En ocasiones especiales tu mente trabaja a tope, ideando múltiples escenarios, mientras tus emociones danzan al son de una música indescifrable. Según el temperamento de la persona, el género, la historia y la experiencia, este proceso puede arrancar varios días antes, transitar el evento, incluyendo un análisis posterior, o bien puede pasar casi desapercibido sin más. En el medio, una gama de infinitas variantes, que nos hacen únicos, distintos e irreproducibles.
Recuerdo mi primer San Valentín, hace ya bastantes años con mucha ternura, ingenuidad e inocencia. La elección de un presente para mi enamorada del momento significó un momento de mucha tensión emocional, que incluyó a mis poco más de diecisiete años, una sentida carta de amor, escrita desde la convicción de que seríamos almas inseparables por siempre. Del otro lado, no fue para menos, y el intercambio epistolar y de presentes, fue todo un acto cargado de simbolismo y emotividad.
Este día de San Valentín en donde se celebra el amor en todas sus facetas, se ha convertido con el discurrir de los años, en un evento comercial y de fiesta, que abarca lo gastronómico, el espectáculo, la disco y una multiplicidad de posibilidad de regalos, que no dejan de asombrar. Si la fecha coincide con un fin de semana, como en este año, que incluye un fin de semana extralargo, todo lo descripto, sufre un proceso de exponenciación inimaginable.
Pocos conocen el origen de esta festividad, y menos aún el destino del que dio origen a la misma. El Día de San Valentín, o simplemente San Valentín, es una festividad de origen católico que se celebra anualmente el 14 de febrero como conmemoración de las buenas obras realizadas por san Valentín de Roma, relacionadas con el concepto universal del amor y la afectividad. Originado por la Iglesia católica como festividad litúrgica dedicada al martirio de san Valentín de Roma en el Imperio romano, hacia el siglo XIV empezó a asociarse con el amor romántico a raíz de la obra del poeta inglés Geoffrey Chaucer. La fiesta en sí ha ido ganando importancia a lo largo del tiempo desde una perspectiva laica como “Día de los Enamorados o Día del Amor y la Amistad”.
A pesar del reconocimiento de San Valentín de Roma como el origen e inspiración de la fiesta del 14 de febrero, también se asocia a otros religiosos mártires con el nombre Valentín. Esto no socavó la leyenda principal en la que se fundamenta la festividad. San Valentín casaba a soldados con sus prometidas en las mazmorras de las cárceles del imperio en los tiempos en que el cristianismo fue prohibido por el emperador romano Claudio II. Al enterarse de los votos matrimoniales que realizaba el santo, mandó capturarlo y traerlo frente a él para que se excusara; al parecer, Claudio no tenía más intención que solo reprenderlo y desterrarlo, pero por influencia de otros altos funcionarios mandó decapitar a san Valentín.
Los días que San Valentín, “el monje rebelde que casaba”, estuvo esperando en prisión para su ejecución vio que la hija del juez de la prisión era ciega, y oró pidiendo a Dios que la joven tuviera la dicha de poder ver, durante su traslado a la plaza pública para su ejecución. San Valentín le regaló un papelillo a la joven para que lo leyera. Ella, sin entender el motivo, ya que era ciega, abrió el papel y por primera vez logró ver y lo primero que vio era una frase que decía “Tu Valentín” como forma de despedida. Algunos historiadores que apoyan este relato como el único y verdadero aseguran que el monje católico Valentín se llegó a enamorar de la joven, por lo cual su simbolismo como santo del amor fue mayor.
Posterior a la leyenda de Valentín de Roma, la Iglesia católica, ya como religión oficial de Roma y con el papa Gelasio I como líder, buscaba la eliminación de las fiestas lupercales, en donde según la tradición se sacrificaban perros y cabras para desollarlos y con la piel hacer látigos improvisados que usar sobre las mujeres para asegurar su fertilidad. No obstante, no existe ninguna evidencia de que Gelasio I hubiera querido reemplazar la festividad pagana de las lupercales con ninguna otra nueva celebración como la de la vida noble de Valentín, con fecha de 14 de febrero en el martirologio romano. Se tiene registro de que el día de San Valentín era celebrado el 14 de febrero desde al menos el siglo VII.
En 1382, el escritor inglés, Geoffrey Chaucer, escribió un poema titulado Parlamento de los pájaros, en el que se menciona por primera vez al Día de San Valentín como un día de festejo para los enamorados. A partir del poema de Chaucer, se comenzó a considerar el Día de San Valentín como un día dedicado al amor. Dieciocho años más tarde, el rey Carlos VI de Francia, creó la Corte del Amor, mediante la cual, el primer domingo de cada mes y durante el Día de San Valentín, se efectuaban una serie de competiciones en las que los participantes competían para conseguir la atención entre las doncellas cortesanas. La fiesta fue oficial en la Iglesia católica hasta que el papa Pablo IV dejó de celebrarlo y finalmente en 1969 tras el Concilio Vaticano II con Pablo VI se eliminó la fiesta del calendario litúrgico.
Desde el punto de vista popular la fiesta de San Valentín es interpretada como una oportunidad de celebrar el amor y el cariño, independientemente de la religión que se profese. Las celebraciones fueron variando con los siglos, siendo la Edad Media el período donde quedaría impregnado San Valentín con el amor cortés en donde se expresaba el sentimiento de afecto de una forma sincera, noble y con declaraciones poéticas románticas y las referencias al corazón y al dios romano Cupido. Años más adelante se incluyó la amistad como una propiedad de San Valentín, y desde la revolución industrial a mediados del siglo XX, la mercadotecnia creó numerosos productos relacionados con el día de San Valentín, permitiendo que la fiesta llegue a lugares donde no se practica el cristianismo y donde ni siquiera están presentes las costumbres occidentales.
El monje que se rebeló en contra de los mandatos del emperador y a favor del amor y de la perpetuación de la especie humana, murió decapitado, sin saber que su trágica muerte daría lugar a posteriori a una de las celebraciones más extendidas del planeta.
Para finalizar, el poema “Despedida” de Jorge Luis Borges.
Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo…
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.