Arca de Noé (en la era de la tecnología) !

Las gotas caen enérgicas, proyectadas por el viento, bailando al son de un ritmo frenético y descontrolado. Este vendaval lluvioso y primaveral se presentó de esta manera, una marea compuesta de un potente torbellino acompañado por un estrepitoso sonido sibilante. Es amortiguada por algunos árboles que se resisten quietos y vigilantes, mientras cobijan solidariamente a algunos pájaros, sus nidos y su descendencia alada.

Así como tantas veces la lectura es amiga íntima de estos momentos con cierto sesgo de potencial calamidad, otras tantas los que profesamos el hábito de escribir, sentimos a flor de piel que el aire húmedo y en movimiento arrastra consigo palabras que despiertan de un largo sueño y vienen presurosas a nuestro encuentro, tomando la forma de conceptos, que son al principio vagos, luego adquieren consistencia, para finalmente transformarse en posibilidades concretas de transmitir una idea mucha más acabada.

La lluvia además de alimentar la tierra y sus frutos, tiene el don de fortalecer los ánimos, siendo casi como una recompensa espiritual para tanta sequía que hubo, para aquella fertilidad que no fue, para esos sueños que no se pudieron cristalizar.

No fue esto lo que sucedió en ocasión del diluvio universal. El arca de Noé es un episodio de la Biblia, en el cual se narra la construcción de la embarcación realizada por Noé a petición del Dios de Israel para la salvación de todos aquellos que creyeran en las advertencias del gran diluvio. El relato, sin embargo, menciona que solo Noé, su familia y distintas especies de animales fueron salvados. Preservados del diluvio universal, luego repoblarían la Tierra con su descendencia.

Es posible encontrar este relato mítico tanto en los textos sagrados del judeocristianismo (la Tora y el Antiguo Testamento) como en el Corán de los profesantes musulmanes.

En el pasado, se aceptaba el diluvio universal como un hecho histórico. Actualmente y debido a la falta de evidencia, el consenso científico lo toma como una historia que fue pasando desde forma oral hasta llegar a ser una obra literaria. Sin embargo, existe como contraparte, que algunos historiadores indican que pudo basarse en un desastre natural de tal envergadura que fue atribuido a Dios.

La historia del arca de Noé, según los capítulos 6 al 9 del libro del Génesis, se puede resumir de este modo:

Yahvé (Dios) observó que los hombres se estaban multiplicando sobre la faz de la Tierra y la violencia y la maldad crecía en ellos. De hecho, la violencia era tanta que a los ojos de Yahvé la Tierra estaba arruinada,​ por lo que decidió destruir esa generación.

Sin embargo, uno de sus habitantes era un hombre justo llamado Noé. Un hombre justo y recto entre sus contemporáneos. Dios decidió advertirle para que se salvara con su familia. Yahvé dijo a Noé que construyera una embarcación, y que llevara con él a su esposa, a sus hijos Sem, Cam y Jafet, y a las esposas de estos.

Adicionalmente, tenía que llevar de ciertos tipos de animales, hembra y macho, y en distinta cantidad: de los puros (hebreo: kosher, ritualmente «apropiados») debía tomar siete y de los impuros (no kosher) una sola pareja; y para suministrarles alimentos, le dijo que tomara y almacenara la comida necesaria.​

El período que Noé tuvo para la construcción del arca es indeterminado. Algunos interpretan los ciento veinte años mencionados en el relato como el plazo hasta el diluvio, y para otros solo es una reducción del promedio de vida de la humanidad.

Luego acontece el diluvio: «Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice».

Cuando Noé completó el arca, entraron con él su familia y los animales que le habían mandado. “Aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas del cielo fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”.

Según el relato el diluvio cubrió hasta las montañas más altas. “…y todas las criaturas de la Tierra murieron; sólo Noé y los que estaban con él en el arca sobrevivieron”.

Finalmente, después de ciento cincuenta días, el arca se asentó en el monte Ararat, y las aguas retrocedieron por algunos días hasta que emergieron las cimas de las montañas. Entonces Noé envió a un cuervo que “salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra”.

Luego Noé envió una paloma, que regresó porque no tuvo donde posarse. Noé envió de nuevo a la paloma y regresó con una hoja de olivo en su pico, y entonces supo que las aguas se habían retirado. Noé esperó siete días más y envió a la paloma una vez más, y esta vez el ave no regresó. Pero tuvo que esperar unos días más, entonces él, su familia y los animales salieron del arca, y Noé ofreció un sacrificio a Yahvé, y Dios decidió que no volvería a exterminar a todos los seres vivos con aguas de diluvio, ni habría más diluvio para destruir la tierra.

