Meritocracia !

Las expresiones públicas traen a la palestra palabras para destacar, rechazar, elegir o promover determinadas maneras de organización de los sistemas políticos, dentro de una estructura social.

Fue el caso de la semana pasada donde se encendieron las alarmas a favor y en contra de este sistema de gobierno, que se entiende está basado en el mérito.

Primero vamos a definir algunas acepciones que sirven al contenido, para después plantear distintos escenarios posibles.

Meritocracia, según el diccionario de nuestra lengua española, se define como un sistema de gobierno en donde los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales para cubrirlos.

Un modelo meritocrático es un principio o ideal de organización social que tiende a promover a los individuos en los diferentes cuerpos sociales: escuela, universidad, instituciones civiles o militares, mundo del trabajo, administraciones, estado, etc. según su mérito (aptitud, trabajo, esfuerzo, habilidades, inteligencia, virtud) y no según su origen social (sistema de clases, riqueza o relaciones individuales (sistema de amiguismo).

Desde la antigüedad tanto en las culturas orientales como occidentales se ha propendido a este sistema de valoración para gobernar.

¿Qué es un mérito?

La distinción de la palabra nos muestra dos posibles significados emparentados:

  • Derecho a recibir reconocimiento por algo que uno ha hecho.
  • Valor o importancia que tiene una cosa o una persona.

¿Qué es un merecimiento?

De nuevo valen dos posibles acepciones:

  • Hecho de merecer algo.
  • Derecho a recibir reconocimiento por algo que uno ha hecho.

Hurgando en profundidad, tener mérito para algo o recibir el reconocimiento por nuestras acciones dependen de un juicio que puede ser fundado o infundado.

Un juicio se funda en:

  • Un dominio o ámbito sobre el cual me estoy refiriendo, por ejemplo «nivel de conocimiento» , acotado por un espacio de tiempo.
  • Hechos o afirmaciones que avalen esto mediante una escala definida, por ejemplo haber sacado notas altas en los exámenes en ese período.
  • No poder afirmar hechos en contrario respecto de la aseveración anterior, es decir no contar con exámenes reprobados sin recuperar en ese lapso.

De lo expuesto podemos decir que si un estudiante saca buenas notas según la escala aprobatoria en un lapso de tiempo prefijado, a hecho méritos para aprobar la materia.

En el plano personal cuando alguien necesita someterse a una cirugía concurre a una clínica, evalúa los antecedentes del profesional médico que lo va a operar, revisa el historial de la institución respecto del éxito o fracaso de ese tipo de intervenciones y hace otra serie de comparaciones que estén disponibles para decidir.

Alguien dirá que no es el caso de los que tienen que recurrir a un hospital público ya que no tienen los medios económicos para elegir donde operarse.

En ese caso también se trata de un juicio que puede o no ser fundado ya que quizás el historial del hospital público sea superior en éxitos al de la clínica privada o no.

En cualquier caso, el sistema de méritos vuelve a participar porque se supone que existe por encima de todo el sistema de salud, un estamento de gestión a cargo de alguien con méritos suficientes como para diagnosticar los desequilibrios y asignar recursos para corregir la situación.

Como muy a menudo las cosas no son blanco y negro, además interviene en todo momento el factor suerte.

Imaginemos por ejemplo una persona con todos los méritos o valores para adquirir notoriedad pública. Hizo una carrera brillante en medicina, se esforzó sobre manera y sin embargo no ha pasado de ingresos modestos y escaso reconocimiento público.

Imaginemos ahora a un profesional menos brillante según la escala de valoración universitaria, que ejerce de manera modesta como profesional. Un día caminando por la calle, le toca salvar la vida del Presidente de la República que acaba de tener un infarto en el medio de la calle, mientras circulaba con su vehículo. A él le toco la buena fortuna de que el auto presidencial se acercara a la vereda, se pidiera auxilio, acudiendo él como médico a practicar las tareas de reanimación y lograra recobrar su vida. Es probable que este giro del destino, si es bien aprovechado por este profesional se torne en un factor decisivo para adquirir notoriedad , prestigio , impulsando su carrrera con nuevos bríos.

