Oriente tuvo y tiene una influencia descollante en el pensamiento universal. Nuestra mente occidental dominada por la filosofía clásica y todas sus corrientes asociadas, ha recibido sin embargo aportes importantes de grandes pensadores chinos, indios y japoneses, artífices de escuelas de pensamiento, que son una alternativa muy válida a la hora de enfrentar las adversidades y oportunidades que se nos presentan, tanto en lo individual como en lo social.
¿Cuáles son las diferencias entre la filosofía oriental y occidental?
Nuestro modo de pensar puede determinarlo la tradición en la que nos formamos. Por eso, conocer las diferencias entre la filosofía oriental y occidental nos ayuda a comprender por qué percibimos el mundo de una u otra manera.
Establecer diferencias entre la filosofía oriental y la occidental tiene sentido, ya que son dos formas de pensamiento disímiles, pero complementarias En primer lugar, no comparten el mismo origen de procedencia. Oriente se caracterizó por una multiplicidad de reflexiones provenientes de India, China y Japón. Por su parte, esta disciplina en Occidente tuvo sus comienzos en la Grecia antigua.
Además, el enfoque de ambas filosofías es distinto. Así, la filosofía oriental se centra en el cultivo y la búsqueda de una actitud más espiritual que trascienda el plano del mundo material en el que vivimos.
Mientras que la filosofía occidental es predominantemente racional y dual.
Visión de la realidad: unidad vs. Pluralidad
La filosofía oriental y la occidental conciben la realidad de maneras diversas. En la filosofía oriental, prevalece la unidad del mundo frente a la multiplicidad y diversidad de nuestro entorno. Este tipo de pensamiento sostiene que existe un principio originario único del cual todo procede. Es decir, cada cosa de nuestro mundo es producto de un principio único.
Según el libro “Oriente y Occidente” de Luis Racionero, la cultura oriental nos lleva hacia un concepto de unidad o consciencia cósmica. Este término fue descrito por el psiquiatra canadiense Richard Maurice Bucke como “una consciencia subjetiva del cosmos, la vida y el universo”. De forma habitual, dicha unidad suele representarse a través del círculo, el cual simboliza perfección y belleza, como por ejemplo el yin y el yang.
Por su parte, la filosofía occidental se caracteriza por ser plural y dualista. En otras palabras, realiza una separación entre dos opuestos: cuerpo-alma, bien-mal, individuo-sociedad, por nombrar algunos.
No-dualidad
La filosofía oriental se distingue por ser un pensamiento que niega la dualidad. Es por ello, que en la filosofía oriental se argumenta que tal concepción implica negar la división de la realidad en dos categorías contrarias y antagónicas. De este modo, se rechaza la pluralidad del mundo que afirma la filosofía occidental.
Al hacer esto, la diferenciación entre sujeto y objeto típica de Occidente se ve afectada. La filosofía oriental considera que el mundo en el que vivimos es una unidad en la que no existe tal antagonismo entre el ser humano y los objetos que nos rodean. Así considerado, la ausencia de dualidad nos puede llevar hacia aquel principio que es el origen de todo.
Visión del ser humano: ilusión vs. Individualismo
Oriente y Occidente establecen distintas formas de concebir al ser humano. En el caso de Oriente, consideran que pensar al individuo de manera distinta a los demás y a la unidad del universo, es una ilusión. Más aún, sostienen que la idea de persona es la causa de todos los males de la vida humana.
En cambio, la filosofía occidental apoya el concepto de sujeto e individualidad. Según esta concepción, los seres humanos se distinguen unos de otros, son seres individuales. Tanto es así que ellos mismos son conscientes de su distinción en relación con las demás realidades.
Diferencia de métodos. Vivencia interior vs. Lógica
Existe una gran diferencia entre el método utilizado por la filosofía oriental vs. la occidental. La primera busca una iluminación y vivencia interior. Esto significa que quieren lograr la autoconsciencia de la verdad del alma. ¿Cómo se consigue? A través de diferentes métodos, los más conocidos son el yoga y el nirvana.