Para recordar esta promesa, Yahvé puso el arcoíris en las nubes, y dijo: “Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne».​ Vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años más y, finalmente, a la edad de novecientos cincuenta años, murió.

Esta historia de desastre natural producto de un castigo divino, tiene algunas validaciones científicas y evidencias de ocurrencia discutibles, respecto de la probabilidad de que se haya dado una catástrofe climática de esta envergadura. Para los hombres que profesan su fe y sus creencias no admite discusión en cuanto a la veracidad y su mensaje ejemplificador.

Lo que podía haber sido una lluvia con cierto grado de intensidad derivó en un cataclismo sin precedentes que afectó a la humanidad en ese lugar de la tierra, durante una época que en teoría se vincula con el origen del hombre.

Los desastres naturales de nuestra era se producen diariamente. Existe ya un consenso mundial respecto de que el cambio climático, producto del calentamiento global están acelerando su frecuencia y gravedad, dando lugar a sequías, inundaciones por aumento del nivel del mar, descongelamiento de polos y glaciares, terribles huracanes, tornados y lluvias calamitosas.

Esta sucesión de episodios semejantes en sus características a las del diluvio universal, nos llevan a repensar acerca de la vinculación íntima de la actividad del hombre y el equilibrio del entorno natural.

En esta tarde gris y tormentosa, pienso en la hipótesis de un Noé en esta era tecnológica recibiendo el mandato de un Dios que le advierte que debe salvar a la humanidad.

No quisiera estar en su lugar a la hora de tomar la decisión sobre que preservar y qué no.

No quisiera estar en su lugar al tiempo de decidir a quienes subir al navío y a quienes no.

¿Qué profesiones serían más útiles para recuperar un entorno desbastado y aniquilado?

¿Qué animales, vegetales y minerales quisiéramos conservar?

¿Qué elementos de la tecnología nos serían más útiles?

¿La migración sería interna o hacia otros planetas habitables?

¿Sería un navío convencional o una nave espacial?

¿Tendríamos que llevar con nosotros las minas de bitcoin?

Incluso: ¿Habrá tiempo para responder a tantas preguntas?

¿Serían tan útiles las redes, los avances tecnológicos y la realidad virtual en esta debacle casi inmanejable?

¿Qué avances genéticos podrían darnos algo de más de esperanza?

Sucede que la lluvia ahora mansa y tranquila, registra momentos anímicos variados que la llevan de la plenitud a pausas cortas y prolongadas. El sol quiere partir el manto nuboso usando sus poderosos rayos, pero apenas le alcanza para levantar más vapor, fortaleciendo sin querer la amenaza de nuevas nubes con descargas eléctricas a tierra incorporadas.

A medida que el día cede paso a la noche, imagino a este Noé moderno y ostentoso, con todos los avances tecnológicos a mano, pensando cómo, cuándo y con quien construir la barca que nos depositará nuevamente como especie en otro lugar, donde además del objetivo central de conservar nuestra especie, tendrá como desafío primordial no repetir los errores conductivos que nos trajeron hasta acá.

Este Noé podría replicar el mensaje recibido usando todo el potencial de las redes sociales, aunque para muchos quizás sólo se trataría de un orate que necesita algo de atención médica especializada.

Más allá de que no exista un punto de comparación coherente entre el viejo y el nuevo Noé, dada los diferentes estadios históricos, sociales y de desarrollo, tanto las virtudes como los defectos de nuestra humanidad, no los hacen de seguro tan dispares.

La empresa de Elon Musk tiene como visión central lograr la colonización de otros planetas. Hace rato viene trabajando para lograr su sueño espacial, mientras intenta impulsar a los autos eléctricos y comandados por sí mismos.

Postulante a ser un Noe moderno que no recibió el llamado de Dios, no compartió las respuestas a las preguntas que hicimos antes. Las respondió por sí mismo, sin lugar a ningún consenso.

¿Es acaso el creador de un arca nueva de la cual no sabemos cuáles paradigmas tiene incorporados?

Elucubraciones como posibles respuestas y nuevos interrogantes sin grandes certezas.

¡Un Noe de la era tecnológica!

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