uno caminando junto a algunos compañeros, que nos preguntaban que nos pasaba, sin encontrar por cierto ninguna respuesta de nuestra parte. Este duelo singular marcó el fin de una amistad que había conocido mejores momentos en el pasado.

Jamás volvimos a hablar del tema, pedimos a la maestra que nos cambiará de banco y los amigos casi inseparables, desunieron sus destinos hasta el final de la primaria.

Mantuvimos de ahí en más una relación más bien fría y de compromiso, sin coordinar acciones conjuntas.

La historia de un duelo simbólico entre niños que seguro nos sirvió para crecer y aprender, pero que en el fondo fue un episodio mucho más negativo que positivo, conforma parte de aquellas cosas de las cuales uno nunca termina de sentirse orgulloso y preferiría que no hubieran sucedido.

Historias como estas, mezcla de cosas serias, travesuras y honores mancillados, conviven con nosotros dejándonos más interrogantes que respuestas.

Por ello es que aún resuena en mi cabeza el interrogante inicial de este relato:

¿Cómo es que una verdadera amistad puede derivar en un duelo?

Es probable que pueda ser reformulada a una pregunta más general:

¿Cómo es que una relación de amistad puede terminar?

O más bien, por la positiva:

¿Cómo es que una relación de amistad puede ser alimentada para que siga siendo fructífera?

Las respuestas son muy personales, por cierto.

Mi afición a las contiendas duró muy poco y me sirvió para entender las diferencias, y la necesaria aceptación de los distintos puntos de vista.

Aún hoy, este ser humano inacabado, pretende lograr un mejor conocimiento de si mismo, para lograr un próspero entendimiento con los demás.

«La tarea no se acaba nunca».

Este cuento que tuvo introducción y desarrollo, tiene un final con condimentos de suspenso que no encuentra las palabras adecuadas para cerrar.

¡Cuanto menos todos nuestros intentos por hacerlo valen la pena!

Tras los pasos de Ana !

Una tarde espléndida nos encuentra recorriendo una hermosa región de Italia. Mis ojos no alcanzan a abarcar la plenitud y la belleza de esas montañas que son parecidas a otras tantas, pero que tienen un encanto especial. Una llamada ancestral reverbera en mis genes invitándome a recuperar parte de mi esencia. Esta geografía friulana es la misma que pisaron mis antepasados, que cultivaban sus tierras, algunos en las cercanías del río Tagliamento, otros en los márgenes del río Noncello. El primero desemboca en el Adriático, el segundo es navegable, hasta desembocar en el río Meduna, el cual llega casi hasta Venecia. Todos estos ríos nacen en los Alpes y tienen un corto recorrido hacia el mar.

Plantaciones de vides proliferan en toda el área, dando un marco esplendoroso, muy rico en aromas y abundante en colores. La región friulana estuvo dominada por varios países y tiene influencias eslavas, austríacas, venecianas y francesas. La combinación de todas estas vertientes culturales hasta cerca del 1900, cuando se consolidó la republicana italiana, derivó en la generación de una región única, que fue atesorando lo mejor de esas culturas, para convertirse en una región con una identidad propia, indescifrable, impactante y poderosamente atractiva. En toda esta región se habla una lengua distinta al italiano, el friulano o furlano que tiene raíces, construcciones y palabras propias de varias lenguas, predominando además del italiano, los influjos eslavos, franceses, alemanes, romaníes y húngaros.

Cuatro provincias componen la región del Friuli-Venezia y Giulia (la contradicción con el nombre es que Venezia no forma parte de esta región). Pordenone es quizás la más cercana a la cultura del Véneto. Próximo a Aviano (lugar de nacimiento de mi bisabuela materna Ana), emerge el monte Piancavallo que es la pista de esquí más cercana, situada en las Dolomitas friulanas. Udine, es la provincia, que al decir de sus habitantes es la que mejor representa la identidad friulana.  En las orillas del Tagliamento, se encuentra la pequeña comuna de Rivé Dárcano, lugar de nacimiento de mi bisabuelo materno Giovanni Giuseppe. Udine es la provincia más extensa y poblada. Limita con varios países, tales como Austria y Eslovenia. Goritzia es una provincia pequeña, y quizás la más eslava culturalmente. Por último, aparece Trieste, la más diminuta de todas y cuya capital homónima supo ser la capital del Imperio Austro Húngaro. Esta ciudad es una pujante economía portuaria del mar Adriático, en la cual es posible encontrar un crisol de culturas e identidades cosmopolitas.

Mientras recorro la ciudad de Pordenone (una ciudad puerto sobre el rio Noncello en la época de dominio Veneciano) me reencuentro con algunos paisajes que me resultan familiares. Esta calle peatonal que estoy transitando, con veredas techadas, es la misma que probablemente caminaron mis ancestros friulanos. En algunos tramos se llama vía Dele vedue (en friulano), o en italiano Della Vedova (como mi apellido materno) o en español “de la viuda”. Me detengo a contemplar una pastelería y chocolatería que me asombra. Se pueden apreciar numerosos objetos de chocolate, confeccionados y pintados de manera artística a la perfección: zapatos, carteras, botines de fútbol, flores y tantos más. Peratoner es el nombre de este paraíso del chocolate, que se encuentra funcionando desde el año 1873.

Imagen de la chocolateria Peratoner.

Protegido del sol, gracias a esta vereda techada, continúo mi recorrido. La calle desemboca en una catedral-iglesia majestuosa. La iglesia catedral y campanario de San Marco se levanta ante nosotros, invitándonos a pasar. No tengo palabras para describir tanta belleza. Me siento en uno de sus bancos siguiendo una llamada interior, que me invita a orar y rezar frente a su altar. Durante unos diez minutos permanecí en un estado de quietud y paz interior como hacia mucho tiempo no estaba. La conexión me sirvió para desenredar esa maraña de pensamientos que me mantenían confuso, para ver con claridad de donde vengo y hacia dónde voy.

Vista interior de la iglesia-catedral de San Marco.

No recuerdo exactamente el momento en el cual me levanté para recorrer nuevamente ese sagrado templo, en el cual viví una experiencia inolvidable. Mis ojos intentaban en vano acumular imágenes mientras mi corazón desbordaba de emociones. A cada paso que daba agradecía la posibilidad de haber conocido este lugar tan caro para mis sentimientos.

En la caminata de regreso nos sentamos un ratito en un banco frente al rio Noncello (el río que no se esconde), donde pude observar sus aguas presurosas que bajan al encuentro del Meduna. Otro momento de calma y contemplación que me hacían falta para completar una siesta-tarde de recogimiento. Algunas gotas caen, tornando el ambiente aún más caluroso y húmedo. Sin embargo, nada me saca de este momento de íntima conexión.

En toda mi estancia en el Friuli encuentro a mi mamá Ana, en cada rincón, cada fragancia, cada destello luminoso o cada detalle de belleza. «Su rostro de muñeca, sus pelos dorados y su impronta femenina son propios de este lugar».

Recorriendo estos lares he podido comprender la naturaleza de su personalidad, sus acciones y sus convicciones más profundas. Ana, es la mujer que buscaba la perfección a cada paso, en todo lo que hacía. Intentaba producir todo con primor, sin máculas, ni detalles. Mientras estaba sentado en ese banco de la iglesia de San Marco, pude recibir algo de su inquebrantable fe y mientras oraba ella estaba conmigo, allí presente.

Ana, la que nos regaló su amor, su compromiso y su abnegada convicción por la vida, tiene un origen lejano y al mismo tiempo tan cercano para mí. A cada paso por el Friuli, todo se hace tan evidente y tan perteneciente a ella, que de solo mencionarlo todos mis sentidos se estremecen.

Ana, la mujer siempre elegante, arreglada y respetuosa, es una proyección escapada de esas tierras que tienen una identidad tan particular e inimitable.

A menos de un año que abandonaras este mundo físico, he podido reencontrarme con tu esencia lejos de casa, en una región italiana singular, que explica bastante tu quehacer y tus ideales.

Cada viaje tiene un significado especial, una marca indeleble. En este caso, jamás olvidaré este reencuentro con parte de mi naturaleza, haber caminado los pasos de mis ancestros y por, sobre todo, haber podido ver los ojos verdes de Ana a cada paso y en cada momento que inspiraba el aire friulano.

Este recorrido por mis tierras ancestrales, me produjo una felicidad sin igual, y muchas ganas de revivir esa posibilidad.

Porque no existe una razón, porque hay cosas que no son fáciles de explicar, esas tierras se han quedado en mi corazón.

