Un cuento de reyes !

La tarde cálida de enero estaba acompañada por un viento vigoroso que refrescaba un poquito el ambiente. Los niños no duermen la siesta. Prefieren acompañar al tiempo con su presencia, ocupados con sus sueños. Por eso la tarde no estaba quieta, sino más bien revuelta y exigida. Los grandes que no son niños no comprenden muy bien la dinámica de la siesta. La desaprovechan en largos sueños, donde no sueñan, sino solo con suerte quizás descansan.

El descanso no es para los infantes porque no está en sus células. No se puede motivar a un niño a descansar porque eso no tiene ningún propósito. Por eso, durante esa tarde víspera de reyes, los niños no descansan. Se encargan de preparar todo para la llegada de esos seres mitológicos tan presentes como escurridizos, tan famosos como el niño que visitaron cuando nacía.

En esta preparación por lo general están solos y creativos, aprovechando lo que tienen a mano, sin grandes estridencias ni materiales comprados. Un poco de pastito por acá, alguna zapatilla, un pequeño recipiente con agua, unas ramitas para encender un fuego, todo bien juntito y en apariencia ordenado. La prolijidad no es muy importante, lo que vale es la intención de ser buenos anfitriones, para esa gente que viene de muy pero muy lejos. Viajar desde los confines de la tierra y pasar por todos los lugares donde hay niños que duermen esperando sus presentes, no es una empresa para cualquiera, porque hacer todo de manera tan silenciosa, exige una concentración especial y mucho compromiso.

Así como los niños creen fervientemente en los reyes, estos por su lado, creen que serán bien recibidos, conservando su anonimato y condición real. La pregunta que siempre surge es si son reyes o no, ya que los libros dicen que los reyes tienen servidores, no tomándose el trabajo de ser serviciales y mucho menos de niños. Hacer estas ofrendas por siglos y siglos, demuestra un grado de constancia superadora, muchos cambios de camellos y mudas de ropa que lavar.

La noche de reyes dura más que las otras, los segundos son como minutos, y los minutos como horas, mientras que los ojos no se quieren cerrar. Dormir en la noche de reyes es harto difícil, completamente inútil quedarse despierto, porque lo mismo no se ve ni se escucha nada. Los niños son impredecibles en su energía, por eso los reyes se vuelven casi invisibles, porque de seguro se las ingeniarían para verlos. Creo que ese es su verdadero poder, desaparecer a la vista de todos, fundamentalmente de los pequeños.

La proeza de millones de regalos, en puntos tan distantes del planeta, sin cometer ningún error, los mantiene super concentrados en sus labores. A la mañana siguiente, los animan las sonrisas y la algarabía de los infantes. Ellos son el sueño de los niños, sin pesadillas ni reprimendas. ¿Cuánto tiempo descansan después? ¿Duermen varias noches seguidas? Recibir tanta energía: ¿Los desgasta o los potencia? Gastar tanta energía: ¿Los impulsa o los hace retroceder?

Después de Navidad y Año Nuevo, se presentan ellos, inaugurando de pleno el calendario que arranca. Buenos regalos y renovadas vibras, para el año que empieza, cuando algunos inician su jardín, su primer grado, o un grado nuevo, en las ciudades, el campo, las serranías, las islas, el mar, y las montañas. Cualquier lugar es apto para su presencia que no falla, a condición de que haya un niño esperando.

Con las expectativas de los niños cubiertas, acaso las suyas queden también saldadas. Probablemente si, caso contrario no hubieran hecho este trabajo por tantos años. Su apariencia física y su color de piel es un condimento de conocimiento universal para los chicos. De tanto andar y andar se llevan consigo a las estrellas, que iluminan su camino. Las tormentas, los vientos gélidos, el sol abrasador, el frío extremo, no los amilanan, más bien los fortalecen.

La postura de reyes de bien les viene de maravillas, porque magníficas son sus intenciones, como cuando conocieron a ese niño llamado Jesús. Oro, incienso y mirra le regalaron. Oro para que brille como rey de reyes, incienso por su esencia divina y mirra por su destino salvador. Regalos prácticos para el viaje que haría ese niño con su familia. Presentes de reyes para uno que tendría destino, pero no ánimo de ser rey. Reyes que se rindieron ante un niño, que tenía la humildad de la grandeza, y mucho amor para dar.

La siesta no es para los niños, menos que menos la siesta en donde se preparan para ser preciados por unos reyes misteriosos e inmateriales. Esa tarde no es para dormir, más bien para degustar la espera, mientras se percibe en el ambiente la magia de que algo ocurrirá. Al final de eso se trata, hechos mágicos que no tienen un origen tan claro, aunque si un propósito muy definido.

En la noche en donde se confunden las ilusiones con los sueños, las vacilaciones con las certezas y la luz con la oscuridad, hay niños que esperan, ese regalo que pidieron a los reyes mágicos, que no sufren de cansancio después de tantas travesías. La noche en donde las cartas no son en vano, cuando la mañana enciende las luces, y ya no hay más agua, ni pasto, ni otros víveres.

Porque la siesta es para jugar y no dormir, mientras los grandes duermen sus sueños para seguir dormidos. Ya falta poco para terminar las cartas, que se demoran tanto como se pueda, tratando de elegir la mejor fantasía de reyes.

La siesta no es para la quietud quieta de las sábanas, ni para la reflexión de las almohadas, se hizo para que los niños no duerman, pidiendo cumplir sus sueños que vienen desde tiempos inmemoriales.

La siesta que es de los reyes se prepara para la noche, que se prepara para la mañana, con ese despertar de energías que buscan con sus ojos, descubrir qué pasó, o si pasó lo que tenía que pasar, amigados con la inocencia de los buenos.

La siesta ya es de los niños, que no duermen….

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