Gestión de lo incierto !

La historia de la humanidad como tal, desde que el hombre evolucionó desde los primates, es bastante extensa, pero podemos decir que los cambios más sustanciales ocurrieron en un muy corto período de tiempo evolutivo. El hombre como especie tiene años más años menos, unos 250.000 años, pero lo que podríamos encasillar dentro de la categoría de hombre civilizado, sólo ocupa una ínfima fracción de ese tiempo, apenas unos 5.000 años divididos entre pre y post cristiandad. Antes de eso sólo existíamos en el mejor de los casos, como cazadores y recolectores, agrupados en pequeñas comunidades. Si nos enfocamos en esos 5 mil años, asimismo podemos decir que los cambios más sustanciales ocurrieron en los últimos 125 años, luego de la revolución industrial, con una aceleración creciente y muy cercana con la revolución digital, las comunicaciones, la robótica y la aún incipiente inteligencia artificial.

No es impropio decir que en el último 0,05 % del tiempo de quehacer humano en la tierra se han producido más cambios y profundizaciones que en todo el resto del 99,95 % del tiempo de vida de la especie. Las consecuencias globales menos deseables están a la vista y nos impactan cada día: «nuestro planeta no resiste tanto grado de presión, reaccionando con desajustes climáticos y ambientales que impactan tanto en los países desarrollados, en vías de desarrollo y en los pobres». Las consecuencias de esos impactos son diferentes, por cierto, provocando muchísima mayor zozobra en los países menos pudientes, donde no existen tantos mecanismos disponibles para amortiguarlos.

Esta creciente aceleración deja cada vez una brecha más pronunciada entre los que subsisten y pelean cada día por los alimentos, el acceso al agua potable y otras condiciones dignas de una vida mínimamente confortable y los que tienen un acceso ilimitado y asequible a todas las ventajas de las nuevas revoluciones. Los sistemas políticos de gobernanza global, aún no son eficaces para mitigar el cambio climático, la erradicación de la pobreza y el acceso a condiciones sustentables para gran parte de la humanidad.

El escenario de los últimos años se caracteriza fundamentalmente por la falta de certezas, o mejor dicho porque no alcanzan el tiempo y los recursos para superar las incertidumbres conocidas, cuando aparecen ya otras en el horizonte. La flexibilidad, adaptabilidad y otros mecanismos de abordaje de estas nuevas coyunturas son claves, porque el conocimiento nos desborda y nos transforma en analfabetos a cada minuto, tensionando nuestras emociones hasta el límite. Parece ser que lo que hace minutos hemos aprendido ya resulta viejo y no aplicable del todo.

Yendo ahora la mundo empresarial, social y humano, los sistemas organizacionales son sometidos a exigencias para los cuales no existen procedimientos, estructuras, recursos humanos y funciones que puedan amortiguarlas y mucho menos gestionarlas de manera acabada. Los líderes tratan de ingeniar equipos preparados para afrontar los múltiples desafíos del mercado, pero la volatilidad los supera y por consiguiente sus integrantes deben abordar tareas para los cuales no se encuentran debidamente preparados.

¿Sabemos qué pasará mañana? ¿Y la semana que viene? ¿Y el mes que viene? ¿Sabemos qué va a pasar el año próximo? ¿Y eso nos angustia, nos excita o nos motiva? Para ser honestos con nosotros mismos, la incertidumbre es interesante si la podemos mantener en un entorno controlado. Una película necesita incertidumbre, un libro de narrativa también, pero estos son ejemplos de espacios acotados y que sabemos que tienen un principio y un final. Son entornos donde la incertidumbre tiene un papel, pero donde asumimos la certidumbre del final cierto.

¿Y fuera de esos entornos? ¿Nos interesa o atrae la incertidumbre? Bueno, según y cómo dice Zygmunt Bauman en una entrevista en La Vanguardia “la única certeza es la incertidumbre”. Aparte de este juego de palabras al que somos aficionados muchos escritores y pensadores, es cierto que la experiencia nos demuestra que hacer previsiones esperando que se cumplan al 100% es un error y quizás hasta una pérdida de tiempo. Socialmente estamos viendo cómo años de estabilidad (aparentemente no demasiado sólida, pero estabilidad desde el punto de vista psicológico) está rompiéndose en un espacio de tiempo muy corto. Esto crea inestabilidades, miedos e inseguridades que afectan al mercado. La incertidumbre de no saber cómo y cuándo va a acabar esta crisis afecta al mercado, que se paraliza y se vuelve inestable.

En realidad, el ser humano busca la certidumbre, trata de proyectar su vida al futuro para saber qué es lo que éste le depara y no tener sorpresas. El ser humano trata de gestionar su vida desde lo conocido. La certidumbre, en estos casos supone un colchón que mitiga la inestabilidad del cambio no querido o esperado. La sorpresa se ve como un hecho desagradable si no trae consigo un significado que implique control: podemos asumir la sorpresa de un cumpleaños, incluso la sorpresa de un ascenso, pero no la de un despido porque éste implica un cambio de esquemas y una pérdida de control del entorno en el que vivíamos.

Sin embargo, económicamente la incertidumbre tiene un valor, forma parte del mercado incluso como producto. Por un lado, están las bolsas, que viven de la incertidumbre, de la apuesta por el futuro. Por supuesto, los operadores tratan de mitigar esa incertidumbre a través de análisis, estudios e informes, pero si se perdiera esa incertidumbre la bolsa no tendría mucha razón de ser.

Con la incertidumbre creciente están los que entrenan y venden soluciones que son capaces de mitigar esa incertidumbre, los consultores y asesores que son contratados porque los empresarios, autónomos o emprendedores se encuentran en un entorno que no comprenden o que son incapaces de gestionar. Pero no existen recetas mágicas ya que los consultores y asesores, tampoco son totalmente efectivos para sortear “las grandes olas de no certezas”. De alguna manera el predominio de las incertidumbres, tiene tanto peso en sí mismo, que no somos capaces de valorar su impacto, por lo que por lo general la subestimamos.

La gestión empresarial también muestra indicios de ese deseo de control que los lleve a encontrar certezas. Los modelos de negocio van en la dirección de controlar no sólo a la propia empresa, sino también el entorno. Cuando Michael Porter, por ejemplo, habla de las 5 fuerzas del mercado lo que está tratando es de conocerlo para dominarlo. Es normal y lógico, porque la incertidumbre cuesta dinero, no conocer el entorno es peligroso, y no estar preparado para dar respuestas rápidas nos puede sacar del mercado. Hemos de tener en cuenta, sin embargo, que esa capacidad de conocimiento, control y predicción se está perdiendo. En una era en la que el conocimiento es muy fácil de conseguir y al que es muy fácil acceder, nos encontramos con un entorno inestable, lleno de caras, como un poliedro, en el que surgen constantemente nuevas teorías y enfoques que nos alejan de una comprensión unívoca de la realidad. Hay tantas formas de estar en el mercado y caminos hacia el éxito o el fracaso como empresas y proyectos, que nos podemos perder en caminos laberínticos.

La incertidumbre o quizás mejor aún un cierto grado de incertidumbre, no sólo no es malo, sino que permite un desarrollo más adecuado e interesante de nuestras empresas y proyectos. La incertidumbre nos mantiene alertas, nos obliga a improvisar y a mejorar constantemente nuestras capacidades, nos hace trabajar e idear fuera de la caja, y nos hace más dinámicos.

Gestionar la incertidumbre implica aceptar los fallos como parte de nuestros procesos de gestión, asumiendo que son un elemento fundamental de mejora. El error aparece como un resultado no deseado, una acción o gestión incorrecta que rompe la certidumbre de un resultado adecuado y deseado. Lo que pasa es que en ocasiones ese error abre puertas a otras proyecciones, a cambios en escenarios futuros que posiblemente no hayamos sido capaces de ver pero que pueden ser muy interesantes para nuestros proyectos.

La gestión de la incertidumbre ha de ser planificada en las organizaciones, estando preparados para su llegada y dejando espacios de indefinición. La innovación bebe de la incertidumbre, del desconocimiento del alcance de los proyectos innovadores que comenzamos. Empresas abiertas e innovación abierta son magníficas herramientas para integrar la incertidumbre dentro de nuestras empresas sin que genere una explosión descontrolada de ellas y dentro de ellas. Los modelos abiertos de gestión, favorecen la posibilidad de sacar el máximo partido de la incertidumbre. La incertidumbre ayuda a las empresas a aprender, pues les obliga a estar constantemente adaptándose a nuevos escenarios y a prever múltiples variantes.

El desafío entonces se plantea acerca de cómo gestionamos los entornos internos y externos afectados por el fenómeno de la incertidumbre, dentro de un sistema formal y material. La primera pregunta que deberíamos hacernos, tal vez, es si estamos convencidos que la incertidumbre se puede gestionar. ¿Cómo gestiono lo incierto? ¿Las recetas que empleó mi competidor o mi vecino son estrictamente aplicables a la cultura de mi organización?

Creo que hay varias claves para integrar la incertidumbre dentro de nuestras estructuras:

Conocimiento. Es importante conocer, saber para dar respuestas correctas a modelos nuevos, a escenarios nuevos.

Out of the box. Ese conocimiento no puede ser el tradicional, no podemos seguir respondiendo con criterios tradicionales cambios imprevistos e impensables hace unos años.

Flexibilidad y adaptabilidad. Debemos estar dispuestos a cambiar estructuras físicas y mentales, a olvidar normas que se han mostrado inútiles y carentes de validez.

Apertura. Rompiendo los límites de la empresa, rompiendo nuestros propios límites mentales de modo que nos permitan encontrar soluciones en entornos y fuentes distintas a las habituales.

Cambio. Integrar el cambio como parte normal de la empresa, como forma de gestión. Sólo las organizaciones que están dispuestas a cambiar están en disposición de sobrevivir.

Error. Como elemento clave de la incertidumbre, pues la crea y le da sentido al ayudarnos a aprender de ese error.

Estamos en un momento en el que sólo nos cabe convivir con la incertidumbre, adecuando nuestras organizaciones a cambios constantes y a veces desconocidos. Los mercados que antes nos parecían maduros y estables están cambiando o desapareciendo. Y nuevas formas de comercialización, de gestión y de acceso a mercados están apareciendo sin que a veces lleguemos ni a comprenderlas. Podemos luchar por el control, pero el control se nos va a escapar como el agua. Por eso resulta mucho más inteligente convivir con la incertidumbre y tratar de sacar el máximo partido de ella.

Los sistemas humanos y sobre todo aquellos que se construyen en situaciones cambiantes necesitan valores guías, aquellos que no nos ponemos a discutir, sino más bien que guían a nuestras acciones. La gestión de la incertidumbre requiere según mi punto de vista apoyarse en estos valores:

Confianza: Con una fuerza de trabajo distribuida, los líderes deben confiar en que los colaboradores harán su trabajo y se centrarán más en medir los resultados (es decir, si el resultado deseado se entregó a tiempo y cumplió con las expectativas establecidas), en lugar de rastrear las entradas (es decir, cuántas horas se trabajaron y cuándo). Los colaboradores deben confiar en que la empresa los respalda cuando asumen riesgos o cuando tienen que lidiar con el cuidado de sus niños, por ejemplo. Los clientes deben confiar en que los proveedores y socios pueden cambiar rápidamente cuando sus entornos cambian. Desde el punto de vista organizacional, las empresas deben poder confiar en las conexiones que tienen con los colaboradores, los clientes y sus socios. En ese contexto, la seguridad no es solo un mecanismo defensivo; se convierte en un medio para establecer la confianza.

Capacidad de aprendizaje: En un mundo que cambia rápidamente, el conocimiento es una ventaja competitiva, impulsa la acción. Afortunadamente, los datos están en todas partes. Para ser una organización en constante aprendizaje, las empresas deberán adquirir, analizar y actuar utilizando datos todo el tiempo. A veces, los datos no serán perfectos e incluso podrían contradecir la sabiduría convencional, como cuando la pandemia NO provocó una recesión masiva. Se deberá desarrollar la capacidad de leer señales del entorno y combinarlas rápidamente con lo que ya se conoce, o realizar pequeños cambios (como pruebas AB) para desarrollar más datos. Los datos se convierten en un componente básico en las iniciativas de crecimiento a medida que la organización aprende qué funciona.

Colaboración e innovación: Las reglas y los procesos siempre tendrán su lugar en los negocios; sin embargo, la rigidez es exactamente lo contrario a la adaptabilidad. Los directivos siempre deben hacer responsables a las personas ejecutantes de sus labores; sin embargo, la toma de decisiones de arriba hacia abajo y la micro gestión también se oponen a la adaptabilidad. La colaboración entre funciones, las estructuras organizativas fluidas y un poder distribuido para actuar impulsarán la ventaja competitiva, el compromiso de los colaboradores y la satisfacción del cliente. Una vez más, la confianza y los datos son facilitadores clave de este tipo de colaboración e innovación. Si algo se puede reducir a una regla, lo podemos automatizar, siendo la inteligencia artificial (IA) la que puede generar conocimientos para la experimentación y la toma de decisiones acelerada.

Por último y creo que de manera transversal a todas las funciones que prosperan y de desarrollan dentro de una organización humana, que clásicamente han sido preparadas para competir interna y externamente, ahora se necesitan habilidades para adherir a una visión más cooperativa y competitiva, por lo que tejer relaciones internas y externas que compitan y cooperen al mismo tiempo permitirá sortear obstáculos y desarrollar proyectos que incluyan y se multipliquen en nuevos actores , regiones y escenarios cambiantes.

«Ya no se trata solamente de la supervivencia del más apto, sino más bien sumar a la aptitud una actitud adaptativa y cooperativa hacia adentro y afuera de las organizaciones».

Gestionar lo incierto es el desafío.

Construir el tiempo !

¿Cuántas maneras existen de medir el tiempo?

¿Cuántos tiempos existen?

El tiempo cronológico no se puede cambiar y más allá de la relatividad del espacio y del tiempo de nuestro genial Einstein, es la manera que los humanos hemos encontrado para cuantificar y organizar nuestras vidas.

Por otro lado existen otras maneras de concebir nuestro tiempo que se relaciona con eventos bisagra, aquellos que definen un antes y un después, tales como el trayecto entre el inicio y el final de una carrera universitaria, el desarrollo de un proyecto, nuestras distintas etapas biológicas, ese viaje que nos marcó para siempre, la desaparición física de nuestros padres, el nacimiento de nuestros hijos, y otra serie de sucesos particulares y muy personales, con los cuales podemos escribir casi indefinidamente.

Nuestras historias por cierto son una manera de intentar conjugar el tiempo cronológico, con los recuerdos y con el sabor que nos producen, producto de las emociones que transitamos cada vez que las evocamos.