Quizás, la única explicación válida sea que esos paisajes, lugares, iglesias, ríos y montañas, me devuelven una imagen desestructurada de Mamá. Esa mujer que me amó por encima de toda dificultad, tejiendo con lana esos perfectos y hermosos abrigos para mí, acompañando mis pasos y siendo feliz con mis éxitos.

Por eso hoy más que nunca, necesito culminar, con este título sobre una parte de mi viaje por Italia, que quizás lo explique todo.

“Tras los pasos de Ana, mi querida Mamá”.

¡Viajar nos hace un poco nómades!

Los seres humanos fueron en sus inicios esencialmente nómades. Las justificaciones para esa manera de vivir tienen que ver con su necesidad de proveerse de recursos para su subsistencia, mejores condiciones de habitabilidad, seguimiento de las manadas de animales y los cursos de agua. Vale decir que el hombre primitivo no viajaba por placer o trabajo tal cual lo conocemos hoy, sino para proveerse de todo lo que le hacía falta, más equilibrado con la naturaleza y generando muy poco impacto ambiental. Era un ser eminentemente cazador y recolector. Confiaba plenamente en que sus habilidades, destreza y fuerza físicas serían más que suficientes para conseguir alimentarse, vestirse para protegerse del frío y habitar refugios naturales tales como cuevas o cavernas. Una vida sustentable salvando el detalle de que la esa condición había que ganársela minuto a minuto, palmo a palmo durante nuestros constantes viajes de exploración, con variados períodos de estadía en los distintos lugares que habitaba de manera momentánea.

Su permanencia en tal o cual lugar se regía por la presencia o no de recursos que les fueran útiles para cubrir sus necesidades vitales. La densidad de población era de unos cientos de miles, quizás llegando a algunos millones desparramados por la geografía de vastas regiones de lo que hoy conocemos como Europa, Asia y África. Estos continentes según estimaciones científicas se piensan que estaban de alguna forma unidos, lo que facilitaba las migraciones de todos los animales, entre los cuales estaba el hombre. Las fuentes de alimento no eran estables, ni remotamente predecibles, por lo que prosperar poblacionalmente no era sencillo, ni práctico de hacer.

El sedentarismo arranca con el desarrollo y evolución de la agricultura lo que posibilitó contar con fuentes de sustento abundantes y algo más predecibles. Esto provocó una explosión demográfica y sostenido desarrollo, dando lugar a la creación de comunidades y ciudades organizadas en torno a la producción de alimentos. La revolución industrial y todos los avances tecnológicos posteriores nos llevaron a niveles impensados de población, llegando hasta los estadios de la revolución tecnológica donde el agrupamiento y crecimiento en torno a ciudades tienen más que ver con la presencia o no de recursos digitales o digitalizables. Muchas máquinas hacen el trabajo pesado por nosotros, quedando la actividad del hombre cada vez más circunscripta a la generación de más tecnología, con la esperanza de que quizás cuando este planeta se torne inhabitable, podamos migrar hacia otros, llevando con nosotros varias lecciones aprendidas, para no repetir en esos nuevos destinos. Cuanto nos queda en nuestra hermosa tierra dependerá de nosotros, ahora lo sabemos de manera muy palpable. Es probable que si no cambiamos nuestros hábitos no lleguemos a la etapa del enfriamiento definitivo del núcleo de nuestro planeta unos 2.500 millones de años más tarde a partir de hoy, siendo aún más probable que ya estemos viviendo en otras tierras.

¿Quiénes tendrán esa posibilidad de colonizar nuevos planetas?

Por ahora existe una nueva modalidad de nómadas digitales los cuales siguen las oportunidades de desarrollo digital del mismo modo que nuestros ancestros seguían a las manadas de animales.

Del mismo modo conservamos hoy la posibilidad de sentirnos un poco nómades en ocasión de un viaje al destino que sea, acrecentando esta distinción según la distancia y la afinidad cultural del destino al que vayamos, incluida por supuesto nuestra más desarrollada característica humana, la posibilidad de expresar nuestras ideas con palabras.

Para pasar del terreno filosófico a cuestiones más concretas respecto de ser un «homo viajero», hace unos meses el ingeniero Jorge Hilbert del INTA organizó un viaje a Europa con el objetivo de seguir profundizando nuestros conocimientos en energías renovables. En este caso particular, se pudo organizar que un contingente de personas de Argentina pudiéramos visitar una feria técnica en Birminghan, Inglaterra, enfocado en la digestión de materias orgánicas de variadas fuentes, entre los cuales se incluyen distintos granos y sus plantas, residuos industriales, el aceite de cocina ya descartado, la basura domiciliaria y residuos provenientes de los mercados de frutas y verduras. Este proceso de reacción biológica produce biogás, que luego puede ser purificado para producir biometano (que reemplaza al gas natural de la red domiciliaria) y puede ser quemado para generar electricidad renovable. Asimismo, de los motores se obtiene energía térmica que puede tener múltiples usos, además gas carbónico licuado y biofertilizante orgánico para reemplazar a los fertilizantes químicos.

El contingente que viajo a Inglaterra estaba compuesto además de Jorge, por la ingeniera Laura Galizia, compañera de trabajo mía en Bioeléctrica y experta en el proceso de digestión usando muchos y variados sustratos además de formar parte del staff de la empresa de ingeniería Biomass, la cual desarrolla, diseña y vende muchos proyectos de energías renovables de biogás y los ingenieros Martín Pino y Ezequiel Weibel, los cuales poseen su propio emprendimiento de diseño y construcción de este tipo de procesos.  Por último, quien escribe este blog, quien además de ingeniero, es un principiante de las letras, haciendo lo que puede al respecto. Jorge, el cual tiene mucho camino desarrollado en la promoción y desarrollo de las energías renovables con base en la digestión de biogás, exponía en la feria sobre la temática del estado y evolución de esta industria en Argentina, la cual por cierto aún no tiene la difusión, importancia y alcance que en estas latitudes que estuvimos visitando. Estos sistemas sirven muy bien para descarbonizar o desfosilizar (si es que existe esta última palabra) nuestra matriz de energía, generando estos subproductos que mencionamos, un ejemplo concreto y superador de una verdadera economía circular que creo que tenemos que impulsar fuertemente en nuestra país y región.

Este sábado visitamos una planta a 120 kms de Londres que hace todo lo mencionado en el párrafo anterior , y que es además un ejemplo a seguir. Ayer algunos del contingente visitaron dos plantas en Inglaterra que usan decomisos de productos vencidos, basura de vertederos municipales y otros sustratos orgánicos residuales para producir biometano y electricidad. Es increíble ver como se separa lo orgánico de todo el resto de residuos (plásticos, maderas, etc, etc) para que algo que parece que no tiene valor, lo encuentre con creces en la generación de biogás, siendo un factor clave en la lucha contra el cambio climático, a favor de la sustentabilidad del planeta y de un mejoramiento general de como y para qué hacemos las cosas. Joaquin,quien es el Jefe de esta Planta, un español de la Coruña, nos atendió de mil maravillas por espacio de unas 3 horas. Pese a una demora no deseada se quedó a esperarnos y se prodigó a más no poder para que pudiésemos aprender todo lo posible. Todo el agradecimiento para él. Increíble nuestra fortuna de encontrar a una persona que hablara en castellano y que además fuera tan solicito y amable para responder todas nuestras preguntas sin escatimar ningún detalle. De haber sido en inglés, y si bien todos en mayor o menor medida hablamos ese idioma, quizás nos hubiésemos perdido varios detalles.

Nuestro viaje no termina acá, ya que desde este Domingo pisaremos suelo italiano, donde se sumará otra contingente de personas dedicadas, comprometidas y apasionadas con esta nueva manera de ver y hacer las cosas. Durante toda la semana que viene visitaremos plantas de digestión y fábricas de tecnología aplicada para hacer más eficiente estos procesos ya mencionados. Hemos formado un grupo de viajeros muy bueno, los cuales compartimos las ganas de incrementar el desarrollo de esta industria en nuestro país.

Un agradecimiento especial a Jorge por esta oportunidad y al resto de mis compañeros de viaje. Se valora mucho todos los intercambios y amabilidades.

Anécdotas del viaje de un nómade que se acuerda poco de serlo!

Ana Laura, además de saber muchísimo de biogás, es una excelente organizadora de viajes. Creo que sin su desinteresada colaboración yo no hubiera llegado a muchos lados (tantos trenes y vuelos).  Tanta precisión organizativa sorprende y se agradece infinitamente.

Por otro lado, ha sido testigo privilegiada de algunos percances menores que nos han pasado, y que no dejan de ser risueños (casi todos sucedidos a quien suscribe).

