La opinión de los niños !

En estas latitudes nos encontramos en plena pandemia, en el inicio de la segunda ola. Estamos transitando episodios con ciertas similitudes a los ya vividos en las regiones donde impactó más temprano el virus del Covid 19. La proporción de personas vacunadas es menor a los objetivos que se habían planificado, llegando hoy al 15 % de la población. Eso es un talón de Aquiles para retomar muchas actividades a pleno, con el impacto sobre la situación de muchas personas que eso significa.

Las causas de esta deriva negativa respecto del plan de vacunación son muchas. El argumento central de los responsables a cargo, es la falta de cumplimiento con la entrega por parte de los laboratorios, producto de que se han priorizado otros países más centrales y con mejor poder de compra. Por otro lado, desde la oposición política y otros sectores de la sociedad se habla de falta de previsión, errores de compra, ideologización a la hora de decidir a quien comprar las vacunas, incluyendo el reducido pedido a un organismo mundial de provisión de vacunas, al cual sólo se le consignó el mínimo del 10%.  Por lo general los problemas tienen una multicausalidad. En lo personal no creo que este sea la excepción. Los responsables están ocupados en retomar la senda de la provisión rápida de las dosis necesarias, de modo tal de llegar al mayor número posible de personas de la manera más acelerada posible, aunque la empresa no esté resultando sencilla.

En medio de este espiral de crecimiento de casos, dentro de un paquete de decisiones sobre nuevas restricciones que abarca por ahora solo un conglomerado poblacional identificado como AMBA, se ha incluido nuevamente la suspensión de las clases en el seno de las escuelas. La razón esgrimida respecto de que la presencialidad escolar aumenta el número de contagios, no tiene sustento al menos en otras regiones del país. Esto ha provocado reclamos judiciales por la reapertura de los colegios, que no tiene precedentes en mi memoria.

En muchas provincias se habla del éxito del programa escolar para evitar los contagios. Por otro costado, los niños se sienten atraídos, contenidos y contentos en su gran mayoría por estar en el colegio, compartiendo con sus compañeros, dentro de los protocolos previstos.

Conversando con mis hijas, dos en el secundario y una en el primario, acerca de la efectividad de las medidas, según su punto de vista ellas manifiestan:

  • Las maestras se ocupan todo el tiempo para que conservemos los barbijos.
  • No nos dejan compartir útiles ni nada que nos pueda contagiar.
  • Los recreos son en los bancos, y hablamos desde lejos con otros compañeros.
  • Para ir al baño hacemos cola y lo desinfectan a cada rato. Nos lavamos las manos.
  • Las burbujas que se han organizado funcionan muy bien para la distribución de días y tareas.

En opinión de ellas y de otros compañeros, están aprendiendo a sobrellevar esta nueva modalidad, entendiendo que es algo temporal.

El nivel de conciencia de los niños acerca de los mecanismos de prevención es mucho más alto que el de muchos adultos. Están muy interesados por recuperar todo aquello que les resulta gratificante, fundamentalmente sus relaciones afectivas y la convivencia.

La pandemia ha afectado de manera negativa su vida, poniendo una carga pesada de emocionalidad sobre sus corazones. La escuela les ha devuelto parte de la esperanza de que las conductas personales y sociales pueden resultar decisivas para el logro de objetivos.

Muchos niños escuchan sin poder creer el nivel de contradicción que existe en los mensajes que los adultos responsables emiten por los medios de comunicación:

  • La escuela es segura y no implica riesgos de contagio.

A las pocas horas:

  • Suspendemos las clases presenciales porque está demostrado que están ligadas al incremento de los casos.

Resulta claro que la niñez se ve seriamente comprometida en su potencialidad debido al efecto nocivo de los altos niveles de pobreza. Dentro de ese contexto, la escuela se transforma por cierto, en un preciado lugar donde tantas veces son contenidos y alimentados.

La formación de la capacidad para desarrollar habilidades de sensatez encuentra en la educación su principal fuente de provisión. Educar niños con capacidad crítica para emitir sus propias visiones y opiniones, es clave para que los mismos encuentren el marco de respeto y de desarrollo personal que requieren.

Al respecto de la importancia de sostener y defender la opinión de los niños, he extractado de la publicación “El derecho a opinar de niños, niñas y adolescentes en la Convención sobre los Derechos del Niño” de la abogada y magister venezolana Anabella J. Del Moral Ferrer, los siguientes conceptos que me resultaron muy interesantes.

