Distinguir para no extinguir !

La maravilla del lenguaje es que nos permite relatar hechos, circunstancias, dentro del mundo descriptivo, mientras que al mismo tiempo la interpretación que hacemos de esos acontecimientos a través de nuestros juicios o valoraciones, nos abre o nos cierra oportunidades.

Nuestros juicios por lo general se enmarcan dentro de estructuras mentales o paradigmas firmemente arraigados, preconceptos donde nuestra conciencia tiene poca cabida.

Es por ello que aprender a discernir dentro de un mecanismo de distinción, ejercitando nuevas interpretaciones, dejando de lado nuestros juicios automatizados nos brinda grandes posibilidades de construir, en un terreno donde si nos guiáramos por nuestros viejos lentes no habría nada o muy poco por hacer.

Por eso el lenguaje edificado en base a conceptos y palabras, es la herramienta ideal para distinguir, diferenciar o darle otro valor a lo que está sucediendo.

Las palabras no son tímidas o apocadas, nos permiten construir o rehacer nuevas realidades en función de poder resignificar la imagen que ellas mismas nos provocan en nuestro cuerpo y en nuestras emociones, motivándonos para accionar y transformar lo que nos toca vivir.

Dentro de los aprendizajes que brinda la disciplina del coaching y en especial la del coaching ontológico, es posible encontrar la del desarrollo de una nueva habilidad para distinguir.

Las distinciones de la ontología del lenguaje son herramientas valiosas tanto para el desarrollo personal como para el de organizaciones que buscan una mirada constructiva.

Les propongo ahora que juguemos al juego llamado “No es lo mismo”.

Oír / Escuchar

Oír es el acto fisiológico de procesar la información que viaja en las ondas sonoras. Sin embargo, escuchar requiere un procesamiento e interpretación de esa información sonora. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado nosotros mismos u otra persona en una situación en la que sentimos a nuestro interlocutor distraído y le preguntamos «me estás escuchando»? ¿Y cuántas veces este interlocutor repite palabra por palabra lo que le hemos dicho? En este caso, ¿nos ha oído o nos ha escuchado? Está claro que su aparato auditivo ha procesado las palabras que hemos dicho puesto que nos las ha devuelto como un eco, pero ¿las ha interpretado? La respuesta es no, la repetición literal no conlleva que hayamos interpretado. Tantas veces hemos sido nosotros los que hemos sido mero repetidores de un mensaje, el cual al no haber sido interpretado ha provocado errores o acciones no previstas.

Podemos hacer un ejercicio de decir una palabra y que los presentes la dibujen. En el caso de la palabra “banco” al oírla escribiríamos la palabra banco, sin embargo, al escuchar interpretamos lo que el emisor nos quiere comunicar y obtenemos dibujos de bancos de peces, bancos para sentarse, bancos de trabajo o de los bancos que guardan el dinero…

El acto de oír es algo involuntario, no le puedes decir a tus orejas que no oigan. Sin embargo, sí disponemos de mecanismos para dejar de escuchar y luego cuando no escuchamos se rompe la comunicación.

“No quiero escuchar únicamente lo que dices. Quiero sentir lo que quieres decir.” (Hugh Prather)

La acción de escuchar requiere de una interpretación por nuestra parte. Cada uno de nosotros realiza su propia interpretación puesto que percibimos cosas distintas y somos observadores diferentes. Es, por tanto, que para una escucha efectiva es necesario usar mecanismos que nos permitan comprobar que nuestras interpretaciones se acercan a la realidad y no producen un quiebre en la comunicación. Con el uso de medios digitales y escritos, se producen muchos problemas de comunicación al hacer interpretaciones incorrectas del tono de algunos de los mensajes escritos. Es por ello que la escucha requiere por lo general una reunión cara a cara, para poder interpretarnos mejor de manera mutua.

Fracaso / Error

Otra distinción interesante que podemos mencionar es la de error y fracaso. Es muy interesante la génesis de esta diferenciación, dado que, el uso de fracaso suele marcar el final del camino, frente al error que nos permite nuevas oportunidades e intentos.

