Máquinas como Dioses!

Alan Turing pese a su corta existencia fue uno de los científicos más influyentes del siglo XX. De eso no hay ninguna duda, ya que los conceptos teóricos de su máquina universal sentaron las bases para los desarrollos posteriores de la computación, los ordenadores e inteligencia artificial. Continuando con la narración y análisis de la semana pasada, está bueno ir más allá de él, pensando si en realidad los ordenadores pueden o no reemplazar a las personas. Se trata de una vieja discusión que para ser aclarada requiere del conocimiento de expertos.

Sin embargo, hay algunas cuestiones básicas con las cuales podemos entender el fenómeno sin ser grandes conocedores en la materia.

Lo primero que es bueno poner en la palestra es que lo computable termina siendo una simplificación extrema que se puede representar y operar con bytes, vale decir números binarios o combinaciones de 0 y 1. Alan Turing llegó a ese nivel de entendimiento desde su conocimiento elevado de matemáticas y del álgebra de Boole. En matemática, electrónica digital e informática, el álgebra de Boole, también llamada álgebra booleana, es una estructura algebraica que esquematiza las operaciones lógicas.

Se denomina así en honor a George Boole (1815-1864), matemático inglés autodidacta que fue el primero en definirla como parte de un sistema lógico, inicialmente en un pequeño folleto de 1847, The Mathematical Analysis of Logic, publicado en respuesta a una controversia en curso entre Augustus De Morgan y sir William Rowan Hamilton. El álgebra de Boole fue un intento de utilizar las técnicas algebraicas para tratar expresiones de la lógica proposicional. Más tarde fue extendido como un libro más importante: An Investigation of the Laws of Thought on Which are Founded the Mathematical Theories of Logic and Probabilities (también conocido como An Investigation of the Laws of Thought o simplemente The Laws of Thought​), publicado en 1854.

“Las interpretaciones respectivas de los símbolos 0 y 1 en el sistema de lógica son Nada y Universo”. Es una frase que pertenece a George Boole y simplifica su propuesta de accionamiento lógico. En la actualidad, el álgebra de Boole se aplica de forma generalizada en el ámbito del diseño electrónico.

Esta lógica se puede aplicar a dos campos:

  • Al análisis, porque es una forma concreta de describir cómo funcionan los circuitos.
  • Al diseño, ya que teniendo una función se aplica dicha álgebra para poder desarrollar una implementación de la función.

El ALGEBRA DE BOOLE es un formalismo que conlleva a la creación de FUNCIONES LÓGICAS donde las mismas relacionan una variable binaria de salida con una o más de entrada. Dichas funciones se basan en una serie de postulados y teoremas que imponen las reglas de juego entre dichas variables. Así como existen los operadores matemáticos: +, -, x y /, existen los operadores lógicos AND, OR y NOT. Con combinaciones entre estos tres operadores se pueden implementar cualquier función lógica posible.

«and» significa «y», indica que se cumplan ambas condiciones; «or» significa «y/o», indica que se cumpla una u otra condición (o ambas); «not» significa «no», e invierte la condición a la cual antecede.

Solo por citar ejemplos sencillos:

Si queremos recuperar todos los libros cuyo autor sea igual a «Borges» y cuyo precio no supere los 20 pesos, necesitamos 2 condiciones:

select * from libros

where (autor=’Borges’) and

(precio<=20)

Los registros recuperados en una sentencia que une 2 condiciones con el operador «and», cumplen con las 2 condiciones.

Queremos ver los libros cuyo autor sea «Borges» y/o cuya editorial sea «Planeta»:

select * from libros

where autor=’Borges’ or

editorial=’Planeta’

En la sentencia anterior usamos el operador «or»; indicamos que recupere los libros en los cuales el valor del campo «autor» sea «Borges» y/o el valor del campo «editorial» sea «Planeta», es decir, seleccionará los registros que cumplan con la primera condición, con la segunda condición o con ambas condiciones.

Queremos recuperar los libros que NO cumplan la condición dada, por ejemplo, aquellos cuya editorial NO sea «Planeta»:

select * from libros

where not editorial=’Planeta’

El operador «not» invierte el resultado de la condición a la cual antecede.

Con estos ejemplos sencillos es posible apreciar que lo que es computable es ciertamente un campo acotado, y para intentar salir de este atolladero en 1985, un científico israelí de la Universidad de Oxford, David Deutsch (n. 1953), propuso una «máquina de Turing cuántica«. Aunque su estructura es muy similar a una convencional, la diferencia más notoria radica en que en lugar de procesar ceros. y unos, es decir bits, la máquina de Deutsch procesa qbits (bits cuánticos). Mientras que la máquina de Turing ha sido la base conceptual de los ordenadores actuales, la máquina de Turing cuántica lo será de una nueva generación de ordenadores, los ordenadores cuánticos.

Aunque Turing no propuso una versión de su máquina basada en principios de la mecánica cuántica, lo cierto es que en vida estuvo al tanto de las ideas y avances principales de la mecánica cuántica, una de las ramas de la física que explica la materia y la energía. En su libro “Maquinaria de Computación e Inteligencia” Alan Turing esbozó la frase: “Solo podemos ver poco del futuro, pero lo suficiente para darnos cuenta de que hay mucho que hacer.» Pensaba en estas cosas, mientras se planteaba si habría alguna faceta del cerebro humano, por ejemplo “la voluntad”, que pudiera ser explicada por mecanismos no convencionales en los circuitos neuronales.

Sus ideas no andaban muy lejos de las de otros genios de la época, como las del matemático Kurt Godel, quien pensaba que, en ciertas etapas de la demostración de un teorema matemático, el hombre recurre a la “intuición”, la cual no puede ser representada mediante un algoritmo, y por tanto, programada en una máquina de Turing. Desde entonces han sido varios los científicos que han pensado que tal vez algunas funciones del cerebro solo pueden ser explicadas a la luz de procesos cuánticos en las células cerebrales o neuronas. A finales del siglo XX, el físico británico Roger Penrose (n. 1931) y el médico estadounidense Stuart Hameroff (n. 1947) pensaron que la “consciencia humana” podría ser explicada por procesos cuánticos en estructuras formadas por proteínas, los llamados microtúbulos, presentes dentro de las neuronas. Por consiguiente, no solo la voluntad, la intuición o la consciencia serían explicables por fenómenos de la mecánica cuántica, sino también la capacidad del cerebro humano para resolver problemas no computables.

La conclusión a la que conducen estas consideraciones es ciertamente apasionante y no es otra que hasta la fecha «el cerebro es la única máquina capaz de resolver problemas tanto computables como no computables». Los primeros son aquellos que pueden resolverse mediante un algoritmo, es decir, con una máquina de Turing universal o un ordenador. Los segundos son aquellos problemas que no pueden ser resueltos de forma algorítmica y, por consiguiente, con un ordenador. Por ejemplo, podríamos escribir un programa de ordenador que, utilizando el método babilónico, o series de Taylor, nos imprimiera todos los decimales de raíz cuadrada de 2 o los decimales del número pi.

Sin embargo, no hay algoritmos con los que un ordenador pueda escribir todos los números decimales de otros muchos números reales con una secuencia infinita de dígitos decimales. Otro ejemplo de problema no computable es el que consiste en determinar la trayectoria de un electrón desde un punto A hasta otro B.

Un experimento sencillo con el que demostrar cómo el cerebro humano es capaz de detectar casi al instante que un problema no es computable es intentar encontrar dos números pares cuya suma sea impar. Transcurridos unos segundos ya habremos concluido, tras apenas hacer mentalmente unas pocas pruebas, que no existe solución para dicho problema, mientras que resulta imposible escribir un programa de ordenador que sea capaz de llegar a ninguna conclusión. Y que esto sea así no es una cuestión de la pericia del programador o del número de instrucciones de que conste el programa.

En un problema computable, por ejemplo, escribir los decimales del número pi, algunos aspectos resultan muy curiosos, como que el número de instrucciones del programa que generará la secuencia del número pi será más corta en longitud que la secuencia de decimales que genera. Los ordenadores cuánticos serán en su día los que romperán esta limitación de las máquinas de Turing, de manera que podrán tratar indistintamente, como hace nuestro cerebro, problemas computables y problemas no computables en el sentido tradicional. Una máquina de Turing cuántica puede reproducir cualquier clase de computación, ya sea cuántica o tradicional. Los ordenadores cuánticos también permitirán resolver problemas del mundo real en los que actualmente hay serias dificultades, pues requieren el cálculo de un número de ecuaciones y variables tan grande que no pueden tratarse con los ordenadores actuales. Por ejemplo, los modelos climáticos o complejas reacciones químicas ilustran esta clase de situaciones. El cifrado de mensajes con algoritmos cuánticos permitirá que las transacciones comerciales por Internet u otros medios sean completamente seguras. Por supuesto, como ocurrió en el pasado y ocurre en la actualidad, un área de aplicación serán los usos militares, por ejemplo, en la simulación de la explosión de armas nucleares. En inteligencia artificial ya hay modelos de neuronas artificiales cuánticas. Su capacidad será de gran utilidad en el desarrollo de modelos y simulaciones en disciplinas como la astronomía, la física y la química. También tendrán aplicaciones en la industria del entretenimiento, por ejemplo, en la realización de efectos especiales en el cine.

Un ordenador cuántico es una máquina que, a diferencia de uno convencional, basa su funcionamiento en fenómenos cuánticos.

Se trata de fenómenos naturales que no pueden ser explicados por la física convencional; su explicación requiere de una teoría alternativa, la mecánica cuántica, capaz de explicar satisfactoriamente lo que ocurre en la estructura básica de la materia, los átomos.

Pese a lo que pudiera parecer, estos fenómenos se manifiestan en nuestra vida diaria. Gracias a ellos podemos explicar, por ejemplo, por qué un objeto es sólido, las propiedades físicas de los materiales o los colores.

Mientras que un ordenador representa los datos como secuencias de unos y ceros, es decir bits, los ordenadores cuánticos, como ya adelantamos anteriormente, lo hacen con qbits. La posibilidad de construir un ordenador cuántico se remonta a 1982, a partir de las investigaciones del célebre físico Richard Feynman, el primer científico en concebir esta clase de ordenadores. En la actualidad su diseño está todavía en sus primeros pasos. Hasta la fecha se han realizado algunos experimentos con unos pocos qbits. También se han diseñado simuladores que emulan esta clase de ordenadores en otros convencionales, pero para que uno convencional pueda ejecutar un algoritmo cuántico, necesita una gran memoria y una gran capacidad de cálculo, además de otras prestaciones de hardware. Sin embargo, los experimentos que se pueden realizar son más bien sencillos, lo suficiente para familiarizarse con esta tecnología. Estos simuladores se tienen que limitar a unos pocos qbits, ya que resulta imposible con la tecnología actual almacenar, por ejemplo, 500 qbits.

¿cómo funciona un ordenador cuántico?

En primer lugar, como ya sabemos, la información se almacena como una secuencia de qbits. A diferencia de un bit, cuyo valor es 0 o 1 o sea en estado – «apagado» o «encendido»- , un qbit puede tener un valor igual a 0, 1 o cualquier otro estado superpuesto, es decir, puede estar simultáneamente apagado y encendido, entre 0 y 1.

El estado actual de avance de los ordenadores cuánticos es muy limitado, aunque el proceso no se detiene.

En el año 2011 la empresa canadiense D-Wave Systems anunció la venta del primer ordenador cuántico comercial, bautizado como D-Wave One. Según la empresa, su ordenador disponía de un microprocesador de 128 qbits. Ese mismo año un equipo de investigadores de Estados Unidos, China y Japón anunció que esta clase de ordenadores pueden construirse según el modelo clásico de arquitectura de Von Neumann. En 2012 la empresa IBM anunció que también había realizado avances significativos hacia la construcción de una máquina de estas características. Más de medio siglo después, se repite aparentemente el mismo escenario que tuviera lugar tiempo atrás con ENIAC, Colossus y los otros ordenadores. Sin embargo, esto no es del todo así, ya que la construcción de un ordenador cuántico es un proyecto con tantas dificultades que en esta ocasión investigadores de distintos países han aunado esfuerzos, formando equipos multinacionales y dejando así atrás la competencia entre países. Entre sus aplicaciones, además de la criptografía, se espera que puedan realizarse experimentos de simulación con gran realismo, por ejemplo, las interacciones de los medicamentos en el cuerpo humano, la realización de cálculos en áreas como la física, la química o la astronomía, o su aplicación a problemas matemáticos de cierta envergadura, como es la factorización de grandes números.

En la actualidad han sido propuestos varios modelos de redes neuronales artificiales, cuyas neuronas están simuladas con puertas cuánticas, lo que abre la puerta a futuras investigaciones de lo que podríamos denominar como inteligencia artificial cuántica. Otra de las aplicaciones es la obtención de números aleatorios que sean “verdaderamente aleatorios” como si tales números hubieran sido obtenidos con un bombo de lotería.

La repentina desaparición de Alan Turing en 1954 no le permitió concluir sus investigaciones en la Universidad de Manchester. Durante su estancia en dicho centro abordó el diseño de modelos de circuitos neuronales con los que estudiar la que él definió como “maquinaria inteligente” en referencia al cerebro humano. En el mismo año de su muerte dos investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Belmont Farley (1920-2008) y Wesley Clark (n. 1927), fueron capaces de lograr con éxito la simulación en ordenador de redes de 128 neuronas capaces de reconocer patrones sencillos tras una fase de entrenamiento. Además, observaron que, si se eliminaba un 10% de las neuronas, la red no perdía su capacidad de reconocimiento de patrones. El modelo, ciertamente muy elemental, consistía en neuronas conectadas unas con otras al azar, asociando a cada conexión un valor de peso, y el circuito neuronal se comportaba de manera similar a una red neuronal humana.

A partir de estas simulaciones surgieron otros modelos de redes neuronales artificiales, por ejemplo, las redes con retro propagación, con las que es posible reconocer letras, números, fotografías, etc., de una manera más eficaz. En la actualidad, tanto las redes sencillas como aquellas con retro propagación son ampliamente utilizadas en la vida diaria, por ejemplo, en la clasificación del correo electrónico para evitar correos no deseados -los famosos spam-, en el reconocimiento del habla e imágenes, en el reconocimiento del electroencefalograma (EEG) humano, en el reconocimiento del latido cardíaco del feto para distinguirlo del de la madre, y así muchos ejemplos más. Desde hace años las redes neuronales artificiales han sido “construidas” en circuitos integrados, los llamados neurochips, formando parte de tarjetas que pueden ser incorporadas a un ordenador u otra máquina · con el fin de desarrollar aplicaciones o sistemas inteligentes en problemas tan variados como los citados anteriormente o, por ejemplo, en problemas de índole financiera. Ha hecho falta que transcurriera más de medio siglo para que las ideas de Turing acerca de la maquinaria inteligente formen parte de nuestra vida cotidiana.

Una vez desarrolladas las redes neuronales, con suficiente capacidad de aprendizaje, vale decir de reexaminar decisiones en función de los resultados, previendo e intuyendo situaciones y resolución de problemas, la distancia entre un cerebro humano y una máquina inteligente será cada vez más difusa y difícil de determinar, dando lugar a una nueva era, donde quizás los seres humanos ya no sean los seres más inteligentes del planeta, cediendo el lugar a mentes inteligentes artificiales ya no tan robotizadas o mecanizadas.