Cuando recordamos al tiempo, a través de nuestras historias por lo general cualificamos el tiempo en:

Tiempos buenos, difíciles, malos, hermosos, apremiantes, motivantes, desafiantes, terribles, poderosos, oscuros, luminosos…..

Cada uno tiene su propia escala de cualificación de los tiempos que nos hace más únicos e irrepetibles.

El rol que ocupamos en cada uno de estos tiempos tiene que ver con la posibilidad o no que tuvimos de accionar, con nuestro grado de responsabilidad, con nuestra propia manera de ver las cosas, cierto grado de azar, y la intuición que casi siempre nos acompaña y a la cual tantas veces ignoramos.

La cronología divide el tiempo en infinitas fracciones, para dejarnos con tres tiempos verbales, pasado (sobre el cual no podemos hacer nada), presente (sobre el cual accionamos con o sin acción presente) y el futuro (sobre el cual visionamos).

Anclarnos en el pasado y mostrar excesiva ansiedad por el futuro, no nos permite por lo general vivir acabadamente el presente, que es casi y por muchos momentos imperceptible. Cada vez que toco con mis dedos una nueva letra del teclado para continuar escribiendo este escrito, estoy de alguna manera viviendo en simultáneo pasado, presente y futuro.

«La magia del hacer reside según mi punto de vista, en que involucrados en la acción perdemos de vista al tiempo».

Por último, pero no menos importante es ver al tiempo como una excusa o como una oportunidad.

Las palabras o frases que usamos por lo general para excusarnos usando el tiempo son:

  • No tuve tiempo
  • No me alcanzan las horas del día
  • Que quieres que haga con el poco tiempo que tengo
  • Las horas se me pasaron volando y no fui
  • No hice el tiempo para visitar a mi madre

Poniendo al tiempo como una oportunidad nos salen frases como:

  • Si me pongo lo termino en dos días
  • He organizado mi tiempo y puedo reunirme mañana
  • Tiempo no me falta, tengo que priorizar
  • Ya lo hice y me salió relativamente bien, con más tiempo lo voy a mejorar
  • Al mal tiempo buena cara

De estar quieto, manejado de todas las maneras posibles: productivas, improductivas, para el ocio, para algo específico, para dar, para pedir, para mil acciones que ni siquiera detectamos a diario, que parecen no tener importancia, es que ahora ya estamos encarando casi mitad de año, empezando a subir peldaños cada vez más altos, mientras el almanaque se nos viene encima de manera irreversible.

Nos pasa que podemos llegar a objetar, aún incluso sabiendo que la escala universal que mide la finitud de las horas, minutos y segundos es inmutable, que algo anda mal, que lo que estamos pretendiendo hacer durante el año se viene abajo y no remonta del todo por causas tales como:

  • me cambiaron los objetivos
  • no salió el negocio que tenía que salir
  • no busque los socios adecuados y perdí el tiempo
  • soy uno solo y no puedo con el plazo que me dieron
  • mis jefes, mi familia, mis relaciones me exigen de más

También puede suceder que podemos llegar a sobrevalorarnos y partiendo de objetivos muy básicos, tener una visión que el tiempo fue gastado de manera muy exitosa en muchos ámbitos de nuestras vidas, por razones tales como:

  • no siento la presión del tiempo, hago lo que puedo
  • en todo momento hago lo que quiero
  • es muy raro que sienta que perdí el tiempo
  • pude hacer más cosas de las que me propuse
  • hago las cosas de taquito
  • mis tiempos son mis tiempos

Acontece finalmente que, aunque estemos más de un lado que del otro, cuando hacemos un balance a conciencia del uso de este activo, y aún más, cuando trazamos un plan hacia el futuro, no sea ni lo uno ni lo otro.

Esta visión de blanco y negro, de tortuga o guepardo, es una mera sensación emocional, como es natural ya que somos humanos. Si miramos para atrás,  y reconocemos aciertos y desaciertos en el uso del tiempo, como un recurso más de los tantos disponibles y finitos, podemos usar esto para mejorar esta performance en los próximos desafíos.

Distinguir en retrospectiva en que usé mis horas sirve para corregir hacia adelante, incluyendo en ello la innovación, aprender del error, y muchas técnicas más, pero por sobre todas las cosas, caer definitivamente en la cuenta de existe una cuestión esencial a responder:

¿Quién gestiona mis tiempos?

¿Sobre qué procesos y con qué calidad estoy usando mis segundos?

¿Cuáles son los proyectos que conjugan mi vida?

Responder a conciencia estas preguntas es primordial, porque de ella se desprenden múltiples posibilidades, y nuevas e incontables cuestiones.

En lo personal considero que tener una visión obsesiva de la gestión del tiempo nos puede llevar a la ansiedad generalizada individual y grupal. Considero que el bienestar individual, social y laboral, se construye de manera equilibrada con personas muy eficientes en el uso del tiempo, y con otras que no lo son tanto, pero agregan lapsos de mucha calidad analítica, y que nos hacen crecer más allá de la visión necesaria pero no absoluta de los resultados.

Mitad de año que se nos viene, ya se nota algún grado de tensión que se profundizará durante los próximos meses. Este escrito tiene como única intención provocar que revises tu más cercana historia, pero fundamentalmente el porvenir, para que, haciendo centro en nosotros mismos, tratemos de responder una simple pregunta:

¿En qué y cómo gastaré mi tiempo?

El tiempo no es sólo aquello que dividimos en horas, minutos y segundos, sino una conjunción de eventos, que nos emocionan, nos cruzan el cuerpo y nos invitan a soñar.

Una canción reza:

“Hubo un tiempo que fui hermoso

Y fui libre de verdad

Guardaba todos mis sueños

En castillos de cristal

Poco a poco fui creciendo

Y mis fábulas de amor

Se fueron desvaneciendo

Como pompas de jabón”.

La poesía nos muestra el tiempo y todas sus facetas como ninguna.

Desvanecerse en un tiempo infinito sería un gran objetivo.

No dispongo de más minutos para escribir……

Otras tareas me esperan…..

Ya le robé demasiados instantes a esta jornada de domingo……

A disfrutar de esta hermosa mañana de sol.

Apuntes sobre el trabajo !

Mañana se celebra el día internacional del trabajo en gran parte de nuestro orbe, salvo Canadá, Estados Unidos y algunos otros países. Bastante cercano en nuestro tiempo cronológico, pero quizás ya superado en cuanto a la evolución de los sistemas de trabajo, se sitúa el motivo o la situación por el cual se adoptó la fecha que se conmemora.

Básicamente, la «revuelta de Chicago», tal es el nombre con el que se conoció el inicio de la huelga del 1 de mayo, tenía como motivo principal ampliar y asegurar derechos sobre el vigente esquema de los tres ochos: trabajar 8 horas, dedicarse al ocio otras 8, y las 8 horas restantes del día, emplearlas para descansar. No resulta raro que se haya dado en la ciudad de Chicago durante mayo de 1886, ya que esa ciudad albergaba una gran concentración de empleados de ferrocarril, maquinaria agrícola y textil, sobre los cuales pesaban las peores condiciones laborales del país.

El sábado 1 de mayo de 1886, 200 mil trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200 mil obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.

En Chicago, donde las condiciones de los trabajadores eran menos auspiciosas que en otras ciudades del país, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola “Helmans” que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad de sus salarios para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de reemplazos. El día 2, la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50 000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas; cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies, sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los mismos comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.

El periodista Adolph Fischer, redactor del Arbeiter Zeitung, corrió a su periódico donde redactó una proclama (que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que le llevó a la horca) imprimiendo 25 000 octavillas. La proclama decía:

“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!

¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!”

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el cuatro de mayo, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30 en el parque Haymarket. Los hechos que allí sucedieron son conocidos como la “revuelta de Haymarket”.

Se concentraron en la plaza de Haymarket más de 20 000 personas que fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos. La policía abrió fuego contra la multitud matando a 38 personas y dejando más de 200 heridos.

Chicago fue declarado en estado de sitio y el toque de queda deteniendo a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía.

Estos hechos represivos fueron apoyados por una campaña de prensa con citas como:

“Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!”.

La Prensa reclamaba un juicio sumario por parte de la Corte Suprema, responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero.

El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, que luego quedaron en ocho. Las irregularidades en el juicio fueron muchas, violándose todas las normas procesales en su forma y fondo, tanto que ha llegado a ser calificado de juicio farsa. Los juzgados fueron declarados culpables. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a muerte, los cuales fueron ejecutados en la horca.

Luego de la ejecución de los reos, como punto culmine, el movimiento obrero capitalizó estos hechos y se consolidó en todo el mundo, posibilitando la mejora de las condiciones laborales en muchos países, salvo en aquellos donde gobernaban sistemas políticos absolutistas o autoritarios.

La evolución de los sistemas de trabajo ha dejado atrás estos tristes episodios, dando lugar a numerosas formas nuevas, muchas de las cuales se visualizaron más nítidamente durante la pandemia. El trabajo remoto, o parcialmente remoto, y el trabajo por objetivos, sin jornada fija de trabajo, quizás sean los que se desarrollaron con mayor empuje antes, durante y continúan aún después de la pandemia. Son innumerables las imágenes o videos subidos a redes sociales en donde es posible visualizar a personas trabajando desde sus casas. La limitante son varias para esta modalidad, pero muchas empresas han adoptado esquemas flexibles con mayor libertad para que sus empleados puedan disfrutar de un mejor equilibrio de su vida laboral y personal.

En la actualidad coexisten numerosas modalidades de trabajo, a los que se suman dependiendo del desarrollo económico, cultural y humano de los países, menores o mayores grados de informalidad, previsión y salud. El denominado «trabajo en negro» es común en distintas latitudes del planeta, proliferando en aquellas economías subdesarrolladas o de actividades mayoritariamente primarias de explotación. Mientras el mundo desarrollado discute jornadas de trabajo de seis horas, por cuatro días a la semana, en las economías pobres el problema pasa por resolver la precarización laboral en todas sus formas. Resulta inentendible que los distintos actores que conforman el entramado del trabajo, tales como estado, empleadores y sindicatos, no acuerden una manera sencilla de formalizar las condiciones de trabajo, temerosos de la mal denominada “flexibilización laboral”, cuando en realidad se trata de buscar un mecanismo que incluya las nuevas modalidades de trabajo, de modo tal de salir de la informalidad. Sin consenso, el avance para erradicar el trabajo en negro resulta casi nulo.

Para agregar un condimento más a la ensaladera, la inteligencia artificial avanza a una velocidad que supera lo programado. Numerosos programas reemplazan el conocimiento, las habilidades y la capacidad para analizar y tomar decisiones, vinculadas a muchas profesiones, cuestiones científicas y mapas estadísticos, los cuales en conjunto vienen a resolver muchos problemas, para los cuales se requerían el trabajo de personas, solas o en equipo. La inteligencia artificial junto a la robótica (que ya ha desplazado a numerosos trabajadores), la informática y la digitalización, facilitarán de tal modo las tareas, que sumarán presión sobre la cantidad de trabajo que quede disponible para la “inteligencia humana o natural”.

Ya existen varias simulaciones donde es posible ver un probabilidad de reemplazo de distintos trabajos, por la actividad de la inteligencia artificial, a través de sistemas automáticos de trabajo o de respuesta. Allí figuran de mayor a menor un sinnúmero de actividades, y me animaría a decir que casi ninguna escapa a la lista de los que pueden ser relevados por autómatas.

Numerosas voces tanto de filósofos, como de humanistas, empresarios y otros actores están comenzando a advertir que se necesita regular el desarrollo de la inteligencia artificial de modo tal de que sean los humanos los que ejerzan el control sobre su implementación, campos de aplicación, a los fines de lograr un equilibrio entre lo humano y lo artificial. Lo cierto es que como tantas otras revoluciones o cambios que ha llevado a cabo la humanidad, al final de la historia los tantos se emparejan, y las mejores características de las nuevas formas, tienden a prevalecer sobre los vicios o aspectos negativos, propendiendo a mejorar la calidad de nuestras vidas.

Por el momento no existe concordancia en los países centrales respecto de cómo abordar ciertamente esta temática, como tampoco existe un consenso global sobre cómo resolver otros problemas acuciantes tales como el cambio climático, la pobreza, el hambre y mejores condiciones de vida para los habitantes de nuestra tierra.

Alguien me supo decir hace poco, que de seguro Chat GPT podría ser mi oráculo de consulta para muchos de los temas sobre los cuales escribo, o bien reemplazarme totalmente en mis escritos, y en el de tantos otros escritores profesionales o aficionados como yo.

Me gusta pensar que la belleza de la imperfección es eminentemente humana, y no sé hasta que punto, la inteligencia artificial podrá encontrar esa sutileza de escribir cuestiones ciertamente discutibles. Me resigno a pensar que la inteligencia artificial podrá ser algún día un narrador tan acabado como Víctor Hugo, a podrá amar tanto y tan despojadamente a sus amores como Pablo Neruda en sus poemas.  Probablemente un escritor aficionado como yo, sea reemplazado fácilmente por un autómata, y de manera mucho más eficiente.

A lo largo del devenir histórico el ser humano ha sido capaz de sortear numerosos escollos, a veces autogenerados, por lo que el temor a lo nuevo es una emoción que podamos abandonar sólo recurriendo a nuestra memoria.

Salud a todos los trabajadores en su día.

Para todos ellos mi más sincero reconocimiento.

Acciones que incluyen !

En la antesala de una reunión de presentación de un programa político tuve la oportunidad de charlar e intercambiar opiniones con un grupo de personas que estábamos a la espera de su inicio. Entre las personas que formamos parte de este pequeño grupo de espera, se encontraba una docente, que además de su vocación, tenía un especial interés por la situación de los no videntes y las personas con capacidad visual tan disminuida que les resultaba ciertamente incapacitante. Su compromiso la había llevado a fundar la “BIBLIOTECA EL ENCUENTRO”, que incluía volúmenes en braille y audiolibros, la cual había sido inaugurada el día anterior al encuentro, siendo el lema de la misma, “Leer es la mayor riqueza de la Humanidad”.

Nos comentaba que no existe una adecuada distribución federal de los recursos destinados a los no videntes, y que eso se hacía extensivo a sus posibilidades de trabajo, estudio y desempeño social. Ella, con la ayuda de otro grupo de personas interesadas por lo mismo, colaboraban con esta biblioteca, que no sólo contenía libros sino además algunas obras de arte, las cuales al presentar relieves especiales y títulos en braille podían ser apreciadas por las personas discapacitadas visualmente.  Su idea es que los más jóvenes se integraran a esta iniciativa de modo tal de garantizar que la biblioteca creciera y perdurará en el tiempo.

