De pseudónimos y anónimos !

Siempre fui una persona que tuve admiración por los grandes escritores. Tantas veces pienso y he pensado, que realmente son seres de otro planeta, porque mi cabeza no alcanza para abarcar todo lo que ellos imaginaron, sintieron, vivieron, y recrearon a través de sus historias, poesías, narrativas extensas y llenas de personajes y hechos descriptos hasta el más mínimo detalle. Gustoso por leer, y adentrarme en los personajes, por conocer lo que sienten, hacen y que los motiva en la vida, uno encuentra pormenores que son entregados desde el corazón y hacia los corazones del lector. En un sinnúmero de oportunidades, la descriptiva que hace un escritor de un lugar, una situación o un diálogo, es tan vívida, que se nos eriza la piel, producto del eco que producen sus palabras, armoniosamente dispuestas, en nuestro cerebro, cuerpo y emociones. Hasta nuestro lenguaje se modifica luego de leer un libro profundo, que fluye con su lectura por nuestras venas.

Dentro del cúmulo de cuestiones que siempre le generaron una envidia sana, a este escritor novato y aprendiz, está la cuestión de los nombres que algunos de ellos eligieron como artistas. Por alguna razón, tuve la sensación de que muchos de ellos no pudieron elegir mejores pseudónimos. Me puse a pensar que nombre hubiera elegido para mí, en caso de ser un escritor de renombre, y caigo en la cuenta que quizás ni siquiera me daba para elegir uno, y creo que esa es una condición indispensable.

El uso de los pseudónimos se remonta al principio de los tiempos. Era frecuente que nuestros antepasados firmaran sus pinturas en las cuevas y sus primeras palabras cinceladas con nombres o símbolos que no eran los suyos.

¿Qué es un pseudónimo de escritor?

Un seudónimo o pseudónimo, también llamado doble literario, “nombre de pluma” o “nom de plume”, es el nombre ficticio con el que un escritor o escritora firma sus obras. Al contrario que sucede con el alias, el seudónimo nunca acompaña al nombre, lo sustituye.

El diccionario de la real academia española lo define como,

“nombre utilizado por una persona en un determinado ámbito, en lugar del suyo verdadero, especialmente el usado por un escritor o un artista”.

¿Por qué algunos escritores usan aún en la actualidad pseudónimos?

Por asuntos laborales

En muchas ocasiones (más de las que nos gustaría), el escritor tiene un trabajo complementario que compagina con la escritura y que suele ser el que le proporciona los ingresos principales.

En estos casos, y dependiendo del gremio y, sobre todo, del cargo de ese trabajo complementario, existe la posibilidad de que al autor o autora no le interese que sus clientes, compañeros y/o superiores conozcan su faceta literaria, sobre todo si la temática sobre la que escribe es controvertida por algún motivo, ya sea político, religioso, sexual, violento, etc. Era el caso del matemático Charles Lutwidge Dodgson, que escribía con el seudónimo de Lewis Carrol para no mezclar las ecuaciones con el país de las maravillas.

Para ocultar el sexo

Aunque ya no es tan frecuente, no hace muchos años era casi un requisito sine qua non que los escritores fueran hombres , excepto que escribieran novela romántica u otras cosas “dirigidas» a mujeres”, por lo que muchas mujeres se vieron en la necesidad de publicar sus obras ocultando su sexo tras un nombre masculino o, cuanto menos, ambiguo, como en el caso de Fernán Caballero, que en realidad era Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larre, o George San, que se llamaba Aurore Lucile Dupin.

De esta manera consiguieron que los hombres las leyeran y escucharan.

Uno de los casos más conocidos es el de la autora de Frankenstein, Mary Shelley, que, aunque hoy está clara su autoría, cuando publicó la obra por primera vez lo hizo como autor anónimo, ya que era imposible que en aquella época se creyeran que una historia tan terrorífica podría haber salido de la cabeza de una mujer.

Y también sucede a la inversa, hombres que se deciden a firmar con nombre de mujer, como sucedía en el siglo XVIII, cuando otorgaba mayor credibilidad que fueras una de ellas si escribías sobre la educación de las mujeres. Algunos ejemplos son: Emma Blair (Ian Blair), Virginia Lang (Armando Fernández), Victoria Gordon (Gordon Aalborg)…

Para publicar en diferentes géneros literarios

Cuando un autor escribe obras de distintos géneros, puede ser conveniente utilizar un nombre diferente para cada uno de ellos con la intención de que los lectores puedan distinguirlo y tengan claro cuáles son los libros que pertenecen al género al que son aficionados. Es el caso del irlandés John Banville, que utiliza su nombre real para sus trabajos más literarios y firma las obras del género negro con el pseudónimo de Benjamin Black.