“Un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero que no es capaz de convertirlo en experiencia”. (Elbert Hubbard)

Una herramienta de diseño ágil puede ser definida como la inspección y adaptación permanentes para mejorar los productos y servicios que ponemos en manos de los clientes. Trabajamos con los errores y aprendemos de ellos. Esto no quiere decir que busquemos el error, sino que nos valemos de ellos para transformarlos en una oportunidad. El secreto está en reducir la incertidumbre aplicando iteraciones cortas para que estos posibles errores tengan bajo impacto.

“No he fracasado 999 veces. Simplemente he encontrado 999 formas de no crear una bombilla”. (Thomas Alva Edison)

Si consideramos fracaso cada uno de estos errores en lugar de oportunidades de aprendizaje nos resulta muy complicado reponernos de ellos. El fracaso parece estar escrito con letras mayúsculas y nos lleva a un espacio sin retorno, como si hubiera una única solución o una única oportunidad y hemos errado en el único intento. Si sólo había una única opción, no hay capacidad de recuperación, de superación o enmienda. Es ahí donde nos suele llevar el fracaso y es por eso que preferimos las pequeñas salidas a producción frente a los grandes «big bang«. Es más fácil sentir fracaso ante un evento concentrado y esperado en el tiempo, con mucha incertidumbre acumulada.

Juicios / Hechos

Los hechos son situaciones o comportamientos observables por cualquiera que se encuentre en esa situación, sin una “interpretación” o “valoración” de los mismos. Los juicios son percepciones o interpretaciones. Por lo tanto, la clave está esta en observar sin juzgar para poder solucionar objetivamente desde la razón y no desde la emoción. Poner conciencia ante un hecho nos abre un abanico inmenso de posibilidades de acción.

Obligación / Compromiso

Puede ser redefinido como «Tengo que» vs. «Quiero o necesito«. Una cuestión es hacer algo por obligación (y que aparece vinculado a frases como «tengo que» y otra por compromiso, que está ligado a frases como «quiero hacer esto». Este último es voluntario, y el primero tiene una connotación siempre negativa y de cansancio. Veamos la diferencia: «Tengo que estudiar para no reprobar» lo cual resulta en una obligación, a «Elijo estudiar para sacar buenas notas» , la cual se traduce en una elección voluntaria.

Exigencia / Excelencia

La exigencia supone exigirse a uno mismo unos resultados, la excelencia es prestar atención a las cosas para hacerlas lo mejor posible, utilizando nuestras mejores capacidades. La exigencia tiene que ver con el resultado mientras que la excelencia está ligada al proceso, por lo que en la excelencia raramente existe la frustración.

Culpabilidad / Responsabilidad

En este punto podemos asemejar estos conceptos a la diferenciación entre «víctima» o «responsable». La responsabilidad es hacerse consciente de cómo influye mi comportamiento en otros o en las cosas, supone saber cuál es el grado de responsabilidad que tengo en lo que ocurre, y asumir esa responsabilidad actuando en consecuencia. La culpabilidad muchas veces es un mecanismo de defensa para liberarnos de la tensión que supone asumir nuestra propia responsabilidad y así buscamos las causas de las cosas que nos pasan fuera de nosotros. Cuando uno adopta el «rol» de víctima, uno no asume ninguna responsabilidad por su comportamiento. La víctima pone el foco fuera de él, en las circunstancias o los comportamientos ajenos. Con esto no se quiere decir que las causas nunca puedan estar fuera, porque incluso, aunque sea así, ¿qué es lo que hacemos nosotros con lo que nos pasa? Cuando uno es «responsable» asume la responsabilidad que le toca. Esto tiene una consecuencia importantísima: una mayor habilidad para encontrar respuestas.

Queja / Reclamo

La queja es improductiva, mientras que reclamar algo, de la forma adecuada, siempre es productivo. Quejarse, para uno mismo y ante los otros, no resuelve nada, conlleva emociones negativas, acusaciones, resentimiento, enemistad, desconfianza, mal ambiente, falta de motivación y de compromiso. Sin embargo, reclamar de forma adecuada , en el contexto y lugar más idóneos, escuchando también las razones que pueda tener el otro, sin carga emocional y buscando la solución y el acuerdo, genera todo lo contrario.

