La luz mortecina generaba el ámbito ideal para una charla poco profunda, mínimas palabras, livianas, desinteresadas. Algunas miradas, casi de despedida y de fondo una música despoblada de notas relevantes.
No quedaba contenido en el contenedor de emociones.
Se habían agotado al compás de varios días de encuentros a la vera del río, salidas nocturnas azarosas, y caminatas bajo el cenit estrellado.
Las caricias en el pelo, se fueron perdiendo con la brisa que las arrancaba despacito.
¿No había proyecto común?
¿Nos quedamos sin manos para entrelazar?
¿Dónde quedaron las promesas de un acercamiento duradero?
Acaso la luz de ese amor, era como el brillo de aquellos cuerpos estelares tan distantes, que cuando son percibidos en la tierra, es probable que ya estén agotados.
Cuestiones que no significan más que eso.
Aventureros sin saberlo, pasajeros de un avión que sólo parece que está en vuelo.
La belleza desdibujada en un espejo que refleja múltiples caras y ninguna a la vez.
Mucho cariño consumido como un sorbo de agua, luego de varias horas de ejercicio físico al sol radiante.
Explosión de energía que lo concentra todo, en un instante efímero y sofocante.
En una cara de la moneda lo más vital e intenso, en modo ahorro de compromisos en el anverso.
Un arranque de película, un desarrollo de cúmulo nimbus, casi nada al cierre, ni siquiera reproches.
De millones de expectativas a cero. De la indescriptible felicidad de ser de a dos, a la soledad del uno.
Este es el recuerdo que conservo de la última relación de estío, hace ya bastante tiempo.
Un amor de verano
La necesaria reivindicación de lo que es y lo que no es.
Tantas historias como está, coexisten a lo largo de este período de temperaturas elevadas.
¿Acaso parte esencial y en cierta forma, una justificación existencial de las distintas estaciones?
Debut y despedida, camino y huella, así fue ese torbellino de corazones enredados.
Mientras escribo, van apareciendo otras imágenes que vienen al rescate.
Risas calmadas y apaciguadas que aminoran la intensidad del café.
Un beso y un adiós.
Cuanto poeta inspirado por la fugacidad de un amor de verano.
Las palabras, no explican acabadamente los significados de los sentimientos.
Las acciones, no desarrollan perfectamente lo que queremos hacer.
Sólo nos queda ilusionarnos con un mundo ideal.
¿Dónde quedó tu amor de verano?
Aquel que alguna te atrapó sin querer y sin saber.
Aquel que fue y no fue.
Ese destello perecedero que rompió los esquemas trazados.
Un rasgo de humanidad esperanzada.
Un oasis en pleno desierto.
El fin más pensado.
Para el amor….