En clave de Bondad !

Los titulares de diarios, publicaciones, impresas u online muestran muchas veces situaciones desalentadoras, terribles catástrofes, noticias policiales, desaciertos económicos, que por supuesto son parte de nuestra realidad. Adquieren valor, por su impacto profundo, y porque además son presentadas como inequívocas desde su mismo enunciado.

Lo que nos resulta difícil, por cierto, es encontrar soluciones a problemas que se vienen sucediendo, en mayor o menor grado, en casi todas las culturas y regiones; hechos, que podríamos decir, se repiten partiendo desde nuestros mismos orígenes, allá muy lejos en el tiempo.

Es más sencilllo declamar que accionar, vale decir que el ciclo de la coherencia, que comienza en el pensar, sigue en el decir y culmina en el hacer, se queda en las palabras, como carente de la suficiente energía para concretar o el comprometido interés para al menos intentarlo.

Cuando el índice calculado nos dice que más gente es pobre, nos quedamos encerrados en la expresión, sin saber a dónde, ni cómo, ni con qué ir a resolverlo.

Alejado de los títulares rimbombantes, con menos prensa, se suceden día a día procederes valiosos, de personas involucradas en buenas acciones, solidarias, desinteresadas, comunitarias: desde el acto más simple, hasta el más complejo, donde la finalidad no es mi beneficio, sino el de los demás, en esto de dar sin esperar nada a cambio.

¿Cómo reconocemos la bondad?

La distinguimos en parte por sus implicancias positivas, pero además porque por lo general viene asociada a otros valores como la solidaridad, empatía, registro del otro, compasión, sentir como propio el dolor de los demás.

Platón decía:

Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.

La bondad es una virtud superior porque implica muchas otras virtudes. Dentro de ellas está el amor, el respeto, la fraternidad, la generosidad y muchas otras. Supone, así mismo, una notable evolución espiritual y mental.

¿Sería posible calcular qué índice de bondad tiene nuestra sociedad?

¿Podría decirse que un aumento de ese indicador, traería aparejado un correlativo incremento del resto de los parámetros que nos hacen bien?

Alguno podrá decir con relativa certeza que el concepto de bueno es algo subjetivo, ya que depende de la cultura y varias cosas más; sin embargo, como en otros campos, nos podemos poner de acuerdo en determinados parámetros y definirlo.

¿Resulta una utopía pensar en que hacer el bien es realmente contagioso?

¿Decidir dentro de un gobierno, del tipo que sea, podría estar ligado a un incremento del índice de bondad?

Por de pronto, hacer el bien está siendo estudiado, les comparo algunas cuestiones interesantes, que he copiado de manera literal.

El área cerebral de la bondad

Un grupo de científicos de la Universidad de Oxford y de la University College de Londres identificaron un área del cerebro que parece estar relacionada con la bondad. El equipo, liderado por la doctora Patricia Lockwood, trabajó con un grupo de voluntarios. Se les pidió que averiguaran qué símbolos eran provechosos para sí mismos y cuáles lo eran para otras personas.

Mientras los voluntarios realizaban esa labor, sus cerebros eran monitoreados a través de resonancias magnéticas. El experimento inducía a que los sujetos estudiados sopesaran y valoraran la forma como los símbolos podían ayudar a otras personas. Siempre debían determinar si cada símbolo solo les servía a ellos o era también útil para otros.

Cuando cada voluntario descubría la forma en que el símbolo ayudaba a los demás se activaba solamente un área del cerebro. Esta zona se llama “córtex del cíngulo anterior”. Por supuesto, la bondad no es solo un asunto de funcionamiento cerebral. Recordemos que ese maravilloso órgano tiene una plasticidad enorme y son las experiencias y los comportamientos los que van configurando su funcionamiento.

La bondad sana el cerebro

El neuropsicólogo Richard Davidson realizó una investigación en la Universidad de Wisconsin. Lo hizo después de realizar un viaje a la India. En 1992 conoció al Dalai Lama, quien le hizo una pregunta que marcó a este investigador: “Admiro vuestro trabajo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la ansiedad y la depresión; ¿no te has planteado enfocar tus estudios neurocientíficos en la amabilidad, la ternura y la compasión?”.

Richard Davidson ha realizado diversos estudios alrededor de esa pregunta. Evidenció, por ejemplo, que algunas estructuras del cerebro pueden cambiar en tan solo dos horas. Una mente en calma produce un bienestar global. Y para llegar a una mente en calma se necesitan apenas un par de horas de meditación. Esto fue medido científicamente en su laboratorio.

Así mismo, encontró que los circuitos neuronales de la empatía no son los mismos que los de la compasión. Para llegar hasta la compasión, otra forma de bondad, se debe pasar por el camino de la sensibilidad, la simpatía y la empatía. En el nivel superior estaría la compasión. Es un ir más allá en la capacidad de percibir, sentir y comprender el sufrimiento del otro. Supone un llamado a la acción frente al sufrimiento de los demás.

Davidson descubrió, así mismo, que la amabilidad y la ternura incrementan el bienestar en diferentes áreas de la vida. En un estudio realizado con niños y adolescentes, se evidenciaron varios cambios cerebrales cuando se les enseñó a ser más compasivos y tiernos. Todos mostraron mejores resultados académicos y mejoraron su salud. La capacidad para ser compasivos se puede entrenar. La bondad es el resultado de un profundo trabajo interior.

Parece ser que la bondad nos hace bien !
Conozco lo que les hace bien a los más cercanos?
Si lo sé, pues puedo practicar acciones para.
Si no lo sé, capaz que pueda preguntar.
A vos que te hace bien?
Que estás necesitando?
Me pongo las gafas del otro, me acerco a sus interpretaciones y hago el bien.
Tú que piensas?

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