El primero de ellos fue mi valija con cuatro ruedas que producto de la pendiente y mientras esperábamos un taxi en el aeropuerto de Buenos Aires, ha salido a buscar mejores aires, recorriendo algunos metros hasta caer sobre la calle a unos metros de la vereda. Por suerte sin consecuencias para la valija ni para ningún auto, ni para nadie en las cercanías.

El segundo nos sucedió a los dos en ocasión de tomar el metro hacia Heatrow, cuando estando cerca del andén, sentíamos que alguien silbaba con fuerza un pito, pero no percibimos que era con nosotros, sino hasta que la gente que estaba parada cerca nuestro nos empezó a hacer señas para que saliéramos fuera de la línea límite demarcatoria porque eso era lo que estaban pidiendo. Una vez que salimos presurosos, las mismas personas comenzaron a reírse con nosotros, porque se comportan por lo general muy educadamente hasta para reírse.  No se ríen de uno, sino toda vez que uno se toma las cosas con humor.

El tercero me dio la posibilidad de ser dueño de una porción de suelo de las adyacencias del palacio de Buckingham, cuando en ocasión de buscar posición para tomar una foto, fui recorriendo terreno marcha atrás hasta encontrar una barandilla mal ubicada (como para exculparme queda bien decirlo así, pero estaba bien puesta), la cual provocó mi caída hacia atrás de espalda sobre mi mochila, la cual amortiguó y ayudó a que no sufriera ningún percance mayor. Había muchas personas ya que era un viernes por la tarde de mucho calor, las cuales me miraron sorprendidas y sin saber mucho qué hacer ya que me levante muy presto y orondo, como diciendo acá no ha pasado nada.

El cuarto nos sucedió cuando estando esa misma tarde en el centro del Green Park, nos habíamos sentado a degustar unas típicas hamburguesas en unas reposeras que se encontraban libres. Nos todas estaban ocupadas, y muchas personas estaban sentadas en el pasto. Eso no nos llamó la atención hasta que vino un señor y muy amablemente nos preguntó si habíamos pagado las reposeras, ya que sentarse en cada uno de ellas costaba unas 3 libras esterlinas, o sea unos 800 pesos argentinos. Le dijimos que nos disculpara que no sabíamos, y acto seguido nos levantamos, caminamos unos metros y nos sentamos como muchas personas en el césped y bajo la sombra a degustar nuestra comida.

El quinto obedece a que todos los escalones o resaltos que en Argentina se señalizan pintados de amarillo, en ocasiones con franjas oblicuas negras, en estos lares y en zonas de tránsito público se pintan solo de blanco. Eso provocó que varias veces enganchara mi pie con alguno de ellos, hasta que mi cerebro se calibrara adecuadamente para la nueva situación. Una vez estuve a punto de trastrabillar, pero zafé bastante bien. Mención especial asimismo para le hecho de que se conduce sentado en el asiento y por la mano contraria, por lo que uno debe estar atento todo el tiempo a la hora de cruzar una calle, cambiando rápidamente nuestro mapa mental para seguir siendo precavido y cuidadoso como peatón.

Un viaje excelente, con un muy buen grupo de profesionales y personas, con las cuales se puede compartir y aprender mucho, en un país donde el nivel de desarrollo técnico es muy elevado.

¿Qué más puede pedir un sedentario devenido en nómade transitorio?

Acá en Inglaterra este Domingo se celebra el día del Padre. Eso tenemos en común entre otras cosas.

Un saludo especial para todos los padres, los que nos acompañan y los que no están ya con nosotros de manera física aunque de seguro en nuestro cariño.

Papá Ramón, busco algunos recuerdos tuyos en mi corazón. Esa sonrisa tan especial que te caracterizaba, y con algunas lágrimas en los ojos, sólo tengo que decirte que fuiste y eres una de las mejores personas de mi vida. Sin tu amor comprometido, tu vocación por transmitirme la importancia de aprender y el don de los valores que me legaste, es probable que no hubiese tenido esta posibilidad de tratar de ser cada día un poco mejor.

En tu día, te doy las gracias de todo corazón!

Te quiero Papá!

El debutante !

La historia parece repetirse inexorablemente. Las semejanzas son aportadas por el hecho de que nuestro cerebro para gastar menos energía, busca ante cada evento una situación ya vivida en el pasado, que contenga elementos con características comunes. De ese modo nos ayuda a sortear obstáculos o situaciones inesperadas, trayendo los files que nos permiten tomar decisiones para sobrellevar las cosas.

Si escuchamos a alguien que empieza su alocución con una frase tal como: «Había una vez……», nosotros automáticamente nos preparamos para escuchar un cuento. Por lo tanto, nos quedamos a la espera de una introducción, un nudo y un desenlace. Nuestro cerebro nos dice, «esto ya lo viviste». Hasta ahora todo parece un cuento de hadas, pero he aquí que nuestra condición humana no sólo contiene razón, sino que nos conecta indefectiblemente con algo más primitivo, aquello que denominamos como «emociones». Por lo general nuestros recuerdos grabados a fuego, son aquellos en los cuales nuestras emociones han estado trabajando a pleno. Miedo, alegría, enojo, frustración, tristeza, felicidad, calma, risa o llanto son componentes esenciales, únicos e irrepetibles con los que cada uno de nosotros vive una situación determinada, pasando en un mismo acontecimiento a vivirlas de manera desordenada y caótica, por momentos juntas y todas a la vez. Mientras esas emociones se suceden nuestro cuerpo pasa por distintos estadios de quietud o acción dependiendo de esos disparadores casi inmanejables.

Poner conciencia ante eventos nuevos o inesperados, de modo tal de aquietar o amortiguar nuestras sensaciones, es un arte cuyo dominio resulta inalcanzable. Ante cada nuevo examen que rendimos, nuestro cerebro nos va conectando con las experiencias anteriores, las cuales nos hacen sentir emociones semejantes aunque influidas por nuestros «nuevos estar siendo para la ocasión» y por otros detalles no menos importantes: si estamos bien dormidos o no, si hace frío o calor, la discusión previa que tuve en casa, cuán preparado me siento (no cuánto efectivamente sé), y otras cuestiones que una vez pasado el trance nos suenan a infantiles o nimiedades, pero que en la coyuntura alcanzan la talla de un Goliat.

Si esa respuesta la sabía, pero…… ¿qué me pasó que respondí mal?

Pues todo esto que les estoy tratando de explicar (pido disculpas si no lo he logrado) adquiere una dimensión especial cuando el devenir nos pone frente a la instancia de «un debut».

Esta semana nos tocó vivir en la empresa una jornada de entrenamiento para «mejorar nuestra condición de oratoria y discurso ante el público». Nuestras profesoras Delfina y Lucia, la primera escritora, la segunda actriz, fueron realmente unas genias, tratando de pulir estos diamantes en bruto, intentando por todos los medios que obtengamos un buen inicio, un aceptable final, y que transitemos el desarrollo mediante algunas boyas que nos sirvieran de ancla para desenredar la historia en nuestra mente. Al mismo tiempo, hicieron sus mejores esfuerzos para que aprendiésemos a vincular la historia que contábamos con distintos tonos de voz, expresiones faciales y posturas corporales, que acompañando al estilo que nos caracteriza, sirvan para matizar el relato con condimentos emocionales de alegría, tristeza, angustia, miedo, tranquilidad o paz. De ese modo, nos explicaban, se logra transmitir un mensaje recargado, que les permita vivir a los demás lo que nosotros ya hemos vivido y ahora estamos compartiendo. Creo, en lo personal, que los doce participantes, y gracias a la conducción magistral de Delfina y Lucia, pudimos al cabo de las dos medias jornadas, lograr un cometido ciertamente decoroso.

Al final de la segunda jornada, nos tocó pasar a contar a cada uno de nosotros su historia frente a los demás. A medida que los que me precedieron pasaban y relataban de manera exitosa, durante un poco más de tres minutos sus motivadoras historias, los nervios se iban apoderando de mí. Los sujetaba diciéndome: «lo vas a hacer bien, porque ya lo has hecho antes». Al mismo tiempo mi cerebro se esforzaba por encontrar en mi disco duro alguna semejanza palpable con algún suceso del pasado. Mientras escuchaba atentamente a cada uno de los oradores, me invadía la sensación de que todos ibamos a poder sortear la enrucijada.

Luego de mi exposición me sentí muy aliviado, percibía nítidamente que había contado mi historia desde el corazón, mostrándome tal cual soy, más allá de un cierto acting y de errores no forzados o no deseados.

¿La historia acaba así nomás?