Su pasión por ayudar a las personas no videntes había generado en ella un interés inusitado por otros aspectos vinculados a la discapacidad visual, cuestiones que para muchos de nosotros pasan normalmente desapercibidas. Una pregunta concreta fue: ¿últimamente han visto alguna persona no vidente paseando en una plaza, un parque o disfrutando de algún espacio al aire libre? Nos quedamos mirándonos sin responder, por lo cual ella volvió a tomar la palabra para decirnos que no existen muchos espacios verdes, plazas o parques adecuados para las personas no videntes. Siguió su charla diciendo que este es uno de los muchos ejemplos que hay, en donde la palabra inclusión se desdibuja y pierde fuerza a la luz de la realidad. Manifestó que la acción de incluir ha adquirido relevancia sólo para algunos grupos de personas discriminadas, pero no para todas, aquellas personas que encajaban en las “modas mediáticas y políticas de la inclusión”.

La charla se cortó abruptamente por el inicio formal de la reunión, pero no quería dejar pasar esta oportunidad de rescatar y aplaudir la acción de personas, que con mucho esfuerzo trabajan por la inclusión e integración, de manera desinteresada y siguiendo valores que necesitamos multiplicar.

Siguiendo con el tema de la discapacidad visual les traigo el extracto de un artículo periodístico, el cual nos permitirán arrojar luz sobre dos temas: uno, la magnitud del problema de la no videncia, y segundo, los avances tecnológicos más modernos, pensados para colaborar y mejorar la calidad de vida de los discapacitados visuales. Respecto del primero debo reconocer cuan lejos estaba de tener al menos una idea clara de la cantidad de personas que sufren de discapacidad visual total o de algún tipo que las incapacita de alguna manera. Si los números no es tan errados, un poco más del 3 % de la población mundial puede considerarse como un discapacitado visual total o parcial.

Cinco tecnologías que pueden mejorar la vida de las personas con discapacidad visual

En el mundo, hay 253 millones de personas con discapacidad visual, según datos de fines de 2017 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De ese total, 36 millones tienen ceguera y 217 millones, discapacidad visual en diferentes niveles, de moderada a grave, también llamada «baja visión». Este último grupo incluye personas que, aun con ayudas ópticas (como anteojos o lentes de contacto), no pueden acceder a la lecto-escritura. Solo el 15% entiende el sistema Braille. Por eso la lectura auditiva está creciendo exponencialmente.

Además, solo un 10% de los títulos impresos con tinta se encuentran disponibles en sistema Braille. Se estima que, del total de personas con discapacidad visual, solo el 15% está capacitado para entender ese sistema de lectura y escritura táctil. Por esa razón, la lectura auditiva es el medio principal para acceder a libros impresos, por ejemplo.

¿Qué es la tiflotecnología?

En este marco, la tecnología es clave para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad visual. La tiflotecnología (tiflo significa ‘ciego’ en griego) investiga y desarrolla soluciones para estos usuarios.

En 1993, el argentino Rubén Battipede, ante la necesidad de un amigo que, a los 60 años, había perdido casi totalmente la visión, investigó qué dispositivos existían en el mundo para mejorar su calidad de vida.

«En esa investigación surgió la primera máquina de lectura parlante llamada Open Book. Consiste en una PC, un escáner y un software con OCR (sigla en inglés que significa ‘reconocedor óptico de caracteres’)», explica Battipede.

Esto lo inspiró a seguir investigando. Poco tiempo después, importó una primera partida y agregó otros productos de escritura Braille y de magnificación de imágenes, hasta llegar hoy a 50 dispositivos.

Battipede, creador de la empresa Tecno Ayudas, señala: «El 0,3% o 0,4% de la población, tanto en la Argentina como en el mundo, es ciega y el 2,4%, con baja visión. Los gastos de I+D (investigación y desarrollo) de las tiflotecnologías son distintos a productos masivos».

A diferencia de un smartphone o una impresora, los productos tiflotecnológicos se venden a menos del 3% de la población a nivel mundial. «Entonces los gastos de I+D deben prorratearse entre muy pocas unidades», agrega.

En nuestro país (Argentina) la ley 24901 protege a personas con discapacidad. «Las obras sociales y las empresas de medicina prepaga deben proveer elementos tiflotecnológicos a toda persona que disponga de un certificado de discapacidad vigente. En muchos casos no se cumple esta ley, para ello es posible requerir judicialmente un recurso de amparo», señala Battipede.

El problema a nivel global es que el 90% de las personas con discapacidad visual vive en países de ingresos bajos, según la OMS, que está elaborando un Informe Mundial sobre la Visión que dará a conocer este año.

Además, los dispositivos de tiflotecnologías suelen tener precios elevados. Sin embargo, el 28% de las personas que padecen discapacidad visual moderada y grave están en edad de trabajar.

No se trata de un complemento más para vivir, sino de un dispositivo que puede ser esencial para una persona con discapacidad visual. A continuación les traemos una breve descripción de de cinco “tiflotecnologías” que pueden mejorar la calidad de vida de estos usuarios no videntes.

De Israel a la Argentina: Orcam MyEye 2.0

Es uno de los productos más innovadores a nivel global, disponible en la Argentina. Se trata de un dispositivo portátil con una cámara y un pequeño altavoz, a simple vista. Se fija de forma magnética a la patilla de un anteojo.

De 12 x 5 cm, pesa 22 gramos, y sirve de asistente inteligente. Puede leer en voz sintetizada y de forma instantánea textos impresos o digitales. Solo es necesario dirigir la vista hacia el objetivo o señalarlo con el dedo. Tiene una batería recargable, que dura hasta 2 horas.

La segunda versión (2.0) de este dispositivo de la empresa israelí OrCam Technologies Limited no tiene cables, tampoco conexiones Bluetooth o wifi. Habla inglés y español, y puede leer libros, etiquetas, billetes o nombres de calles. También detecta colores e identifica hasta 150 diferentes productos envasados y hasta 100 rostros, que nombrará al momento de observar. 

Mónica Aguero, licenciada en Psicología, tiene 64 años, vive en Rosario y trabaja desde su casa. «Tengo baja visión, todavía soy bastante independiente. Mi problema es maculopatía miópica, llamada también «ceguera virtual». Soy una ferviente lectora y mi tipo de maculopatía tiene una consecuencia terrible: no podés leer», nos explica.

Esta situación la llevó a averiguar qué tecnologías disponibles en la Argentina podían ayudarla a, principalmente, leer libros. «Así, llegué a OrCam 2.0, me permite también leer carteles. Me gusta mucho viajar sola y no puedo ver en qué calle estoy, un mapa. Y el dispositivo me permite leer una calle», asegura la psicóloga.

Por su parte, Milagros Soria vive en La Rioja, tiene 19 años y es ciega desde su nacimiento. A través de una espontánea campaña de financiamiento colectivo, pudo recaudar $120.000 para comprar el dispositivo.

«Navegando en Facebook, me apareció una promoción que hacían los de OrCam. Lo leí, quedé impresionada. Una persona ciega siempre espera nuevos dispositivos y eso era tremendo. Les dije a mis papás que quería viajar a Buenos Aires para conocer el dispositivo. Viajamos, los probé y no hay palabras que puedan describir lo que sentí al leer. Podía estar sentada leyendo un libro y eso para una persona ciega es hermoso».

Continúa: «En ese momento valían $90.000 y era un precio inaccesible para mí y mi familia. Se me ocurrió ir a una radio de acá, que se llama Fénix, a contar lo que me pasaba, quería darle difusión. Fui al programa Las cosas son como son, conté de mi vida. Y cuando hablé del dispositivo OrCam, por qué lo necesitaba, hubo un oyente que donó $10.000».

Con esa donación orgánica, surgió la idea. Si 2.000 personas donaban $40, podían llegar a los $80.000 que faltaban para comprar el dispositivo. «En una semana juntamos más de $120.000. Empezó siendo mi sueño y se convirtió en el sueño de toda una provincia», expresa Milagros.

Emocionada, Milagros dice que lo que logra a través del dispositivo israelí es un sueño que creía inalcanzable. «Es explorar el mundo de otra manera, es ver sin ver. En el colegio, de verdad que me solucionaron la vida. Puedo leer como todos mis compañeros en fotocopia. Puedo leer la pantalla de la computadora, del celular, puedo ir al supermercado sin la ayuda de nadie. Son las alas que me faltaban para terminar de ser del todo independiente», finaliza.

Magnificador, una gran lupa

Un magnificador portátil permite básicamente ampliar el tamaño de las letras o imágenes. La Biblioteca Nacional Mariano Moreno cuenta con esta tecnología en su sala de lectura para ciegos.

La sala cuenta con un magnificador de caracteres color (tele-lupa), un lector personal informático y software de lectura de pantalla sonoro. Tiene acceso al catálogo general de la Biblioteca, audición de CD de música, audición de revistas sonoras, consulta de gráficos en relieve y consulta de material tridimensional, entre otras cosas, según explican desde la institución.

Mensualmente reciben entre 60 y 100 consultas presenciales, telefónicas o vía email. Entre 20 y 30 usuarios reciben atención personalizada en la sala, llamada Vicente G. Quesada, creada el 22 de septiembre de 1993. Ingresó como sala en la estructura de la Biblioteca Nacional en 1998.

En 2017, desde la Biblioteca Nacional hicieron una campaña a través de la plataforma IdeaMe para recaudar fondos para una nueva máquina para la sala, que no se renovaba desde hacía 20 años. Lo recaudado sirvió para comprar un video magnificador de 19″.

Máquina de lectura parlante

Un dispositivo integrado de lectura instantánea para ciegos. Eso es Eye Pal Solo, aparato que lee a través de un altavoz todo tipo de publicaciones, como libros, revistas o boletas de servicios.

No requiere el uso de una computadora. Se coloca lo que se desea leer sobre el dispositivo y este hará su trabajo. Se carga directamente al toma corriente. No importa cómo sea la posición de la página a leer, se puede apoyar en cualquier orientación.

Para detener la lectura, el usuario solo debe mover su mano por encima de la página.

EyeSynth, anteojos para ciegos

Desarrollado en España, en la provincia de Castellón, este dispositivo se presenta en forma de gafas que registran en 3D su alrededor, lo procesan y traducen en sonidos. La idea es que el usuario pueda tener una percepción más acertada de lo que lo rodea.

Este anteojo para ciegos tiene dos cámaras y la información se procesa en un miniordenador incorporado. El sistema se actualiza hasta 60 veces por segundo.

Este tipo de tecnología requiere aprendizaje por parte del usuario, pero lo interesante es que los sonidos son transmitidos a través de conducción ósea, por los huesos de la cabeza.

La idea es que la percepción del entorno sea más acertada. Si una persona pasa cerca del usuario del lado derecho, este sentirá sonidos en su oído derecho.

Un interesante prototipo: FingerReader

s un desarrollo del MIT Media Labs y funciona como un wearable, es decir, una tecnología de vestir. Es un anillo que, a través de una cámara, puede leer textos con una voz sintetizada.

Es un prototipo, impreso en 3D, que tiene un software que sigue el movimiento del dedo (la persona debe indicar lo que quiere leer y ahí estaría la dificultad para personas con ceguera). El sistema procesa la información y lee. Si el usuario se desvía de la línea de lectura, el anillo vibra.

FingerReader llevó 3 años de desarrollo de software y se planea llevarlo al mercado, con algunas modificaciones.

Convencido de que para incluir primero hay que entender y comprender la realidad de las personas que por diferentes motivos necesitan “ser incluidas e integradas”, solo quise difundir en mi espacio la situación de los no videntes o discapacitados visuales. El universo de la inclusión e integración es muy grande y amplio en cuanto a los tipos de discapacidad presentes.

Creo, asimismo, que nos queda mucho camino por recorrer, y que por lo tanto las oportunidades para colaborar y sumarse son muchas y valiosas.

Nuestras acciones por pequeñas que parezcan pueden colaborar a construir o mejorar el mundo para los que presentando alguna discapacidad, puedan expresar su enorme potencial, proveniente del resto de sus capacidades presentes.

Números educativos que duelen !

En la semana escuché en un programa radial una consigna para compartir con los oyentes, la cual consistía en traer a la memoria los mejores recuerdos de la niñez. Podían estar vinculados a juegos, afectos, objetos o circunstancias que nos dejaron sus huellas marcadas, siendo depósitos emocionales de felicidad. Imágenes, olores, colores, texturas, sonidos, palabras, encuentros, que incluso aún hoy, nos venían de nuevo al cuerpo, o a cualquiera de nuestros sentidos, solos o combinados, produciéndonos sensaciones muy profundas, que se revivían en nuestros corazones y mentes. De esa manera la conductora describía la idea, la cual podía ser enviada de manera escrita para ser leída en el programa, pidiendo que la misma fuera escueta o resumida, de modo tal de poder compartir la mayor cantidad de mensajes posibles.

Los relatos de los oyentes no tuvieron desperdicio, abarcando una amplia gama de situaciones: la primera vez que tuve consciencia de un regalo, los cuentos de papá, la presencia de mamá en los abrazos al despertar por las mañanas, los olores que provenían de la cocina de los abuelos, mi primera bicicleta, las vacaciones en el mar o en las sierras, ese abrigo de color azul que me tejió la abuela, pasando por celebraciones de cumpleaños y fiestas especiales de Navidad.

En lo personal, ha medida que iba escuchando, iba incorporando al mismo tiempo mis propias añoranzas de la infancia, las cuales me afloraban por doquier: los chocolates que traía papá cuando volvía por la noche del trabajo, el olor de las camisas recién planchadas por mamá, algunas aventuras con amigos en la quinta familiar, la sonrisa de tío Marochi, sólo por citar algunas de las incontables que me salieron al encuentro, para apoderarse de todos mis sentidos.

En los relatos cada tanto aparecían recuerdos entrañables del cariño de maestras, episodios vividos en los colegios, y logros educativos de nuestra niñez y adolescencia. En muchas de esas pequeñas narraciones, se hacía referencia a la importancia del colegio primario y secundario para la formación de las personas, y como funcionan esos ámbitos no sólo como lugares esenciales para la educación, sino asimismo para la contención y mitigación de otros problemas que nos sacuden como sociedad. Se me vinieron a la mente tantos recuerdos hermosos, que rememoramos con los compañeros del primario, con los cuales volvimos después de mucho tiempo a tener contacto gracias a la tecnología y  los grupos de WhatsApp.

