La naturaleza nos regaló por estos días de sucesivas y copiosas lluvias, que vinieron a rescatarnos de varios meses de escasez hídrica. Según los expertos, el fenómeno del niño que se mostraba algo remolón, junto fuerzas para desperezarse y empezó a generar humedad y precipitaciones, en regiones donde su hermana gemela, la niña, esparcía su aliento seco y desprovisto de verdor. Ambos fenómenos, otrora leves, cada vez son más extremos. Representan la influencia que tiene sobre el clima mundial, el más grande de nuestros océanos, el Pacífico, que ocupa una superficie mayor a toda la superficie de tierra de nuestro planeta.
El cambio climático ha provocado que niña, transición neutral y niño, sean procesos cada vez más recurrentes y calamitosos, impactando de lleno en nuestro planeta, con consecuencias tremendamente negativas, sobre todo para las economías más pobres, desprovistas de medios para poder contrarrestar, prevenir o amortiguar sus efectos. Más allá de la riqueza o no, los resultados suelen ser devastadores, mostrando cuan vulnerables somos ante un poder difícil de predecir.
Nuestro sistema de convivencia global, sobre el único planeta que por el momento somos capaces de habitar, necesita de no postergar más un sinnúmero de acciones de cooperación y creación conjunta (co-creación) que sirvan para ralentizar el calentamiento global, de modo tal de evitar que la temperatura global no supere un incremento de 1,5 grados centígrados hacia finales de este siglo. Superado ese límite, no habrá retorno para nuestra especie homo sapiens o mejor dicho homo digitalis, ni para todo el resto de las especies vivas, que nos acompañan en nuestro devenir diario. Si no hacemos algo pronto y de manera sostenida, no habrá legado posible para las generaciones venideras, que es muy probable hereden un páramo inhabitable.
En un taller-entrenamiento sobre «la estrategia de la co-creación», en el cual tuvimos oportunidad de la mano del coach-entrenador Néstor, primero de conocer y segundo de trabajar en aspectos de la misma, para poder trascender como organización humana y empresarial, visualizamos varios hechos importantes. Uno de ellos y quizás el más directriz, es el de disponer de un propósito que nos sirva de guía para transitar el camino hacia….. Otro es el de contar y convivir según valores que sostengan y den fundamento a ese propósito. Un tercero, es el de construir distintos niveles de comunicación que garanticen la trascendencia del sentido de lo que hacemos. Explicado de otra manera, sería el de alcanzar un status de comunicación 4.0, en donde haya un registro empático y comprometido con los otros, partiendo del reconocimiento de nuestra propia ignorancia y limitaciones, para generar una red de relaciones y sinergias profundas y superadoras, con la finalidad de constituirnos en líderes de la transformación de nuestra organización.
Haciendo una analogía personal de como percibo el tratamiento que, sobre el cambio climático hacen los distintos actores globales, y responsables por encontrar un camino o plan de trabajo común, la situación podría semejarse a un presente, que involucra de una manera simple a dos personas. Una de ellas desde hace un tiempo reside en una isla. Se trata de un naufrago que hace rato se encuentra lanzando botellas al mar, para que otra persona lo rescate. Su esperanza es que alguien pueda topar con su mensaje a la deriva, y acto seguido organizar y efectivizar su rescate. Su preocupación es que por algún motivo, que este cree conocer, el nivel de las aguas sube cada vez más, quitándole tierra firme para poder pisar y sobrevivir. En la inmensidad del mar, se encuentra una segunda persona, arriba de una pequeña embarcación, que ha pasado ya un lapso de tiempo prolongado en el inabarcable pero conocido océano, siendo su objetivo buscar tierra firme para poder abandonar las aguas. En un momento dado, la embarcación se acerca a la costa, hecho por el cual ambos por fin se visualizan. Se ponen muy felices y contentos de hacerlo, porque parece que al haberse encontrado ambos están salvados y sus necesidades serán por fin satisfechas.
El habitante de la isla ve en el navío una forma de salir de su aislamiento y de evadir a la posibilidad de perecer. Desde el observador que es, esta persona que llegó con su embarcación, vino a salvarlo, y espera del otro que lo invite a subir, de modo tal de poder buscar otro horizonte más prometedor. El que viene navegando, harto de no poder pisar suelo firme, tiene la expectativa de permanecer algún tiempo en la isla, saciar su hambre y su sed contenidas, por lo que necesita que el otro sea amigable con él y le comparta su territorio y sus recursos.
Ambas expectativas, desde la óptica y emociones que transitan cada uno de ellos resulta entendible y razonable. Pero, la pregunta concreta sería: ¿cual de ella es más válida? La realidad es que el mar sigue subiendo, con lo que la decisión a tomar por ambos, depende de que cada uno de ellos se ponga en los zapatos del otro, y que ambos elijan juntos un propósito en común, que de manera cooperativa los oriente hacia qué camino tomar.