Interviene otro juicio que es el definir claramente que es tener buena o mala fortuna. Resulta claro que por más que pretendamos no hacerlo, estamos valorando de manera constante y rutinaria aún sin tener intención acabada de hacerlo.

«En cada acto o decisión consciente de nuestras vidas estamos dando valor a algo para decidir, siendo esto parte de nuestra libertad».

Por ejemplo, si yo no quiero trabajar, es probable que está dando preponderancia al ocio la diversión u otra faceta de mi vida.

De nuevo sobreviene el juicio de si esta conducta otorga méritos o no para decidir si una persona no apegada al trabajo, aún siendo profesional puede por ejemplo ser Rector de una Universidad.

Una cuestión más general podría ser preguntarnos acerca de quien eligió a su compañero de vida por los méritos, haciendo un juicio fundado acerca de su salud, ingresos, estatura, fuerza física, nivel de conocimientos, capital, y otras condiciones que garantizarán la convivencia y bienestar común. Es probable que alguna de estas variables haya influido, pero con seguridad haya intervenido en la decisión cuestiones alejadas de la objetividad, tales como el amor, el reconocimiento, la intuición y las emociones más diversas, que nos impulsan a elegir sin sopesar todos los méritos.

¿A dónde quiero llegar con todo esto?

¿Los méritos son necesarios como escala de valoración para organizar todos nuestros sistemas individuales y de convivencia?

La pregunta antagónica es:

¿Todos los ámbitos de nuestros esquemas de decisión personal y de gobierno del tipo que sea, públicos y privados deben ser elegidos sin ningún esquema de méritos?

¿El acceso a determinados estructuras se debe basar sólo en el mérito o existen otros mecanismos de valoración?

Crear un sistema absolutista basado sólo en el mérito puede ser muy peligroso, llegando a extremos innecesarios. Por caso a nadie se le ocurriría propender a que los sistemas de salud necesitan valorar si a una persona a la cual se atiende por problemas físicos se le administrará más o menos medicinas disponibles de acuerdo a cuán lejos esté de su expectativa de vida. Del mismo modo asumir que una persona que no tiene los medios económicos suficientes para acceder a la educación, implícitamente no posee asimismo los méritos intelectuales para estudiar y desarrollar habilidades, por lo que no genero mecamisnos adecuados para que pueda acceder.

Considerar un sistema alejado del mérito, del reconocimiento al valor de los esfuerzos, compromisos, y habilidades adquiridas puede ser del mismo modo muy dañino, porque en ese caso no existiría la posibilidad de acceder a herramientas de juicio fundados para ver quien puede desarrollar actividades que requieren un conocimiento específico y muy preciso en muchas áreas tales como la medicina, la economía, la gestión privada y pública, la tecnología, la ciencia, sólo por citar algunos ejemplos concretos.

Como en tantas ocasiones sucede, vivir meritocráticamente o demoliendo todo valor, son extremos donde nos podemos sentir más o menos cómodos por nuestra manera de ser, nuestra educación, nuestra suerte en la vida, o profundos prejuicios o paradigmas arraigados en nuestro pensamiento.

Lo que opino que une ambas puntas es la educación integrada en valores de convivencia que nos permiten generar no sólo méritos individuales sino de grupos, equipos que persigan propósitos comunes y compartan creencias que posibiliten el desarrollo humano y social.

Cada uno de nosotros posee valías en determinadas áreas de nuestro desarrollo personal. Usar esas herramientas para crecer, servir, ayudar y acrecentar posibilidades es muy deseable.

Del mismo modo desdeñar a los que no las poseen en esos ámbitos, pero si en otros que no son de nuestro interés o no están dentro de nuestro radar no colabora para la construcción de una identidad social común.

Los antagonismos mérito o no mérito, son sólo espejos que nos devuelven visiones distorsionadas y no siempre aplicables a la hora de decidir.

La clave quizás sea aprovechar el mérito, generando al mismo tiempo condiciones para que sea beneficioso de manera social y cultural.

Resulta difícil el equilibrio, aunque no intentarlo nos puede dejar en veredas tan opuestas separados por una distancia tan irreconciliable , que provoque que paradójicamente no exista más el valor, eliminando por completo la dualidad mérito – no mérito.

Esperemos que así no sea !

Deja un comentario