El legado de Turing y su máquina universal de computación no deja de crecer, abarcando ámbitos impensados y adquiriendo mayores capacidades de resolver problemas cada vez más complejos.

La ciencia ficción cada vez tendrá mayores dificultades para encontrar nuevos relatos futuristas, porque los postulados fantasiosos ya no lo serán tanto.

La idea de «Hombres como Dioses», será reemplazada o complementada por la de por «Máquinas como Dioses».

Sólo es cuestión de tiempo…. y verás.

Decir «NO» a la bomba!

Como ha sucedido tantas veces algunas historias o figuras históricas quedan relegadas al olvido. Los motivos son varios y variados, aunque muchas veces tienen que ver con el género, la religión, la raza o porque coinciden en el tiempo con otras historias o personajes que adquieren mayor relevancia, la cual puede ser real o magnificada por otros intereses políticos, sociales o económicos.

Durante las vacaciones familiares de este verano, recorriendo librerías me encontré con una colección de libros denominada “GRANDES IDEAS DE LA CIENCIA”. Esta colección impresa desarrolla temas vinculados con numerosos científicos exitosos y es en cierta forma una biografía científica, (si es que existe esta categoría) de la vida y obra de cada uno de ellos. Cada uno de los libros tiene unas 170 páginas de una lectura decididamente amena (para los que tienen un mínimo de formación académica o científica), siendo cada uno de ellos escrito por un científico vinculado con el área de desarrollo científico del texto.

En su presentación comercial, es posible leer un argumento de venta tal y como: “Una colección de libros única, rigurosa y didáctica, para conocer las teorías que explican el mundo a través de la vida de los científicos que la descubrieron”.

La colección es muy numerosa e interesante y se compone de 50 volúmenes, que para para mi como observador algo entrenado y curioso sobre la materia me resultan muy atractivos:

1. Einstein. La teoría de la relatividad.

2. Newton. La ley de la gravedad.

3. Heisenberg. El principio de incertidumbre.

4. Max Planck. La teoría cuántica.

5. Feynman. La electrodinámica cuántica.

6. Turing. La computación.

7. Schrödinger. Las paradojas cuánticas.

8. Boltzmann. La termodinámica y la entropía.

9. Bohr. El átomo cuántico.

10. Galileo. El método científico.

11. Gauss. La teoría de números.

12. Kepler. El movimiento planetario.

13. Pitágoras. El teorema de Pitágoras.

14. Copérnico. El heliocentrismo.

15. Arquímedes. El principio de Arquímedes.

16. Fermat. El teorema de Fermat.

17. Laplace. La mecánica celeste.

18. Gödel. Los teoremas de incompletitud.

19. Marie Curie. La radiactividad y los elementos.

20) Euclides. La geometría.

21. Faraday. La inducción electromagnética.

22. Euler. El análisis matemático.

23. Dalton. La teoría atómica.

24. Rutherford. El núcleo atómico.

25. Maxwell. La síntesis electromagnética.

26. Fermi. La energía nuclear.

27. Leibniz. El cálculo infinitesimal.

29. Lavoisier. La química moderna.

30. Cantor. El infinito en matemáticas.

31. Kelvin. La termodinámica clásica. La física entra en calor.

32. Dirac. La antimateria. El reflejo oscuro de la materia.

33. Meitner. La fisión nuclear. Uranio partido por dos, igual a energía.

34. Hilbert. Las bases de la matemática. En el principio fue el axioma.

35. Von Neumann. La teoría de juegos. Piedra, papel, teorema.

36. Tesla. La corriente alterna. La electricidad tiene un doble sentido.

37. Ampère. La electrodinámica clásica. Objetos eléctricos aún no identificados.

38. Huygens. La teoría ondulatoria de la luz. Un rayo atrapado en una onda.

39. Helmholtz. La conservación de la energía. Sin fecha de caducidad.

40. Hooke. La ley de Hooke. Estiramientos para recuperar la forma.

41. Riemann. La geometría diferencial. La matemática traspasa fronteras.

42. Gamow. El big bang. El conocimiento en expansión.

43. Helmholtz. La conservación de la energía. Sin fecha de caducidad.

44. Fisher. La inferencia estadística. Probablemente sí, probablemente no.

45. Pauli. El espín. Los electrones bailan.

46. Boyle. La ley de Boyle. Bajo presión.

47. Poincaré. La topología. Las matemáticas pierden las formas.

48. Landau. La superfluidez. / La física que surgió del frío.

49. Cavendish. La constante gravitatoria. / Pura atracción.

50. Chandrasekhar. La evolución estelar. Ha muerto una estrella.

Puede ser discutible si no habría que agregar o quitar alguno, pero creo que en general esta colección nos trae una visión coloquial de los grandes hacedores del devenir científico tecnológico de la humanidad.

Por el momento solo pude acceder sólo a tres de los cincuenta volúmenes. El primero referido a Turing, sobre la idea central de “pensando en máquinas que piensan”, lo pone a este célebre descifrador del código “Enigma” que torció el devenir de la segunda guerra mundial al poder dilucidar los mensajes encriptados de las fuerzas armadas alemanas, como el gestor intelectual de las bases teóricas de los primeros ordenadores (computadoras) mediante el uso de los principios de su «máquina universal U». El segundo sobre Einstein y su teoría de la relatividad, centrado en el concepto de que “el espacio es una cuestión de tiempo”. El tercero y que dará origen al tema central de hoy, está basado en la vida y obra de Heisenberg, el científico alemán que le propinó un cambio de sentido a las bases de la mecánica cuántica, con su famoso principio de incertidumbre, que lleva precisamente su nombre. La idea de apertura del libro está basada en una pregunta muy interesante: “¿Existe el mundo cuando lo miras?”.

Yendo de lleno al tema central del principio de incertidumbre, la mecánica cuántica y algunos de los grandes científicos que fueron ignorados en esta disciplina, por ser discriminados o estar a la sombra de otros, en este libro se hace referencia a una científica, que para ser honesto, no conocía en lo absoluto. Aparece en un pequeño apartado titulado: “Lise Meitner”, tal era el nombre de esta investigadora judía de origen austríaco, luego alemana por la anexión de este territorio a Alemania. Junto a otros investigadores de esta última nacionalidad comenzaron en la década de 1930 los estudios sobre la fisión nuclear, «hito relevante para el advenimiento de las primeras armas nucleares, en este caso las bombas atómicas».

No me quedé con esta breve mención en el libro dedicado a Heisenberg y quise ahondar en la vida y obra de esta mujer, debido a tres razones:

  • Fue la primera científica mujer nombrada en 1926 como profesora de la Universidad de Berlín.
  • Debió huir de Alemania a causa de su “porcentaje de sangre judía”, hecho que por las leyes raciales hubiera significado su muerte.
  • Ya en Suecia, y con un sueldo mucho más modesto que en Alemania, rehusó  de participar en Estados Unidos del proyecto Manhattan. De palabras de ella: “nunca haré nada por fabricar una bomba”.

La biografía de esta destacada profesora e investigadora es por demás interesante.

Lise Meitner (Viena, 7 de noviembre de 1878 -Cambridge, 27 de octubre de 1968) fue una científica austriaca que contribuyó a los descubrimientos del elemento protactinio y la fisión nuclear.​ Mientras trabajaba en el Instituto Kaiser Wilhelm sobre radiactividad, descubrió el isótopo radiactivo protactinio-231 en 1917. Formó parte del equipo que descubrió la fisión nuclear, en el año 1938, junto a su sobrino y el físico Otto Hahn, amigo y colaborador suyo. Por este logro, Otto Hahn recibió el Premio Nobel. Albert Einstein la elogió como la «Marie Curie alemana».

Al completar su investigación doctoral en 1905, Meitner se convirtió en la primera mujer de la Universidad de Viena y la segunda en el mundo en obtener un doctorado en física. Pasó la mayor parte de su carrera científica en Berlín, Alemania, donde fue profesora de física y jefa de departamento en el Instituto Kaiser Wilhelm; fue la primera mujer en convertirse en profesora titular de física en Alemania. Perdió estos puestos en la década de 1930 debido a las leyes raciales de Núremberg introducidas en la Alemania nazi, y en 1938 huyó a Suecia, donde vivió durante muchos años, convirtiéndose finalmente en ciudadana sueca.

En una carta que escribió en 1945, Lise Meitner se lamentaba:

“Resulta trágico que, incluso personas como Laue y Otto, no comprendieran a qué suerte abandonaba su pasividad a su propio país.”

A mediados de 1938, Meitner con los químicos Otto Hahn y Fritz Strassmann del Instituto Kaiser Wilhelm descubrió que bombardear el torio con neutrones producía diferentes isótopos. Hahn y Strassmann más adelante en el año demostraron que los isótopos de bario podrían formarse por bombardeo de uranio. A finales de diciembre, Meitner y Frisch resolvieron el fenómeno de tal proceso de escisión. En su informe de la edición de febrero de Nature de 1939, le dieron el nombre de «fisión». Este principio condujo al desarrollo de la primera bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, a otras armas nucleares y reactores nucleares.

Meitner recibió muchos premios y honores al final de su vida, pero no compartió el Premio Nobel de Química de 1944 por la fisión nuclear, que fue otorgado exclusivamente a Otto Hahn, colaborador suyo desde hacía mucho tiempo. Varios científicos y periodistas han calificado su exclusión de «injusta». Según el archivo del Premio Nobel, fue nominada 19 veces al Premio Nobel de Química entre 1924 y 1948, y 29 veces al Premio Nobel de Física entre 1937 y 1965. A pesar de no haber sido galardonada con el Premio Nobel, Meitner fue invitada a asistir a la Lindau Nobel Laureate Meeting en 1962. Sin embargo, Meitner recibió muchos otros honores, incluido el dar al elemento químico 109 el nombre de meitnerio, en 1997.

Fisión nuclear

Colaboró con Otto Hahn durante más de treinta años, con quien descubrió el protactinio en 1918. Fue wissenschaftliches Mitglied (miembro científico) en el Instituto Kaiser Wilhelm de Química desde 1913, después de su habilitación en 1922 se convirtió en profesora de Física Nuclear Experimental en la Universidad de Berlín, la primera profesora de Física en Alemania; ocupó este puesto desde 1926 hasta 1933. A finales de 1938 tuvo que abandonar Alemania, forzada por las Leyes de Núremberg del Gobierno de la Alemania nazi, y se unió al personal de investigación atómica del Instituto de Manne Siegbahn en la Universidad de Estocolmo, en donde estableció contacto con su sobrino, Otto Frisch. Con la contribución de Meitner, Otto Hahn y Fritz Strassmann produjeron el primer ejemplo de la fisión nuclear creada por personas, aunque no se dieron cuenta de lo logrado hasta que ella supo interpretar los resultados. En 1939 Hahn publicó su trabajo omitiendo el nombre de Meitner alegando que el régimen nazi no le habría dejado incluir una autora judía. Meitner y Frisch explicaron el fenómeno mediante el modelo de la gota líquida, introduciendo el término de fisión nuclear, en un trabajo publicado en la revista Nature. A pesar de su investigación sobre la teoría atómica y la radiactividad y de allanar con su descubrimiento de la obtención del punto de fisión el camino a Otto Hahn, el hecho de no aparecer como coautora fue esgrimido por el comité Nobel para otorgar solo a Otto Hahn el premio Nobel de Química de 1944, excluyendo a Meitner. Sin embargo, recibió el reconocimiento por sus contribuciones a la física en 1966, cuando le fue concedido el Premio Enrico Fermi en Estados Unidos.

Sugirió la existencia de la reacción en cadena, con lo que contribuyó al desarrollo de la bomba atómica. Sin embargo, estaba en contra de que se usaran sus descubrimientos para la bomba atómica. En su honor se nombró «meitnerio» al elemento químico 109.

Meitner se naturalizó ciudadana sueca en 1949. Se jubiló en 1960 y se trasladó a vivir al Reino Unido, donde vivían la mayoría de sus parientes. Lise Meitner murió en Cambridge, el 27 de octubre de 1968. Conforme a sus deseos, fue enterrada en Bramley (Hampshire) junto a su hermano Walter, fallecido en 1964. Su sobrino Otto Frisch fue quien compuso la inscripción de su lápida, “Lise Meitner: una física que nunca perdió su humanidad”.

Premio Nobel por la fisión nuclear

Aunque Meitner recibió varios honores durante su vida, nunca recibió el Premio Nobel, ya que este fue solo otorgado a Otto Hahn, por el descubrimiento de la fisión nuclear. Fue nominada 48 veces para Premios Nobel en Física y Química, pero nunca ganó ninguno.​ El 15 de noviembre de 1945, la Real Academia de las Ciencias de Suecia anunció que Hahn había sido otorgado el Premio Nobel en Química por su descubrimiento de la fisión de núcleos atómicos pesados.16​ Meitner fue la que le dijo a Hahn y Strassman que debían hacer pruebas más en detalle del radio, y fue ella la que le dijo a Hahn que era posible que el núcleo de uranio se desintegrase. Sin estas contribuciones de Meitner, no habría sido posible para Hahn descubrir que el núcleo de uranio se puede dividir en mitad.

En 1945, el Comité Nobel de Química en Suecia que seleccionó el Premio Nobel de Química decidió otorgar ese premio únicamente a Hahn: Hahn solo se enteró por un periódico mientras estaba internado en Farm Hall en Cambridgeshire, Inglaterra. En la década de 1990, los registros sellados durante mucho tiempo de los procedimientos del Comité Nobel se hicieron públicos, y la biografía completa de Meitner publicada en 1996 por Ruth Lewin Sime aprovechó este desprecintado para reconsiderar la exclusión de Meitner.10​17​ En un artículo de 1997 en la revista Physics Today de la American Physical Society, Sime y sus colegas Elisabeth Crawford y Mark Walker escribieron:

“Parece que Lise Meitner no compartió el premio de 1944 porque la estructura de los comités del Nobel no era adecuada para evaluar el trabajo interdisciplinario; porque los miembros del comité de química no pudieron o no quisieron juzgar su contribución de manera justa; y porque durante la guerra los científicos suecos confiaron en su propia experiencia limitada. La exclusión de Meitner del premio de química bien puede resumirse como una mezcla de sesgo disciplinario, obtusidad política, ignorancia y prisa”.​

Últimos años

El 14 de enero de 1939, Meitner se enteró de que su cuñado Jutz había sido liberado de Dachau y que a él y a su hermana Gusti se les permitió emigrar a Suecia.​ El jefe de Jutz, Gottfried Bermann, había escapado a Suecia,24​ y le ofreció a Jutz su antiguo trabajo en la editorial. Niels Bohr intercedió ante un funcionario sueco, Justitieråd Alexandersson, quien afirmó que Jutz recibiría un permiso de trabajo a su llegada a Suecia. Trabajó allí hasta que se jubiló en 1948 y luego se mudó a Cambridge para unirse a Otto Robert Frisch.​ Su hermana Gisela y su cuñado Karl Lion se mudaron a Inglaterra, 26​ Meitner también consideró mudarse a Gran Bretaña. Visitó Cambridge en julio de 1939 y aceptó una oferta de William Lawrence Bragg y John Cockcroft de un puesto en el Laboratorio Cavendish con un contrato de tres años con Girton College, Cambridge, pero la Segunda Guerra Mundial estalló en septiembre de 1939 antes de que pudiera. dar el paso.

