Las hojas de algunos árboles empiezan a tornarse amarillentas, con menos vigor. Se están despidiendo hasta la próxima primavera, donde volverán para vestir de gala a los árboles. El otoño sobrevino casi en coincidencia con la fecha que por calendario marca su inicio. Viento, lluvia, grises claros y oscuros tomaron protagonismo, para ir generando escenarios ya repetidos, aunque cada uno de ellos único e irrepetible. Menos radiación solar provoca descensos de temperaturas, que acompañadas por el desplazamiento de los centros anticiclónicos que impulsan el aire desde latitudes más frías, son una garantía de que nos vamos indefectiblemente con rumbo al invierno.
Todo ser humano, habitante de estas latitudes vivirá en promedio poco más de trescientos cambios de estación, que incluyen al menos unas setenta y cinco primaveras. La estación de la esperanza, del amor, de los poetas y las flores tiene como contrapartida al otoño, que deriva del latín “autumnus” que significa que «llega la plenitud del año», concepto que se deriva de observar que la vegetación ya está al final de su ciclo. En el mundo animal, es la época donde se estos se preparan, con la recolección de comida y creaciones de refugio, para hibernar. La palabra otoño también hace referencia a la segunda hierba o heno que producen los prados en la estación. El término “otoñada” pretende significar a una abundancia de la tierra, ya que la estación es la época de cosechas y recolección de algunos productos como el maíz y los pastos tienen una mayor fertilidad.
El desarrollo tecnológico sumado a la vida dentro o en cercanías de grandes ciudades, nos privan de disfrutar de las exquisitas transformaciones que se producen durante cada mutación de ciclo estacional. Hemos perdido referencia y amortiguado el impacto de cada estación en nuestro devenir diario, provocando un desajuste creciente del ser humano con su entorno natural. Ambientes cálidos en invierno y muy frescos a fríos en verano, son cada vez más comunes, siguiendo las fluctuaciones crecientes del calentamiento global, que tornan extremas las condiciones para la vida en nuestro planeta.
«Se podría decir que de alguna manera hemos perdido parte del respeto que nuestros ancestros tenían por la madre naturaleza, provocando impactos que necesitamos forzosamente corregir, para equilibrar nuevamente nuestro planeta».
El respeto es un valor que con el tiempo ha ido mutando, perdiendo y ganando vigor en nuestras relaciones personales, en vinculación con nuestro entorno y con nosotros mismos. La idea de respeto ha ido variando de generación en generación, cobijado en la cuna de nuestras culturas y de cómo hacemos las cosas en cada ámbito particular de nuestras vidas. Las creencias de cada momento y etapa histórica, afectan lo que apreciamos (le damos valor), lo que depreciamos (le restamos valor) o despreciamos (no le damos valor y lo combatimos o apartamos). El respeto, más allá de cualquier contingencia ha sido la llave maestra para el entendimiento mutuo, la concordancia y la convivencia entre nosotros, con nuestro medio natural o casa que cohabitamos.
Hemos acuñado frases típicas para declarar abiertamente el valor fundamental del respeto, pero al mismo tiempo tantas veces las hemos contravenido con acciones posteriores en donde se verifican que no existe la coherencia entre lo que pensamos decimos y hacemos.
Ingresando al concepto en sí mismo, el respeto (del latín respectus, “atención o consideración”) es la consideración y valoración especial ante alguien y algo, al que se le reconoce valor social o especial deferencia.
También es uno de los valores fundamentales que el ser humano debe tener siempre presente a la hora de interactuar con personas de su entorno. Muchas formas de respeto se basan en la relación de reciprocidad, respeto mutuo y reconocimiento mutuo. Sin embargo, en lo que se refiere al respeto de las personas hacia objetos, costumbres, religiones, culturas, ideologías e instituciones sociales, se fundamentan en otras consideraciones diferentes de la reciprocidad.
