1 de Mayo de 2021

Esa tarde noche miles de personas golpeaban las puertas de grandes edificios en busca de respuestas. Coexistían imágenes borrosas,  voces distorsionadas que salían de bocas que se abrían ampulosamente, y muchas pancartas donde estaban escritas leyendas coincidentes, disidentes o contradictorias.

  • Queremos trabajo
  • No a la precarización laboral ni suspensiones
  • Salud si, economía no
  • Basta de sobreprecios
  • Permiso de circular para los mayores de 70
  • Stop pandemia
  • No más ajuste
  • Muertos, pero de hambre
  • Fuera OMS
  • Patria o Imperialismo
  • Si al aborto
  • No al aborto
  • Impuestos para los ricos
  • No más presión impositiva
  • Cárcel para los corruptos
  • Justicia para todos
  • Por un salario digno
  • Educación laica
  • No al maltrato animal
  • Recuperemos el cine y el teatro
  • Sólo barbijo N95
  • Quedemonos en casa
  • Por la libertad de decidir

Los que moraban en los edificios estaban acostumbrados a este tipo de protestas. Hacía rato que allí no funcionaba ninguna dependencia oficial, secretaria o agencia de ningún tipo.

Dada la habitualidad de recibir este tipo de manifestaciones y al no poder hacer nada para cambiar la situación, las moradores de niveles inferiores se habían ido de a poco, hasta dejarlos desocupados. A los habitantes de pisos superiores sólo les llegaban visiones sin tanta nitidez de personas en actitud de reclamo, a un volumen muy bajo. Casi como una película muda, los ocupantes se sentaban en los balcones más elevados, con el propósito de ver mejor la repetitiva situación. Parecía que no tenían nada más útil que hacer.

Abajo la muchedumbre reunida se comportaba como un abultado conglomerado de personas con escasa o nula vinculación entre sí.

Luego de un tiempo, el grupo tumultuoso se disipaba, para dar paso a una situación de calmada pausa.

Al rato la calle era tomada por otros seres humanos que caminaban yendo y volviendo de una esquina a la otra. Portaban carpetas, computadoras portátiles, celulares que filmaban en distintas direcciones, aunque no se observaba bien qué grababan. En realidad era difícil encontrar algo importante que grabar, pero ellos seguían un consabido protocolo.

En una  de las esquinas, los esperaban otros señores de traje, que recibían de los caminantes informes escritos o algo formal similar a eso. Los leían presurosos, algunos se descartaban, otros se guardaban. Muchos de ellos servían para hacer avioncitos de papel que se ponían a volar.

Pasadas un par de horas, los uniformados se reunían entre sí. En apariencia deliberaban sobre algo.

Al cabo de unos 30 minutos sacaban un cartel luminoso y destellante. Lo instalaban a mitad de la acera.

En el mismo rezaba:

» Lunes a domingo: 0 % de probabilidad de lluvia».

Verificaban la conformidad del letrero y se iban sin más.

A la mañana temprano, personas con tímidos desplazamientos, se paraban frente al cartel. Algunos sonreían, otros parecían angustiados, los más lo pasaban de largo, indiferentes casi sin prestar atención.

En esta clase de surrealismo, caía en la cuenta de que estaba en un sueño, pero no podía o no sabía cómo salir.

Por momentos abría mis ojos. En uno de esas oportunidades visualicé lo que identifiqué como un terapeuta, parado al pie de mi cama.

Escuché, lo que le transmitía a Eugenia, mi compañera.

Su esposo no responde a la medicación post pandemia. Si bien no tuvo Covid 19, es uno de los tantos miles que no han recuperado la conciencia total luego de muchos meses de encierro.

-como ya le dije, él no estuvo casi nunca aislado o encerrado

es cierto, pero hay cuestiones que aún no entendemos, por eso preferimos seguir con las personas sedadas, hasta tanto descubramos la cura.

– nos resulta difícil continuar con la espera.

– tenga fé por favor, en el mientras que sólo escuche música tranquila y cuando esté despierto que no vea programas de actualidad.

– es cierto lo que dicen los epidemiólogos respecto de un nuevo rebrote?

ya nadie sabe a ciencia cierta. El virus que conocimos ya no existe, ha mutado miles de veces.

– y entonces?

es cuestión de paciencia, algún día saldremos de manera segura.

– gracias, lo llamo por cualquier novedad.

– cuente con eso.

En esta clase de pesadilla, me acompañaban otros mal soñadores, en distintas partes del mundo.

Nos comunicábamos dentro de esta fantasía usando un idioma común.

Ninguno despertaba ciento por ciento. La confusión en nuestras mentes era la regla frecuente.

Aún conservábamos recuerdos de un mundo que ya no era. Nuestros hijos corriendo y disfrutando al aire libre. Una reunión familiar con una entretenida sobremesa.

Recuperábamos las emociones mientras sentíamos los viejos abrazos y besos cada vez más lejanos.

El sabor de la vida se nos había escapado y no había forma de recuperarlo.

Casi sin festejos, la convivencia se había protocolizado por completo.

Sobredosis de información combinada con exceso de miedo.

¿Acaso ese era nuestro diagnóstico que nadie quería blanquear?

Alucinaciones recurrentes y permanentes.

Un 1 de mayo de 2021.

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