En Suecia, Meitner continuó su investigación lo mejor que pudo. Midió las secciones transversales de neutrones de torio, plomo y uranio utilizando disprosio como detector de neutrones, una técnica de ensayo iniciada por George de Hevesy e Hilde Levi. Pudo hacer los arreglos para que Hedwig Kohn, que se enfrentaba a la deportación a Polonia, viniera a Suecia y, finalmente, emigrara a los Estados Unidos, viajando a través de la Unión Soviética. Ella no logró sacar a Stefen Meyer, pero él logró sobrevivir a la guerra. Además, rechazó una oferta para unirse a Frisch en la misión británica al Proyecto Manhattan en el Laboratorio de Los Álamos y declaró: «¡No tendré nada que ver con una bomba!». Más tarde dijo que los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki fueron una sorpresa para ella, y afirmó que «lamentaba que la bomba tuviera que ser inventada». Después de la guerra, Meitner reconoció el fallo moral que cometió al permanecer en Alemania (por su descendencia judía) de 1933 a 1938. Escribió: «No solo fue estúpido, sino muy incorrecto que no me fuera de inmediato».​ No solo lamentó su inacción durante este período, sino que también fue crítica con Hahn, Max von Laue, Werner Heisenberg y otros científicos alemanes que participaron en la invención de las bombas. En una carta de junio de 1945 dirigida a Hahn, pero que nunca recibió, ella escribió:

“Todos ustedes trabajaron para la Alemania nazi. Y ni siquiera intentaste la resistencia pasiva. De acuerdo, para absolver tu conciencia ayudaste a alguna persona oprimida aquí y allá, pero millones de seres humanos inocentes fueron asesinados y no hubo protesta. Aquí, en la Suecia neutral, mucho antes del final de la guerra, hubo una discusión sobre lo que debería hacerse con los académicos alemanes una vez que termine la guerra. Entonces, ¿qué deben estar pensando los ingleses y los estadounidenses? Yo y muchos otros somos de la opinión de que el único camino para usted sería hacer una declaración abierta de que es consciente de que a través de su pasividad comparte la responsabilidad de lo que ha sucedido y que tiene la necesidad de trabajar por lo que se puede hacer. Pero muchos piensan que es demasiado tarde para eso. Esta gente dice que primero traicionaste a tus amigos, luego a tus hombres y a tus hijos al permitirles arriesgar sus vidas en una guerra criminal, y finalmente que traicionaste a la propia Alemania, porque cuando la guerra ya era bastante desesperada, nunca hablaste contra la destrucción sin sentido de Alemania. Eso suena despiadado, pero sin embargo creo que la razón por la que te escribo esto es la verdadera amistad. En los últimos días uno había oído hablar de cosas increíblemente espantosas en los campos de concentración; supera todo lo que uno temía anteriormente. Cuando escuché en la radio inglesa un informe muy detallado de los ingleses y estadounidenses sobre Belsen y Buchenwald, comencé a llorar en voz alta y me quedé despierta toda la noche. Y si hubieras visto a esa gente que fue traída aquí desde los campamentos. Uno debería tomar a un hombre como Heisenberg y millones como él, y obligarlos a mirar estos campos y las personas mártires. La forma en que apareció en Dinamarca en 1941 es inolvidable”.

Esta reseña sintética de esta gran investigadora es una muestra más de que la ciencia y la filosofía son ámbitos indisolubles, con impactos de uno sobre otro. Por otro lado, “la biografía de Meitner está plagada de episodios que ilustran la resistencia en general que existía en la sociedad de esa época para aceptar la incorporación de mujeres al mundo universitario”.

Lise Meitner, aquella que se animó “ A DECIR NO “, a la bomba atómica.

En momentos donde la amenaza nuclear vuelve a estar en el tapete, producto de otra guerra sin sentido, animarse a decir NO, es imperativo.

¡No sé que no sé!

Sobreestimar nuestra inteligencia es un hecho más común de lo que parece. No somos tan afectos a declararnos ignorantes, sino más bien solemos opinar de cuestiones sobre las cuales no tenemos una idea cierta o un fundamento para hacerlo. La frase atribuido a Socrates «solo sé que no se sé nada» tiene poca cabida en nuestro accionar conciente, ya sea como una costumbre habitual o en alguna circunstancias que nos toca atravesar. Son muchos los que creemos saber, cuando en realidad no sabemos ni tenemos conciencia de esa ignorancia, mientras que él, Sócrates, sí posee la conciencia de su propia ignorancia.

Para no caer en la tentación de hacerlo sobre este tema, les transcribo a continuación un interesante artículo de la revista “Cultura inquieta”, en donde se abordan todos los aspectos vinculados con este fenómeno que tiene un nombre por cierto impactante.

Efecto Dunning-Kruger, o por qué mucha gente opina de todo sin tener ni idea

Por Jennifer Delgado Suárez via Rincón de la psicología.

El efecto Dunning-Kruger puede resumirse en una frase: cuanto menos sabemos, más creemos saber. Es un sesgo cognitivo según el cual, las personas con menos habilidades, capacidades y conocimientos tienden a sobrestimar esas mismas habilidad, capacidades y conocimientos. Como resultado, suelen convertirse en ultracrepidianos; gente que opina sobre todo lo que escucha sin tener idea, pero pensando que sabe mucho más que los demás. (Los ultracrepidianos son esas personas que opinan sobre todo sin tener conocimiento de casi nada. Son esos perfiles que no dudan en corregirnos, en minimizar nuestras valías para destacar en cualquier circunstancia y en medio de toda conversación).

El problema es que las víctimas del efecto Dunning-Kruger no se limitan a dar una opinión ni a sugerir, sino que intentan imponer sus ideas, como si fueran verdades absolutas, haciendo pasar a los demás por incompetentes o completos ignorantes, cuando en realidad no es así. Obviamente, lidiar con estas personas no es fácil porque suelen tener un pensamiento muy rígido.

La relación entre estupidez y vanidad se ha descrito como el efecto Dunning-Kruger, según el cual las personas con escaso nivel intelectual y cultural tienden sistemáticamente a pensar que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que son.

El delincuente que intentó volverse invisible con zumo de limón

A mediados de 1990 se produjo en la ciudad de Pittsburgh un hecho que podríamos catalogar, cuanto menos, de sorprendente. Un hombre de 44 años atracó dos bancos en pleno día, sin ningún tipo de máscara para cubrir su rostro y proteger su identidad. Obviamente, aquella aventura delictiva tuvo una vida muy corta ya que el hombre fue detenido rápidamente.

Cuando lo apresaron, McArthur Wheeler, que así se llamaba, confesó que se había aplicado zumo de limón en la cara ya que este le haría invisible ante las cámaras. “¡Pero si me puse zumo de limón!”, fue su asombrada respuesta cuando lo arrestaron.

Más tarde se conoció que la idea del zumo fue una sugerencia de dos amigos de Wheeler, quienes bromearon sobre el hecho de que atracarían un banco usando esa técnica para que no los reconocieran. Wheeler puso a prueba la idea aplicándose zumo en su cara y sacándose una fotografía, en la cual no apareció su rostro. Es probable que se debiera a un mal encuadre, pero aquella “prueba” fue definitiva para Wheeler, quien decidió llevar adelante su plan «genial».

La historia llegó a oídos del profesor de Psicología social de la Universidad de Cornell, David Dunning, quien no podía dar crédito a lo que había sucedido. Aquello le llevó a preguntarse: ¿Es posible que mi propia incompetencia me impida ver esa incompetencia?

Ni corto ni perezoso, puso manos a la obra, junto a su colega Justin Kruger. Lo que hallaron en la serie de experimentos que realizaron los dejaron aún más sorprendidos.

El estudio que dio origen al efecto Dunning-Kruger

En una serie de cuatro experimentos, estos psicólogos analizaron la competencia de las personas en el ámbito de la gramática, el razonamiento lógico y el humor.

A los participantes les pidieron que estimaran su grado de competencia en cada uno de esos campos. A continuación, debían realizar una serie de test dirigidos a evaluar su competencia real.

Entonces los investigadores notaron que cuanto mayor era la incompetencia de la persona, menos consciente era de ella. Aunque es paradójico, las personas más competentes y capaces solían infravalorar sus competencias y conocimientos. Así surgió el efecto Dunning-Kruger.

Estos psicólogos concluyeron además que las personas incompetentes en cierta área del conocimiento:

– Son incapaces de detectar y reconocer su incompetencia.

– No suelen reconocer la competencia del resto de las personas.

La buena noticia es que este efecto se diluye a medida que la persona incrementa su nivel de competencia ya que también se vuelve más consciente de sus limitaciones.

¿Por qué cuanto menos sabemos, más creemos saber?

El problema de esta percepción irreal se debe a que para hacer algo bien, debemos tener al menos un mínimo de habilidades y competencias que nos permitan estimar con cierto grado de exactitud cuál será nuestro desempeño en la tarea.

Por ejemplo, una persona puede pensar que canta estupendamente porque no tiene ni idea de música y no conoce todas las habilidades necesarias para controlar adecuadamente el tono y timbre de la voz y llevar el ritmo. Eso hará que diga que “canta como los ángeles”, cuando en realidad tiene una voz espantosa.

Lo mismo ocurre con la ortografía, si no conocemos las reglas ortográficas, no podremos saber dónde nos equivocamos y, por ende, no seremos conscientes de nuestras limitaciones, lo cual nos llevará a pensar que no cometemos errores ortográficos.

De hecho, el efecto Dunning-Kruger se puede apreciar en todas las áreas de la vida. Un estudio realizado en la Universidad de Wellington reveló que el 80% de los conductores se califican a sí mismos por encima de la media, lo cual, obviamente, es estadísticamente imposible.

Este sesgo cognitivo también se aprecia en el ámbito de la Psicología. Tal es el caso de las personas que afirman que “mi mejor psicólogo soy yo mismo”, simplemente porque desconocen por completo cómo les puede ayudar este profesional y la complejidad que encierran las técnicas psicológicas.

En práctica, creemos que sabemos todo lo que es necesario saber. Y eso nos convierte en personas sesgadas que se cierran al conocimiento y emiten opiniones como si fueran verdades absolutas.

¿Cómo minimizar el efecto Dunning-Kruger, por nuestro propio bien?

Todos cometemos errores por falta de cálculo, conocimientos y previsión. La historia está repleta de errores épicos, como el de la emblemática Torre de Pisa, que comenzó a inclinarse incluso antes de que terminara la construcción. Hace tan solo unos años, el gobierno francés gastó 15.000 millones de euros en una flota de 2.000 trenes nuevos, para después descubrir que eran demasiado anchos para 1.200 de sus estaciones, lo cual les llevó a invertir aún más para acondicionar esas estaciones.

En nuestro día a día también podemos cometer errores por falta de experiencia y por sobreestimar nuestras capacidades. Los errores no son negativos y no debemos huir de ellos, sino que podemos convertirlos en herramientas de aprendizaje, pero tampoco es necesario tropezar continuamente con la misma piedra ya que llega un punto en que resulta frustrante.

De hecho, debemos mantenernos atentos a este sesgo cognitivo porque la incompetencia y la falta de autocrítica no solo hará que lleguemos a conclusiones equivocadas sino que también nos impulsará a tomar malas decisiones que terminen dañándonos.

Esto significa que, en algunos casos, la responsabilidad por los “fracasos o errores” que experimentamos a lo largo de la vida no recae en los demás ni es culpa de la mala suerte sino que depende de nuestra deficiente autoevaluación.

Para minimizar el efecto Dunning-Kruger y no convertirnos en esa persona que opina sobre todo sin tener idea de nada, lo más importante es aplicar estas sencillas reglas:

– Sé consciente al menos de la existencia de este sesgo cognitivo.

– Deja siempre un espacio para la duda, para formas diferentes de pensar y hacer las cosas.

– Opina siempre desde el respeto a los demás. Por muy seguro que estés de tu opinión, no intentes imponerla.

Debemos recordar que nadie es experto en todas las materias de conocimiento y ámbitos de la vida, todos tenemos carencias e ignoramos muchas cosas. Por tanto, lo mejor es enfrentar la vida desde la humildad y con la actitud del aprendiz.

¿Cómo lidiar con las personas que no reconocen su incompetencia o desconocimiento?

Las personas que opinan de manera tajante sobre todo sin tener idea y que subestiman a los demás, suelen generar un gran malestar. Nuestra primera reacción suele ser irritarnos o enfadarnos. Es perfectamente comprensible, pero no servirá de nada. En su lugar debemos aprender a mantener la calma. Recuerda que solo puede afectarte aquello a lo que le das poder, lo que consideras significativo. Y sin duda, la opinión de una persona que no es experta en la materia y ni siquiera sabe de lo que habla, no debería ser significativa.

Si no deseas que la conversación vaya más allá, simplemente dile: “He escuchado tu opinión. Gracias”, y zanja el asunto. Si realmente te interesa que esa persona salga de su estado de desconocimiento y sea más consciente de sus limitaciones, lo único que puedes hacer es ayudarle a desarrollar sus habilidades en esa área.

Evita frases como “no sabes de lo que hablas” o “no tienes ni idea” porque de esta forma solo lograrás que esa persona se sienta atacada, asuma una actitud defensiva y se cierre a tus propuestas. En su lugar, plantea una nueva perspectiva. Puedes decir: “ya te he escuchado, ahora imagina que las cosas no fueran exactamente así”. El objetivo es lograr que esa persona se abra a opiniones y formas de hacer diferentes.

También puedes recalcar la idea de que todos somos inexpertos o incluso profundos desconocedores en algunos campos, no es algo negativo sino una increíble oportunidad para seguir aprendiendo y crecer como personas.

Fuera ya del artículo que me resultó interesante, agrego algunos ejemplos para clarificar aún más el concepto:

Cuando una persona se cree muy habilidosa para algo, aunque evidentemente no lo es, como un cantante sin técnica vocal que se considera muy talentoso.

En los casos en que una persona no puede reconocer la competencia de otros también se presenta este efecto, como un paciente que cree saber más que su médico al automedicarse.

Si se entrena a una persona que presenta este efecto y se aumenta su nivel de competencia, será capaz de reconocer que era anteriormente incompetente. Por ejemplo, cuando alguien que se cree erróneamente experto en una materia es instruido sobre ella y al final descubre que no sabía tanto como creía.