Parece sencillo, pero ciertamente no lo es. El que viene navegando no tiene la referencia de que el mar está subiendo, porque él esta inmerso en la inmensidad y no en la profundidad. El que está en la isla, tiene una percepción del incremento del nivel del mar, pero no de las dificultades que implica sobrevivir en aguas abiertas. Por lo que llegar a un entendimiento pleno no es tarea fácil. Por otro lado, el escenario vivido por cada uno de ellos, les ha permitido desarrollar distintas habilidades, uno en el mar, el otro en tierra firme, por lo que permanecer o navegar o porque no, inclinarse por un mix de ambas acciones, implicará, por cierto, confiar en las capacidades del otro para poder desarrollar el plan que se creará conjuntamente.
El calentamiento global podría asemejarse al mar que sube inexorablemente. Lo que se requiere primero es armonizar los pensamientos de ambos protagonistas de la historia, para que se pongan de acuerdo de que ese fenómeno existe y es absolutamente palpable. Lo segundo es decidir que hacer, cuando y como, con el objetivo de poder seguir coexistiendo. La tarea de creación conjunta, nos exige estar alineados tanto en el diagnóstico, como en el sentido de la solución que propongamos, procesos durante los cuales la comunicación es atravesada por nuestras emociones, cuerpo y lenguaje compartido, que son como el telón de fondo y decorado de la representación teatral.
Podemos complejizar aún más el análisis, si sumamos a esta pareja de decisores, a un paracaidista que, arrastrado por el viento, ha sido desviado de su destino programado, logrando aterrizar en la isla, cuanto los otros dos se encuentran en pleno debate sobre qué elección tomar. Es probable que se sume a la discusión, con su particular condición de observador, por la cual, cualquier cosa es mejor que encontrarse perdido en el aire. El no tiene la referencia del mar subiendo, ni la seguridad relativa de un bote, por lo que su mirada y su propósito está quizás a un nivel de exigencia más bajo que el de los otros dos. Así podríamos seguir sumando protagonistas a nuestra historia, cada uno con sus alusiones, emociones, historias, necesidades, capacidades desarrolladas y sentido común. Cada agregado de nuevas opiniones produce derivas, que necesitan de un propósito muy fuerte para que se orienten y consoliden las acciones hacia un destino común.
El plan orquestado para perseguir este propósito necesita roles definidos, líderes (los que nos direccionan con su coherencia hacia donde ir) y por supuesto uno o varios planes alternativos, que necesitan de recursos para su ejecución.
En el caso del cambio climático los acuerdos, aún no son muy consistentes, porque ante la misma evidencia (el mar está subiendo), los diagnósticos son contrapuestos (es antropogénico o no es antropogénico) y los mínimos consensos que se han logrado carecen de la fuerza necesaria para…. Algunos protagonistas, parecen preferir los cambios cosméticos y no las transformaciones profundas que la crisis requiere. El que ve el problema, el que no lo ve porque encuentra más razonable seguir en lo mismo, o el que está sobrevolando el entorno, no se ponen de acuerdo, sobre qué camino tomar.
De nuevo aparece como inexorable la importancia de cooperar ante la rapidez y exponenciación de los fenómenos derivados de cada décima grado que sube la temperatura. La criticidad de la situación, nos exige buscar cuanto antes un propósito consensuado, compartir valores que nos den los fundamentos y generar comunicaciones productivas y orientadas hacia una inclusión de todos los actores, líderes y responsables por….
Mientras este espíritu de cooperación real no exista, seguiremos algunos en la mar, otros en la isla, y muchos otros sobrevolando la situación, sin tener una idea clara de lo que está pasando y cuanto tiempo nos queda para….
Los principales desafíos de este presente, que son muchos, por cierto, empiezan con una acción ineludible: registrarlos y priorizarlos. Si lo hacemos a conciencia, poniéndonos en los zapatos del otro (muchos de los cuales, por ejemplo, la vida silvestre, los bosques, la vegetación y la vida marina, no tienen representación por sí mismas, sino a través de), caeremos en la cuenta de que acordar rápidamente acciones para amortiguar el incremento de la temperatura global del planeta, está en el tope de la agenda.
Entretanto cuando uno está en la isla buscando una salida y el otro en el mar, buscando un pedacito de tierra en donde caminar, el mar sigue subiendo…..
Un presente de desafíos, que no son muchos, pero que requieren de osadía y de soltar la mochila del status quo, para desaprender lo que nos trajo hasta acá, y aprender un nuevo camino.
Presente donde las creencias, la cultura y la tecnología que nos posicionó en este presente, necesita de los consensos (propósitos compartidos) para aprender nuevas maneras de hacer las cosas, dentro de un qué definido.
Presente de desafíos, ante un mar de oportunidades.
Necesitamos ser actores y no espectadores de esta transformación impostergable.