La radio es una buena compañía cuando se viaja solo, por lo que, una vez acabado el programa, decidí permanecer en la misma sintonía radial. El programa que le siguió era más de actualidad y noticias de todo tipo. Una de las primeras que trajeron a la luz fue un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, la cual me resultó alarmante. Para evitar errar con números y que mi memoria me juegue una mala pasada, he buscado en las redes las noticias vinculadas con ese informe o con el tema en específico, de modo tal de tratar de ser los más concreto posible con la información. He elegido dos que me parecen relevantes para describir el fenómeno y sus consecuencias, aunque aclaro que pueden estar teñidos de visiones personales y políticas, siendo para mí lo importante la información que contienen más que las opiniones posiblemente sesgadas.

“En Argentina se perdió el foco de la educación, por el aumento de pobreza: en las escuelas están más ocupados en la asistencia”, manifestó Guillermina Tiramonti

Según la prueba nacional ERCE, 6 de cada 10 alumnos vulnerables no alcanzan el nivel mínimo de lectura en primaria. El informe, que publicó Infopico, indica que el nivel de aprendizaje de lectura de los alumnos se asocia con el nivel socioeconómico. A raíz de estos alarmantes datos, en “La Redacción” dialogamos con la especialista e investigadora Guillermina Tiramonti que nos dio más detalles de estas cifras.

La investigadora del ámbito educativo hizo referencia al informe y dijo que “duelen estos números porque son 6 de cada 10 chicos de sectores vulnerables y el promedio es de 4 de cada 10, si tomamos el conjunto de los sectores sociales”.

“Es evidente que la escuela primaria es ineficiente para transmitir a las nuevas generaciones el instrumental mínimo de la cultura que es la lectoescritura. Esto es una alerta muy fuerte para quienes gestionan el sistema educativo y para toda la sociedad”, sostuvo.

-¿Cuál es el impacto a largo plazo de las desigualdades educativas?

-Es enorme el impacto porque el 60 % de los chicos se quedan afuera de la posibilidad de desarrollar una vida en el mundo integrado. Es cierto que son niños que están en tercer grado y que tienen oportunidades, si es que desarrollamos políticas adecuadas, de superar esta deficiencia. Si un chico no sabe leer y escribir, de adulto no podrá integrarse a ningún trabajo.

Sobre el rol de las familias, la especialista sostuvo que “los chicos que vienen de familias educadas, donde se utiliza la lectoescritura, tienen mayor facilidad para incorporarse a la cultura letrada que propone la escuela y además, los padres pueden hacer mayor seguimiento de los chicos. En contraposición, los chicos más vulnerables, en general, vienen de familias poco escolarizadas y utilizan códigos lingüísticos muy elementales que no ayudan a los chicos y los padres tienen menor capacidad de acompañar”.

Tiramonti comparó los resultados brindados por la prueba ERCE con otros países: “dentro de la Argentina hay una brecha grande. Pero hay un dato que brinda el informe muy curioso: los chicos de los sectores sociales más altos de nuestro país, que generalmente van a escuelas privadas, tienen resultados educativos semejantes a los chicos de los sectores medios y medios-bajos de otros países como Brasil, México, Chile. O sea, que ni siquiera estamos formando adecuadamente una elite” “Un porcentaje alto sabe leer y escribir, pero no con resultados óptimos”.

¿Qué se puede aprender de esos países?:

“supongo que se puede estudiar que metodologías utilizan y de qué forma llegan a estos resultados. Debemos cuestionar las metodologías que usamos para enseñar a leer y escribir y el seguimiento que hacemos de los alumnos. En Argentina perdieron el foco en su función esencial, que es la de enseñanza-aprendizaje y están más preocupados por lo asistencial, que lógicamente tiene un sentido porque estamos aumentando permanentemente el número de nuestros pobres” “Hemos perdido el rumbo”, declaró.

Con respecto a la utilización de la tecnología en los chicos: “deberíamos hacer un uso pedagógico y productivo de los aparatos que tanto cautivan a los niños. Por ejemplo: los chicos participan de redes, se conectan con otros, entonces tenemos que incentivarlos a que intercambien información, idiomas, etc.

“Tenemos que pensar la educación a la luz de la realidad”.

“Tenemos que discutir seriamente las metodologías de aprendizaje que estamos usando y modificarlas. Además, debemos capacitar a los docentes en metodologías para la alfabetización”, detalló la investigadora.

Guillermina contó que forma parte de un organismo que se llama “Coalición por la Educación” y realizaron “una cartilla muy simple donde se marca que tienen que aprender los chicos en cada grado, de modo que los padres puedan hacer un seguimiento”.

El deterioro educativo, en cifras que duelen

Es doloroso el informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, que da cuenta de que sólo 53% de los chicos que entran a la escuela termina el secundario de manera regular, y que sólo 16% lo hace de manera regular y con saberes sólidos. Del restante 47%, la mitad termina con mayor edad (ha repetido algún año) o abandona.

El informe espera que las cifras empeoren en los años venideros. El impacto de la forzosa virtualidad escolar sobre el ausentismo y el aprendizaje es hasta el momento un temor anecdótico que no tiene sustento numérico. Pero no se puede ser muy optimista respecto de esos números, a pesar de que testimonios directos de algunos directivos escolares dan cuenta de llamados de los ministerios para “aprobar a todos”. Parece ser que salir bien en la estadística cuenta más que impartir una buena formación para los políticos. La educación no está exenta de la tergiversación de valores que afecta a tantos ámbitos de nuestra vida diaria.

En 2006, cuando se sancionó la Ley de Educación Nacional, se estableció un piso de 6% del PBI como inversión anual de la Nación y las provincias en educación. Aunque, como ocurre con tantas otras leyes, la regla sólo se cumplió en 2015, Argentina ha venido gastando de manera consistente poco más de 5% del PBI en Educación durante la última década. En términos del PBI, Argentina gasta en educación tanto como varios países de la OCDE.

Los resultados, sin embargo, no son proporcionales al tamaño del gasto. Un informe de diciembre de 2021, elaborado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano, dirigido por el exministro Alieto Guadagni, da cuenta cabal del deterioro de la educación argentina a lo largo de los años. Según este informe, el máximo nivel educativo alcanzado por la población de entre 25 y 64 años de edad, para el promedio de la OCDE, fue de 57% en nivel secundario y para 40% nivel terciario, en 2020. Para Argentina, las cifras fueron 36% y 35%. Inferiores, pero no dramáticas.

Cuando la comparación se hace para el rango de edad de 25 a 34 años, 32% completaron estudios secundarios y 40% terciarios en Argentina. Es decir, entre los más jóvenes se mantiene el porcentaje de alumnos con estudios terciarios completos, pero cae 4 puntos el porcentaje que completa el secundario. ¿Será que los rezagados están cada vez más rezagados? Si la educación es la mejor herramienta de igualación social, estamos desperdiciando tiempo y dinero.

Como corolario, las pruebas Pisa, Aprender y otras son concluyentes respecto de la calidad de los conocimientos con que los chicos concluyen su escolaridad. Nos hemos caído por el tobogán, y el informe del Observatorio Argentinos por la Educación lo ratifica en ese magro y lapidario 16% que concluye el secundario con dominio de la lengua escrita, comprensión adecuada de textos y pensamiento matemático. Si estos resultados no fueron planificados por una mente maléfica, son fruto de una brutal incapacidad de los estados, nacional y provinciales, para prestar este servicio esencial.

Lo cual nos lleva a una conclusión: no son recursos lo que faltan, sino usarlos bien. En las 24 jurisdicciones, aproximadamente el 80% del presupuesto va a salario de gestión estatal y 13% a salario de gestión privada. No queda dinero para formación docente, infraestructura o materiales pedagógicos, entre otras necesidades.

Que los chicos aprendan parece depender más de la insistencia de sus padres y de la vocación del docente que les toca en suerte que de los planes de estudio o la planificación de los respectivos ministerios de educación.

Repetimos como loros que Argentina tiene un enorme capital humano. Al ritmo que vamos, no está claro que tengamos más capital humano que otros países latinoamericanos. Estamos más cerca de ser una fuente de trabajo barato de baja calificación, que una usina de cerebros.

Revertir las cifras demandaría, al menos, un ciclo escolar completo. No parece muy complejo lograr enseñar, al cabo de 12 años, a los chicos a leer y comprender, a poder escribir ordenando sus ideas, y a tener un pensamiento lógico esencial. No sólo no lo estamos logrando, sino que cada año estamos más lejos de lograrlo. Como decíamos: si no es planificado, parece serlo.

He copiado de manera literal los informes periodísticos con el ánimo como ya dije de poner de manifiesto los números, dejando de lado juicios o prejuicios.

Números que duelen, números que necesitamos revertir, como una condición imprescindible para retomar el camino.

Para finalizar un pensamiento sobre la educación que pertenece a Nelson Mandela que nos revela su importancia.

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”

El Propósito !

La cristiandad celebra esta semana la muerte y resurrección de Jesús, el profeta que, siendo hijo de Dios, vino para redimirnos de nuestros pecados, con su propia muerte y resurrección. Es una cuestión de fe, que no tiene un correlato racional, pero si una vinculación íntima y profunda con el sentido de nuestras vidas.

Sus apóstoles fueron elegidos por Jesús entre aquellos que se desempeñaban haciendo trabajos comunes para la época en la zona costera del mar de Galilea, cinco de ellos pescadores (Pedro, bautizado como la Roca, Santiago, Juan, Andrés y Felipe) , un recaudador de impuestos (Mateo) y respecto de los seis restantes (Judas Iscariote, Tomás, Santiago, Bartolomé, Judas Tadeo  y Simón) si bien no existe un conocimiento cierto, es muy probable que se hayan desempeñado haciendo actividades propias de una región costera dedicada a la pesca.

Lo interesante más allá de la precisión respecto de cuáles fueran sus trabajos, es que todos los abandonaron y siguieron a Jesús, uniéndose al propósito que este último tenía para su existencia: servir a Dios y redimir al hombre de sus pecados, bajo el lema del amor al prójimo, el perdón y la fe.

Muy interesante la historia de la vida, muerte y resurrección de Jesús, que fuera narrada por los apóstoles en cada uno de los evangelios, con detalles que cada uno iba viendo según su visión de las cosas, destacando aspectos y hechos que dieran sentido a una vida de creencias, espiritualidad y compromiso con el otro, que fue básicamente la corta pero prolífica existencia de Jesús.

En esta semana especial que culmina con el Domingo de Pascuas, que es cuando Jesús luego de asesinado nace de nuevo, es que quiero aprovechar para profundizar en esa decisión de los pescadores que buscaron darle sentido o propósito a su devenir, abandonando sus labores, para iniciar un nuevo derrotero, que los motivara más allá de sus propios límites.

Es por ello, y esperando no ofender a nadie que quiere referirme a dos modelos de trabajo que surgieron no hace mucho, los cuales tienen algo que ver con esto de trabajar abandonando los viejos modelos.

Trabajo por objetivos o independencia consciente

El trabajo por objetivos es una metodología de trabajo que busca que las personas logren ciertas metas u objetivos, sin tener un horario fijo que cumplir. El objetivo de esta metodología es que las personas “sean responsables y capaces de administrarse para organizar sus actividades y cumplir en tiempo y formas con las tareas establecidas”.

El trabajo por objetivos, en reemplazo del esquema de horarios, fomenta la autonomía y permite que las personas se involucren más con sus tareas. Pero, además, ofrece otras ventajas:

Aumenta la productividad

El trabajo por objetivos resulta una metodología perfecta para elevar la productividad de los equipos, ya que elimina el concepto de trabajar sólo para cumplir horario y se potencia la motivación por completar proyectos en tiempo y forma.

Ofrece flexibilidad

Otras de las ventajas del trabajo por resultados es que, al no fomentar un esquema de horarios fijos, se ofrece un alto grado de independencia a la persona. Cuando uno solamente pone como objetivo entregar el trabajo terminado de determinada manera y establece plazos, la persona goza de cierta libertad para poder armar su propia rutina de trabajo y así organizar mejor sus tiempos.

Permite el trabajo remoto

El trabajo por objetivos sin horarios es, sin dudas, lo que permite que se pueda realizar el trabajo desde casa, modalidad laboral que ha crecido muchísimo en los últimos años. Esto ha generado en muchos una autonomía muy beneficiosa, sobre todo porque permite lograr el tan buscado balance vida personal y trabajo. Es decir, combinar tiempo personal y laboral de la mejor manera.

¿Cuáles son las desventajas del trabajo por objetivos?

No todos los sectores pueden aceptar esta metodología de trabajo ya que, entre otros motivos, la calidad del trabajo desarrollado podría verse comprometida. Esto ocurre en sectores como el de atención al cliente, servicios o procesos productivos industriales.

Además, el trabajo por objetivos puede tener las siguientes desventajas, dependiendo de su ámbito de aplicación:

Genera estrés y ansiedad

Si el plan de trabajo por objetivos no se aplica correctamente, puede que una persona se encuentre desbordada de tareas y no llegue a cumplir con sus metas laborales. Esto, sin dudas, puede ocasionar una situación de perder nuestra motivación y estrés, que sería contraproducente para el logro de objetivos.

Se pierde prioridad en otras tareas

Cuando una persona tiene el foco en trabajar por objetivos, todas sus acciones se enfocan a cumplir esas metas impuestas. En este camino, puede que algunas tareas secundarias pierdan prioridad, por ejemplo, la atención al cliente. Esto es algo habitual en equipos que tienen objetivos de ventas.

¿Por qué es importante implementar el trabajo por objetivos?

Para que una empresa tenga éxito, es fundamental que cuente con equipos de trabajo innovadores y autónomos, y que tengan empuje hacia el logro de objetivos de negocio.

Uno de los modelos de trabajo que permite esto es el de trabajo por objetivos, ya que motiva a las personas a que trabajen con el foco en los resultados, a la vez que le otorga flexibilidad e independencia.

De igual manera, es importante entender que trabajar por objetivos no significa no tener reglas o pautas de trabajo establecidas. Por el contrario, se trata de establecer ciertos parámetros que no sean limitantes sino más bien organizativos.

¿Cómo implementar el trabajo por objetivos?

Existen algunos pasos básicos para armar un plan de trabajo por objetivos que se deben considerar si quieres implementar esta modalidad de trabajo:

1. Establecer los resultados deseados

Tener claro qué es lo que se quiere conseguir es el primer paso para poder trazar un plan efectivo de trabajo por objetivos, ya que si no sabemos cuál es el resultado que queremos lograr, tampoco podremos evaluar si lo hemos conseguido.

2. Armar el plan de acción

Luego, es clave poder plasmar las intenciones en un plan concreto que sea fácil de entender por todos los integrantes del equipo. Es decir, debemos ser muy claros en qué se quiere conseguir y cómo se pretende conseguirlo, con el apoyo de indicadores de productividad y otras métricas relevantes.

