Hace unos días encontré un interesante artículo sobre las condiciones necesarias para desarrollar el liderazgo fuera y dentro de las organizaciones en este mundo de cambios exponenciales.
Si bien este tema ya fue abordado hace casi una década atrás, adquirió mayor relevancia en el entorno de la pandemia. A partir de esa lectura busqué material suficiente como para intentar encontrar las concordancias, discordancias y elementos a tener en cuenta para abordar este tema desde varias perspectivas.
Existe la empresa líquida, tiempos líquidos o sociedad líquida. Entonces, ¿a qué se refiere este término? Siendo muy simplistas, se trataría de entender que vivimos en un mundo que exige fluidez para adaptarnos a un entorno que cambia con suma rapidez. Atrás quedaron las organizaciones estables y “sólidas” propias de otro siglo.
El sociólogo Zygmunt Bauman acuñó el término de mundo líquido para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos.
Según Bauman están haciendo agua desde los Estados a las familias, pasando por los partidos políticos, Gobiernos que ya no mandan, los puestos de trabajo que antes nos daban seguridad y que ahora no sabemos si durarán hasta mañana.
El mundo está inmerso en lo que se ha venido a llamar la cuarta revolución industrial y en una disrupción tecnológica que junto con indudables avances también está produciendo intensos desafíos de todo tipo: sociales, económicos y, por supuesto, personales. Vivimos en un entorno VUCA, que, traducidos al español, se refieren a entornos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos.
La mayoría de los expertos en desarrollo de capital humano coinciden en que hay que entrenarnos como líderes líquidos para surfear las olas dentro de mundos líquidos.
¿Qué cuestiones son claves para asumir un rol de líder líquido?
ADAPTABILIDAD
Los cambios aparecen cada vez con mayor rapidez con un entorno profesional en constante movimiento. Un día estás trabajando en la oficina y al siguiente puedes pasar un año trabajando desde casa. Los líderes líquidos sufren menos estos reveses típicos de los entornos VUCA. En lugar de aferrarse a lo establecido o bloquearse ante lo nuevo, el líder líquido rápidamente busca soluciones.
Fomentar equipos que buscan constantemente cómo mejorar aquello que existe predefinido en la organización. Por tanto, es recomendable rodearse de personas que no se marcan límites y “piensan fuera de la caja”. Tener este tipo de equipos requieren de líderes capaces de no sentirse cuestionados por alterar lo que está establecido. No es otra cosa que aceptar nuestra vulnerabilidad. Los modelos de organizaciones actuales requieren de líderes que sean capaces de aceptar que no son perfectos y no lo pueden controlar todo.
Los resultados cuando se fomentan entornos colaborativos son, por lo general, brillantes pues se basan en ese pilar tan importante como es la inteligencia colectiva.
INTELIGENCIA EMOCIONAL
Como en cualquier crisis, las personas navegan por un sinfín de emociones y la pandemia no ha hecho más que mostrárnoslo de una forma más clara. Desde la negación inicial al no creerse que había llegado hasta nuestro país, la rabia posterior por las decisiones que nos iban afectando, la tristeza de perder personas, cosas y libertades que eran importantes para nosotros y finalmente el miedo a lo que podía ocurrir.
Un líder líquido es consciente de ello porque reconoce en sí mismo, y en los demás, todas esas emociones sin disfrazarlas. Dedica tiempo a preguntar ¿cómo estás tú? y ¿cómo están tus seres queridos?. Sin inteligencia emocional, difícilmente se consiguen objetivos. Básicamente porque las personas, en plena crisis, están luchando, huyendo o bloqueados. Así es la respuesta innata del estrés.
Si quieres una acción que retenga el talento, un líder líquido debe cuidar emocionalmente su equipo.
RESILIENCIA
Una vez que se reconocen y regulan las emociones, podemos plantearnos qué respuesta vamos a dar a este entorno cambiante. La mayoría de las personas se queda en modo “supervivencia” esperando que la tormenta pase y todo vuelva a la normalidad.
No somos ni superhéroes o superheroínas ni máquinas. Lo que nos diferencian de ellos son las emociones. Muchos líderes olvidan esto en las crisis. Cuando caen los resultados, se olvidan de la humanidad. Siempre he afirmado que las personas no olvidan cómo les tratan en los malos momentos y abandonan el barco cuando las aguas se calman.
Un líder líquido acepta los cambios. La aceptación es reconocer que se pierden cosas importantes para nosotros. No minimiza lo que suponen los cambios, sino que se transforma con ellos.
En lo personal y dada mi experiencia profesional yo agregaría una cuarta cualidad necesaria.
COHERENCIA
Generar confianza aún en ambientes que no ofrecen puntos de referencia, nos pide al menos que mantengamos con nosotros, aquellos valores que puestos en pensamientos, palabras y acciones nos muestren gestionando desde el sentido común, y la fidelidad a acuerdos básicos de convivencia y respeto mutuo.
Solidez en lo líquido
Parece paradójico, pero incluso en entornos tremendamente cambiantes es posible desarrollar fundamentos sólidos. No es sencillo, porque hoy todo cambia continuamente, nada parece permanecer, todo se basa en adquirir para usar y tirar para poder volver a adquirir lo último, lo nuevo, hasta que llegue algo más nuevo… En este panorama lo consistente tiene una ardua batalla que librar para sobrevivir.
Ante esta tesitura y, siguiendo las propias palabras de Zygmunt Bauman, la clave para lograr el equilibrio en una vida líquida: “sostener ligeramente lo que se vaya presentando y soltarlo con elegancia, o lo que es lo mismo, fluir elegantemente con la vida”.
