El lado ciego !

Rodrigo se desempeñaba como supervisor de una línea de producción de una fábrica de productos de consumo masivo.

Sus resultados eran buenos en general, aunque en lo particular él no se sentía satisfecho del todo.

La percepción de sí mismo era que podía dar más pero no sabía cómo hacerlo.

Sus conversaciones giraban muchas veces en torno de que sus indicaciones no eran seguidas al pie de la letra, y que necesitaba casi siempre estar presente para que los problemas se resolvieran.

Sus habilidades técnicas eran indudables. Sus capacidades y conocimientos eran su principal fortaleza.

Reuniones de equipo de rutina donde se notaba claramente su dominio y calidad de manejo de los procesos.

Estudioso, y apegado a los procedimientos e instructivos, que daban un marco de seguridad a su gestión profesional.

Dedicaba muchas horas a buscar la mejora, a perfeccionar lo perfectible.

– ¿Hola Rodrigo, cómo estás?

Bien muy bien, organizando la puesta a punto del nuevo formato de botella.

– ¿Con quién estás trabajando?

– Por ahora sólo, una vez que lo tenga claro, veo a quien sumo.

– ¿Necesitas alguna ayuda?

– No, gracias.

Ese tipo de conversaciones eran comunes con él.

La sensación de seguridad que transmitía era innegable.

La casualidad, aunque más bien convendría llamar causalidad, quiso que la primera tanda de producción del nuevo formato, no fuera todo lo óptima que se esperaba.

Rodrigo, sumo a su insatisfacción personal, un plus adicional, algo que él no había vivido aún de manera tan directa:

«Obtener un resultado malo y ser la cara visible de un lanzamiento fallido».

Sobrevino una crisis, que lo impulsó a profundizar más su dedicación personal y su presencia permanente en la fábrica.

La segunda tanda de producción del nuevo formato fue aceptable.

El gasto de energía de Rodrigo fue descomunal para alcanzar este logro positivo.

La empresa necesitaba innovar en volúmenes y formas de botellas para envasar sus productos, por lo que se presentaban crecientes desafíos en le corto y mediano plazo.

En una reunión posterior, donde se trasmitieron claramente estos objetivos, se le preguntó:

Rodrigo: ¿cuál es tu idea para mejorar la puesta en marcha de los nuevos formatos?

¿a quiénes están involucrando?

¿de qué se va a encargar cada uno de ellos?

¿cuál es la opinión de ellos respecto de lo que pasó?

¿tu equipo cómo está respecto de los desafíos que se vienen?

Rodrigo, nos miró algo perplejo.

– La verdad no entiendo a qué viene todo esto.

– Si ustedes están disconformes con mi trabajo me lo dicen de manera directa y punto.

El lado ciego de Rodrigo estaba saliendo a la luz. Le costaba aceptar, que otros vieran oportunidades en su gestión que él no alcanzada a percibir.

Subyacían comentarios  de este tenor, que provenían de su equipo.

«Rodrigo es muy inteligente y gran persona, pero le cuesta escuchar y participarnos».

«Si alguien tuviera que operar de urgencia a mi vieja, ese sería Rodrigo, pero previamente le diría que hable con sus colaboradores».

«Su compromiso y responsabilidad son inmensas, pero le cuesta aceptar ideas de otros».

«Cuando fallamos la primera vez le habíamos peiddo que antes del lanzamiento hiciéramos pruebas parciales fuera de horario».

Rodrigo, tuvo una etapa de transición donde se notaba que le costaba entender la importancia de los comentarios y cómo capitalizarlos.

En un entorno de menor exigencia, alcanzaba sólo con su habilidad, pero ahora necesitaba la multiplicación de voluntades, ideas y participación para mantener y acrecentar la efectividad de su área.

Lo que los otros veían de él, pero él no era capaz de ver de sí mismo, empezaba a tomar forma.

La brecha consciente, necesitaba alinearse con las emociones de Rodrigo.

Pasado un tiempo aprendió a validar algunas cuestiones que otros veían de él.

El proceso derivó en una mejor sintonía para los lanzamientos que se proyectaron y los resultados fueron decididamente más exitosos.

El lado ciego de Rodrigo, nos mostraba falencias en su empatía y habilidades sociales.

Mejorando ambos aspectos, Rodrigo empezó a transitar espacios donde se sentía más pleno,  con más ganas de sonreír y disfrutar.

Al cabo de casi dos años, su equipo descollaba en los procesos de puestas en marcha de nuevos formatos.

La empresa capitalizó esto, de modo tal que se transformó en el grupo de entrenamiento de otros equipos del resto de las plantas.

A la técnica, los procedimientos, instructivos, se sumaba la figura de un líder más participativo, con capacidad de delegación, y una actitud de colaboración permanente, que le daba un puntaje extra.

Rodrigo pudo ver a partir de los otros lo que resultaba importante. Para los emergentes, y lo planificado ya estaba su equipo preparado.

El mundo de las percepciones o sensaciones es tan amplio e inabarcable que necesariamente necesita ser acotado.

El impacto de real de la empatía, vinculado a las sensaciones que generamos, más lo que socializamos a través de lo que hacemos, necesita ser ampliado para verificar qué están viendo los otros de nosotros.

La breve historia de Rodrigo se repite en otros trabajos, organizaciones sociales, clubes, familia, parejas.

» De allí la necesidad vital de bucear en nuestro lado ciego, preguntando, escuchando y dando participación a los demás «.

Para culminar algunos chistes, con cierto grado de des-conexión.

La enfermera le dice al médico:
– Hay un hombre invisible en la sala de espera.
Y el doctor responde:
– Dígale que en este momento no puedo verlo.

Estoy tan enamorado de ti, que voy a poner una tienda de quesos y la voy a llamar: “Quesería de mi sin ti”

Este 14 de febrero escribele a tu ex: Te Hamé. Asi con h, para que sepa que fue un error.

– Te estaño.

– ¿Cerio?

– Zinc no es bromo

– Yo te hierro demasiado.

– Y yo  a ti, nuestra química me impresiona.

Los que escriben haber en lugar de a ver, deberían hirviendo como solucionan ese problema.

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