Y para finalizar algo de humor asociado:

  • ¿Qué significa estar cómodo para un estadístico? Meter la cabeza en el frigorífico, los pies en el horno y calcular la media.
  • Un ratón le dice al otro: “¡Mira! ¡Cada vez que pulso el botón, el tío con la bata blanca se pone a escribir algo!”.
  • Están los que ven el vaso medio lleno y los que lo ven medio vacío. Luego están los químicos, que lo ven siempre lleno. Nota: de líquido y aire.
  • ¿Cuántos psicólogos hacen falta para cambiar una bombilla? Uno, pero la bombilla tiene que querer cambiar.
  • Un estambre le dice a un pistilo: “me gusta tu estilo.” Nota: El estilo, junto con el ovario y el estigma componen la unidad del órgano femenino de las flores que es el pistilo.
  • Un hombre siempre será mucho más seXY que una mujer.
  • Un grupo de científicos ha hallado el gen de la timidez. Lo podrían haber encontrado antes, pero estaba escondido entre otros dos genes.
  • ¿Qué le dice un protón a un electrón?: “tío, no seas siempre tan negativo”.
  • Un estudiante que viaja con Einstein le pregunta: “Profesor, ¿está usted seguro de que Londres para en este tren?” Nota: Según la más famosa teoría desarrollada por Einstein, tanto el tiempo como el espacio son relativos al estado de movimiento del observador. Tan correcto es decir por este motivo que “un tren para en Londres” como que “Londres para en un tren”.
  • Un psicoanalista muestra a un paciente una lámina Rorschach y le pregunta qué ve. “Son dos personas haciendo el amor». El psicoanalista le enseña otro dibujo. “Eso también son dos personas haciendo el amor”. El especialista concluye: “usted está obsesionado con el sexo”. “¿Yo? Es usted el que no para de mostrarme imágenes depravadas”.
  • Un número infinito de matemáticos entra en un bar. “Deme una caña”, dice el primero. “Deme media caña” pide el segundo”. “Deme un cuarto de caña” solicita el tercero. “Deme un octavo de caña”… Tras cinco minutos el camarero, harto, les pones dos vasos delante: “chicos, ahí tenéis: barra libre”.
  • ¿Qué significan las siglas ADN? Asociación Nacional de Disléxicos.
  • El alcohol no es un problema, es una solución. Nota: Una solución o una disolución en química es es una mezcla homogénea a nivel molecular o iónico de dos o más sustancias puras que no reaccionan entre sí, cuyos componentes se encuentran en proporciones variables. La descripción es válida para algunas bebidas alcohólicas.

¡Hermógenes, escritor a pedido!

Siendo niño sufrió en carne viva la falta de amor. Sin conocer padre y madre fue criado por dos supuestos abuelos, que muchas veces sólo servían para castigarlo y humillarlo. Hermógenes, tal era su nombre, jamás renegó de su suerte. Al menos, tuvo la dicha de culminar sus estudios primarios, sin sobresalir, pero poniendo todo el empeño del mundo. Las maestras lo adoraban, porque era ciertamente encantador, una especie de niño demasiado grandote para su edad. Mirta, la maestra de último grado se propuso desarrollar alguna faceta en él, que lo ayudara a sobrevivir, a sabiendas que quizás sería harto difícil que pudiera continuar con sus estudios secundarios.

«Los ángeles a veces bajan del cielo y se corporizan en seres de carne y hueso», eso pensaba Hermógenes, mientras Mirta le dedicaba todo el tiempo necesario para que él aprendiera a expresarse mejor y pudiera finalmente escribir. Lo cierto es que a este niño grandulón le costaba horrores aprender lengua y mucho más las matemáticas. Mirta, tenía una habilidad especial para detectar en sus alumnos tanto fortalezas como debilidades, a lo que sumaba que sentía profundamente su vocación, y amaba a los niños como ninguna otra maestra. Es por ello, que rápidamente detectó en Hermógenes una enorme sensibilidad, que estaba allí oculta, sin poder salir, producto de las limitaciones de su querido niño. Esta fue la razón por lo que decidió que Hermógenes tenía que aprender a escribir, para que a través de ese mecanismo pudiera soltar la riqueza que había en su interior, pletórico de sentimientos amigables, bondadosos y tiernos.

El proceso por el cual Hermo, diminutivo con el cual Mirta lo empezaría a llamar, y el cual a la postre le serviría como seudónimo para escribir, llegaria a ser un aprendiz de escritor, incluyó actividades programáticas tales como lectura compartida, interpretación de textos, ortografía, caligrafía, sintaxis y redacción de cuentos cortos y poemas, todo en grado creciente. Tal era el compromiso mutuo de ambos, cimentado en una magnífica relación afectiva, que Hermo se fue transformando a lo largo de un año en un incipiente y prolífico escritor, cuyas creaciones literarias tenían el sello distintivo y el perfume de las flores que nacen en el desierto. Hermógenes Orígenes, como sus compañeritos del colegio lo llamaban a modo de burla, se había convertido en una especie de ratón de biblioteca ya que sumaba y sumaba volúmenes de lectura, de géneros de los más diversos, agregándole fluidez y cada vez mayor precisión y amplitud a sus escritos.

Mirta estaba muy orgullosa del logro de su protegido, al cual le encomendaron por ejemplo la redacción y escritura de uno de los discursos de cierre del año lectivo, el último que vería a Hermógenes en sus aulas. Atrás habían quedado esas épocas difíciles cuando el niño llegaba algunas veces triste, luego de haber recibido alguna paliza de su abuelo. Mirta sabía que su Hermo se sobrepondría a todo como siempre, poniendo su mejor cara, trabajando incansablemente para acariciar a alguien con sus letras. El tropel de emociones que habitaban dormidas dando vueltas en su corazón y su cuerpo, fluían y daban belleza a sus textos, los que nunca carecían de su sesgo personal y una cuota de mínima sabiduría.

Hermógenes descubrió las ventajas del amor, por sobre todas las cosas y otras emociones menos reconfortantes. Ese talismán en crudo se dejó tallar por el cariño y el sacrificio denodado de su maestra, pasando por alto su vida si se quiere aciaga y tormentosa. Se ganó el respeto de sus compañeros, los cuales tantas veces lo habían tratado de torpe y poco inteligente. Se hablaba a si mismo, para no caer en la tentación de sentirse importante, sino sólo para enfocarse en el que sería su propósito en la vida, colaborar con quien lo necesitará con lo único que sabía hacer relativamente bien: «escribir».

Ya de adolescente Hermógenes comprendió que no viviría de sus escritos, por lo que aprendió rápidamente el oficio de albañil, con el cual se ganaría la vida, ya que el cielo se lo ganaría con lo que él decía que le daba sentido a su vida. Como albañil se defendía bastante bien. Uno de sus primeros trabajos fue revocar y pintar un muro de la casa de su adorada maestra Mirta, a la cual por supuesto no le cobró las refacciones. Era laborioso y cumplidor por lo que prontamente se hizo una aceptable reputación dentro del oficio, ya que por lo general lo que hacía era bueno , a tiempo y sin malgastar materiales. Honesto por demás, dejarlo sólo en una casa para trabajar era una irrefutable certeza. Por decisión propia no se dedicaba a grandes obras, como construir una casa entera, sino más bien a tareas en las cuales pudiera trabajar en soledad, mientras iba imaginando y degustando sus escritos. Su gran ambición era la escritura, y las refacciones y obras pequeñas su medio de subsistencia, un principio que respetaría por siempre.

Así como le llegaban pedidos para oficiar de albañil o pintor, casi en igual cantidad le llegaban solicitudes de vecinos y otras personas no tan cercanas, para que les escribiera en papel y a mano, desde cartas formales, hasta misivas de amor, o pedidos a Papa Noel. Todos los requerimientos eran atendidos con la misma calidad y dedicación, tratara de lo que se tratase. Hermógenes, el albañil o Hermo el escritor, tenía la inmensa virtud de haber aprendido a ponerse los zapatos del otro, hecho que tiempo después él descubriría que se llama empatía. Por lo que, si lo que le pedían era importante para el otro, porque no iba a ser importante para él. Su límite, aclarado desde el vamos por él, era la violencia o cualquier demostración parecida, por lo que eludía con elegancia las situaciones problemáticas, conflictivas, de amenazas, o de deudas. Inteligentemente pensaba que para eso estaban los abogados, quien era él para andar transmitiendo preocupaciones y gestionando entuertos. En las cartas de amor, se aseguraba de que nunca hubiera un tercero o tercera en discordia, y era especialmente efectivo en el galanteo simple y llano. La percepción de segundas intenciones en principio no era bien acogida por nuestro literato, el cual las cuestionaba para dar claridad y propósito a su texto. Los escritos enmarañados y viciados de imágenes o ideas subyacentes, no eran de su preferencia, por lo que los soslayaba con extremada pericia. Adornar, ribetear, engalanar un texto era algo muy distinto y parte de su arte y devoción, empleando adjetivos y descripciones complementarias, tantas como pudiera. Dios le había dado la posibilidad de expresarse, por lo que el trataría por todos sus medios de que su redacción y los contenidos fueran lo mejor que su capacidad pudiera crear.

Cuando le preguntaron después de muchos años cuál era el secreto del éxito al escribir una carta de amor, él se limitaba a responder: «depende que tipo de amor, usted no se olvide que hay tantos amores y variedades como humanos hay en la tierra». Más allá de eso, él siempre recomendaba a las personas la sinceridad antes que el halago y el ofrecimiento de una vida conjunta y de respeto, más que la ostentación o vanas promesas. La única condición para escribir una misiva de amor era que le dijeran al menos una virtud y un defecto de la otra persona. Cuando el requirente se deshacía en halagos, sin encontrar defectos en el otro, por lo general les decía con absoluta franqueza: «mire, yo no soy quién para juzgar, pero me parece que usted admira a esa persona, pero no la ama, piénselo un poquito, total después puede volver». En el caso de que sólo las virtudes fueran físicas, no accedía al pedido por falta de información real acerca de la otra persona, mientras que en el caso de percibir algo de despecho en lo que decían o de rechazo previo, por lo general les recomendaba el olvido, ya que era según sus propias palabras, terreno poco propicio para que nazcan los frutos del amor.

Hermo, aquel niño descuidado por casi todos, menos para su protectora, adquirió sin desearlo ni proponérselo, una merecida fama de escritor a pedido, que no le significaba ningún ingreso, sino sólo la satisfacción de sentirse útil para sí mismo y para los demás. Su afición por la escritura era tal que no podía eludir su vocación, ni siquiera cuando redactaba sus presupuestos. Era común que los redactara casi en forma de cuentos tales como:

Estimado Mario:

En ocasión de nuestro encuentro, acaecido por la mañana del viernes 3 del presente mes, el cual me resultó muy reconfortante, por cierto, he evaluado una por una todas las tareas que Usted me ha requerido, llegando al siguiente detalle que con gusto paso a describir:

  1. Levantar muro de 1 x 1 con ladrillo común, para divisorio de cocina y lavadero, revoque, mano de obra, pintura y materiales (ya conversados) incluidos: $ 25.000
  2. Arreglo de cielorraso, en living-comedor, mano de obra, materiales (ya conversados) y pintura incluidos: $ 35.000
  3. Recambio de grifería de baño principal, mano de obra y materiales (ya conversados) incluidos: $ 45.000

Plazo de ejecución: 3 días corridos, pudiendo comenzar el día 12 de febrero por la mañana temprano.

Forma de pago: anticipo del 50 % para compra de materiales, 30 % al finalizar la obra, y 20 % a la semana de concluido, que Usted puede considerar como garantía por mi trabajo. La conformidad suya por mis labores, será suficiente para que Usted decida pagarme este último porcentaje.

Aprovecho esta opoertunidad para aclarar algunos aspectos sobre mi trabajo y el ambiente que necesito para desarrollarlo en tiempo y forma.

  1. Me gusta la música clásica, por lo que agradeceré si me permite escuchar en mi pequeño equipo ese tipo de música a bajo volumen mientras trabajo.
  2. Como hago horario continuado si Usted me ofrece un plato de comida y agua de beber durante la hora del almuerzo, no sólo se lo agradeceré sino que le efectuaré un descuento del 3 % del monto total de la obra.
  3. Como me gusta por demás charlar y eso me distrae bastante, le recomiendo que Usted y su familia lo evite en lo posible. En caso de que Usted lo considere propicio prefiero tomar un té a media mañana y otro a la siesta, a que me ceben mates, ya que eso me desconcentra y me produce muchas ganas de charlar.

Más allá de que mi precio, condiciones y tiempo estipulado de trabajo le resulte adecuado y sirva para que podamos concretar este acuerdo, le agradezco infinitamente esta posibilidad y le deseo un gran comienzo de semana.

Nota al pie: Tuve la inmensa fortuna de leer algunas partes de la carta que estaba pegada en la heladera. Interpreto que es de uno de sus hijos en ocasión del día del padre. Dígale a su hijo de mi parte, que lo poco que pude leer me gusto mucho. Mil disculpas por el atrevimiento de la lectura y este comentario, pero como ferviente devoto de la escritura, no podía dejar pasarlo. Espero no le moleste.

Nuevamente gracias

Hermógenes.

Presupuestos como este generaron algo de sorpresa al principio, pero luego formaron parte de su oficio, a tal punto que muchas personas sólo lo llamaban para quedarse con un texto de este tipo, siempre distintos entre sí, y plagados de apostillas y notas al pie.

Los que lo conocían más en detalle, afirmaban que no había formado su propia familia. Cuando era preguntado respecto de su situación relacional o de familia, casi siempre respondía que no tenía tiempo para disponer de una, hecho que parece no le producía tristeza o desánimo, como si lo afectaba por ejemplo, cuando a alguien no le gustaba como había resuelto su pedido literario.

Hermo, discurrió la vida entre fratachos, pinceles, lápices y biromes, sin tocar nunca con sus manos la tecnología o los medios sociales. Su congruencia era su mejor carta de presentación, que se difundía de boca en boca, de barrio a barrio, de vecino a vecino. Era más amigo de los amaneceres que de los ocasos, por lo que su musa inspiradora lo visitaba muy temprano y lo iba abandonando para desaparecer cuando el sol se pone. Sus rutinas y hábitos era su verdadera fortaleza, en las cuales fuera también entrenado por Mirta su mentora.

En la plenitud de su vida, pudo mantenerse gracias  a su habilidad de albañil, la cual conservó hasta una edad bastante avanzada. Cuando sus fuerzas menguaron, nunca le faltó nada (que no era mucho) para subsistir, gracias a la numerosa cantidad de amigos, conocidos y admiradores. Continúo con su arte hasta donde pudo, conservando esa magia que lo hacía un ser único. Un día, cuando el sol aparecía tímidamente por el horizonte se acabó su luz. Quizás empezaría a brillar en otra dimensión, vaya uno a saber. Buscaron entre sus pertenencias para encontrar alguna frase escrita, que se correspondiera con su lápida, pero tal era su humildad y falta de egoísmo que no la había preparado. Uno de sus vecinos más cercanos, el que lo había asistido asiduamente en su última etapa, improvisó un texto que rezaba:

“Aquí yace Hermógenes (Hermo) el único hombre que rompía muros con sus palabras y transpiraba letras con cada pared que levantaba”.

Las historias son según quien las ve, pero la coincidencias y desavenencias de las vistas las hace muy poderosas.

¿Quién paga la cuenta?

