¡ Las lágrimas de la guerra !

Durante el año 2011 tuve la oportunidad de recibir una auditora estadounidense, que trabajaba para una importante fábrica de jugos del país del norte de América. Kelly era una mujer de poco más de cincuenta años, de ascendencia inglesa y practicante protestante.  Su trabajo en aquella época consistía en validar las plantas de proceso de jugo de manzana y pera de esta región austral (Argentina y Chile) para que se puedan transformar en proveedoras de sus fábricas en Estados Unidos. Vino en compañía de una auditora más joven, a la cual ella estaba entrenando.

Los resultados de la auditoría fueron buenos, de hecho, nos transformamos en sus proveedores casi un mes después. Fueron tres días de arduo trabajo e intercambio de información de calidad, producción, logística, mantenimiento, además de datos impositivos y contables. Finalizada la jornada de trabajo intensa invitábamos a Kelly y su novel compañera a concurrir junto a algunas personas del equipo a llevar a cabo una especie de after office en algún café-bar de Neuquén, ciudad en la que ellas estaban albergadas.

Kelly además de auditora senior, tenía estudios de filosofía, por lo que no sólo se interesaba por las cuestiones técnicas, sino asimismo por temas sociales y culturales. En lo personal tengo inquietudes similares, por lo que durante estas reuniones fuera de hora, sosteníamos con Kelly charlas distendidas, donde intercambiábamos opiniones sobre temas diversos, tales como desarrollo, educación, economía, y evolución de la humanidad.

En uno de esas amenas conversaciones, le pregunté cuál era su opinión respecto de la situación mundial después del año 2001, luego de los atentados a las torres gemelas, sobre como veía ella la posición de su país dentro de este nuevo escenario de terrorismo y guerras a pequeña escala. Kelly, suspiró mientras buscaba las palabras en su interior, y me contestó amablemente dándome una visión bastante particular que la verdad no me esperaba.

Ella hizo una autocrítica bastante profunda de la política de su país, a partir del año 2001. No estaba de acuerdo con el rumbo tomado, ya que según su óptica ese camino, tarde o temprano, derivaría en grandes problemas. Sostenía que Estados Unidos debía transformarse en un faro de la paz y no de la guerra, rompiendo los viejos paradigmas de intervención en otras urbes del planeta, esgrimiendo solo para ello argumentos grises y rebatibles, tales como la defensa de la libertad, los valores occidentales y la democracia, dejando siempre un halo de duda sobre las verdaderas motivaciones para llevarlas a cabo. Opinaba, asimismo, que la revolución tecnológica era irrefrenable y traería grandes beneficios, por un lado, y por el otro, el perjuicio más grande sería el impacto sobre la naturaleza y el ambiente, donde ella no vislumbraba una firme decisión de sostener una política para mitigar los impactos.  Más allá de esto que eran cuestiones si se quiere internas de su propio país, hizo tremendo hincapié sobre la evolución de los sistemas políticos de convivencia humanos, y la desorganización sobre temas centrales tales como la pobreza, el hambre, el acceso al agua potable, entre otros. Respecto de los sistemas de convivencia, creía que era hora de eliminar el sistema de veto dentro de la ONU, que sólo cinco países (los productores más grandes de armas) tenían como garantía de la paz. Ella creía firmemente que el derecho a la Paz era el primero de los derechos humanos, por encima de todos, y que dejarlo en manos de un sistema que no había funcionado para evitar la guerra en reiteradas oportunidades, era una prueba cabal de que había que cambiarlo. Según sus palabras, el poder, los recursos y las ambiciones ilegítimas, le ganaban con creces al ideal de una convivencia más armoniosa y próspera, imposibilitando trabajar para erradicar la pobreza, el hambre y otros problemas apremiantes.

Kelly era una americana estadounidense que bregaba por la Paz y el desarrollo, dejando de lado los viejos rencores y deseos de poder, vale decir nuestra vetusta manera de pensar, impulsando un nuevo modelo de convivencia.