De ninguna manera…

Casi siempre cabe otra historia dentro de una historia que se está contando.

Procurando hoy develar el misterio de que es lo que intentaba encontrar mi cerebro buscando afanosamente en mi disco duro (algo rayado), mientras esperaba mi turno de entrar al escenario, me sentí atravesado por una revelación, que iluminó la oscuridad de mis recuerdos.

Allí me encontraba yo, esa mañana fría de junio, siendo un niño de colegio primario parado al borde de una cancha de futbol, dentro del predio del Profesorado de Educación Física de la ciudad de Córdoba. Ese día participábamos por primera vez de una final de un torneo de futbol infantil, siendo nuestro contrincante la prestigiosa Academia Argüello. Nosotros concurríamos al colegio parroquial San Roque, una humilde escuela de Villa Corina, en la zona noreste de la ciudad. Un campo de juego de dimensiones pequeñas, para equipos de sólo seis participantes, vale decir un arquero y cinco jugadores de campo. Si bien, yo había jugado en los entrenamientos, aún no lo había hecho nunca de manera oficial, sabiendo de antemano que mi condición era la de ser suplente.

Yo sentía una gran admiración por las destrezas futbolísticas de mis compañeros: el arquero Coqui Ruiz, nuestro delantero estrella el Búfalo Mansilla, acompañado por el veloz Gustavo Marziali, la defensa compuesta por el Gringo Conci, el Colo Gabriel Aguirre y Roberto Acuña, y nuestro ariete central Daniel Nievas, o el maestro Horacio Cano, más los polifuncionales Javier Ruiz, Fernando Montenegro y Alejandro Ruiz. (la memoria me trae estos nombres, mil disculpas por los probables errores u omisiones de nombres o posiciones). Muchos de ellos eran titulares indiscutidos, mientras que yo solo era un diminuto delantero rápido o quizás enérgico pero bastante torpe, que entraba cuando alguno se golpeaba, o porque de vez en cuando hilvanaba algo interesante como delantero por la derecha.

Esa mañana inhóspita de sábado estaban presentes muchos padres y familiares que habían concurrido a alentarnos. Eran nuestra hinchada que se situaba sólo separada por unos metros de la numerosa hinchada rival, la cual contaba con muchas banderas de su colegio y elementos sonoros para alentar. La noche anterior a ese posible debut (no era seguro que debutara) no había dormido muy bien. Los nervios me habían consumido y desvelado. Papá Ramón me había llevado, intentando por todos los medios darme algo de tranquilidad. Mis ojos lo divisaban en el lateral del frente a donde estábamos nosotros, junto con el resto de familiares que nos vitoreaban intensamente. Ese día no se encontraba Alejandro , profesor de educación física, nuestro técnico y uno de los organizadores del evento. Una situación familiar dolorosa lo había obligado a viajar a Brickman, su ciudad natal. Su reemplazante fue el papá del Bufalo, el cual armó nuestra formación de arranque, la cual inició el partido con todas las ganas del mundo.

El partido fue de entrada muy disputado, de hecho, estuvimos igualados en cero durante un largo rato, con pocas situaciones concretas de gol. No recuerdo si a finales del primer tiempo (se jugaba a dos tiempos de 20 minutos cada uno) o al inicio del segundo, nuestro rival abrió el marcador. En una jugada donde predominó finalmente la habilidad del mejor jugador del equipo contrincante sobre nuestra defensa, que había resistido con fiereza varios embates, la valla custodiada por nuestro arquero Coqui Ruiz fue vencida. Luego del 1 a 0 en contra, el partido se nos hizo muy cuesta arriba. El técnico sustituto Mansilla, empezó a meter cambios que no daban los resultados esperados, ya que no arrimábamos peligro al arco rival. La ansiedad y nerviosismo se apoderaron de todos los jugadores de nuestro team, no así de nuestra afición que conservaba la fe en nosotros y seguían alentando a más no poder.

Faltando unos diez minutos para terminar, me sentía decepcionado por partida doble: «íbamos perdiendo y no iba a poder debutar». Me embargaba la tristeza de que mi papá, el cual no había concurrido a su estudio contable a trabajar, para poder ver y alentar al equipo donde jugaba su hijo, no viera al menos unos minutos míos dentro de la cancha. Sin embargo, unos instantes después fui llamado por el técnico para reemplazar a uno de los delanteros. El acto de ingresar me posibilitó pasar de la quietud acongojada a la acción total ni bien recorrí mis primeros metros dentro de la cancha.

Al ver la actitud que puse ni bien pisé el campo de juego, una persona que alentaba al equipo rival, me endilgó inmediatamente el mote de “la hormiga atómica”.  Eso derivó en una serie de cantos alegóricos de la tribuna rival donde ese apelativo fue usado para rimar junto a otras palabras, con pretensiones manifiestas de desgastar nuestros ánimos. La hinchada rival no sólo cantaba, sino que hacía sonar de manera estridente unas bocinas y cornetas a gas que habían llevado. Mi primera y casi única intervención relevante fue una corrida por la derecha, donde superé a un defensor y cuando me enfrenté al segundo me enredé un poco con la pelota, aunque pude dar un pase medio mordido a mi compañero delantero que avanzaba libre por el centro, con posibilidades de convertir el empate. Su definición se fue por centímetros afuera del arco, ya que no pude definir bien cuando el arquero rival salió a cortar. Mi pase había sido algo defectuoso y a destiempo de su corrida, lo que no facilitó la potencia y precisión requerida para rematar al arco.

El partido no tuvo ninguna otra instancia a favor para poder empatar y forzar la definición por penales. Participé de varias jugadas más donde no pude concretar nada fructífero para el equipo, el cual finalmente cayó derrotado por la mínima diferencia, habiendo dejado toda la entrega en la cancha. El rival festejó el campeonato con alegría desbordante y merecida, en medios de vítores y abrazos de los padres a los triunfantes jugadores, mientras nuestra congoja se expresaba en tristeza y llanto. Recuerdo que mi papá se acercó a nuestro grupo para felicitarnos por todo lo que habíamos hecho, con esa sonrisa que siempre lo caracterizaba aún en los momentos difíciles. Después de saludar a todos, durante el recorrido hacia el auto, me dijo que había jugado muy bien, que la práctica del deporte de competición tenía buenos y malos momentos, que el combo servía para mejorar y crecer.

Habiendo vivido muchos eventos más de ese tipo, donde en el debut te toca perder o ganar, a veces contra un rival, otras veces contra uno mismo, llego a la conclusión de que lo importante es animarse a dar el primer paso con la confianza puesta en nuestras habilidades, con las emociones a flor de piel, y con la conciencia plena de que siempre se puede mejorar si uno pone la constancia y dedicación necesarias. El talento es muchas veces superado por la actitud perseverante y las ganas de continuar más allá de cualquier obstáculo o imposibilidad.

Lo importante es mantener la actitud debutante…

Ser un convencido de que lo único necesario es aprender a vencer la timidez..

Saber que si bien ignoramos mucho al mismo tiempo contamos con una enorme capacidad para aprender.

El debutante es siempre falible, pero en cada debut va creciendo su potencial para acariciar algún éxito.

Sólo anímate a debutar y verás…..

«Escenarios hay de sobra, protagonistas son los que faltan».

54 vueltas completas al sol !

El tiempo cronológico no detiene su marcha. Las etapas de nuestra vida discurren inexorablemente, con o sin prisa, pero sin pausa. Siendo niño me parecía un hito inalcanzable «el llegar a ser grande». Los mayores hacían cosas que los niños no podíamos hacer. Eran padres, trabajaban, tenían casa, auto, dinero, ocupaciones, se desempeñaban profesionalmente, y fundamentalmente yo los percibía como «aquellos que tenían la vida resuelta». Las responsabilidades y tareas de los grandes los mantenían ocupados o al menos siempre preocupados. Pero ellos tenían el poder de decidir sobre nuestras vidas, otorgando o no ciertos permisos, eligiendo tal o cual colegio, seleccionando nuestra ropa y lo que estaba permitido comer o no. Nuestras opiniones contaban sólo hasta un cierto punto relativo, con el consabido límite de “esto es así porque es así”.

En ese mismo espacio vital nos sentíamos de igual forma contenidos por un sinnúmero de palabras, gestos y acciones que nos daban seguridad. Papá y mamá se prodigaban diariamente para que no nos faltara nada, para que tuviéramos todo lo necesario para que nuestro desarrollo humano estuviera garantizado. Mis recuerdos de la niñez son bellos porque están ligados al amor de mi padres, a esos abrazos y besos antes de dormir, a las fiestas de cumpleaños donde terminábamos muertos de cansancio, pero plenos de felicidad. Cada congoja era absorbida por los ojos brillantes de mamá cuando me miraba y por el influjo de sus manos que me acariciaban, para darme esa tranquilidad que estaba necesitando a gritos.