En este paso, resulta clave también dar ejemplos concretos de cómo se ha conseguido lograr estos objetivos en el pasado.

3. Definir los objetivos a corto plazo

En este paso deberemos plantear cual es la meta final a la que pretendemos llegar y diseñar un plan de objetivos a corto plazo para alcanzar dicha meta. Es muy importante que se evalúen las capacidades individuales de las personas de los equipos de trabajo para poder asignar de manera efectiva las tareas para cada uno de ellos.

En este sentido, es clave apoyar la estrategia con algún recurso adicional como por ejemplo herramientas que nos permitan identificar características relevantes de cada persona para desarrollar un plan efectivo que convierta al talento humano en una ventaja competitiva para el negocio.

Claves para que el trabajo por objetivos sea exitoso

Dentro de los aspectos del trabajo por objetivos existen cuatro que son sumamente necesarios para lograr una buena implementación:

Tener objetivos alcanzables: es fundamental definir el plan de acción para saber si es posible o no alcanzar los objetivos fácilmente.

Ser específicos con lo que se quiere lograr: cuanto más claros sean los objetivos que buscamos alcanzar, más sencillo será implementar un plan de trabajo por objetivos.

Plantear objetivos medibles: si no podemos medir los resultados, tarde o temprano perderemos el hilo de cuál es el rumbo que debemos tomar y para qué lo hacemos.

Establece plazos reales: es muy importante darle a cada objetivo un tiempo lógico para poder llevarlo a cabo. De lo contrario, las personas pueden frustrarse si no logran cumplir sus metas.

El segundo modelo es algo más reciente y está muy emparentado con la decisión de los apóstoles.

Vivir y trabajar con propósito

El propósito está relacionado con el “para qué hacemos lo que hacemos”. Y no hace falta que sea algo grandioso, como recorrer el mundo con una ONG o tratar de ser un héroe.

El propósito lo podemos experimentar en nuestro día a día. No depende del puesto ni de la función, sino de nosotros mismos, del sentido que le demos y del grado de compromiso que tengamos.

Tal Ben-Shawar y Angus Ridgway en su libro “Ser feliz es decisión tuya”, analizan los tipos de trabajos conforme a nuestro nivel de sentido o compromiso. El sentido se experimenta cuando existe conexión entre lo que hacemos y nuestros valores, si creo o no en lo que hago. El compromiso es la motivación y energía que ponemos. Conforme a estos dos ejes, podemos ver que existen cuatro opciones:

A la deriva: La peor situación, porque trabajamos sin creer en lo que hacemos ni estamos motivados. Si estamos aquí, es importante hacer algo, porque tiene consecuencias en nuestra felicidad.

Soñador: Cuando creemos firmemente en causas como el ecologismo, ayudar a las personas sin recursos… pero hacemos poco. Quizá reciclamos, aportamos algo de dinero, pero no tenemos un compromiso firme con ello.

Estancado: Trabajar duro por responsabilidad, pero no estamos especialmente ilusionados. Esta situación, por cierto, es bastante habitual en las empresas, lo que a la larga produce un desgaste importante.

Alineado con el propósito: Se trata del cuadrante ideal, ya que trabajamos comprometidos y le encontramos un sentido a lo que tenemos entre manos.

¿Qué podemos hacer para trabajar y vivir con un propósito? Sabemos que cambiar de trabajo no es una tarea fácil, pero también hay que ser conscientes que dicha acción depende de una decisión personal. Por ello, revisemos qué está en nuestras manos para sentirnos mejor con lo que hacemos.

Si observamos el siguiente gráfico es probable que podamos ubicarnos en uno de sus cuadrantes. Vale la pena destacar que esto se podría aplicar a las relaciones de pareja, aficiones, amigos, entre otros.

Luego podemos encontrar un propósito en cada tarea que hagamos. No es necesario buscar algo que cambie el mundo o tener una vocación de por vida. Como dice José Luis Llorente, coautor del libro de «Vitamina X», existen propósitos vitales, de proyectos o de tareas. Nos podemos centrar en el que nos resulte más sencillo.

Un aspecto a tener en cuenta es que el propósito más poderoso está relacionado con los demás, sean clientes, sociedad, familia… Puedo hacer una presentación de resultados, un informe o una llamada a un cliente para que piensen que soy muy bueno y obtener reconocimientos o porque creo firmemente en ello. Si lo hago por otros, encontraré más fuerza y motivación.

Otra actividad clave es que en la medida en que sea posible podemos intentar modificar nuestras tareas para poner más energía en aquellas más gratificantes. No existe ningún trabajo perfecto. Siempre conviven actividades más amables que otras y vale la pena hacer aquellas que no nos gustan de modo eficiente, para disfrutar de las otras.

Por último, podemos replantearnos para qué hacemos lo que hacemos. Puedo pensar que solo hago facturas. Sin embargo, si dedico tiempo a reflexionar en la finalidad última de la empresa o de la organización, como que tengan un mejor servicio los clientes o los ciudadanos, puedo descubrir que contribuyo con mi trabajo a que eso ocurra. De alguna manera supone ganar perspectiva y darle un sentido.

En definitiva, trabajar con un propósito es la situación más motivadora y más satisfactoria para cualquier persona. Algo que además está comprobado que ayuda al cuidado de nuestro sistema inmunológico. La buena noticia es que depende de una decisión personal. En la medida en que le demos sentido a lo que hacemos y nos comprometamos con ello, podremos encontrar un propósito en nuestra vida, nuestros proyectos o nuestras metas.

Espero que este Domingo de Pascuas mi blog, sirva de alguna manera, para vincularnos con algo de lo que nos hace sentido.

¡Felices Pascuas!

Malvinas cuando se cruzan los Andes !

Resulta difícil encontrar la manera de comenzar un escrito donde no se narra una historia como tal, sino una mezcla de sensaciones cruzadas, que se acumulan en tu corazón, provocando un sinnúmero de estados emocionales. Asombro, admiración, congoja, tristeza, alegría, fuerza, compromiso, derrota, victoria, conviven con otras tantas, que se acomodan como pueden impactando en todo tu cuerpo y tu equilibrio.

Siendo 2 de abril, una fecha simbólica y perpetuamente cara a nuestros sentimientos argentinos, no me encuentro pisando nuestro suelo, aquel que vio nacer, pero no partir a nuestros 649 héroes de una guerra, que dieron su vida por recuperar nuestras Islas Malvinas, aquellas cuyo nombre entonábamos en nuestras canciones escolares.

Quiso el destino que el día anterior hubiera de cruzar la cordillera a Chile, junto a toda mi familia, usando el paso mendocino, aquel que une en cierta manera la capital mendocina con Santiago de Chile. El complejo Los Libertadores, el cual no conocíamos porque habíamos cruzado a Chile por tierra pero usando el paso Cardenal Samoré es un paso fronterizo a gran altura, que incluye en su trayecto previo, posterior y durante todo su desarrollo, un sinnúmero de túneles, caminos de cornisa, precipicios, largas caracolas en descenso y en ascenso, emplazados en un marco majestuoso y sobrecogedor que es la cordillera común que compartimos con nuestro país vecino.

Los más de 350 kms de camino montañoso de ambos lados de la frontera ofrecen los más variados paisajes, colores, vegetaciones y formas geológicas, que se visualizan en un camino serpenteante plagado de carteles que advierten de los peligros de derrumbe y la presencia de calzada resbaladiza, recomendando el uso de cadenas en época invernal para poder transitar en la nieve. Es un recorrido imperdible, digno del porte de los Andes. En la parte argentina del recorrido la ruta corre paralela al río Mendoza, el cual baja de los Andes hacia Argentina, mientras que en la parte chilena, corre paralela a los cañadones de varios ríos y arroyos que bajan este caso hacia Chile. La divisoria real de frontera entre Argentina y Chile ocurre justo en el interior del túnel Cristo Redentor, más o menos por la mitad de su recorrido, a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar.

Uspallata del lado argentino, es la última ciudad mendocina con capacidad de proveer de combustible y alimentos, estando ubicada a unos 60 kms de la frontera, mientras que del lado chileno, a unos 50 kms de la línea divisoria, se encuentra la ciudad de los Andes. En ambas locaciones es posible ver vehículos de ambas nacionalidades circulando, personas que cruzan de un lado al otro por turismo, comercio o de visita a familiares. La frontera y sus zonas cercanas son indefinidamente comunes y cercanas.

Para mis tres hijas , Emilia, Paula y Lucía, fue una experiencia única y que les generó no sólo adrenalina, sino una exaltación que no me imaginaba, sobre todo cuando empezaron a recordar la gesta del cruce de los Andes por nuestro prócer compartido, el Gral. San Martín. Lo llamativo para ellas es que les resultaba increíble que un ejército pudiera haber cruzado tamaña mole de piedra, con todas las inclemencias climáticas, llevando alimentos y armas en lomo de mulas, en tan sólo 21 días.  No se imaginaban cómo se pudo llevar a cabo esa proeza humana, ya que el territorio es inhóspito y extremadamente riesgoso, incluso ahora que se cuenta con una ruta en buen estado que elimina en parte las adversidades y posibles contingencias.

Estuvimos hablando bastante rato y recordando hechos aislados de esta campaña de liberación, mientras pasábamos por lugares que nos mostraban los lugares por donde había pasado la expedición, aunque cabe acotar que por este paso no cruzo el General San Martín, sino una fracción de su ejército al mando del exiliado chileno Gral. O’Higgins.  El cerro Aconcagua se observa desde uno de sus laterales, bastante cercano al camino, distinguiéndose por sus tonalidades oscuras, verdosas y azuladas.

Para completar la historia de la gesta militar voy a recurrir a un extracto resumen que encontré en un periódico, de modo tal que mis hijas que me han prometido que hoy leerían este escrito, puedan rememorar la reseña histórica de manera más acabada.

José de San Martín: ¿cómo preparó el Cruce de los Andes?

Con el Ejército de los Andes y en 21 días, atravesaron más de 500 kilómetros de montañas, vencieron a los realistas en Chacabuco y liberaron Chile.

“Solo quien haya cruzado la cordillera puede formarse una idea de lo que fue realizar esa hazaña en 1817, llevar un ejército de 5423 hombres, con 9280 mulas, 1600 caballos y 16 piezas de artillería, además de vituallas, forrajes y municiones por sendas más que caminos. A lo que hay que añadir la escasez de agua, en algunas ocasiones y el exceso en otras, los fríos intensos de noche y en pleno día el mal de montaña o soroche, la falta de pastos para el ganado y de leña para hacer fuego (…) Es una proeza que raya en la esfera de lo impracticable, de lo imposible”, dice el historiador Guillermo Furlong en su libro El paso de los Andes. La epopeya alcanza una dimensión mayor si e suma el hecho de que el camino se hizo guerreando contra las avanzadas enemigas y que, cuando la tropa terminó de atravesar las montañas, los hombres debían estar listos para combatir.

En 1814, José de San Martín se instaló en Mendoza para “Preparar un ejército pequeño y bien disciplinado para pasar a Chile y acabar allí con los godos, apoyando un gobierno de amigos; aliando las fuerzas pasaremos por el mar para tomar Lima”, describió. El proyecto contemplaba el recorrido hacia Chile de seis columnas con objetivos diferentes: algunos debían liberar provincias, otras confundir al enemigo, y por supuesto una de ellas iba a liderar el ataque principal para ocupar la capital chilena. Era un gigantesco rompecabezas cuya pieza principal era la cuesta de Chacabuco donde estaba previsto que podía desarrollarse la batalla definitiva. El secreto era otro de los elementos esenciales del plan ya que solo San Martín y unos pocos allegados sabían cuáles eran los pasos a seguir. Sigilo, astucia, rapidez, planificación y creatividad son los elementos que el Libertador ejecutó en el momento preciso gracias a su genialidad como estratega y militar.

Cuando llegó a Mendoza, San Martín encontró una provincia sin defensas y con escaso presupuesto. Frente a este nuevo escenario creó un pequeño Estado en Cuyo. Toda la población debía entregar sus riquezas, sus horas de trabajo y sus hombres para la lucha que se avecinaba. Una de sus primeras medidas fue recortar el presupuesto de todas las áreas, excepto la de educación y establecer distintos impuestos según los bienes de cada persona. Como gobernador impuso la vacuna antivariólica, fundó una biblioteca pública y el primer colegio secundario, fomentó la industria y embelleció la ciudad.

Como estratega, instaló su campamento militar en El Plumerillo, a ocho kilómetros de la capital. San Martín apenas contaba con 30 soldados y 900 milicianos; para formar el Ejército de los Andes ordenó el reclutamiento de todos los varones cuyanos entre 14 y 45 años, así logró alistar a 3778 soldados, 1392 auxiliares que estaban bajo el mando de tres generales, 28 jefes y 207 oficiales. Los esclavos, que prefirieron luchar antes de seguir sometidos, se constituyeron en el elemento central de la infantería. Aproximadamente el 40 por ciento del ejército estuvo constituido por los batallones de libertos. La mitad de ellos fueron reclutados en Cuyo por San Martín, que se los compró a los hacendados y a las órdenes religiosas, que eran los grandes esclavistas de la época, y la otra mitad la remitieron desde Buenos Aires. La tropa además estaba integrada por soldados del Ejército del Norte, del Litoral y del Regimiento de Granaderos a caballo, también había chilenos y hasta un grupo de voluntarios ingleses.

En El plumerillo, la instrucción militar consistía en ejercicios individuales (manejo de las armas, por ejemplo) y tácticas grupales (marcha, despliegue en la batalla). El entrenamiento duraba ocho horas, cuando terminaba los hombres debían preparar sus armas, monturas y arreglar su ropa. Pero un ejército además necesita armamento y para fabricarlo se precisaban toneladas de hierro. Los cuyanos donaron caños, rejas, cadenas y hasta ollas, también se fundieron las campanas de la mayoría de las iglesias. Con la ayuda de fray Luis Beltrán, San Martín creó la fábrica de pólvora, la armería, el batán para la fabricación de ropa y hasta una veterinaria para atender a los animales que irían al cruce. Para transportar los pertrechos, la pólvora se fraccionaba en barriles de 100 kilos y la harina en sacos de 105 kilos, pero como las mulas podían llevar un peso de 60 kilos hubo que construir cajones de madera y cuero para distribuir la carga. Los 22 cañones se transportaban atados sobre el lomo de las mulas y las ruedas, a los costados.

