Las vacunas para prevenir el coronavirus están demostrando una efectividad elevada versus el poco tiempo de desarrollo que se dispuso para lograrlas. La rusa, la china, la británica, se encuentran disponibles, llegando a los distintos países del orbe de acuerdo a los planes, dinero y logística asequibles en cada país.
La buena noticia y muy esperanzadora por cierto, es que estados como Israel han logrado un alto grado de inmunidad, usando las medidas de prevención recomendadas, más la aplicación masiva de las vacunas, que resultaron ser «la frutilla del postre».
La otra noticia alentadora es que las vacunas muestran a este tiempo, un grado de protección razonable para las distintas mutaciones del virus.
En nuestras sociedades latinoamericanas y algunas europeas se han evidenciado hechos reñidos con la ética, respecto del orden en que deben ser colocadas, de acuerdo a los grupos de riesgo y su nivel de exposición. Para decirlo en un lenguaje entendible, «algunos se han saltado varios lugares en la fila». Esto ha provocado crisis políticas y de liderazgo, con marcados efectos negativos a la hora de generar la confianza requerida, para que estos procesos sean articulados desde y para la transparencia más absoluta.
Las personas mayores conforman un grupo que ha sufrido las peores consecuencias de la crisis pandémica: «encierro, falta de contacto con sus afectos, escasa actividad social y laboral». La pandemia tuvo impactos adversos sobre su salud física, psicológica y emocional. Son ellos los primeros en la lista para ser vacunados, junto con el personal de salud, los docentes y las personas con alguna enfermedad preexistente. A partir de al aplicación efectiva de las vacunas, nuestros adultos mayores, recuperaran sin lugar a dudas, parte de la calidad de vida que han perdido.
En el otro extremo de la franja etaria, los niños y adolescentes, aunque bastante inmunes a los efectos del virus, resultaron inocentes vectores de transmisión de la enfermedad, por lo que durante mucho tiempo estuvieron encerrados, sin posibilidades de ir al colegio, desarrollar actividades lúdicas compartidas, afectados por una crisis de aburrimiento, estrés y sensaciones dañinas, difíciles de transitar.
La nula actividad educativa presencial durante el año 2020 fue el común denominador en estas latitudes. Las clases programadas y desarrolladas de manera virtual alcanzaron a cubrir los contenidos mínimos, en el mejor de los casos. El esfuerzo, la dedicación e inteligencia de los docentes, acompañados por los padres en sus casas, sirvieron para amortiguar las contingencias perniciosas de la imposibilidad de asistir a las aulas. La diferencia en los medios tecnológicos disponibles en las familias de los alumnos, más los problemas de conectividad, provocaron una efectividad dispar de la educación virtual.
En lo personal no estuve de acuerdo con la decisión de no arrancar las clases presenciales antes, durante el final del ciclo lectivo del 2020. Sé que es una opinión que puede resultar controversial, aunque creo que el principal problema es que faltó debate y análisis para consensuar el mejor escenario para arrancar. Un debate parecido al que hubo respecto de que actividades eran esenciales o no, debió darse sobre del sistema educativo. La pérdida de contenido, escasez de construcción de relaciones sociales y afectivas, que sufrieron nuestros niños, necesita ser evaluada, revisada y reforzada en los próximos períodos de enseñanza.
Es un acontecimiento muy provechoso que se pueda concurrir a clases de nuevo.
Mis hijas, el grupo de sus compañeros y otros niños que conozco se sienten muy felices de volver.
Han estado expectantes de las noticias, las burbujas a las que pertenecen, los útiles, la vestimenta, los horarios, pero por sobre todas las cosas quieren recuperar sus amistades cercanas, el contacto cara a cara, los juegos y las habituales reuniones. Predominan las ganas de sentirse contenidos en la escuela, compartiendo un espacio que los hace sentir más vivos.
