El ser humano transita buenas y malas situaciones, muchas veces no tan bien categorizadas ni definidas, ya que en un mismo evento puede haber aspectos presumiblemente positivos y negativos. Catalogar algo como bueno o malo, es subjetivo, dependiendo de las condiciones del entorno, de la historia y también de nuestros estados de ánimo. La gama de grises abunda en cada circunstancia, aunque el saldo de debe y haber puede dejar una ganancia o una pérdida.
Los estados de ánimo derivan de situaciones emocionales persistentes, que finalmente por repetitividad, frecuencia e intensidad, nos generan sensaciones marcadas. Nuestras emociones nos llevan o son la motivación para actuar o no, ante determinados eventos, quedarse anclado en las mismas, deriva en estados de ánimo permanentes de euforia o stress yendo por un extremo o de depresión por el otro.
Encontrar un equilibrio entre el hacer de manera continua y hasta el cansancio, generando un stress inmanejable, o no hacer y quedarse en la quietud, desinflado o deprimido, es una tarea difícil. Se puede decir que el equilibrio es casi un promedio entre las situaciones de stress y de desánimo que atravesamos.
Se suele decir que los hechos que transitamos no nos definen, si la manera en que reaccionamos ante esos hechos. Y esas reacciones que se desprenden de nuestras emociones nos posiciones mejor o peor ante los hechos, generando consecuencias beneficiosas o perjudiciales. Esa reacción necesita de conciencia, de esa pausa para pensar y decidir sin negar las emociones que atravesamos por lo que nos pasa, pero acotándolas un poco con un paño frío que es nuestra actividad consciente.
He escrito mucho sobre el devenir emocional, mal llamado gestión de las emociones, hoy se me ocurrió preguntarle a la IA acerca de esto.
La inteligencia artificial aún se refiere a este campo como gestión de las emociones, y la idea mía, no es intercambiar con ella opiniones acerca de que, si eso es correcto o no, sino aprovechar el contenido que nos trae.
Gestión emocional (según la IA)
La gestión de las emociones es la habilidad de reconocer, comprender y regular nuestros sentimientos para responder de forma constructiva ante las situaciones, en lugar de reaccionar impulsivamente, promoviendo el bienestar personal, mejores relaciones y la toma de decisiones conscientes. Implica conciencia emocional (identificar lo que sentimos) y regulación emocional (manejar su intensidad y expresión), no reprimir, sino canalizar de forma saludable para adaptarnos y alcanzar metas.
¿Qué implica?
Autoconocimiento: Entender nuestras propias emociones y sus desencadenantes.
Aceptación: Permitirnos sentir sin juzgar, sean agradables o desagradables.
Regulación: Modular la intensidad y duración de las emociones para no ser dominados por ellas.
Expresión Asertiva: Comunicar lo que sentimos con respeto, como en una discusión.
Uso Constructivo: Usar las emociones como motor para lograr objetivos.
¿Para qué sirve?
Mejorar el bienestar: Reducir el impacto negativo del estrés y la frustración.
Fortalecer relaciones: Fomentar la empatía y la comunicación efectiva.
Tomar mejores decisiones: Mantener la claridad mental en momentos difíciles.
Desarrollo personal: Trabajar en equipo y lograr metas.
Ejemplos de estrategias:
Respiración consciente: Técnicas como la 4-7-8 (inhalar 4, mantener 7, exhalar 8) para calmar la ansiedad.
Pausa antes de actuar: Detenerse a reflexionar antes de responder en un conflicto.
Distancia física: Alejarse de un estímulo provocador si es necesario.
Visualización: Imaginar que dirigimos un tren (nuestra vida) y las emociones son vagones que no deben descarrilar la locomotora (nuestra voluntad).
Fases clave:
Identificación: Reconocer la emoción en el momento.
Aceptación y control: Aceptar la emoción y decidir cómo responder.
Expresión: Comunicar o gestionar la emoción de forma adecuada.
Aprendizaje continuo: Sobreponerse y buscar equilibrio.
Por lo que veo su visión teórica es bastante respetable.