Gracias al yoga se logra el autocontrol del cuerpo y la concentración. Por su parte, el nirvana pertenece a la filosofía budista y busca la iluminación a través de la abstracción mental continuada. Lo que se pretende es un gran vaciamiento del contenido mental para alcanzar la verdad de la realidad de las cosas.
Por otro lado, la filosofía occidental es heredera del pensamiento lógico aristotélico. El mismo emplea conceptos universales, buscando las conexiones lógicas entre ellos. Esta reflexión fue usada como un instrumento filosófico, siendo bastante racional y una guía para el pensamiento occidental.
Puntos de encuentro entre ambas filosofías
A pesar de las grandes diferencias que existen entre la filosofía oriental vs. occidental, también podemos nombrar sus similitudes. Una de ellas es que ambos modos de pensamiento persiguen el conocimiento de la realidad a través del ejercicio mental, dejando de lado los elementos sensibles. (salvo por alguna rama filosófica occidental donde las sensaciones son el centro de atención).
Asimismo, este par de tradiciones filosóficas se concentran en reflexionar sobre una realidad última o el fondo absoluto de las cosas que el ser humano capta en su entorno. De igual manera, se preocupan por alcanzar la felicidad, la dicha y la autorrealización.
Si bien estamos ante un pensamiento distinto, pero que tiene sus puntos de unión en el propósito final que se pretende alcanzar. Por un lado, en Oriente predomina la espiritualidad, la relación entre el hombre y la naturaleza; también la trascendencia del ser humano en relación con el mundo en el que vive.
En Occidente se cultivó la reflexión racional y sistemática sobre el entorno del individuo. Esto modela cómo pensamos y actuamos en la vida. Sin embargo, podemos aprender de las dos filosofías, enriqueciendo así nuestra existencia.
El origen de la filosofía oriental china se remonta unos miles de años antes del nacimiento de Cristo, pero vamos a estudiar a una en particular que está en los orígenes de la cultura china.
Confucio y Confucionismo
El nombre Confucio es una invención de los misioneros jesuitas que tuvieron presencia en China a partir de los siglos XVI y XVII. Latinizaron el apelativo chino Kǒng Fūzǐ, que significa maestro Kong (el cual era su apellido). El “ismo” es una creación debida a una disciplina desarrollada en el mundo académico europeo durante la segunda mitad del siglo XIX, la ciencia de las religiones, que vio la necesidad de inventar una tradición que se pudiera remontar el personaje de “Confucio”. La palabra “confucianismo” fue construida como la palabra “cristianismo”. Tal cual tomamos la figura central de Cristo y la transformamos en un ismo, y del mismo modo hacemos con el pensador Confucio. En cambio, cuando hablamos de la tradición confuciana en chino, no se menciona el nombre de Confucio. Se habla de Rújiā, la enseñanza de una categoría de gente de la antigua China que, resumidamente, eran expertos en cultura escrita y ritual.
Estuvieron implicados en la constitución del primer imperio centralizado, a partir del siglo XIII de la era cristiana, porque el gobierno necesitaba personas que dominaran la escritura para tareas de archivo y para transmitir la información a los confines del espacio chino, así como de personas que dominaron los ritos. Los confucianos están convencidos de que se necesitan estructuras ritualistas que ordenen las relaciones humanas, sobre todo la estructura jerárquica de la sociedad. La estructura política china ha sido y todavía es muy top-down el poder de decisión desciende de la cima a la base y raramente circula al revés (bottom-up).
El confucianismo no puede considerarse una religión, sino más bien una filosofía política, que pone el énfasis en la ética y virtud individuales para alcanzar una sociedad y gobierno estables. Confucio, predicó en la China del siglo VI a. C. cinco principios que, tras consolidarse, fueron bautizados con su nombre. Hoy son parte de la religión tradicional china y están arraigados en la cultura de Corea, Japón o Vietnam.
Confucio nació en el Estado chino de Lu en el año 551 a. C. y vivió las luchas entre dinastías del periodo de los Reinos Combatientes. Como funcionario del imperio Zhou, predicó los preceptos que consideraba necesarios para lograr un gobierno estable y fue famoso por aplicar reformas en el ámbito de justicia. Su aprecio por el estudio le llevó a fundar la primera escuela confuciana, donde tuvo unos 3.000 discípulos de todos los estratos sociales. Tras su muerte en el 479 a. C, sus seguidores difundieron sus enseñanzas en libros como “Las Anacletas” y lo encumbraron como sabio. Su doctrina se expandió en China durante dos milenios y su sistema de valores quedó ligado al sistema político del Imperio hasta 1911.