Los niños estudiábamos, nos divertíamos jugando y cada tanto hacíamos esas preguntas para las cuales no existían respuestas contundentes y absolutamente válidas.

Casi todas las preguntas empezaban con un qué, un por qué, dónde, cuándo, cómo, quién y algunas veces un para qué.

¿Cómo es el cielo? ¿Cómo es el infierno?

¿Quién es Papá Noel?

¿Dónde se va la gente cuando se muere?

¿Por qué tengo que ir todos los días al colegio?

¿Cuándo puedo salir sólo?

¿Qué es la libertad?

¿Para qué vamos a la casa de la tía si a ella no le gusta que vayamos?

Las preguntas sin respuestas concretas eran nuestra especialidad única, como un preciado sello distintivo.

Otra característica común de nuestra niñez es que soñábamos con ser de muchas maneras distintas y todas a la vez. Podíamos ser bomberos, ingenieros, profesores, pintores, escritores, jugadores de fútbol, doctores, abogados, policías, cowboys, sin saber muy bien por qué y para qué. Los sueños tienen la magia de poner nuestras emociones a flor de piel, de permitirnos vivir y saborear la vida sin prejuicios, posibilitándonos lo imposible e imaginando una particular y personal manera de hacer las cosas.

Las preguntas para los cuales nuestros mayores no tenían respuestas, encontraron o no los ecos necesarios durante nuestra madurez. Tal es así, que algunas quedaron olvidadas cuando empezamos a vivir nuestras propias ocupaciones y responsabilidades. Otras se reflotaron en las voces de nuestros hijos y aún siguen siendo una total incógnita. Los sueños se fueron cristalizando o no con los años. El balance de sueños realizados es de difícil certificación, ya que algunos de ellos fueron reemplazados por otros distintos, unos tantos validados parcialmente y una parte abandonados o echados al olvido.

Con cada celebración de cumpleaños, revivimos nuestro big bang inicial, festejamos el seguir siendo parte de este camino de preguntas sin respuestas absolutas, disfrutamos de continuar soñando, aunque no todos los sueños se alcancen en realidad.

En este cumpleaños número 54, el primero sin papá y mamá, siento la presencia de ellos en mi corazón, sus manos en mis manos y su amor en mi amor. La gratitud de haber recibido tanto de esos seres maravillosos y esenciales, que pusieron sus valores, compromiso y cariño mientras me regalaban parte de su vida.

En este cumpleaños número 54, mi vida es compartida con mi esposa Eugenia y mis hijas, que celebran y comparten conmigo esa vocación de perseguir anhelos, mejorar y prosperar, aún cuando no se tenga todo tan claro. Ellas se llevan y merecen gran parte de mi devoción.

En este cumpleaños número 54 agradezco los saludos de tanta gente que dibujan pinceladas en el lienzo de mi vida, compañeros de trabajo, amigos y hacedores con los cuales me vinculo.

En este cumpleaños número 54, agradezco a mis familiares y amigos que me acompañaron en todas las celebraciones y pusieron su presencia, gestos y acciones. A la torta de mi cuñada Laura, a las atenciones de mi suegra Coqui, y a todos los que levantaron su copa para brindar conmigo. Me siento acompañado en mi condición de huérfano por el cariño mutuo de mis hermanos Carlos y Claudia.

Para todos ellos mi más sentido agradecimiento. No hay nada mejor que los afectos.

«Nada es tan bueno como tener gente al lado que al igual que yo, sin encontrar todo lo que busca, y no cumpliendo el cien por ciento de sus sueños, elige compartir su valioso tiempo a mi lado«. Aciertos y errores que terminan de definir nuestra condición humana, sensible e imperfecta.

En este final les regalo estas reflexiones de cumpleaños que me resultan imperdibles:

Abraham Lincoln

Lincoln dijo una vez «y al final, no son los años de tu vida los que cuentan. Es la vida de tus años», Como muchas citas de cumpleaños, es un modo ingenioso de recordarle a la gente que la edad no se mide con números.

Robert Frost

Este aclamado poeta estadounidense era bueno para los mensajes humorísticos de cumpleaños. Dijo una vez que «un diplomático es un hombre que siempre recuerda el cumpleaños de una mujer, pero jamás recuerda su edad».

Margaret Fuller

Margaret Fuller ofrece un mensaje conciso pero significativo, relacionado con el envejecimiento: «desde temprano, supe que el único objetivo en la vida es crecer«. Como lo indica esta cita, incluso las más cortas frases suelen contener una cierta sabiduría.

Franz Kafka

Franz Kafka dijo que «la juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza. Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza jamás envejece». Aquellos que festejen un cumpleaños deben recordar que la juventud es un estado mental, tal como él lo señala aquí.

Lewis Carroll

En la clásica novela «Alicia a través del espejo» de Lewis Carroll, Alicia habla con Humpty Dumpty sobre cumpleaños y «no-cumpleaños». Dice que «hay trescientos sesenta y cuatro días en los que puedes conseguir regalos de no-cumpleaños, y solamente uno para regalos de cumpleaños, como sabes». Brillante.

T.S. Elliot

El poeta y crítico literario norteamericano tenía algunas palabras sabias propias: «los años entre los cincuenta y los setenta son los más difíciles. Siempre te piden que hagas cosas, pero no estás lo suficientemente decrépito para no hacerlas».

Bob Dylan

En su canción «My Back Pages», Bob Dylan canturrea «ah, pero yo era mucho más viejo entonces, ahora soy más joven». Muchos mensajes pueden encontrarse en la canción, como aprender a tomarnos con menor seriedad al envejecer.

Bob Hope

Manteniéndose en el tema, el comediante Bob Hope una vez dijo que «sabes que estás envejeciendo cuando las velas cuestan más que el pastel». A veces, un poco de humor es lo mejor para que alguien se sienta más joven.

Jonathan Swift

El satírico irlandés Jonathan Swift dijo «que vivas todos los días de tu vida», recordando a la gente que celebre no solamente los cumpleaños, sino cada día. Cualquier día puede ser una ocasión para nuevas comprensiones y para el crecimiento persona, después de todo.

Anónimo

Una persona anónima dijo una vez que «un cumpleaños es tan solo el primer día en otro viaje de 365 días alrededor del sol. Disfruta el viaje». Esto también enfatiza el hecho de que un cumpleaños sea solamente un momento dentro del viaje más amplio que es la vida, y cada día merece ser celebrado.

Por amor al arte !

El desafío para los que nos hemos profesionalizado en las ciencias duras es flexibilizar nuestros pensamientos, torciendo nuestro razonamiento lineal para que crear y diseñar tenga componentes estéticos, incluya conceptos como lo que se quiere expresar o distinguir por encima o a través de…… , alejándonos un poco del sentido práctico y funcional de las cosas,  de las actividades personales y de las relaciones que construimos a partir de ellas.

Los edificios construidos sólo con un sentido funcional, adolecen de la belleza que distingue a las grandes creaciones arquitectónicas que serán reconocidas y recordadas por siempre; por consiguiente, es preciso que la educación en ciencias duras deba ser acompañada de contenidos blandos y creativos, que provengan del arte en todas sus expresiones: pintura, escultura, literatura, fotografía, cine, radio, teatro, música, danza, sólo por citar algunos y pidiendo disculpas por los que no que hayan sido nombrados. Del mismo modo, la formación de un artista requiere ser amortiguada por el estudio de disciplinas que ayuden en su organización y administración de recursos, permitiendo que su vuelo creativo tenga sustento con los pies sobre la tierra.

Durante una visita al museo del Prado en Madrid me encontré parado frente al cuadro «Las Meninas» de Diego Velazquez. Luego de observarlo durante unos minutos, tuve la indescriptible sensación de que las personas allí representadas, saldrían de la pintura en cualquier momento, siguiendo el movimiento que veía en esa representación magistral, que era estática pero sólo en una apariencia figurativa. Podía escuchar los diálogos de esa familia, que pugnaban por transmitirnos algo. El poder del arte radica en que las interpretaciones son únicas de cada individuo, considerándose válidas e irrepetibles. El arte produce un acercamiento íntimo con las emociones y estados de ánimo del artista, despertando en nosotros el bullicio, la calma, la paz, el amor, la alegría, la tristeza y un sinnúmero de sensaciones que nos amigan con nuestra condición humana.