Salir fuera de casa, juntarse en reuniones, celebrar algo, son por lo general momentos únicos y particulares en cada caso. No es lo mismo, la juntada habitual de un grupo de amigos de años en un bar, que una cena de trabajo, que un encuentro entre nuevas amistades, que una primera cita romántica, o una segunda, o la reunión en un consorcio de vecinos, una salida de padres o madres del colegio con cierta afinidad, o una invitación a la casa de alguien que se transforma en anfitrión.

Cada evento en los que socializamos, dependiendo de su naturaleza posee diferentes objetivos, pero lo que casi todos tienen en común es que requieren de fondos para llevarse a cabo. Así sea sólo degustar una taza de café o de té, o una bebida fresca en el verano, existen cuestiones que necesitan ser aclaradas previamente, para evitar malos entendidos o momentos de tensión a la hora de asumir los costos o pagar las cuentas.

En nuestra cultura occidental existen, aún con diferentes matices, convenciones preestablecidas, según las cuales nos manejamos de cierta manera tácita. Alguna vez he sido testigo de episodios en donde algunas personas, han cuestionado estos acuerdos implícitos, generando que lo que había sido una reunión en armonía, donde se había podido conversar y disfrutar, se transforme en una situación desagradable con un final cuanto menos de mal gusto.

¿Cuáles son esas convenciones aceptadas?

Los manuales de protocolo son claros al respecto, y la norma indica que quien invita es quien paga, sin excepción. Sean negocios, una cita romántica, un evento familiar o una reunión de amigos, si alguien osa decir «Te invito a tal lado a comer tal cosa», uno debe interpretar que puede tranquilamente caer con los bolsillos vacíos y una actitud aristocrática.

En cambio, si decimos «¿Vamos a comer a tal lado?», o «Nos juntamos en tal lugar«, entramos en el sinuoso terreno del «pago a la española o el pago a la sueca». ¿Qué significa eso? Los habitantes de la madre patria llaman «pagar a escote» eso mismo que nosotros nombramos, muy argentinamente, como «hacer una vaquita o pagar a medias». Esto es, cualquiera lo sabe, dividir la cuenta matemáticamente entre los amigos presentes, más allá de quien haya consumido qué. Los suecos, por el contrario, practican la gran jugada que es costumbre en varios lugares del mundo: revisemos el ticket y veamos qué consumió cada uno, y así repartimos los gastos en función de eso.

Cuando se paga a medias (a escote en España), la colecta del dinero puede convertirse también en un momento de inesperado compromiso. A veces no disponemos de los billetes que nos permiten dividir la cuenta en partes completamente iguales, poseemos tickets de descuento que nos gustaría utilizar o se nos ha olvidado pasarnos por el cajero y solo tenemos en la cartera nuestra tarjeta de crédito. La solución es tan simple como acordar con el bar o con el restaurante que cada uno se hace cargo de lo suyo y que sea el local el que se tome la responsabilidad de realizar la división.

Por último, en las reuniones con muchos miembros, pocas veces se espera que una única persona (o un pequeño grupo de ellas) pague por todos los comensales, a no ser que esta se haya ofrecido antes con motivo, por ejemplo, de una celebración como un cumpleaños. Se debe tener cuidado con invitar a todo un grupo pues las connotaciones que dicho acto conlleva pueden ir desde que los demás te consideren un soberbio por hacerte cargo de una suma tan grande, a que te juzguen de manera contraria, como un individuo débil que necesita reafirmarse a través de su dinero.

Respecto de dividir por partes iguales, independientemente de qué consumió cada uno puede dar lugar a situaciones injustas si se quiere.

En boca de algún comensal escuché decir alguna vez:

¿Me molesta que dos fulanos hayan pedido un vino carísimo y yo casi no haya tomado alcohol? Profundamente. ¿Me exaspera que mi amigo Jorge además del vino pida un lomo de mil pesos porque viene del gimnasio y necesita proteínas y a mí esa noche me pintó comer un revuelto gramajo de trescientos pesos bajado con una gaseosa light? Un montón.

Otra anécdota extraída de un blog de un viajero reseñaba:

“Estando en Londres hace unos años fuimos a comer con mi ex y un amigo inglés, y al momento de llegar la cuenta mi ex -que era de buen pasar y de costumbres muy latinoamericanas- depositó su tarjeta sin siquiera desviar la atención de la conversación. El inglesito, muy nervioso, retuvo al camarero para que lo dejara mirar el ticket y sacó de su bolsillo los pounds exactos de lo que había consumido. Mi ex insistió en invitarlo, como hacía siempre con todos, hasta que el tipo pasó de la amabilidad a la firmeza sin soltar su dinero de las manos del mozo. Quisimos pagar, pero no hubo caso”.

La incomodidad ante estas situaciones es tal que hasta ha sido objeto de una investigación publicada por The Economic Journal, en la que se concluye que, aunque todos prefieran pagar por separado y cada uno lo que consumió, esta cuota de egoísmo se profundiza cuando ven que cada uno deseaba minimizar su costo a expensas del de los demás.

El tema ha sido foco de varios estudios. Tantas opiniones encontradas, disparó que un grupo de jóvenes desarrolló una excelente herramienta, disponible en los smartphones, que permite hacer cálculos precisos a la hora de dividir la cuenta. Está disponible únicamente para iOS y es completamente gratuita.

Se trata de “Plates” una app muy simple que permite hacer cálculos por consumo personal o generales y también sobre la propina para que no se complique nada a la hora de hacer el pago de la cuenta.

La interfaz de la aplicación es bastante sencilla. Tiene una barra en la parte izquierda que es donde se hacen los ajustes de cantidad de comensales y en la parte de la derecha aparece un escenario con los platos, que representan la cuenta individual de las personas que están en la mesa. Lo primero que hay que hacer es elegir cuantas personas están compartiéndola, es posible hacer un cálculo para 10 personas, no más.

La aplicación Plates permite dividir la cuenta en cantidades iguales para cada persona, o también es posible crear una cuenta por cada usuario, incluso puedes dividir el precio de algún plato entre dos personas si lo compartieron.

Luego se puede también calcular de forma automática la propina y dividirla en el precio final antes de calcular lo que cada uno deberá pagar

Algunos traumas vinculados al patriarcado

De otro blog fue posible extraer el siguiente texto:

¨Tengo un amigo que tiene muchas citas en Tinder con diferentes chicas y es tan antiguo que hace la pantomima de ir a comer a un lugar lindo y pagar tremenda cuenta en modo patriarcal para ver si después de todo eso logra tener una noche de intimidad. Su actitud cavernícola lo deja siempre en un eterno default salarial, pero finalmente pienso que los traumas y costumbres se respetan cueste lo que cueste. A mí, particularmente, me nace pagar el trago o la cerveza de un encuentro casual y jamás podría tener un one night stand dividiendo lo que tomó cada uno. Llámame antiguo”.

Reuniones de negocio

En cuanto a los negocios, es muy simple: el que convoca a la reunión debe pagar y nadie se sentirá culpable o fuera de lugar porque esto ocurra. El ademán de querer pagar a medias en una situación como esta queda normalmente fuera de lugar, y ponerse incómodo mientras el otro saca la tarjeta o revisa la cuenta tampoco tiene sentido. Se puede hablar del clima o de otro tema trivial, como para matar el silencio, pero siempre con actitud relajada.

Aspectos filosóficos

Pagar o no pagar la cuenta tiene que ver con el significado en sí de la propia acción: ¿si pago yo, estoy poniéndome en un plano superior respecto al que no paga? ¿Si no soy yo el que invita, los demás me van a considerar un tacaño? ¿Si ofrezco siempre el aperitivo estoy permitiendo que mis amigos o mis compañeros se aprovechen de mí?

¿Quién paga en la primera cita?

Para abordar este tema complejo, voy a copiar de manera literal un artículo que escribió para la BBC, la escritora canadiense de 27 años, Anne Rucchetto:

“Cuando empecé a salir con gente, mi madre me advirtió que «no hay nada que sea gratis».

«Los hombres pensarán que les debes algo», sentenció.

Sé bien que mi madre no pretendía llenarme de temor, pero su declaración me causaba preocupación cada vez que conocía a alguien nuevo. Me tomó tiempo librarme de ese sentido de obligación que sentía hacia los hombres que pagaban los US$5 que valía mi cerveza pero, desde ese momento, no volví a hacerlo.

Hoy en día, buscar a alguien con quién salir es más fácil que nunca, con las apps y comunidades online para personas de todas las orientaciones, identidades y antecedentes imaginables.

Pero, ¿quién debería pagar la cuenta en esa primera cita? es una pregunta que siempre enciende una acalorada conversación.

Siempre solía adoptar la lógica de que para que las mujeres seamos tratadas igual que los hombres, debemos pagar nuestra parte y dividir la cuenta con nuestra pareja. Para asegurarme de que eso no fuera problemático, siempre sugerí salir a lugares de módico precio, restaurantes baratos y animados, boliches, recitales, parques.

Hace unos cinco años, mis amistades y maestros me plantearon ideas que me hicieron cuestionar esa estrategia.

Me abrí a escritoras feministas como Gloria Jean Watkins (conocida por su pseudónimo, «bell hooks») que me hicieron pensar en quién se beneficia más de la actual estructura social. Ella y otras me obligaron a cuestionar la mecánica del poder a todo nivel, incluyendo en los pequeños intercambios individuales.

Las personas se benefician de diferente manera según la actual estructura de la sociedad, así que, dependiendo con quién estamos pasando el tiempo, no debería esperarse que ambas partes paguen las mismas cantidades.

En promedio, las mujeres ganan menos que los hombres. Las canadienses ganan 69 centavos por cada dólar menos que un hombre.

Esto no quiere decir que nos cueste menos vivir; en muchos casos puede ser más caro.

La expectativa en torno a la apariencia y los comportamientos de las mujeres tiene un costo material y personal.

La apariencia física de las mujeres se mide con estándares imposiblemente altos y es objeto constante de ridiculización en todas partes, desde la industria de la farándula hasta la Casa Blanca.

De nosotras se espera que seamos más calmadas, más atentas, comprensivas, flexibles y complacientes que los hombres en todos los aspectos de nuestras vidas: familia, trabajo, relaciones y amistades. Cumplir con esas normas es costoso material y económicamente.

Aún más, la cuestión de quién paga no puede reducirse a un asunto de hombres versus mujeres. Todos tenemos diferentes experiencias basadas en nuestro género, estatus socioeconómico, raza, ciudadanía y mucho más.

Al final, la igualdad no es lo mismo que la equidad. Igualdad es todos calzando el mismo par de zapatos. Equidad es que todos calcemos zapatos que nos queden bien. En las buenas relaciones, las personas buscarán la equidad.

Cuando salí por primera vez con un hombre que se pasaba la mayoría del tiempo jactándose de su auto deportivo y sus viajes, me confundió que quisiera dividir la cuenta. Curiosamente, es frecuente que sean estos hombres privilegiados los que le han comentado a mis amistades que yo «soy feminista, así que lo dividimos».

Así los hombres crean o no que el trabajo de las mujeres está infravalorado, eso es un hecho. Más aún, así o no estén de acuerdo con que a las mujeres se les pague menos, ellos se benefician directamente de eso.

Con esto no estoy diciendo que los hombres no trabajen arduamente o que siempre deban pagar: en situaciones en las que es obvio que yo tengo ingresos más altos que el hombre con quien estoy saliendo, me parece bien dividir o pagar toda la cuenta.

Si percibo que un hombre relaciona su pago de la cuenta en la primera cita conmigo como que yo le quedo «debiendo» algo, insistiré en pagarla yo y cerrarle la puerta a cualquier oportunidad de seguir la comunicación. Ese tipo de mentalidad primitiva delata una falta de perspectiva, respeto y consentimiento.

Llevo con mi pareja, Zac, más de un año. Tuve un buen presentimiento sobre él cuando me dijo que amaba los animales, describió su apreciación por sus amigos y compartió sus opiniones sobre derechos laborales. Él pagó en nuestra primera cita y yo en la segunda.

Ahora, compartimos los gastos basados en nuestra capacidad de hacerlo cuando salimos juntos o nos visitamos en la casa del otro. Esto podría cambiar en el futuro, pero hemos encontrado un equilibrio que nos funciona a los dos.

Nuestra meta más importante es asegurarnos de que ambos nos sintamos respetados y que ninguno se sienta menospreciado o abusado.

Las primeras citas son una pequeña oportunidad para reconocer que la gente en la sociedad tiene diferente acceso a los recursos. Si queremos ser buena compañía y buenas parejas, desafiar los desequilibrios de poder es importante en todas las relaciones.

Quién paga en la primera cita no define los términos de la relación.

A medida que los lazos se estrechan, las personas involucradas pueden buscar los términos que les convengan. Independientemente de las expectativas que podamos tener sobre quién debe (o no) pagar en la primera cita, siempre es bueno tener consideración.

Fin.

Se puede estar o no de acuerdo con la manera de pensar de esta escritora, lo que no se puede negar es que aborda el tema desde varias perspectivas interesantes.

Como se puede apreciar si bien existen reglas tácitas que regulan el pago de los tickets de una cena, almuerzo, o reunión cualquiera sea su objeto, o también y porque no de otros gastos, la relatividad también se aplica para muchas situaciones y está bien que así sea.

Esperando que les haya gustado, les vuelvo a repetir la pregunta:

¿Quién paga la cuenta?

¡La verdad de la milanesa!

Este año se está agotando. Está respirando sus últimos sorbos de aire, aproximándose cada vez más a su ocaso. Próximo a entregar la posta en esta carrera cronometrada que llamamos tiempo, hace sus últimos esfuerzos por tratar de caernos bien, sintiéndose culpable por todo lo que no tuvimos ganas, no supimos o no quisimos hacer. Se va repleto de votos y promesas incumplidas, dejándole al próximo varios contenedores de sueños que no se alcanzaron; sin embargo para los que tuvo la dicha de ser parte en su proceso de cumplimiento, se los lleva él, muy ufano de sí mismo.

El nuevo año arranca recargado de buenos deseos, de prosperidad, de ofrendas, de lindos augurios y sobre todo de esperanza. Su ansiedad de principiante lo hace presumir de su poder, sintiéndose que todo lo puede, bailando al son de músicas alegres que suenan en fiestas tanto concurridas como estridentes. Para sus primeros pasos como año, no tienen sentido los balances, eso se lo deja al año viejo y su historia de éxitos, fracasos y logros a medias. El no está para lágrimas y desconsuelos, sino para vanagloriarse de ser la novedad. Brindis tras brindis, todos celebran su nacimiento, dándole la bienvenida al discurrir de tantas vidas, de muchas circunstancias, de las cuales «al final deberá hacerse cargo para bien o para mal».

Es casi una regla general que quien más o quien menos usemos el año viejo como excusa para nuestras excusas, haciéndolo responsable azaroso de varios propósitos que no llegamos a cumplir. Del mismo modo, aún sin cambiar nada o muy poco de lo que venimos haciendo, creemos que, por arte de magia, el recién nacido está cuasi obligado a depararnos mejor fortuna. De esta manera solemos poner en este especie de entelequia o fantasía, que es la partición del tiempo en años, la responsabilidad por nosotros mismos y por los demás.