El 24 de enero de 1817, San Martín partió hacia el macizo andino. El cruce se hizo por seis pasos diferentes, el Libertador condujo el grueso de la tropa por la ruta de Los Patos y franqueó alturas de 5000 metros; como sus soldados lo hizo montado en una mula, el mejor animal para andar en la montaña. Además, aquejado por una úlcera, en ciertos tramos fue transportado en camilla. De los animales que partieron, sobrevivieron poco menos que la mitad. La tropa soportó el clima cordillerano con temperaturas que durante el día alcanzaban los 30° y a la noche descendían hasta -20°. Como en la alta montaña no había leña se transportaron algunas cargas de ramas, para entrar en calor se quemaba bosta y de noche no se encendían fogatas para no alertar al enemigo. El alimento básico era el guiso “valdiviano” con charqui (carne seca), grasa, sal, ají y cebolla cruda, y se les entregaba un poco de vino y aguardiente para apaciguar el cansancio y el frío.

El 10 de febrero, el Ejército de los Andes pisó tierra chilena, dos días después y sin tener tiempo para descansar, vencieron a los realistas en la batalla de Chacabuco. La operación fue descomunal y la clave del triunfo fue que San Martín era totalmente consciente de que debía lograr la unión de sus soldados para asegurar el éxito de su empresa. Por eso, el Cruce de los Andes se encuentra al nivel de las máximas hazañas de la historia no solo argentina sino también universal.

En esta fecha tan sentida para nuestra patria, me pareció oportuno realzar la gesta de los Andes, debido no sólo a lo ya relatado, sino a la necesidad imperiosa de recuperar los valores que motivaron la campaña, sobre todo aquellos que nos vinculan con un sentido de destino común que engloba a toda la América del Sur.

Por otro lado, el orgullo y sentido de Patria que impulsó a nuestros héroes de Malvinas es el mismo que habitaba en los corazones de aquellos que formaron parte de la gesta de los Andes.

El paralelismo de la heroicidad y la entrega de los participantes argentinos en ambos conflictos separados por casi doscientos años,  no admiten valoraciones de victoria o de derrota, de justa causa o no, del sentido de oportunidad o no, de ambas campañas, ya que considero que eso sería faltar el respeto a aquellos que entregaron su vida y sus sueños, en condiciones que pocos mortales podrían sobrellevar.

Este viaje familiar nos mostró que no hay campaña que no se pueda realizar, ni cordilleras que no se puedan sortear, cuando nos proponemos ir tras un objetivo que nos motivé y nos aliente a seguir.

En este 2 de abril, elevó una plegaria por nuestros soldados caídos en Malvinas, por los veteranos de esa guerra y por todo aquello que nos sirve para superar las diferencias internas y externas, que nos impulsen a crear un sueño común y único sobre la base de los valores que aún permanecen vivos en nuestros niños y adolescentes.

Para culminar les regaló dos frases geniales de nuestro Gral. San Martín

“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.

“Si hay victoria en vencer al enemigo, la hay mayor cuando el hombre se vence a sí mismo”.

El innombrable !

Las creencias suelen jugarnos malas pasadas. De hecho yo era un convencido de que la expresión castiza: “no me lo nombres a este” era enteramente una creación que pertenecía solo a nuestros acervo cultural. Al menos yo no hubiera imaginado que Joanne Rowling, más conocida como J.K. Rowling por su seudónimo, hubiera usado un personaje denominado indistintamente como “Voldemort” o “ El Innombrable” dentro de la famosa saga de libros de «Harry Potter». Sin  embargo no es la única que lo ha utilizado por esos lares, ya que el escritor irlandés Samuel Beckett tituló “El innombrable” a su último libro de la trilogía escrita por él, que fuera publicado por su título en francés “L’Innomable”. Es probable que la autora de libros de magos y hechiceros, se haya visto influenciada en cierta manera por la obra de Beckett para dar nombre a uno de sus personajes, vaya uno a saberlo.

Lo concreto es que, en la saga de Harry Potter, este personaje que no conviene nombrar, es la raíz de todos los males del aprendiz de hechicero, ya que siendo este un bebé, asesinó a sus padres, salvándose él por pura coincidencia de todos los poderes de la magia blanca, que se unieron para salvarlo. En el primer libro, cuando Harry Potter ingresa al colegio para estudiantes de magia, Voldemort es una figura que aparece en todas sus pesadillas, y es contra el cual tiene que luchar para evitar que se robe la piedra filosofal, peleando asimismo contra un maestro de la escuela, que era fiel seguidor del mal. El innombrable había quedado sin cuerpo y casi sin fuerzas en su pelea anterior, cuando Harry era apenas un bebé y en el primer libro de la saga, busca recuperarse por medio de la piedra filosofal, hecho que finalmente Harry y un grupo de amigos del colegio impide, poniendo en práctica muchos de los trucos que aprendieron durante ese primer año en la escuela de hechicería.

La escritora recurre para desarrollar una acababa fantasía de magos, al recurso del antiquísimo antagonismo entre el bien y el mal, encarnado en personajes buenos y malos, blancos y oscuros por su magia, los cuales conviven en un mundo paralelo, vedado para los mortales comunes y silvestres, y en donde los niños/adolescentes, adquieren una dimensión relevante y especial, entrenados por ilustres profesores que les enseñan todo tipo de magias, encantes y hechizos, mientras los niños juegan con sus escobas voladoras o las usan para practicar un deporte volador llamado quidditch.

En este colegio que es bastante único, los niños viven bajo constantes amenazas, cuidando su vida a cada minuto, ya que no solo realizan experimentos riesgosos, sino que deben enfrentarse a la maldad en todas sus formas. Aquel que no se puede nombrar, como suele suceder, domina y está siempre presente en todos sus pensamientos, sobre todo en los de Harry. Tal cual sucede en nuestras vidas, que cada tanto tienen algún innombrable (persona, situación, objeto), aquello que no queremos que nos afecte, ni siquiera en una mención, es lo que comúnmente nos quita el sueño y nos controla a tal punto de paralizarnos.

La brillantez de este cuento no sólo radica en su sencillez, sino en mostrarnos cuán vulnerables somos a aquello que nos ocupa la mente, a tal punto de convivir todo el tiempo con nosotros en nuestros pensamientos.

En lo personal, creo que dividir el mundo entre buenos y malos, es una simplificación que atrae bastante, aunque luego la realidad se encargue de demostrarnos la relatividad de ese criterio. Por eso es que creo que si J.K. Rowling hubiera tenido la oportunidad de compartir su idea con otros escritores de fuste, mágicos por su percepción polivalente del mundo, su saga hubiera tenido quizás pinceladas más complejas dentro del entramado de la magia blanca o negra, dándoles a los niños la posibilidad de entrever que las cosas no se clasifican siempre como buenas y malas, asequibles o inasequibles, sino más bien dudosas o mezcladas en su composición, una pintura que abarca una extensa gama de colores y de trazos.

El mundo mágico de Gabriel García Márquez es más bien descriptivo y centrado en los personajes y su entorno místico, alejado de juicios totalitarios. Me hubiera gustado encontrar un Harry Potter haciendo su magia en Macondo, o manteniendo una charla distendida con Aureliano Buendía. Asimismo y porque no, Harry Potter podría ser el mago que hubiera evitado con sus hechizos, que Jean Valjean, el personaje central de los Miserables de Victor Hugo, hubiera sido perseguido por tantos años, sólo por robar una hogaza de pan. El bien y el mal de Victor Hugo, sólo adquiere una dimensión unívoca en la mente del policía que lo persigue, pero se diluye en el resto de personajes y la trama. Porque no pensar en un Quijote ayudado por algún acto de magia, mientras se esfuerza por luchar con los imponentes molinos de viento.

Más allá de estas elucubraciones que nos permiten soñar con un libro donde se podrían cruzar todos los grandes personajes literarios, con todas sus historias y enseñanzas, relatado por ejemplo por “Funes el Memorioso de Borges”, dentro del entramado mítico y único de “El Aleph”, es útil recordar que el ser humano como especie, recién está dando sus primeros pasos en la escritura, ya que no hace mucho tiempo, si lo comparamos con la edad de la especie, que ha aprendido a transmitir y perpetuar sus experiencias a través de los escritos.

No sólo existen los innombrables, sino que también existen aquellos escritores o personas inmerecidamente poco premiadas, por el producto e impacto de sus obras. Uno de ellos es nuestro destacado Jorge Luis Borges, nacido un 24 de agosto de 1899, el cual nunca recibió el premio Nobel de literatura, pese a todas sus exquisitas creaciones y la popularidad alcanzada (sin ser un escritor de masas, por cierto).

Jorge Luis Borges no sólo era un gran escritor, sino que cada vez que lo entrevistaban disparaba frases o respuestas bastante ocurrentes, dignas de la agudeza de su prosa, y de seguro emparentada con su nivel de inteligencia y vocación por la ironía. Su marcado anti peronismo, y otros conceptos sumamente alejados de las doctrinas religiosas imperantes, eran expresados abiertamente, generando discusiones y controversias en torno a su calidad personal, que le valieron un sinnúmero de enemigos que a él poco le importaban y lo tenían sin cuidado.

Las frases más sabias del escritor

«He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz».

«He pensado alguna vez que, quizás una persona que esté enamorada vea a la otra como Dios la ve, es decir, la ve del mejor modo posible. Uno está enamorado cuando se da cuenta de que la otra persona es única».

«Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón».

«Todos caminamos hacia el anonimato, sólo que los mediocres llegan un poco antes».

«Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos».

«La duda es uno de los nombres de la inteligencia».

«La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene».

«Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece».

Las respuestas y ocurrencias más destacadas de Borges

Durante la dictadura militar alguien le comentó a Borges que el general Galtieri, presidente de la República en ese momento, había confesado que una de sus mayores ambiciones era seguir el camino de Perón y parecerse a él… «¡Caramba!», interrumpió Borges. “Es imposible imaginarse una aspiración más modesta», aseguró.

En otra ocasión Borges firmaba ejemplares en una librería del Centro. Un joven se acercó con Ficciones y le dijo: “Maestro, usted es inmortal”… Borges le contestó: “Vamos, hombre, no hay por qué ser tan pesimista”.

Cuando los periodistas le preguntaron en Roma a qué atribuía que todavía no le hubieran otorgado el Premio Nobel de Literatura, el escritor respondió: “A la sabiduría sueca”.

En una entrevista, en Roma, un periodista trataba de poner en aprietos a Jorge Luis Borges. Como no lo lograba, finalmente probó con algo que le pareció más provocativo: “¿En su país todavía hay caníbales?…»Ya no, nos los comimos a todos”.

Polémico como siempre, en plena Guerra de las Malvinas, opinó que “la Argentina e Inglaterra parecen dos pelados peleándose por un peine” y agregó que “las islas habría que regalárselas a Bolivia para que tenga salida al mar”.

El escritor argentino Héctor Bianciotti recordó una de las tantas salidas elegantes de Borges, cuando le incomodaban los halagos de la gente: ocurrió en París, en un estudio de televisión.

”¿Usted se da cuenta de que es uno de los grandes escritores del siglo?”, le preguntaron, y él dijo: “Es que este ha sido un siglo muy mediocre”.

El 10 de marzo de 1978, en la Feria del Libro, Borges se cruzó con un escritor al que quería y respetaba: Manuel Mujica Lainez. Se abrazaron e iniciaron una conversación que es interrumpida una y otra vez por los cazadores compulsivos de firmas. “A veces, se quejó Borges, pienso que cuando me muera mis libros más cotizados serán aquellos que no lleven mi autógrafo”.

Borges y un escritor joven debatiendo sobre literatura y otros temas. El escritor joven le dijo: “Y bueno, en política no vamos a estar de acuerdo maestro, porque yo soy peronista”. Borges contestó: “¿Cómo qué no? Yo también soy ciego”.

Volviendo al tema central del título de hoy, podemos colegir que existe una amplia gama de “in”, que al final de cuentas, lo único que hacen es restar posibilidades de ir más allá de los conceptos incompatibles y supuestamente irrefutables: innombrable, inverosímil, indecible, inmoral, inconducente, incoherente, incongruente, increíble, invencible, y tantos otros in, que se oponen como antípodas supuestamente perfectas de los conceptos que niegan.

Lo que vale la pena preguntar es cuán acostumbrados estamos a vivir simplificando el devenir en las antípodas del “in” y el “no in”.

Para finalizar les dejo un pensamiento de Aldous Huxley (escritor y filósofo británico), que nos remite a pensar en nuestros estar siendo, en este mundo personal e íntimo que nos toca construir mientras vivimos:

“La vida es una marioneta del tiempo, en la medida en que cambia a cada instante, cambia el mundo interior y el exterior, de modo que no somos los mismos dos instantes seguidos”.

No todas las historias se repiten !

Los dichos, refranes y sentencias que usamos cuando nos comunicamos o conversamos, tienen por lo común un origen antiguo e histórico, proviniendo de la tradición oral más que la escrita. Son simplificaciones que encierran juicios, prejuicios o mapas mentales originados social y culturalmente, que tienden a explicar por lo general comportamientos humanos o describir situaciones y probables desenlaces de las mismas, como por ejemplo cuando decimos “siempre que llovió paró” o “después de la tempestad viene la calma”. Encierran una cierta idea de sabiduría general, mezclada con conceptos arraigados por la propia la evolución social y cultural de una comunidad. Algunas son globales, pero otras son preponderantes en ciertas zonas geográficas, dependiendo de los sesgos propios de cada comunidad, y muchos encierran enseñanzas, moralejas o cuestiones éticas.

Las más viejas expresiones son reemplazadas por otras más novedosas pero que se edifican sobre los mismos postulados, aunque quizás la globalización las edifica con una visión más amplia, abarcando rápidamente los confines de todos los países. Más allá de eso cuando uno viaja por turismo, es común escuchar regionalismos para identificar objetos, comportamientos, situaciones o personas, los cuales también van mutando de generación en generación.

Po ejemplo, hace poco escuché algo que me pareció super gracioso, que es una mutación de: “a quien madruga Dios lo ayuda”, por “quien madruga centrifuga”, y eso es así en España (de donde proviene) por los precios más baratos de la energía eléctrica a horas tempranas, ya que a horas centrales las tarifas son exorbitantes.

Son como cápsulas del tiempo que “nos permiten conocer una sociedad que existió y que transmitió la sabiduría que adquirió por la experiencia del día a día”. De hecho, que muchos refranes hayan perdurado durante generaciones manifiesta y justifica su valor.

