Don Louis Pasteur !

Hijo de Jean-Joseph Pasteur y de Jeanne-Étiennette Roqui, Louis Pasteur nació el 27 de diciembre de 1822 en Dole,​ localidad del Franco Condado donde transcurrió su infancia. Era hijo de un curtidor, y de joven no fue un estudiante prometedor en ciencias naturales; de hecho, si demostraba alguna actitud especial, era en el área artística de la pintura. Su primera ambición fue la de ser profesor de arte. En 1842, tras ser maestro en la Escuela Real de Besanzón, obtuvo su título universitario de Bachelier ès Sciences Mathématiques (el equivalente en inglés a Bachelor of Science in Mathematics) en Dijon​, con calificación «mediocre» en química. Su padre lo mandó a la Escuela Normal Superior de París, pero allí no duró mucho tiempo, ya que regresó a su tierra natal. Pero al año siguiente retornó a París. En agosto de 1847 obtuvo su Doctorado en Ciencias (Docteur ès Sciences) en la Facultad de Ciencias de Paris. Entre 1847 y 1853, fue profesor de química en Dijon y luego en Estrasburgo, donde conoció a Marie Laurent, la hija del rector de la Universidad, con quien contrajo matrimonio en 1849. El matrimonio tuvo cinco hijos, pero solo sobrevivieron hasta la vida adulta dos de ellos: Jean-Baptiste y Marie-Luise. ​ Los otros tres fallecieron tempranamente, afectados por el tifus.

En 1854, fue nombrado decano de la Facultad de Ciencias en la Universidad de Lille. En 1857, desempeñó el cargo de director de estudios científicos de la Escuela Normal de París, cuyo laboratorio dirigió a partir de 1867. Desde su creación en 1888 y hasta su muerte, fue director del instituto que lleva su nombre.

El mediocre estudiante de química, lograría algo impensado para la época, sentar las bases para un proceso que aseguraría la inocuidad de alimentos esenciales como la leche y la calidad organoléptica del vino y la cerveza. Esa tecnología con todas las variantes modernas, lleva su nombre: pasteurización. No se concibe hoy vender productos lácteos sin haber sometido a la leche a un proceso de altas temperaturas por un corto período de tiempo.

Demostrar la utilidad del proceso no fue sencillo, Algunos de sus contemporáneos, incluido el eminente químico alemán Justus von Liebig, insistían en que la fermentación era un proceso químico y que no requería la intervención de ningún organismo. Con la ayuda de un microscopio, Pasteur descubrió que, en realidad, intervenían dos organismos —dos variedades de levaduras— que eran la clave del proceso. Uno producía alcohol y el otro, ácido láctico, que agriaba el vino.

Utilizó un nuevo método para eliminar los microorganismos que pueden degradar el vino, la cerveza o la leche, después de encerrar el líquido en cubas bien selladas y elevando su temperatura hasta los 44 grados centígrados durante un tiempo corto. A pesar del rechazo inicial de la industria ante la idea de calentar vino, un experimento controlado con lotes de vino calentado y sin calentar demostró la efectividad del procedimiento. Había nacido así la pasteurización, el proceso que actualmente garantiza la seguridad de numerosos productos alimenticios del mundo.

Demostró que todo proceso de fermentación y descomposición orgánica se debe a la acción de organismos vivos y que el crecimiento de los microorganismos en caldos nutritivos no era debido a la generación espontánea.

Louis Pasteur mostró que los microorganismos no se formaban espontáneamente en el interior de un caldo de fermentación, refutando así la teoría de la generación espontánea y demostrando que todo ser vivo procede de otro ser vivo anterior (Omne vivum ex vivo). Este principio científico que fue la base de la teoría germinal de las enfermedades y la teoría celular y significó un cambio conceptual sobre los seres vivos y el inicio de la microbiología moderna. Anunció sus resultados en una gala de la Sorbona en 1864 y obtuvo todo un triunfo.