Desde que el ser humano surgió en la tierra y se diferenció de los demás primates, siempre ha tenido una necesidad que los demás no tenían y es el hecho de expresarse, ya sea para transmitir sus sentimientos, sus pensamientos, sus ideas o sus problemas. Esa necesidad ha hecho que el ser humano sea un ser expresivo en todos los sentidos, ya que desarrolló el habla, los lenguajes y la manera de comunicarse con otros.

Una de las maneras en las que comenzó a comunicarse es a través de pinturas o jeroglíficos, en los cuales en las antiguas cuevas se puede apreciar como pintaban animales o cosas que les llamaban la atención; de la misma manera pintaban imágenes o siluetas de humanos realizando acciones habituales, tales como cazar animales o practicando ritos o danzas rituales.

Podemos decir que estas pinturas son una forma de expresar los sentimientos y todo lo anteriormente mencionado, es lo que llamamos arte. Podemos llamar a estas pinturas como las primeras expresiones de arte de la humanidad, como asimismo a otras formas de hacerlo como las herramientas que usaban para la caza; al mismo tiempo cuando empezaron a hacer sus instrumentos de barro para poder comer, expresaban algo de su arte de manera práctica.

Durante el devenir de la historia humana, el arte ha ido evolucionando a través del tiempo, constituyendo una forma de expresión que se ha llegado a convertir en una abstracción. Es tanta la diversidad de expresiones artísticas, que se suele afirmar que hay arte para todos, para todos los tipos de gustos y personas. Solo es cuestión de buscar cuál es el arte que nos gusta, nos representa o mejor refleja lo que sentimos, pensamos o vivimos. En la actualidad puedes ser un artista en cualquiera de sus tipos o puedes ser simplemente un amante del arte en sus diferentes tipos y ramas.

“El arte (del latín ars, artis, y este del griego τέχνη téchnē) es entendido generalmente como cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones y, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos.”

El arte es un componente de la cultura, reflejando en su concepción los sustratos económicos y sociales, y la transmisión de ideas y valores, inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo. Se suele considerar que con la aparición del Homo sapiens el arte tuvo en principio una función ritual, mágica o religiosa (arte paleolítico), pero esa función cambió con la evolución del ser humano, adquiriendo un componente estético y una función social, pedagógica, mercantil o simplemente ornamental.

Otra definición del arte, quizás un poco más contemporánea, define a este cúmulo de actividades como:

“El arte es el concepto que engloba todas las creaciones realizadas por el ser humano para expresar una visión sensible acerca del mundo, ya sea real o imaginario. Mediante recursos plásticos, lingüísticos o sonoros, el arte permite expresar ideas, emociones, percepciones y sensaciones”.

El arte, en su concepción más primitiva, es tan esencialmente humano que su origen se sitúa en el Paleolítico, durante la Edad de Piedra. Si bien hace unos años estaba extendida la teoría de que el arte surgió a principios del Paleolítico Superior como una producción característica del Homo Sapiens hace 40.000 años en Europa, se han encontrado recientemente manifestaciones artísticas mucho más antiguas en otros continentes como África y Australia, lo cual demuestra que sus inicios son aún más antiguos. A partir de estos hallazgos se cree que la aparición del arte es un fenómeno universal y se contempla la posibilidad de que el hombre de Neandertal (Homo neanderthalensis) también produjese arte.

Estas primeras manifestaciones artísticas no coinciden con la definición actual de qué es arte, sino que son producciones más ligadas a las denominadas artes y oficios (artes aplicadas). El arte por el arte, la creación de obras bellas con función estética y su coleccionismo es una expresión más reciente, con tan solo unos cuantos siglos de antigüedad que no aparece en los pueblos tradicionales.

A grandes rasgos los ejemplos más característicos del comienzo del arte son las pinturas rupestres, las figuras y otros objetos tallados del arte mueble y los monumentos megalíticos. El significado del arte primitivo se puede encontrar en los pueblos tradicionales que continúan practicando artes y oficios muy similares a los hallazgos prehistóricos, indagando el motivo por el cual lo siguen haciendo. Así se ha podido extrapolar, por ejemplo, que el toro de la Cueva de Altamira tiene las características de una pintura ritual creada por un chamán para apropiarse de la fuerza del animal.

Más tarde y ya en la era dominada por el homo sapiens, el hombre desarrolló el concepto del arte por el arte, sobreviniendo las etapas del arte clásico, moderno y contemporáneo, cada una de las cuales tuve movimientos característicos, siendo interminable el listado y la enumeración de los mismos.

Más allá de cualquier clasificación el arte puede ser descripto como:

  • Un conjunto de actividades artísticas. A lo largo de la historia las artes se han clasificado en varios tipos. Desde el siglo XX las actividades clásicas incluidas entre las bellas artes son la música, la literatura, la danza, el teatro, la pintura, la escultura y la arquitectura. Sin embargo, existen otras divisiones alternativas que resultan impracticables de listar en este artículo.
  • Un lenguaje. Decía León Tolstoi que el arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres. Y es que el arte es una forma de expresión a través de la que se pueden trasmitir ideas, ya sean estas las propias del artista o de quien ha encargado la obra.
  • Una actividad creativa. El arte requiere de uno o varios creadores, siendo el arte el producto de una actividad que requiere de inventiva y desde los tiempos modernos innovación y originalidad.
  • Una entidad dinámica. El concepto de lo que es y no es arte se transforma y evoluciona constantemente. Poco tienen en común las obras de arte de la prehistoria, con las de la edad media o moderna.
  • Una subjetividad. El arte está abierto a múltiples interpretaciones, lo cual hace que sea tan difícil de valorar con objetividad. Pero en una época en la que se quiere medir y cuantificar todo, esta no tiene por qué ser una cualidad negativa. Ya decía Nietzsche que tenemos arte para no morir a causa de la verdad.
  • Un elemento indefinible. Aunque es posible acotar dentro de un contexto qué es arte, parece imposible ponerse de acuerdo en una sola definición universal y atemporal, concreta, realista y verdadera.
  • Una manifestación cultural. Uno de las funciones de la historia del arte es analizar a través de sus producciones artísticas el contexto histórico y cultural en el que fueron producidas.
  • Un concepto sin utilidad intrínseca. Aunque el arte puede desarrollar diferentes funciones dentro de una sociedad, lo cierto es que estos valores son arbitrarios y manipulables, pues el arte carece de un uso inherente inmediato.
  • Una actividad ligada a la tecnología. El arte se ha valido del diseño de nuevos materiales y tecnologías para prosperar y crecer a la par de las distintas etapas históricas.

Respecto de este último punto resulta oportuno citar varios fragmentos de una publicación que resume hacia donde va el arte contemporáneo y tecnológico, y el cual creo que vale la pena transcribir:

El futuro del arte en el aíre.

“Tu habitación es tu lienzo. Tu paleta, tu imaginación. Las posibilidades son infinitas”. Es la descripción que el gigante de internet Google realiza de su innovadora aplicación Tilt Brush, destinada a revolucionar el mundo de la creatividad y del entretenimiento, ya que esta herramienta te permite disponer de tu propio estudio de pintura en el mundo virtual.

La experiencia para los artistas va a ser realmente diferente a partir de ahora: empleando un sistema de realidad virtual, podrán pintar sus obras en 3D, en un espacio de inmersión.

El usuario de la app, que deberá estar conectado a unas gafas de realidad virtual HTC Vive, tiene a su disposición un espacio tridimensional –su propia habitación será el lienzo en blanco–, que le ofrece un sinfín de posibilidades: puede dibujar en el aire todo aquello que se le pase por la cabeza. De hecho, el resultado es una especie de escultura.

El trazo queda flotando en el espacio 3D y la persona puede interactuar con los objetos virtuales girando en torno a ellos para contemplarlos desde todos los ángulos posibles y llevar a cabo las correcciones que precise para mejorar su obra.

Uno de los dos mandos inalámbricos de las HTC Vive funciona como paleta de pinturas virtual y el otro como pincel (hay muchos pinceles diferentes); y tiene la posibilidad de incorporar algunas animaciones tridimensionales predefinidas por el sistema.

Durante el proceso de creación y también al final de este, el sistema permite que se le saquen fotos desde cualquier posición, de manera que los usuarios podrán compartir sus creaciones con el resto del mundo.

Arte y digitalización

Hoy en día con las nuevas tecnologías aplicadas a la cultura o el arte se vivirá igualmente un proceso muy largo hasta que se implante por ejemplo en los museos y podamos ver de manera natural como se relacionan estos entes y formas avanzadas de inteligencia artificial.