En otros casos, los refranes se adaptan a los tiempos, surgiendo así «paremias» (sinónimo de refrán) más “modernas” como “Dios los cría y ellos se contagian”, que retrata el contexto de la pandemia que vivimos desde 2020. Es un juego que se conoce como desautomatización y que responde a la alteración de un refrán existente para crear otro. Lo mismo ha ocurrido con otros como: “Nadie sabe lo que tiene hasta que ordena su cuarto”, “Ojos que no ven, gabardina que te roban”, “El que ríe el último no entendió el chiste” o “Haz mal y no mires a cuál”. Algunos de los cuales tienen una motivación más cómica que moralizante, dicho sea de paso.

Otras veces son estos mismos enunciados los que nos generan preconceptos o generalizaciones que nos anulan posibilidades, típico de “más vale pájaro en mano que cine volando”.

Metiéndonos de lleno en el mundo de la tecnología y la conectividad es posible encontrar sentencias que si bien tienen algún correlato en el pasado se han acomodado a los tiempos que corren, entre los cuales algunas resultan sencillamente brillantes:

“Dime quién te etiqueta y te diré quién eres”.

“Etiqueta bien y no mires quién”.

“Nunca digas esta aplicación no la descargaré”.

“A la cama no te irás sin mirar el móvil una vez más”.

“A lo hecho, foto”.

“Afortunado en el juego, desafortunado en notificaciones”.

“Instagram que no se ve, corazón que no siente”.

“Cada persona es dueña de sus silencios y esclavo de sus WhatsApps”.

“En Twitter cerrado no entran moscas”.

“El ebook no ocupa lugar”.

Así podríamos seguir largo tiempo compartiendo nuevos refranes que nos vinculan con nuestras ansiedades por estar hiperconectados.

Es probable asimismo que, si indagamos un poquito en nuestras vivencias de niños o no tanto, una gran mayoría de nosotros pueda recordar una o varios refranes que nos hayan dejado una marca indeleble, sentencias que nos resultaron propicias y nos impulsaron u otras que nos generaron miedo o actitudes francamente limitantes.

Una de ellas en particular me generó durante mucho tiempo una intriga especial, ya que era repetida sistemáticamente en las charlas de sobremesa en casa de Clementina, mi nona materna:

“Lo que se hereda no se hurta”.

Aplicado a personas y situaciones diferentes, el mismo conlleva connotaciones positivas o negativas dependiendo del contexto y de la intención de los interlocutores.

¿Qué hay de cierto y qué de falso en esta supuesta afirmación?

¿Es cierto, que la que nace barrigón es al ñudo que lo fajen?

Lo cierto es que cada uno de nosotros posee un ADN que es un mosaico genético de nuestros antepasados. Lo no tan cierto es que este mapa genético no es absolutamente determinante de todas nuestras conductas, habilidades y maneras de vivir. Aún hoy existe una amplia controversia entre hereditadismo y ambientalismo respecto de las posibilidades de desarrollo y crecimiento de las personas.

Miguel Zahonero Bermejo, que es Licenciado en Biología por la Universidad de Barcelona, nos trae algunos conceptos interesantes, que buscan equilibrar las dos visiones.

Genética y conducta: ¿los genes deciden cómo actuamos?

El cuerpo de los seres humano es el resultado de millones de años de evolución del material que encontramos en el núcleo de las células: el ADN. Los genes son las unidades de información que posee este material genético, y la traducción del código genético se expresa en características, ya sean físicas (el color de los ojos, el tipo de pelo o la forma de nariz) como psicológicas (la conducta o la personalidad).

¿Pero todo depende únicamente de los genes? Es decir, ¿somos lo que somos y nos comportamos tal y como lo hacemos porque nuestro ADN dice que seamos así? La respuesta es no. El ambiente que nos rodea tiene algo que decir al respecto. La naturaleza humana es muy complicada, pero cada día estamos más cerca de entenderla.

El comportamiento con base genética

El uso de gemelos para estudios ha sido una gran herramienta que los científicos llevan usando durante años para entender cómo los genes y el ambiente influyen de manera diferente a cada persona. La idea es fijarse en hasta qué punto es la crianza o los genes lo que sirve para predecir mejor las regularidades que se pueden encontrar en el desarrollo del organismo y el repertorio de conductas habituales.

La investigación con gemelos muestra grandes evidencias de cuándo y cómo los genes y el ambiente dan forma a la naturaleza humana. Algunos de ellos revelan que la importancia de los genes puede cambiar de forma drástica según la etapa de la vida en la que nos encontremos. La influencia genética tiende a incrementar con los años en muchas características, como se ha visto con el peso corporal.

En otro ámbito, la investigación con gemelos ha sido importante en el campo de la genética molecular. El más conocido es con el peso corporal. Gracias a esta clase de estudios, se ha podido identificar casi 100 variantes genéticas implicadas en la obesidad.

Pero el efecto de los genes no tiene por qué ceñirse solo a cómo se forma nuestro cuerpo; también explica cómo aparecen ciertas predisposiciones psicológicas. Por ejemplo, se cree que tomamos elecciones en busca de un ambiente que favorece nuestra predisposición a expresar fortalezas heredadas genéticamente. Un adolescente al que por genética se le da bien leer probablemente empiece a ir a una biblioteca en busca de más libros, allí se reunirá con gente que piensa similar a él y puede que comience a relacionarse con ellos.

Del mismo modo, el cociente intelectual es en buena parte heredable y es difícil modificarlo de manera significativa y sostenida a través de ejercicios y nuevos aprendizajes.

El miedo al determinismo genético

Los estudios con gemelos son una gran oportunidad de entender cuándo el ambiente tiene más fuerza sobre nosotros y cuándo el comportamiento es más fácil de moldear.

Sin embargo, en el ámbito de la psicología y de las ciencias cognitivas, se han visto envueltos en la controversia. Los críticos de la investigación con gemelos cuestionan que las características psicológicas, tales como la salud mental, tengan una fuerte base genética. Esto se debe en parte a un miedo a la idea de que todo aquello que pensamos, sentimos y hacemos sea poco más que la consecuencia de genes haciendo su trabajo y condenándonos a una vida que no podemos cambiar.

Los genes no lo son todo

La influencia que la genética tiene sobre características humanas suele malinterpretarse. Es erróneo asumir que una conducta que tiene una fuerte influencia genética debe ser innata por obligación. Los genes no son todo; un gen se expresará dependiendo del ambiente, es decir, que puede mostrar sus efectos o directamente no tener ninguno, según en el entorno en el que vivimos.

Con un ejemplo quedará más claro. Hay personas que tienen predisposición a padecer cáncer de pulmón por su genética. A menos que fumen o respiren constantemente humo de tabaco, es muy probable que no desarrollen la enfermedad. Y esto mismo se está viendo con el comportamiento. La conducta se obtiene como una respuesta a una señal ambiental.

Aunque algunas formas de comportamiento tienen una base genética, esto no implica que esta predisposición vaya a hacer que nuestro cerebro quede diseñado de forma que manifestemos estas conductas independientemente del modo en el que interactuemos con el entorno. Si bien nuestro ADN no pueda ser modificado a través de experiencias y aprendizajes, la expresión o no de sus genes depende en gran parte de las condiciones ambientales en las que vivimos. Por ejemplo, estudios en relación con la esquizofrenia (una enfermedad mental con un componente fuertemente heredable a través de los genes) demuestran que la expresión de la enfermedad es mayor cuando se vive en un contexto que produce estrés.

¿Conocer la base genética implica peligro?

Uno de los temores generados a partir de estos trabajos es que, al reconocer que el comportamiento tiene base genética, la gente dejará de ser igual de responsable a la hora de comprometerse con comportamientos saludables y con la educación de sus hijos.

Sin embargo, conocer la propia predisposición a sufrir una enfermedad mental o de otro tipo no tiene por qué conllevar a una pérdida de interés en la mejora de salud, al contrario, se gana un compromiso y motivación para cambiar su comportamiento y hábitos.

En un reportaje que le hicieron a Eric Turkheimer presidente de la Agencia de Genética Humana (GHA), agencia creada con la finalidad de investigar desde una óptica equilibrada las visiones hereditarias y ambientalistas de nuestro comportamiento, es posible rescatar estos conceptos:

¿Cuánto hay de hereditario en nuestro comportamiento?

Al igual que todos los demás animales, los seres humanos heredan el ADN de sus padres, y esa herencia genética influye en todo lo que nos rodea, incluidos nuestro comportamiento, carácter y valores. Sin embargo, a diferencia de otros animales, los humanos establecen metas y aspiraciones, y se esfuerzan por inculcar un comportamiento virtuoso en sus hijos.

Otra gran diferencia con el resto de los animales es que los humanos son conscientes de su herencia genética y pueden mejorarla a través del ejercicio de su libre albedrío. La ciencia definida por esta paradoja se llama genética conductual y abarca algunas de las Grandes Preguntas sobre la naturaleza humana.

¿Por qué consideran que es importante incluir la visión de la filosofía?

El genoma humano ha sido secuenciado y el conocimiento de la genética a nivel biológico está avanzando a una velocidad vertiginosa, pero la tecnología genómica ha superado nuestra capacidad de darle sentido, aquí es donde entra la filosofía.

Si las diferencias en la capacidad cognitiva están relacionadas con los genes, ¿no sirve de nada los esfuerzos para mejorar el funcionamiento humano o para suavizar las desigualdades en las oportunidades? Si las diferencias en la capacidad de desarrollarse como personas están relacionadas con la genética, ¿no «tenemos opción» sobre nuestra capacidad para la virtud o la felicidad personal?

¿En qué estamos determinados por nuestra genética?

Quedan aún grandes misterios en la genética contemporánea. Desde antes del descubrimiento del ADN ya sabíamos que los genes tienen un rol muy importante en cómo somos y en cómo nos comportamos los humanos. Eso fue gracias a los estudios que se realizaron en gemelos y familias.

Por ejemplo, en algunas enfermedades que impactan en la conducta, como la esquizofrenia. Pero también en diferencias personales como la inteligencia, la personalidad, y aspectos por el estilo.

¿Cuánto los ayudó en estas investigaciones la mejor compresión del ADN?

Fue algo que siempre se supo que se iba a conocer mejor. Incluso antes de que el proyecto del genoma humano fuera completado, los científicos sabíamos que íbamos a poder contar con un mapa de lo que somos. Pero en algo nos equivocábamos con nuestras expectativas: creíamos que íbamos a poder encontrar un gen de la esquizofrenia, un gen de la inteligencia humana, un gen de la personalidad; pero no fue así.

Para sorpresa de todos, todo terminó siendo mucho más difícil de lo que creíamos. En muchos sentidos, no existe un gen de la esquizofrenia o un gen de la inteligencia, sino que la influencia genética sobre esos aspectos está diseminada en cientos o en miles de genes. Cada gen tiene un impacto minúsculo sobre esos aspectos, así que sería casi imposible caracterizarlo biológicamente.

Ese descubrimiento llevó a que muchas investigaciones empíricas se pregunten ¿Qué hacemos? ¿Cómo lo analizamos ahora? Y, por otro lado, a que muchos trabajos filosóficos busquen comprender qué significa sostener que los genes tienen influencia sobre aspectos como la inteligencia humana -aunque no pudieron identificar a ningún gen responsable de hacer que alguien sea inteligente o no.

La genética conductual terminó siendo mucho más compleja e inasible de lo que pensábamos. En el mismo sentido, los filósofos de la ciencia han tenido que repensar sus nociones. Creo que ese es el aspecto más trascendente en el que se está trabajando ahora.

La vieja sentencia que escuchaba de niño no tiene una interpretación sencilla ni aún con todos los avances de la ciencia genética y las investigaciones ambientales del comportamiento humano. Aun seguimos teniendo aspectos desconocidos y difíciles de predecir con exactitud.

Para culminar un último refrán recién sacado de la era digital:

“Más vale prevenir que formatear”.

Pensar no es una utopía !

Vivimos sumergidos en un mundo de inquietudes e ideas tanto propias como ajenas. Ellas pueden ser coincidentes, divergentes, complementarias, suplementarias. Estamos tratando de encontrar las respuestas más precisas a eso que nos perturba en un mundo que contiene pocas precisiones asequibles.

Para pensar en algo, comúnmente usamos una pregunta como disparador. Saber preguntar es todo un desafío, ya que un requerimiento bien formulado resulta clave para acotar o delimitar un problema, una propuesta o simplemente conseguir algo.

Es probable que el número de cuestiones que un ser humano de este siglo deba responder a diario, sea bastante superior al que debía responder un individuo viviendo hace dos siglos. La espiral exponencial de crecimiento tecnológico nos mantiene por cierto más comunicados que nunca, creando y recreando sin solución de continuidad nuevas necesidades otrora impensadas, que nos permiten seguir desarrollando respuestas pero que al mismo tiempo nos mantienen en vilo, con altos niveles de ansiedad.

La edad biológica de un individuo le da un marco de referencia a cada persona respecto de qué decisiones debe tomar, aunque por cierto ese paradigma de prejuicios históricos que es la cronología , está siendo revisada en muchos ámbitos y circunstancias, derivando en situaciones impensadas varios años atrás. Personas que se profesionalizan a edades bastante adultas, gente que practica deportes de manera consistente a una edad donde antes era común verlos en una actitud sosegada, sólo por citar algunos ejemplos de muchos donde las personas rompen los cánones preestablecidos.

Elegir vivir una vida despreocupada sigue siendo una opción válida, pero cada vez más inaccesible y sólo para algunos que prefieren vivir en la desconexión. Las preguntas siguen siendo la clave porque respuestas hay por cientos de miles. Hiper comunicados, con información que nos desborda, tejer una red de relaciones humanas, sustentable y productiva, parece sencillo, pero el reto está en no perderse por las ramas.

En el arte de preguntar acerca de cuestiones eminentemente esenciales, para nuestro devenir individual y social, la filosofía es la disciplina que siempre ha estado tratando de formular correctamente las preguntas, y aportar alguna luz con sus respuestas. Tanto los cuestionamientos como el desarrollo del marco conceptual están teñidos de la propia manera de ver el mundo que posee un individuo que piensa, pero se puede considerar que al final de cuentas, esos condimentos personales o mapas mentales pueden ser compensados, con el aporte de pensamientos y conceptos de varios de ellos, que se van amortiguando unos con otros.

La idea de que la filosofía es una ciencia antigua que quedó relegada en el pasado con Platón y Aristóteles, resulta ciertamente errada. Como también pensar que las ideas de grandes pensadores que hubo desde el Renacimiento hasta la actualidad han tenido la misma prédica que la de los antiguos pensadores clásicos. Más allá de estas valoraciones que son ciertamente subjetivas y me pertenecen, rescatar el pensamiento es una acción que necesitamos reflotar como humanidad.

En ese orden a continuación les traigo el extracto condensado de un artículo publicado por Eva Millet para la revista Magazine del 24 de febrero de 2019.