En líneas generales:

“La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada el 20 de noviembre de 1989 en el seno de las Naciones Unidas, marcó hito en la historia de la humanidad y aunque suene reiterativo, representa uno de los mayores esfuerzos que a nivel internacional se ha logrado en materia de niños; es necesario mantenerla vigente, conocerla, interpretarla, aplicarla, criticarla, y perfeccionarla, creando instrumentos jurídicos que sean dignos representantes de la Doctrina de la Protección Integral. La Convención introduce dentro de la amplia gama de derechos que reconoce a título enunciativo a favor de todos los niños el grupo de derechos que proporcionan las bases para su participación en su condición de ciudadano, y que les permite ser protagonistas de su historia”.

“Con estas facultades se abre el camino hacia un redimensionamiento de los espacios de interacción familiar, comunitaria, escolar, estatal, por sólo mencionar algunos de los planos donde el niño se desenvuelve desde su nacimiento y que supone la democratización de sus relaciones con los adultos, que no pueden ser vistas más como relaciones de subordinación sino de equilibrio basadas en el diálogo abierto y comprensivo”.

Respecto del derecho a opinar y ser escuchados:

El artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño regula el derecho a opinar de los niños en los siguientes términos:

“Los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio, el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño”

Se habla de la tridimensionalidad de este derecho de los niños:

  • Derecho a opinar
  • Derecho a ser escuchado
  • El Derecho a que sus opiniones sean debidamente tomadas en cuenta en función de su edad y madurez

Al respecto del rol de niño en los sistemas educativos:

“La educación abarca un proceso de formación permanente, donde convergen las diferentes etapas de la escolaridad formal con experiencias vitales, tales como culturales, religiosas, deportivas, laborales, entre otras; y en lo cual lo estudiantes (niños, niñas y adolescentes) deben participar activamente, pues es un proceso donde ellos constituyen sujetos activos y pasivos del mismo. De aquí, que los educadores, tengan el supremo deber de fomentar, apoyar y estimular, bajo esquemas de respeto a la condición humana y trato acorde y no discriminatorio, el desarrollo de ciudadano libres, dinámicos, participativos y con un sentido crítico de su entorno”.

Conclusiones:

“El derecho a opinar encuentra en la Convención sobre los Derechos del Niños el medio idóneo para su materialización, sólo resta la voluntad y el cambio de paradigma mental, que dé cabida a la participación auténtica de los niños, niñas y adolescentes en todos los campos, pues sólo así se logrará fomentar la verdadera democracia, que no se aprehende mentalmente de la noche a la mañana cuando se alcanza la mayoría de edad, sino que por el contrario se obtiene de un proceso paulatino que los niños aprenden en su transitar de la infancia a la adolescencia y que debe ser estimulado en todos los ámbitos. El derecho a opinar como emblema del resto de derechos que abren el espacio de participación implica un replanteamiento del mundo adulto, el establecimiento de relaciones entre niños, adolescentes y adultos apoyadas en la comunicación, en el respeto, en el diálogo orientador y no impositivo, asumiendo que son personas diferentes, que deben recorrer sus propio camino a la vida adulta como actores y no como espectadores, para lograr desarrollar plenamente su personalidad como sujetos de derecho; permitiéndoles tomar decisiones, proponer ideas, hacer proyectos, buscar y recibir información, intervenir en actividades y procesos, ser consultados, en fin el derecho a opinar sólo es la punta de lanza que abre el camino para la participación”.

Opino que las actitudes comprometidas de padres y docentes en conjunción con el esfuerzo y el apego a las pautas de prevención, pueden seguir sosteniendo la presencialidad de los niños y adolescentes en nuestros colegios. No creo debamos dar marcha atrás de manera masiva con uno de los sistemas que han conseguido un funcionamiento virtuoso, dentro del escenario de pandemia.

Si escuchamos a nuestros niños y respetamos su derecho a opinar, según lo que reza la Convención de los derechos del niño, no tendremos dudas para seguir enfocándonos y esforzándonos en sostener la presencialidad.

Como cierre una frase que resulta prometedora.

“Si un niño es capaz de sentir su propio progreso y crecimiento, incluso en pequeños incrementos, puede lograr milagros”.

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