Podemos decir que una de las grandes inclinaciones en el arte y la tecnología para los próximos años será la de explorar las sensaciones y emociones del espectador. Parece ser que esta máxima será uno de los caballos ganadores en el arte del futuro que nos espera, convirtiendo al usuario en el protagonista de la acción artística.

De acuerdo con las nuevas tendencias que se atisban, hacen del arte un híbrido que acepta múltiples combinaciones con los avances tecnológicos. Esta nueva tendencia se asentará durante 2018 y la veremos cada vez más en museos en un futuro no muy lejano.

Actualmente la tecnología se ha convertido en una herramienta más al servicio del arte, pero en la actualidad lo que está sucediendo va más allá y la realidad virtual en ocasiones es la propia obra.

Algunos expertos como Agustín Pérez Rubio, director artístico del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, afirman que “En el futuro los museos no van a coleccionar objetos sino experiencias, esto no significa que vaya a erradicarse el arte sino que el punto no será el objeto, sino todo lo contrario, la desmaterialización de la mano de las nuevas tecnologías, las pantallas líquidas o el sonido, se crearán atmósferas, donde el visitante va a dejar su propia impronta”, Conceptos como el Digital Design, Human Computer Interaction, WearableTechnology Art, Big Data, Arte y Robótica, Arquitectura y escultura interactiva y el Bio arte cada vez son más usuales en el ámbito de la cultura.

De todas ellas, la Escultura interactiva se ha convertido en habitual y logrado un gran éxito en los años que vivimos. Un ejemplo de estas técnicas artísticas es Daniel Rozin, artista israelí que trabaja en el área de arte digital interactivo.

Rozin crea instalaciones y esculturas que tienen la capacidad única de cambiar y responder a la presencia y el punto de vista del espectador. En muchos casos, el espectador se convierte en el contenido de la pieza y en otros se invita al espectador a tomar un papel activo en la creación de la pieza.

Destacable en estas lides es la artista Caitlind R.C. Browny su obra “Cloud”, una maravillosa instalación interactiva a gran escala que invita al espectador a recorrer a través de una lluvia de 6.000 bombillas donde el espectador manipula su encendido y apagado.

Por otro lado, las Performances Digitales son cada vez más espectaculares y habituales en el panorama artístico actual como símbolo de vanguardia.

En ellas se mezclan paisajes sonoros con proyecciones y animaciones digitales o coreografías, creando un efecto óptico y sensorial en el espectador.

El Bioarte o Bio-Art es una de las más recientes corrientes desarrolladas por el arte contemporáneo.

El bio-art es una forma de ver y analizar dónde, cómo y de qué formas se relaciona la cultura humana y el resto de los seres vivos, utilizando tejidos, bacterias, organismos vivos y procesos de la vida para crear obras de arte que desdibujan las distinciones tradicionales entre ciencia y arte.

Son habituales en el bio-arte la utilización del cultivo de tejidos vivos, genética, transformaciones morfológicas, construcciones biomecánicas por parte de los artistas del bio-art, que además plantean cuestiones éticas y sociales en el desarrollo en biotecnología.

Uno de sus pioneros fue Eduardo Kac cuyo trabajo con seres vivos dio lugar a una de sus obras más conocidas; el del conejo Alba, trabajo en la que, mediante la manipulación genética del animal, éste cambiaba de color.

A medida que leía y me adentraba en los contenidos de este artículo no dejaba de asombrarme por la incesante y continua apropiación que el arte hace de la tecnología, contribuyendo al crecimiento y desarrollo de la misma.

Para culminar les comparto varias reflexiones del genial Pablo Picasso, acerca de qué es el arte:

“El arte es eliminar lo innecesario”.

“El objeto del arte es quitar el polvo a la vida diaria de nuestras almas”.

“El arte no es realidad; es una mentira que nos hace darnos cuenta de la realidad, al menos de una realidad que somos capaces de comprender”.

“El arte no es la aplicación de un canon de belleza, sino lo que el instinto y el corazón ven más allá de cualquier canon. Cuando amamos a una mujer, no empezamos a medir sus miembros”.

El fantasma de Canterville !

Los cincuentones y los no tanto hemos disfrutado del auge del rock nacional allá por la década del 80. Numerosas bandas icónicas que tomaron impulso con el advenimiento de la democracia, fueron los creadores de temas exitosos, rítmicos y pegadizos (con mucha onda), los cuales sonaban en la mayoría de los hogares, se tocaban en recitales multitudinarios y acompañaban a los jóvenes de la época en todos los centros nocturnos. Por lo general, mucho del contenido de las letras incluían la rebeldía y la búsqueda de libertad y ejercicio pleno de los derechos civiles. Otras tantas buscaban sólo entretener y generar ambientes propicios para mover el esqueleto.

Buenos Aires, año 1975

Un día a las 7 de la mañana suena el teléfono en el departamento que León Gieco comparte con su mujer Alicia sobre Avenida Corrientes. Es Charly García que le dice: “León, escribí una canción, pero es para que la cantes vos”. Tiempo antes, León había compuesto un tema llamado “La rata Laly” y quería que lo cantara Charly para tratar de zafar de la censura porque entendía que este tenía un aura de protección. Charly le responde: “No flaco, si la canción menciona al Che Guevara me van a meter en cana”.

García aparentemente se quedó con un poco de culpa por rechazar el pedido de su amigo, entonces escribió “El fantasma de Canterville” y en ese mismo momento le cantó la primera estrofa por teléfono. “Esa noche nos reunimos, Charly la cantó completa y me encantó. Era una canción para mí realmente, tal es así que yo estaba elaborando mi tercer disco y le cambié de nombre y le puse ‘El fantasma de Canterville’ en homenaje a Charly y la única canción del álbum que no es mía” amplía León.

La censura fue implacable con este disco de Gieco: “De 12 canciones me dejaron 2. De las otras tuve que abrir los canales y volverlas a grabar cambiándoles parte de las letras porque estaban todas prohibidas” recuerda el músico. Una de las canciones censuradas fue precisamente “El Fantasma…”. La letra original decía “me han ofendido mucho y nadie dio una explicación, ay si pudiera matarlos lo haría sin ningún temor” pero tuvieron que cambiar “matarlos” por “odiarlos”. Otra parte censurada fue “He muerto muchas veces acribillado en la ciudad” que tuvieron que cambiar por “rodando sobre la ciudad”.

La canción está inspirada en el cuento de Oscar Wilde del mismo nombre, una especie de parodia de un fantasma que habita el castillo de Canterville, al que nadie le teme, y por el contrario, los habitantes de la mansión le juegan bromas y se burlan de él. Charly cuenta: “El cuento me había impresionado mucho cuando lo leí de chico en una historieta, súper bien dibujado. Transmitía muy bien la idea: un pobre fantasma, que había asustado durante toda la eternidad a la gente y ya no le daban bola. Uní esa idea con lo que estaba pasando en aquel momento. Una de las técnicas para que no te ocurriera nada (habla de los tiempos de la Triple A y luego la dictadura militar) era pasar inadvertido, hacerte el boludo, por eso dice ‘Paso a través de la gente como el fantasma…’ La compuse en la casa de María Rosa Yorio. Cuando sus padres dormían la siesta yo me quedaba solo porque María iba a un colegio, y un día caché ‘El fantasma de Canterville’ en la tele, una película horrible pero que me hizo recordar la historia”.

La letra de la canción se transformó en un emblema de aquellas épocas , dando lugar a muchas interpretaciones y sentidos para el contenido del poema, donde se incluyen varias connotaciones sociales, políticas y culturales.

Yo era un hombre bueno

Si hay alguien bueno en este lugar

Pagué todas mis deudas

También mi oportunidad de amar

Sin embargo, estoy virado

Y nadie se acuerda de mí

Paso a través de la gente

Como el fantasma de Canterville

Me han ofendido mucho

Y nadie dio una explicación

Ay, si pudiera odiarlos

Lo haría sin ningún temor

Pero siempre fui un tonto

Que creyó en la humanidad

Ahora que estoy afuera

Ya sé lo que es la libertad

Ahora que puedo amarte

Yo voy a amarte de verdad

Mientras me quede aire

Calor nunca te va a faltar

Y jamás volveré a fijarme

En la cara de los demás

Esa careta idiota

Que tira y tira para atrás

He muerto muchas veces

Rodando sobre la ciudad

Pero es mejor ser muerto

Que un número que viene y va

Y en mi tumba tengo discos

Y cosas que no me hacen mal

Después de muerto, nena

Vos me vendrás a visitar (uh)

Después de muerto, nena

Vos me vendrás a visitar

Se hicieron innumerables versiones interpretadas por distintos cantantes, pero la que quedó en la memoria de todos, fue la entonada por la voz y acompañada por los acordes de Charly Garcia.