De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), entre otros significados, el respeto está relacionado con la veneración o el acatamiento que se hace a alguien por cortesía, e incluye miramiento, consideración y deferencia. La noción de respeto desde ese punto de vista está asociada a una concepción bastante antigua, que involucraba saludos, protocolos y formas de proceder.
Tradicionalmente se considera que las muestras de respeto están relacionadas con cuestiones morales y éticas, aunque en algunos casos tienen que ver con cuestiones más bien legales o reglamentarias. El término respeto aparece en diversas disciplinas como la filosofía política y otras ciencias sociales como la antropología, la sociología y la psicología.
El respeto en las relaciones interpersonales comienza en el individuo, en el reconocimiento del mismo como entidad única, que necesita y quiere comprender al otro. Consiste en saber valorar los intereses propios y ajenos.
El respeto también puede considerarse como punto medio entre dos extremos: por exceso y por defecto.
Por defecto: el miedo, tanto a las personas que le rodean como a objetos o situaciones que afronta el individuo, llevándole a situaciones de imposibilidad a realizar determinados proyectos o metas, como por ejemplo en el caso de los complejos de inferioridad.
Por exceso: el abuso o desmedida de los límites preestablecidos para un correcto orden y trato de las personas o situaciones de cada individuo, lo que lleva a conflictos con los otros como también la imposición de límites o normas a fin de superar la crisis del abuso y restablecer el orden de los derechos de cada individuo.
Usamos la palabra respeto en frases hechas tales como:
- Se merece todo nuestro respeto
- Esto es una falta de respeto
- Hay que respetar el derecho de los demás
- Respeto por las minorías
- Respeto por los derechos
- Respeto por los niños
- Respeto por la mujer
- Respeto por los ancianos
La lista podría continuar de modo tal de abarcar un sinnúmero de grupos de personas, conceptos y cuestiones que necesitamos poner en valor. El respeto sirve para poner límites sobre los intereses de unos y otros, equilibrando las diferencias de poder e influencia.
Más allá de todo eso, si sólo contempláramos la noción del respeto por el otro como un auténtico otro, respetando y valga la redundancia sólo esa premisa esencial, quizás la lista podrís reducirse de manera drástica. Eso implica aceptarnos con nuestras igualdades y diferencias, propendiendo a la valoración de los acuerdos, los consensos, los disensos y las complementariedades. Eso incluye aprender a hablar, escuchar, y no imponer ideas por el poder o el uso de la fuerza.
Ámbitos del respeto
Respeto al prójimo. Consiste en comprender y aceptar a los demás individuos, tanto su forma de ser como sus opiniones, creencias y actitudes. El respeto al prójimo debe darse entre todas las personas y es una de las bases que garantiza la convivencia y la armonía social.
Respeto por las normas sociales. Consiste en conocer, aceptar y cumplir las normas que rigen en una determinada sociedad. Estas normas se formulan para mantener el bien común y se basan en valores como la tolerancia, la amabilidad y la solidaridad. El no cumplimiento de las normas sociales no suele ser motivo de sanción, aunque en muchos casos puede acarrear una sanción social.
Respeto por las leyes. Consiste en conocer, aceptar y respetar las leyes dictadas por el organismo competente de un determinado territorio. Las leyes están presentes en muchos ámbitos de desarrollo del individuo y se formulan para que se respeten los derechos y deberes, y para garantizar la paz social.
Respeto a la autoridad. Consiste en aceptar y respetar a determinadas figuras de autoridad que se desempeñan en la organización de una sociedad, siendo alguno de ellos elegidos como tales. Podemos hablar de autoridades políticas, educativas, empresarias y en un nivel más íntimo la autoridad de los padres. Esto no implica perder la capacidad crítica, ni de reclamo o petición a las autoridades, que es el basamento de los sistemas democráticos, sino todo lo contrario.
Respeto a los símbolos patrios. Consiste en conocer, aceptar y respetar los símbolos que representan a una determinada nación o territorio. Los símbolos patrios son el reflejo de los valores principales de una nación. Algunos de los símbolos patrios más representativos son la bandera, el himno y el escudo.