La verdad de la milanesa, es que es no es tan sencillo enfrentarse a uno mismo, a esos demonios que nos acompañan a todo sitio donde vamos. El año que se va no tiene quien lo defienda y resulta más sencillo darle su justo merecido. Ya viene este año renovado en donde nos proponemos firmemente que gran parte va a ser mejor, poniéndonos tantas metas como quepan en nuestra hoja de propósitos. Capaz sea más sencillo poner pocos objetivos y cumplibles, pero a veces nos perdemos en esa lucha con nosotros mismos y nuestro ego exacerbado, y le tememos a que nos tilden de pusilánimes o poco ambiciosos, aunque un grupo íntimo o reducido o quizás nadie sepan de nuestras intenciones para el año que viene.

El que sabe cómo son las cosas, tiene «la verdad de la milanesa». No hay dudas: la verdad de la milanesa es una verdad irrefutable, y la frase es tan común que a veces uno olvida que está aludiendo a uno de los platos de comida preferidos de casi todos los argentinos. Necesitamos investigar, ¿de dónde proviene ese refrán?

Aunque muchos crean que la milanesa es una receta emblemática de la Argentina, sus orígenes son ampliamente discutidos y una simple revisión de la etimología de la palabra revela que en aquel gentilicio hay, por lo menos, una ciudad, Milán, involucrada en sus orígenes. Pero hay mucha más historia detrás.

La frase evoca una verdad que no se conoce. ¿Quién puede asegurar que tal o cual es el verdadero origen de la receta? ¿Quién tiene la verdad de la milanesa? Sin duda, al que se le atribuya esa virtud es un conocedor, un sabio, alguien que, como indicaría el lunfardo porteño «la tiene clara» o «la sabe lunga».

¿Por qué tanto misterio? Hay quienes creen que originalmente era un plato austríaco conocido como wiener Schnitzel (escalope vienés), ya que fue mencionado en un libro de cocina de 1831. Más tarde, durante las invasiones austríacas a Italia, el plato era ampliamente consumido en la región de Milán. Allí, sin embargo, se lo conoce no como milanesa, sino como cotoletta alla milanese (porque lo que se empana es una costilla y se sirve con hueso).

La teoría italiana dice que en realidad el escalope vienés es una versión del plato milanés que habría llegado a Viena gracias a Josef Radetzky, mariscal de campo austríaco radicado en Italia entre 1831 y 1857, quien en un informe sobre la situación en la zona habría mencionado las virtudes del platillo. Pero no existen pruebas concretas de tal hecho.

«La cotoletta se come desde siempre. La preparación de carne empanada está documentada ya en la cocina medieval, y el hecho de empanar era un procedimiento muy común en esa época», explicó a BBC Mundo el investigador Giovanni Fancello, integrante de la Asociación Italiana de Gastronomía Histórica. Según Fancello, el registro más antiguo de algo similar a una milanesa aparece en el libro Historia de Milán, de Pietro Verri. «En el menú de un almuerzo ofrecido por un abate en el año 1134 para la fiesta de San Sátiro, aparece entre los nueve platos servidos el Lombos cum panitio. Es decir, lomos de carne empanada».

«La milanesa presente en el Río de la Plata es seguramente herencia de los italianos, y muy probablemente, de los lombardos», indicó también a BBC Mundo el periodista gastronómico italiano Pietro Sorba, radicado en la Argentina desde hace 30 años y autor de 14 libros sobre historia y antropología culinaria. «Carne frita con pan rallado hay en diferentes regiones de Italia, pero la similitud con la cotoletta alla milanese es llamativa. Así que es bastante probable que la conexión sea esa».

Pero a pesar de la relación con Italia, Nápoles y la napolitana no tienen nada que ver. La famosa milanesa napolitana (coronada con jamón, queso y tomate) nada tiene que ver con la ciudad que vio jugar a Maradona. Cuenta la historia que su creador fue un cocinero llamado Jorge La Grotta, a partir de un error en la cocina. En la década del 50, un asistente suyo se disponía a preparar una milanesa para un comensal y terminó quemándola. El chef le dijo: «No te preocupes, lo vamos a arreglar. Tapá la milanesa con jamón, queso, salsa de tomate y luego lo gratinás». Al ver que más que una corrección era en realidad un manjar, fue agregada inmediatamente al menú del restaurante y de todos los argentinos.

Pedir una milanesa en Milán, un Schnitzel en Argentina o una napolitana en Nápoles es probablemente la mejor manera de que los mozos se rían del pedido. Cada país con su receta y su propia denominación seguirá reclamando la autoría, pero por cierto en el único país donde se celebra cada 3 de mayo el Día Nacional de la Milanesa, es aquí en Argentina.

El historiador Daniel Balmaceda, periodista y escritor, se convirtió en un gran divulgador de los orígenes de muchos platos y expresiones gastronómicas que son de uso corriente en la Argentina.

Y, entre todas las que usamos cotidianamente, hay una que llama la atención por lo mucho que se la usa y lo poco que la gente se cuestiona de dónde proviene.

“La verdad de la milanesa”: todo el mundo sabe qué sentido tiene decirla, pero… ¿por qué la decimos? ¿Hay milanesas que dicen la verdad, y otras que dicen mentiras?

Si bien exactamente no es ese el sentido de la expresión, Balmaceda la explica con mucha claridad.

“El rebozado de la milanesa preserva la carne. Cuando uno come milanesas no sabe realmente qué hay adentro. Eso le pasaba a mucha gente en 1920, 1930. Decían: ¿Qué nos pusieron acá adentro? Recién cuando uno abría y cortaba, podía ver. Esa era la verdadera milanesa. “La verdad de la milanesa es cuando recién la abrimos”, explica el historiador.

Podríamos decir, haciendo una analogía que “la verdad de la milanesa” es lo que está dentro, lo que subyace por debajo de….., aquello que una vez descubierto resulta un sinsentido poner en duda.

Estuve buscando si esta expresión bastante antigua tiene su correlato milennial o centennial.

Lo más parecido que encontré es:

Real (preferiblemente, en mayúsculas, REAL)

Es una manera de enfatizar algo que es verdad y de confirmar que no estás exagerando en absoluto (aunque probablemente se esté exagerando TODO) .

Ejemplo: Estoy tan cansada que estoy muerta, REAL.

Como se puede apreciar no hay una equivalencia en el mundo milennial para la expresión “la verdad de la milanesa”.

¿Será porque las verdades que salen a la luz o la verdad en sí mismo no tienen o solos elementos relativos para esta nueva generación?

No soy sociólogo como para encontrar el motivo de porque algunas frases con historia no tienen su contraparte evolucionada. Quizás solo este dentro del combo de diferenciación de una respecto de la otra.

Lo concreto es que “la verdad de la milanesa” parece para las nuevas generaciones conservar solo la milanesa como hecho indiscutido.

Aprovecho para saludar a todos mis lectores y desearles el mejor de los años por venir.

Les regalo algunos últimos pensamientos, como para arrancar el año y despedir al que se va:

«El mundo que hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No se puede cambiar sin cambiar nuestra forma de pensar», Albert Einstein.

«Quien no se mueve, no siente las cadenas», Rosa Luxemburgo.

«Lo más difícil es la decisión de actuar, el resto es meramente tenacidad», Amelia Earhart.

¡Bienaventurado 2023!

¡Primera Navidad!

A casi una semana de que nuestra selección de fútbol se coronara como campeón mundial, en este caso obteniendo su tercera copa dorada, aún hoy, varios de los temas de conversación general giran en torno a ese suceso extraordinario. Entre festejos malogrados, discusiones en Francia acerca de la legitimidad de algunos fallos arbitrales, con sus respuestas inmediatas del lado argentino, discurrió una semana plagada de decisiones erradas, mostrando dos caras de nuestra idiosincrasia: la primera (nuestra selección) muy exitosa, organizada y con objetivos, mientras que la segunda como contrapartida, nos muestra como aficionados de un cierto caos, mucha euforia y escasa planificación. El otro foco de discusión se centra en si Messi es el mejor jugador del mundo, de la historia, de Argentina, del universo, con partidarios y detractores, ubicados en polos bien opuestos y pocas opiniones mesuradas o fundamentadas. Parece ser que la pasión le ha ganado la pulseada a la racionalidad y mesura, quedando el escenario parecido al de una mesa que busca equilibrarse teniendo solo dos patas.

Por otro lado, miles de publicaciones se han hecho eco de este maravilloso proceso que llevó a nuestra selección a lo más alto de la cúspide. En todos ellos se rescatan los valores del esfuerzo, sacrificio, planificación, organización, trabajo en equipo, convicción, aptitud y actitud puesta en conseguir un objetivo superlativo. Se rescata el hecho de haber superado una circunstancia inicial adversa, de la mano de la resiliencia y el aprendizaje de los errores.  En varias de ellas se pide asimismo, que se aplique un proceso de similares características o cualidades para nuestro desarrollo económico y social. Resulta claro que un camino transitado de esta manera, nos llevará en el mediano plazo a un status distinto y con mayores posibilidades, pero es necesario involucrarse desde las acciones y no sólo desde la palabra, dentro del grado de responsabilidad que a cada uno le competa. Empezar con uno mismo a veces es el camino más difícil e intrincado, aunque sumamente necesario para sumar voluntades. Los argentinos fuimos testigos de que Messi había ganado el mundial desde la humildad, el trabajo, la constancia, la perseverancia y el esfuerzo por ser cada día mejor y superarse a sí mismo. Un cambio de paradigma para nuestra cultura que tiende a buscar otras maneras, y situarse a veces en el otro extremo. La importancia de capitalizar este momento histórico nos compete a todos sin distinción, ya que podemos ser artífices de un presente mejor.

En lo personal la jornada previa y post mundial fueron maravillosas, ya que pude celebrar los quince años de mis mellizas el sábado por la noche, y luego pasado el mediodía del domingo pude festejar la consecución de la copa. Por supuesto que el primer evento supera con creces al segundo en cuanto a mis sentimientos y motivaciones más profundas. Sin embargo, en ambas situaciones pudimos estar toda la familia presente, los más cercanos, hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas, tíos y tías. Hacía ya un tiempo que no disfrutábamos de estar todos juntos, degustando de la compañía, la comida, las charlas, las chanzas y la felicidad.

Varias lágrimas se escaparon producto del recuerdo de los que ya no están, papá Ramón, mamá Ana, papá Rodolfo, aquellos que son y supieron ser, nuestro más preciado capital del corazón. Emocionarse hace muy bien, incluyendo dentro del grupo de los que lloran a individuos del sexo masculino, los cuales rompen cada vez con más frecuencia ese paradigma de que “los hombres no lloran”.

Un día como hoy, hace exactamente un año, y dentro del último rebrote masivo que tuvimos del Covid, visitaba a mi mamá Ana, sin saber que esa ocasión sería mi postrero encuentro con ella. No estaba preparado para muchas cosas, y menos para hacer de ese encuentro una despedida. Tenía la plena convicción de que ella seguiría por siempre presente, y que llegaría a recibir el nuevo el año con nosotros. Me entristeció verla debido a su deteriorada condición física y mental y me fue difícil digerir el momento, pero las remembranzas de esa mujer vigorosa, servicial, mamá a tiempo completo y poderosamente humana, sonaban más fuertes en mi músculo cardíaco, por lo que en esa media hora que estuve con ella, pude sentir que había vuelto a ser su niño, aquel que le produjo tantos dolores de cabeza y alegrías del corazón por partes iguales, para ser después uno de sus más fervientes confidentes. Unos días después de esa reunión del 24 de diciembre por la tarde, Ana dejaría de ser una presencia física para pasar a formar parte de ese mundo en el cual ella tanto creía, aquel donde reina Dios, a quien ella le rezaba como una ferviente creyente.

Parece mentira, pero ha pasado un año, aunque en estos momentos que escribo siento ese encuentro como si fuera ahora mismo. Ana ha trascendido de muchas formas, estando presente no sólo en mi corazón si no en mis más profundas convicciones y sobre todo en el cariño. Esta «primera Navidad sin Ana» es una imposibilidad porque ella está muy viva en cada ocasión que transito. Para ser honesto ayer estaba decididamente triste, pero cuando me senté a escribir y a recordarla, algo mágico sucedió en mí, cambiando mi humor, para traerla de vuelta a mí, como esa «persona plena de energía que fue, aquella que lo supo dar todo y mucho más».

La miro con mis ojos de niño, cuando cortaba la tela para confeccionar mis camisas, exquisitas creaciones que me calzaban como un guante en mi cuerpo, o cuando tejía esos abrigos, con los cuales esquivaba de seguro al frío o como cuando tuve tres días seguidos en cama enfermo con escarlatina y con cuarenta grados de fiebre, casi sin conciencia, para despertar de ratos y siempre verla a mi lado, cambiando el paño frío de mi frente. Ana y búsqueda incesante de la perfección, esa mujer que procuraba hacer todo bien, a pesar de su cansancio y siempre a favor de los otros.

Tengo mucha gratitud con Ana porque no pude tener mejor suerte en la vida, de haber recibido tanto, dando relativamente tan poco a cambio. Ana se recuesta a mi lado abrazándome para darme calor, o acunándome para que duerma su niño por demás inquieto, ese niño incansable que la hacía enloquecer. Por momentos tiene prisa, pero nunca tiene pausa, ya que no conoce el stop. Pienso que no se puede ser así, el colmo de lo servicial, pero la respeto porque ella es sólo como sabe ser.

La melancolía la seguía a todas partes, y con el tiempo me la fue transmitiendo, aunque ya me encuentro un poco más curado de esa doliente aflicción. He decidido poner primera en todos los recuerdos que tengo de las riquísimas tortas y festejos de cumpleaños que nos hacía. Impecables celebraciones, donde sus exquisitos quehaceres brillaban, a la par de su bello rostro y su sonrisa.

«Mamá Ana, vive en lo más profundo de nuestro ser, como aquella que fue, es y será el principio y desarrollo de nuestras vidas. La mamá que todos tenemos, la de las manos laboriosas e incansables».

Esta noche cuando levante mi copa, lo haré en su honor, brindando por todo el legado que dejó, por sus obras, por su afdctuoso accionar y su templanza de bien. Sin lugar para la tristeza, hay lugar para el amor y la alegría. Estará conmigo, como cuando me decía: “Marcelo, no seas loco”, para luego reírse a pura carcajada.

¡Brindo por Ana, y por todas las mamás del mundo!

¡Feliz Navidad!

¡Que profunda emoción!

Los acontecimientos se conjugan por azar o por alguna razón que no está al alcance de nuestro diminuto y escaso entendimiento. Nuestra existencia está plagada de razones para….. pero al mismo tiempo lo que aún nos mueve se compone de intensas e insondables inquietudes que nacen con nosotros, siendo una parte especial y esencial que nos define como humanos.

Lo que nos conmueve se c56t5 ompone de subjetividades que se han ido amalgamando desde que por primera vez sentimos inconscientemente el afecto de nuestra mamá, sus más sentidos arrullos, sus caricias en nuestra piel y sus olores que percibimos tan cercanos e íntimos.

