Hace ya un tiempo escribí respecto de la dualidad espectador-hacedor.
Que pensaba yo un 22 de agosto de 2022. Era algo como esto:
¡De Espectador a Protagonista!
La pregunta que suelo hacerme tantas veces como puedo, se vincula con dos palabras muy usadas en la industria audiovisual:
¿Espectador o Protagonista?
En cualquier obra de cine, teatro, televisión, o en las mismas redes sociales hay un lugar para los que protagonizan y otro para los que observan o visualizan. Cuando una representación tiene éxito el número de espectadores multiplica varias veces al número de protagonistas.
Del mismo modo en esa gran marquesina que es cada una de nuestras vidas, nuestro tiempo se divide en momentos de observación y actuación (entendida como accionar), con un montón de momentos en donde la división no es tan exacta ni definida.
Normalmente asumir un rol protagónico requiere de un camino que conduce «de dejar de ser el espectador para pasar a ser al protagonista». Esto es así porque protagonizar requiere de un proceso de aprendizaje, en donde se conjugan múltiples estadios de observación y actuación.
Desde niños nos especializamos en observar lo que nos rodea de modo tal de abarcar con nuestros sentidos, mente y corazones todo lo que se desenvuelve en derredor nuestro.
Por lo general la vida de un futbolista profesional arrancó cuando siendo niño concurría a la cancha a ver a otros futbolistas, los cuales se desempeñaban como protagonistas dentro del campo de juego.
Desde ese momento se despertó en ese incipiente aprendiz una ilusión en forma de sueño, acompañada de una declaración fundacional:
“Quiero ser jugador de fútbol….”
Los puntos suspensivos obedecen a que esa frase suele estar acompañada por otros aditamentos tales como:
Para parecerme a Maradona.
Para ganar mucho dinero.
Para ayudar a sacar a mi familia de la pobreza.
Para ser el máximo goleador de la liga.
Del mismo modo, cuando uno elige una profesión o vocación, el proceso es muy parecido. Por ejemplo, cuando me propuse estudiar ingeniería, lo hice desde la admiración que sentía por los grandes ingenieros de la historia, aquellos que descubrieron y luego construyeron elementos fundamentales para nuestro desarrollo como sociedad.
Vale decir que la cuestión que nos hubimos de plantear al comienzo de este escrito puede ser reformulada de la siguiente manera:
¿Qué tengo que hacer para pasar de ser espectador a protagonista en este campo de mi vida?
Con el agregado de varias inquisiciones más.
¿Qué no estoy haciendo para ser protagonista de….?
¿Cuánto tiempo estoy dilapidando siendo mero espectador de cosas que no me suman valor?
La última pregunta se vincula con un hecho sumamente vigente:
“Horas y horas navegando por las redes, usando muchos mecanismos tecnológicos que nos mantienen embelesados y contemplativos de la vida de otros, siendo simplemente meros espectadores sin ningún objetivo a la vista”.
En el proceso para pasar de espectador a protagonista, en un campo específico, encontramos tanto aliados como enemigos:
Entre los aliados:
- Tener claridad y priorizar con la mayor certeza posible nuestro protagónico.
- Buscar maestros, referentes y socios en ese campo.
- Mantenerse siempre con una actitud aprendiente.
- Organizar los tiempos y los esfuerzos.
- Buscar recursos y planes alternativos.
- Trazarse metas de referencia, tales como hitos intermedios.
- Cultivar la perseverancia, la resiliencia y sostener los estados de ánimo.
Entre los enemigos:
- Miedo a ser protagonista o a cometer errores.
- Desánimo ante el primer fracaso.
- Culpar a los demás de mis propias derivas.
- Ante el primer éxito considerarnos expertos.
- Vivir episodios de sobreactuación.
- Creer que el camino es sencillo y no requiere de atención y concentración plenas.
- Falta de priorización.
En cualquier ámbito o disciplina o área de nuestras vidas en las cuales estemos decididos a PASAR DE ESPECTADORES A PROTAGONISTAS, es altamente recomendable decirnos a nosotros mismos que nuestro potencial es cuasi INFINITO.
Desde el “día cero”, que es aquel en donde decidimos emprender el camino de ser artífices de nuestra propia película, nuestras relaciones y como las cultivamos adquieren un cariz decisivo, en la medida que conservemos esa pasión por cumplir con nuestros sueños.
Desde ese mismo “día cero”, nuestro primer gran hito puede ser el de transformarnos en actor de reparto, y desde ahí ya con fuerzas renovadas buscar el protagónico de nuestras vidas. Entre el cero y los diferentes hitos atenazados, nuestro porcentaje de crecimiento tiene que ser acompañado por nuestra voluntad y decisión para continuar, esa llama que no tiene que apagarse pese a las grandas borrascas que podemos enfrentar.
No existe cronología aceptable o errada para pasar de ser espectador a protagonista. Tantas veces hemos sido testigos de historias que superación que rompen las “supuestas barreras etarias”, de seres humanos que dan saltos de calidad que nos dejan boquiabiertos. Personas que se convencieron de que todo era posible teniendo confianza en sí mismas, superando adversidades y conservando la actitud y fortalezas necesarias, para llegar finalmente a vivir los sueños que a priori parecían tan lejanos.
¿Qué pienso hoy?
Más o menos lo mismo, con algunos matices renovados.
¿Qué podría agregar o cambiar, luego de casi dos años?
La importancia de saber en qué área o dominio quiero ser un hacedor, una persona que acciona desde una observación previa y teniendo como sustento mis habilidades y actitudes para…. En otras seré un espectador, como para equilibrar energías.
Atrevernos a desafiar nuestros límites, que a veces son propios y otros tanto impuestos como mandatos sociales, familiares, laborales y tantas clases como hormigas habitan en el planeta.
Superar o correr nuestros límites nos permite decidir con más holgura, mientras que mantener una actitud aprendiente nos permite decidir mejor.
Vivir en la queja nos resta energía que es exigua.
Atreverse a enjuiciar menos a nosotros mismos y a los demás y ponernos al servicio de ser y proponer.
Cambiar nuestras conversaciones internas y con los demás hacia visiones de posibilidad y planes compartidos.
Actuar pensando que se pueden cambiar las cosas, o cambiar para obrar de otras maneras, que me lleven por otros caminos al lugar donde quiero.
Para finalizar un pensamiento que resume todo:
“Pase lo que pase involúcrate en ello, es la diferencia entre ser protagonista o un mero espectador de tu vida”.