Las temperaturas irán subiendo lentamente durante este fin de semana para regalarnos unos días a pleno sol y relativamente cálidos, inusuales para la estación invernal, que parece haber abandonado algo de su empeño por congelar todo a su paso.
Si bien resulta sumamente disfrutable esta primavera relativa, lo cierto es que los números nos muestran que la concentración de dióxido de carbono en nuestra atmósfera no deja de subir. La mayor presencia de este gas, trae como consecuencia un mayor calentamiento general de la tierra que ya está a un grado y una décima por encima de los valores que teníamos en el siglo pasado. Si seguimos generando gases de efecto invernadero a este ritmo, en unos mínimos treinta y cinco años (un simple bostezo en la historia de nuestro planeta), habremos llegado a la indeseada cifra de dos grados por encima de lo manejable, provocando esto que nuestro planeta sea un lugar muy difícil e inhóspito de habitar.
Europa lidera a nivel global con sus políticas, un movimiento intenso y sensato para alcanzar objetivos de carbono neutralidad (emisiones cero) para el año 2050. Gran parte de las acciones que la Unión Europea propende dentro de la comunidad de países que nuclea, se centran en reemplazar las energías y combustibles fósiles por sus homólogos renovables, abarcando tecnologías de todo tipo para producir energía: solar, mareomotriz, biogás, biomasa, eólica, mientras en sus gasoductos se reemplaza progresivamente el gas natural por biometano, y los autos serán híbridos eléctricos y alimentados por moléculas sintéticas de orígenes biogénicos. El transporte marítimo y de aviación, usarán ambos, combustibles sustentables en una escala creciente, en sus movimientos por todo el mundo.
El resto de países más desarrollados (Por ejemplo, Estados Unidos y China) han ido adoptando algunas políticas en el mismo sentido, pero sus esfuerzos y medidas concretas son escasas y limitadas. Las energías fósiles tienen mucho peso en sus estructuras económicas y de poder, por lo que la balanza aún no se inclina para el lado seguro, ya que se subestiman las cifras y se minimizan los efectos.
En nuestras latitudes americanas del sur tenemos de todo para torcer el rumbo, ya que somos muy competitivos para producir biocombustibles (etanol, biodiesel y diesel renovable), energías renovables y combustibles de origen biogénico (como hidrógeno), pero salvo Brasil que impulsa con fuerza sobre todo los biocombustibles y el biometano, el resto del continente aún no toma el toro por las astas, sino más bien se toman medidas que no se condicen del todo con las emisiones cero proclamadas para el 2050. Los programas existen, pero parecen no ser suficientes como para sumarnos a la estela que muestra el camino y que viene de Europa.
Relativo al programa europeo, el mismo apuntó a lograr la conciencia de la lucha contra el cambio climático con programas de difusión y clarificación que llegaron masivamente a los ciudadanos, acompañados por un sinnúmero de incentivos para que muchas familias pudieran acceder a sus propios paneles solares, sólo por citar algún ejemplo. En la industria automotriz sucedió lo mismo, ya que los mandatos están acompañados por acceso sencillo al financiamiento y otros programas impositivos de respaldo. La economía circular de la mano de la conversión de pasivos ambientales (waste to energy) en biogás, energía eléctrica, biometano y fertilizantes que retornan al suelo, funciona de manera responsable y articulada en muchos países europeos, constituyendo un ciclo virtuoso y sostenible digno de ser emulado.
El ciudadano tiene que ser debidamente informado acerca de la crítica situación que se vive en materia de calentamiento global y tiene que ser acompañado con estímulos para que adquiera conciencia y se sume a la causa que permitirá que el planeta siga disponible y apto para la vida de nuevas generaciones, dentro de ecosistemas sustentables. Es cierto que en muchas latitudes aún gran parte de la población no tiene acceso a servicios básicos como el agua y los sistemas de desechos cloacales, pero si los estados ahorran dinero evitando catástrofes climáticas (muchas de las cuales se incrementan día a día, en su magnitud, frecuencia y consecuencias), esos recursos pueden ser volcados a esos servicios básicos y paralelamente a seguir fomentando las acciones que conserven las cualidades del planeta.
Forestar, usar energías y combustibles renovables, aumentar la seguridad alimentaria, racionalizar el consumo de agua y otros recursos naturales escasos, fomentar acciones que disminuyan la huella de carbono de actividades y productos asociados, necesitan de políticas públicas robustas y decididas para lograr hitos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin eso, los programas reducirán su tasa de éxito y posibilidad de prosperar.
Para culminar les dejó una publicación del Consejo de la Unión Europea.
Cambio climático: lo que está haciendo la UE
Una UE climáticamente neutra en 2050
En diciembre de 2019, los dirigentes de la UE, reunidos en el seno del Consejo Europeo, acordaron que la UE debía lograr la neutralidad climática para 2050.
Ser climáticamente neutros significa que, de aquí a 2050, los países de la UE tendrán que reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero y encontrar formas de compensar las emisiones restantes e inevitables para alcanzar un equilibrio de cero emisiones netas.
En sus Conclusiones, el Consejo Europeo subrayaba que la transición a la neutralidad climática brinda importantes oportunidades para:
- el crecimiento económico,
- los mercados y el empleo,
- el desarrollo tecnológico.
Los dirigentes de la UE pidieron a la Comisión que impulsara los trabajos sobre el Pacto Verde Europeo.
También reconocieron la necesidad de garantizar que la transición ecológica sea rentable, así como socialmente equilibrada y justa.
