Quijotesco !

Un poco más de cuatro siglos nos separan de la primera publicación de la novela compuesta de dos partes, conocida de manera integral como “Don Quijote de la Mancha”. Fue escrita por el español Miguel de Cervantes Saavedra. La primera entrega vio la luz en 1605 con el título de: “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha». La continuación, publicada en 1615 recibió la denominación de: “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha».

Es la obra más destacada de la literatura española, siendo una de las principales de la literatura universal, hecho demostrado porque es el libro más leído después de la Biblia. Representa la primera novela moderna y la primera novela polifónica; como tal, ejerció un enorme influjo en toda la narrativa europea. Por considerarse «el mejor trabajo literario jamás escrito», encabezó la lista de las mejores obras literarias de la historia, que se estableció con las votaciones de cien grandes escritores de 54 nacionalidades en el año 2002.

Para que nos demos cabal idea de la trascendencia histórica de la misma, debemos decir que hasta ese momento los textos en general eran sólo narrativos, descriptivos, filosóficos, técnicos o religiosos. Cervantes introduce el concepto de polifonía, que consiste en una característica de los textos literarios que presentan pluralidad de voces que se corresponden con múltiples conciencias independientes e inconfundibles no reducibles entre sí. Por tanto, cada personaje es sujeto de su discurso y no solo objeto del discurso.

Opiniones, pensamientos, estados de ánimo, acciones, son expresados en boca de cada uno de los personajes, estableciéndose diálogos imperdibles, reflexiones compartidas, donde el otro es realmente un auténtico otro. La relevancia de la forma en que el individuo interactúa, siendo sujeto que acciona y vive en relación a los otros, le confiere características propias para ser considerada la primera novela moderna.

La riqueza temática de esta magnífica creación es tal que, en sí misma, resulta inagotable. Supone una reescritura, recreación o cosmovisión especular del mundo en su época. No obstante, pueden dibujarse algunas directrices principales que pueden servir de guía a su lector.

El tema de la obra gira en torno a si es posible encontrar un ideal en lo real. Este tema principal está estrechamente ligado con un concepto ético, el de la libertad en la vida humana; Cervantes estuvo preso en Argel tratando de escapar varias veces y luchó por la libertad de Europa frente al Imperio Otomano. ¿A qué debe atenerse el hombre sobre la realidad? ¿Qué idea puede hacerse de ella mediante el ejercicio de la libertad? ¿Podemos cambiar el mundo o el mundo nos cambia a nosotros? ¿Qué es lo más cuerdo o lo menos loco? ¿Es moral intentar cambiar el mundo? ¿Son posibles los héroes?

De esta temática principal, estrechamente ligada al barroco de la apariencia y la realidad, derivan otros secundarios:

El ideal literario: el tema de la crítica literaria es constante a lo largo de toda la obra de Cervantes. Se encuentran en la obra críticas a los libros de caballerías, las novelas pastoriles.

El ideal de amor: La pareja principal (don Quijote y Dulcinea) no llega a darse, es por eso que aparecen diferentes historias de amor (mayormente entre parejas jóvenes), algunas desgraciadas por concepciones de vida rigurosamente ligadas a la libertad (Marcela y Grisóstomo) o por una inseguridad patológica (novela inserta del curioso impertinente) y aquellas que se concretan felizmente (Basilio y Quiteria en las «Bodas de Camacho»). También aparece el tema de los celos, muy importante en Cervantes.

El ideal político: aparece el tema de la utopía en fragmentos como el gobierno de Sancho en la ínsula Barataria, las ensoñaciones quiméricas de don Quijote en la cueva de Montesinos y otros.

El ideal de justicia: como en las aventuras de Andresillo, los galeotes, etc.

Los ideales y valores a los cuales hemos dado referencia como interpretaciones del espíritu del texto, nos siguieron acompañando por los siglos, adquiriendo aún hoy una vigencia inusitada.

Algunas de las frases más célebres de boca de don Quijote, se vinculan a conceptos universalizados.

Sobre el destino: «Cada uno es artífice de su propia ventura».

Sobre el accionar:  «Dad crédito a las obras y no a las palabras».

Sobre el valor: «El valor reside en el término medio entre la cobardía y la temeridad».

Sobre el amor: «Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama».

Sobre los valores: «La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso».

Sobre la vulnerabilidad: «De las miserias suele ser alivio una compañía».

Sobre el aprendizaje: «El ver mucho y leer mucho aviva los ingenios de los hombres».

Sobre la amistad: «Amistades que son ciertas nadie las puede turbar».

Sobre el hablar responsable: «Es tan ligera la lengua como el pensamiento, que si son malas las preñeces de los pensamientos, las empeoran los partos de la lengua».

Sobre la libertad: «La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida».

Sobre el desánimo:  «Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se sienten bestias».

Sobre la prudencia: «No hay más alta virtud que la prudencia».

Sobre la experiencia: «Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas».

Sobre el agradecimiento: «De gente bien nacida es agradecer los beneficios que recibe».

Sobre la frugalidad: «Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago».

En el capítulo 8 encontramos una de los diálogos más desopilantes como irreales de la novela, que dieron lugar a una escena quijotesca por antonomasia, el cual transcribo a continuación:

«En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vió, dijo a su escudero:

-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

-¿Qué gigantes?-dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves-respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

-Mire vuestra merced-respondió Sancho-, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino.

-Bien parece-respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas:

-Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.

Levantose en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:

-Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear, tal fue el golpe que dio con él Rocinante…».

Para el final, la carta de presentación de este personaje, que me exime de cualquier comentario:

«Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato?».

Porque de Quijote y de locos todos tenemos un poco…..

¿Qué tienes tú de Quijote?

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