El doctor que amaba a los niños !

En esa mañana de agosto de 1942, pudo ser el 5 o el 6, parte del ejército alemán destinado en Varsovia, ponía en marcha una las acciones planificadas, con el objetivo de destruir (arrasar y acabar con todo, incluidos sus habitantes) el gueto de personas judías que había sido constituido en esa ciudad.

El orfanato de niños Dom Sierot (Hogar de los Huérfanos) no sería la excepción. Ubicado en el corazón del gueto, durante las primeras horas del día recibió la orden de desalojar.

Su director y fundador, el doctor polaco judío, Henryk Goldszmidt, más conocido como Janusz Korczak, su pseudónimo como escritor, o simplemente Stary Doctor (el viejo doctor), o Pan Doctor (señor doctor), se negó a abandonar a sus aproximadamente 200 niños huérfanos, que estaban a su cuidado y el de Stefania Wilczyńska (Pan Stefi), su socia y asimismo fundadora. Pan Stefi la acompañó en su decisión.

Los dos eligieron acatar las órdenes (no había espacio ni oportunidad para discutir) y pidieron a los niños se vistieran con sus mejores ropas. Salieron todos juntos caminando, en ese paseo final, que los llevaría sin ninguna excepción, incluyendo a Pan Doctor y Pan Stefi a los trenes, cuyo destino final eran los campos de exterminio. Uno a uno, fueron subiendo a los vagones, rumbo a ese destino inexorable.

Janusz, el Stary Doctor, aferraba la mano de un niño, al cual ayudó a subir. Unos metros antes, un oficial de las SS, había interceptado al doctor, y le había sugerido que no siguiera, que podía quedar libre. Su respuesta no se hizo esperar: “Mi lugar es con los niños, mis hijos”. Respuestas del mismo tenor, había dado varias veces antes, cuando hubo intentos y movidas políticas para que se fuera del gueto y salvara su vida.

Sus niños y niñas, los sin padre, los desposeídos, eran su razón de vivir.

Un relato de la época, habla de esta caminata final, con la siguiente descripción:

No quiero ser blasfemo ni desmitificador, pero tengo que decir como lo ví entonces. La atmósfera emanaba inercia, automatismo, apatía. La conmoción no se hacía visible al ver a Korczak; nadie saludaba (como lo describen algunos). Nadie se acercó a Korczak. No hubo gestos, nadie cantaba, no hubo orgullosas cabezas en alto, no recuerdo si alguien sujetaba la bandera de Dom sierot; dicen, que sí. Reinaba un silencio terrible, agobiante. (…) Uno de los niños iba agarrado al abrigo de Korczak, tal vez de su mano; todos iban como en un trance. Les acompañé hasta la puerta de Umschlag…

Sin lugar a dudas, la guerra, había anestesiado los corazones, y vuelto habitual, actos condenables e irreproducibles por su alto grado de maldad y desprecio por el otro.

El doctor de los niños, moría el 7 de agosto de 1942, en el campo de exterminio de Treblinka, días después de haber subido al fatídico transporte. Sus amados infantes tendrían el mismo destino.

¿Quén fue este prohombre?

Desde pequeño fue un ávido lector. Años después, en el diario que escribió ya en el gueto de Varsovia, apuntaba: “caí en la locura, en una furia lectora. El mundo dejó de existir para mí, sólo existían los libros”.

En 1905, ya recibido de médico, en la Universidad Imperial de Varsovia, realizó sus prácticas en los barrios de extrema pobreza, donde vivía el proletariado.

Desde 1907 hasta 1910/11 permaneció en el extranjero ampliando sus estudios; asistió a diversas conferencias, realizó prácticas en los hospitales infantiles y visitó centros educativos, internados y asilos. Pasó casi un año en Berlín (1907-1908); estuvo cuatro meses en París (1910); y un mes en Londres (1910 ó 1911). Como escribiría años más tarde, fue precisamente en Londres donde tomó la decisión de permanecer soltero y dedicar su vida a “servir al niño y su causa”.

Fue miembro de la Logia Masónica “Gwiazda Morza” (“La estrella del mar”) de la Federación Internacional Le Droit Humain, fundada con el objetivo de “conseguir la conciliación de toda la humanidad por encima de las barreras religiosas y buscar la verdad manteniendo siempre el respeto entre los hombres”.