Reducción de las emisiones de al menos un 55 % de aquí a 2030
Exactamente un año después, en diciembre de 2020, los dirigentes de la UE dieron un nuevo paso hacia la neutralidad climática. Como etapa intermedia hacia el objetivo de 2050, acordaron reducir en más de la mitad (con respecto a los niveles de 1990) las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE para 2030.
En 2030 a más tardar las emisiones de la UE se reducirán en al menos un 55 %.
El nuevo objetivo supuso un importante hito con respecto al anterior objetivo de la UE para 2030 de reducir las emisiones en un 40 %, acordado en 2014.
Los dirigentes pidieron a la Comisión Europea que presentara propuestas para que los países puedan alcanzar el objetivo de 2030, en particular:
- mejorar las normas de financiación ecológica,
- reforzar el régimen de comercio de derechos de emisión de la UE,
- estimular la innovación respetuosa con el clima,
- garantizar la equidad y la relación coste-eficacia.
De los objetivos climáticos a la legislación de la UE
En junio de 2021, el Consejo adoptó la Legislación Europea sobre el Clima, un elemento clave del Pacto Verde Europeo. Con ello, los países de la UE están legalmente obligados a lograr los objetivos climáticos para 2030 y 2050.
La legislación climática establece el marco de las medidas que han de adoptar la UE y los Estados miembros para reducir progresivamente las emisiones y alcanzar en última instancia la neutralidad climática en la UE de aquí a 2050.
También en junio de 2021, el Consejo aprobó unas Conclusiones en las que refrendaba la nueva estrategia de adaptación al cambio climático de la UE presentada por la Comisión. Dicha estrategia detalla una visión a largo plazo para que, de aquí a 2050, la UE llegue a ser una sociedad resiliente frente al cambio climático plenamente adaptada a los efectos inevitables de este.
Otra parte clave del trabajo de la UE hacia la neutralidad climática es el denominado paquete de medidas «Objetivo 55». Se trata de un conjunto de propuestas de revisión de la legislación vigente y de nuevas iniciativas; es el plan principal de la UE para convertir los objetivos climáticos en legislación de la UE.
El paquete incluye normas sobre:
- energía,
- transporte,
- comercio de derechos de emisión y reducciones,
- uso de la tierra y silvicultura.
En junio de 2022, los países de la UE acordaron una posición del Consejo sobre la mayoría de las propuestas del paquete de medidas «Objetivo 55». Actualmente se están llevando a cabo negociaciones con el Parlamento Europeo sobre estas propuestas.
Financiación de la transición climática de la UE
El cambio hacia una economía respetuosa con el clima requerirá importantes inversiones públicas y privadas.
Los países de la UE se han comprometido a destinar el 30 % del presupuesto a largo plazo de la UE para 2021-2027 y Next Generation EU a proyectos relacionados con el clima.
Para garantizar que la transición climática sea justa, la UE ha introducido un mecanismo de transición justa que pretende proporcionar apoyo financiero y técnico a las regiones más afectadas por la transición hacia una economía baja en carbono. A tal fin, se movilizarán hasta 90 000 millones de euros. El 30% del gasto total de la UE se destinará a proyectos relacionados con el clima hasta 2027
Configuración de la acción mundial
Los esfuerzos de la UE en la lucha contra el cambio climático están en consonancia con el compromiso asumido por la UE y los Estados miembros en el marco del Acuerdo de París, firmado en 2015. Los países de la UE apoyan una gran ambición en la aplicación de este acuerdo internacional y animan a los socios mundiales, tanto en los foros internacionales como en las relaciones bilaterales, a que aceleren las medidas para limitar el calentamiento global.
La UE, junto con sus Estados miembros, es el mayor proveedor de financiación para la lucha contra el cambio climático del mundo. Los fondos que proporciona sustentan proyectos y actividades relacionados con el cambio climático en los países en desarrollo para facilitar su transición ecológica y hacer frente a los efectos adversos del cambio climático.
¿Por qué es necesaria la transición ecológica?
Los últimos informes científicos muestran cambios sin precedentes en el clima mundial. El calentamiento mundial está provocando cambios cada vez mayores, y en algunos casos irreversibles, en los modelos de precipitaciones, los océanos y los vientos en todas las regiones del mundo.
El aumento de las temperaturas y la intensificación de los fenómenos meteorológicos se traduce en enormes costes para la economía de la UE e incide en la capacidad de los países de producir alimentos.
Algunos datos:
- los eventos relacionados con el clima en los últimos 40 años han provocado más de 487 000 millones de euros en pérdidas financieras en la UE.
- entre 1980 y 2020, más de 138 000 personas perdieron la vida en la UE por culpa de fenómenos meteorológicos y climáticos extremos.
- el coste económico de las inundaciones fluviales en Europa supera de media los 5 000 millones de euros anuales.
- los incendios forestales causan unos 2 000 millones de euros de perjuicios económicos cada año.
Europa marca el rumbo y está tomando acciones múltiples y efectivas.
No hay dudas que este modelo se pueda copiar adaptando cada región según sus potencialidades y fortalezas comparativas.
América del Sur tiene enormes potencialidades de sumarse a los nuevos escenarios, proveyendo tanto para si mismo como para el mundo, de un sinnúmero de combustibles y soluciones, que requieren la transición energética y ecológica.
Una oportunidad que no tenemos que desaprovechar, decisiones que no podemos postergar.