Sincericidio / Sinceridad

Ser sincero no significa decir todo lo que uno piensa, sino no decir lo contrario de lo que se piensa. Hay circunstancias en que hacer ciertas declaraciones supone exponerse a unas consecuencias que son negativas para uno mismo o para los demás. Ser sincero es importante pues existe una relación estrecha entre la sinceridad de una persona y el nivel de confianza que se tiene en ella. Sin embargo, ser un «sincericida», supone muchas veces «exponerse» uno mismo o poner «en jaque» al otro, ir contra su identidad, traspasar los límites de la cordialidad y las buenas maneras, y poner al descubierto nuestra falta de empatía. Además, la sinceridad muchas veces está ligada a un juicio y, por tanto, al tipo de observador que somos.

Estado de Ánimo / Tendencia Emocional

Desde el punto de vista de la psicología, los estados de ánimo son transitorios, mientras que las tendencias emocionales son las formas habituales de responder emocionalmente. Todos experimentamos estados de ánimo y todos tenemos tendencias emocionales. Además, una tendencia emocional no es algo estático e irreversible. Saber distinguir entre lo que son estados de ánimo y tendencias emocionales es importante para manejar adecuadamente determinadas situaciones. No quedarse habitando una tendencia emocional negativa presupone no alcanzar finalmente un estado de ánimo permanente, del cual solo podamos salir con ayuda profesional. El ego juega un papel importante a la hora de esa decisión. Distinguir nuestro ego y poder aplacarlo nos lleva a salir de tendencias emocionales negativas.

Ser / Estar Siendo

Al igual que hemos comentado con los estados de ánimo y las tendencias emocionales, «ser» tiene más que ver con la identidad y tiene una connotación estable. Al contrario, «estar siendo» es un estado transitorio, que implica una forma de ser en un momento dado. Las personas nunca somos de una determinada forma inamovible, sino que las personas estamos siendo de una determinada forma en un momento dado. Esto implica que estamos en continua evolución y cambio, aunque a veces sin ser conscientes de ello. Apelar o hacer juicios sobre el «ser» es algo complejo, porque entra de lleno en el terreno de la identidad, y no favorece a nuestro cambio.

Ser / Hacer

Muy relacionada con la distinción anterior, una cosa es lo que uno «hace» y otra cosa es lo que uno «es». Y no es lo mismo hacer algo (o no hacerlo) en un momento dado que no tener la posibilidad de hacerlo nunca. El coaching se enfoca en trabajar en lo que uno «hace» o «puede hacer» (o no hacer) en cada momento, y que se vería reflejado en sus conductas, pensamientos y emociones, y no en lo que uno «es». Cuando tú «no haces» algo puedes tener la posibilidad de hacerlo en otro momento o contexto, mientras que cuando tú «no eres» no puedes elegir.

Tener / Ser

Una cuestión es lo que somos, y lo que valemos por lo que somos y lo que podemos llegar a ser, y otra muy distinta es nuestro valor por lo que tenemos o lo que conseguimos. El concepto de «ser» es intrínseco de cada persona, mientras que el concepto de tener es de carácter extrínseco y momentáneo.

Tolerancia / Aceptación

La tolerancia, según Maturana, es una negación suspendida temporalmente. Suele conllevar una confrontación diferida en el tiempo. Supone la no aceptación de la legitimidad que tiene el otro, tiene una connotación de indulgencia, pues permito algo, pero no lo apruebo. Sin embargo, la aceptación implica el reconocimiento de la misma legitimidad en el otro, aunque nos cueste entender, y no compartamos, como actúa, como piensa o como siente. La tolerancia por tanto sirve sólo en determinados contextos y no puede perdurar en el tiempo, mientras que el acepto o no acepto, nos pone en una dimensión más acabada.