El eminente científico no terminó ahí su aporte a la sociedad, ya que desarrolló la teoría germinal de las enfermedades infecciosas, según la cual toda enfermedad infecciosa tiene su causa (etiología) en un ente vivo microscópico con capacidad para propagarse entre las personas, además de ser el causante de procesos químicos como la descomposición y la fermentación, y su causa no provenía de adentro del cuerpo debido a un desequilibrio de humores como se creía tradicionalmente. Su teoría fue controvertida e impopular: resultaba ridículo pensar que algo insignificantemente pequeño hasta lo invisible pudiese ocasionar la muerte de seres mucho más «fuertes».

Uno de los más famosos cirujanos que siguió sus consejos fue el británico Joseph Lister, quien desarrolló las ideas de Pasteur y las sistematizó en 1865. Lister es considerado hoy el padre de la antisepsia moderna, y realizó cambios radicales en el modo en el que se realizaban las operaciones: los doctores debían lavarse las manos y utilizar guantes, el instrumental quirúrgico debía esterilizarse justo antes de ser usado, había que limpiar las heridas con disoluciones de ácido carbólico (que mataba los microorganismos). Antes de Lister y Pasteur, pasar por el quirófano era, en muchos casos, una sentencia de gangrena y muerte. El propio Pasteur, en 1871 sugirió a los médicos de los hospitales militares a hervir el instrumental y los vendajes. Describió un horno, llamado «horno Pasteur», antecesor de la autoclave, útil para esterilizar instrumental quirúrgico y material de laboratorio y en él tuvieron entero apoyo.

Quizás el descubrimiento menos difundido del genial científico sea el desarrollo de una de las primeras vacunas.

En 1880, Pasteur se encontraba realizando experimentos con pollos para determinar los mecanismos de transmisión de la bacteria responsable del cólera aviar que acababa con muchos de ellos. Junto con su ayudante, Charles Chamberland, inoculaban la bacteria a pollos y evaluaban el proceso de la enfermedad.

La historia cuenta que Pasteur iba a tomarse unas vacaciones, y encargó a Chamberland que inoculase a un grupo de pollos con un cultivo de la bacteria. Pero Chamberland olvidó hacerlo, y se fue de vacaciones. Cuando ambos volvieron al cabo de un mes, los pollos estaban sin infectar y el cultivo de bacterias continuaba donde lo dejaron, pero muy debilitado.

El ayudante, abochornado, iba a matar a los animales y empezar de nuevo, cuando Pasteur lo detuvo: la idea de una versión débil de la enfermedad causante de la inmunidad a su símil virulenta era conocida desde 1796 gracias a Edward Jenner y Pasteur estaba al tanto. Expuso a los pollos una vez más al cólera y nuevamente sobrevivieron pues habían desarrollado respuesta inmune. Llamó a esta técnica «vacunación» en honor a Edward Jenner. La diferencia entre la vacuna de Jenner y la de ántrax y cólera aviar, es que estas fueron las primeras vacunas de patógenos artificialmente debilitados. A partir de ese momento no hacía falta encontrar bacterias adecuadas para las vacunas, las propias bacterias de la enfermedad podían ser debilitadas y vacunadas.

Hoy nos ataca en forma masiva un virus para el cual no existe vacuna conocida.

El desarrollo de estos mecanismos de inmunización, por lo que se evidencia del relato, sólo tiene un poco más de cien años.

Resulta increíble que aún hoy, se discuta el valor real del uso de vacunas para prevenir enfermedades.

Don Louis dedicó gran parte de los 72 años que vivió, a idear mecanismos para extender la vida, buscando métodos y procedimientos para matar a diminutos seres vivientes que causaban enfermedades. Sobreviviente de una hemiplejía lateral izquierda producto de una hemorragia cerebral, con varios de sus hijos fallecidos a causa del tifus, su vida no fue sencilla, ni mucho menos esplendorosa. A pesar de las adversidades , su aporte a la microbiología moderna, la esterilización y el desarrollo de las vacunas, lo pone en un sitio destinado para las mentes más iluminadas.

«El descubridor de seres minúsculos con más poder que nosotros, los supuestos grandotes».

Alguna vez dijo:

«La ciencia no conoce país, porque el conocimiento pertenece a la humanidad, y es antorcha que ilumina al mundo».

Leche pasteurizada, gracias a Don Louis !

Vocación de servir !

Deja un comentario