El récord se lo lleva la escritora Eleanor Alice Burford Hibbert, que utilizó nada menos que siete pseudónimos: Jean Plaidy, Philippa Carr, Victoria Holt, Eleanor Burford, Elbur Ford, Kathleen Kellow y Ellalice Tate.

Aunque también es cierto que hay autores que escriben literatura de géneros muy diferentes y no necesitan tener un nombre para cada uno, como es el caso de Mario Vargas Llosa, pero eso solo es recomendable si eres un autor consagrado.

Por razones de marketing

Si las ventas son tu objetivo principal, no debes ignorar los principios del marketing, y uno de ellos dice que tu nombre debe ser comercial. Si el tuyo no lo es, quizás deberías buscarte un seudónimo. ¿Con qué nombre crees que venderías más libros, con Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto o con Pablo Neruda?

Para proteger la intimidad

En ocasiones, el autor puede querer mantener su intimidad y no ser reconocido para que la escritura no traspase la parcela privada y te acosen cuando estás de fiestas con tus colegas, en el cine con tus pequeños o esperas tu turno en la peluquería.

Porque el nombre real no es apropiado

Esto se puede deber a múltiples causas: connotaciones negativas (Ana Royo), difícil pronunciación, nombre extranjero de fonética extraña…

Para diferenciarte

Si te llamas Francisco Pérez Martínez (como es el caso de Francisco Umbral) es muy probable que cuando te busque en Google algún lector le salgan varios Francisco Pérez y se canse antes de dar contigo.

Por otro lado, si te llamas Carmen Posadas también necesitas diferenciarte. La mejor manera es buscando un pseudónimo que te distinga de la popular escritora.

Para escribir sin presión

Algunos escritores son presa del pánico cuando se ponen delante del teclado porque antes de empezar a escribir están pensando en el qué dirán los lectores y/o conocidos cuando lean sus libros, y eso les genera una presión excesiva que les impide escribir con soltura.

Para diferenciar el inicio de su carrera

Un escritor tiene que hacer un rodaje de miles de palabras hasta que encuentra su estilo propio reconocible. Como es lógico, la práctica mejora los textos, y un escritor que publica su opera prima (sobre todo ahora que con la autopublicación es tan sencillo) suele parecerse poco a ese mismo escritor tres o cuatro novelas después. Por eso, algunos autores prefieren foguearse con un nombre falso antes de dar el paso y hacer pública la identidad con la que quieren darse a conocer.

Para desprenderse de mala fama

Algunos escritores se granjean mala fama, por temas literarios o personales, y se les hace muy cuesta arriba borrar esa imagen que los lectores tienen de ellos, por lo que deciden utilizar un pseudónimo para no ser reconocidos.

Para escribir sin tapujos

En ocasiones, y cuando escribimos con cierta controversia, el qué dirán nos preocupa mucho y nos cohíbe, por eso algunos escritores prefieren utilizar seudónimo y escribir libremente y sin tapujos sobre cualquier tema por muy provocativo que resulte.

Por seguridad

Otras veces se utiliza un pseudónimo por razones de seguridad. Son muchos los escritores que, por motivos políticos, religiosos, o por escribir sobre organizaciones criminales, han tenido que huir de distintos lugares.

Así que, si escribes sobre, por ejemplo, la mafia italiana, es probable que haya algún ofendido, el cual podría tomarse a mal que vendieras millones de ejemplares narrando sus hazañas.

Por vergüenza

No todos los autores escriben bien (sobre todo en el sector de la autopublicación, en el que cualquiera puede publicar cualquier cosa). De hecho, algunos lo hacen bastante mal. Es por ello que a algunos escritores les da vergüenza que su círculo cercano lea sus trabajos y prefieren mantener el anonimato sin renunciar al deseo de ver su obra publicada.

Por ser más cool

A veces, alguien vende un montón de libros con un nombre que no es el suyo y lo de utilizar pseudónimo se pone de moda.

Algunos escritores piensan que cambiar de nombre es lo que necesitan para saltar al estrellato y firman sus obras con otro nombre que no es el suyo.

Por motivos familiares

No querer comprometer ni mancillar el honor familiar con novelitas o por despecho, como Stendhal, que detestaba a su progenitor y no quería firmar sus obras con el apellido paterno.

Porque escriben en parejas

En ocasiones, algunos escritores forman pareja para escribir a cuatro manos y prefieren firman con un solo nombre. Es una buena ocasión para realizar combinaciones con los nombres de ambos autores.