Jerarquía social para alcanzar la armonía
El confucianismo no es una religión como el cristianismo o el islam, pues no se compone de dogmas, sino de pautas de comportamiento dirigidas a lograr el gobierno perfecto y la armonía social. Por eso se la considera más una filosofía política y una forma de vida. Para Confucio, las deidades soberanas son el Cielo o el Señor de lo Alto (Tian), y la Tierra, que representan respectivamente las dos fuerzas universales: el Yin absoluto, el eslabón débil, femenino; y el Yang absoluto, fuerte, masculino. Dos elementos opuestos pero complementarios. Según esta cosmovisión, el Cielo ordenó el universo de manera jerárquica y lo dividió entre aquellos con fuerza de yin, los nobles, y aquellos con fuerza de yang, los viles. La sociedad se compone de autoridades y subordinados de tal forma que un individuo es débil respecto a un superior y fuerte respecto a un inferior.
En la cúspide de la jerarquía confuciana se encuentra el emperador, el “hijo del Cielo”, quien media entre el Señor de lo Alto y los hombres para hacer cumplir la voluntad celestial. El gobernador debe ser el máximo depositario de cinco virtudes: amor al prójimo (Ren), rectitud (Yi), cortesía y buenos modales (Li), estudio y sabiduría (Zhi), y honestidad (Xin). Cumplir estos mandatos significa seguir el noble camino o tao (un concepto que comparte con el taoísmo, otra corriente filosófica de origen chino también centrada en el equilibrio y armonía del individuo con el universo), lo que convierte al hombre en un caballero o noble (Junzi). Si el gobernante no cumplía esta senda virtuosa, sus funcionarios podrían sustituirlo por otro que sí cumpliese el mandato divino y fuese justo con la sociedad.
El siguiente nivel de jerarquía lo representa el padre de familia, que es el yin respecto a su mujer e hijos, lo que hace del confucianismo una religión patriarcal. El padre se encarga de inculcar las cinco virtudes a sus descendientes. Debe enseñarles sobre todo el respeto hacia su autoridad y sus antepasados, y pasión por el conocimiento. La sabiduría es la vía para perfeccionarse, y este mérito personal permite al hombre convertirse en maestro o buen funcionario, más allá de su clase social. La idea que subyace es que construir una comunidad justa y armónica comienza por uno mismo.
El confucianismo, muy presente en la China actual
Sin embargo, los preceptos de Confucio no dan respuesta a problemas metafísicos, como la incógnita de qué hay después de la muerte. Esto provoca que deba complementarse con otras religiones. De hecho, el 42% de la población china profesa la religión tradicional del país, una mezcla de confucianismo, budismo y taoísmo. Las virtudes que predicaba el maestro Kong siguen presentes en la sociedad china. Por ejemplo, su exigente sistema de oposiciones a funcionario público mide la sabiduría y el mérito personales, elementos confucianos que hereda del sistema de examen imperial chino. La piedad filial, la responsabilidad y el respeto a los ancestros también mantienen su importancia en la actualidad.
En próximas entregas ahondaremos en otras corrientes de pensamiento oriental, que nos servirán para comprender esquemas de vida y accionar distintos de nuestra cultura occidental.
Para culminar, algunas reflexiones confucianas por excelencia:
Es posible conseguir algo luego de tres horas de pelea, pero seguro que se podrá conseguir con apenas tres palabras impregnadas de afecto.
Aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender, peligroso.
Un hombre de virtuosas palabras no es siempre un hombre virtuoso.
Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes.
¿Uno que no sepa gobernarse a sí mismo, cómo sabrá gobernar a los demás?.
Quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro.
La virtud no habita en la soledad: debe tener vecinos.
No hay cosa más fría que un consejo cuya aplicación sea imposible.
¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.
Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios.