Esta semana vivimos en nuestra casi centenaria institución, que nuclea a todos los sectores, comerciales, industriales y de servicios de la ciudad de Rio Cuarto y región, un exitoso evento organizado por nuestra comisón de mujeres, bajo el lema “Mujeres camino al liderazgo”. Estuvo enmarcado dentro de las actividades del mes de la mujer y contó con la presencia de autoridades municipales, provinciales, además de la comisión directiva y la comisión de mujeres a pleno, las cuales trabajaron contra reloj para sacar adelante una jornada distintiva.
Mujeres empresarias y emprendedoras, pudieron contar sus experiencias, con el foco puesto en una mirada integral de la mujer junto a su decisiva y comprometida participación en lo familiar, social, cultural y empresarial. La jornada se articuló en tres livings, donde en cada uno de ellos dos mujeres expositoras, moderadas por una periodista, nos contaban sin pruritos el detalle de sus experiencias exitosas, el camino recorrido, las dificultades y lo que recomendaban para desarrollar un proyecto que las muestre como protagonistas comprometidas, responsables y en equilibrio con la crianza de sus hijos, sus afectos y sus creencias personales.
El primer módulo resultó interesante porque nos habló de dos experiencias concretas, una en India y otra acá en Argentina, donde mujeres cabezas de familia, de bajos recursos, pudieron desarrollar pequeños emprendimientos, a partir de los cuales dieron mejor calidad de vida a sus familias, adquiriendo vinculaciones sociales y habilidades impensadas. Se animaron a sacar la estaca que sostiene encadenado al elefante (una metáfora que nos habla de las creencias paralizantes), ayudadas por otras mujeres y organizaciones que las impulsaron a vencer sus propios miedos, para poner en la mar su propio barco izando con mucho esfuerzo sus velas. Luego tuvimos la oportunidad de escuchar a una diputada, que se centró en la importancia de la resiliencia para vencer los temores y la soledad. En ese mismo panel otra emprendedora marcó las diferencias entre lo que ella consideraba como elementos que suman y que no suman, para que la mujer ocupe espacios directivos, de decisión, buscando trabajar en conjunto con el hombre. La violencia de género fue abordada como un tema de importancia central, complementándose con una visión más integradora y global de la situación de la mujer.
En una de las últimas ponencias, una emprendedora dedicada a colaborar con las personas en aspectos más ligados a la salud de su cuerpo como un medio de armonizar su espíritu y sus emociones, se dirigió a los presentes de los dos géneros para invitarnos a pensar que si en vez de hablar de empoderamiento, no es mejor hablar de amor. Como fundamento de su conclusión final habló de que primero necesitamos conectar con nosotros mismos desde el amor para adquirir poder desde ese mágico lugar. Vale decir que la conexión desde el amor nos llevará necesariamente a la capacidad incrementada de poder hacer. La mujer que la siguió tomó sus palabras, para contar su experiencia personal, respecto de la fuerza que puso «para vencer una enfermedad que la jubiló de la docencia, pero no de la vida».
En un principio no había ligado esto del amor, con otra conversación telefónica que tuve durante la semana. Una charla laboral que derivó en un conocimiento más personal de una situación que estaba viviendo mi interlocutor con una hija, a la cual estaba llevando a un centro de rehabilitación.
La conversación se extendió por espacio de varios minutos. En todo ese tiempo no hice más que escuchar con mucha atención, la situación que este padre vivenciaba con su hija, quien desde sus tres años de vida (ahora de 22 años de edad), fue diagnosticada con una enfermedad incurable, que le producía innumerables y profundos inconvenientes a nivel cognitivo, impactando en sus relaciones y calidad de vida.
De palabras de él: “en un principio me quería morir, luego junto con mi mujer fuimos trabajando para que mi hija tuviera la mejor calidad de vida posible, en compañía de sus hermanos y sus afectos. Pasamos por decisiones muy difíciles, como una operación cerebral que la dejó sin su hemisferio izquierdo, con el objetivo de superar situaciones de epilepsia que se tornaban inmanejables. Con el tiempo ella fue aprendiendo con el hemisferio que le queda a relocalizar funciones ubicadas en el lado que fue extirpado, para llevar una existencia a full dentro del cuadro difícil que le tocaba y toca transitar. Nosotros le damos lo mejor, le compramos las pilchas que tanto le gustan, nos ocupamos de que mantenga relaciones sociales con otras personas con capacidades diferentes”.
“Cada vez que llego a casa, siempre encuentro su cariño, su hola, su abrazo, su sonrisa y su gratitud. No sabes lo lindo que es. Te agradezco que te intereses por lo que digo, no tengo problemas para que lo cuentes, ya que hay dos cosas que me ha enseñado esta enfermedad:
- La primera es que lo que le pasa a mi hija, cómo lo pudimos manejar, las emociones que compartimos, les pueden servir a otras personas viviendo situaciones parecidas o similares. Por eso está muy bueno no esconder sino contar y compartir.
- La segunda es que nosotros vemos que la dedicación y las posibilidades que tienen estos chicos, no dependen tanto de los medios materiales con lo que cuente la familia, salvo casos extremos sino más bien con el compromiso y la dedicación de padres y hermanos. En este camino hemos visto distintas situaciones que no quiero juzgar pero que muestran claramente lo que digo”.
Ya casi cuando finalizábamos la conversación sostenida con una persona con la cual tenía hasta ese momento una mínima confianza o conexión, mi interlocutor disparó una declaración que ahora que la escribo, me produce ciertamente un temblor interior:
“mirando en retrospectiva, luego casi veinte años de lucharla, te puedo decir una cosa de la cual estoy más que convencido: el amor hace la diferencia”.
En este modesto escrito, puedo unir los cabos de dos personas que desde experiencias distintas habían llegado una conclusión muy parecida.
“la acción de amar nos permite conectar con una mismo y con los demás”.
Como Gabriel dijo:
“ el amor hace la diferencia”.
A buen entendedor pocas palabras.