Respeto a las costumbres y tradiciones. Consiste en aceptar y respetar las tradiciones, costumbres y creencias de un determinado pueblo o territorio. Las tradiciones de un grupo son el reflejo de su historia y de su forma de entender el mundo, por lo que son una creación humana que debe ser aceptada y tolerada.
Respeto por la naturaleza. Consiste en respetar los espacios naturales y a todos los individuos que viven en los distintos ecosistemas. El respeto por el medio ambiente es fundamental para mantener la vida en el planeta Tierra.
Respeto por las creencias. Consiste en aceptar y respetar las creencias o religiones de todos los individuos. Al ser la persona un ser libre, tiene la capacidad de elegir sus propios ritos y manifestaciones espirituales (siempre y cuando no perjudiquen la integridad de terceros) y estas deben ser toleradas.
Respeto a la diversidad. Consiste en aceptar y tolerar las diferentes creencias, sexualidades, opiniones, ideas, puntos de vista, actitudes, gustos, elecciones o acciones, aunque difieran de las propias. Así, el ser humano es capaz de ejercer libertades como la libertad de expresión, de elección, de culto, entre otras.
Respeto por la vida. Consiste en aceptar y respetar la vida ajena e implica no poner en riesgo, bajo ninguna circunstancia, la integridad física o psicológica de los demás individuos.
Es una cualidad que se espera que guíe las actitudes y los comportamientos de todos los individuos, para generar entornos cordiales y amables en los que se respeten los derechos y las diferencias. El respeto como valor tiene diversas manifestaciones y es la base de estructuras como la ley, las religiones y las normas sociales y morales, que guían el comportamiento de los individuos en los entornos sociales.
Fomentar el respeto es fundamental para la construcción de sociedades armoniosas y plurales. Una sociedad basada en el respeto es una sociedad con riqueza, en la que conviven distintas creencias, cultos, elecciones, y en la que existe tolerancia hacia todas las manifestaciones del ser humano. El respeto debe ser inculcado desde la primera infancia, en entornos como la familia y la escuela.
Por otra parte, se conoce como “falta de respeto” a aquellas actitudes o comportamientos que atentan contra algo o alguien. Se designa con el término “irrespetuoso/a” a aquella persona que falta el respeto a otra u otros. Al faltar el respeto se actúa con intolerancia o se trata de forma descortés o se vulneran los derechos de otros individuos.
El respeto y la tolerancia son conceptos estrechamente vinculados. Se conoce como tolerancia a la virtud por la que un individuo acepta y comprende las ideas, opiniones o formas ajenas, a pesar de no estar de acuerdo con ellas. Tolerar a otra persona implica respetarla, es decir, apaciguar las reacciones que su conducta o sus ideas puedan generar, permitirle su punto de vista y aceptar el posible disenso o la diferencia.
Los valores del respeto y la tolerancia son importantes en toda relación humana y en todos los ámbitos sociales. Sobre todo, es importante que se vean plasmados en ambientes polarizados o de confrontación social, política, religiosa o étnica, porque fomentan una convivencia más armónica entre personas que adhieren a códigos morales, sociales o espirituales distintos.
Una persona intolerante es aquella que no respeta formas de vida distintas a las personales y, en muchos casos, busca rechazarlas, discriminarlas y hasta eliminarlas.
El accionar desde el respeto es la clave para afrontar los desafíos que se nos vienen encima como tantas veces en nuestra historia. El respecto genera confianza y a partir de ella se generan lazos fuertes y duraderos que permiten construir nuevas y mejores realidades.
Para finalizar dos frases que nos invitan a pensar:
“El respeto es una calle de dos vías, si lo quieres recibir, lo tienes que dar”.
Y la última que pertenece a Mahatma Gandhi:
“No puedo concebir una mayor pérdida que la pérdida del respeto hacia uno mismo”.