Oscar Wilde, ese escritor exquisito

Sus datos biográficos arrojan que fue hijo del cirujano William Wills-Wilde y de la escritora Joana Elgee. Nació un 16 de octubre de 1854 en la ciudad irlandesa de Dublin (en ese entonces perteneciente al Reino Unido). Desde pequeño Oscar Wilde tuvo una infancia tranquila y sin sobresaltos. Estudió en la Portora Royal School de Euniskillen, en el Trinity College de Dublín y, posteriormente, en el Magdalen College de Oxford, centro en el que permaneció entre 1874 y 1878 y en el cual recibió el Premio Newdigate de poesía, que gozaba de gran prestigio en la época.

La lectura de autores como John Ruskin y Walter Pater conformó por esos años su ideario estético. El esteticismo fue una tendencia cultural de la época victoriana, que defendía la importancia central del arte en la vida. El propio Wilde reflexionó sobre este punto de vista cuando en El retrato de Dorian Gray (su única novela escrita) escribió que:  ” Todo arte es más bien inútil” (“All art is quite useless”).

De hecho, esta cita refleja el apoyo de Wilde al principio básico del movimiento estético: “el arte por el arte”.

Oscar Wilde combinó sus estudios universitarios con viajes (en 1877 visitó Italia y Grecia), al tiempo que publicaba en varios periódicos y revistas sus primeros poemas, que fueron reunidos en 1881 en «Poemas». Al año siguiente emprendió un viaje a Estados Unidos, donde ofreció una serie de conferencias sobre su teoría acerca de la filosofía estética, que como ya mencionamos defendía la idea del «arte por el arte» y en la cual sentaba las bases de lo que posteriormente dio en llamarse dandismo.

A su vuelta, Oscar Wilde hizo lo propio en universidades y centros culturales británicos, donde fue excepcionalmente bien recibido. También lo fue en Francia, país que visitó en 1883 y en el cual entabló amistad con Verlaine y otros escritores de la época. En 1884 contrajo matrimonio con Constance Lloyd, que le dio dos hijos, los cuales rechazarían el apellido paterno tras los acontecimientos de su encarcelamiento durante 1895.

Entre 1887 y 1889 editó una revista femenina, Woman’s World, y en 1888 publicó un libro de cuentos, «El príncipe feliz», cuya buena acogida motivó la publicación, en 1891, de varias de sus obras, entre ellas El crimen de lord Arthur Saville. El éxito de Wilde se basaba en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos. También se reeditó en libro una narración publicada anteriormente en forma de fascículos, «El retrato de Dorian Gray«, la única novela de Wilde, cuya autoría le reportó feroces críticas desde sectores puritanos y conservadores debido a su tergiversación del tema de Fausto.

No disminuyó, sin embargo, su popularidad como dramaturgo, que se acrecentó con obras como «Salomé» (1891), escrita en francés, o «La importancia de llamarse Ernesto» (1895), obras de diálogos vivos y cargados de ironía; la primera de ellas fue estrenada por la célebre actriz Sarah Bernhardt en 1894. Su éxito, sin embargo, se vio truncado en 1895, cuando el marqués de Queenberry inició una campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual. Wilde, por su parte, intentó defenderse con un proceso difamatorio contra Queenberry, aunque sin resultados, pues las pruebas presentadas por el marqués daban evidencia de hechos que podían ser juzgados a la luz de la ley criminal del Reino Unido (Criminal Amendement Act).

El 27 de mayo de 1895, Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas desde sectores progresistas y desde varios de los más importantes círculos literarios europeos no fueron escuchadas, y el escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena. Enviado a Wandsworth y Reading, donde redactó la posteriormente aclamada «Balada de la cárcel de Reading», la sentencia supuso la pérdida de todo aquello que había conseguido durante sus años de gloria.

Recobrada la libertad, cambió de nombre y apellido (adoptó los de Sebastian Melmoth) y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte. Sus últimos años de vida se caracterizaron por la fragilidad económica, los quebrantos de salud, los problemas derivados de su afición a la bebida y un acercamiento de última hora al catolicismo. Sólo póstumamente sus obras volvieron a representarse y a editarse. En 1906, Richard Strauss puso música a su drama Salomé, y con el paso de los años se tradujo a varias lenguas la práctica totalidad de su producción literaria.

Su temprana muerte con tan sólo 46 años de edad, fue el corolario de una vida intensa plagada de sentimientos y emociones profundas, que emanaban con naturalidad de su arte y esteticismo.

Su única novela, El retrato de Dorian Grey es considerado una obra literaria inigualable e irrepetible, dentro del género del terror literario. Publicada en 1890, El retrato de Dorian Gray representa la esencia artística y filosófica del escritor. En su desarrollo, el autor cuenta una historia que ha obsesionado a los artistas durante años: «la búsqueda de la eterna juventud y el temor a envejecer y afrontar tus acciones».

Con una trama repleta de reflexiones sobre el hedonismo, el narcisismo o el dandismo, El retrato de Dorian Gray comenzó como un relato corto y se acabó convirtiendo en una magnífica novela que sigue cautivando lectores a día de hoy.

Sus cuentos más famosos pueden resumirse si se quiere, a las siguientes publicaciones, todas dentro de las obras más leídas y traducidas del planeta:

1. El Fantasma de Canterville:

Si bien ya nos referimos a ese cuento, el mismo es probablemente el cuento más famoso de Wilde. Fue llevado a la pantalla y al teatro decenas de veces. Se publicó originalmente en 1887 en una revista, y salió en un libro compilatorio en 1891. La trama se basa en una familia que se muda a una casa inglesa, y allí aparece un fantasma atormentándolos.

2. El gigante egoísta:

A diferencia del anterior, es un cuento de hadas. Se publicó por primera vez en 1888, y tiene la particularidad de que Wilde lo escribió dos años después de que hubiera nacido su hijo. Analiza la historia de un gigante que tiene un hermoso jardín, y allí los niños aprovechan para disfrutar de ese espacio.

3. El ruiseñor y la rosa:

Se publicó en 1988, y narra el cuento de un estudiante que quería enamorar a la hija de su profesor. Para eso, necesitaba una rosa roja: de esa manera, ella se impresionaría e iría al baile junto a él.

4. La esfinge sin secreto:

Lord Murchison, el personaje principal, se enamora de la típica “mujer fatal”. Comienzan una relación, y él piensa terriblemente que ella lo engaña todo el tiempo. Pero puede que no sea realmente así, y el secreto se develará cuando ella muera.

5. El hombre que contaba historias:

Es un cuento muy corto, y realmente no lleva más de cinco minutos leerlo. Sin embargo, está entre los más destacados del autor. También es el que más análisis e interpretaciones diversas suscita.

Para comprobar con facilidad el estilo complejo y transgresor de este autor irlandés basta con leer algunos fragmentos de lo que es el prefacio que escribió para su gran novela, El retrato de Dorian Grey.

Casi una declaración de principios estéticos y artísticos, allí Wilde escribe frases como las siguientes:

“El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es el propósito del arte”.

“Quienes encuentran significados feos en las cosas bellas son corruptos sin ser encantadores. Esto es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en las cosas bellas son los cultivados. Para estos hay esperanza”.

“No hay libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo”.

“Es al espectador y no la vida lo que realmente refleja el arte”.

“Cuando los críticos están en desacuerdo, el artista está de acuerdo consigo mismo”.

“Todo arte es completamente inútil”.

Por otra parte, hay varias frases de Wilde que ponen en evidencia su facilidad para la expresión y su capacidad para la oratoria. Algunas de ellas:

“Todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro”.

“La vida es una cosa demasiado importante como para tomársela en serio”.

“Los libros que el mundo califica de inmorales son los que enfrentan al mundo a sus propias vergüenzas”.

“El hombre está más alejado de sí mismo cuando habla a cara descubierta. Dale una máscara y te dirá la verdad”.

“La educación es una cosa admirable, pero es bueno recordar cada poco tiempo que nada que realmente merezca la pena saber puede ser enseñado”.

En el fantasma de Canterville, como en muchas otras creaciones de Wilde, subyace el tema recurrente del amor como aquello que trasciende a la propia naturaleza humana. En cada creación nos muestra su desarrollada sensibilidad, su necesidad de mostrar la intimidad de su alma, y al mismo tiempo el tormento que lo acompañaba a todas partes.

Para cerrar les comparto una frase del genial escritor, donde pone de manifiesto su inteligente agudeza:

“¿Qué es un cínico? Es un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada”.