Por eso, sentirse pleno, vivo y con ganas, tiene que ver con no sólo con conseguir objetivos, sino con la construcción de los recuerdos, aquellos que nos quedan grabados a fuego en nuestras retinas y corazones, los que se vinculan fuertemente con todas las emociones y estados de ánimo que fuimos atravesando y sorteando en el camino para. En ese devenires o trayectos casi nunca estamos sólos, sino además con quienes nos acompañaron con sus propias sensaciones, nos tendieron una mano, nos abrieron las puertas, nos dieron un abrazo, nos dijeron esas palabras de aliento, lloraron o rieron con nosotros. Dar, recibir y compartir mientras nos vinculamos desde el amor, la gratitud y el servicio al otro, son acciones que promueven la plenitud y nos permite ganarle la pulseada a la soledad.

Escribir significa para mí, un quehacer que me motiva a salir de mi cascarón y además me permite intercambiar interpretaciones, esas que son tan difíciles a veces de digerir, sino las lanzamos al ruedo.

Este fin de semana es sumamente distintivo ya que la mera coincidencia unió la celebración del cumpleaños número quince de mis hijas mellizas Paula y Emilia, con otro suceso que mantiene en vilo al pueblo argentino, tal es la disputa de la final del mundial de fútbol siendo su rival en este caso Francia.

Este cumpleaños implicó para mi familia revivir tantos y tan preciados recuerdos, que no es sencillo describirlos con palabras. Imágenes, videos, son registros de algunos episodios plagados de sentimientos y vivencias muy profundas.»

«Capaz suene muy anticuado lo que voy a decir, pero quizás festejar los quince años de nuestras hijas, implique dejar de verlas como nenas, hacer ese duelo de visiones y darle espacio en nuestras mentes y corazones como a personas que ya tienen su propia identidad, espacio y decisiones que tomar».

En lo personal me resulta sobrecogedor y hermoso, darme cuenta que son hermanas inseparables, compañeras, unidas, más allá de todos sus diferentes y discordantes puntos de vista. Me produce alegría darme cuenta que estos quince años les han servido a ambas para crecer en valores humanos y en su compromiso por ser cada día mejores personas.

Mientras escribo las siento aquí en zeddeuro fue el inicio de una gran historia que no terminará jamás.

Me sale muy poco eso de dar consejos a mis hijas, y hoy menos que nunca. Para ser honesto se me han acabado un poco las palabras, porque cuando se está muy emocionado, los razonamientos tiritan de frío y la materia gris se retuerce infructuosamente buscando la frase que se rehúsa a salir.

En el fondo no sé si quiero ser un gran ejemplo para ellas, sólo me conformo con ser un aprendiz de papá y una compañía irrenunciable en su camino.

Hoy se trata de celebrar, de meterse en la intrincada densidad de vivencias que no se pueden explicar del todo, aquellas que nos hacen sentir vulnerables y fuertes a la vez.

El tiempo no se detiene y en su discurrir nos permite vivir momentos maravillosos e irrepetibles. La ternura de esas recién nacidas hace quince años se quedó anclada a mi ser, y me hace sentir como una marioneta sin titiritero.

Es tiempo de ser agradecido por todo, lo bueno y lo malo, lo alegre y lo triste, porque con esos contrastes hemos sido bendecidos y favorecidos por la vida.

Los sueños son alcanzables, mientras no dejemos de trabajar todos los días por tratar de hacerlos posibles. Sin prisa, pero sin pausas, nuestras acciones acompañadas de algo de suerte nos llevarán a obtener logros y disfrutar de aciertos y de errores en el mientras.

En este fin de semana único, donde estará toda nuestra familia y amigos unidos para festejar esta ocasión tan cara a nuestros sentimientos, con los recuerdos de los que ya no están físicamente sino habitando nuestros corazones, es cuando la vida adquiere un significado trascendente y poderoso.

Este Domingo asimismo nos volveremos a sentar como hace ocho años a vivir juntos la sexta final de copa del mundo que juega nuestra selección. Tengo una enorme convicción de que vamos a festejar y obtener por fin nuestra tercera copa del mundo.

Levantemos nuestros vasos para brindar por este fin de año que se viene, celebremos el hecho de poder celebrar, si es que vale la redundancia.

¡Las quiero, Hijas!

¡Felices quince años!

¡Vamos Argentina!

Mundial de cábalas !

El calor golpea con fuerza estas latitudes generando condiciones extremas y fenómenos meteorológicos que asustan. No hay descanso térmico, salvo bajo la frescura de algún frondoso árbol a la vera de algún arroyo serrano o bien bajo el influjo artificial de algún dispositivo de enfriamiento del aire. Se han alcanzado nuevos récords de consumo de electricidad gran parte de la cual se usa para refrigerar alimentos, bebidas y viviendas, con el objetivo final de hacernos la vida ciertamente tolerable.

Mientras las temperaturas hacen de las suyas por estas comarcas, existe otro lugar del mundo donde se está disputando el evento deportivo más convocante del mundo. Organizado en la época más fresca del año en Qatar, el campeonato mundial de fútbol se ha caracterizado por generar mucha controversia respecto de los hechos de corrupción que desembocaron en su elección como sede, la espalda que sobre todo Europa le ha dado, debido a acusaciones sobre violaciones de derechos humanos, y sobre todo en lo deportivo ya que han ido quedando en el camino selecciones calificadas previamente como candidatas, tales los casos de Brasil, Alemania, España, Bélgica, Portugal , Holanda e Inglaterra. Marruecos acaba de consagrarse como el primer país africano semifinalista de una copa mundial de fútbol, y enfrentará a Francia el próximo miércoles 14 de diciembre a las 16 horas. Marruecos logró su independencia del Protectorado español y francés en 1956. España quedó eliminada en octavos de final por los marroquíes y sería realmente una hazaña que el país africano pudiera eliminar a su segundo otrora protector galo, en su serie semifinal, llegando a alcanzar de esa manera, anheladas instancias futbolísticas e históricas para el sufrido continente africano.  La otra semifinal ya está definida para el martes 13 de diciembre, también a las 16 horas, cuando disputen su partido Argentina versus Croacia. Las chances de nuestro seleccionado se encuentran intactas, siendo uno de los pocos candidatos que ha ido sorteando circunstancias difíciles para continuar todavía en carrera, de la mano de su emblema deportivo Lionel Messi.

Mientras Argentina avanza paso a paso, se multiplican las cábalas que los argentinos recreamos como un mecanismo previo, durante y post partido, como elemento de ayuda o garantía para que «podamos lograr nuestra tercera copa mundial». Para ser absolutamente honesto, siempre supe que la palabra cábala no estaba bien usada, o al menos que tenía muchas acepciones, ninguna de las cuales podía ser tomada en el sentido que nosotros le damos en nuestro país, ni siquiera con un porcentaje de aproximación si es que cabe usar las matemáticas en este caso. Para seguir con mi honestidad intelectual, tampoco supe a ciencia cierta cuáles eran los significados de esta palabra, la que me sonaba a esoterismo en un principio.

Para arrojar una primera claridad podemos recurrir al diccionario de la Real Academia Española la cual nos trae:

Del hebr. qabbālāh “tradición”, término con que se designaron originalmente las escrituras posteriores a las mosaicas.

1. f. Conjetura, suposición. U. m. en pl. Hicieron todo tipo de cábalas sobre el posible culpable.

2. f. Cálculo supersticioso para adivinar algo. Pasó la tarde haciendo cábalas sobre lo que le depararía el futuro.

3. f. coloq. Intriga, maquinación. Se valió de toda clase de cábalas para lograr su objetivo.

4. f. Sistema de interpretación mística y alegórica de la Biblia judía.

5. f. Conjunto de doctrinas teosóficas basadas en la Biblia, que, a través de un método esotérico de interpretación y transmitidas por vía de iniciación, pretende revelar a los iniciados doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo.

Quizás la mejor aproximación de nuestra interpretación a la del significado globalmente reconocido de cábala sea la de estar vinculado a un «hecho supersticioso». Sin embargo, cuando nosotros hablamos de cábala nos referimos en realidad a un hecho ceremonial, o ritual repetitivo, que nos predispone positivamente para llevar a cabo cualquier acto, el cual puede o no depender de mí mismo, o de un equipo del cual formo parte. Vale decir, que se trata de una costumbre, si se quiere folclórica, a partir de la cual las cosas salen a nuestro favor, o a favor de un equipo del cual soy hincha, en este caso del equipo argentino de fútbol.

Los protocolos repetitivos e inalterables, a los cuales denominamos cábalas, no son sólo exclusividad de nuestros compatriotas, sino que existen en mayor o menor medida en en casi todas las culturas. En el mundial del 86, cuando fuimos campeones en México, nuestra cábala de grupo que veía juntos los partidos, comenzó en cuartos de final cuando le ganamos a la selección inglesa, con dos goles de Diego Maradona, uno bautizado como la mano de Dios y el otro uno de los más épicos y carismáticos de la historia de los mundiales, ya que nuestro eximio jugador desairó a más de la mitad de los ingleses dejándolos tendidos sobre el resquebrajado césped del estadio azteca. En esa ocasión nos congregamos por casualidad un grupo de estudiantes del secundario en la casa de nuestra profesora de Instrucción Cívica, la querida y ya desaparecida físicamente Marta Ponce. Ese día nos sentamos sin un orden prefijado y compartimos el triunfo de nuestra selección frente al poco amistoso rival, aquel que nos había quitado nuevamente las Malvinas, matando a miles de nuestros jóvenes soldados, y hundiendo nuestro crucero «Ara Gral. Belgrano». A partir de ese momento, repetimos idéntica escena, con los mismos integrantes (sólo uno no pudo asistir a la final), usando los exactos atuendos, para la semifinal con Bélgica al cual superamos por 2 a 0 y para la final con Alemania a la cual le ganamos 3 a 2. En la consecución de ese mundial parece ser que todas las cábalas unidas y sincronizadas de millones de argentinos dieron su fruto, incluyendo todos los rituales de nuestro entonces entrenador Carlos Salvador Bilardo, el cual además de ser un trabajador incansable (por algunos calificado como obsesivo), era un «reconocido y ferviente cabulero».

En el partido por cuartos de final del sábado por la tarde entre Francia e Inglaterra, Harry Kane uno de los jugadores símbolos de ese país (el máximo goleador de la historia de los mundiales para Inglaterra) tuvo la oportunidad de patear dos penales, el segundo de los cuales erró, malogrando la posibilidad de que su selección empatara el match. En ambos penales, antes de patearlos, llevó a cabo una serie de rituales, tipo de activación y concentración de sus energías, potencia y efectividad. Se acomodó dos veces sus medias, poniéndolas bien altas, lo mismo hizo con su pantalón corto, y acto seguido tomo distancia de la pelota con pasos contados hacia atrás, respirando dos veces de manera profunda, para esperar finalmente unos segundos después de la orden del árbitro, para ejecutar finalmente el disparo desde los doce pasos. El primer penal fue inalcanzable para el arquero, mientras que el segundo pasó al menos un metro por encima del travesaño, dando lugar a la proliferación en las redes sociales de varios memes, que se mofan de su estridente yerro.

«Existen tanto detractores como amantes de estos protocolos repetitivos». Los primeros indican que no sirven para nada, que son una pérdida de tiempo y energías, que nos desvían de nuestro foco que tendría que estar puesto en la superación, la mejora y el aprendizaje del error. Los segundos anteponen las cábalas a una visión más organizada y estructurada en el trabajo y esfuerzo conscientes. Algunos especialistas de la psicología (tuve la oportunidad de escuchar a uno de ellos en una entrevista radial) nos dicen que en la medida que estas creen un ambiente y predisposición positiva para un deportista o profesional, tanto en un ámbito individual o colectivo, generando identidades o valores compartidos, «los rituales no deben ser menospreciados o desvalorizados», siempre por supuesto que la visión del individuo o del conjunto, no pierda el foco en el trabajo, las rutinas, el liderazgo, y la gestión general y de los emergentes que puedan acontecer. Vale decir que algunas ceremonias, protocolos, o ritos son útiles para crear un contexto de cohesión de ideas, acciones y actitudes comunes positivas.

¿Cuál es la cábala del seleccionado argentino en Doha?

La “cábala de los caramelos”, el ritual de los jugadores de la Selección antes de cada partido: cuándo se puso en marcha y la cantidad que llevaron a Doha

Susana Romero cumplió 25 años como empleada de la AFA y el presidente Claudio Tapia decidió premiarla de un modo particular: la invitó al Mundial de Qatar con el consentimiento de los principales dirigentes del fútbol argentino. Romero trabaja en el predio de Ezeiza y suele encargarse, entre otras cosas, de cuestiones vinculadas con las necesidades que tienen los futbolistas de la Selección Argentina en los viajes. Por caso, por pedido del plantel, ella fue quien compró las 270 bolsas de caramelos Sugus que el seleccionado tiene en la Universidad de Qatar, su lugar de concentración y entrenamiento aquí en Doha.

“A esta altura ya se comieron alrededor de 100 bolsas. Van a sobrar seguramente, pero los caramelos se convirtieron en un ritual indispensable para los jugadores”, afirma un integrante de la delegación en diálogo con un periodista.

El ritual del que da cuenta la fuente de la AFA no es otra cosa que una de las cábalas que tiene la Selección desde hace ya casi un año y medio. En efecto, se puso en marcha durante la Copa América 2021, el certamen que le permitió a Argentina cortar la racha de 28 años sin títulos a nivel mayores tras ganarle la final a Brasil en el Maracaná.

El primer paso lo dio Emiliano Martínez, el “Dibu”. Dulcero como pocos, el arquero le hizo un pedido especial a su hermano Alejandro en plena pandemia de coronavirus, mientras el plantel se encontraba en la burbuja sanitaria montada por entonces en el predio de la AFA, en Ezeiza. ¿Qué le solicitó? Que le hiciera llegar los tradicionales caramelos Sugus y otras golosinas, tal como ocurrió con la colaboración de gente que trabaja en la oficina de Gustavo Goñi, el representante del arquero.

Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y Alejandro “Papu” Gómez “descubrieron” que el “Dibu” tenía los caramelos y le empezaron a sacar para comerlos en sus habitaciones. Lo que en principio se parecía mucho a una broma se transformó en cábala a partir de lo que ocurrió antes de jugar ante Ecuador por los cuartos de final, el 4 de julio del año pasado: el equipo ganó 3 a 0 con goles de De Paul, Lautaro Martínez y Lionel Messi. Desde entonces, De Paul, Paredes y “Papu” Gómez se sintieron poco menos que en la obligación de repetir la costumbre que pusieron en práctica en el estadio Olímpico Pedro Ludovico Teixeira de la ciudad de Goiania.

¿Cuál es esa costumbre? Cuando el equipo llega al estadio donde le toca jugar, los primeros en salir al campo de juego son justamente De Paul, Paredes y “Papu”. Observan las tribunas, sacan fotos con sus teléfonos celulares, hacen bromas y luego meten las manos en los bolsillos casi al mismo tiempo para comer esos caramelos infaltables no solo en la previa de los partidos, sino también en los tiempos ociosos de la concentración.

“Muchos jugadores también los comen a la noche, mientras juegan al truco. Los únicos días en los que no juegan al truco son los previos a los partidos”, comenta otro de los integrantes de la delegación.