Durante la primera guerra mundial tuvo que alistarse de nuevo en el ejército imperial. Prestó sus servicios como segundo jefe médico del lazareto de la división, sobre todo en Ucrania. En 1917 fue designado para ejercer de médico en los asilos para niños en los alrededores de Kiev. Dos años antes, durante unas cortas vacaciones que pasaba en Kiev, se encontró con Maria Falska (apellido de soltera, Rogowska), una activista social e independentista polaca que en aquel momento dirigía un internado para chicos polacos. Korczak regresó a Varsovia en junio de 1918, tras terminar -con el grado de capitán, al servicio militar en el ejército ruso.

Korczak estaba a favor de la emancipación del niño y del respeto de sus derechos, incluso promovía el autogobierno de los niños. El sistema de funcionamiento en los orfanatos de Korczak se basaba en la práctica de los principios de la democracia que -según Korczak, les correspondían a los propios niños en la misma medida que a los adultos. “El niño razona y entiende del mismo modo que un adulto: tan sólo carece de su bagaje de experiencias”

El ideario educativo de Korczak está basado en:

  • El rechazo de cualquier tipo de violencia, sea física o verbal, basada en la superioridad debida a la edad o a la jerarquía del poder.
  • La idea de interacción educativa entre los adultos y los niños que amplía el concepto de la pedagogía clásica, la convicción de que el niño es un ser humano en la misma medida que un adulto, la regla según la cual el proceso educativo debería tener en cuenta la individualidad de cada niño.
  • La creencia en que el niño es quien mejor conoce sus necesidades, deseos y emociones, y por lo tanto debe tener derecho a que su opinión sea tomada en cuenta por los adultos.
  • El derecho del niño al respeto de los adultos, el derecho a equivocarse y a fracasar.
  • El derecho a la privacidad, así como a la libertad de opinión y a la propiedad privada y la consideración del desarrollo evolutivo del niño como una tarea compleja y difícil.

La obra literaria de Korczak abarca en su conjunto 24 libros y más de 1400 textos periodísticos. De ellos, en actualidad tan sólo se conservan y están catalogados unos trescientos, entre manuscritos, textos mecanografiados, documentos y cartas. Se consideran como sus trabajos pedagógicos más importantes los siguientes: Jak kochać dziecko (Cómo amar a un niño) [1920]; Momenty wychowawcze (Momentos educativos) [1924]; Kiedy znów będę mały (Cuando vuelva a ser pequeño) [1925]; Prawo dziecka do szacunku (El derecho del niño a ser respetado) [1929] y Pedagogika żartobliwa (Pedagogía con humor) [1939].

Entre sus libros infantiles son especialmente populares Król Maciuś Pierwszy (El Rey Matías I) y Król Maciuś na wyspie bezludnej (El Rey Matías en una isla deshabitada”)[1923] traducido a más de 20 idiomas, así como Bankructwo małego Dżeka (La bancarrota del pequeño Jack) [1924], Prawidła życia (Las reglas de la vida) [1930] y Kajtuś Czarodziej (Kaitus o el secreto de Antón) [1935]. En 1937 Korczak recibió por el conjunto de su obra literaria el galardón de la Academia Polaca de Literatura, el Laurel Académico de Oro.16

Korczak utiliza recursos muy novedosos en su actividad pedagógica. Entre ellos, la fundación de la revista para niños y jóvenes Mały Przegląd (La Pequeña Revista) que se publicó entre 1926 y 1939 como suplemento al diario de Varsovia Nasz Przegląd (Nuestra Revista). El primer número salió a la luz el 9 de octubre de 1926 y se puede considerar como la primera revista creada por los propios niños en Polonia.

Para culminar este emotivo recordatorio, del «doctor que amaba a los niños» , aquí van algunos de sus pensamientos más célebres:

“No hay niños, hay personas; pero con otra escala de ideas, otro bagaje de de experiencias, otro juego de emociones. Recuerda que nosotros no los conocemos.”

Un buen educador que no impone sino libera, que no tira de nadie sino levanta, que no apisona mas forma, que no dicta sino enseña, que no exige sino pregunta, vivirá con los niños muchos instantes inspiradores.”

No importa tanto que uno sepa mucho, sino que sepa algo bien; no que sepa algo de memoria, sino que lo entienda; no que le importe todo un poco, sino que le preocupe algo de verdad.”

Para mostrar la esencia de su alma comprometida y al servicio de…..

No estoy aquí para que me quieran y me admiren, sino para obrar yo y querer yo. No es obligación de la sociedad ayudarme a mí, soy yo el que tengo la obligación de cuidar al mundo, al ser humano.”

Muchas gracias, por su gran corazón, Pan Doctor.

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