Nuestro suelo, originalmente aborigen, luego hispanoamericano, más tarde inmigratorio de vastas comunidades europeas, es, como se suele decir, un crisol de razas, culturas y complejidades, que aún no alcanza a definirse por completo, en una identidad única y representativa.
Más allá de eso, la mezcla continua, constante y prodigiosa de todas las maneras de hacer las cosas de los distintos continentes culturales, ha ido construyendo un mosaico de refranes y dichos, que pueden ser catalogados como propios de nuestra argentinidad, o derivados modificados de las sentencias o máximas provenientes de otros países.
Estas “verdades argentinas”, expresan los rasgos y paradigmas de nuestra personalidad como sociedad, ofreciendo exquisitas simplificaciones que explican comportamientos que suelen ser más complejos.
Los refranes son dichos populares, su finalidad es transmitir una enseñanza o mensaje y se caracterizan por estar estructurados en versos y rima, promueven la reflexión, son frecuentes en el habla cotidiana y se utilizan para expresar una creencia u opinión popular por medio de un enunciado breve y creativo.
Basta con saber apreciar el ingenio de la sabiduría popular, para caer en la cuenta que encierran verdades simples y muchas veces premonitorias.
Refranes y dichos casi puramente argentinos
1. “Pan con pan: comida de zonzos.” Se refiere al afán de las personas por comer o hacer la misma cosa. Es una crítica a la zona de confort.
2. “A cada chancho le llega su San Martín.” Tarde o temprano se deben rendir cuenta de los actos.
3. “La casa con buen cimiento no teme a ningún viento.” Habla sobre que, si una persona tiene la conciencia limpia, no tiene nada que temer.
4. “A amor y fortuna, resistencia ninguna.” Las relaciones necesitan tanto de amor como de estabilidad económica.
5. “Hasta lo feo hermosea el deseo.” Este explica que las personas con necesidad de amor caen en cualquier abrazo.
6. “A la corta o a la larga no hay matrero que no caiga.” Un refrán que habla como la justicia se encarga de los ladrones.
7. “A borracho o mujeriego no des a guardar dinero.” Nos recomienda tener cuidado con personas poco confiables.
8. “A este le dicen Zapata, si no la gana la empata.” Una frase para referirse a aquellos que no admiten una pérdida.
9. “Al arbolito, hay que enderezarlo desde chiquito.” Muestra la importancia de una buena crianza en la infancia.
10. “A asno lerdo, arriero loco.” Las personas perezosas no son dignas de cualquier trabajo.
11. “Donde se come no se c…” Nunca hables mal de aquellos que te dan la mano.
12. “A los ponchazos.” Se utiliza al hablar de la gente que actúa de manera apurada, no pensada. Algo hecho “así nomás”.
13. “Quien tiene tienda, que la atienda (y si no que la venda)” Hay que cuidar lo que se tiene, sino se puede perder. También se toma como una advertencia para quienes descuidan su relación de pareja.
14. “A las palabras se las lleva el viento.” Las cosas deben quedar por escrito, para que así se tenga constancia de ellas.
15. “Cada cual habla de la feria según le va en ella.” Las personas cuentan las cosas según su conveniencia.
16. “A bebedor fino, tras la leche, vino.” Incluso las personas refinadas pueden disfrutar de las cosas sencillas.
17. “No hay dos sin tres.” No existe acción que no tenga una consecuencia.
18. “Cocodrilo que duerme es cartera.” Una advertencia sobre dejar pasar las oportunidades.
19. “A los locos hay que darles siempre la razón.” No hay que malgastar tiempo discutiendo con personas irracionales.
21. “Al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen.” Referencia a que no se pueden ocultar las verdades.
22. “¿A vos quién te dio vela en este entierro?” Se les dice a las personas que se meten en problemas ajenos.
23. “Cuando el gato no está, los ratones bailan.” Un dicho sobre los jóvenes que se rebelan en ausencia de los padres. O bien, a los empleados que hacen cualquier cosa cuando el jefe no está.
24. “A Dios rogando y con el mazo dando.” Una forma de expresarse sobre el trabajo duro para conseguir una meta.
25. “Dios castiga sin rebenque ni chicote.” Todos pasan por problemas e inconvenientes en la vida, no importa de qué clase social sean.
Algunos de los refranes han sido incluso generados por actividades muy de argentinos.
“Tirar manteca al techo”
Se trata de una frase que surgió a mediados del siglo XX, cuando los argentinos acaudalados viajaban a Europa de vacaciones por varios meses. Fue en esa época cuando el argentino Martín Máximo Alzaga Unzué y sus amigos jugaban a «embocar manteca» en el techo de los bares de París.
Los jóvenes de la alta sociedad argentina adoptaron esta costumbre en nuestro país hasta que la volvieron popular en los bares y restaurantes de Buenos Aires. Sin embargo, era un juego que sólo practicaban «los niños bien», porque eran quienes podían pagar la cuenta, por lo que la frase se comenzó a utilizar para referirse a las personas que poseen mucho dinero y les sobra tanto como para derrochar comida.
“No dar bola”
Otra de las frases desmenuzadas es «no dar bola». Tal como nos reseña la historia, en una mesa de billar la parte más valorada siempre fue el paño, es decir, la tela que cubre su parte superior. A principios del siglo XX no se les «daba bola», en otras palabras, no se les permitía jugar, a quienes no sabían hacerlo, generalmente jóvenes sin experiencia que por primera vez se acercaban a los cafés que tenían mesas de billar.
“No quiere más Lola”.
A principios del siglo XX, existía una famosa galletita fabricada por una reconocida empresa, que se llamaba Lola, un producto, considerado saludable por los médicos debido a sus ingredientes de alta calidad y la falta de agregados artificiales, por lo que era recomendado a pacientes y formaba parte de la dieta de enfermos en los hospitales.
Cuando alguien agonizaba, se utilizaba la expresión «No quiere más Lola» para insinuar que estaba entregado o que ya no tenía esperanzas de vida. Hoy se usa para referirse a una persona que abandona un objetivo por cansancio, por agobio o simplemente porque cree que no puede alcanzarlo.
Históricas, familiares, altisonantes, disonantes, en forma de consejo, de advertencia o de sentencia, todas estas frases conviven con nosotros, cada vez menos, por el reemplazo natural que la tecnología está introduciendo, pero cada tanto se rebelan y salen de su destierro, para mostrarnos cuan sencillo y previsibles son nuestros comportamientos humanos.
Como diría Cervantes en su afamado Quijote:
Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: “Donde una puerta se cierra, otra se abre.”