Se me ocurrió preguntarle si a futuro se podrá llegar a un devenir emocional de los seres humanos, controlado por la implantación de chips.
¿Crees conveniente que los seres humanos gestionen emociones mediante medios tecnológicos implantados?
Es un tema complejo 🤔. La gestión de emociones mediante medios tecnológicos implantados es un campo en desarrollo que genera debate.
Por un lado, la tecnología puede ofrecer herramientas valiosas para monitorear y gestionar emociones, como:
– Terapia cognitivo-conductual asistida por tecnología: aplicaciones y dispositivos que ayudan a identificar y cambiar patrones de pensamiento y comportamiento.
– Monitoreo de emociones: dispositivos que rastrean indicadores fisiológicos de emociones, como la frecuencia cardíaca o la conductancia de la piel.
Por otro lado, hay preocupaciones sobre:
– Dependencia tecnológica: ¿podemos perder habilidades naturales de regulación emocional?
– Privacidad y seguridad: ¿cómo se protegerán los datos emocionales?
– Efectos a largo plazo: ¿qué impacto tendrá la gestión tecnológica de emociones en nuestra salud mental y relaciones?
En general, creo que la tecnología puede ser una herramienta útil para la gestión de emociones, pero es importante abordarla con precaución y considerar las implicaciones éticas y sociales.
¿Pero ya se usan medicamentos para tratar determinados aspectos de la salud, que diferencia habría si usamos medios tecnológicos para gestionar emociones?
Excelente punto 😊. La comparación con los medicamentos es relevante. La principal diferencia radica en el enfoque y el impacto potencial:
– Medicamentos: se enfocan en corregir desequilibrios químicos o biológicos subyacentes, con efectos secundarios conocidos y regulados.
– Medios tecnológicos: pueden influir en la percepción, el pensamiento y el comportamiento, con efectos a largo plazo menos comprendidos.
Algunas ventajas de los medios tecnológicos:
– Personalización: pueden adaptarse a necesidades individuales.
– Accesibilidad: pueden llegar a más personas.
– No invasivos: en comparación con algunos tratamientos médicos.
Sin embargo, también hay riesgos:
– Dependencia: ¿podemos volvernos dependientes de la tecnología para regular emociones?
– Manipulación: ¿cómo aseguramos que la tecnología no se use para controlar o manipular?
– Efectos secundarios: ¿qué impacto tendrá en nuestra salud mental y relaciones?
En resumen, aunque los medios tecnológicos pueden ser útiles, es crucial abordarlos con precaución y regulación, considerando las implicaciones éticas y sociales.
¿Conoces algunas empresas que estén produciendo tecnología para gestión de emociones?
Sí, hay varias empresas que están trabajando en tecnología para gestión de emociones. Algunas de ellas son:
– MoodMe: se especializa en tecnología de reconocimiento de emociones faciales impulsada por IA, analizando emociones en tiempo real a través de algoritmos avanzados.
– (enlace no disponible): ofrece una plataforma de análisis de sentimientos y reconocimiento de emociones impulsada por IA, con aplicaciones en educación, marketing y seguridad.
– MorphCast: desarrolló una tecnología avanzada de reconocimiento de emociones faciales que analiza e interpreta expresiones faciales en tiempo real dentro de un navegador web.
– iRoboto: se enfoca en el desarrollo de sistemas de reconocimiento de emociones impulsados por IA que aprovechan técnicas avanzadas de procesamiento de datos de imagen y audio.
– CUX: es una plataforma que ofrece asistencia, soporte y apoyo emocional a través de IA, diseñada para acompañar a personas que necesitan hablar con alguien o recibir apoyo en un entorno libre de juicios.
Estas empresas están utilizando tecnologías como el reconocimiento facial, el análisis de voz y el procesamiento de lenguaje natural para detectar y gestionar emociones.
Por lo visto ya hay interés tecnológico en la gestión emocional.
¿Llegaremos a una ecualización tecnológica de nuestro mundo emocional?
¿Qué opinas sobre esto?