Y los hay que escriben a seis manos, como los tres escritores que están detrás del seudónimo de Carmen Mola: Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero, que por no llenar las cubiertas con tanto nombre eligieron un seudónimo.

Porque en inglés se vende más

En algunos géneros los lectores y las lectoras esperan ver un autor o autora con el nombre del lenguaje de Shakespeare. Sucede así en la literatura romántica y policíaca para adolescentes. De ahí el caso de Francisco de Paula Fernández González, que firma y vende toneladas de libros con el nombre de Blue Jeans. ¿Te imaginas que firmara como Vaqueros azules? No creo que tuviera el mismo efecto.

Escritores conocidos por sus pseudónimos

Existen casos en los que el otro “yo” de los autores goza de tal reconocimiento que el público, incluso, puede no asociar a la persona con su nombre real. Dos famosos premios Nobel latinoamericanos forman parte de esta breve lista de ejemplos:

Mark Twain (1835 – 1910). El estadounidense Samuel Langhorne Clemens se desempeñó como periodista, tipógrafo y piloto de barco a vapor fluvial antes de escribir su conocida novela Las aventuras de Huckleberry Finn (1884). Su pseudónimo fue tomado de una expresión propia de los trabajadores fluviales: mark twain, que significa «marca dos», en referencia a dos brazas, el calado mínimo necesario para que los barcos pudieran navegar y maniobrar con seguridad. Aunque también firmó algunos artículos como Thomas Jefferson Snodgrass, nunca tuvo éxito con ese nombre.

Gabriela Mistral (1889 – 1957). Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga fue el nombre real de la chilena Gabriela Mistral, seudónimo que adoptó en 1914. Mistral fue docente y representante diplomática de su país, pero es reconocida a nivel mundial, principalmente, por su poesía. Entre sus obras destacan Desolación (1922), Tala (1938) y Lagar (1954). En 1945 se convirtió en la primera mujer en recibir el premio Nobel de Literatura.

Pablo Neruda (1904 – 1973). Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto fue el nombre real de Pablo Neruda, destacado poeta y político chileno. El padre de Neruda no aceptaba las actividades literarias de su hijo, por lo que el joven escritor -su primera publicación fue a los 13 años- comenzó a utilizar su famoso seudónimo.

Autores famosos y sus alter ego

También podemos encontrarnos con escritores que han labrado su carrera con su verdadera identidad, pero, por diversos motivos, han publicado títulos de manera paralela con un pseudónimo. Algunos de ellos son:

Agatha Christie / Mary Westmacott (1890 – 1976). La británica Agatha Marie Clarisa Miller se dio a conocer en el mundo literario con el apellido de su primer esposo, Archibald Christie, con quien se casó en 1914 y luego se divorció en 1928. Esta escritora y dramaturga es reconocida mundialmente por sus obras especializadas en el género policial, en las que destaca el personaje del detective Hércules Poirot. Sin embargo, Christie también publicó novelas románticas e historias cortas firmadas por su alter ego, Mary Westmacott.

Stephen King / Richard Bachman (1947). El autor estadounidense de múltiples historias de terror era ya muy conocido a finales de los años 70 del siglo XX. Durante esa época, sus editores solo le permitían publicar un libro anual; además, King quería probar si el éxito de sus obras se debía a la calidad de su contenido o a la fama de su nombre. Por estas razones, comenzó a escribir bajo el pseudónimo de Richard Bachman. King fue descubierto por el librero Steve Brown, quien encontró similitudes entre sus textos y los de Bachman. Ante este hecho, el escritor emitió un comunicado de prensa en el que afirmaba que Bachman había fallecido de “cáncer de pseudónimo”.

J. K. Rowling / Robert Galbraith (1965). La británica Joanne K. Rowling es escritora, guionista y productora de cine. Aunque ha escrito otras obras, obtuvo su fama por ser la autora de la exitosísima saga Harry Potter (1997 – 2016). En 2013 publicó, bajo el pseudónimo de Robert Galbraith, la novela policiaca “La llamada del cuco”, obteniendo críticas positivas y ubicándose en el nº1 de la lista de superventas de Amazon. La verdadera identidad de Galbraith se descubrió tres meses después del lanzamiento del libro; Rowling argumentó que había optado por un pseudónimo para que sus obras no fueran juzgadas bajo el precedente de su éxito.

Mientras termino de escribir sigo pensando en cual pudiera haber sido el mío.

Se apodera de mí una brutal impotencia…

Mejor me dedico a conservar en alto mi nombre, que esa no es una empresa menor.

Deja un comentario