Hasta el momento ninguno de ellos ha manifestado cuestiones negativas o contrarias a la vuelta a las aulas. En sus caras han aparecido sonrisas nuevas, que reflejan motivaciones relanzadas, expectativas por reanudar el gasto de energías con el cuerpo, el lenguaje y las emociones a flor de piel.
Los bancos, testigos mudos del largo receso recuperarán sus inquietos ocupantes, aquellas personas en formación, aprendientes super necesarios para construir una sociedad con un rumbo y valores que la definan.
La comunidad escolar con mayor responsabilidad conformada por ministerios, directivos, docentes, auxiliares y padres tienen la oportunidad histórica de trabajar de manera mancomunada para empezar a desandar el camino después de un año en que se frustraron las presencias.
Lo más importante es arrancar. De seguro irán apareciendo contingencias a revisar, resolver, promoviendo cambios y mejoras en los sistemas de cuidado y prevención elegidos. Necesitamos de manera imperiosa mantener el norte, sostener la decisión de continuar con las clases presenciales, profundizando la comunicación, el compromiso y la voluntad de todos los actores interesados en que el sistema educativo sea reseteado, garantizando que nuestros niños y adolescentes puedan retomar un ritmo cuasi normal de clases con asistencia física.
Con mi convencimiento de que la educación es uno de los cimientos de construcción social y colectiva más poderosos, me produce una inmensa alegría observar la felicidad con la que los estudiantes están viviendo la previa del regreso a las aulas. La educación pública o privada sin distinciones celebran la vuelta a clases.
Podemos discutir un largo rato si los sistemas políticos destinan los recursos suficientes para dotar de calidad a los sistemas de educación, incluyendo por supuesto la infraestructura edilicia adecuada. Podemos agregar a la discusión si los programas, las dificultades, los medios, las coyunturas propias de cada pueblo o región, son los adecuados para calibrar los conocimientos a la revolución tecnológica. Sobre lo que no tenemos que dudar es acerca de la importancia basal de la educación de los niños y adolescentes, es acerca del capital humano que necesitamos formar en muchas disciplinas sociales y técnicas, en pos de construir un universo pleno de civismo, participación, libertad y desarrollo.
Desde este lunes y durante las semanas venideras, hay muchos motivos para celebrar que volvemos a clases.
El más relevante de todos es que nuestros niños y adolescentes vuelven a recuperar a la escuela como ese único y mágico lugar de contención, de actividades compartidas para aprender.
Hay emociones que no se pueden explicar, son tan personales como la vida misma. En este caso se han contagiado las de unos a otros, produciendo un estado de ánimo positivo que invita a pensar que estamos por un buen camino.
Miles de frescas sonrisas poblarán nuestras aulas, con la esperanza intacta de aprender conocimientos y convivencia.
Felices a clases, es la frase resumen que titula nuestro blog de hoy.
Al final algunas reflexiones de María Montessori, aquella médica y pedagoga italiana, que con una visión radical para su época nos decía:
Sobre el objetivo de la educación:
«Si la educación reconoce el valor intrínseco de la personalidad de un niño y lo provee de un entorno apropiado para su crecimiento espiritual, tendremos la revelación de un nuevo completamente nuevo cuyas asombrosas características pueden contribuir a la mejora del mundo».
«La esencia de la independencia es ser capaz de hacer algo por uno mismo. Los adultos trabajan para finalizar una tarea, pero el niño trabaja para crecer y está trabajando para crear el adulto, la persona que va a ser. Esta experiencia no solo es juego, es un trabajo que tiene que hacer para crecer».
Sobre la infancia poderosa:
«El niño que ha sentido un fuerte amor por sus semejantes y todas las criaturas vivas, que ha descubierto la alegría y el entusiasmo en el trabajo, nos da razones para tener esperanza en que la humanidad puede desarrollarse en una nueva dirección».
«Cualquiera que toque la vida de un niño toca el punto más sensible de un todo que hunde sus raíces en el pasado más distante y escala hacia el futuro infinito».
Felices a clases !