Tras aquella victoria ante los ecuatorianos, el equipo le ganó a Colombia por penales en las semifinales y la final fue la soñada, acaso el título más resonante de la Selección luego de las conquistas de los Mundiales de 1978 y 1986: triunfo por 1 a 0 con el gol de Angel Di María, frente a Brasil (el máximo rival histórico) y en el Maracaná, uno de los estadios más emblemáticos del mundo.

La cábala se extendió en los amistosos internacionales de la Selección y se fue alimentando a caballo del largo invicto de 36 partidos que ostentó el equipo hasta la caída que sufrió ante Arabia Saudita por 2 a 1, en el debut en el Mundial de Qatar. Lejos de interrumpirla luego de ese traspié, la cábala prosiguió en los tres encuentros siguientes del Mundial: las victorias frente a México, Polonia y Australia.

Los utileros del seleccionado despacharon desde el aeropuerto de Ezeiza valijas con paquetes de yerba, potes de dulce de leche, y dulce de batata. Pero lo que no debía faltar de ningún modo son esas 270 bolsas de caramelos comprados por la empleada que fue premiada con el viaje a Qatar por sus 25 años de servicio en la AFA.

‘Dibu’ Martínez y su cábala en los penales: escupió sus guantes y acarició al árbitro

Luego de culminar los 30 minutos del período suplementario, las escuadras se prepararon para el lanzamiento de las penas máximas. El representativo neerlandés ganó el sorteo y Virgil van Dijk se dispuso a realizar el primer disparo, pero previamente ocurrió una curiosa escena protagonizada por el guardameta argentino.

Martínez se ubicó en el arco correspondiente y ejecutó su cábala: inició besando los postes y tocando todo el largo del travesaño. Como segundo paso, Emiliano se colocó en el medio de la portería, escupió sus guantes y los frotó; y finalmente, escuchó la recomendación del árbitro Antonio Mateu Lahoz, a quien sorpresivamente le acarició el rostro.

Las imágenes de aquella actividad se viralizaron después del encuentro, dado que ‘Dibu’ lució invulnerable a la hora de los penales. El arquero del Aston Villa detuvo los remates de Van Dijk y Steven Berghuis, quienes fueron los dos primeros en la lista de Países Bajos. Esa desventaja ya no pudo ser recuperada.

Teun Koopmeiners, Wout Weghorst y Luuk de Jong sí marcaron para el combinado neerlandés, pero Lionel Messi, Leandro Paredes, Gonzalo Montiel y Lautaro Martínez determinaron el triunfo de Argentina, a pesar del fallo de Enzo Fernández. ‘Emi’, notoriamente emocionado por sus atajadas, fue felicitado por todos sus compañeros.

Es muy probable que durante el discurrir de nuestras vidas todos hayamos incurrido en la ejecución de ciertos rituales o cábalas, antes, durante o después de ciertos acontecimientos de trascendencia, o bien para iniciar ciertas actividades o rutinas de nuestra profesión. Nos podemos quedar ciertamente tranquilos ya que se tratan de mecanismos que pueden facilitarnos ciertamente algunas cosas, actuando como llaves que abren o cierran determinadas conductas, nos ayudan a manejar nuestras emociones y nos ponen en el extremo correcto donde se ubica el polo positivo.

¿Cuál es tu cábala para que ganemos nuestra tercera copa mundial de fútbol?

Debo confesar que yo tengo una, que de hecho está haciendo enojar a ciertos integrantes de un grupo compartido de mensajes. Como toda cábala no la puedo develar porque en este caso es personal, aunque no creo que sea ni única, ni irrepetible, ni poco común.

Las semifinales están a pocas horas de jugarse.

¡Sincronicemos nuestras cábalas, por favor!

Macondo, reino del amor !

La literatura es un intento a veces lúcido, a veces empañado, por tratar de describir al más profundo de los sentimientos humanos: el amor. No me atrevo a decir que “escribir” implica esbozar un ensayo que trata de racionalizar las múltiples facetas del amor, porque no se puede encontrar razones en algo que no las tiene. Aventurarse a delinear las vicisitudes que depara esta conmoción que vincula a las personas, es un hecho reservado para unos pocos, aquellos que son iluminados de la palabra.  A lo largo de la historia, la vara que divide a los grandes escritores del resto tiene una vinculación directa, no tanto con la calidad y su tecnicismo, sino con la maestría desarrollada en sus relatos, respecto de las emociones y sensibilidades más profundas. «Un eximio escritor es de alguna manera aquel que con sus palabras, nos hace vivir exquisitas dosis de compasión, conmiseración, afecto, piedad, ternura, dolor, tristeza, pesar, delicadeza, pasión y por cierto amor».

Hoy nos toca adentrarnos en la prosa de este premio nobel latinoamericano, que quizás sea uno de los más grandes entendidos y eruditos (si cabe la acepción) del sentimiento más humano e imperfecto que mueve al mundo.

“Yo no he escrito una línea que no sea sobre el poder, y, sobre todo, sobre el más poderoso, importante, grande y eterno de todos los poderes que es el poder del amor”.

Y tras estas palabras de «Gabriel García Márquez» (Colombia, 1927-México, 2014) parecen revolotear sus historias amorosas, de enamoramientos, de pasiones, de deseos y sueños por el otro; de desvelos, de esperas, de búsquedas, de ansiedades, de zozobras, de felicidades y frustraciones de toda estirpe por amores correspondidos y amores contrariados, de amores secretos no reconocidos o aceptados.

De esa expedición a los territorios misteriosos y milagrosos del amor se nutren sus novelas y cuentos, en su mayoría. Impulso y motor de su escritura con la que ha hecho y hace feliz a millones de personas.

Nada mejor que recordar a García Márquez con sus propias palabras en un tema crucial de su obra. Para empezar, la frase completa sobre el poder del amor la dio en una entrevista a Televisión Española en 1995. Fue a la pregunta sobre el poder, y si no temía que le tergiversaran su interés en este:

“Y yo me pregunto si alguna vez ha sido real. Creo que es lo más irreal que existe. (…) Yo no quiero estar cerca del poder, es el poder el que siempre quiere estar cerca de mí. No es que los presidentes me busquen. Lo que quiero decir es que esa materia, esa materia literaria que es el poder siempre me sale al encuentro; y tal vez yo lo identifico mucho mejor que otras personas. El poder no es solo de los presidentes, el poder está en todos los niveles… Y si tú te pones a pensar, yo no he escrito una línea que no sea sobre el poder, y, sobre todo, sobre el más poderoso, importante, grande y eterno de todos los poderes que es el poder del amor”.

Un año antes, en 1994, había dicho en una entrevista para la revista Cromos que el amor “es el sentimiento, la pasión más importante del ser humano. Y seguramente de los animales”.

Un tema sobre el que ya en sus inicios de reportero con 21 años, en 1948, había escrito en su columna Punto y Aparte, del diario cartagenero El Universal, entre mamagallista y reflexivo:

“El amor es una enfermedad del hígado tan contagiosa como el suicidio, que es una de sus complicaciones mortales”.

Tres años después en el diario barranquillero El Heraldo, escribió:

“El amor ha sido siempre una pequeña catástrofe”.

En una de las entrevistas más ricas que concedió y que se convirtió en el libro El olor de la guayaba, de Plinio Apuleyo Mendoza (1982), el autor colombiano aseguró:

“En el amor (…) cada vez es como si fuera la primera vez, y cada pareja tiene que empezar a aprender otra vez desde el principio como si fuera la primera tentativa de cada uno. La carencia de esta emoción y de este misterio es lo que hace inaceptable la pornografía”.

“Creo que no hay mayor desgracia humana (sobre la incapacidad para el amor). No solo para el que la padece sino para quienes tengan el infortunio de pasar por dentro de su órbita”.

Ideas y pensamientos que trasladados a la ficción de sus obras permite la siguiente antología y viaje al amor en el corazón de su obra. En cada una de sus creaciones Gabriel García Márquez, nos trae conceptos sobre el amor, que bien vale la pena rescatar.

Cien años de soledad’ (1967)

“Trató de disuadirlo. Le dijo que el amor era un sentimiento contra natura, que condenaba a los desconocidos a una dependencia mezquina e insalubre, tanto más efímera cuanto más intensa. Pero Cayetano no lo oyó.

Intrigado con ese enigma, escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla. Petra Cotes, por su parte, lo iba queriendo más a medida que sentía aumentar su cariño, y fue así como en la plenitud del otoño volvió a creer en la superstición juvenil de que la pobreza era una servidumbre del amor”. (…)

“En aquel Macondo olvidado hasta por los pájaros, donde el polvo y el calor se habían hecho tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa donde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas voladoras, Aureliano y Amaranta Úrsula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la tierra. (… ) Pero cuando se vieron solos en la casa sucumbieron en el delirio de los amores atrasados”.

El otoño del patriarca’ (1975)

“Buscaba los lugares solitarios de la casa para cantar sin ser oído tu primer valse de reina, para que no me olvides, cantaba, para que sientas que te mueres si me olvidas, cantaba, se sumergía en el cieno de los cuartos de las concubinas tratando de encontrar alivio para su tormento, y por primera vez en su larga vida de amante fugaz se le desenfrenaban los instintos, se demoraba en pormenores, les desentrañaban los suspiros a las mujeres más mezquinas, una vez y otra vez, y las hacía reír de asombro en las tinieblas no le da pena general, a sus años, pero él sabía de sobra que aquella voluntad de resistir eran engaños que se hacía a sí mismo para perder el tiempo, que cada tranco de su soledad, cada tropiezo de su respiración  lo acercaban sin remedio a la canícula de las dos de la tarde ineludible en que se fue a suplicar por el amor de Dios el amor de Manuela Sánchez en el palacio del muladar de tu reino feroz de tu barrio”.

Crónica de una muerte anunciada’ (1981)

“Ángela Vicario se atrevió apenas a insinuar el inconveniente de la falta de amor, pero su madre lo demolió con una sola frase:

«También el amor se aprende».

A diferencia de los noviazgos de la época, que eran largos y vigilados, el de ellos fue de solo cuatro meses por las urgencias de Bayardo San Román”. (…)

“Muchos sabían que en la inconsciencia de la parranda le propuse a Mercedes Barcha que se casara conmigo, cuando apenas había terminado la escuela primaria, tal como ella misma me lo recordó cuando nos casamos catorce años después”. (…)

“Dueña por primera vez de su destino, Ángela Vicario descubrió entonces que el odio y el amor son pasiones recíprocas”.

El amor en los tiempos del cólera’ (1985)

“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaban siempre el destino de los amores contrariados”.

“Le recordó que los débiles no entrarían jamás en el reino del amor, que es un reino inclemente y mezquino, y que las mujeres solo se entregan a los hombres de ánimo resuelto”.

“La aparición de un hombre sin mujer como Florentino Ariza, joven y limpio, fue para ella un regalo del cielo, porque desde el primer momento se dio cuenta de que era igual que ella: un menesteroso del amor”.

Del amor y otros demonios’ (1994)

“Abrió la maletita de Sierva María y puso las cosas una por una sobre la mesa. Las conoció, las olió con un deseo ávido del cuerpo, las amó, y habló con ellas en hexámetros obscenos, hasta que no pudo más. Entonces se desnudó el torso, sacó de la gaveta del mesón de trabajo la disciplina de hierro que no se había atrevido a tocar, y empezó a flagelarse con un odio insaciable que no había de darle tregua hasta extirpar de sus entrañas hasta el último vestigio de Sierva María. El obispo, que había quedado pendiente de él, lo encontró revolcándose en un lodazal de sangre y lágrimas.

“Es el demonio, padre mío’, le dijo Delaura. ‘El más terrible de todos”. (…)

“El pánico había sido reemplazado por la zozobra del corazón. Delaura no tenía sosiego, hacía las cosas de cualquier modo, flotaba, hasta la hora feliz en que huía del hospital para ver a Sierva María”.

Memoria de mis putas tristes’ (2004)

“La fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados”.

“El amor enseña demasiado tarde que uno se arregla, se viste y se perfuma para alguien”.

“El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor”.

Muere Gabriel García Márquez: genio de la literatura universal

Sumario 1: Uno de los grandes escritores de la literatura universal ha fallecido en México DF a la edad de 87 años. El narrador y periodista colombiano, ganador del Nobel en 1982, es el creador de obras clásicas como “Cien años de soledad”, “El amor en los tiempos del cólera”, “El coronel no tiene quien le escriba”, “El otoño del patriarca” y “Crónica de una muerte anunciada”. Nació en Aracataca y fue el creador de un territorio eterno llamado Macondo donde conviven imaginación, realidad, mito, sueño y deseo.

Sumario 2: Bajo un aguacero extraviado, el 6 de marzo de 1927, nació Gabriel José García Márquez. Hoy, bajo los primeros olores que anuncian lluvia, este jueves 17 de abril de 2014, a la edad de 87 años, ha muerto en México DF el periodista colombiano y uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Autor de obras clásicas como Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca y Crónica de una muerte anunciada, fue el creador de un territorio eterno y maravilloso llamado Macondo.

Nació en la caribeña Aracataca, un poblado colombiano, un domingo novelable a partir del cual el niño viviría una infancia a la que volvió muchas veces. Entró a la literatura en 1947 con su cuento La tercera resignación; la gloria le llegó en 1967 con Cien años de soledad, y su confirmación en 1982 con el Nobel de Literatura. Ahora, el ahijado más prodigioso de Melquiades se ha ido, para quedarse entre nosotros un hombre que creó una nueva forma de narrar; un escritor que con un universo y un lenguaje propios corrió los linderos de la literatura; un periodista que amaba su profesión, pero odiaba las preguntas; una persona que adoraba los silencios, y con un encanto que cautivó a intelectuales y políticos, y hechizó a millones de lectores en todo el mundo.

(… y termina así:)

Entre realidades, deseos, sueños, alegrías, agradecimientos, imaginaciones y, sobre todo, por el paraíso irrepetible de su lectura, Gabriel García Márquez está ahora en el mismo lugar donde él llevó a Esteban en su inolvidable cuento El ahogado más hermoso del mundo, después de que a la gente del pueblo “se le abrieran las primeras grietas de lágrimas en el corazón”… Porque una vez comprobado que había muerto “no tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás”… El rumor del mar trae la voz del capitán de aquel barco, que, en 14 idiomas, dice señalando al mundo, por encima del promontorio de rosas amarillas en el horizonte del Caribe: “Miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas; allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia donde girar los girasoles; sí, allá, es el pueblo” de Gabriel García Márquez.

Huelgan las palabras cuando de redimir una figura esencial de la literatura mundial se trata.

Para finalizar algunas reflexiones sobre el amor, de otros famosos pensadores y escritores:

Jacinto Benavente, dramaturgo español, nos dice:

“En asuntos de amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca”.

Voltaire, el filósofo francés:

“Hay que saber que no existe país sobre la tierra donde el amor no haya convertido a los amantes en poetas”.

Más acá en el tiempo, la poeta estadounidense Nikki Giovanni, nos trae:

“Amamos porque esa es la única gran aventura”.