La pandemia, además de miedo, stress resguardo y distanciamiento obligatorio, ha producido debates interesantes sobre diversas cuestiones. Los puntos de vista parecen irreconciliables, ya que los defensores y detractores se ubican por lo general en las antípodas.
El primero de ellos fue «salud versus economía». Sin lugar a dudas uno de los más recurrentes y mencionados.
Los referentes de salud, constituidos en un comité de asistencia, emiten opiniones sobre su campo de conocimiento. Desde su punto de vista pareciera que tendríamos que estar aislados de por vida.
Los referentes de economía, si bien consideran la salud, nos remiten casi siempre a un colapso de los sistemas de producción y financiamiento. Usando el manual, abogan por una apertura de las actividades, es decir salir del aislamiento.
En paralelo desde la óptica de los filósofos y pensadores, se abre otra ventana de difícil consenso: «libertad o democracia versus dictadura».
Los simpatizantes liberales ven espantados como se restringen las facilidades para moverse, desarrollar actividades, y hacer uso de los derechos civiles y humanos, denuncian situaciones donde el poder se concentra en muy pocas manos.
Los simpatizantes de la vereda del frente, más proclives a una situación de normativa general y específica para cada movimiento personal y social, proclaman el imperio de las normas emanadas de una sola persona por encima de las libertades y normas de sistemas más democráticos.
Como no podía faltar, aparece el ya acostumbrado, «estado versus privado».
Para los primeros, el estado es capaz de resolverlo todo, fuente de toda abundancia y progreso.
Para los segundos, la actividad privada es el mejor esquema para el desarrollo humano y económico sostenibles.
Asimismo, emerge el siempre presente, «ambiente versus desarrollo».
Los referentes ambientales acusan de que esta pandemia se produce por el desequilibrio natural que el hombre produjo con su actividad.
Los referentes desarrollistas en cambio dicen que gracias a la evolución económica, el desastre no es aún mayor.
Así podríamos continuar con muchos más:
«Religión versus ateísmo».
«Vacunas si versus vacunas no».
«Personas de edad versus jóvenes».
«Países ricos versus países pobres».
«Oriente versus occidente».
«Izquierda versus derecha».
Este período es campo orégano para polemizar. Los puntos de vista expresados en los medios de comunicación y las redes sociales abundan, incrementando las brechas irreconciliables.
¿Qué se puede utilizar para lograr algo de equilibrio?
¿Quién o quienes tienen que liderar la solución a los problemas acuciantes?
Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha intentado organizarse mediante la implementación de sistemas de gobernanza.
Imperios, sistemas feudales, reinados, dictaduras, democracias, aún coexisten en mayor o menor medida en nuestro mundo, con ciertas particularidades dependiendo la región.
El más común y presente en la actualidad es la democracia, organizada en torno a sistemas republicanos, con funciones bien definidas en lo ejecutivo, legislativo y de justicia.
Sin embargo los sistemas gobierno han derivado en estructuras de poder donde la ideología del sistema de creencias ha traspasado las instituciones, dándole características propias de otras formas de gobernar, siendo el más claro ejemplo de ello, aquellas democracias con características más parecidas a una dictadura, donde el presidente adquiere superpoderes y gobierna por varias décadas, alcanzando niveles de corrupción impensados.
La ideología dura, fundamentalista y paralizante del pensamiento crítico, ha copado de manera tal a los sistemas de gobierno creados por el hombre, que el sentido común propio del pragmatismo ha descarrilado. Existen ejemplos por doquier, tanto de oriente como de occidente, de izquierda o de derecha.
Lo vemos en graves aprietos al premier de Estados Unidos debido su verborragia y opinión fácil, que derivó en una minimización de la pandemia.
Lo observamos bajo profundos reproches internacionales al líder chino, acusado de haber ocultado valiosa información que hubiera podido prevenir la pandemia.
Los países donde predomina un pragmatismo menos ideologizado, parecen ir sorteando mejor la crisis. En ese grupo tenemos a Alemania, Corea del Sur, sólo por citar algunos ejemplos. Las características más comunes son:
- un plan de trabajo a largo plazo, independiente de la voluntad de un gobernante y liberados bastantes de la ideología que limita el raciocinio.
- un sistema de convivencia y gobernanza público-privada, con instituciones sólidas y respetadas, con bajos niveles de corrupción y recursos aplicados según presupuestos establecidos.
La premier alemana abanderada de este esquema pragmático, ayer consideró poco ético salir de esta cuarentena encerrando a los más ancianos.
Francia paladín de las libertades, estableció un esquema de permisos y restricción para los mayores de 65 años.
Por un lado, la «convivencia ética» que puede ser puesta en valor práctico. Por el otro lado el miedo que nubla la razón , transformando la situación en ajena, poco aplicable y inconveniente.
El coronavirus parece que permanecerá con nosotros por bastante tiempo.
Las vacunas se demoran, los fármacos también.
Podemos aprovechar el tiempo para replicar escenarios con políticas exitosas, donde no se hable de público o privado, sino de decisiones programáticas dentro de sistemas de gobernanza compartidos, donde todas las partes interesadas son representadas, amortiguadas en su poder y limitados en su nivel de corrupción.
Un largo y algo incierto camino nos espera.
Pienso que la mejor manera de transitarlo es juntos.
¿Cuál es tu opinión?