“El contrasentido del cambio es que, precisamente, tanto cambio inconsistente está generando una resistencia generalizada al cambio, un no cambio o un cambio ineficaz o insostenible.”
En un mundo que está viviendo la esquizofrenia permanente del cambio, si este no se gestiona con consistencia, de la incertidumbre pasamos al miedo y de este a la paralización, la huida o el enfrentamiento continuo.
Por eso estamos tan necesitados de verdaderos líderes que sean capaces de afrontar sin miedo la vulnerabilidad del mundo líquido que vivimos.
Necesitamos líderes consistentes. Un nuevo líder consciente en un mundo líquido. La consistencia de un líder da lugar a su credibilidad, y esta es la que genera la confianza para que otros se movilicen en torno a él, en búsqueda de consejo, de inspiración, de luz, de opinión, de compañía para hacer el camino. La confianza se gana a través del ejemplo.
Estos líderes consistentes y conscientes, además de las cuestiones clave que vimos en el punto anterior, requieren ejecutar acciones tales como:
- Fijar objetivos y planes futuros claros, transparentes, viables, inclusivos
No se trata sólo de evocar visiones, sino de que estas sean convincentes; que las personas vean que se pueden hacer tangibles, porque se les ha explicado con claridad cómo hacerlo o las posibilidades para ello, y qué papel tienen cada uno en esa misión. Además, para fijar esa visión, así como el objetivo y los planes para lograrla, se ha tenido en cuenta a todos, a las diferentes voces y culturas de la organización.
- Eliminar lo superfluo.
Lo que suponga agravios comparativos, los excesos, lo innecesario se elimina. Hay que centrarse en lo importante, lo relevante, lo que verdaderamente aporta valor para todos y para la consecución de la meta común. No permitir tratos de favor, privilegios, despilfarros, apropiaciones indebidas de recursos, logros o méritos, actuaciones interesadas que solo benefician a uno y perjudican a otros, manipulaciones, falsificaciones, abusos de poder, discriminaciones, chismes, rumores. Todo ello es una fuente de contaminación emocional y ética que acaba destruyendo cualquier proyecto en común.
- Afrontar de forma abierta, transparente, valiente e inclusiva los problemas.
Afrontar los problemas, aunque sean difíciles y teniendo en cuenta a todas las partes implicadas. No mirar para otro lado, esperar a que pasen, a que otros los solucionen, a que se olviden. Ser firme en la exigencia de responsabilidades y compromisos, no tolerar los comportamientos no éticos, dañinos, que vayan en contra de los valores y compromisos asumidos.
- Tomar decisiones que no sean contradictorias.
Comportarse de acuerdo a las decisiones tomadas y a las promesas realizadas, tanto explícitas como tácitas. No generar expectativas que no se pueden cumplir. Alinear las decisiones con la meta y con los valores. Reflexionar constantemente sobre los resultados, efectos, y consecuencias de nuestras decisiones para someterlas al juicio de la consistencia y aprender a mantenernos en él.
- Ejemplificar
En cada palabra, en cada mensaje, en cada acción, en cada gesto, en cada símbolo los valores que se predican. Alinear la meta con las acciones que se proponen para conseguirla.
Ser claro e inequívoco en lo que se dice, verbal y no verbalmente, no tergiversar, ocultar, insinuar, edulcorar; todo ello generar confusión y conflicto.
- Tener en cuenta las diferentes sensibilidades, opiniones, ideas, enfoques
Escuchar, observar, dialogar. Permitir que todos puedan expresarse, con respeto y claridad, interesarse por su punto de vista, tenerlo en cuenta; lo cual no significa ni compartirlo ni ajustarse a él, pero sí incluirlo en la toma de decisiones de forma razonada y congruente.
- Acompañar y desarrollar la consistencia prestando el apoyo necesario a otros para que comiencen a practicarla
y para que se mantengan en el camino de lograrla. Esto requiere de alta dosis de motivación, empatía, autorregulación emocional, paciencia y comprensión. Ser consistente es un arduo camino de esfuerzos y tiempo, quien comienza esta aventura será acechado por numerosas tentaciones, sombras, dudas, insatisfacciones, recaídas. Estar ahí para recordar que no está solo, que puede seguir adelante, que existen muchos caminos para lograrlo, que comprendemos la dificultad pero que estamos ahí para ayudarle a superarla, es otra forma más de ser consistente.
Más allá de todas estas recomendaciones existe una cuestión central a tener en cuenta, que es que las organizaciones humanas o empresarias tienen un ADN y culturas que las hacen únicas, por lo que exigen una adaptación de los modelos, que también tendrá que ver con cuan volátiles o estables sean los ecosistemas en los cuales se desenvuelvan. No todas las recomendaciones son aplicables o desechables y también hay que tener en cuenta esto a la hora de generar los cambios de liderazgo que pretendan hacer más sustentable una organización.
Evaluar una empresa como un hecho aislado, sin considerar el cúmulo completo de redes y relaciones en las cuales opera, puede ser un error que agregue problemas y no soluciones consistentes.
Para finalizar les dejo una reflexión de Ronald C. Stern que nos invita a pensar:
“Ahora vivimos ya en la sociedad del conocimiento y hemos cambiado del estado sólido al líquido, donde cada cosa está en cualquier sitio. No existe ya un enfoque vertical para el liderazgo, la jerarquía debe estar al mínimo porque necesitamos un enfoque horizontal paralelo. El liderazgo real es horizontal porque la mentalidad del líder debe ser tratar con voluntarios”.