Sufrimiento / Dolor

Buda dijo que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Muchas veces no podemos evitar el dolor, pero si podemos evitar el sufrimiento extra que añade nuestra mente, por su falta de ecuanimidad y visión clara, por sus apegos y sus aversiones, por su forma enquistada de reaccionar a lo doloroso. Uno no puede elegir lo que sucede, pero si qué hacer o qué no con eso que está sucediendo. El sufrimiento o no sufrimiento es una elección de ese tipo.

Vivir en la Escasez / Vivir en la Abundancia

No vivir en la abundancia no significa vivir en la escasez, es importante diferenciar entre ambas necesidades. Se puede vivir en la abundancia y no alcanzar el bienestar. De la misma manera, sin unas necesidades mínimas cubiertas también es difícil estar en bienestar y desarrollar las propias capacidades. La abundancia está más ligada al dar, asistir, colaborar, estar al servicio. La escasez, por el otro costado nos limita, nos encierra en la mezquindad y en la no posibilidad.

Deseo / Necesidad

No es lo mismo lo que «deseo» que lo que «necesito». El deseo es algo legítimo pero el objeto del deseo no tiene por qué ser una necesidad para la persona. Las necesidades suelen estar ligados a cuestiones que requiero para vivir, mientras que los deseos suelen estar más ligados a nuestras ansiedades.

Urgente / Importante

No todo lo que es urgente es importante, ni lo importante tiene que ser urgente. Si algo es importante y urgente entonces tiene prioridad total.

Conflicto / Diferencia

El que exista una diferencia puntual no significa que tenga que existir un conflicto, no significa que la relación con una persona esté expuesta o en peligro. En las relaciones humanas existen diferencias, pero no siempre conllevan conflictos o son callejones sin salida. Además, algunas diferencias no tienen por qué verse sólo desde el lado negativo, hay que saber ver su lado positivo. Si enmarcamos adecuadamente algo que vemos de distinta manera esto nos permite aprender y por lo tanto nos ayuda a crecer.

Problema / Reto

Un problema tiene una connotación negativa mientras que un reto la tiene positiva. El problema supone una amenaza mientras que el reto supone una oportunidad. Existen personas que ven los problemas como retos en lugar de amenazas, como oportunidades para demostrase a sí mismas su capacidad de hacer frente a esa situación. Y es que ver las cosas como un problema o como un reto siempre depende del tipo de observador que uno sea. Resulta más productivo transitar las situaciones difíciles como vitales, retos u oportunidades, y aprender del proceso de salir adelante.

Reacción / Respuesta

La respuesta implica control emocional o autocontrol, cierto nivel de consciencia. Sin embargo, la reacción es impulsiva, automática, no conlleva autocontrol ni consciencia. Muchas veces sólo estamos reaccionando en lugar de estar respondiendo.

Preocuparse / Ocuparse

Cuando nos preocupamos le damos vueltas a las cosas, anticipamos consecuencias negativas, buscamos soluciones que no nos satisfacen y vivimos en un estado de ansiedad. Una cosa es ocuparse de las cosas o de las personas, y otra muy distinta es preocuparse por ellas. Existen situaciones donde los seres humanos conviven con las preocupaciones y, sin embargo, no se ocupan de nada o de muy poco. Cuando nos ocupamos de las cosas, actuamos directamente o bien tenemos una hoja de ruta, un plan de acción, vemos posibilidades para resolver las situaciones.

Pasado / Presente

En muchas ocasiones nuestra mente nos lleva a ver que algo que ocurrió en el pasado está ocurriendo en el presente. Lo curioso es que al verlo así estamos favoreciendo que realmente ocurra, pues nuestro comportamiento lo acaba provocando. Es lo que llamamos «la profecía autocumplida». Todo está en constante cambio, en continua evolución. Además, quedarse anclado en el pasado es totalmente improductivo, no resuelve nada.

Las distinciones nos permiten de seguro dar una nueva acepción a lo que está sucediendo.

Te propongo «distinguir para no extinguir».

Ahí radica la posibilidad de vivir menos en la ansiedad y más en la acción.

¿Te animas?

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