Doce pensadores que mueven el mundo

La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en el 2016 dejó estupefactos a muchos. Uno de los primeros en reaccionar fue Mark Lilla (Detroit, 1956), catedrático de Humanidades en la Universidad de Columbia y colaborador de algunos de los medios de comunicación más prestigiosos de su país. Pocos meses después de aquel noviembre, Lilla publicó El regreso liberal (Debate), un ensayo donde explica la para muchos inexplicable victoria de Trump. Lo hace dando un rapapolvo a la izquierda de su país que, argumenta, ha perdido a sus votantes tradicionales porque se ha concentrado en grupos y entidades determinados (“mujeres, hispanos, estadounidenses étnicos, el colectivo LGBT, nativos americanos, afroamericanos…”, enumera), dando un mensaje distinto a cada uno y despiezando así el electorado. Todo ello quizás con la mejor de las intenciones –“las minorías son las que tienen más posibilidades de ver violados sus derechos”, reconoce–, pero con las peores consecuencias. Porque lo que consigue este “liberalismo de la identidad” es dejar a los que pretende proteger en una situación más vulnerable. Y, en una democracia, escribe, “la única forma de defender los derechos de las minorías de manera significativa —y no limitarnos a hacer gestos vacíos de reconocimiento y celebración– es ganar elecciones”.

Para Lilla, la izquierda sólo podrá volver a gobernar si reconstruye un mensaje que apele a la sociedad en su conjunto y seduzca a sus votantes tradicionales, la clase trabajadora. Esta izquierda que se concentra en los “oprimidos cool” y menosprecia valores tradicionales, como la familia y el patriotismo, provoca recelos. Al no sentirse interpelado, el votante busca opciones que ofrecen propuestas supuestamente “universales” o decide abstenerse.

A construir estas opciones ha contribuido otro intelectual estadounidense, Paul Gottfried (Nueva York, 1941), padre del concepto alt-right, la ideología que está detrás de la victoria de Donald Trump. Gottfried es profesor emérito de Humanidades en el Elizabethtown College, en Pensilvania, y se describe como un filósofo “paleoconservador”. Fue mentor del supremacista blanco Richard Spencer, estrecho colaborador de Steve Bannon, quien llevó a Trump a la presidencia.

El concepto alt-right surgió a partir de un discurso de Gottfried en el 2008. A esta derecha “alternativa” el conservadurismo tradicional le parece blando. Su estrategia es atacar a la sociedad liberal desde varios frentes: así, los alt-right embisten tanto contra el feminismo como contra la corrección política y la inmigración. El bullying en internet (siempre anónimo), la difusión de noticias falsas y un “nihilismo beligerante” –como lo describió The New Yorker– también la caracterizan. Pero si hay un elemento base, es la supremacía de la raza blanca. Sin sonrojo, la alt-right considera que hay diferencias irreducibles entre las personas en función de su raza, género y religión. Que la igualdad es antinatural y solo puede ser impuesta por la fuerza. Aunque Gottfried ya ha calificado de “monstruo” a Trump, este blanqueado made in USA de la extrema derecha avanza en Europa: véanse el UKIP en el Reino Unido, VOX en España, Salvini en Italia y Marion Márechal-Le Pen, en Francia, que cuenta con Gottfried como uno de sus asesores.

En el polo opuesto se sitúa el pensamiento de Thomas Piketty (Clichy, Francia, 1971), especialista en el estudio de la desigualdad económica. Calificado por The Economist como un “Marx moderno”, dos de sus obras clave son La economía de las desigualdades (Anagrama) y El capital en el siglo XXI (FCE): sendos ataques al capitalismo y a la desigualdad, que considera la principal causa de los conflictos políticos actuales. Avalado por una contundente base de datos, Piketty alerta de la creciente brecha entre pobres y ricos y denuncia las leyes fiscales que benefician cada vez más a los segundos. Jefe de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, defiende una redistribución justa y eficaz de la riqueza para poner freno a la desigualdad que, tarde o temprano, advierte, será “intolerable” a nivel global.

El capitalismo y la globalización son las batallas de Naomi Klein (Montreal, 1970). Esta periodista y activista fue pionera en manifestarse en contra de las grandes corporaciones privadas. Lo hizo a través de No Logo: El poder de las marcas (editada, como toda su obra en castellano, por Paidós). El éxito del libro la convirtió en una de las voces femeninas más influyentes de este siglo, siempre a caballo de la actualidad. Así, a No Logo le siguieron La doctrina del shock, donde describió la utilización del shock colectivo –un atentado terrorista, una catástrofe natural…–, “para implementar medidas radicales favorables a las grandes empresas”.

En Esto lo cambia todo, se centró en el cambio climático, la peor consecuencia de la globalización: “La culpa no la tiene el dióxido de carbono, la culpa es del capitalismo”, escribe. Como Mark Lilla, la autora reaccionó al shock que le produjo la victoria de Trump con su último ensayo: Decir No no basta, descrito por el Financial Times como “un manifiesto práctico para ejercer la oposición”. Y es que Klein es una intelectual proactiva que denuncia, pero también propone soluciones. Aquí urge organizarse, tanto a nivel individual como ciudadano para “matar al Trump que llevamos dentro”, dice.

Una de las formas más efectivas de hacerlo sería apostar por el decrecimiento, corriente de pensamiento que aboga por la regulación controlada de la producción económica, pionera en introducir la idea de la sostenibilidad. Uno de sus principales ideólogos es el economista Serge Latouche (Vannes, Francia 1940), para quien la extrema riqueza constituye “la principal plaga de la sociedad moderna”. Profesor emérito de la Universidad Paris-Sud, Latouche es autor de, entre otros libros, La apuesta por el decrecimiento y La sociedad de la abundancia frugal (ambos de Icaria). En ellos, alerta de la insostenibilidad de una sociedad basada en la acumulación ilimitada y la depredación sistemática de los recursos naturales. De un sistema, describe, “condenado al crecimiento, que cuando disminuye o se para, provoca crisis, incluso pánico. Esta necesidad hace del crecimiento un círculo vicioso”.

Latouche propone desintoxicarse de la cultura del usar y tirar, del gasto energético desmedido y del crédito incontrolado. No se trata de volver a la edad de piedra, pero sí de apostar por una vida más sencilla. A un nivel como el de la Francia de los sesenta, ilustra: más austero, pero con una calidad de vida alta, que no sobrepase la huella ecológica de cada país.

Quien sí parece querer volver a tiempos más primitivos es el movimiento de la crianza natural, cada vez más extendido en Occidente. Así lo cree Elisabeth Badinter (París, 1944), de quien se ha dicho que es la intelectual más influyente de Francia. Esta filósofa y feminista levanta pasiones encontradas al cuestionar la crianza natural; parte del resurgir de la llamada doctrina naturalista, que preconiza la vuelta al dictado de las leyes de la naturaleza. “Hoy se observa el comportamiento de una madre chimpancé y se proclama que ese es el modelo a seguir”, asegura la filósofa, que califica la fiebre naturalista de “involución maternal”. Ello la motivó a escribir La mujer y la madre (La esfera de los libros), donde denuncia el retroceso en las libertades femeninas que implica esta maternidad naturalista.

Discípula de Simone de Beauvoir, Badinter se describe como feminista universal y es también muy crítica con el feminismo “diferencialista” imperante. En obras como Por mal camino (Alianza), explica cómo este feminismo radical ha dejado de defender la igualdad de sexos para instaurar la separación; posición que conduce a un enfrentamiento. Se subleva contra las representaciones generalizadoras: “Todas víctimas”, que remite a “todos verdugos”. Una mala vía, advierte, “que sólo lleva al caos, al descrédito del feminismo y a perder la batalla por la igualdad entre los sexos”, para ella, la verdaderamente importante.

Otra pensadora influyente hoy es la estadounidense Judith Butler (Cleveland, 1956). Profesora de Retórica y Literatura Comparada en la Universidad de California (Berkeley), su obra más significativa es El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad  (Paidós, 2007). En ella, Butler argumenta que, lejos de ser innato, el género es algo construido a base de una constante repetición de acciones, discursos y actos que crean la ilusión de que existe una naturaleza subyacente. La creciente tendencia a criar hijos “sin género” es uno de los resultados de esta teoría. Pero Butler va más allá, al asegurar que también el sexo y la sexualidad se forjan de forma artificial. Y son estas convenciones, afirma, las que sirven para perpetuar el patriarcado y justificar la opresión a los homosexuales y a las personas transgénero. El género en disputa fue uno de los textos fundaciones de la “teoría queer” y ha hecho que Butler esté considerada una de las intelectuales más influyentes del mundo.

Internet, donde parecía que el activismo había encontrado infinitas posibilidades, es el ámbito de Evgeny Morozov (Soligorsk, Bielorrusia, 1984), pionero en la investigación de las implicaciones sociales y políticas de las nuevas tecnologías. Profesor visitante en la Universidad de Stanford, fue de los primeros en cuestionar el ciberutopismo dominante de principios de siglo y el supuesto papel de internet en la democratización del mundo. En el 2011 escribió El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en la red (Destino), donde denunció la web como una herramienta de vigilancia masiva y represión. En su último libro To Save Everything, Click Here (2013), cuestiona otra derivada de las nuevas tecnologías: el “solucionismo” o la idea que los adelantos tecnológicos van a resolver buena parte de los problemas del futuro.

Morozov aboga por que la tecnología y su uso entren en el debate público, igual que la política, la economía o la historia. La banalización que existe en la red es otra de sus áreas. Lo es asimismo del coreano Byung-Chul Han (Seúl, 1959), doctor en filosofía por la Universidad de Friburgo y autor de La sociedad del cansancio (Herder), un ensayo que lo convirtió en una figura del pensamiento actual. En esta obra, Byung-Chul Han pronosticaba que las nuevas enfermedades humanas no serían infecciosas, sino neuronales. Patologías como “la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional definen el panorama patológico de comienzos de este siglo”, escribe. La hiperactividad es otro de los males que aquejan a la sociedad. Una sociedad que, dice, “ya no es disciplinaria”, sino “de rendimiento”. Cuyos integrantes son “emprendedores de sí mismos”, aquejados de una hiperactividad que les impide una atención profunda y contemplativa, necesaria para los logros de la humanidad. Esta sociedad hiperactiva provoca, cree, un cansancio solitario, que aísla y divide.

En La sociedad de la transparencia (Herder) Byung-Chul Han anticipaba que Google y las redes sociales se han convertido en un gran panóptico donde los usuarios se exhiben sin descanso, acuciados por sus egos. El concepto de “Gran Hermano digital” está presente en Psicopolítica (Herder), recopilación de textos en la que destaca el dedicado al “capitalismo de la emoción”. El filósofo analiza la fiebre alrededor de las emociones, tema efervescente en nuestra sociedad desde que el psicólogo Daniel Goleman (Stockton, EE.UU., 1946) publicara Inteligencia emocional (Kairós), en 1995. Colaborador entonces del The New York Times, Goleman descubrió “por casualidad” en una publicación científica el concepto de “inteligencia emocional”, utilizado para medir la inteligencia de las personas más allá del cociente intelectual.

Esta idea, entonces revolucionaria, se ha expandido como un tsunami. “El concepto ha llegado prácticamente a todos los rincones del planeta hasta el punto de que el cociente emocional (CE) ha acabado convirtiéndose, me dicen, en una expresión conocida en idiomas tan diversos como el chino, el alemán, el portugués, el coreano y el malayo”, escribe Goleman, un tanto sorprendido, en el prólogo del décimo aniversario de su best seller.

Mientras, la inteligencia emocional y la gestión de las emociones siguen avanzando, imparables. No solo en los ámbitos de psicología sino, también, en la educación y el mundo de la empresa. Como vaticinó la Harvard Business Review en el 2005, la inteligencia emocional se ha convertido en “una de las ideas más influyentes” en el mundo empresarial. Y, como añade Goleman: “Son muchas las empresas que utilizan la lente proporcionada por la inteligencia emocional para contratar, promocionar y formar a sus empleados”. Pero este boom de las emociones tiene un lado oscuro. Byung-Chul Han considera que se han convertido en una herramienta idónea para la economía neoliberal: “Hoy no consumimos cosas, sino emociones”, un producto con infinitas posibilidades de consumo.

La aparente infinitud del cerebro humano es el área del neurocientífico David Eagleman (Albuquerque, EE.UU., 1971), quien se ha propuesto nada más y nada menos que descifrar la conciencia humana, que describe como “el objeto más complejo de nuestro planeta”. Profesor en el departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de Stanford, Eagleman está considerado una “estrella de rock” de la divulgación científica. En su ensayo Incógnito. Las vidas secretas del cerebro (Anagrama), argumentaba que la conciencia no es el centro de la mente, sino una función limitada y ambivalente. En El cerebro (Anagrama) continúa con su análisis de la mano de la neurociencia, una disciplina que ya marca el rumbo del pensamiento moderno. Porque, como asegura, comprender mejor el cerebro nos ayuda a entendernos mejor no solo individualmente sino, también, como especie.

La especie humana y la sociedad moderna son las áreas de análisis de otro pensador destacado de este siglo. Apodado “el filósofo viral” Slavoj Žižek (Liubliana, Eslovenia, 1949), triunfa entre los jóvenes con su lenguaje desinhibido. Polifacético e incansable, a veces tronchante, es director internacional del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres. Es capaz tanto de diseccionar las derivadas sociales de las operaciones de alargamiento de pene como de predecir el caudillismo de Hugo Chávez. En su última obra, El coraje de la desesperanza. Crónicas del año en que actuamos peligrosamente (Anagrama), Žižek analiza –entre otros aspectos–, la presidencia de Trump, la cuestión migratoria, el terrorismo fundamentalista, la crisis griega, el Brexit, la fama de Kim Kardashian y que Angelina Jolie “se presente como una auténtica figura ético-política”.  En este nuevo libro, Žižek parte de una frase del filósofo italiano Giorgio Agamben: “El pensamiento es el coraje de la desesperanza”. Lo cierto es que, para combatir la desazón de estos tiempos, leer para entender y en consecuencia, poder pensar, resulta un muy recomendable antídoto.

La lectura de este artículo no hace más que mostrarnos la amplitud y divergencia de los pensamientos y el cúmulo de problemas a resolver hacia adelante.

Cada vez adquiere más relevancia la idea que en tiempos de exponenciación como por ejemplo del cambio climático, dar las respuestas no puede ser una herencia que dejemos para el futuro.

Pensar qué hacer, cómo y dónde es imperioso, el cuándo hacerlo es impostergable.

Pensar no es una utopía…… pensar es un requisito para vivir en un mundo que a cada segundo se reconstruye.