¿Cómo hacer cosas con palabras?

Es un tema recurrente dentro de mis escritos semanales, abordar el tema de “la palabra”. Muchos pensarán que por recurrente ya puede estar acabado y no necesite más que un aprendiz de escritor e intento de pensador, siga insistiendo con la importancia de continuar con su tratado.

Las palabras nos ayudan a distinguir, constituyendo este verbo una de las acciones más relevantes de nuestro ADN humano.

Diferenciar conceptos, elementos, emociones, pensamientos, acciones, se hace a través y por medio de la palabra. No existe nada en el universo que no tenga su correlato en una o varias palabras, desde una descripción, un juicio de valor, una promesa o una declaración del tipo que sea.

La aniquilación de las palabras y su desaparición forzada por la tecnología nos está reduciendo nuestra capacidad de distinción, conllevando a una disminución de nuestra capacidad para hacer abstracciones e idear proyectos que engloben aspectos humanos esenciales.

Hace más de sesenta años John L. Austin, el concienzudo filósofo de Oxford que había dirigido el servicio de inteligencia aliado en el desembarco de Normandía, impartió un curso en Harvard que llegaría a ser muy famoso. Llevaba por título “Cómo hacer cosas con palabras” [“How to Do Things with Words”]. A lo largo de sus doce lecciones, Austin llamaba la atención sobre el fenómeno común, pero pocas veces advertido hasta entonces, de que a menudo, al decir algo no estamos solamente afirmando algo, sino que además hacemos algo: prometemos, alabamos, insultamos, rezamos, apostamos, expresamos nuestra condolencia, pedimos perdón, etcétera. Hablar no es meramente decir cosas, sino que, al hablar, estamos relacionándonos con los demás, estamos comunicándonos con quienes nos escuchan, estamos ensanchando nuestra vida.

Las palabras, nuestras expresiones, no son aerolitos, esto es, piedras caídas del cielo, sino que son, en expresión de Wittgenstein, parte de una “forma de vida”: nuestras palabras y nuestras acciones están entretejidas. Damos órdenes, relatamos un suceso, contamos un chiste, cantamos a coro, traducimos de una lengua a otra, calculamos, discutimos y millares de actividades distintas más que hacemos con palabras. Las palabras y las acciones en las que se insertan constituyen un “juego de lenguaje” en el que se dotan mutuamente de sentido.

Por otro lado, además de la simplificación extrema del lenguaje, hoy se agregan las barreras técnicas del lenguaje, entendiéndose como tal la jerga técnica que conlleva toda profesión, de la cual un sinnúmero de personas se encuentra excluida.

Aniquilación, barreras técnicas y por si faltara poco, el vaciamiento del valor de la palabra, que se hace desde los estamentos políticos, ha provocado un escenario de la palabra cada vez con menos público.

La política ha desvalorizado el valor de la promesa, y por ende de la palabra, induciendo a un desconcierto generalizado, acerca de en lo que se puede confiar y la que no, generando un ámbito de desconfianza generalizado.

La palabra es la unidad básica de significado que estructura el pensamiento, la comunicación y la realidad social, actuando como un puente para entender el mundo y a los demás. Tiene un poder transformador capaz de construir o destruir relaciones, reflejando nuestra identidad, cultura y emociones.

Aspectos claves de la importancia de la palabra:

Herramienta de Comunicación y Conexión: Las palabras facilitan la expresión de deseos, sentimientos y pensamientos, permitiendo el entendimiento y la convivencia, y evitando conflictos.

Construcción de la Realidad: Más que describir el mundo, las palabras lo crean y moldean, influenciando en cómo nos vemos a nosotros mismos y nuestras capacidades.

Impacto Emocional: Las palabras pueden actuar como caricias o causar dolor, influenciando directamente en el estado de ánimo propio y ajeno, y moldeando la personalidad.

Reflejo Cultural e Histórico: Son contenedores de la historia y cosmovisión de una sociedad, siendo esenciales para conocer una cultura.

Responsabilidad y Ética: Es vital cuidar las formas de expresión, utilizando palabras con claridad y respeto para transformar positivamente la sociedad, en lugar de usar discursos agresivos que incrementan la tensión social.

¿Qué podemos hacer para recuperar el valor de la palabra?

1. Fomentar la Comunicación Efectiva

– Escuchar activamente a los demás

– Expresar ideas y sentimientos de manera clara y respetuosa

– Practicar la empatía y la comprensión

2. Promover la Honestidad y la Transparencia

– Ser veraz y auténtico en nuestras palabras y acciones

– No prometer lo que no se puede cumplir

– Aceptar y aprender de los errores

3. Valorar la Palabra Escrita

– Leer y escribir con frecuencia

– Compartir historias y experiencias a través de la escritura

– Fomentar la lectura y la escritura en la educación

4. Respetar la Diversidad de Opiniones

– Escuchar y considerar diferentes perspectivas

– No juzgar ni discriminar a los demás por sus opiniones

– Fomentar el diálogo y la discusión constructiva

5. Educar en Valores

– Enseñar a los niños y jóvenes el valor de la palabra

– Fomentar la empatía, la compasión y el respeto

– Modelar un comportamiento ético y responsable

¿Qué podemos hacer en nuestro día a día?

– Practicar la gratitud y la apreciación hacia los demás

– Ser conscientes del impacto de nuestras palabras en los demás

– Fomentar la comunicación abierta y honesta en nuestras relaciones

Para finalizar otra entrega más respecto del valor de la palabra, dos reflexiones aplicables a nuestro devenir como seres humanos en sociedad:

“Si las personas conocieran el peso de sus palabras, le darían más valor a su silencio”.

“Tus palabras pierden valor cuando tus acciones no coinciden”.

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