¿La filosofía puede salvarnos?

Mediodía con calor, pero no tanto. Sentado en una galería rodeada de vegetación y árboles de buen porte, disfruto de los sonidos de variada intensidad y tinte, que provienen de distintas fuentes. El viento es el director de orquesta de una sinfonía que se mueve al son de su batuta. Sin embargo, no sólo el aire en movimiento es el gestor de la música de fondo que me rodea. El nítido canto de un zorzal, emerge exquisito y inconfundible. Su trinar resuena por encima de todo, con una potencia increíble y una composición de notas deliciosas.

Esta muestra gratis de la naturaleza, me invita a reflexionar y me transporta a mis sueños de niño, cuando mi adicción a la lectura, incluía libros de la madre de todas las ciencias, aquella que aún me desvela, con sus preguntas sin respuestas concretas, sino sólo indicios de sabiduría, a cuentagotas, y siempre vinculadas a la curiosidad, el asombro o la duda.

Desde que el hombre es hombre, los cuestionamientos personales, respecto de sus orígenes, conductas y propósitos, sean los mismos individuales o sociales, han estado en el centro mismo de su corta vida como especie.

La filosofía ha acompañado a nuestra humanidad desde que obtuvo la distinción del raciocinio, buscando equilibrarla y darle sustento. Todas las ciencias, que se derivan de la filosofía, sean duras o blandas, tratan de responder aspectos específicos del quehacer humano, pero ninguna ha sido ni será tan amplia en su mirada como la filosofía. Antiguamente, y ante la ausencia de la psicología y la psiquiatría, los problemas individuales, eran asumidos como parte de la cuestión filosófica de la especie humana.

En la actualidad no se habla tanto de filosofía, pero sí de pensadores, dentro de corrientes de pensamiento. Son esos pensadores, los que tratan temas relacionados con el conjunto social y las relaciones humanas. Sin embargo, algunos de ellos han tomado el desafío de transformarse en guías o asistidores a tiempo parcial, para ayudar a encaminar a las personas dentro de contextos inciertos. Un amigo en una charla amena, puede ayudarte a pensar sobre un problema inesperado, algo que te ha sacado de relativo equilibrio. Una muerte impensada y prematura, una relación rota, la pérdida de un trabajo, la falta de norte, decidir entre varios caminos, son situaciones en los cuales nos encontramos cara a cara con nuestros propios demonios internos, necesitando conversar y sacar afuera nuestras emociones. La filosofía puede servirnos y de mucho para afrontar estas vicisitudes, que a menudo nos afectan.

¿Es posible usar la visión de un filósofo que nos traiga elementos de la filosofía que nos ayuden a encausar un problema?

Para Lou Marinoff, profesor y catedrático de Filosofía en el City College de Nueva York, fundador y presidente de la American Philosophical Practitioners Association y director de la revista Philosophical Practice, le cual es autor del libro titulado: “Más Platón y menos Prozac”, no existen dudas de que la filosofía tiene un componente práctico indiscutible.

En este libro, él divide los problemas de desequilibrio de los seres humanos en cuatro categorías: aquellos que devienen de una situación física mental que necesita ser tratada con medicación, otros que surgen de problemas durante etapas de la vida temprana, otros a raíz de traumas fuertes y sostenidos, ambos donde el profesionalismo combinado de la psicología y la psiquiatría son necesarios, y una cuarta categoría, donde están incluidos un montón de desajustes de vida, como los ya mencionados en párrafos anteriores y en donde según este pensador, la filosofía práctica puede ser una herramienta útil.

La filosofía según Marinoff orienta a las personas y las ayuda tener una visión del presente, con marcada vocación de trabajo y superación para el futuro. Su método se denomina proceso PEACE, palabra compuesta por la primera letra del nombre de cada etapa, de la cual se compone la terapia que él propone.

El enfrentar un problema desde una óptica filosófica, engloba en su metodología las siguientes etapas:

P: En primer lugar, debemos identificar el “Problema”. Muchas personas necesitan ser preguntadas porque no siempre somos capaces de darnos cuenta o poner en contexto el problema.

E: En segundo lugar, debemos hacer un inventario de las “Emociones” que nos ocasiona la situación. Hablarlas y sacarlas afuera es clave, para poder hacerlas constructivas.

A: En tercer lugar, debemos hacer un “Análisis“que nos permita enumerar las posibles soluciones que tenemos para nuestro problema.

Según Marinoff a menudo sucede que a su consulta filosófica concurren personas que han cubierto estas etapas, con lo que la asistencia se hace más directa y rápida. Otras tantas, las personas creen tener resueltas estas etapas, pero han partido de una incorrecta identificación del problema, por lo que es necesario revisar y barajar de nuevo.

C: Una vez superados los tres pasos previos, se recurre a la “Contemplación” del problema en su conjunto. Esta etapa es clave para encontrar una visión filosófica unificada de la situación y las acciones a llevar cabo. Adoptar una postura filosófica central que englobe una idea general y superadora de la situación, que incluya un plan de trabajo, resulta imprescindible.

E: Por último, la quinta etapa es del del “Equilibrio”, vale decir que una vez cubierta las etapas anteriores, con la postura filosófica ya elegida y en tránsito, se llega a una situación de equilibrio, el cual nos permite de nuevo estar en nuestro eje y actuar hacia adelante.

Marinoff enseña en este libro, con ejemplos prácticos sobre esta metodología, cómo el pensamiento práctico derivada de la filosofía clásica nos puede asistir a superar los problemas y enfrentar las adversidades cotidianas.

Según él la filosofía no sólo puede salvarnos, sino que además nos permite adoptar y aprender mucho más de nuestra esencia y como nos vinculamos con nuestras emociones de manera productiva.

Para finalizar les dejó frases sobre la filosofía:

«No puedo enseñar nada a nadie. Solo puedo hacerles pensar» – Sócrates.

«La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser» – Platón.

«Si abordas cada situación como asunto de vida o muerte, morirás muchas veces.» Adam Smith.

«El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca.» Immanuel Kant.

«Uno no puede pisar dos veces el mismo río». Heráclito.

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