Un poco más de diez años después, los pensamientos de Kelly adquieren una relevancia muy especial. Rusia, uno de los cinco países garantes de la paz, en el consejo de seguridad de la ONU, esgrimiendo argumentos geopolíticos ya ajados de tanto uso, invade y pretende tomar a uno los países que otrora formara parte del conjunto de países soviéticos. Ucrania se defiende como puede, mientras Europa y el resto de la comunidad internacional aplica sanciones que pueden sonar sólo a tibiezas por el momento.

Las imágenes desgarradoras de bombardeos con misiles a la población civil, de tanques repartiendo proyectiles a doquier, provocando destrucción y muerte, invaden los noticiarios, mientras los ciudadanos huyen hacia Polonia u otros países fronterizos. Esta guerra en un suelo próximo a Europa nos trae de vuelta episodios que creíamos desusados desde la segunda gran guerra. Una confrontación en la era de las comunicaciones globales está siendo transmitida minuto a minuto, permitiéndonos conocer el grado de  dramatismo y desolación, mostrando la crudeza y el impacto sobre las personas comunes, las que ambicionan una vida sin grandes excesos, aquellas que se aferran a los afectos y la posibilidad de trabajar en una comunidad en paz. Hogares destrozados, familias separadas, niños con su inocencia perdida y el miedo a flor de piel, son estocadas profundas y certeras sobre nuestra condición humana.

No hay consenso común en todos los continentes para condenar la invasión y eso nos demuestra una vez más, que aún perduran en muchos liderazgos políticos pensamientos poco firmes frente a la violencia y la agresión, decisiones atadas a compromisos comerciales y económicos, que pesan más que la decisión de optar por «la Paz«.

Las consecuencias de una guerra que puede expandirse a otros países cercanos a Ucrania, incluyendo Europa misma, son impredecibles en su magnitud y calamidad. El virus del covid aún no cesó en su actividad y ahora se suma otro agente de destrucción y muerte, esta vez bajo la «actividad promotora de mentes desequilibradas».

La situación es sin lugar a dudas un retroceso hacia modalidades que el mundo creía perimidas, una invasión dentro del mismo seno de las fronteras de Europa, semejando las invasiones del ejército alemán durante la segunda guerra mundial.

El mundo requiere de decisiones urgentes y mancomunadas en torno al resguardo de la Paz, en este y todos los conflictos que se desarrollan en la faz de la tierra, haciendo foco para trabajar en otros problemas acuciantes como el calentamiento global, la pobreza y las desigualdades de acceso a la salud, la educación y condiciones estructurales de vida mínimas para todos sus habitantes.

Las guerras no son gestadas, dirigidas ni orquestadas por los ciudadanos comunes que pretenden prosperar y vivir en paz, sino por liderazgos ciegos y omnipotentes que vacíos de ideas, pretenden imponer condiciones apoyados en el poder de los armamentos y la maquinaria militar.

En este, como en todos los conflictos a lo largo de la historia, el sufrimiento del ser humano es lo único realmente palpable y concreto, dejando huellas y tristeza sobre varias generaciones. No existen razones válidas para matar, ni para justificar las vilezas de una guerra.

El sueño de Kelly y el de muchos seres humanos sensibles y empáticos, vuelve a transformarse en una pesadilla plena de tristeza, desolación y lágrimas.

Una vez más el mundo entra en una espiral de violencia sin fin, impulsada por líderes poco iluminados, enceguecidos y plenos de intereses deshumanizados, provocando que se apaguen las luces de la esperanza.

La condena mundial sobre la guerra tiene que ser unívoca, potente y sin eufemismos ni vacilaciones.

Les dejo esta genial propuesta de un filósofo que ya el pleno siglo XVIII nos traía:

Más de doscientos años después el pensamiento de Immanuel aún no encontró el eco adecuado para reverberar.

Las luces de Kiev se van apagando, mientras las personas corren a refugiarse de los bombardeos.

La anhelada paz, nuevamente queda herida de muerte….

«Las lágrimas de la guerra se agotan en los ojos de los que sufren …..«

La guerra que unos pocos quieren devora con su fuego la voluntad de los muchos que quieren la paz…..

Un retroceso general que resulta por lejos inadmisible.

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