Amante de las disciplinas deportivas y en especial del fútbol, hoy fui espectador televisivo de una final europea, entre dos equipos del viejo continente. La superioridad de una escuadra sobre la otra fue evidente desde el minuto inicial del partido. La estadística numérica reflejará una diferencia abismal en todos los órdenes. Los datos no mienten, y son el reflejo de nuestras acciones. No las tengo a mano, pero además de la diferencia numérica de goles, de 5 a 0, que es lo que a la postre, es el indicador que determina un vencedor y un vencido, es probable que la escuadra ganadora, haya sido mejor que su rival en otros indicadores de juego, que finalmente derivan en esta abultada cifra final de goles a favor del ganador.
La alegría desbordante del vencedor al final del partido es el producto (no la suma) de todos los estados de ánimo positivos de todos sus integrantes. Estas motivaciones para actuar o no actuar, que son las emociones, son el motor que impulsa a una persona o un grupo de personas, y la sincronización complementaria de todas, en torno a la consecución de objetivos, es lo que la postre consolida un grupo con la fisonomía de «un equipo”, siendo este último la versión operativa u eficiente de un conjunto de personas agrupadas.
Escuchando opiniones y testimonios de los ganadores, parece ser que la idea madre o propósito, que el entrenador transmitió a sus dirigidos, luego de algunos fracasos consecutivos fue la de: “nosotros trabajamos para ser mejores, que lo que fuimos ayer”. Parece un cliché o una verdad glamorosa, pero si uno analiza el crecimiento como equipo humano de este conjunto de jugadores, que fue hoy campeón, es capaz de comprender, que esta poderosa declaración, sobre la cual se encolumnaron las voluntades de todos, fue suficiente como para servir de trampolín para el aprendizaje y la superación de varias frustraciones seguidas.
Cuando uno habla de ser mejor como individuo, la comparación más efectiva es con respecto a uno mismo. La referencia más efectiva, casi siempre se ubica en los resultados que uno mismo obtiene. La referencia colectiva, a veces nos puede engañar, si estamos en un contexto de poca exigencia o superación. Del mismo modo, cuando el entrenador se refería a “trabajamos para ser mejores”, no lo decía con respecto a sus rivales, sino con respecto a la potencialidad de su propio equipo.
En lo personal opino que trabajar para ser mejores, es la base del desarrollo, el aprendizaje y la actitud que hay que tener para ganarnos a nosotros mismos. El valor de compartir este propósito se notó en la cancha, ya que más allá de la destreza deportiva, física o técnica, en donde creo no existían grandes diferencias, entre un equipo y otro, si hubo una multiplicación de elementos esenciales, que demuestran el trabajo hecho para ser mejores: solidaridad, compromiso, actitud positiva, entrega, aliento y constancia, sólo por nombrar os más relevantes.
Se hizo palpable que el propósito de trabajo de un equipo fue más ambicioso, alejado de los egos triunfalistas y con la humildad de saberse inferiores con respecto a lo que ellos podían y debían dar.
La historia está plagada de ejemplos de superación tanto personal, como de equipos, y en todos los casos, amén de que pueda existir un componente azaroso, la declaración fundamental, que pudo ser expresada, de manera literal o no tanto, tuvo que ver con la decisión de mantener la coherencia, la constancia y accionar para salir del estatus quo, la queja y la frustración, para perseguir la idea “de ser mejores”.
En las funciones de liderazgo, es clave tener presente que para pretender escalar nuevas cimas, superar otros retos, cambiar y aprender ante la adversidad, el primer abanderado de la causa, debe ser necesariamente el líder, quien, a través de sus pensamientos, palabras y acciones, debe ser capaz de convencerse a si mismo y a los demás de que se puede “ser mejores”. Como todo proceso, esto involucra transitar un camino, que no está exento de éxitos y fracasos. Lo relevante es mantener fija la proa del barco, en el destino final objetivo.
Ser mejores, o superarnos a nosotros mismos en un conjunto de personas, que abraza esta misma frase es una experiencia inolvidable y enriquecedora. Hoy fue plasmada en un terreno de juego por un equipo inobjetable en su funcionamiento. En otros equipos, por ejemplo, de trabajo, la misma motivación puede servir para alcanzar resultados fuera de lo ordinario y rutinario. No se trata de vivir de la ilusión, sino de poner los pies sobre la tierra, accionando para lograr metas que nos van llevando hacia lograr el objetivo final.
Para algunos quizás solo fue un partido de fútbol, lo cual es una mirada respetable. Para mí, además del logro deportivo, es la materialización de un propósito compartido en torno a:
“nosotros trabajamos y seremos mejores”.
Y vaya si lo fueron.